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En busca del duende africano

Diseño: Sebastián Ruiz.

*Artículo escrito por Maria Colom.

Nos encontramos en Kampala, en el Teatro Nacional de la capital ugandesa. Algunos jóvenes se han reunido allí para asistir a una clase especial y, a priori, algo lejana. Agnes Kamya quiere enseñar y transmitir un lenguaje que permita, a estos jóvenes curiosos, expresarse de una forma única, quiere enseñarles a bailar Flamenco. “De hecho, el poderoso sentido rítmico del Flamenco viene de los negros africanos, en lugar de los gitanos”. Con esta frase de Antonio y David Hurtado Torres, publicada en el libro y disco La llave de la música flamenca, empieza el proyecto audiovisual En busca del Duende africano – El proyecto del Flamenco en Uganda, de la directora Caroline Kamya.

Este proyecto nació de la mano de las hermanas ugandesas Agnes y Caroline Kamya. Tras descubrir el baile flamenco en el Reino Unido, donde estudiaba ingeniería, antropología y cine, y mientras escribía su tesis doctoral, Agnes decidió mudarse a Sevilla para poder seguir investigando y aprender más acerca de este arte. “Recuerdo que tomé mi primera clase de baile Flamenco en Londres. Entonces no tenía ni idea de que esa clase cambiaría mi vida. ¿Cómo podía yo, una mujer ugandesa, sentir una conexión tan fuerte con un baile típico español? Como antropóloga que soy, hice una primera investigación y encontré algo que me sorprendió: un elemento africano. Tuve que irme a España a investigar”, cuenta Agnes Kamya en En busca del Duende africano.

Y es que son muchas las evidencias que plantean dudas acerca del origen de la música y el baile flamencos, otorgado popularmente a los gitanos. ¿Y si hubieran sido los negros que llegaron de África a partir del siglo XVI mediante el comercio de esclavos, una de las mayores influencias de este arte? Esto se plantea en el documental Gurumbé, del cineasta español Miguel Ángel Rosales. Con el inicio del comercio de esclavos, la sociedad andaluza pasó a ser muy heterogénea, por lo que, según cuentan en el documental, es muy difícil determinar qué elementos de la cultura, la música y el baile son negros, gitanos o andaluces. Según afirma Raúl Rodríguez, músico y antropólogo cultural, para Wiriko, “el sistema rítmico flamenco está construido sobre una base mestiza con una fuerte influencia de las danzas que fueron traídas por los africanos esclavizados“.

Se han llevado a cabo algunos estudios que permiten apreciar una influencia y una relación directa entre las estructuras y la forma de la música flamenca con África. “Según lo que conozco, podemos encontrar varias líneas de conexión claras: el ritmo de la Zarabanda, derivado de las danzas africanas y expandido por ambas orillas atlánticas en el S. XVI (y que fue tan popular que llegó a prohibirse), parece ser el primero que condensó la célula rítmica de la “Hemiolia” sobre la que se asientan los compases de 12 tiempos que hoy tenemos en el Flamenco. Bulería, Soleá y Seguiriya pueden tener una relación directa con aquellas danzas, en un desarrollo mestizo y condensado en Andalucía durante cientos de años“, cuenta Raúl Rodríguez, y que pronto también publicará en su próximo libro-disco La raíz eléctrica. Pero este capítulo de la historia ha quedado silenciado porque siempre se ha considerado al negro como el otro y el esclavo.

Pero, “¿Qué pasa con el “duende”? ¿Puede una mujer negra africana tener duende? Me pregunté si sería capaz de destapar esta historia negra del Flamenco, si podría encontrar mi duende africano”. Con este objetivo, Agnes volvió a Uganda y, junto a su hermana, la directora y productora Caroline Kamya, decidieron poner en marcha el proyecto documental En busca del Duende africano, un proyecto para enseñar el baile Flamenco en Uganda y buscar las raíces negras de este arte. En 2014, hicieron la primera clase de Flamenco en el Teatro Nacional de Kampala con un grupo de jóvenes curiosos que querían aprender este baile. “Les encantó y pidieron aprender más”, cuenta Caroline Kamya para Wiriko.

En estos momentos en que la industria del cine se está desarrollando en Uganda, el proyecto de las hermanas Kamya sigue su proceso. Siguieron dando clases y empezaron a grabar el documental. “Hemos terminado el desarrollo del proyecto y estamos recaudando fondos para completar la producción. Buscamos más patrocinadores, más productores ejecutivos; queremos llegar a 1000, con algunos españoles”, explica Caroline.

Y es que el “duende” lo puede sentir todo aquel que esté enamorado de la vida. “Sueño con el día en que podamos compartir soniquetes y reencontremos los ritmos hermanos, de nuevo juntos, festejando en torno a la misma candela“, acaba Rodríguez.

En busca del Duende africano quiere encontrar el alma de este baile en Uganda, el duende como la habilidad de transmitir y evocar emociones; y por el momento lo ha logrado. “Está en el ADN africano y en el de nuestros difuntos en España. El español contemporáneo tiene nuestro ADN en la sangre, en el espíritu, en la arquitectura, en la comida, en la música y en la danza; y nuestros bailarines lo demostraron”, sentencia Caroline.

Dos hermanas dedicadas al cine

Cuando solo eran unas niñas, las hermanas Kamya huyeron a Kenia con su familia para escapar de la guerra en su país. Más adelante, cuando los padres pudieron volver a Uganda, decidieron mandar a las hijas a estudiar a Inglaterra y, las dos, de una forma u otra, terminaron relacionadas con el mundo del cine. Agnes trabaja como guionista, mientras que Caroline es una galardonada directora y productora. Su trabajo más conocido es la película Imani, con la que ganó el premio a mejor directora en el Festival de Cine Africano de Tarifa el año 2010.

Ugawood: La industria de cine incipiente en Uganda

El cartel Ugawood Hill preside una delas siete colinas ugandesas.

El cartel Ugawood Hill preside una de las siete colinas ugandesas.

La todapoderosa industria nigeriana de Nollywood, entre las primeras del mundo, es un claro referente y exponente del mercado en el cine africano, uno de los motivos por lo que la sombra se hace pronunciada en otros puntos del continente. Sin embargo, el panorama cada vez se hace más heterogéneo, o eso parece. Con apenas una producción de 30 películas al año, Ugawood, la industria emergente en Uganda, se hace notar a pesar de que todavía se encuentra en sus primeras etapas. El binomio que se establece, de tipología “gore”, al relacionar Uganda con el general Idi Amín se nos reduce a un pasado sumido en las tinieblas. Opaco. No obstante, el actual marco sociopolítico y cultural invita a reflexionar sobre las nuevas tendencias en el país al que Winston Churchill, uno de los primeros “turistas” occidentales en visitar el país, le pusiera en 1907 el sobrenombre de “la perla de África”.

La próxima cita política en Uganda tendrá lugar en 2016 cuando el actual presidente Musevini cumpla en el poder 27 años. Del otro lado, la esfera cultural busca una mayoría de edad que le ha sido secuestrada desde la independencia del país en la década de los sesenta… Y así lo reconocía en una entrevista para African Screen la ugandesa Caroline Kamya quien dirigiera la laureada Imani (2010), al subrayar que en el país se realizan desde hace unos años y con mucho esfuerzo tres tipos diferentes de filmes: películas de cine dirigidas a una audiencia de cine local e internacional, como la mencionada Imani, Divizionz (2007) o la reciente The Ugandan (2012) nominada a la sección oficial del último FESPACO; los cortometrajes experimentales; y el Ugawood o Kinna-Uganda, que se asemejaría a las películas de Nollywood, grabadas y editadas en una semana. Precisamente, en el año 2005 se producía Lucha de sentimientos dirigida por Hajj Ashraf Ssimwogerere a la que se le atribuye ser la primera película de Ugawood.

Lucha de sentimientos (2005), primera película Ugawood, dirigida por Hajj Ashraf Ssimwogerere.

El término Kinna-Uganda fue acuñado en Uganda y se utiliza con frecuencia para definir películas producidas únicamente por ugandeses, es decir, de cosecha propia; un fenómeno popular, que surge de la tradición establecida del teatro. Los escasos estudios sobre Ugawood subrayan que el crecimiento potencial de Ugawood tendría la virtud de servir como una válvula de expresión de bajo coste para el pueblo ugandés.

Después de El último rey de Escocia (2006), en el que un espléndido Forest Whitaker se hacía con el Óscar al mejor actor por su interpretación en el papel del dictador Idi Amín, el resto de la crítica internacional situó sus lentes en los artistas ugandases que nutren el Ugawood. Bajo la duda de la calidad de unos guiones que recurren a la adopción de tácticas economicistas (lo que implica la creación y la edición de una película en unos días para luego venderlas en las calles) y con unos métodos cinematográficos ambiguos (actores muy mal pagados y producciones que viven en las especificaciones de un video casero de aficionados) es un importante revulsivo para aquellos que no encontraban la manera de unirse a esta industria y de financiar sus propias producciones independientes.

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Afortunadamente, los programas como el Laboratorio de Cine Maisha (Maisha Film Lab) están ayudando a crear un futuro más brillante para la industria del cine de Uganda. Maisha que en Kiswahili significa “vida” fue fundado por la directora nominada al Óscar Mira Nair y su objetivo es formar a jóvenes talentos en Kenia, Uganda, Tanzania y Ruanda. Desde su inauguración en 2004, 400 participantes han tomado parte, como guionistas, actores, realizadores y editores.

Los festivales de cine también juegan un papel crucial en Uganda. Desde 2004, el Festival Internacional de Cine de Amakula Kampala se ha convertido en un evento anual.  De septiembre a diciembre se centra en la creatividad local e invita a los cineastas a presentar sus trabajos y participar en talleres y seminarios donde les enseñan cómo aprovechar al máximo las grandes ideas con limitados presupuestos. Ugawood no representa los mismos números que Nollywood, Bollywood o Hollywood, pero se presenta como un nuevo foco de inversiones para la creatividad en uno de los países más jóvenes de todo el mundo.