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África, los punks y la obsesión del leopardo

Las grandes revistas de la moda, los blogs que siguen todas las tendencias y las pasarelas nos anunciaban el año pasado que el 2016 daríamos la bienvenida (de nuevo) al animal print de leopardo.  A nadie se le escapa que desde hace una década las tendencias se llevan y nos traen de vuelta esta moda cada vez con mayor frecuencia e intensidad. Hoy en día podemos ver este estampado en casi todo lo que llevamos: zapatos, abrigos, camisetas, pañuelos, gafas, mochilas o incluso fundas para móviles y ordenadores. Pero, ¿de dónde viene esta obsesión por reproducir la piel de leopardo?

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Las raíces las encontramos en el África Subsahariana. Antes de que esta moda llegara a Occidente (y los armarios de medio mundo se llenaran de manchas) en diversas sociedades africanas la piel de este felino tenía un valor político, social e incluso religioso. Este atractivo se debe a que el leopardo se ha relacionado tradicionalmente con la realeza, el poder o la lealtad y no era nada raro que en el arte africano se representaran figuras de leopardo en esculturas, máscaras, escudos o en la propia vestimenta.

Pórtico real del reino de Oku, con representación de leopardos

Pórtico real del reino de Oku, con representación de leopardos

A lo largo del S. XX pudimos ver como el valor que algunas sociedades africanas le daban al leopardo se expresaba en la figura de los principales dirigentes del continente. Y es que desde  padres de la independencia, como Jomo Kenyatta en Kenia hasta dictadores como Mobutu Sese Seko en el Zaire (hoy República Democrática del Congo) vestían este estampado, sobre todo en los grandes actos sociales y eventos políticos. La razón de recuperar este símbolo entre los políticos del continente se debía a ese intento de unir la tradición en torno a su figura, de justificar su posición ya que el leopardo estaba reservado a los grandes guerreros y reyes de sus países. Incluso el líder anti-apartheid, y después presidente, Nelson Mandela, se mostró en varias ocasiones con la piel de leopardo.

¿Cómo llego a Occidente? ¿Cómo se ha convertido en un must de la moda? Los antecedentes los podemos encontrar incluso en el S. XVIII cuando Luis XV, el monarca francés, mandó que le crearan una tela idéntica a la piel de leopardo con el objetivo de impresionar a su mujer.  Sin embargo no se volvería a ver ningún ejemplo hasta que en 1947 Christian Dior  popularizó su uso entre las clases altas europeas y estadounidenses con un vestido inspirado en el leopardo. No tardó mucho en dar el salto a Hollywood, donde se convirtió en un ejemplo de glamur y alto rango social. Así, para la década de 1960 figuras tan importantes como Jacqueline Kennedy ya habían normalizado el uso del estampado felino.

 

Sex Pistols

Sex Pistols

Sin embargo la generalización del uso del leopardo en el resto de la sociedad occidental no se produciría hasta años más tarde. A partir de 1970 las nuevas culturas suburbanas nacidas en Inglaterra, entre ellas el punk, habían llegado para enfrentarse a lo establecido al calor de la música de los Sex Pistols. El estampado de leopardo se había convertido ya en un icono de las élites y el movimiento optó por “arrebatárselo”. Desde mediados de esa década el leopardo apareció en todo tipo de pantalones, chalecos y botas, extendiéndose en los años siguientes, sobre todo en la década de 1980.

A partir de 1990 (y a medida que el movimiento punk fue perdiendo fuerza) las principales marcas de ropa difundieron entre las clases medias el uso de este estampado. La creciente globalización y los nuevos medios publicitarios hicieron el resto. El leopardo comenzó a venderse como una vestimenta que “liberaba” el lado salvaje de la mujer, que representaba la vuelta a los instintos y la fuerza femenina. No es extraño que algunas figuras políticas de gran relevancia, como Winnie Mandela, Hillary Clinton o más recientemente Catherine Samba Panza, hayan recuperado de sus armarios este animal-print para los grandes eventos.

Samba Panza, 2014

Samba Panza, 2014

Mientras las tendencias europeas y americanas vacilaban en el uso del leopardo, guardándolo y sacándolo del armario, en el continente negro su uso nunca llegó a desaparecer del todo, ni entre la alta clase, que muchas veces utilizaban piel real de este animal, ni entre las clases populares que utilizan la recreación de este estampado.

Actualmente el leopardo está muy extendido en todo el globo y su uso se ha normalizado en cada rincón, sin importar la religión o el escalón social. Por ejemplo, cada vez es más común ver a mujeres musulmanas llevando un hiyab de leopardo, como la instagrammer somalí Ugaaso A. Boocow  que sorprendió al mundo el año pasado al mostrar una Somalia desconocida para la mayoría de sus seguidores.

En los últimos años el objetivo de las grandes casas de la moda ha sido el mercado masculino, al que han ido acercando un estampado que en Occidente ha sido tradicionalmente un terreno femenino. Algo que choca con sus orígenes, ya que en África los hombres habían vestido con leopardo durante siglos. Aún no lo ha conseguido, pero lo que sí es seguro es que conseguirá atraer a la moda masculina. A fin de cuentas ya ha tenido la habilidad de cambiar el significado de un estampado tantas veces como fuera necesario, mercantilizando una tradición y borrando su concepción original.

Talento masái: moda y ecodiseño para un desarrollo sostenible

 

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Mujeres de OMWA esbozando ideas ideas para la colección

Hace un año Esther Mpuyuk cogía un lápiz entre carcajadas. Era la primera vez que ella y otras 35 mujeres masái usaban uno, ya que nunca habían ido a la escuela. Un año después, sus diseños han sido presentados en las Fashion Week de París y de Nueva York. Este sorprendente salto se debe a la colaboración entre la cooperativa de mujeres OMWA de Kenia, a la que pertenece Esther, e Idia’Dega una marca basada en Nueva York y dirigida por Tereneh Mosley. La primera colección que surge de la iniciativa, The Tomon, empezó a tomar forma en Olorgesailie (Kenia) a finales de 2013.

Situado al sur del Valle del Rift, Olorgesailie es una región de gran interés cultural, en parte por los esfuerzos de los propios masái por conservar su entorno y su patrimonio, y también de un gran interés arqueológico debido a los hallazgos sobre evolución humana encontrados en el territorio. A pesar de ello, su población se enfrenta a graves problemas relacionados con el cambio climático, como la sequía, que afecta directamente a estas comunidades semi-nómadas en las que el ganado es el principal modo de subsistencia. La ya histórica pero incesante desposesión de tierras tanto en Kenia como en Tanzania, la creciente dependencia de la economía de mercado y la falta de acceso a recursos básicos, son algunos de los problemas que hacen más difícil la vida en lugares como Olorgesailie:

“La comunidad es muy rural y muy pobre. (…) Viven en manyattas o chozas que construyen las mujeres y que están hechas con ramas de árbol, barro y estiércol. No hay electricidad ni agua corriente. Las mujeres pasan una buena parte de su día en la recolección de agua y la seguridad alimentaria es también un problema para sus familias. (…) La educación es un gran problema ya que no hay educación pública y las familias a menudo tienen que decidir en qué niño o niños van a ‘invertir’. Así que las niñas suelen ser las últimas seleccionadas para ir a la escuela. La mayoría no lo hacen. Por ejemplo en el caso de las mujeres de OMWA, sólo una habla inglés aunque en Kenia es el idioma oficial (la lengua nacional es el swahili). Y cuando llegó el momento de esbozar diseños para la coomwa-idiadega-5lección, la mayoría de las mujeres comenzaron a reír cuando les di los lápices. Porque la mayoría de ellas no había cogido un lápiz en toda su vida.”, relata para Wiriko Tereneh Mosley, diseñadora y directora de Idia’Dega.

La cooperativa de artesanas masái de Olorgesailie (OMWA) está formada por 36 mujeres que apoyan el desarrollo económico de la zona a través de sus actividades. OMWA a su vez forma parte de una estructura más grande, SORALO (The South Rift Association of Land Owners), una organización de base comprometida con la conservación social, cultural y medioambiental de los masái y de sus tierras en Kenia. Esta tarea la llevan a cabo a través de varios proyectos que pasan por impulsar un turismo responsable y sostenible que genere ingresos en la comunidad. Una de las formas que tienen las mujeres de generar ingresos es la venta de sus creaciones a los visitantes, aunque la poca afluencia turística de la zona, complica su subsistencia y la de sus familias.

‘The Tomon’: moda global para el desarrollo local

“Globalización para bien” apostilla Mosley cuando habla de cómo podría repercutir la industria de la moda de forma positiva a nivel local: “Creo que la fuente de inspiración debe recibir algunos beneficios de todo esto. Especialmente grupos como los masái, que ven su nombre por todo el mundo en la venta de productos y no obtienen nada de nada”. Mosley decidió dedicarse al mundo de la moda y especializarse en ornamentación indígena a partir de 2004, motivada por su propia herencia multicultural. Años después y tras realizar una estancia en el sudeste asiático, decidió explorar la posibilidad de poner en marcha un proyecto relacionado con su pasión, la moda, por lo que a finales de 2013 aterrizó en Kenia.

Tras llegar a Olorgesailie y durante varias semanas compartiendo tiempos y espacios con las mujeres de OMWA, se planteó en el grupo la idea de crear una colección conjunta, que tuviese visibilidad a nivel internacional. La diseñadora cuenta cómo fue el inicio de la andadura: “Cuando el proyecto fue presentado creo que pensaban, o que yo estaba a punto de comprar un montón de abalorios que ya tenían, o de decirles qué diseñar. Les dije que íbamos a trabajar juntas y diseñar juntas, lo cual les parecía gracioso. Pero les mostré imágenes de diseños de Europa y América y de desfiles de moda y exclamaban ‘¡Masái!’. No tenían idea de que en París se vestían así o que algunos diseños invocaban sus elementos. Así que cuando vieron eso dijeron ‘¡Oh! ¡Nosotras podemos hacer eso!’. Así fue como ocurrió”.

‘Fuerza creativa, no mano de obra’ es la filosofía de la que parte colaboración entre las mujeres masái de la cooperativa OMWA de Kenia y la firma de moda norteamericana Idia’Dega, para crear una colección con patrones occidentales y ornamentación masái.

Manos a la obra empezaron a crear: “Dibujamos, dibujamos y dibujamos. Lo máximo que yo hacía era proponer los esbozos de los diseños. Por ejemplo, un vestido o un zapato y luego explorar con ellas el rol que jugaban los abalorios. Pero también quería ir más allá: cómo llevan sus tejidos drapeados, la asimetría, el color y las capas. Todos ellos detalles y elementos que añadiría a las aportaciones de OMWA. Los diseños salieron adelante porque trabajamos juntas”, cuenta la directora creativa del proyecto.

En este sentido Mosley remarca una diferencia importante con respecto a otras iniciativas similares: “Idia’Dega y OMWA han co-diseñado la colección entera, diferencia importante con respecto a proyectos similares que a menudo tienen el diseño preparado de antemano. En este proyecto la diseñadora americana, yo, he co-diseñado con las mujeres masái de OMWA. OMWA es también el primer beneficiario económico. Cobran por los diseños, por los trabajos que realizan con los abalorios, así como el 50% de todas las ventas.”.

Los beneficios económicos permiten a las mujeres hacer frente a problemas relacionados con el acceso al agua, mejora de sus hogares, seguridad alimentaria y educación, por lo que la repercusión en la comunidad es clara. Pero además, Mosley se refiere a otro tipo de impactos positivos: “El beneficio es un empoderamiento económico, social, cultural y ambiental. El objetivo es proporcionar una fuente de ingresos basada en el talento indígena de las mujeres de la comunidad. Para mostrar el valor de lo que hacen a nivel local, nacional y mundial ya que con demasiada frecuencia la globalización devalúa el valor de las comunidades indígenas, particularmente de las mujeres. La idea es cambiar eso, dándoles una voz en un mercado global como fabricantes, productoras, diseñadoras y proveedoras. Ello mediante la creación de productos sostenibles que sirven como modelos de cómo las cosas deben de ser en el siglo XXI. A través del empoderamiento de las mujeres, los beneficios se basan en el modelo ‘Half The Sky’. Un rol aumentado en el futuro de la comunidad en todas las áreas: económica, social, cultural y ambiental. Mantener a la mitad de la población mundial pobre, sin voz y sin educación no es sostenible. A medida que los masái luchen por su existencia, las mujeres van a tener que jugar un papel junto a los hombres”.

La colección “The Tomon” significa “diez” en lengua maa y está basada en los principios del ecodiseño —o diseño sostenible—, que consiste en la incorporación de criterios ambientales y sociales en su proceso. Está compuesta por diez prendas y complementos para hombre y mujer, tanto informales como elegantes y está realizada con materiales locales, reciclados y orgánicos. Después del exitoso arranque de la colaboración ¿cuál es el plan? “Continuar” asegura Mosley: “Planeo volver a Kenia en los próximos dos meses para diseñar la siguiente colección y crear algunas piezas de ésta. OMWA es nuestro primer socio y espero que sea una colaboración que dure para siempre y sea la fundación de futuras colaboraciones con comunidades indígenas de todo el mundo”.

 

 

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro, el 9 de diciembre de 2014.

 

 

An african city: sexo y glamour en la pantalla africana

Las cinco protagonistas de la serie An african city, de la directora Nicole Amarteifio.

Las cinco protagonistas de la serie An african city, de la directora Nicole Amarteifio.

*Artículo publicado originariamente en El País-Planeta Futuro el 4 de julio.

Tacones y vaqueros de pitillo. Blusa blanca florida. Labios rojos que son perfilados en un diminuto espejo de bolsillo. Se ve guapa y sonríe a la cámara. Son las 17.00h. de la tarde y en París el sol se amaga una y otra vez en el marco del segundo festival de cine nigeriano Nollywood Week París. Así se presenta Nicole Amarteifio, la creadora y directora del proyecto An african city, la serie de moda en el continente africano que está rompiendo esquemas y que transporta a los espectadores en un viaje de unos 14 minutos con cinco amigas cuyos perfiles profesionales son tan impresionantes como el vestuario fashion que utilizan.

Cansada de una visión homogénea y sumisa sobre las mujeres africanas Amarteifio se dispuso hace un año a mostrar una narrativa diferente. Cada semana los fans esperaban una nueva entrega sobre la vida de las cinco exitosas protagonistas que tras formarse en el extranjero deciden volver a sus raíces en la capital de Ghana, Accra. Desde el lanzamiento de la serie el pasado marzo en la red Youtube, el primer episodio ya tiene más de 190.000 visitas y ha cerrado la primera temporada de 10 capítulos con seguidores no solo en África, sino también en la diáspora de Europa y Estados Unidos. Un nuevo modelo se erige en las series digitales africanas con una temática hasta ahora muy poco explorada. Y así define la esencia de su proyecto: “La mujer africana no siempre tiene que ser la cara de una campaña de lucha contra la pobreza; más bien, ella puede ser la cara de todo lo bello, moderno y a la última”.

Nicole Amarteifio, la directora ghanesa y creadora de la serie de moda en África. Foto: Sebastián Ruiz

Nicole Amarteifio, la directora ghanesa y creadora de la serie de moda en África. Foto: Sebastián Ruiz

Amarteifio, licenciada en arte y en estudios africanos por la Universidad de Brandeis (Massachusetts) y con una maestría en comunicación corporativa y relaciones públicas por la Universidad de Georgetown (Washington), comenzó su carrera de comunicación en el campo del desarrollo trabajando en diferentes organizaciones internacionales como el Banco Mundial. Quizás esta etapa fue la que más le marcó a la hora de plantearse en rodar la serie An african city tal como ella lo explica. “Yo había estado trabajando durante muchos años en el desarrollo internacional y pensé que si decidía emprender un proyecto de este tipo podría ser una buena oportunidad para cambiar la imagen de la mujer africana”.

¿Y qué te impulsó a tirarte a la piscina? “Perseguir mi sueño de mostrar esa otra África a través de la imagen. No ha sido un viaje fácil porque empecé a escribir los guiones en el 2009 y en el momento del rodaje, en 2013, habían cambiado por completo”, sonríe. “Mi propia experiencia al volver a Ghana me hizo afinar la observación de la nueva realidad a la que estaba expuesta”.

La realidad de la vuelta a casa. En el primer capítulo se puede apreciar el conflicto de identidad que sufre una de las protagonistas al volver de los Estados Unidos al aeropuerto de Accra. Es la historia de los repatriados, de sus luchas internas y del proceso de adaptación a la vida en un país completamente diferente en el que fueron criados y al que estaban acostumbrados. ¿Qué tiene de autobiográfica la serie? “Sin lugar a dudas tiene una parte de reflejo de mi propia experiencia. Tengo mucho en común con las cinco protagonistas porque todas ellas son una pequeña parte de mí y de otros repatriados que conozco o que he conocido en estos últimos años. Es una historia de autodescubrimiento desde el punto de vista del inmigrante que vuelve a casa”.

Son muchos los que no pueden evitar hacer la comparación de su serie con la norteamericana protagonizada por Sarah Jessica Parker Sex and the City (Sexo en Nueva York) ¿Está de acuerdo? “¡Absolutamente! Es un honor que hagan este tipo de comparaciones aunque tengo que confesar que mis amigos cineastas me han advertido en contra de esto… Pero no me importa. Para mi, Sex and the City (SATC) fue una inspiración por la facilidad que tenían las mujeres de hablar tan abiertamente sobre el amor y la vida de una manera que nunca había visto antes. Sinceramente, creo que las mujeres en este continente tenemos que hablar más honestamente. De todas formas aunque An african city podría haber sido inspirada por SATC, mi serie web tiene que encontrar su propia voz, su propia identidad”.

Entonces Nicole, ¿por qué cree que las mujeres africanas necesitarían un Sexo en Nueva York? “Creo que el logro que hizo esta serie es dotar de confianza a la mujer americana y a mi me gustaría conseguir esto mismo para la mujer africana con An african city”.

Fiestas de lujo, vestuario de alta costura, una gran ciudad no apta para todos los públicos… ¿Cómo responde a la crítica de que la serie está retratando a una clase media africana privilegiada y que reproduce cánones occidentales? “¿Y por qué no? La representación de África en los medios tradicionales occidentales es la típica de la pobreza. ¿Qué ocurre? ¿No hay espacio para otra interpretación? ¿Por qué la mujer africana siempre tiene que ser sinónimo de pobreza, del SIDA y la salud materna? ¿Por qué no puede la mujer africana ser sinónimo de riqueza, de independencia y de glamour? Aunque tengo que reconocer que encajar las críticas es lo que más me está costando”.

¿Algún consejo para las mujeres africanas de la diáspora que piensan en volver al continente para perseguir sus aspiraciones profesionales? “En este sentido soy muy clara: simplemente les invito a que lo hagan. Que tomen el transporte y que sigan adelante. Es cierto que hay cientos de razones para no hacerlo de tipo social, político, económico o de seguridad. Yo misma cuando volví por primera vez a Ghana en 2005 no sabía cuál sería mi destino. Pero aquí estoy hoy en París. A veces el tener alguna familia en tu país o disponer de los ahorros necesarios pueden ser claves. Pero lo que tenía claro era que no quería ser como algunos familiares míos que querían volver pero que por las diferentes obligaciones no lo hicieron. Yo no quería esta vida para mi así que actué y a pesar de todos los desafíos y retos personales que me provocaba el volver a casa… Cogí el avión”.

Nicole Amarteifio en un momento durante en la entrevista en París. Foto: Sebastián Ruiz.

Nicole Amarteifio en un momento durante en la entrevista en París. Foto: Sebastián Ruiz.

¿Se estaría idealizando al continente con tu serie? “Sí y no. Mi serie es una parte de la realidad actual de África. Todo es verdad. ¡Pero cuesta luchar con tantos inputs de imágenes negativas! Sin embargo, tenemos que ser excesivamente críticos con las políticas de algunos gobiernos, de algunas multinacionales… Así que creo que es una cuestión de equilibrio y que esta dinámica puede ser parte de la solución”.

Y para ello una de las herramientas fundamentales han sido las redes sociales ¿Por qué eligió YouTube? “Si hubiera esperado a que alguien se interesara por mi proyecto podrían haber pasado muchos años y no sé si hubiera aguantado. Así que la fórmula de YouTube me permitía seguir apostando por mi idea, por mi sueño, sin la necesidad de tener a una gran empresa respaldándome. De esta forma, hemos conseguido que las barreras geográficas se eliminen por completo. El objetivo era conseguir un número interesante de visitas del primer episodio para utilizarlo como herramienta en los foros adecuados de cineastas, guionistas, actores… Pero la gente comenzó a interesarse, a hablar de ella en las redes sociales y, sobre todo, a compartirla…”.

Con la mirada puesta en la segunda temporada… ¿Hay fechas? ¿Dónde te gustaría que llegase An african city? “De momento estamos trabajando sin fechas concretas. Sería maravilloso que mi serie llegase algún día a emitirse en la televisión o a proyectarse en la gran pantalla. Pero lo que más me gusta es que precisamente no importa en qué parte del mundo estés porque puedes entrar en el canal de YouTube y ver cada capítulo. He recibido correos de africanas desde Johannesburgo o Nairobi y hasta de la diáspora en Los Ángeles y Toronto. Esto es lo más importante para mi: que las mujeres africanas de todo el mundo tengan siempre acceso a la serie y que el resto cambie su imagen sobre nosotras”.

‘Haute Africa’ en el ‘Knokke-Heist Photofestival’ de Bélgica

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África está en el foco de esta edición del Knokke-Heist Photofestival que se celebra en esta misma ciudad belga los dos próximos meses (desde el 30 de marzo hasta el 9 de junio) y tiene como exposición central “Haute Africa”, dentro de otras cinco exposiciones llevadas a cabo en diferentes museos y lugares de la ciudad. La particularidad del festival es que utiliza el espacio público como marco expositivo, por lo que este año la ciudad se viste de arte procedente de África, lo que hará más atractiva la ciudad y convertirá en puro colorido y arte sus calles.

El nombre “Haute Africa” no hace referencia a su localización geográfica, sino al término francófono “Haute Couture” ya que la exposición se centra en el trabajo de fotógrafos que captan la cultura textil del continente desde un punto de vista sociológico y antropológico. La moda sin duda expresa cuestiones relacionadas con la identidad, política y economía como hemos podido ver con los Sapeurs congoleños o las diversas African Fashion Week que acontecen constantemente en diferentes puntos del continente. Por ello se está convirtiendo en  un eje muy importante de nuevos creadores de algunos países africanos en términos económicos y artísticos, como reiteran los organizadores del Festival:  “la industria de la moda es un buen ejemplo de esta industria creativa. Muchos diseñadores, empresarios y fotógrafos africanos inspiran al mundo con nuevos proyectos que transmiten y renuevan la identidad africana. Sus creaciones afectan a Occidente a través de Internet, semanas internacionales de la moda y todo tipo de iniciativas”.

De modo que esta exposición se hace doblemente interesante: por la calidad estética de las fotografías de los artistas, impecable, y porque a través de ésta trabajan de forma transversal cuestiones relacionadas con la post-colonialidad, la etnia, el origen, la moda, la política, la religión, el género y la clase social. Todo ello a través de la cultura del vestir que determina a determinados grupos sociales y sociedades y que tanto artistas africanos como de otros continentes nos acercan estos meses.

¿Qué nos muestra el Knokke-Heist Photofestival?

La exposición nos ofrece un panorama muy amplio de las creaciones en este ámbito. El artista Baudouin Mouanda (RDC), trabaja en cómo la cultura global impacta en el estilo de vida y las subculturas del Congo. Su trabajo se centra en los Sapeurs de Congo Brazzaville. Héctor Mediavilla (ES) es otro de los fotógrafos a través de los cuales los visitantes podrán conocer más de cerca la estética e influencias de la SAPE, de los que hemos hablado anteriormente.  Daniele Tamagni (IT) nos ofrecía maravillosas fotografías sobre la SAPE, pero su trabajo “Afrometals” se centra también en las subculturas urbanas y los estilos que surgen de éstas.

Hassan Hajjaj (MA) de origen marroquí, logra lo que busca: sus retratos causan un impacto visual a través de los vibrantes colores que utiliza, retando las nociones de la identidad femenina de la cultura árabe contemporánea mediante sus fotografías, así como con la utilización de logotipos de marcas reconocibles por todo el mundo en  prendas “tradicionales” como son el Hijab o Burqa. Jehad Nga (EEUU) retrata a la etnia keniana de los Turkana, olvidados por el gobierno en la gran sequía que asola el Cuerno de África. Sus retratos muestran a una comunidad que lucha por sus tierras y su ganado. Jim Naughten (UK) nos transporta con su objetivo a los Herero de Namibia, que insólitamente mantienen su vestimenta de la época victoriana como resultado de la colonización alemana. Quedarse con la vestimenta de los enemigos —los alemanes— después de matarlos, era una manera de apropiarse del espíritu del enemigo y demostrar proeza en la batalla. Actualmente se viste con ella en ceremonias, festivales y funerales, para honrar a los ancestros. El escenario es un desierto Namibio que ilumina de lleno la imagen y la vista del espectador.

Jodi Bieber (SA) trata el tema de la “belleza real” cuestionando los cánones de belleza occidentales que están impactando en algunas sociedades africanas, o el concepto de belleza de algunas comunidades, totalmente opuestas a los estándares occidentales. Bieber crea un espacio en el que la mujer puede explorar su identidad y situarse en un marco de “belleza real”. Nontsikelelo Veleko (SA) muestra cómo la moda y la forma de vestir de la gente construye y deconstruye un discurso identitario acerca de uno mismo y como es visto a ojos del espectador.

Namsa Leuba (SU) con padre suizo y madre guineana ha vivido entre dos culturas, lo que le ha llevado a trabajar la cuestión de las identidades africanas desde lentes occidentales. Ello lo hace a través la representación mediante el cuerpo humano de las estatuas rituales utilizadas en la cosmología guineana, con un resultado impresionante. Phyllis Galembo (EEUU) también plasma los trajes y máscaras rituales, mostrando el encuentro entre los autóctono y lo extranjero y la bella tradición de las máscaras en algunas sociedades del continente.

El trabajo de Martin Parr (UK) se centra en el lujo descarado en eventos sociales como ferias de arte, desfiles de moda, carreras de caballos o eventos de polo. A través de sus fotografías evidencia la locura del capitalismo más feroz y la ostentación propia de este mundo globalizado. Pone como ejemplos los llamados “diamantes negros”, nueva clase media negra que forma parte de la élite sudafricana. Viviane Sassen (HO) se adentra en los townships de Cape Town para indagar más acerca los interiores de las casa de sus habitantes que toman elementos de publicidad y de revistas de moda para decorar sus paredes. Yinka Shonibare (NI) explora a través de diferentes disciplinas la cuestión de la raza y de la clase, cuestionando el significado de las “definiciones culturales y nacionales”. Shonibare utiliza tejidos típicamente africanos como el wax o batik en entornos oscuros y en su obra ironiza también sobre la ostentación y el lujo.

Los protagonistas de Sabelo Mlangeni (SA) pertenecen a la comunidad LGTBI, mostrando cómo la vestimenta refuerza el sentimiento identitario y de pertenencia de los homosexuales. Zanele Muholi (SA) es internacionalmente conocida por su trabajo en activismo fotográfico, herramienta que utiliza para visibilizar los problemas a los que se enfrenta este colectivo en Sudáfrica, para retar a la sociedad y para deconstruir los roles de género a través de los códigos de vestimenta. Wangechi Mutu (KE) utiliza el collage, la fotografía y la plástica para cuestionar las representaciones de la mujer a través de imágenes que nos remiten a organismos llenos de vida y un afrofuturismo estético.

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Más información:

AFWL 2013. Pasarela vestida de tejidos africanos

Adopted Culture. Foto: Estrella Sendra

Adopted Culture. Foto: Estrella Sendra

La semana de moda africana de Londres, African Fashion Week London (AFWL) celebró su tercera edición entre los días 1 y 4 de agosto. Debido al éxito de la segunda edición, que tuvo lugar en el mercado junto a Liverpool Street, Old Spitafield Market, AFWL 2013 amplió el evento a 4 días, y lo trasladó a un espació más grande, Old Truman Brewery F Block, dando acogida a 35 diseñadores de distintos países africanos, algunos parte de la diáspora mundial, decenas de periodistas y miles de asistentes.

“El equipo de AFWL está entusiasmado con la celebración de la tercera edición del evento, en especial por contar con unos patrocinadores masculinos y femeninos de tan conocida reputación”, dijo Ronke Ademiluyi, cofundador de la AFWL. Estos patrocinadores son Fifi Ejindu, una arquitecta y mujer de negocios nigeriana, y Yinka Shonibare MBE, un artista nigeriano también, pero residente en Londres.

Por mucho que la economía pase por momentos difíciles, la moda se encuentra siempre en auge en muchos países africanos. En Senegal, por ejemplo, existe incluso un término wolof-francés-criollo de difícil traducción al español, “sañse”, que hace referencia al conjunto de peinado, vestido y joyas, y que suele ser uno de los principales elementos de construcción y mantenimiento de relaciones sociales, ligadas al honor el servicio y la discreción. En cada barrio, y casi en cada familia, hay algún modista. En las tantas ocasiones de hacer regalos, las telas llamadas “wax”, de colores vivos y diversos estampados más o menos geométricos, son las grandes protagonistas.

body&soulDebido a la inversión tanto temporal como económica para tener buena apariencia, investigadores como Hudita Mustafa (2002) defienden que vestirse bien es uno de los modos de lidiar con las adversidades económicas. Pero se trata también de una representación positiva de la propia cultura, y de un acto que en la mayoría de las ocasiones reafirma la identidad de muchas mujeres. En la película Body and Soul (Mattieu Bron, 2011), que retrata la vida de Mariana, Vasco y Victoria, tres mozambiqueños que luchan por integrarse ante la dificultad que les supone su discapacidad, Victoria se siente realizada organizando desfiles de moda. En el documental, ganador del URTI Grand Prix 2011, entre otros, Victoria cuenta cómo su abuela le hizo ver que ser pobre o discapacitada no significaba ir sucia y mal vestida. Además, vestirse bien, intercambiar telas y regalarse conjuntos entre familiares y amigos, en un mundo cada vez más global, es también clave en el mantenimiento de lazos sociales y el intercambio de tejidos de unos y otros lugares.

 

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Zandy B. Foto: Estrella Sendra

Es la fusión de estos tres elementos tal vez, junto a la propia expresión artística, la que vistió la alfombra –irónicamente, blanca- de la African Fashion Week of London 2013, en la Old Truman Brewery Factory, en pleno corazón de Brick Lane, un barrio conocido por sus mercadillos vintage, muy frecuentado los domingos en la capital británica. El wax, tal como publicaba el periódico senegalés Le Soleil el 14 de agosto de este año, ha seducido a la alta costura. Y lo hace con modelos globales, muchas veces, imitando los occidentales, tal como nos contaba Zandy B, una de las diseñadoras cuyos diseños desfilaron el jueves. La diseñadora sudafricana nos regaló una entrevista al terminar el desfile. Zandy B lleva trabajando seis años en esta industria, cada vez menos dura desde que la diseñadora comenzara en 2008. Era la primera vez que participaba en la AFWL. El éxito de sus coloridos y tan distintos modelos, desde trajes al estilo de marinero, vestidos con campanas que recordaban a diseños entre medievales y de arlequín, en dos morados, y modelos que lucían los colores de la bandera sudafricana, dejó sin aliento a la diseñadora, aplaudida de forma muy destacada tras su aparición. “Es impresionante estar aquí, exhibiendo en una de las capitales más multiculturales a nivel mundial. – decía a Wiriko Zandy B- Estoy muy contenta.

Zandy B. Foto: Estrella Sendra

Zandy B. Foto: Estrella Sendra

No sé cómo expresarlo en palabras. Es increíble. No puedo expresar cómo me siento de ningún modo. Es fantástico”. A pesar del predominio nacionalista, como reivindicación de la Sudáfrica de Mandela desde el emplazamiento y decoro del cuerpo femenino, Zandy B nos contaba que la inspiración puede venir de cualquier cosa. “A veces es la naturaleza la que me inspira. Otras es simplemente ver a alguien e imaginártelo de otra forma, con algo que tú podrías hacer por el o por ella. Ves el patrón y desde ahí empiezas a crear”. A veces diseña modelos en medio día, otras, en una semana, depende del grado de detalles. “Para mí la moda significa ser exclusivo. Llevar algo que te quede bien, que sea exclusivo y no puedas encontrar en ninguna otra parte”. Para la diseñadora sudafricana el mayor reto es conseguir ser alguien en esta industria, exhibir y dar a conocer tu trabajo, por eso estaba tan contenta de estar en Londres participando en AFWL.

Mtofo Designs. Foto: Estrella Sendra

Mtofo Designs. Foto: Estrella Sendra

No menos destacable fue el trabajo del resto de diseñadores de la noche del jueves. Eldimaa Fashion, quien ya participó en la segunda edición, mostró también diseños masculinos, con una predominancia del amarillo y del rosa para los femeninos. SA4A Designs, representando Ghana, Adopted Cultures, que dejó ensimismado al público con sus vestidos cortos verdes y amarillos, con unos fruncidos florados a modo de sirena en el pecho, LNK Designs, Bello Designs, Mtofo, con diseños muy distintos de vestidos largos, el más llamativo del naranja de corsé y gasa acompañado de un sombrero de capitana, y Afrolicious Designs, con tonos más oscuros, y distintas hechuras que se desplazaban con elegancia al ritmo de la música. Todo un espectáculo de color, que concentraba bajo el cielo gris de Londres, a diseñadores que luchan por consolidar una industria nada fácil, a pesar de la gran cantidad de amantes de la moda. El público londinense reunía a muchos con herencia africana, que aprovecharon la ocasión para vestir y combinar tejidos de distintas tierras en las que se encuentran emplazados.

 

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Referencia:

  •  D. S. Karen Tranberg Hansen (Ed.)2013). African dress: fashion, agency, performance. En. Oxford: Berg.

 

Los ‘Swenkas’ zulús: clase y distinción en la ciudad

Los Swenkas. Foto: Jeppe Ronde

Los Swenkas. Foto: Jeppe Ronde

 

El sábado por la noche es el momento de la semana más esperado para algunos en la ciudad sudafricana de Joburg —término coloquial que se refiere a Johannesburgo—. Nos referimos a los Swenkas, que se acicalan durante toda la semana para competir y ganar el premio a la elegancia ese día. Trajes de sastre de marca de corte occidental y una coreografía que acompasa la puesta en escena y que recuerda a los Sapeurs del Congo, aunque con más sobriedad en su estilo. La competición amistosa, se organiza con un juez externo y se sortea el orden en que orden desfilan. Este desfile está amenizado por los “singers”, compuesto por cantantes que también realizan su propia competición. El premio del concurso de los Swenkas es la aportación colectiva que hacen todos sus miembros participantes, y que varía entre ganado, joyas, dinero u otros. Pero lo más importante y valioso, es la reafirmación de su distinción, el reconocimiento del grupo, y el hecho de perpetuar la tradición. ¡Que gane el mejor!

 

 

Fuente: Facebook Swenkas

Fuente: Facebook Swenkas

El origen de esta manifestación social y cultural tiene lugar en la década de los cincuenta. Nos tenemos que remitir irremediablemente al contexto del apartheid, que justo se acababa de instaurar en Sudáfrica. A ese contexto en el que el departamento de Asuntos Nativos del régimen, impuso medidas como la Política de Preferencia para el Espacio Urbano [1]. Había una gran cantidad de flujo migratorio de africanos —maticemos que los Swenkas, son en su mayoría zulús— que procedían del entorno rural y que migraban hacia las ciudades, buscando oportunidades laborales. Por descontado, nunca eran trabajos profesionales, sino como mano de obra barata y explotada en ciudades que se construyeron en base al descubrimiento de oro y minas en sus alrededores, como es el caso de Johannesburgo.Las visitas a la familia a la comunidad de origen después de un largo periodo de separación, eran importantes. Y la influencia de la bulliciosa vida cultural negra que emergía en la gran urbe y en sus townships, era clara. De ahí que muchos migrantes cuando volvían a sus hogares, se pusieran sus mejores galas para impresionar a las mujeres, influenciados seguramente por la moda occidental de los blancos y por los gangsters de la ciudad. Y de ahí también su nombre, que procede del término inglés “swank” cuyo significado es “presumir”. Pero no sólo presumir es su máxima, los Swenkas tienen tres pilares básicos como filosofía: la moda, la coreografía que acompaña y el código moral que incluye a su vez sobriedad, honor, higiene y respeto.

En la actualidad, cada hay vez menos Swenkas, tradición zulú que ha ido pasando de generación en generación y que poco a poco va perdiendo adeptos. Pero los que hay, son firmes con su intención de continuar y de animar a las nuevas generaciones a que tomen el relevo. Su organización liderada por uno de los miembros, elegido y respetado por el propio grupo y que se encarga de marcar las directrices, pero que también cuenta con la responsabilidad de velar por la perpetuación del movimiento Swenka.

Es interesante analizar esta manifestación, desde la óptica del post-apartheid ya que es la explicación de muchas de las particularidades de la sociedad sudafricana. Lo cierto es que a pesar del fin del apartheid, la sociedad está aún en un proceso de “reconstrucción” y fuertemente marcada por la desigualdad económica y social en términos de raza, incluso aún hoy en día. Este tipo de contrastes, se plasman muy bien en el estilo de vida de los Swenkas. Durante la semana, suelen tener trabajos duros y mal pagados en ámbitos como la construcción, además de vivir lejos de sus familias en entornos sociales deprimidos económicamente, con unas precarias condiciones de vida, donde muchas veces la delincuencia y la violencia se configura como modo de vida y supervivencia y donde el VIH es el gran lastre de muchos y muchas.

Quizá haciendo un “zoom out” desde esta óptica, podemos llegar a comprender el motivo y la importancia que puede llegar a tener el perpetuar el estilo de vida de los Swenkas y dejar a un lado los juicios que surgen cuando se plantea la cuestión de si merece la pena el elevado coste que todo ello supone. Se presenta como una manera más de desarrollar la creatividad, la autoestima y la esperanza en el futuro. Precisamente en términos de creatividad y de nuevas tendencias, la influencia se hace notar. En el panorama artístico musical, Solange ha ido a grabar al township de Cape Town, Langa, en su videoclip “Losing you” y en el mundo de la publicidad tampoco ha pasado desapercibido. Aquí se puede ver una muestro de ello.

También ejerce una gran influencia en la moda masculina sudafricana. El estilo “gentelman” es también un “must” para los amantes de la moda, sobretodo para las nuevas generaciones de jóvenes que cuidan especialmente su imagen. Basta darse una vuelta por el catálogo de Markham, marca de ropa masculina o por el Facebook llamado “Swenkas- Pura pasión por la moda”.

Merece la pena ver este documental que os recomendamos a continuación. Está en francés, pero aparte de explicar muy bien la organización Swenka, refleja muy bien el contexto actual y la trayectoria de sus protagonistas. ¡Esperamos que lo disfrutéis!

 

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África, un ‘must’ de las pasarelas internacionales

La celebración del Ghana Fashion & Design Week del pasado fin de semana en Acra, da el pistoletazo de salida a nuestra sección semanal de artes visuales. Allí se han presentado las propuestas más innovadoras de la próxima temporada, el último grito en las pasarelas, con modelos a cargo de los diseñadores más punteros de diferentes países de África y de otras partes del planeta. Desfilaron marcas como Duaba Serwa de la ghanesa Nelly Aboagye, Orange Culture de Adebayo Okw-Lawal o la marca nigeriana Alali Boutique, de Orome Cookey-Gam.

 

Duaba Serwa, Alali Boutique y Orange Culture
Foto: Kola Oshalusi/Insigna

 

Y es que Ghana, se va posicionando cada vez más como una de las sedes de la moda continental. Allí se dio cita también, a finales de verano, el Glitz Africa Fashion Week, un espacio dedicado especialmente a diseñadores africanos, como Kofi Ansah, Alain Martial Tapolo. También diseñadores de otras partes del mundo pero con un fuerte vínculo con el continente, con su moda y con sus tejidos, como la diseñadora Sheila Boateng de N’Kya Designs.

 

Kofi Ansah, N’Kya Designs, Alain Martial Tapolo
Fotos: Glitz Festival y Wordl Ghana

 

De Ghana viajamos a Nigeria, con el Lagos Fashion & Design Week del 24 al 27 de octubre. En este caso el foco estará puesto en las diseñadoras nigerianas, en su gran mayoría mujeres, como Jennifer Adighije, Isi Atagamen, Wana Sambo o el ya mencionado Adebayo Oke-lawal, que participó también en el Ghana Fashion Week. Está previsto un espacio para los desfiles de moda y también para workshops y máster class de intercambio de conocimiento y networking, exhibiciones de accesorios, textiles, fotografía e instalaciones de arte.

 

 

El mismo fin de semana, nos vamos del África Occidental al África Austral, donde se da cita el African Fashion International -o Mercedes-Benz Fashion Week Africa-, en Johannesburgo, Sudáfrica, que tendrá lugar del 24 al 28 de octubre. Se centra en el desarrollo de la industria local de la moda, con la participación de diseñadores y marcas como Lalesso, originariamente sudafricana, pero inspirada en las mujeres kenyanas, Viyella, marca sudafricana que utiliza fibras naturales, o Gavin Rajah que colabora con proyectos relacionados con artesanía tradicional y local que fue nombrado embajador de UNICEF.

El pasado mes de septiembre, se celebró también el South Africa Fashion Week en Jo’burg en el que participaron una gran cantidad de diseñadores, muchos de los cuales se encontrarán en la próxima cita sudafricana. Aquí podéis ver sus propuestas para el próximo otoño/invierno 2013.

Pero no sólo en África se verán estas propuestas. La expansión diaspórica de la moda africana, queda manifiesta con eventos tan destacados como el Africa Fashion Week de Nueva York, celebrado en julio de este año, y en el que desfilaron diseños de Leonché, Sheaffa Delince o Vanessa Mukasa con sus armoniosas propuestas.

Leonché, Sheaffa Delince y Vanessa Mukasa
Fotos: Africa Fashion Week New York

A Nueva York le siguió Londres un mes más tarde, con el Africa Fashion Week London, donde se presentaron una cincuentena de diseñadores con propuestas vanguardistas e impresionantes. A continuación mostramos algunas imágenes que expresan claramente a qué nos referimos cuando hablamos de impresionantes.

Complementos
Fotos: African Fashion Week London

 

Set Fashion, Uber Africa Collective y Yutees Collection
Fotos: African Fashion Week London

 

Keto Couture, Green Mambe y Taye Taylor
Fotos: African Fashion Week London

Y ya por último y para clausurar el artículo de esta semana, nos acercamos este mismo fin de semana a Los Ángeles, donde arranca el Africa Fashion Week Los Angeles, que contará con la participación de marcas como Batani-Khalfani, AfriChicDesigns o Royal Dinamite. Destacamos éste último por ser una iniciativa de trabajo centrada en el empoderamiento de las comunidades, siendo una plataforma de creación de artistas y creadores de esas mismas comunidades.

 


¡Anotad todos estos “imperdibles” en vuestras agendas si no queréis perder detalle, porque África se impone como un “must” de las pasarelas de todo el mundo!