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Una intervención fotográfica para recuperar Mali

Si uno abre un periódico y casualmente encuentra información sobre lo que ocurre en Mali, el panorama que hallará será de lo más desolador. Muertes, secuestros, ataques o peligro; son algunas de las palabras que describen lo que allí acontece según la información que llega al lector. Ocurre lo mismo si Mali aparece en los informativos de la tele, en la radio o ante cualquier buscador de Internet. Como si Mali no tuviera escapatoria y su destino fuera prescindir de la -i de su nombre para acabar denominándose como un lugar llamado Mal. Es así de absurdo y no es de extrañar que lo sea, al fin y al cabo, ¿qué sentido tiene vivir en un estado de represión? Aboubacar Traoré (Kadiolo, Mali, 1982) lleva tiempo haciéndoles ésa pregunta a los jóvenes a quienes da clase en el Centro de Fotografía de Bamako  porque no quiere que se dejen llevar por los cantos de sirena del fanatismo religioso. “Muchos jóvenes, debido a la pobreza, se sienten atraídos por el radicalismo. No tienen nada que comer, y son influenciables. Cuando alguien viene y se hace cargo de ellos sucumben a la llamada”, explica.

Para evitar ese efecto llamada el fotógrafo maliense tuvo una idea. Ante lo absurdo de vivir en un clima regido por el miedo, Traoré quiso ir al quid de la cuestión y reflejar las fases de adoctramiento yihadista desde una visión externa a la de los jóvenes que ven en el extremismo un refugio. Lo hizo a través de una serie de fotografías que materializó durante el mes de agosto de 2015 y que llevan por título ‘Inch’Allah’, que se traduce del árabe como ‘si Dios quiere’.

En ellas se ilustran diferentes situaciones que muestran la evolución de unos individuos a través de las acciones que se plasman en un paraje desértico. Así vemos a una persona ataviada con una túnica blanca subida a una flamante moto; o a tres jóvenes sentados frente a un sujeto que de pie y en lo alto de una roca parece darles la bienvenida; también hay otra imagen en la que en la flamante moto ya no hay un sólo individuo sino tres más; u otra en la que el personaje de la túnica blanca va a golpear con una piedra a una persona agachada. Además, incluye un retrato de dos jóvenes sentados frente al ocaso con rosarios en las manos. El elemento en común de toda la composición es un enorme casco oscuro que portan todos los individuos que aparecen en las fotografías. Este casco no tiene visera, está completamente cerrado. Son calabazas huecas pintadas de negro con las que el fotógrafo quiere representar el lavado de cerebro que se practica en estos ejércitos del fundamentalismo religioso.

imagesCon estas imágenes, presentadas durante la última Bienal africana de fotografía Rencontres de Bamako, Traoré ha sido reconocido con el premio internacional de la Organización de la Francofonía (OIF). Se trata de una serie fotográfica que recoge en armonía el espíritu valiente y constructivo con el que resurge la Bienal, después de haber sido suspendida la edición de 2013 ante la violencia que azotaba a Mali desde que en el año 2012 la rebelión encabezada por el Movimiento de Liberación del Azawad (MNLA) en el norte del país fuera secuestrada por los grupos yihadistas Movimiento de Unidad para la Yihad en África Occidental (MUYAO), Ansar Dine y Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). “¿Hasta cuándo debemos esperar que la vida continúe?”, se pregunta Bisi Silva, la directora artística de la Bienal de Bamako, en una entrevista publicada por el diario Le Monde. Una cuestión que ella misma responde al afirmar que “la bienal mostrará que la vida sigue, que los esfuerzos para el desarrollo de la sociedad continúan. En Malí realmente consideramos la cultura como herramienta de desarrollo”. En ello están Silva, Traoré, todos los que componen iniciativas culturales como la Bienal de Bamako y los malienses que continúan heroicamente con sus vidas para reconstruir contra el absurdo para que Mali siga siendo Mali, inch’allah.

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Mwangi y los “anti-buitres” kenianos

Boniface Mwangi posando delante de uno de sus murales. Fuente: Africanseer.

Boniface Mwangi posando delante de uno de sus murales. Fuente: Africanseer.

Algunas paredes de las ciudades africanas han dejado de ser meros soportes para las vallas publicitarias y se han convertido en instrumentos de expresión para los marginados de los sistemas de comunicación oficiales, situados en la periferia social y artística. El arte urbano del graffiti y las intervenciones de calle producidas por artistas, activistas culturales, sociales y políticos africanos, invaden muchos de los rincones que conforman las modernas ciudades al sur del Sahara. El graffiti, como la ocupación de plazas y calles que protagonizaron las revueltas árabes del norte de África, se ha convertido en una invasión de facto del espacio público a través de lienzos que comunican, expresan y contribuyen a la transformación de las sociedades africanas de hoy.

A menos de 3 meses para las próximas elecciones en Kenya (previstas para el 4 de marzo de 2013), el caso del activista Boniface Mwangi nos parece de vital importancia para la actualidad tanto artística como política del país. Figura crucial dentro del activismo social y cultural de África, su trayectoria profesional pasa por el fotoperiodismo, el arte del graffiti o el documental para la sensibilización, estando en el punto de mira de la censura institucional y habiendo pisado la cárcel en varias ocasiones por su carácter de crítico incansable.

Foto de Boniface en la ceremonia de entrega de los Premios Prince Claus 2012. Fuente: Kevin Oyugi/Niaje.

Foto de Boniface en la ceremonia de entrega de los Premios Prince Claus 2012. Fuente: Kevin Oyugi/Niaje.

A los 24 años, Mwangi era uno de los periodistas que cubrían las noticias sobre las elecciones kenianas de 2007, pero su contacto directo con los conflictos vividos por la población en el periodo post-electoral, que se saldó con la vida de 1.200 personas y más de medio millón de desplazados, le llevó a fundar la organización Picha Mtaani -basada en una exposición fotográfica itinerante- para la reconciliación postconflicto, en 2008. Su fotografía, vanamente censurada por el gobierno keniano, se convirtió en la principal denuncia gráfica de la violencia y en una semilla para la paz. Su trabajo le valió el premio Mohamed Amin de la CNN al fotoperiodista del año en dos ocasiones (2008 y 2010). Y en 2012, recibió el Premio holandés Príncipe Claus (de Cultura y Desarrollo) por su aportación para una “nueva Kenya”, además de ser nombrado “personaje del año” por el GlobalPost por su capacidad de movilización de la sociedad civil a través de sus fotografías y sus graffitis.

Su documental ‘Heal the Nation’, sobre el conflicto post-electoral de las últimas elecciones de Kenya, es un clamor por la justicia y la reconciliación nacional rememorando las atrocidades cometidas y reflexionando sobre la necesidad de una transformación social y nacional del país.

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Mural de Boniface Mwangi

Actualmente, Mwangi, se encuentra inmerso en una campaña de sensibilización de la opinión pública contra “los buitres” , como él los denomina, que conforman el actual gobierno keniano. En 2012, reunió a un grupo de graffiteros decididos a influir en la conciencia colectiva, para crear murales por todo Nairobi con buitres que representan a la clase política. Esta actividad, clandestina y mayoritariamente realizada durante la noche, empezó a molestar mucho al gobierno de Nairobi.

Este acontecimiento, provocó el encarcelamiento de Mwangi, pero tuvo que ser puesto en libertad gracias a la presión social de los kenianos que respaldaban su obra.

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40 murales mensuales pintados por todo un movimiento “anti-buitres” son difíciles de borrar por las brigadas de limpieza del gobierno. Pero éste, no sólo se enfrenta a una invasión del espacio público a través del arte urbano, sino que se enfrenta a un movimiento que se nutre de las redes sociales y las nuevas tecnologías para la movilización de los votantes. Mwangi y los “anti-buitres” kenianos han diseñado una web para denunciar la corrupción, los asesinatos cometidos después de las últimas elecciones y la falta de transparencia del gobierno de Kenya a través de mavulture.com. ‘Mavulture’, ‘muchos buitres’ en swahili, nació el pasado 13 de Noviembre gracias a financiadores privados y se presenta como una iniciativa sin precedentes en el país.

Tendremos que esperar aún unos meses para poder evaluar la verdadera incidencia de todas estas iniciativas en Kenya, pues es difícil valorar el alcance real de este tipo de acciones sobre la comunidad. Pero la cantidad de personas que se manifestaron para conseguir la liberación del joven artista en su última encarcelación o el éxito de otras campañas de movilización popular similares, a través de las redes sociales como la de SunuCause de las últimas presidenciales en Senegal, hacen vislumbrar posibilidades reales de incidir en la concepción política de los kenianos.