El reggea y los rastas, ¿movimiento libertario o etiqueta comercial?

Aula Wiriko

Un rasta de Plettenberg Bay, en Sudáfrica. Las rastas simbolizan el pelo del León de Judá. En la Biblia, se dice: LEVITICO 21:5 "No harán calva en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán rasguños".

Un rasta de Plettenberg Bay, en Sudáfrica. Las rastas simbolizan el pelo del León de Judá. En la Biblia, se dice: LEVITICO 21:5 “No harán calva en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán rasguños”. Fotografía de Simon Lister.

2ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Adrià Castellón

(Bajo la supervisión y edición de la coordinadora del bloque de Músicas) 
Durante el siglo XX diferentes movimientos emancipadores salieron de las élites negras, sobre todo de Estados Unidos y el Caribe, y enraizaron en el continente de manera paulatina en las independencias, durante los 60 y 70. Parte del músculo de este movimiento surgió de la reapropiación del concepto “africano”, ejemplificado en la cita de Marcus Garvey de “lo negro es bello”.

Las ideas de los intelectuales negros y afrodescendientes cuajaron perfectamente con las ansias de libertad del continente y las luchas por la independencia. Unos, desde Estados Unidos o las Antillas, otros, desde Ghana, Burkina Faso o Etiopía, coincidían en reivindicaciones que pasaban por revisar la historia de la explotación de los negros y decir: ¡basta! Y junto a las reivindicaciones políticas, sociales y económicas, se sumó la popularización del reggae, que des de Jamaica se expandiría rápidamente al resto de Norte América y Europa, llegando a África. El reggae se convirtió en un excelente medio de comunicación y educación.

El estilo reggae, evolución del ska y el rockeady con fuerte peso de las percusiones y ligado al movimiento rastafari de la isla de Jamaica, trajo consigo un fuerte elemento de indignación social frente al racismo experimentado durante los 50 y 60 en diferentes puntos de América. Pero, además, la música jamaicana, impregnada de la cultura rastafari, aterrizó en África con una filosofía mesiánica implícita en la religión de los rastafaris. Como fin común de la comunidad rastafari, se encontraba una tierra prometida de la que sus ancestros fueron arrancados a la fuerza: África.

En el roots reggea, el reggae más rasta de todos, África se convierte en un todo (imagen del panafricanismo de Du Bois, Garvey o Kwame Nkrumah), con una sola família – la negra-. Un África bassada en la imágen bíblica del Edén. Una África imaginaria. Imaginada. Y como mito de la corriente unitaria que propone el reggae, la unión del pueblo negro, auspiciada por el etíope Haile Selassie (considerado rey de reyes por los rastafaris) y el jamaicano Bob Marley. El músico se convierte en bandera de los des-heredados de la historia, en la voz de los pobres. Y Selassie, en el Dios de los negros, con su promesa de una tierra de libertad y abundancia para todos los hijos del continente. (Véase el artículo sobre Shashamane, el pueblo rastafari de Etiopía que regaló Haile Selassie a todos los rastas del planeta que quisieran repatriarse a África).

El paisaje bíblico de la última cena, según los rastafaris.

El paisaje bíblico de la última cena, según los rastafaris.

La articulación de los movimientos emancipatorios negros, el reggae y la cultura rastafari se erigen como una misma revolución. La reapropiación del concepto de África y el “ser africano” se hacen bandera de todos, a un lado y otro del Océano Atlántico. Y los músicos jamaicanos acaban hablando de África como si fueran africanos. Pero, ¿de qué África se trata? ¿La Austral, la Occidental…? Poco importa para los que promulgan el retornismo. África es en el reggae un todo, como lo es para las corrientes etnocentristas de la Europa del siglo XIX.

Pero la filosofía cuaja, y africanos como Lucky Dube, Tiken Jah o Alpha Blondy se erigen como los Bob Marley locales. De esta forma, el reggae pasa a ser un cromosoma común de las reivindicaciones sociales del continente y sus habitantes, sonando a lo largo y ancho de él hasta nuestros días.

Aunque existen particularidades en cada países, tanto a nivel de lenguas que se emplean para cantar reggae como en los instrumentos que se utilizan, hay un imaginario común en los términos e imágenes utilizados. De alguna forma las ansias de retorno siguen vivas al otro lado del Atlántico. Se sigue hablando de paz, de retorno y de lucha común en casi todas las canciones de reggae existentes en el mercado. Pero, ¿es realista que el reggae, estilo caribeño, se apropie de una imagen de África homogénea? ¿És lícito?

Si es cierto que el movimiento panafricanista y el roots reggea han sido el músculo y ariete de un sinfín de luchas también es posible que actualmente haya pasado a mejor vida como reivindicación genuina, cuando este ha sido comercializado y vendido por todo el globo. Es decir, puede que el reggae se haya convertido en un simple estilo comercial. Camisetas con mapas de África, los colores de la bandera etíope inundando banderas que se venden en todo el mundo, el uso de las rastas como estética “cool”… El componente transnacional del reggae, baza importantísima para su expansión, creó una red de afinidades y apoyo entre pueblos oprimidos por la política y las reglas financieras impuestas por Occidente, pero, ¿sigue siendo el roots reggae un elemento de la lucha negra o es un simple estilo comercial globalizado? 

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¿Es representativa la imagen del rasta negro, fumando porros y cantando reggae? ¿O es un simple eslogan publicitario?

La esencialización de África homogeneiza en exceso las especifidades de cada país y su contexto histórico, político o social, exportando otra vez una imagen de África y los africanos llana e inmutable, sin fisuras y llena de estereotipos. ¿Qué tienen en común un negro de Miami con uno de Abuja? ¿Sigue teniendo sentido esa lucha común por el hecho de ser negro? ¿Debería el reggae salir de ese encasillamiento que enjaula al negro como un ser diferenciado? ¿Sigue el roots reggae siendo una música reivindicativa todavía o ha pasado a ser un brindis al sol por lo que una vez fue? ¿Sigue representando las clases negras populares glocalizadas y sus inquietudes o es simplemente un tracklist para jóvenes alternativos?

 

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Wiriko nació en 2012 como asociación cultural para la divulgación y promoción de las artes y culturas africanas. Wiriko.org, su principal proyecto, es el primer Magacín 100% dedicado a las Artes y las Culturas Africanas del Sur del Sáhara en lengua castellana. Una ventana para dar a conocer las realidades culturales contemporáneas de África y una plataforma para acabar con su desconocimiento y estereotipos. Como herramienta colaborativa para la interconexión y la cooperación cultural, impulsa un África muy distinta a la de los cuatro jinetes del Apocalipsis (guerra, hambre, pobreza y destrucción), y fomenta una visión más realista de lo que se produce, a día de hoy, en el continente africano.
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1 comentario
  1. Agustín
    Agustín Dice:

    Usáis mal el adjetivo “libertario” en el título de la entrada. Ni el reggae ni los rastas tienen nada que ver con el anarquismo.

    Responder

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