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Amira Kheir: “Hay mucho en la escasez del desierto”

Amira Kheir posa para Wiriko / Foto: javidmgz

Amira Kheir posa para Wiriko / Foto: javidmgz

En Sudán el día se extiende, casi interminable. Y de repente llega el maghrib. Como en verano en los pueblos andaluces, la caída de la noche se inaugura con las sillas en la calle. Cerquita del Nilo, la gente se sienta a tomar té, un rito social imprescindible, y el calor da un respiro. El sol se va a dormir.

El impacto estético del desierto, imbuido en la cultura sudanesa, hizo que Amira Kheir, compusiera un disco exclusivamente dedicado a este. “El vacío del desierto es interesante. Hay mucho en su escasez y eso me llevó a trabajar minimalistamente, a utilizar lo imprescindible instrumentalmente”, explica la cantautora sudanesa a Wiriko.

Portada de Alsahraa. / Foto: amirakheir.com

Portada de Alsahraa. / Foto: amirakheir.com

Alsahraa (Contro Cultura Music/ Sterns Distribution, 2014) es el segundo disco de Kheir. Grabado en directo en la Union Chapel londinense fue “una experiencia fantástica” donde la cantante sudanesa definió un álbum con sutileza y pocos arreglos. “Me gusta trabajar con lo primordial y descubrir esas esencias en el trascurso. Elegimos tomas que no eran perfectas pero en general funcionaban. Se sacrifica la perfección individual de cada músico o instrumento para ganar una perfección general”, explica Kheir del proceso de grabación.

Alsahraa es “una reflexión de la vida ya que si se buscase hacer algo perfecto se perdería la naturalidad”, apunta la compositora. Un disco donde se equilibra la delicadeza del laúd persa (oud), la guitarra, las flautas y la percusión con la fuerza vocal de Kheir. Algunos temas, como Ya Gadir, vienen desnuditos y mientras se desgusta la espiritualidad del desierto, Amira nos invita a bailar casi de sorpresa con temas como Ya Mara o Kasr Almiraya.

Melómana empedernida, Amira Kheir se refugia en su familia y en sus viajes. Acompañada de jazz, bossa-nova, músicas del norte de África y de paisanos como Rasha o Abdel Gadir Salim, Kheir escucha todo aquello que le conmueve y no tuvo ningún problema en combinar la música tradicional con otros estilos. “La música de Sudan se combina perfectamente con el jazz o el soul. La clave está en la improvisación”, apunta.

La prueba de que la armonización entre las raíces musicales de Sudán y el jazz funciona sirvió a Amira Kheir para presentarse al mundo. Su álbum de debut, View from Somewhere (Contro Cultura Music/ Sterns Distribution, 2011) puso en escena al contrabajo, piano y kora en un trabajo que según define la propia artista fue “una instantánea de lo que quería expresar en ese momento”.

Y con ello le llegó el apodo de “la diva del desierto sudanés” que acompañó a la crónica de su concierto en 2012 en Malí bajo el marco del Festival au Desert. “No me gusta encasillarme bajo ninguna etiqueta aunque entiendo que es necesario como una herramienta de comunicación. Pero si nos obsesionamos con ello perdemos el punto de vista ya que la música continua evolucionando”, resalta la cantautora.

Nacida en Turín, Amira Kheir, pasó su infancia explicándose. “¿Eres sudanesa o italiana? ¿Pero cómo te sientes? ¿Qué pasa contigo?”, recuerda la cantante. Además explica que gracias a fenómenos como la globalización cada vez necesita definirse menos porque todo está más conectado. Y continúa: “la identidad no tiene que ser sólo una cosa sino que es algo muy abierto. Es más fácil etiquetar, es sencillo y rápido. ¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres? Y se coloca en una categoría. Ya se puede pasar a la siguiente persona”.

Sin embargo para ella Sudán e Italia son su hogar. Una realidad asimilada con mayor naturalidad de la que se creían aquellos que le preguntaban. Y llegó la multiculturalidad londinense. Puso rumbo a la capital inglesa para completar sus estudios universitarios y junto con un buen amigo guitarrista comenzaron a tocar en un pequeño local.

“A partir de ahí todo comenzó a rodar como una bola de nieve”, dice Amira que además llegó al escenario del WOMAD 2014 siguiendo la estela de otros compatriotas como Emmanuel Jal o Abdel Aziz el Mubarak que fue el primer sudanés en actuar en el festival en 1988.

Su música siempre se mantiene en evolución, sin certificados identificativos y siendo un reflejo de su personalidad y de sus herencias culturales. Y sin preocuparse por el futuro, dejando que la vida venga tranquila y la coja de la mano.

Áfricas: Nueva cartografía

La hibridación entre naturaleza y urbe. Fuente: worldalldetails.com

La hibridación entre naturaleza y urbe. Fuente: worldalldetails.com

 

La ironía del desconocimiento rompe eslabones una y otra vez cuando nos acercamos al Sur del Sahara. Es cuando el francotirador entra en escena. El azote de realidad es tan inesperado que al desestereotipar nuestros imaginarios y narrativas quedamos sin herramientas de análisis. ¿Cómo enfrentarnos al fenómeno de los cambios arquitectónicos en las urbes contemporáneas africanas? Recurrir a la comparación fácil, a la balanza de “aquí se hace así” y que “nuestro modelo de ciudad” es exportable a cualquier esquina es una implosión de ego que ciega y destruye. Una alternativa responsable y humilde a este lado del hemisferio sería, por lógica aplastante, humedecer nuestra percepción y aplicar una buena dosis de escucha activa con los profesionales que trabajan en el terreno. En nuestro artículo de hoy de artivismo queremos conocer de cerca a uno de los arquitectos más influyentes de su generación y que está planteando una nueva cartografía crítica del espacio africano: David Adjaye.

David Adjaye. Fuente: http://elbloc.net

David Adjaye. Fuente: http://elbloc.net

Puede resultar paradójico pero sería una de las esencias del cosmopolitismo: tener unos padres ghaneses, nacer en Dar es-Salaam, Tanzania, y residir en Londres. Este menú continental es lo que le ha proporcionado a David Adjaye, de 46 años, una visión adaptada al escenario políglota, multicultural e híbrido que es el continente africano. Aunque a menudo pasemos de puntillas por las cátedras que postulan los numerosos rankings que dan cancha a reportajes curiosos, valga la excepción de hoy para hablar de este personaje que encabeza la sexta edición de la lista elaborada por Power List colocándolo como la figura negra más influyente en 2013 en el Reino Unido.

Adjaye, que comenzó en 1999 el periplo de visitar y analizar cada una de las 53 capitales africanas -ahora suman 54 con Sudán del Sur-, aporta en cada trabajo una mirada renovada y explicativa, síntesis que ha quedado compilada en su obra Arquitectura metropolitana africana, editado por Rizzoli. Este trabajo se convierte en una herramienta para reivindicar los nuevos espacios urbanos en las metrópolis africanas. Una nueva visión activa de la arquitectura en el continente para evocar las transformaciones económicas, demográficas y arquitectónicas que se han abierto en África.

Lo que este artista de la escuadra y el cartabón nos propone es visualizar el continente en seis grandes áreas geográficas en las que se puede apreciar, salvando las distancias entre países, un tipo de arquitectura particular. “Y hasta que no aceptemos la diversidad africana no comprenderemos nada”, explicaba Adjaye en una entrevista a la revista Courrier International en el último de sus números especiales dedicado a África (marzo-abril-mayo 2013). El norte con el Magreb, la zona saheliana, el desierto, la sabana, la zona boscosa y la parte de montaña. Esta cartografía simplificada es lo que conduce al tanzano a afirmar, no sin polémica en los círculos africanistas, que de las características geográficas deriva la cultura: “Creo que a veces se han exagerado las particularidades históricas. Las gentes pueden hablar diez lenguas diferentes, pero si ellos trabajan la tierra de la misma manera y cultivan las mismas cosas, tendrán el mismo tipo de cultura”. El debate está servido.

 

 

 

Desde que creó su propia agencia en Londres, Adjaye Associates, en el año 2000, este arquitecto ha diseñado talleres de artistas, locales comerciales y edificios públicos como el Centro Nobel de la Paz en Oslo, el museo de arte contemporáneo de Denver, la escuela de comercio de Skolkovo, cerca de Moscú o, la más esperada: el Museo nacional de historia y cultura afroamericana en Washington que abrirá sus puertas en 2015. Pero su gran empresa es recorrer la arena académica y otros foros no tan especializados en Europa y América del Norte para mostrar imágenes de África generalmente nunca vistas desde el prisma de la arquitectura. “Mil millones de personas que viven aquí y muchas personas en Occidente se quedan estupefactas por no tener la menor idea de lo que puede parecer una ciudad africana”, subrayaba crispado Adjaye para la revista francesa. Lo cierto es que frente a los retos ecológicos y de infraestructuras públicas que en ocasiones son inexistentes o deficitarios, una parte del continente como Kenia, con su Silicon Savannah (de la que hablamos en Wiriko) o más recientemente Ghana, con su Hope City apuestan por megalópolis y centros administrativos adaptados a la época del café expres contemporáneo. Está por ver si, como definen los teóricos más sociales de la disciplina, la arquitectura contribuye a estabilizar el enlace con los ciudadanos.