Entradas

Inxeba: ¿cómo explorar la homosexualidad en el seno de la cultura Xhosa?

El cine estaba repleto en el Festival Internacional de Cine de Durban. Las preguntas eran muchas y las incertidumbres de cómo una película escrita por un director blanco sudafricano podía abordar un tema tabú como la homosexualidad sobrevolaban el auditorio. ¿Se permite a alguien mostrar los secretos de una cultura que no es la propia? Inxeba, del realizador John Trengovel, consiguió meterse al público en el bolsillo con una historia franca y hermosa sobre el amor estirando las pulsaciones y sincopando la respiración de más de uno. El cine es controversia.

Inxeba explora de forma rígida e inquebrantable la masculinidad negra situándolo en un entorno aún más silencioso, la iniciación Xhosa. Además, el director construye su mundo con ángulos de cámara íntimos y fotos de naturaleza encantadoras. Es probable que se hagan comparaciones con la película Brokeback Mountain (2005), pero el poder, la gracia y la singularidad de la historia, unidas a la hábil ejecución, exigen que Inxeba sea abordada por sus propios méritos.

Los amigos de la infancia Xolani (interpretado por el genial Nakhane Touré) y Vija (Bongile Mantsai) aman. Hacen el amor. Sin mediar palabra. Pero no hay futuro aquí ni en ningún otro lugar para ellos. Vija, un macho alfa, está casado y acaba de tener su segundo hijo. Xolani es un trabajador gay que trabaja en una fábrica y que no puede vivir su vida debido a su orientación sexual. Esta temporada tendrán que cuidar de cuatro jóvenes iniciados y su propio mundo interior será golpeado una y otra vez. La intersección entre la masculinidad (a menudo tóxica) y la tradición de esta película es una pieza muy importante que sigue a Skoonheid (Belleza) de Oliver Hermano una línea de trabajo que visibiliza afortunadamente una realidad a menudo difícil y áspera no solo en el entorno sudafricano.

INXEBA ganó los premios de mejor director para John Trengrove y al mejor actor para Nakhane Touré en el Festival Internacional de Durban el pasado sábado 22 de julio. Se estrenó en competición en el DIFF, y compitió contra Serpent (Sudáfrica), Le Clair Obscur (Turquía), La Belle et la Meute (Túnez), El Hombre que Cuida (República Dominicana), Asinamali! (Sudáfrica), Liyana (Sudáfrica), Atanyn Kereezi (Kirguistán) y Basta (Marruecos).

Esperamos desde Wiriko poder proyectarla a partir del próximo curso y continuar el debate.

En la vanguardia namibia, las minorías luchan

La cantante Shishani, conocida por su activismo por los derechos LGTBIQ en África, moderniza la tradición oral Herero y Namaqua

Shishani & the Namibian Tales. Imagen de Eric-Nieuwland.

Shishani & the Namibian Tales. Imagen de Eric Nieuwland.

La violencia, la persecución y la discriminación que sufre el colectivo LGTBIQ en muchos países de África es un fenómeno ampliamente denunciado por los medios. Pero actualmente, es un ejército de jóvenes invisibilizados, armados con poesía, literatura ofotografía, los que capitanean con más fuerza la primera línea de fuego en la guerra contra la homofobia y otras injusticias legales.

Shishani, cuyo nombre significa corona en oshiwambo, es una de las artistas que está mostrando con más fuerza que África cuenta con personas homosexuales, exitosas y con talento. Con un pie en Namibia y otro en Holanda, la artista ha encontrado el equilibrio para trabajar a ambos lados del Mediterráneo. “Una vez que encuentras cuáles son tus propios valores en la vida, es una cuestión de negociación de éstos dondequiera que vayas”, manifiesta.

Con un arsenal de buenas intenciones, la cantante namibia alza su voz con mucha valentía en un mundo clandestino donde el miedo y el odio pueden acarrear palizas, persecuciones, vejaciones y hasta la muerte. Pero, con toda su sencillez, empuña el micrófono, se calza su guitarra acústica, y arranca. “Hasta ahora he podido cantar en espacios seguros gracias a personas de ideas afines que me han apoyado. Sin ellas, esto no sería posible”, explica des del jardín de Juniper Kitchen de Nairobi. Aquí, la clandestinidad es tal que prácticamente nadie ha acudido a su concierto.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

El secreto pasado africano de Freddie Mercury

El 5 de septiembre de 1946 nacía, en la Stone Town de Zanzíbar, Farrokh Bomi Bulsara. Hijo de padres indios y funcionarios de la administración colonial durante el periodo en que la isla fue protectorado británico, pocos saben que ese niño que nació y creció impregnado por la humedad de las costas del África del este, el olor a clavo y los sonidos de la música taarab es, en realidad, la insuperable voz de Queen: Freddie Mercury.

Cuando se cumplen 70 años del nacimiento del que es considerado uno de los intérpretes más versátiles y geniales de la historia, y a 25 años de su muerte, volvemos la mirada hacia atrás para buscar piezas del puzzle que no suelen estar ni en su biografía ni en los obituarios que los medios convencionales hacen de la estrella. El pasado colonial de uno de los iconos más controvertidos y escandalosos del mundo del Rock es un hecho que nos hace remontar a tiempos donde la única Reina (Queen, en inglés) que el joven Farrokh conocía, era la de la Inglaterra Imperial en África. ¿Por qué la leyenda del Rock omitía su pasado africano como si no hubiera existido? ¿Qué hacía que Freddie no quisiera hablar de su infancia en Zanzibar? ¿Por qué los isleños se sienten tan poco orgullosos de ésta figura como él lo estaba de la isla que lo vio crecer?

El investigador Senior del Africa Research Institute (ARI) Nick Branson nos da claves para comprender cómo fue la infancia de Freddie Mercury en la isla y por qué, ese niño llamado Farrokh Bomi Bulsara nunca reivindicó, sino más bien quiso disimular, sus raíces africanas y su pasado en la paradisíaca isla de las especies. Otros zanzibareños han contribuido también a esclarecer las piezas perdidas de este puzzle: el periodista y poeta Mohammed K Ghassani, establecido en la ciudad alemana de Bonn; Khalid Said, abogado y activista en la isla; y Talib Baalawi, zanzibareño residente en Reino Unido.

FreddieZanzibar

Gemma Solés: Cuando Zanzíbar se convirtió en un protectorado británico llegaron muchos migrantes para trabajar en la administración colonial. No era una novedad que los indios emigraran a la costa suajili, pero tal vez sí lo fuera hacerlo en guetos para “expatriados”. ¿Sabemos si esta ola de inmigrantes británicos e indios con nacionalidad británica se integró entre la población de la isla? ¿Qué clase de vida tenían familias como la de Freddie cuando llegaron a Zanzibar?

Nick Branson: Aunque la costa suajili había atraído desde siempre a colonos de todo el Océano Índico, el matrimonio entre familias indias y africanas era raro. La integración habría resultado muy difícil para la familia Bulsara. Según la jerarquía racial local habrían sido etiquetados como “indios” / “asiáticos”, colocados debajo de los colonizadores británicos y de los árabes (omanís), pero junto a los (persas) Shirazi, los comorenses, y (bantúes) comunidades africanas. Según el censo de 1948, los “indios” representaban el 5,8% de la población, en comparación con el 56,2% Shirazi. Los funcionarios del gobierno colonial (como el padre de Freddie) habrían sido eliminados del tira y afloja diario debido a diferencias de salario, estatus y lengua. Es probable que los Bulsara vivieran en una “burbuja” – disfrutando de algunos, pero no todos, los privilegios de la élite-.

G.S.: A los 5 años, Freddie empezó en la “Escuela Misionera de Zanzíbar”. A los 8 se marcha a la India para estudiar parte de su primaria (donde lo empiezan a llamar Freddie), y volver más tarde a la isla a terminar la secundaria en la “St. Joseph’s Convent School”. ¿Puede la cultura suajili penetrar en un niño, y después adolescente, criado solamente con otros hijos de colonos y en una educación británica?

Freddie-Mercury-Parsi-born-in-Zanzibar-and-grew-up-there-and-in-India-until-his-mid-teens-2N.B.: Las escuelas religiosas y misioneras siguen siendo controvertidas en Zanzíbar, donde al menos el 95% de los habitantes practican el Islam. El propio Freddie nació en una familia con raíces zoroástricas (religión del imperio persa) así que puede que le resultara rara una educación cristiana. La St. Joseph’s Convent School fue construida por misioneros católicos franceses y fue la única escuela en Zanzíbar en dar primaria en Inglés. En el patio de recreo, Freddie habría estado expuesto a una amplia variedad de idiomas e influencias culturales, lo que podría explicar el estilo musical ecléctico que desarrolló más tarde.

G.S.: En 1964, cuando se produjo la revolución de Zanzíbar para derrocar al sultán Jamshid bin Abdullah, la familia Bulsara se tuvo que trasladar a Inglaterra. Freddie tenía 17 años. ¿Cómo vivieron esta revolución los expatriados y colonos? ¿Qué representó para ellos?

N.B.: En el momento de la revolución del 64, los que eran percibidos como que tenían algún vínculo con las élites que gobernaron hasta el momento estaban sujetos a diversos grados de persecución. El número exacto de árabes, indios y Shirazi que fueron asesinados sigue siendo controvertido. Los ciudadanos británicos fueron evacuados gracias a un acuerdo con el nuevo gobierno de Zanzíbar, que tomó la iniciativa de deportar a algunos árabes a Aden (actual Yemen). El gobierno de la India proporcionó billetes gratuitos a los ciudadanos indios que quisieran volver a casa. Mientras que el sultán de Omán se estableció en Portsmouth, Reino Unido, y diferentes zanzibareños de distintos orígenes se instalaron en Londres y sus alrededores.

G.S.: Se dice que, una vez en Londres, los Bulsara trataron de ocultar su origen étnico para encajar bien entre la sociedad británica, muy racista en la época. Freddie nunca se jactó de sus raíces indias y su pasado africano, y en una entrevista que le hicieron en el 75 habló de Zanzíbar como el que pasa allí un día o dos… Para él, la metrópoli imperial siempre fue su hogar. ¿Tan profundo era el aislamiento de los colonos en Zanzíbar en el momento como para que Freddie no se sintiera nada zanzibareño?

N.B.: Al igual que los asiáticos de Uganda expulsados por Idi Amin en 1972, las familias de Zanzíbar que eran de origen indio, persa y omaní se apresuraron en ser asimilados en Reino Unido. Feltham, donde vivía la familia Bulsara, es una zona particularmente diversa, con alrededor de una cuarta parte de la población de un origen asiático…

IMG_5495

El restaurante Mercury’s, situado en el centro de la Stone Town, es uno de los pocos lugares de la isla que le rinden homenaje al vocalista de Queen, a parte de un pequeño museo situado erróneamente en la supuesta causa de los Bulsara. 

G.S.: Actualmente la Stone Town,  gentrificada y vendida al turismo, tiene poco que ver con el Zanzíbar de mediados del siglo XX, donde la cultura suajili estaba bien arraigada en cada esquina. No se sabe si Freddie regresó o no a la isla después de que su familia se fuera, pero lo que sí se sabe es que los locales (aunque su nombre haya sido explotado a nivel turístico en la ciudad) guardan cierta animosidad hacia un homosexual tan controvertido con un pasado zanzibareño. ¿Puede ser considerado Hijo de Zanzíbar un homosexual y colono británico tan provocativo como Freddie, especialmente cuando nunca mostró públicamente amor por la isla?

N.B.: La homosexualidad sigue siendo ilegal en Tanzania y en abril de 2004 la Cámara de Representantes de Zanzíbar legisló para imponer una pena de cinco años a quienes tengan relaciones homosexuales. No hay duda de que el estilo extravagante de Freddie habría causado alarma entre algunos sectores de Zanzíbar, pero su capacidad de adoptar numerosas identidades y personalidades podría haber resonado en algunas partes de la ciudad. En última instancia, la música y los gustos culturales son subjetivos y cambian con el tiempo.

Khalid Said: La verdad es que los zanzibareños a penas sabemos quién es Freddie Mercury, básicamente porque ese no es su verdadero nombre y ni siquiera el de su familia. Su padre fue alguien conocido en la isla, sobre todo porque perteneció al Zanzibar Nationalist Party (ZNP) – como es mencionado en el libro de memorias del difunto Ali Muhsin, uno de los mejores académicos y políticos Zanzíbar ha tenido-. Los que saben de él no están orgullosos de su homosexualidad, además es una figura muy estigmatizada por haber contraído el Sida…

Talib Baalawi: Su nombre está sólo en las cabezas de las personas más viejas. Los jóvenes de Zanzíbar no lo conocen, no tienen ni idea de quién es. En cambio, todo el mundo recuerda al jamaicano Bob Marley…

G.S.: Y si bien la mayor parte de los zanzibareños y zanzibareñas no se sienten representados con su figura por estar culturalmente muy lejos de “lo aceptable” en la isla o por su falta de amor por ella. ¿Por qué creéis que él nunca reivindicó con orgullo su origen africano, volvió para ofrecer un concierto en la isla o al menos visitó su antiguo hogar una vez famoso?

Mohammed K Ghassani: Creo que Freddie es sólo una de las víctimas de lo que llamamos apagón histórico en Zanzíbar, que sucedió entre muchos zanzibareños que, o bien se fueron a vivir al exilio o fueron considerados extranjeros después de la Revolución de 1964. Entre ellos, hay profesores de renombre y escritores como Abdulrazak Gurnah y Farouk Topan. Por otro lado, creo que no se sentía lo suficientemente zanzibareño por una cuestión de cómo se construyó la identidad en Zanzíbar, tan africanizada durante la independencia y después de la revolución.

freddie_front

Ginebra “presenta” a Marius Nguié y Nii Ayikwei Parkes

Hace unas semanas explicábamos la escasa presencia de la literatura africana en el Salon du Livre de Paris y ahora nos trasladamos hasta Ginebra para hablar de la feria literaria de la ciudad suiza que precisamente comienza hoy. “Multiples Afriques” es el nombre del espacio que el salón del libro helvético dedica a la literatura africana. No se puede considerar que el programa propuesto desde Ginebra sea excesivamente arriesgado. Cheikh Hamidou Kane, Boubacar Boris Diop, Scholastique Mukasonga, Leonora Miano o Calixthe Beyala son algunos de los nombres (entre otros) de escritores que encabezan el cartel, todos ellos autores consagrados y de larga trayectoria. Sin embargo, entre esos nombres, algunos incluso de vacas sagradas, emerge un espacio precisamente dedicado para los autores noveles o, al menos, menos consolidados. En este caso, los protagonistas de esta propuesta son el congoleño Marius Nguié y el ghanés Nii Ayikwei Parkes.

Flyer del espacio para la literatura africana del Salón del Libro de Ginebra

Flyer del espacio para la literatura africana del Salón del Libro de Ginebra

Marius Nguié. Fuente: blog del autor

Marius Nguié. Fuente: blog del autor

A pesar de que esta propuesta para autores emergentes aparece bajo el título Les premiers romans, ambos tienen publicados más de un libro. El congoleño Marius Nguié se dio a conocer en 2008 con L’insolite, pero precisamente este mes ha publicado su segunda obra, Un yankee à Gamboma. Con su primera novela el congoleño se presentaba como una promesa de la literatura centroafricana y por su estilo directo su nombre se vinculó al de Sony Labou Tansi. Nguié recurre a la maniobra de crear un estado africano imaginario en el que el pueblo se enfrenta constantemente a la dictadura para construir un futuro más próximo. Este escenario le permite, explorar tanto las situaciones más bajas como las más esperanzadoras.

Sin embargo, en Un yankee en Gamboma, la acción se desarrolla en la ciudad congoleña que aparece en el título, en la que, según se explica en el libro, un “yankee” es la palabra que se utiliza para la “chusma”, a “un hombre sin escrúpulos, que puede cometer un asesinato sin preocuparse”. Benjamin es ese “yankee”, un miliciano sin miramientos para cometer cualquier tipo de atrocidad. Junto a él, extrañamente, aparece Nicolas que, a pesar de situarse en el extremo opuesto no puede evitar sentirse deslumbrado por el poder de Benjamin. Nguié continúa frecuentando en Un yankee en Gamboma un ambiente sombrío que, sin embargo, viste con un lenguaje amable y de naturalidad. Demostrando con todo ello un panorama complejo y lleno de matices. En ambos casos, el humor y una cierta ironía ayudan a romper algunos esquemas.

Nii Ayikwei Parkes. Fuente: Twitter del autor

Nii Ayikwei Parkes. Fuente: Twitter del autor

El segundo nombre, de los autores emergentes, el del ghanés Nii Ayikwei Parkes, aparece como el de una de las promesas de la literatura anglófona africana. Al estilo de otros autores muy en boga en la esfera angloparlante Nii Ayikwei Parkes aparece como una especie de artista total. Poeta y novelista, escribe también literatura infantil, colabora con medios de comunicación, ofrece cursos de escritura y promueve la edición (incluso se presenta como un editor). Tiene tres libros publicados: una novela, Tail of the blue bird; un libro de poesía, The makings of you; y un volumen infantil (bajo el nombre K.P. Kojo) The parade. Además aparece como uno de los autores que estará presente en la próxima publicación de Africa39.

Tail of the blue bird es una interesante combinación entre la novela policiaca y una reflexión sobre un tema tan actual como recurrente en África: el encuentro y la convivencia de la tradición y la modernidad. El protagonista es un policía formado en el Reino Unido que regresa a Ghana y se encuentra con una compleja situación. El caso al que se enfrenta comienza con la aparición de unos restos humanos en una aldea remota de Ghana cuyos habitantes continúan llevando una forma de vida tradicional. Kayo, el protagonista, está convencido de que la ciencia puede explicarlo todo, sin embargo, durante la investigación aparecen ante sus ojos “evidencias” que no se pueden explicar en términos científicos por lo que se ve obligado a replantearse algunos de sus principios. Los críticos han elogiado repetidamente el lenguaje empleado por Nii Ayikwei Parkes, tanto este como las escenas de narra están impregnadas por su otra pasión literaria, la poesía.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Un evento con otros incentivos

Icono del espacio "Multiples Afriques" en el Salon du Livre de Ginebra

Icono del espacio “Multiples Afriques” en el Salon du Livre de Ginebra

Más allá de estos dos relativos “descubrimientos” (Marius Nguié y Nii Ayikwei Parkes) el programa de “Multiples Afriques” presenta numerosos atractivos. Además de las diversas posibilidades de encontrarse con los autores consagrados que ya se han mencionado en diferentes formatos (mesas redondas sobre temas diversos y firmas de libros), algunos de los eventos previstos presentan proyectos curiosos. Es el caso de Le boubou hors des clichés, un proyecto de la editora francesa de origen senegaloguineano Mariama Samba Baldé. Baldé ha querido utilizar esta prenda de ropa, a través de textos y fotografías para reivindicar y dignificar la imagen africana. “Tejiendo” géneros y autores, el libro remite a temas como la historia, la multiculturalidad, la identidad o la discriminación y, el boubou, una simple prenda de ropa (o no) es simplemente una excusa (o no).

Otro de los puntos de atracción es una mesa redonda, sobre un tema candente en relación con el continente, la homosexualidad. Lo encargados de mantener este debate son dos autores que han tratado esta cuestión de manera desacomplejada y valiente. Por un lado, Bertrand Nguyen Matoko ha roto sistemáticamente todos los tabúes relacionados con la sexualidad en África. La expresión más destacada de esta transgresión fue el ensayo Le flamant noir, en el que abordaba, ya en 2004, la cuestión de la homosexualidad en el continente. Por otro, Max Lobe, un escritor camerunés afincado en Ginebra es el segundo nombre de esta mesa. Con su novela 39 rue de Berne, Lobe se metió sin miramientos en los más oscuros recovecos de la sexualidad más marginalizada en África, desde la homosexualidad hasta la prostitución, pero cubriéndola de ternura aunque sin escatimar en crudeza.

Poesía, novela negra, filosofía o algunas literaturas nacionales son otros de los aspectos que trata el salón, junto a una visión, precisamente veinte años después sobre el genocidio de Ruanda. Es en esta actividad, en la que está previsto que participe Scholastique Mukasonga. La escritora ruandesa, entre otras muchas distinciones, fue la ganadora en 2012 del Prix Kourouma, uno de los premios más prestigiosos de la literatura africana francófona que se entrega durante este Salon du Livre de Ginebra. De hecho, el próximo viernes 2 de mayo, dentro del programa “Multiples Afriques”  se conocerá el ganador del Prix Kourouma de la edición 2014.

El Oxímoron: danza contemporánea africana (II)

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

En 1877, cuando se presentaba por primera vez el ballet El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky en el Teatro Bolshoi de Moscú, el continente africano aún era para Europa una tierra misteriosa y hostil que todos anhelaban conquistar por medio de la ocupación. Para la mayoría de los africanos, a su vez, ‘Europa’ no era más que un concepto vacío que se perdía en el aire al ser pronunciado, sin más. Pero para algunos enclaves del continente, el colonizador pronto se materializaría arrelando con toda su artillería más pesada, su arsenal cultural. Siglo y medio más tarde, las frenéticas y por poco esquizofrénicas transformaciones vividas en el seno de las sociedades africanas han dejado el aire impregnado de un halo corruptible. Flotante. Desesperada y necesariamente ecléctico.

La exuberante coreógrafa y bailarina johannesburguesa Dada Masilo es la viva imagen de la fusión entre diferentes culturas que se encuentran, en mayor o menor tensión, en un mismo escenario. Con 28 años, la que empezara en la famosa escuela Dance Factory se ha convertido en una de las figuras más importantes de la danza contemporánea de Sudáfrica. Artífice de una nueva estética; con la reinterpretación de obras clásicas occidentales como Romeo y Julieta de Shakespeare, o Carmen de Bizet, Dada Masilo ha llevado la experimentación de las técnicas de ballet clásico, las danzas populares, el flamenco o el vocabulario contemporáneo a romper estereotipos y a desafiar a públicos de casi todas partes del mundo.

Su destreza, rapidez, fuerza, pasión, su eclecticismo 100% sudafricano y sus no menos de seis horas diarias de trabajo le han proporcionado el premio Standard Bank a la mejor bailarina en 2008, y le han permitido llevar sus actuaciones a países como Tanzania, Mali, Madagascar, Mozambique, Países Bajos, Rusia, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Francia, México o Israel.

Su Lago de los Cisnes es una obra muy divertida. Sorprendente. Apasionante. Eriza tantos bellos como voces críticas puede levantar. Y es que esta obra, por más que represente una extraordinaria reinterpretación de uno de los ballets más famosos del mundo, puede ser una auténtica pesadilla para los homófobos de los países africanos en los que la homosexualidad sigue siendo considerada un crimen. El Cisne Negro, Dada Masilo, burla las reglas y presenta una ácida interpretación colmada de elementos sexuales y sensuales. Haciendo un guiño a la homosexualidad de Tchaikovsky, Masilo incorpora en su obra bailarines masculinos con tutú. Con una narrativa que pretende ser tan trágica como cómica, el joven Siegfried le rompe el corazón a la protagonista por no corresponderle. Pero quizás, al espectador le choque más la paradoja de la reinterpretación, en el seno de la sociedad post-Apartheid, de una obra que ha sido blanca por naturaleza, por parte de una bailarina negra. Y para colmo, en un universo (el del ballet) donde los bailarines negros suelen brillar por su ausencia. Una provocación y una crítica poderosa, con un respeto profundo de la obra original, y sin caricaturas que lleven al absurdo.

Como la propia Dada afirma en el corto-documental realizado por la Escuela de Cine Digital Big Fish, su trabajo requiere estar abierta a la cultura popular, a los diferentes movimientos que la rodean, e intentar rehuir de las etiquetas que la puedan encorsetar en uno u otro estilos, para abrirse al mundo de forma natural y poder seguir creciendo.

Cuando la montaña está blindada

Fotografía de Zanele Muholi

Fotografía de Zanele Muholi

Los debates sobre la homosexualidad suelen estar colmados de prejuicios, mitos y tabúes. Pero en África, la homofobia, la persecución y la criminalización de los gais es además un hecho extendido por el miedo al “contagio”, un estigma obscuro con el que los homosexuales africanos tienen que convivir. En algunos países de África, como en el Zimbabue del presidente Robert Mugabe, hay quien cree que la homosexualidad es un fenómeno occidental moralmente viciado y fruto del colonialismo. Pero lo cierto es que ya las pinturas rupestres encontradas en el mismo país (Epprecht, 2004) evidencian que la sexualidad entre personas del mismo sexo existía entre los bosquimanos de la era pre-colonial, así como lo atestiguan variadas tradiciones orales de todo el continente. Goddard (2002) sostiene que fueron los colonos victorianos los primeros que empezaron a acusar las prácticas homosexuales de bárbaras, primitivas e innaturales y que este es el principal origen de muchas de las actuales leyes penales, detenciones, discriminación y acusaciones de “in-humanidad” o “no-africanidad” que afectan a los gais y lesbianas que habitan en el Sur del Sáhara. El maltrato psicológico y físico, y en algunos casos la pena de muerte, ha forzado la migración de centenares de personas de Uganda, Kenia, Somalia, República Democrática del Congo, Sudán, Etiopía, Eritrea o Burundi.

A pesar de todo, hay una parte de la sociedad que lucha para derribar las fronteras psicológicas y el rechazo colectivo que aún a día de hoy siguen institucionalmente amparados en 37 estados africanos. Son cruciales voces como la de la fotógrafa sudafricana Zanele Muholi, quien ha dedicado sus últimos diez años de carrera a retratar el fenómeno lésbico en Sudáfrica o las de activistas como el zambiano Paul Kasonkomona, encarcelado recientemente por aparecer en el canal Muvi Tv denunciando la discriminación de la homosexualidad en Zambia o la del ugandés David Kato, perseguido y asesinado en 2011. Pero como el teatro puede representar una de las formas más eficaces de hacer salir a las personas del ensimismamiento para ponerse en la piel del “otro”, hoy queremos incidir de forma particular en la obra The River and The Mountain. 

river

Se trata de una obra sobre sexualidad, política y religión escrita por el británico Beau Hopkins y dirigida por Angella Emurwon, una dramaturga que ha querido desafiar las políticas de uno de los países africanos más ferozmente anti-gais y homófobos: Uganda. La directora se acerca a la raíz del problema a partir del humor, para así disminuir la ansiedad que supone a un ciudadano medio ugandés hablar de un tema tan tabú como la homosexualidad. La tragicomedia narra la historia de un empresario joven, obsesionado con el trabajo y que muestra poco interés por las citas con mujeres bonitas que le apaña su mejor amigo. Ahondando en temas como la traición y la falta de lealtad, habla de cómo la religión cristiana puede llegar a ser vengativa, absolutamente intolerante y carecer del altruismo que debería promover. La obra hace un paralelismo entre “la vida del río” -donde el agua se convierte en un sinónimo del intercambio comercial y de la apertura a nuevas ideas- o “la vida de la montaña” -sinónimo del enclaustramiento y el hermetismo ideológico-. Es precisamente en alusión a este hermetismo que los habitantes de la montaña son reacios a entender la “otredad” de forma natural y sin miedos. Pero la obra es una clara crítica a las estructuras de poder, que blindan la montaña para que sus habitantes no puedan abrir su mentalidad y fomentan así, el odio hacia la diferencia.

The River and The Mountain pretende despertar sospechas sobre la ley anti-gai que entró en vigor en el país en 2009 e invita al espectador a cuestionarse las miradas incendiarias hacia el colectivo homosexual, evidenciando una realidad tan cruel y sangrienta como la que es el asesinato del protagonista de la obra en manos de sus propios empleados, convencidos por párrocos conservadores (una clara referencia historica a la reciente muerte de David Kato). Se trata de la primera creación teatral que representa un personaje homosexual sobre un escenario y su carácter disidente es tan rompedor que fue difícil encontrar un elenco de actores y actrices sin miedo a la reacción del aparato estatal. Finalmente, estrellas locales como la conocida actriz Auntie Wanita han sido claves para que la obra llegase a dar un salto internacional y despertase la curiosidad de unos y otros más allá de las fronteras ugandesas.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

A pesar de la valentía de todo el equipo, el pasado mes de febrero el gobierno de Uganda encarceló a David Cecil, promotor de la obra,  expulsándolo finalemente del país, donde dejó a su compañero y sus dos hijos en común. De la misma manera, la obra ha sufrido la censura y el Teatro Nacional de Kampala se negó a abrir las puertas del recinto para la función justo el día antes de la estrena bajo una fuerte presión policial. La misma suerte corrió a finales de 2012 la compañía TUK (Talented Ugandan Kuchus) en el acto de presentación de Lighting the Shadows, para la no-discriminación de los homosexuales. Pero artistas, intelectuales, activistas o parte de la Iglesia que no acata las leyes contra la homosexualidad ni las conductas intolerantes de parte de la sociedad ugandesa, siguen luchando día tras día para que el respeto y la convivencia pacífica se instalen poco a poco en la sociedad.

Para los que estén interesados en los derechos de los homosexuales en África, y en concreto en Uganda, os recomendamos ver el documental Call Me Kuchu y el recientemente estrenado La Caza al Homosexual del periodista vasco Jon Sistiaga, que os adjuntamos íntegro. .

Call Me Kuchu – Trailer from Call Me Kuchu on Vimeo.

 

… y para ampliar información:

Mabvurira, Dadirai Motsi, Masuka y Chigondo. The “politics” of sexual identities in Zimbabwe: A Social Work perspective? en International Journal of Humanities and Social Science. Vol.2 No.13; July 2012.

Proggie

Modern Ghana

StART Journal of Arts and Cultures 

The Guardian