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Ngũgĩ wa Thiong’o: “El problema es que las lenguas se han usado para asegurar las desigualdades del sistema colonial”

Antes de que Kenia consiguiese la independencia, Ngũgĩ wa Thiong’o ya había puesto su pluma al servicio de la libertad y de la emancipación de su pueblo. Su primera novela trataba sobre el choque entre las culturas europeas y africanas, precisamente en el momento del levantamiento mau-mau, un tiempo en el que el compromiso se pagaba caro. Cuando los gobiernos independientes no cumplieron con las expectativas de derechos para los ciudadanos, Thiong’o no tuvo reparo en colocarse enfrente, su compromiso seguía siendo el mismo: por la libertad y la emancipación, fuese quien fuese el que cometía los atropellos; y eso le llevó primero a la cárcel y después al exilio. Esa coherencia alejada de cualquier dogmatismo y esa alineación siempre con las capas más populares de la sociedad le ha convertido casi en un mito; la calidad de su trabajo literario, que abarca teatro, novela, ensayo o cuento infantil, además, le ha convertido en un referente global. Es uno de los autores africanos más publicado en castellano (probablemente el más publicado) y unas de sus últimas obras traducidas son, precisamente, los dos primeros volúmenes de su trilogía de memorias (Sueños en tiempos de guerra y En la casa del intérprete, de la editorial Rayo Verde, publicados también en catalán).

El novelista keniano Ngũgĩ wa Thiong’o en Barcelona. Foto: Carlos Bajo

A sus ochenta años recién cumplidos, el escritor keniano, continúa viajando por el mundo para hablar sobre sus experiencias y sus reflexiones. Está en Barcelona de paso, para presentar En la casa del intérprete en el festival MOT (un festival literario que se celebra entre Girona y Olot), y charla sereno y animado a pesar del cansancio que le provoca el jet lag de su viaje desde Los Ángeles, donde reside y ejerce como profesor universitario. La fatiga no le impide ni ser firme, en algunas ocasiones; ni bromear, en otras.

Con el tiempo usted se ha convertido en un referente en la defensa de las lenguas africanas.

Todo el mundo tiene un derecho a su propia lengua y no sólo a la lengua, sino a todo lo que una lengua contiene, la historia, la cultura, los sistemas de conocimiento. Y ese es un derecho innegociable. Esa es mi base. Desde esta base tú puedes conectar con el resto de lenguas y culturas del mundo. Cuando añades lenguas a tu propia lengua, eso es empoderamiento. Por el contrario, si conoces otras lenguas pero no conoces la tuya, o bien la sustituyes, eso es sometimiento. Es un debate tan largo como alcanzo a recordar.

Su apuesta, entonces, ¿es a favor de las lenguas africanas?

Evidentemente, yo parto de mi propia lengua, mi lengua materna, que es una lengua africana, el kikuyu, pero puedo usar otras como el inglés, por ejemplo, cuando es necesario. La base, es la lengua madre, pero conocer otras lenguas, como el inglés, es bueno para mí. En realidad, es una cuestión de relaciones. A mi propia lengua le puedo sumar otras, incluidas las que que podemos llamar lenguas coloniales. Mi propuesta es una política de tres lenguas: la lengua materna, en mi caso el kikuyu; la lengua nacional que sea la mayoritaria en un país en un momento, la que aglutine grandes comunidades, en mi caso el kisuajili; y finalmente, el inglés, el francés, el español o el idioma global que sea. Al final, es una cuestión de sentido común, se trata de utilizar la lengua que te permita comunicarte en cada situación.

Entonces, ¿dónde está el problema?

El colonialismo ha establecido relaciones de poder desiguales, que no responden a las relaciones naturales de las lenguas. Los sistemas de desigualdad han distorsionado los procesos de empoderamiento de las personas y la relación de esas personas con sus propias lenguas. El problema es que las lenguas se han utilizado para asegurar esas desigualdades del sistema colonial y esas relaciones entre las lenguas, reflejan esas relaciones de desigualdad.

¿Como cuando Macron intenta reclutar escritores de origen africano para revisar la Francophonie?

Les corresponde a los países africanos resistirse a la primacía de las lenguas, es decir, les corresponde a los países africanos decidir cuáles deben ser sus políticas lingüísticas. Impulsar el francés, por ejemplo, puede ser una de ellas, pero en todo caso, lo deben decidir ellos, igual que pasa con el inglés. En todo caso, el francés puede tener una posición de apoyo, es correcto, pero no de sustituto de las lenguas nacionales. Este es un tema que me apasiona y sobre el que llevo más de treinta años trabajando. Ya, alrededor de 1920, uno de los directores de la Alliance Française, advirtió que algún día los países del África francófona serían independientes y por eso era necesario establecer ataduras psicológicas fuertes basadas en la lengua y la cultura, para conseguir que siguiesen siendo dependientes de París.

Ngũgĩ wa Thiong’o durante su última estancia en Barcelona. Foto: Carlos Bajo

¿La lengua es la coartada?

A medias. La lengua no es sólo un escudo, también es una herramienta para el control económico y político.

En este contexto de defensa de las lenguas, ¿qué papel tiene su colaboración con el colectivo de jóvenes escritores Jalada?

Tenia que colaborar con ellos porque han puesto en práctica lo que nosotros discutíamos en teoría. Yo he teorizado mucho sobre este tema, ¡pero ellos lo han hecho realidad! Me pidieron una historia (La revolución vertical) y yo la escribí en kikuyu, les entregué el original, y también se lo traduje al inglés. Hoy este relato está traducido a 68 lenguas de todo el mundo, creo.

Y, ¿que papel juegan las nuevas formas de editar, las tecnologías digitales?

Oh, no, yo sólo les di la historia (ríe). Lo mío son las viejas tecnologías (bromea). Pero por supuesto que esas tecnologías digitales son muy importantes para las nuevas publicaciones. Lo que pasa es que también es importante controlar el uso, porque pueden tener un efecto negativo. Todas las grandes empresas y los grandes negocios se apoyan en el uso de los medios sociales.

¿Vivimos tiempos de homogeneización?

No, no… Estamos en medio de una lucha entre las fuerzas que buscan el control social y las que quieren un mundo mejor. Esa lucha se refleja en los medios convencionales, en los medios sociales y en todos lados. Pero, por mucho que las grandes compañías estén intentando imponer esa cultura homogénea, siempre hay grupos que están desarrollando las alternativas.

¿Dónde ha quedado el papel emancipador y liberador de la literatura?

Sigue siendo necesario. La literatura empodera a la gente. Eso siempre es necesario y cada uno de tenemos que contribuir a nuestra manera desde diferentes ámbitos.

Con su experiencia vital, ¿cómo vive que siga habiendo escritores perseguidos o encarcelados en diferentes países de África?

Es el reflejo de las tendencias represivas. Cuando los escritores o los líderes de opinión, en general, son encarcelados es el reflejo de una represión mucho mayor. Los escritores son los cabezas de turco, meterlos en la cárcel pretende dar un ejemplo para el resto de la sociedad. He reescrito un libro que habla sobre mi experiencia en prisión y lo he dedicado a todos los escritores que son encarcelados, porque encarcelar a los escritores es un intento de silenciar sus ideas.

¿Por qué se ha decidido ahora a escribir sus memorias?

Porque tengo ochenta años, amigo (ríe). Pero no me siento mayor, ha sido mi mujer la que me ha dicho “te estás haciendo mayor, tendrías que ir escribiendo tus memorias para tus hijos y tus nietos”. Y las he escrito pensando en la teoría “globaléctica” que nos permite ir conectando fenómenos y situaciones. Al final, en cada conversación podemos conectar con todo el mundo y llevamos encima la historia del universo. En mi vida siempre ha estado muy presente la interacción y cómo todas esas fuerzas que hay a nuestro alrededor me han impactado. Esa es la imaginación globaléctica.

Y, ¿cuál es el punto fuerte de la tercera parte de su autobiografía, la que todavía no se ha publicado en español?

Cómo me convertí en escritor. Cómo me dije a mi mismo he nacido para hacer esto, cómo estaba intentado reflejar mi propia lucha y la importancia y la interacción con todas las fuerzas que influían en mi toma de conciencia sobre la escritura.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Jalada Mobile y la importancia del libro para el desarrollo

El pasado mes de marzo una caravana partió desde Nairobi con la misión de celebrar la diversidad cultural del este de África. Jalada Mobile Literary and Arts Festival fue un festival itinerante que recorrió cinco países (Kenia, Uganda, Ruanda, Tanzania y la República Democrática del Congo) y puso en marcha la futura conquista del espacio creativo africano. El equipo de Jalada, un colectivo panafricano de escritores, estaba detrás de esta idea cuya misión fue la de fomentar “una polinización cultural entre organizaciones, grupos y creadores en la región para llegar a nuevas audiencias”, como explicó Richard Odour Oduku durante la pasada edición del festival literario londinense Africa Writes.

Tras el lanzamiento de Translation Issue: Volume 1, Jalada quiso ahondar en la multiplicidad de las culturas africanas y promocionar la creatividad en un movimiento basado en la colaboración. “Jalada Mobile no podía ser algo realizado exclusivamente por nosotros ya que traicionaría el motivo por el que lo hicimos. Si celebramos la diversidad cultural de una región hay que incluir a las comunidades y olvidarse de las individualidades. Cuanto más gente se reúna, mejor”, dice el coordinador del festival, Richard Odour Oduku, a Wiriko.

En cada una de las doce paradas, el equipo buscó contactos con instituciones culturales locales para estudiar cómo sacar adelante un sector que apenas cuenta con ayudas públicas. Uno de los eventos más exitosos y que también se explicó durante el Africa Writes fue la colaboración con Huza Press en Kigali. En la capital de Ruanda se organizó un taller poético para refugiados burundeses y cuyo resultado verá la luz en forma de antología el próximo octubre en Jalada con el nombre de Mi Canción por Burundi.

La consolidación de estos vínculos creativos en el este de África no sólo incluye las grandes ciudades. La productora del festival, Wanjeri Gakuru, también se une a la conversación para resaltar que la caravana se centró en las zonas rurales y visitas a escuelas para otorgar a los más jóvenes “un espacio en el que puedan expresarse”. “No hemos ido a imponer una idea, simplemente a sugerirla e intentar prender su imaginación. No es que tengan que convertirse en escritores pero debe saber que hay una posibilidad para que puedan ser artistas, para que creen y que entiendan la producción creativa en sus propias lenguas”, dice Gakuru.

Conferencia sobre Jalada Mobile durante la pasada edición de Africa Writes / Foto: Iván González

Para Jalada Mobile, la concienciación de la diversidad cultural del continente africano tiene al libro como pieza clave en su aspiración al desarrollo. Quizás suene romántico e incluso utópico pero tanto Oduku como Gakuru desgranan cómo un libro es “una visión del mundo que nos modela”.

La literatura es una manera de crear conocimiento y una herramienta para hacer que los jóvenes tomen conciencia de su creatividad. La lógica parece clara: dar acceso al conocimiento, los libros, lleva a los lectores a querer compartir sus experiencias. Esto genera directamente un incentivo para fomentar la creatividad que va ligado a un incremento de la tolerancia. Pero muy pocas instituciones gubernamentales del continente están apostando por la creación de conocimiento como reconoce Richard Odour Oduku. Por ello, son los colectivos como Jalada los que emprenden proyectos colaborativos para reclamar el espacio creativo de manera persistente.

Jalada Mobile es fruto de esa manera de trabajar conjuntamente y reclamar la escena cultural del este de África. “Quizás la mayor responsabilidad de un escritor sea la de aportar libros para que el deseo de leer se expanda. Que la gente lo pueda pagar o no es otra discusión pero el acceso a los libros es la única forma de nutrir este ecosistema. Un libro es el inicio de una conversación y si como Jalada hacemos que la gente se enganche a la lectura, hemos conseguido nuestro objetivo”, explica Oduku.

El festival itinerante sembró la semilla en muchos jóvenes que vieron cómo la caravana llegó a sus colegios para animar a la gente a leer. Pero “no nos planteamos que todo el mundo sea escritor sino hacer que los adolescentes piensen”, reflexiona Gakuru. “Hay que hacer que se conviertan en lectores”, apunta Oduku. Y continua: “Los libros hacen que la vida valga la pena. Es en la literatura donde se encuentra lo que otros experimentan y aquellos que tienen acceso a ella pueden manejar mejor su existencia. Al fin y al cabo lo que llamamos vida son retazos de otras que hemos tomado prestadas a partir de los libros”

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival literario Africa Writes.

Afrofuturo(s): la ciencia ficción africana a nuestro alcance

El colectivo de escritores panafricano Jalada se ha asomado a las líneas de esta sección en varias ocasiones. Siempre lo ha hecho para reiterar su condición de uno de los proyectos más innovadores de la literatura africana actual. Una y otra vez Jalada pone de manifiesto cómo se superan los estereotipos relacionados con la literatura de los autores africanos. Los temas, las lenguas, las alianzas, las herramientas todas las ideas previas saltan por los aires en cada iniciativa de este colectivo. Wiriko ha intentado reiteradamente acercar este universo a los lectores hispanohablantes y, de pronto, lo tenemos más cerca que nunca.

Jalada es una dulce locura y su segunda antología fue un ejercicio de lunáticos entrañables. Se trataba de Afrofuture(s), una antología de ciencia ficción contemporánea de autores africanos y afrodescendientes. Un total de treinta relatos publicados en enero de 2015 que seguían la estela de algunas obras colectivas previas relacionadas con la literatura fantástica, la ciencia ficción y la ficción especulativa, como  Afrofuturism: Black Sci Fi and Fantasy Culture o AfroSF: Science Fiction by African Writers. Siguiendo esa misma descabellada trayectoria, cinco de esos relatos llegan ahora hasta nosotros. En un ejercicio de deliciosa enajenación, 2709books publicó el martes 18 de abril Afrofuturo(s). Con este libro, 2709books ha pasado a ocupar el primer puesto de los proyectos editoriales más audaces de cuantos se han asomado a las literaturas de autores africanos.

Los cinco relatos escogidos los editores de 2709books constituyen un atractivo abanico de las posibilidades de los temas básicos de la ciencia ficción: el viaje en el tiempo, el desarrollo de las tecnologías de la comunicación en sentidos insospechados, la extinción de la raza humana por su insaciable depredación del planeta, el control de la mente o la vida extraterrestre. Sin duda, no agotan todas las posibilidades, pero dan una idea aproximada. Los cinco elegidos, Suleiman Agbonkhianmen Buhari, Sheree Renée Thomas, Ivor W. Hartmann, Zak Waweru y Ytasha L. Womack, también ofrecen una interesante diversidad, hay representantes de la diáspora africana en los Estados Unidos y convencidos residentes del continente, autores casi noveles y otros con una larga trayectoria y editores o estudiosos.

Ytasha L. Womack, és una de las autoras de Afrofuturo(s).

Pero Afrofuturo(s) es, sobre todo, una reivindicación en muchos sentidos. Ya lo fue la edición inicial impulsada por Jalada y su reflejo en castellano no ha dejado de lado esta dimensión. Es una reivindicación de un género, menospreciado habitualmente pero que ha dado algunos de los clásicos de la literatura más aplaudidos. También es una reivindicación de una tradición, la de la literatura fantástica, palpitante y exuberante en las literaturas africanas, pero al mismo tiempo aplastada bajo el peso de los férreos estereotipos de la industria editorial global, pero también bajo los estándares de la literatura entendida sólo como una herramienta de construcción nacional. Igualmente, es una reivindicación de la libertad para escribir, sobre lo que el autor quiera, sin límites, ni condiciones previas. Y es, igualmente, una reivindicación de la centralidad africana, de la cultura como una forma de dar protagonismo a las sociedades, desplazando los centros de poder.

Resulta que en las páginas de este nuevo proyecto de 2709books podemos escuchar las últimas palabras del último hombre que habitó la Tierra, el que no pudo escapar de la invasión de una nueva especie nacida de los cambios del clima provocados por la codicia de los seres humanos. Vemos cómo el arte languidece asfixiado por una tecnología que trata de ponerlo al servicio de la industria. O podemos descubrir cómo en el futuro las autoridades se afanan por crear “autómatas carentes de pensamiento”, zombies sin voluntad. Como se puede ver, la ciencia ficción que recoge Afrofuturo(s) no es ni mucho menos simple estética, como a menudo se apunta. Los relatos están llenos de contenido, un contenido que transmite mensajes, que trata de provocar cambios, que hace denuncias, que se preocupa por el futuro.

Hace ya mucho tiempo que Nnedi Okorafor, la escritora estadounidense de origen nigeriano, trataba de responder a la pregunta capciosa de si África estaba preparada para la ciencia ficción. Okorafor teorizaba sobre una ciencia ficción adaptada a los gustos y las necesidades de los lectores africanos, adaptada a sus experiencias cotidianas y sus anhelos, adaptadas a sus trayectorias históricas y culturales. Al mismo tiempo, la escritora de origen nigeriano predicaba con el ejemplo y en medio del debate y las dudas, ella colocaba en el delta del Níger animales mutantes por el contacto con el petróleo. Ahora, ocho años después de aquella reflexión, las dudas son mucho más pequeñas y, quizá, las mentalidades se hayan abierto un poco.

Para ayudar a estos cambios, 2709books ha tratado con extrema delicadeza la antología original. Ha mimado la traducción de la mano de Alejandra Guarinos Viñals. Y ha respetado el espíritu original de la compilación, sobre todo, en lo que tiene que ver con su difusión. El nuevo libro de la pequeña editorial se distribuye en formato digital, tiene como objetivo acercar a los amantes de la literatura de ciencia ficción a la literatura africana y a los amantes de la literatura africana a nuevos géneros. Para eso nada mejor que la facilidad de la distribución propuesta por 2709books

Literatura no limits

Se han decidido a hacer caer todas las barreras, a eliminar los límites de la literatura. Continúan avanzando en un ambicioso e involuntario objetivo que ni siquiera se han planteado formalmente. El colectivo de escritores Jalada sigue avanzando, sigue en movimiento y lo demuestra especialmente con su última propuesta un festival literario itinerante a medio camino entre un festival al uso, un bibliobús y una gira artística. Los miembros del colectivo no sólo visitan doce ciudades en cinco países de África Oriental, sino que han previsto para cada una de esas paradas una programación específica, en un alarde de creatividad, también en el diseño de los eventos.

Imagen promocional del festival. Fuente: Jalada

Primero hicieron caer las fronteras y edificaron un colectivo de escritores y escritoras panafricano como nunca había existido antes, con autores de cinco nacionalidades (Kenia, Uganda, Zimbabue, Nigeria, Sudáfrica) en el núcleo inicial. Esa diversidad de procedencias ha ido aumentando a medida que aumentaban también los miembros de esta conspiración literaria continental. En ese derribo de fronteras acabaron incluso con una barrera más alta que las de los estados y es la de los antiguos ámbitos coloniales. Jalada ha conseguido acercar a escritores de países con pasado anglófono con otros procedentes del antiguo ámbito francófono.

Después superaron los límites temáticos. Las líneas rojas, como ha comentado alguna vez Sonia Fernández, la autora de Literafricas, que les aparecen a la mayor parte de los autores africanos y que les marcan los temas sobre los que se espera que hablen. Y, sobre todo, esas líneas rojas marcan los temas sobre los que un autor africano no debería hablar. De nuevo, demoler las convenciones fue apenas un pasatiempo para este colectivo. Se presentaron en sociedad y se han ido haciendo con un nombre a fuerza de construir antologías de relatos sobre temas que nadie habría sospechado antes o, al menos, por los que muy pocos editores habían apostado hasta ahora. Han hablado, sin tapujos y sin complejos, sobre erotismo y también sobre afrofuturismo, por ejemplo.

Luego, acabaron con los límites culturales. Esa enorme riqueza cultural que alberga el continente, su diversidad, se ha interpretado, en ocasiones como una dificultad añadida para la difusión, por ejemplo, de la literatura. Jalada se ha puesto delante de esta valoración y simplemente la ha sobrepasado. Cogieron “Ituĩka Rĩa Mũrũngarũ: Kana Kĩrĩa Gĩtũmaga Andũ Mathiĩ Marũngiĩ”, un relato original del keniano Ngũgĩ wa Thiong’o y publicaron una antología en la que traducían esta historia a 32 lenguas africanas (incluidas las antiguas lenguas de las metrópolis coloniales) y abrieron la puerta a continuar aumentando la lista le lenguas.

Finalmente han terminado de menospreciar los límites de los géneros ideando un poco ortodoxo festival literario itinerante. Jalada Mobile Festival es la primera edición de esta propuesta que durante un mes viajará por doce ciudades de cinco países de África del Este. Empezando por la capital de Kenia, Nairobi, se desplazarán a Nakuru y Kisumu, antes de cruzar la frontera de Uganda para instalarse dos días en Kampala y de allí a Kabale. Abandonarán después Uganda y cruzarán a la República Democrática del Congo para detenerse en Goma. Su siguiente parada está en la capital ruandesa, en Kigali. Y, a partir de ahí, comienzan el periplo tanzano que llevará al festival a visitar Mwanza, Arusha, Dar Es Salam y Zanzibar, para regresar a Kenia en la última estación, en Mombasa.

Para cada una de esas paradas, los miembros de Jalada han previsto un programa de actividades diferente que incluyen debates sobre los temas inusuales en esos foros, que realmente son los que interesan a esa nueva generación de creadores. Se discutirá sobre asuntos tan diversos como el papel de algunos medios de comunicación en la construcción de la sociedad, como es el caso de la radio; o algunas formas de cultura tradicional, con un especial interés sobre la tradición oral y su influencia en las formas literarias más actuales; se analizarán las nuevas fronteras de la literatura y algunos mitos y leyendas; se debatirá sobre las organizaciones y los colectivos que han sostenido en los momentos más difíciles la escritura y la lectura como formas de transformación e, incluso, de rebeldía. Son sólo algunos de los temas propuestos, entre los que no se ha olvidado, evidentemente, la cuestión de las lenguas nacionales.

Pero también se proyecta esa diversidad en las actividades paralelas que acompañan en cada estación a los debates y las conferencias. Si en Nairobi se ha previsto un catálogo de todas las posibles intersecciones entre la poesía y la cultura urbana, en Kigali se proyectará una nueva dimensión de la antología que Jalada publicó sobre sexo, sensualidad e intimidad a través de la danza. En todo caso, la palabra hablada será la inevitable protagonista de estas actividades que pondrán de manifiesto como un mismo fenómeno y una misma experiencia se materializa de forma diferente cuando se funde con la cultura local. Si la poesía urbana tiene un sabor especial en Dar Es Salam, propio de la tradición árabe y en Kampala, la particularidad viene del nacimiento del hiphop en las iglesias evangélicas.

En fin, toda una nueva muestra de diversidad que Jalada vuelve a poner de manifiesto en su proceso de redefinición de las líneas de la literatura, unas líneas que nunca son fronteras.

Las literaturas africanas en clave continental

El debate continua vivo. El movimiento #RodhesMustFall (Rhodes debe caer) comenzó en marzo del año pasado en Sudáfrica donde un colectivo de estudiantes y personal no docente se movilizaron por una acción directa contra la realidad del racismo institucional en la Universidad de Ciudad del Cabo que mantenía una estatua de Cecil Rhodes en el campus del edificio. Pero la protesta no era exclusivamente simbólica. Rhodes fue un empresario imperialista y político británico que desempeñó un papel dominante en el sur de África a finales del siglo XIX con la anexión de grandes extensiones de terreno y un proyecto de unir a Egipto y Sudáfrica a través del ferrocarril.
Achille Mbembe. Fuente: Wikimedia By Heike Huslage-Koch

Achille Mbembe. Fuente: Wikimedia By Heike Huslage-Koch

Fundó la empresa de diamantes De Beers, que hasta hace poco controlaban el comercio mundial. Y las famosas becas Rhodes que permiten a 83 estudiantes de los Estados Unidos, Alemania, Hong Kong, Bermudas, Zimbabue y varios países de la Commonwealth estudiar cada año en la Universidad de Oxford; uno de ellos fue el expresidente estadounidense Bill Clinton.

¿Y las literaturas negras dónde permanecen tras este relato? Pues la literatura es universal ¿verdad? Aunque los recatados tecnicismos hagan clasificar la valía de autores africanos en un ranking diferente a todos los demás. Rhodes, si cae o no, es una cuestión de emancipación. Lo más llamativo de la gran literatura es la fuerza de la libertad que fluye a través de sus páginas.

Sin embargo, una anomalía de la percepción es a menudo presentada con los escritores negros y africanos. Ellos tienden a ser considerados importantes en función de sus temáticas. Se lee a Flaubert para la belleza, a Joyce para la innovación, a Virginia Woolf por su poesía y activismo feminista, a Jane Austen por su psicología. Pero los autores del continente son leídos por sus novelas sobre la esclavitud, el colonialismo, la pobreza, las guerras civiles, el encarcelamiento, la circuncisión femenina… en resumen, para los sujetos que reflejan los problemas de África.

Se espera que los escritores africanos escriban sobre ciertas cosas, y si no lo hacen se les ve como irrelevantes. Esto le da peso a su trabajo pero con una condena a la monotonía. ¿Quién quiere leer constantemente una literatura sobre el sufrimiento? Las personas que viven en él, sin duda, no lo hacen. Tal vez sea que los que vivimos en Occidente, en la burbuja del individualismo y alejados de las miserias que nuestro sistema reproduce a alta escala en el hemisferio sur, necesitamos un toque especiado de realidad aumentada y de flirteo con una literatura que nos hable de ello. Pero esta tiranía del sujeto puede también conducir a la distorsión y limitación.

En esa misma universidad sudafricana de Ciudad del Cabo, el filósofo camerunés Achille Mbembe insistía meses después de la protesta en que la descolonización de las mentes también requiere la desprivatización de lo que deberían ser los espacios públicos. Esto significa que las universidades no deben estar dominadas por un orden epistemológico patriarcal y, además, ser espacios de transformación donde las ideas sean impugnadas por el alumnado y la academia por igual. Sin embargo, y en el caso africano, los espacios de creación de conocimiento más importantes permanecen privatizados por los mismos pocos privilegiados que se beneficiaron del pasado colonial. Efectivamente, Ciudad del Cabo es una urbe que todavía permanece dividida a lo largo de las líneas raciales dibujadas por el colonialismo y el apartheid como una roca oculta en las profundidades del pasado que continúa moviéndose hacia la superficie del presente.

¿Y es necesario para hablar de literaturas negras toda esta historia de Rhodes? Pues sí. Sin ir más lejos, este debate llegó a uno de los festivales más importantes sobre el género celebrado anualmente en la Biblioteca Británica de Londres, el Africa Writes, del que hablábamos hace una semana. La caída de Rhodes significa también modificar las listas de lecturas obligatorias por el estudiantado y transformar las estructuras institucionales. Sobre todo teniendo en cuenta que la Biblioteca Británica tiene su historia en el bastión del colonialismo: el Museo Británico. La misma institución que mantiene a buen recaudo buena parte de las historias del continente en su sótano.

La influencia del sistema literario occidental

Wole Soyinka, uno de los pocos africanos ganadores del Premio Nobel. Fuente: http://uncut.indexoncensorship.org

Wole Soyinka, uno de los pocos africanos ganadores del Premio Nobel. Fuente: http://uncut.indexoncensorship.org

Las literaturas africanas a pesar de su corta vida, si entendemos su nacimiento después de las independencias en la década de los sesenta, han conseguido conquistar el panorama mundial con cinco premios Nobel como el nigeriano Wole Soyinka (1986), el egipcio Naguib Mahfoud (1988), los sudafricanos Nadine Gordimer y J.M. Coetzee (1991 y 2003, respectivamente) y Jean Marie Gustave Le Clézio (2008). No llega a un 3 por ciento de galardonados para un continente que alberga al 15 por ciento de la población mundial. Evidentemente no es una cuestión de proporcionalidad la decisión de otorgar un Nobel pero sí sintomática del panorama.

En 1921 René Maran, nacido en la isla de Martinica aunque criado en Gabón, publicaba quizás la primera obra escrita por un negro y fuertemente atacada; se trataba de Batuala. En ella, Maran explicaba la realidad colonial francesa y la metrópolis no pudo tolerar que un negro pudiera cuestionar el papel de Europa en la invasión del continente africano y, menos aún, de poner en duda su “misión civilizadora”. Pero quizás, la unión del movimiento de la negritud encabezado por Aimé Césaire y otros intelectuales como el primer presidente del Senegal independiente, Léopold Sédar Senghor, unidos a la efervescencia de los cafetines de París iniciaron el recorrido de las letras africanas.

El contexto era el de la emancipación, el de los sueños por romper las cadenas opresoras con las antiguas metrópolis, y el de buscar una identidad robada durante décadas por los europeos. Aquí hubo dos grandes vertientes: la de la negritud, como hemos mencionado, y que alentaba a las autoras y autores, sobre todo de los países colonizados por Francia, a buscar su estilo desde la proclamación del ser negro como oposición al hombre blanco, colono e imperialista; y la corriente del African personality desde los países anglófonos africanos. En esta segunda vía había una especie de recelo con los anteriores resumido en la célebre frase del Nobel nigeriano Wole Soyinka: “El tigre no proclama su tigritud, salta sobre la presa y se la come”, en una clara alusión a la “no necesidad” desde la negritud de subrayar su procedencia y color de piel.

Durante las primeras décadas después de las independencias, en la literatura estaban muy marcadas las temáticas (novela y teatro social, epopeyas como recuperación de las tradiciones, y la poesía como elemento sanador y filosófico de la propia existencia) así como su identificación ideológica. El desengaño político y económico que vendría después de la ruptura con las colonias, la guerra de bloques vivida en el continente, los golpes de Estados y sucesivas crisis económicas, los Planes de Ajustes Estructurales promovidos por las instituciones internacionales como únicas recetas para “salvar” al continente, o la crisis de la ayuda al desarrollo potenciaron un universo literario definido muy al gusto de los cánones occidentales.

¿Por qué las letras africanas se leen en clave de miseria y destrucción?

Hoy por hoy sobrevuelan otra clase de cuestiones como ¿cuál es el origen de las escritoras y escritores africanos? ¿Qué leen? ¿Dónde se dan cita? ¿Quién los publica? ¿Quién los apoya? Desde los circuitos internacionales las respuestas a estas preguntas no importan. Si se trata de una novela sobre la trata de esclavos automáticamente pensamos que es más importante que una sobre un tipo que bebe demasiado vino de palma. Pero en esta misma línea discursiva es un misterio entonces que en un país como Italia con sus Borgia llenos de muertes y violencia, haya perdurado el legado de la Mona Lisa, la Divina Comedia, el Decamerón o la Capilla Sixtina, obras que, en su conjunto, destacan por su belleza, su atractivo universal constante y su influencia. Nos dejan sobre todo con su belleza. El horror de sus historias no son visibles.

Hay una lección interesante aquí. Cervantes conocía la esclavitud, la expulsión de los judíos y musulmanes, perdió su brazo en la batalla de Lepanto, no ignoraba la historia brutal de España y, sin embargo, no podría haber dejado un legado más duradero que El Quijote, una novela sobre un hombre que decide vivir las aventuras que ha leído en sus libros. Homero hablaba de la caída de Troya a través del mal humor de un hombre. Sófocles narraba la culpabilidad de un rey, no de los horrores de la historia griega. Tolstoi tenía un gran tema en Guerra y Paz, pero su visión y escritura le daban nobleza a su libro hablando del amor. Pushkin estaba empapado de la historia sombría y extraordinaria de Rusia, con la violencia de Iván el Terrible, incluso llegó a conocer el exilio. No obstante, su Eugenio Onegin, una fuente de inspiración para la literatura rusa, trata de un aristócrata aburrido.

Esta dinámica del sistema literario occidental y casi imperceptible se observa de sobremanera en Sudáfrica: solamente un millón de sudafricanos y sudafricanas, de una población de 53 millones, compra libros; cuando lo hacen suelen ser obras de ficción, la poesía no se vende; de los 88 mejores libros en el país, sólo uno, en el número 87, está escrito por un escritor negro, Khaya Dlanga. Además, teniendo en cuenta que Sudáfrica tiene 11 idiomas oficiales, el sistema literario está dominado por los textos en inglés y afrikaans, y por autores occidentales y blancos. El punto y final lo ponen muchas bibliotecas financiadas por ONG en las que es prácticamente imposible encontrar libros en idiomas locales. Esto tiene un impacto obvio y excluyente. Y por eso, Rhodes debe caer.

La hora de la perspectiva africana

Sin embargo, la fotografía no está completa. Sin mencionar a los grandes grupos editoriales con base en el continente, tienen cabida varias editoriales y proyectos que se dedican a producir literatura para las masas africanas. África cuenta con una población considerable, con un aumento de las tasas de alfabetización y con una mayor inversión en la producción creativa por lo que existe la esperanza de que los escritores africanos no tengan que mirar hacia Occidente para obtener un mayor número de lectores y una tasa respetable de credibilidad.

Esto no quiere decir que no haya retos a los que se enfrenta el negocio de la publicación en el continente. Pero hay muchas razones para pensar que el estado de la literatura en África está empezando a cambiar más le pese a algunos empeñados en vender la narrativa de la desesperanza, las guerras y la corrupción. En la actualidad hay varias opciones para un escritor que quiere que su manuscrito sea publicado. Y las posibilidades para la edición de ficción en el continente se han abierto más allá de Sudáfrica, por ejemplo en Kenia, Nigeria, Zimbabue o Uganda cuentan con plataformas que promueven las publicaciones e historias made in Africa.

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  1. Femrite (Uganda)
    Coordinada actualmente por Hilda Twongyeirwe, se trata de una editorial feminista fundada en la década de 1990 como una plataforma para guiar y publicar a las escritoras en Uganda.
  2. Jalada (continental)
    El colectivo JALADA, coordinado por Moses Kilolo reúne a 22 jóvenes de cinco países diferentes de África. Se formó en 2013 en un taller realizado en Kenia y desde entonces han publicado varias antologías de poesía y cuentos sobre temas muy provocadores como la demencia y el sexo.
  3. Modjaji (Sudáfrica)
    Detrás de Modjaji Books se encuentra Colleen Higgs, quien describe a la empresa como una editorial independiente con sede en Ciudad del Cabo. Publican trabajos de mujeres africanas fieles al espíritu de Modjaji que significa lluvia, una fuerza poderosa para el bien femenino, el crecimiento, la nueva vida y la regeneración.
  4. Storymoja (Kenia y otros)
    El festival Storymoja es uno de los actos literarios más destacados del año en el continente. Además del encuentro, una de sus fundadoras Muthoni Garland se dedica desde el paraguas de la organización a publicar y producir libros para las masas. Seis años después, la compañía ha publicado más de 120 títulos.
  5. Parrésia (continental)
    Su fundador, Richard Ali, trata de publicar voces potentes africanas como Abubakar Adam Ibrahim, cuyo trabajo The Whispering Trees fue todo un éxito, o la escritora Chika Unigwe que con su obra NightDancer, desde la diáspora europea, rompe estereotipos sobre su país de origen, Nigeria.
  6. SHORT STORY DAY AFRICA (Pequeña historia del día africano – continental)
    Fundada por Rachel Sadoc Short Story Day Africa es una plataforma global para las historias de África.
  7. Storytime
    Se trata del abanderado de los editores independientes de ciencia ficción. Nacido en Zimbabue, Ivor Hartmann ha elevado el género a lo más alto en el continente. Desde hace varios años se está diversificando su trabajo hacia las novelas breves.
  8. Kwani (Kenia)
    Fundada en 2003 por Binyawanga Wainaina, Kwani es una red literaria establecida en Kenia y dedicada al desarrollo de la escritura creativa así como comprometida con el crecimiento de la industria.
  9. Chimurenga
    Chimurenga es una publicación panafricana sobre la escritura, el arte y la política que desde marzo de 2002 mantiene una visión satírica sobre las realidades africanas. Fundada por Ntone Edjabe mantiene diferentes proyectos en los que prioriza a diferentes escritores y escritoras del continente para analizar la actualidad desde diferentes ópticas.

El África literaria hoy por hoy, en su conjunto, hace caso omiso de las barreras lingüísticas heredadas de la colonización que han separado artificialmente a los pueblos anglófonos, sus homólogos de habla francesa, los árabes o portugueses. Así, el egipcio Alaa al-Aswani cohabita con la camerunesa Leonora Miano; Abdurahman Waberi, de Yibuti, con el keniano Binyavanga Wainaina; o el mozambiqueño Mia Couto con el nigeriano Teju Cole. Otra característica general actual es que han nacido sobre todo después de las independencias por lo que no han experimentado la colonización. Sus obras reflejan este deslizamiento histórico a través de la afirmación de nuevas sensibilidades y nuevos temas.

El nuevo espacio de ficción africano ya no está exclusivamente allí, en el pueblo, en la repetición del discurso anticolonial, en el mito del encuentro de la “verdadera” África, sino en la tradición reconfigurada en el exilio, en las grandes ciudades, monstruosas, híbridas, en expansión, en la mezcla, en el multiculturalismo. Autores y autoras como Chimamanda Adichie, Helon Habila, NoViolet Bulawayo, Brian Chikwava, Noo Saro-Wiwa, Kopano Matlwa o Niq Mhlongo son la semilla que plantaron los Nobel Gordimer, Soyinka, Coetze y Soyinka y, a través de sus historias, perpetúan el espíritu, rico en talento y sarcástico en las preguntas, del continente. Las literaturas africanas están firmemente arraigadas en los desafíos del mundo globalizado. Y también la del África que viene, sorprendente, inquietante, fascinante con nuevos y nuevas protagonistas tratando de dar luz sobre tanta oscuridad premeditada.

Este artículo fue publicado originalmente en el nº69 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2016.

 

El relato más africano para fomentar la cultura

Jalada publica en 30 lenguas de África un relato de Ngũgĩ wa Thiong’o para alimentar el orgullo de los africanos por sus culturas

Portada de la obra traducida al inglés. Jalada

Portada de la obra traducida al inglés. Jalada

El relato más africano es “Ituĩka Rĩa Mũrũngarũ: Kana Kĩrĩa Gĩtũmaga Andũ Mathiĩ Marũngiĩ”. Se trata de una historia del keniano Ngũgĩ wa Thiong’o. No es el relato más africano en el enfoque erróneo que tanto se ha criticado del continente como una única entidad. Al contrario. Es el relato más africano porque celebra la diversidad cultural de la región situada al sur del Sahara. “Revolución vertical: o por qué los humanos caminan de pie”, que es la traducción del título, ha sido publicado simultáneamente en 32 lenguas africanas, incluyendo francés e inglés, por el colectivo panafricano de escritores Jalada, en un proyecto para fomentar las escritura en lenguas nacionales.

Resulta especialmente simbólico el colectivo de autores haya dado el primer paso en este proyecto con una historia de Ngũgĩ wa Thiong’o. El autor keniano se ha significado por haber abandonado la escritura en inglés y haberse centrado en la producción literaria en kikuyu, una las lenguas habladas en Kenia. El posicionamiento de Thiong’o es ideológico, aunque en algunas ocasiones el propio autor le haya quitado importancia con un enfoque práctico, al defender que escribía en la lengua que podían entender mejor el público al que más le interesaba llegar, las capas más populares de la sociedad. El mérito del novelista, ensayista y dramaturgo keniano es mayor, porque a pesar de haberse alejado del pensamiento más convencional y no haberse plegado a la industria editorial, en los últimos años su nombre no ha dejado de sonar como uno de los favoritos a conseguir el Nobel de Literatura.

Así Thiong’o accedió a colaborar en la iniciativa de Jalada y lo hizo, seguramente, de la manera más valiosa. Les ofreció “Ituĩka Rĩa Mũrũngarũ: Kana Kĩrĩa Gĩtũmaga Andũ Mathiĩ Marũngiĩ”, un relato escrito originalmente, como no podía ser de otra manera en kikuyu, para que se convirtiese en el punto de partida de un proyecto para fomentar la producción literaria en lenguas africanas. El propio autor lo tradujo en inglés para el proyecto y, a partir de ahí, decenas de manos y de ojos comenzaron a dar forma a la recopilación Translation Issue: Volume 1. El resultado, 32 traducciones del mismo relato.

Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí.

La importancia de los premios

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Mercedes Aparicio Rizzo

¿Para qué sirve un premio literario? La reciente ganadora del Premio Planeta, Alicia Giménez Bartlett, en una entrevista realizada en el programa Página 2 de la 2, contestaba lo siguiente a una pregunta parecida: «En serio, te diré que lo que más me llama la atención en el premio son los nuevos lectores que pueda atraer hacia mis libros». Y es que, más allá de la dotación económica de los premios o del reconocimiento a la labor de los autores y autoras, los premios proporcionan una visibilidad que para muchos autores es la verdadera recompensa y el fin último de la participación en dichos premios. Pensemos, por ejemplo, en algunos ganadores del Caine Prize, como Binyavanga Wainaina (2002) o NoViolet Bulawayo (2011), a los que ganar este premio abrió las puertas del mercado internacional e impulsó sus carreras literaria; o en cómo influyó de manera decisiva en la difusión de la obra de Wole Soyinka el hecho de haber recibido el Premio Nobel de Literatura en 1986.

Para los amantes de la literatura, y también para aquellos que se acercan tímidamente a ella y no saben por dónde empezar, los premios establecen un punto de referencia para conocer autores y novelas de distintos estilos y países y abrir horizontes. Sin embargo, hay premios más reconocidos internacionalmente que otros y en general, los premios literarios que reconocen la labor de las literaturas africanas, no se encuentran entre los más conocidos. Es una pena porque ganar un premio no solo reconoce la labor de la persona que escribe y, posiblemente, constituya un apoyo financiero importante que la ayude a continuar con su labor, sino que además, pone en contacto a los autores con los lectores y nos ayuda a encontrar verdaderas joyas que no habríamos conocido de otra forma. No es fácil encontrar información sobre buenas novelas africanas ─y no solo porque haya muchas de ellas que no han sido traducidas al español, que también (aunque eso sería un tema a tratar en otro momento y que daría mucho que hablar)─ sino porque muchas veces no sabemos dónde buscar. Por esta razón,  puede ser útil hacer un resumen de los principales premios literarios que reconocen la labor de los escritores y escritoras del continente, así como de los últimos ganadores de dichos premios. Esta enumeración no pretende ser una lista exhaustiva (no están todos lo que son person son todos los que están), sino una aproximación que nos permita bucear en el mundo de los premios literarios que reconocen la labor de autores y autoras africanos, por lo que incluye también premios creados desde el exterior (en países no africanos) que premian novelas africanas.

Etisalat prize: se denomina a sí mismo «primer premio pan-africano del continente». Nació en 2013 y se ha convertido en uno de los más prestigiosos del continente. Reconoce y premia la mejor novela africana para debutantes, es decir, la novela tiene que ser la primera del autor/a y haber sido escrita en los 24 meses anteriores al premio. En su primera edición, se llevó el premio We Need No Names de NoViolet Bulawayo (Zimbabue) y, en 2014, se alzó con el triunfo Songeziwe Mahlangu (Sudáfrica) por su obra Penumbra. Este año hay nueve seleccionados: 6 sudafricanos, 2 nigerianos y 1 congoleño y el ganador se conocerá en diciembre. Entre los seleccionados están The Fishermen de Chigozie Obioma y Fiston Mwanza Mujila con Tram 83, entre otros.

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The Mabati Cornell Kiswahili Prize for African Literature: es un premio destinado a las obras en lengua suajili, lo cual resulta interesante ya que se inscribe dentro del debate sobre la lengua de escritura de las literaturas africanas. Intenta ser un contrapeso de otros premios importantes (desde el Caine Prize hasta el Etisalat Prize), destinados a autores africanos, pero para obras escritas en inglés y está avalado por importantes figuras literarias como Ngũgĩ wa Thiong’o y la crítica literaria Lizzy Attree, fundadores del mismo en 2014 con el apoyo de la Cornell University y la empresa metalúrgica keniana Mabati Rolling Mills. Los ganadores del 2015 han sido: Anna Samwel por Penzi la Damu (ficción) y Mohammed K. Ghassani con N’na Kwetu (poesía).

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Caine Prize for African Writing: es quizá uno de los más conocidos y está dedicado a relatos cortos de autores africanos publicados en inglés. Fue fundado en Reino Unido en el año 2000 y recibe el nombre de Sir Michael Harris Caine, antiguo presidente de Booker Group plc. Debido a la relación de este premio con el Booker Prize, a veces se le conoce como el Booker africano. Tanto la primera como la última autora galardonada con este premio han sido mujeres: la sudanesa Leila Aboulela por The Museum en el año 2000 y la zambiana Namwali Serpell por su relato The Sack en 2015. En los últimos años, se ha abierto un debate en torno al premio debido a la procedencia de los escritores seleccionados. Se pone en duda el hecho de premiar a autores que no han nacido en el continente y que han pasado la mayor parte de su vida fuera de él. La escritora Maaza Mengiste (nacida en Etiopia pero residente en EE.UU) comentaba lo siguiente: “Parece que cada nuevo escritor con cualquier conexión remota con el continente africano, ya sea voluntaria o involuntariamente, primero tiene que lidiar con esta cuestión de la identidad antes de hablar acerca de lo que debería importar más: su libro”. Es un debate aún abierto y en el que se tocan temas como la africanidad de los escritores y el afropolitanismo.

Wole Soyinka Prize for Literature in Africa: se autodenomina también un premio panafricano (y como el Nobel africano) y se entrega cada dos años. Fue creado en 2005 por The Lumina Foundation en honor al primer autor africano que ganó el premio Nobel en 1986, Wole Soyinka. El último escritor en haber recibido el premio ha sido Akin Bello por The Egbon of Lagos (en 2014).

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The Jalada Prize: puede que sea aún bastante desconocido, pero es una iniciativa muy interesante porque es un intento de los propios autores africanos de promocionar su literatura, una inicitaiva desde la base que además ha tenido un muy buena acogida internacional. Jalada es un colectivo que surgió en 2013 en Kenia, formado originalmente por 18 escritores procedentes de Kenia, Uganda, Zimbabue, Nigeria y Sudáfrica. Ahora, son ya 24 sus miembros. Su puesta de largo fue la publicación de su primera antología en línea: Sketch of a bald woman in the semi-nude and other stories  (Bosquejo de una mujer calva semidesnuda y otros cuentos). Ahora ha inaugurado su premio en 2015 que han ganado los siguientes autores: Lillian Akampurira Aujo (Uganda) y Okwudili Nebeolisa (poesía).

Premio Noma para la Publicación en África: se desarrolló entre 1980 y 2009 y aunque ya no esté en marcha, es interesante incluirlo porque se pueden descubrir también buenas obras entre sus participantes y ganadores. Fue creado en 1979 por Shoichi Noma, presidente de la editorial Kōdansha y premiaba la calidad de una obra, de cualquier género, siempre y cuando hubiera sido publicada «por un editor africano independiente del continente». Además, estuvieron representadas once lenguas de escritura, incluidas el kikuyu y el kisuajili. La primera galardonada fue Mariama Bâ con Une si longue lettre (1979) y la última Sefi Atta con Lawless and Other Stories (2009).

Y de nuevo, dos mujeres. Haciendo un repaso al palmarés de los premios en los últimos años, parece que las escritoras africanas vienen fuertes, aunque, una vez más, ese sería un tema que nos daría mucho que hablar, así que mejor lo trataremos en otra ocasión.

La revista literaria panafricana que revoluciona el mundo editorial

Jalada quiere decir, en swahili, biblioteca o archivo. Pero más allá del significado de la palabra, Jalada es un colectivo de escritores africanos que ha hecho saltar por los aires todos los estereotipos relacionados con el ámbito literario del continente. Sus miembros y sus impulsores han interpretado perfectamente los nuevos vientos que soplan no sólo en las letras africanas sino en las de todo el mundo. En poco más de dos años de vida, su magacín literario, titulado como el colectivo, se ha convertido en un referente literario y en uno de los actores que están renovando el panorama al sur del Sahara. Han abierto una puerta y han superado un obstáculo, el que dificultaba a los autores ver editados sus trabajos.

PrintEn junio de 2013 se celebró en Nairobi (Kenia) un taller de escritura organizado por la editorial independiente keniana Kwani? en colaboración con la prestigiosa revista literaria británica Granta y el British Council. Y de allí surgió el colectivo Jalada formado, originalmente, por 18 escritores procedentes de Kenia, Uganda, Zimbabue, Nigeria y Sudáfrica. Ahora, son ya 24 sus miembros. “Nuestro objetivo era tener un foro panafricano que permitiese a los autores apoyarse entre sí, mediante la autoedición y la autopublicación y que fuese un espacio libre y accesible”, explica Moses Kilolo, keniano, jefe de redacción de la revista literaria y miembro fundador del colectivo.

El escritor keniano, Moses Kilolo, redactor jefe y miembro fundador de Jalada. Imagen cedida por el autor.

El escritor keniano, Moses Kilolo, redactor jefe y miembro fundador de Jalada. Foto: Valarie Bah. Cedida.

El nacimiento del colectivo ya fue un éxito. Su puesta de largo, con su primera antología on line, fue una sorpresa. Se titulaba “Sketch of a bald woman in the semi-nude and other stories” (Bosquejo de una mujer calva semidesnuda y otros cuentos). Y, sobre todo, la acogida de esa iniciativa anunciaba la trayectoria que se ha ido consolidando después. “No sabíamos que iba a suscitar tanto interés en el resto de África, desde escritores consagrados que elogiaban nuestro trabajo, hasta lectores que compartían nuestras historias mediante las redes sociales. Pero no sería cierto decir que no esperábamos que eso ocurriría. Pusimos en marcha la iniciativa porque estábamos hambrientos de algo nuevo y refrescante y confiábamos en que tendría un gran impacto”, explica Kilolo.

Una de las claves de la repercusión de Jalada es precisamente su presencia en el mundo global de Internet. Sacándole todo el partido a los medios sociales, la iniciativa ha conseguido superar algunos de los obstáculos tradicionales para los escritores africanos. El primero de ellos la dificultad para acceder a una industria editorial gestionada, principalmente, desde el mundo occidental. El segundo, la habilidad para adaptarse a un panorama literario en un proceso de transformación. El tercero, acceder a una audiencia insospechada, tanto dentro del continente africano, como fuera.

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Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí

 

 

“Tenemos escritores talentosos en África, pero nos faltan editoriales”

escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

Ella misma se definía irónicamente como una de las componentes de la nueva generación de escritores africanos en una charla de la iniciativa TED desarrollada en la ciudad marfileña de Abidjan. Y lo aderezaba con sarcasmo, modestia y realismo cuando matizaba: “Si somos la nueva generación y nadie nos conoce, tenemos un problema”. Lo cierto es que Edwige Renée Dro se ha convertido en uno de esos nombres que se rifan en los festivales internacionales, a menudo impulsados por organizaciones occidentales, pero eso no hace que se muerda la lengua.

De sus palabras se desprende su convicción de que el artista debe ser comprometido, una convicción que, por otro lado, ella pone en práctica a la menor oportunidad. “Estoy de acuerdo con el escritor nigeriano Ken Saro-Wiwa, ejecutado por el gobierno de Sani Abacha, que decía ‘para un escritor en mi situación, la literatura debe ser combativa… el escritor o la escritora debe estar activamente implicado en la transformación del presente y del futuro de su sociedad’”, confiesa la joven marfileña. Eso no quiere decir, sin embargo, según la escritora que sólo se pueda escribir sobre política, “podemos escribir sobre todos los temas que queramos”, matiza, aunque siempre desde una perspectiva comprometida. Ese compromiso para esta joven autora significa “entender los retos a los que nos enfrentamos” y “no ser marionetas de los hombres políticos”.

El nombre de Edwige Renée Dro ha conseguido una especial proyección desde que fue una de las autoras seleccionadas para la antología Africa39, impulsada por el Hay Festival y que pretendía recoger a los 39 mejores escritores africanos de menos de 40 años. Previamente la joven había publicado relatos cortos y lo ha seguido haciendo después, apareciendo por ejemplo en la recopilación de relatos románticos Valentine’s Day Anthology 2015. En la despensa, esperando “sólo a los últimos retoques” está su primera novela.

Hay una característica de la actividad literaria de esta joven marfileña que la hace muy especial. Edwige Renée Dro ha conseguido superar una barrera que parece insalvable y es la que separa a los autores francófonos y anglófonos. Edwige Renée escribe indistintamente en las dos lenguas y participa en las actividades de ambas esferas, algo que muy pocos autores han conseguido. “Los escritores de estos ámbitos, así como los lusófonos y los hispanohablantes”, añade la escritora, “apenas se relacionan, no buscan formas de colaboración, no se conocen. Tengo un amigo escritor que me dice que le gustan mis escritos porque tienen un feeling francófono”, comenta divertida. Esta dinámica de división está empezando a cambiar y la joven promesa anuncia que próximamente aparecerá un volumen de la organización de escritores Jalada en la que coinciden autores marfileños, nigerianos, congoleños, kenianos o ugandeses.

En su caso, la cualidad dual, además responde a su voluntad de estar cerca de los suyos. Empezó a escribir en serio en inglés, durante su experiencia en Reino Unido. “No decidí traducir mis escritos al francés hasta que no regresé a Costa de Marfil. Lo hice para que la gente que tenía más cerca pudiese leer lo que yo escribía”, confiesa la autora.

Y es que su compromiso está siempre presente en la conversación. No es fácil que uno de los temas tratados no acabe derivando en la convicción de que la literatura no puede desentenderse de la realidad que rodea a sus autores y, evidentemente, la relación con Europa y el Norte global está muy presente. Ella misma, en el blog que escribe en la plataforma Mondoblog, aparece como una “retornada al país natal” y, por tanto, su experiencia europea ha tenido un considerable impacto y ha cimentado una visión crítica. “Si se piensa que la mayor parte de las nuevas generaciones de escritores africanos son personas que han regresado o que están en la diáspora, es porque los medios extranjeros hace, o parecen hacer, la promoción de estos autores, pero hay muchos escritores en el continente que nos son retornados”, defiende.

En cuanto a su visión crítica de la relación entre Europa y África, no deja lugar a dudas, sobre todo en referencia al hecho migratorio: “Nosotros tenemos que criticar a nuestros gobiernos, está claro, pero cuando lo que dicen los occidentales suena falso, tenemos que hablarles a ellos. Se presentan como los grandes garantes de los Derechos Humanos, pues que los apliquen, que den la asistencia necesaria a las personas que están en peligro”. Pero para ella, lo más importante es asumir la responsabilidad y dar valor a lo que las sociedades africanas tiene como propio. “No entiendo porque siempre tenemos que estar pendientes de si Occidente nos da su aval. Cuando nos empeñamos en demostrar que nosotros también tenemos bonitas playas, rascacielos, o supermercados con quesos y vinos, me da impresión de que lo tenemos es un complejo. Tenemos cosas que nos son propias, conozcámoslas y asumámoslas”, afirma contundente.

Edwige Renée Dro se lamenta de las condiciones de la industria editorial del continente. “Hay muchos africanos que están contando historias”, defiende la escritora marfileña, “pero el problema es que muchas de esas historias no se publican. Tenemos muchos escritores en el continente y muy talentosos. Lo que nos falta son editoriales, sistemas de distribución adecuados, colaboraciones o una política de márketing adaptada a nuestras realidades”.  E insiste en la necesidad de romper una dependencia más bien psicológica con los países del norte global: “En la medida en la que seamos publicados en Occidente y nos conformemos con eso, no podremos afirmar que estamos contando nuestras historias”.

En cuanto al papel de la literatura Edwige Renée Dro no es más complaciente: “Hoy se habla mucho del África que se mueve, pero como dice mi colega también seleccionada en Africa39, Nana Brew-Hammond, ¿para quién se mueve África? Porque si no se mueve para todos los africanos, el discurso de crecimiento de dos cifras no valdrá la pena”. Por otro lado, esta escritora está convencida: “Si la literatura no se convierte en una actividad de salón y los escritores quieren escribir y escriben para sus sociedades, entonces conseguiremos hacer que las cosas se muevan”.

NOTA: Este artículo se publicó originalmente en Planeta Futuro, el 27 de agosto de 2015.