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10 canciones de Eurovisión muy (muy) afros

 

La final de Eurovisión tuvo lugar en Lisboa el pasado sábado. Fueron 43 los países que se presentaron en esta edición, de los cuales 26 participaron en la final. Este concurso, aunque tachado en muchos foros como un instrumento más para la difusión de la  música pop, se suele identificar con la diversidad y la tolerancia. Sin embargo, la presencia de afrodescendientes en el concurso a lo largo de su historia ha sido muy baja. En esta edición dos países apostaron por las raíces africanas. Bulgaria se había convertido en una de las favoritas en las últimas semanas. Sin embargo la actuación  de Equinox, formado por tres cantantes búlgaros y otros dos estadounidenses, no logró convencer al público y se hizo con un inesperado decimocuarto puesto. Sin duda alguna la sorpresa de la noche la dio Austria. Su representante, Cesár Sampson, interpretó “Nobody but you” que conquistó al jurado y a parte del público, alzándose con un buen merecido tercer puesto.

A pesar de que en Eurovisión muchísimos países como Alemania, Dinamarca, Bielorrusia, Portugal, Países Bajos o Noruega han sido representados por personas afrodescendientes, todavía son muchos los que se sorprenden cuando una persona racializada representa a algún país europeo. Esto es un claro ejemplo de cómo el racismo sigue vivo en nuestras sociedades y la incapacidad de entender que en los países europeos no sólo viven personas blancas.

Para derribar esos muros, Wiriko ha hecho una selección de diez temas musicales que han representado a diferentes países a lo largo de la historia de Eurovisión. Los temas han sido elegidos para visibilizar la diversidad de países pero también por el impacto que tuvieron en su momento.

1. “Fernando en Filippo”, Milly Scott (Países Bajos, 1966)

Milly Scott se convirtió en la primera afrodescendiente en representar a un país de Eurovisión. Milly Scott era una popular cantante de jazz de Países Bajos y llegó a tener su propio programa de televisión en 1965. Sin embargo, su canción “Fernando en Filippo” nada tiene que ver con la música jazz y se relaciona con la “canción novedad”, un género que tuvo cierto éxito en los años 30 en Estados Unidos. Su actuación le valió la 15ª posición de un total de 18 participantes, recibiendo tan sólo 2 puntos. Por suerte, fue la primera pero no la última artista en representar a Países Bajos que es el país que más veces se ha presentado a Eurovisión con personas afrodescendientes, sumando un total de seis. Peligro: el Ri-ki kong-kong-kong se te puede meter en la cabeza durante varios días.

2. “O Vento Mudou”,  Eduardo Nascimento (Portugal, 1967)

Un año más tarde, el turno fue para Portugal que se presentó al concurso con Eduardo Nascimento. Este cantante, que se convirtió en el primer africano en participar en Eurovisión, nació en Angola y triunfó en Portugal a mediados de los años 60 con su banda Os Rock’s. Aunque “O Vento Mudou” es difícil de clasificar, se encuentra entre el género pop más clásico con una clarísima influencia de la chanson francesa, que recuerda al estilo de Jacques Brel. La profundidad de la voz de Nascimento envuelve al oyente. De los 17 países que se presentaron a esta edición, Portugal alcanzó la 12ª posición.

3. “White and Black Blues”,  Joëlle Ursull (Francia, 1990)

Entre las décadas de 1970-1980 se redujo el número de artistas afro que representaron a algún país en Eurovisión. Sin embargo, los 90 se caracterizaron por una mayor visibilización. 34 años tardó Francia en elegir un representante afrodescendiente. En 1990, Joëlle Ursull, modelo, actriz y cantante de zouk y blues, se convirtió en la candidata de Francia y fue todo un acierto. La guadalupense se hizo con un merecidísimo segundo puesto. “White and Black Blues” fue en todo un éxito gracias a la mezcla de rhythm and blues, pop y a la influencia del zouk. Este éxito catapultó a la fama su segundo álbum, “Black French”. En la siguiente edición de 1991 Amina Annabi, nacida en Túnez, repitió puesto, con la impactante “C’est le dernier qui a parlé qui a raison”.

4. “Monté la Rivié”, Kali (Francia, 1992)

La tendencia de Francia no cambió tampoco en 1992. Ese año, Kali, nacido en Martinica, se presentó al concurso con “Monté la Rivié”. Si Kali merece la pena estar presente en esta lista es sin duda por el tema elegido. En primer lugar esta fue la única vez que una canción era interpretada en lengua criolla antillana en Eurovisión. Además, pocas veces hemos podido escuchar en este concurso música reggae junto con algún que otro ritmo caribeño. No obstante la actuación de Francia en ese año no logró igualar a sus dos antecesoras, colocándose en un octavo puesto.

5. “Where are you?”,  Imaani (Reino Unido, 1998)

Si decíamos de Francia, Reino Unido se lleva la palma. Casi 42 ediciones cumplía Eurovisión ese año, y hasta entonces Reino Unido no había seleccionado una canción interpretada por una persona no blanca. Melanie Crosdale, más conocida como Imaani, representó a su país y obtuvo la segunda posición, justo detrás de Israel. Imaani, que se movía entre el house y el jazz, pero que se presentó con un tema mezclado con pop, logró una combinación explosiva con este tema que conquistó al público. Paradójicamente, esta fue la última ocasión en la que Reino Unido estuvo cerca de ganar el concurso y desde entonces nunca ha logrado pasar la barrera de los 166 puntos que Imaani obtuvo.

6. “Everybody”,  Dave Benton, Tanel Padar & 2XL (Estonia, 2001)

Esta es, posiblemente, la peor canción de la lista. Si por algo nos hemos visto con la obligación de que aparezca aquí es porque es la primera y única vez que un afrodescendiente se alzó con el premio de Eurovisión. Este grupo estaba compuesto por dos voces (Tanel Padar, nacido en Tallin y Dave Benton, nacido en la pequeña isla antillana de Aruba) y el grupo 2XL que hacían de coro. El tema, de letra repetitiva, recuerda a esas canciones de verano que, por alguna razón inconcebible, se hacen populares. Y mejor no hablamos de la actuación… sus intérpretes parecen recién salidos de alguna fiesta loca de principios de siglo.

7. “Haba, Haba”, Stella Mwangi (Noruega, 2011)

Y así llegamos a la última década de Eurovisión, en la que la representación también ha sido muy baja. En 2011 la cantante Stella Mwangi representó a Noruega con “Haba, Haba”. Una actuación de coreografía sencilla y ritmo pegadizo. Este tema era uno de los grandes favoritos en las casas de apuestas para ganar el concurso, sin embargo no logró clasificarse para la final de ese año que tuvo lugar en Düsseldorf. A pesar de ello “Haba, Haba” se convirtió en un éxito en algunos países como Noruega y Kenia. Además se convirtió en la primera canción en introducir la lengua swahili en Eurovisión.

8. “Stand by”, Senhit (San Marino, 2011)

Ese mismo año hubo un segundo tema interpretado por una afrodescendiente italiana. El pequeño enclave de San Marino se presentó a Eurovisión con “Stand by” cantado por Senhit. La propuesta presentada seguía las líneas pop del concurso. El tema era una canción lenta, que no llegaba a ser balada. A pesar de que el tema no destacó (de hecho tampoco se clasificó para la final) la voz de Senhit merece cierto reconocimiento. Su presencia fue lo único que consiguió llenar el inmenso escenario del concurso.

9. “Running”, András Kállay-Saunders (Hungría, 2014)

András Kállay-Saunders, cantante húngaro-americano, representó a Hungría en Eurovisión en 2014. András es hijo del cantante y compositor de música soul Fernando Saunders. A pesar de que en sus carrera la fusión de música pop y soul es evidente, “Running”, la canción escogida para el concurso tiene un marcado carácter pop, sin casi rastros de música soul más allá de los primeros segundos del tema. András se hizo con el quinto puesto del concurso de un total de 37 países que se presentaron al concurso en ese año.

10. “Love injected”, Aminata (Letonia, 2015)

El concurso de 2015 destaca porque fue una de las ediciones con mayor número de intérpretes afrodescendientes. En ese año se presentaron Uzari & Maimuna por Bielorrusia, Mélanie René por Suiza y Aminata por Letonia. Esta última realizó una de las mejores actuaciones en Eurovisión en años. “Love Injected” consiguió clasificar a Letonia en semifinales (justo por detrás de Måns Zelmerlöw, que se convirtió en el ganador de la edición) y la colocó en sexto lugar en la final. Y no es difícil entender por qué. Desde el primer momento Aminata nos envuelve con su impresionante voz, pasando de lo más íntimo a la explosión total marcada por breves golpes electrónicos.

Dotorado Pro: las marimbas que revolucionan las pistas de baile

Con tan solo 11 años el talentoso Valdano António Mateus da Silva, alias Dotorado Pro, empezaba a crear sus primeros beats. Ello marcaría el inicio de una prometedora carrera que se presenta por primera vez en Madrid, el próximo 25 de mayo en la Sala Siroco, Día de África, en una producción de Moto Kiatu el colectivo pionero en la difusión de música electrónica africana.

Este angoleño es un joven y prolífico músico, basado en Portugal, concretamente en Setúbal, una localidad pesquera cercana a Lisboa, que hace un par de años revolucionó el panorama musical electrónico, tanto en África como en las pistas de baile europeas. En ese momento, a sus 16 años y cuando aún no tenía permitida la entrada a las discotecas, “African Scream” sonaba muy alto en los clubs de Europa y en una escena en la que productores y Dj’s de electrónica africanos y europeos situaban a esta joven promesa entre sus favoritos. ‘African Scream llegaba rápidamente a las 350.000 reproducciones en Soundcloud y catapultaría al joven productor a lo más alto de la escena del afrohouse en Europa y África.

Aunque llegó muy pequeño a Portugal con su familia huyendo de la inestabilidad de la guerra más larga de África, la de Angola (que duró más de 25 años), sus influencias están claramente marcadas por el kuduro del que os hemos hablado en Wiriko en algunas ocasiones. Dotorado Pro cuenta en Wiriko que ha vivido en Lisboa casi toda su vida y que no ha vuelto a Angola por lo que sus conocimientos “vienen de casa”. Aún así es fácil detectar que su estilo bebe irremediablemente de los sonidos que se escuchan en África, a pesar de que forma parte de esos artistas jóvenes que han conocido los sonidos que se crean en África o en otros puntos del continente a través de Internet, que hoy en día facilita el descubrimiento, la creación y la difusión de nuevos sonidos y producciones. Estos sonidos van más allá del kuduro y afrohouse para adentrarse en sonidos como la kizomba o el tarraxo angoleños, a través de remezclas de sus propios temas.

En una entrevista a la revista Thump, el artista reconoce que no se esperaba el éxito de “African Scream” su tema debut que le ha permitido mostrar al mundo lo mucho que le gusta hacer música y moldear su propio estilo. Lo que en principio empezó con la subida de sus canciones a Soundcloud por pura diversión, acabo siendo su profesión cuando se dio cuenta de que lo que hacía era sonaba muy bien y de que podía tener una gran audiencia.

Pero si algo destacamos dentro del estilo de Dotorado, son las marimbas ya presentes en Africa Scream junto con sintetizadores, vocales y con percusiones. Para este joven productor, la marimba es un instrumento que le da un aire “africano” a la canción y dice: “como mis orígenes son de África, estoy siempre buscando eso mismo. Es un instrumento que no puedo sacar de mi cabeza, simplemente me encanta explorar diferentes tonos o patrones por encima del beat del afro-house”. Tanto es así que hace apenas un año, Dotorado Pro lanzaba otro EP de la mano de Enchufada llamado “Rei das Marimbas”, que una vez más ha recibido una gran aceptación por parte de Dj’s y productores que se han encargado de difundirlo a través de sets en las pistas de baile de varios países en Europa y en África.

Tanto su hit ‘African Scream’ como el EP ‘Rei das Marimbas’, están editadas por Enchufada, el sello portugués creado por Buraka Som Sistema y que, junto con Principe Discos, son dos sellos a los que no hay que perder de vista si queremos estar al día de lo que se produce en la escena electrónica afro.

La carrera musical de Dotorado Pro no ha hecho más que empezar así que merece la pena seguir bien de cerca el trabajo de este productor que representa una escena lisboeta el plena ebullición.

¿Quieres venir a ver al primer concierto de Dotorado Pro en nuestro país?

Para participar en el sorteo de 4 entradas (1 por persona participante) que tendrá lugar el jueves 25 de mayo en la Sala Siroco de Madrid a partir de las 23,59h, no tenéis más que escribir un mail con el asunto “Sorteo Dotorado Pro” al mail info@wiriko.org, explicando por qué queréis la entrada. El sorteo se realizará por estricto orden de recepción de correos. ¡No te lo pierdas!

Toda la información del evento en www.motokiatu.com y en el evento de Facebook

 

Vuelve la magia del ritmo y el poder curativo de Sara Tavares

La primavera es un período de renacimiento que, para algunas culturas orientales, se inicia en febrero. En ella, la savia de la vida resurge generosa por los poros de la naturaleza en un proceso en el que la creación no es más que la culminación de un camino trazado desde la energía fría y calmada del invierno. Tras un gélido periodo de ocho años (y tras pasar por la dura experiencia de la extirpación de un tumor cerebral en 2010), la compositora, cantante y guitarrista caboverdiana afincada en Portugal, Sara Tavares, nos avanza a ese periodo tan deseado del año. Y es que está a punto de presentar un nuevo álbum reposado, profundo y que, a juzgar por su single de presentación, es puro florecimiento.

Hemos tenido la oportunidad de conversar con ella y de, por supuesto, acabar de caer del todo rendidas a sus pies:

Gemma Solés: Lisboa, que es una de las capitales europeas más cosmopolitas, está llena de talentos como tu, impregnando la ciudad de África. ¿Cómo consideras a los africanos que estáis transformando la mirada hacia el continente? 

Sara Tavares: Sin duda los africanos en la ciudad son grandes representantes de un nuevo africano contemporáneo que viaja mucho entre la raíz y el mundo sin confusiones de adaptación o identidad. Ellos son la nueva cara del cosmopolitismo africano, orgullosos de lo que son y  cada vez más cómodos como ciudadanos del mundo.

G.S: Eres una de las voces más influyentes del momento. Desde la música, has contribuido mucho a hacer llegar los sonidos de esa “generación mestiza” y a pocos meses de que tu nuevo álbum vea la luz, ¿podemos proclamar que Sara vuelve definitivamente a la carga, y que tendremos más inspiración de Cabo Verde?

S.T: Es curioso que esta identidad criolla se sienta incluso si los temas están escritos en portugués, pero es cierto que mis canciones tienen una melodía melancólica que recuerda los viejos coladeiras cálidos y… me provoca un gran placer llevar conmigo la cultura de otras lenguas y sonidos… Por ejemplo, cantar una melodía de reggae en español como Manu Chao o cantar salsa en lingala como lo hizo el congoleño Franco y Rocherou… me encanta hacer de lo regional mundial y de lo mundial regional al contar historias con un lenguaje propio.

G.S: Han pasado siete años después del éxito rotundo de Xinti (2009)… ¡¿Por qué nos has hecho esperar tanto?!

S.T: No sé por qué. Me ha ocupado un silencio que hablaba más fuerte que todas las notas o palabras juntas… Ha sido un tiempo de escucha profunda, aunque no es parte de mi naturaleza hacer música de manera automática. Quiero sentir siempre que hacer música tiene sentido para mí en primer lugar; para dejar algo auténtico en el mundo.

G.S: Y, ¿qué has hecho cuando no has estado haciendo música?

S.T: Tiendo a vivir improvisando, vivo la vida como una improvisación; de vez en cuando quiero boleros, cha cha chas, cosas predecibles y reconfortantes de casa de mi madre, Cabo Verde… Ver películas, días de playa, ser libre y leve. Otros días quiero aprender, ver exposiciones, leer, escuchar un montón de música que empuja mis capacidad de análisis. Clásica, experimental, exótica. Conferencias. Cursos. Me interesan la filosofía, la poesía, la espiritualidad, etc. Otros días sólo quiero un beso en la boca y ser feliz…

Tengo el privilegio de no estar atada a un jefe o un empleo, pero la libertad exige responsabilidad. También paso mucho tiempo meditando en mi misión con los que me rodean, la familia, amigos y seguidores…

G.S: Ya llevas muchos años en la industria musical. ¿Crees que los artistas africanos lo tenéis mejor ahora que cuando empezaste a cantar profesionalmente?

S.T: Siento que hay una mayor apertura porque se agota la creatividad del llamado “primer mundo”. Hay que hacerse eco de la fuerza del segundo y el tercero… más aún cuando la realidad social está cambiando tan rápidamente que la fuerza a la cultura también acompaña a esta transformación. Dentro de varios siglos, para entender la historia, se utilizará la cultura como documento social. Además, la industria de la música es un circuito, por así decirlo, casi exclusivamente occidental. El “tercer mundo” está demasiado angustiado para sobrevivir por debajo de los niveles mínimos de pobreza y derechos humanos, como para tener cultura. En la mayoría de los casos, solo hay una cultura de supervivencia.

G. S: En una entrevista para The Guardian en 2007 decías que “las canciones llegan a tí como plegarias”. Explícanos cuál ha sido tu proceso de composición para este trabajo que tienes entre manos.

S.T: En este álbum no ha sido tanto pedir, sino escuchar y dar voz a sentimientos que no siempre están bien definidos; es importante tener en cuenta que en esta ocasión no compuse sola, hay una gran cantidad de colaboraciones no sólo en la producción sino también en la escritura de las letras.

G.S: ¿Cómo se llamará este nuevo álbum y de qué colaboraciones hablamos?

S.T: Aún no hay nombre, necesitaré verle la cara primero. Generalmente el nombre se revela a sí mismo sin estrés, a su tiempo justo. Tendrá un sonido más urbano, un poco más de electricidad; ya en el single Coisas Bounitas uso teclados que no suelo usar… Aún no acabé de cocinar el disco y no quiero emitir una expectativa precisa. Todavía tengo que investigar un poco más.

G.S: En tu música hay una atmósfera intimista, romántica, poderosamente delicada y profunda… pero también hay un elemento educativo, poético y casi moralizante. ¿De qué tratan las letras de tus nuevas canciones?

S.T: No habrán canciones protesta o revolucionaria. Son ondas musicales cometidas por la pasión entre la música y el ser humano, sobre todo de la magia del ritmo y su poder curativo y transformador… Hablo de amor, de pasión, de complicidades, de lo que es hacer una canción, de lo que sucede cuando vivimos el presente…

G.S: ¿Estamos demasiado colonizados aún por una mentalidad homogeneïzadora?

S.T: ahh 😉 Creo que estamos demasiado desconectados de nosotros mismos, demasiado auto descompensados por la carrera de tener todo lo que los demás tienen, en lugar de ser todo lo que podemos ser… Esto nace de dos extremos, el individualismo y el autismo, y del liderazgo ciego con los liderados… La desesperación del capitalismo, de tener que aplastar o ser uno mismo, conduce al fanatismo y al fundamentalismo arrogante, o a la falta de conciencia y a una vida descontrolada y en modo automático que va tan rápido que cuando uno mira hacia atrás ya está casi al final de la línea y no se detuvo a pensar con la cabeza y sentir con su corazón.

Gurumbé, las raíces negras de España llegan a la Cineteca de Madrid

La primera imagen es la reconstrucción de un esqueleto. Pieza a pieza. De bolsas de plástico numeradas a la mesa de operaciones. La escena duele tanto que se interrumpe con la voz del cantante rapero Timóteo Tiny (Natural Black Color – NBC) que recita con Lisboa al fondo, desenfocada, el tema Home: “Un día me dijeron: eres un ser diferente y a partir de hoy tú tienes que sufrir. Olvidaron que yo también era un ser humano y me obligaron a obedecer. Tengo heridas por todo el cuerpo que el algodón no ha curado todavía. Y me pregunto quién me robó lo poco que mis manos habían intentado guardar. Fue un hombre, fue un hombre, fue un hombre como yo”. Después el título: Gurumbé. Canciones de tu memoria negra. Y el ruido de las estanterías móviles de la hemeroteca repleta de documentos amarillentos que se abren lentamente para invitar al espectador a un viaje de una hora y 10 minutos a través de la historia no contada. Fragmentos de un puzzle que han sido despoblados intencionadamente de crítica. Desatendidos. Bienvenidos a la España invisible. Silencio. Resignación. Olvido.

La intencionalidad de este documental es precisamente desenmascarar las raíces negras en España y cómo lo negro siempre ha permanecido en el flamenco, uno de los estilos musicales que ha acabado engullido por lo institucional que se golpea a bocajarro en debates sin sentido sobe el verdadero origen de los primeros gitanos que llegaron a la Península”. Nos lo contaba su autor Miguel Ángel Rosales una tarde de octubre cuando el nombre de Gurumbé todavía pasaba desapercibido para el gran público. Tomábamos café calmados en Sevilla, mi ciudad, el lugar de acogida desde hace muchos años para este jerezano que creció rodeado de bulerías. “Es sorprendente cómo se ha blanqueado la historia en esta ciudad. No hay referencias a África, más allá de la Hermandad de los Negritos, que ha quedado como algo exótico”.

No es aventurado decir que este trabajo sentará las bases para un debate académico profundo que todavía no se ha tenido de forma pública en nuestro país. Pero de forma paralela mantiene su rumbo firme por el circuito de festivales haciéndose sentir: African Diaspora International Film Festival (ADIFF), Festival International du Film de Bruxelles (FIFB), 40ª Mostra Internacional de Cine Sao Paulo, SEMINCI, Film Africa de Londres, Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF) o el 42 Festival de Cine Iberoamericano de Huelva.

Y ahora llega a Madrid, a la Cineteca de Matadero durante dos fines de semana (17-19 y del 24-26 de febrero).

El respaldo de la academia

Gurumbé es una radiografía intelectual de alto calado, un homenaje a la historia, un modo de hacer periodismo de largo recorrido. Rosales lo sabe bien. Ha rastreado y preguntado. Ha medido las palabras para fotografiar con exactitud huyendo de la ficción y el relato fácil. Para ello y ante afirmaciones como que en España hubo esclavos, se nutre de investigadores, profesores universitarios y catedráticos que cumplen a la perfección la función de argamasa. Esta sería la primera parte del documental que explica que Lisboa y Sevilla se convierten en el gran mercado de esclavos no solo para consumo interno sino también para su consumo en Europa y para proveer a las colonias del Caribe. Evidentemente, lo conocido es que Francia y Gran Bretaña participaron en la trata de esclavos, pero “a la hora de la verdad, fueron muy pocos los negros los que acabaron viviendo allí. Lo hacían a distancia. Era un comercio teledirigido. Los únicos países donde hubo una población negra verdaderamente habitante fueron España y Portugal. Y más que dos países, tres ciudades: Lisboa, Sevilla y Cádiz”, explica en el documental el profesor Arturo Morgado, profesor de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz.

A partir del siglo XV empieza a distinguirse de que no solo se trata de fieles y bárbaros, sino que además hay un proyecto civilizador que sometiéndolo a la esclavitud entran en una suerte de purgatorio. Y si lo hace bien como esclavo quizás llegue a obtener la “gracia divina” para gozar de libertad algún día. Los esclavos estaban por todas partes. En el siglo XVII y XVIII, por ejemplo, la población negra medianamente integrada, formaban parte de la cotidianidad de Sevilla. Lo que Gurumbé aborda es en qué punto esto se evaporó, y cuál fue la hibridación con la música que tenía lugar en Andalucía.

El son afroandaluz: arqueología del flamenco

El segundo bloque endulza. Lo gitano, lo andaluz, lo negro, está tan mezclado que realmente es difícil saber qué elementos son específicamente de uno y otro. Por eso Gurumbé juega con conceptos como la memoria histórica a través de la música y salpicado de teoría. El primer acorde lo pone el músico Raúl Rodríguez que explica su camino personal, en la búsqueda de unos ojos negros, de un color negro en la música andaluza. Y encuentra a la figura de los negros curros quienes llegaron a La Habana como hombres libres en el s. XVI. Es tan pulido este rastreo que se llega a comparar los mapas de las migraciones y los mapas de los ritmos que se fusionan sobre todo en el compás de 12 tiempos, tan importante en el flamenco.

Fragmento de la letra del Negro Curro, de Raúl Rodríguez.

(…)

Negro curro de Triana,
yo nací en Andalucía,
Por eso “Curro” me decían
cuando aparecí en La Habana.
Aquella tierra era hermana
del mundo que conocí,
yo no soy Calabarí,
Ñañigo, Guineo ni Congo:
Yo soy Flamenco y compongo
el Son que me gusta a mí.

(…)
Siendo Sevilla la dueña
del universo explorado,
yo solo fui esclavizado
por una guapa sureña.

(…)

A mí no hay quien me esclavice,
yo ya nací libertario,
Tengo un don extraordinario
Pa’ que no me martiricen.

El músico sintetiza esta mezcla en este diálogo: “Cuentan que ‘fanda’, en kikongo, una de las lenguas bantúes, significa fiesta. Y ‘ngo’ es uno de los sufijos que dan claramente una señal de que la palabra tiene un origen africano. La primera referencia que se tiene de la palabra en el diccionario de autoridades de 1732 habla de que fandango es aquel ritmo muy bullicioso que se toca al compás de los tambores de los indianos que vienen de las indias. Esto llega a Iberia, sustituye a otros estilos y termina juntándose con las otras variantes cantadas que terminan conformando esa rica variedad de fandangos que tenemos”.

Con inquietud, se han investigado desde la musicología las estructuras formales, los orígenes y los parentescos entre los diferentes estilos del flamenco. Sin embargo, al tratarse de una música de transmisión oral vinculada a su contexto social, en continuo cambio y en el que ha habido varios sistemas musicales involucrados, la apuesta del director del documental ha sido la de construir el guión a partir de la etnomusicología histórica para tratar de analizar y describir el flamenco en sus contexto histórico y socio-cultural de la época. ¿La sorpresa? La gran diversidad de estructuras melódicas, las ciertas afinidades armónicas y rítmicas por ejemplo en la guajira, la petenera, la soleá, la bulería, la zarabanda, o los canarios.

Una de las claves que se aportan es que se ha construido un relato de la cultura andaluza y flamenca, pero el componente afro se ha extirpado de lo andaluz. La institucionalización del flamenco ha sido un proceso muy rápido y en gran medida merma algunos rasgos que permanecen latentes: la estigmatización de cantaores y bailaores que no se ajustan a los cánones “clásicos”. Prueba de ello es la artista Yinka, de procedencia africana y afincada en Sevilla (aparece en el documental) que se ha convertido en un claro ejemplo de fusión y rescate del pasado silenciado.

El viernes 17 de febrero, en la Cineteca de Madrid, actuará con un espectáculo de baile, acompañada de guitarra y cante.

Blanqueo de dinero y de identidad

El último de los bloques es la evidencia de una historia lineal: los que se beneficiaron del sistema esclavista tienen en España hoy por hoy grandes fortunas. De hecho, como se explica en el documental, el sistema financiero, el de abolengo de las familias capitalistas transpira tráfico negrero. Dos ejemplos: el del Banco Hispano Colonial que fundó Antonio López y López quien constató que la forma más rápida de hacer dinero era la dedicación a la esclavitud; y la Fundación del Banco Bilbao.

Una de las personas que participa del comercio de esclavos desde África hasta Cuba es María Cristina de Borbón, quien se dedica a la trata. Estas personalidades condicionan la política española tanto que de hecho el desarrollismo catalán del s.XIX no se explicaría sin los conocidos como Indianos. En el artículo “Cuando los barcos negreros salían del puerto de Barcelona”, de Andrea Pérez, publicado por ElDiario.es, se explica de forma muy clara: “La doctora en Historia Moderna Àngels Solà, en su artículo Los capitales americanos y la industrialización de Barcelona en el siglo XIX, evidencia que: ‘La historia del desarrollo económico de Barcelona […] no se puede explicar si no se tienen en cuenta la aportación de capital y el espíritu empresarial de los indianos’. Capital vinculado a un ‘movimiento de regreso’ en forma de inversión a lo largo del siglo XIX. Así, a pesar de que la trata de esclavos no fuera una de las piezas fundamentales del crecimiento barcelonés, sí que fue uno de los factores que permitió el enriquecimiento de muchos catalanes en Cuba que después invirtieron en Catalunya”, escribe Pérez. Otras inversiones se destinaron al sector inmobiliario como hicieron con la construcción del “Ensanche de Barcelona”, o el barrio de Salamanca, en Madrid.

La secuencia última de Gurumbé, es otra vuelta de tuerca al plano inicial del esqueleto. Un final redondo que explicaría la sinrazón de los gobiernos. Una declaración de intenciones de su realizador. Un grito profundo encuadrado en un documento imprescindible.


SORTEAMOS 5 ENTRADAS PARA LA PRESENTACIÓN DE GURUMBÉ EN CINETECA DE MADRID ESTE VIERNES 17 DE FEBRERO:

¿Cómo participar?

Responde a la pregunta “¿Qué significa Gurumbé?” y envíanos la respuesta a info@wiriko.org con el asunto CONCURSO GURUMBÉ CINETECA. A parte de la respuesta deberás mandarnos tu nombre completo y tu DNI.

¡Las primeras 5 personas en responder correctamente a la pregunta, podrán acompañarnos a ver este imprescindible documental por toda la patilla!

 

 

 

 

La invisible inmigración caboverdiana en Lisboa

 

El escritor caboverdiano Joaquim Arena. Fuente: A Semana

El escritor caboverdiano Joaquim Arena. Fuente: A Semana

Joaquim Arena es el autor de La verdad sobre Chindo Luz. El estilo del novelista caboverdiano que ha pasado la mayor parte de su vida en Portugal puede resultarnos poco atractivo, pero tiene un mérito indudable. Arena ha sido, posiblemente, el primer escritor del archipiélago africano que ha visibilizado la situación de los caboverdianos inmigrados a la metrópoli. La verdad sobre Chindo Luz esconde varias tramas, entre ellas un argumento misterioso y otro analítico, pero la mayor aportación de Arena es dibujar con maestría la vida en los barrios populares de Lisboa que en la década de los setenta albergaban considerables cantidades de recién llegados de las aún colonias portuguesas.

Portada de la edición de Baile del Sol

Portada de la edición de Baile del Sol

La literatura de los países africanos de la esfera lusófona es, seguramente, la menos conocida del continente, no sólo en España (donde el conocimiento de la literatura africana, en general, es escaso) sino en todo el mundo. Los académicos consideran que la lengua portuguesa tiene muchos menos prestigio internacional que el francés o el inglés y eso ha hecho que las traducciones de estos autores sean escasas. Estos dos factores explican por qué hay menos autores africanos lusófonos con proyección mundial que de otras antiguas esferas coloniales. De la misma manera, el espíritu de la administración colonial no favorecía la proyección de los escritores. Arena es, así, un desconocido en el que se fijó la editorial Baile del Sol, dentro de la colección Macraronesia. La editorial canaria no lo enmarcó en su colección África, sino en la compilación en la que pretendían dar visibilidad a la literatura de las islas.

El argumento de La verdad sobre Chindo Luz relata la historia de Baldo Luz, el hermano del Gumercindo “Chindo” que aparece en el título. Baldo se ha desvivido por encontrar a su hermano que ha desaparecido como si se lo tragase la tierra, después de alcanzar una popularidad televisiva poco habitual para el hijo de una familia inmigrada. Con esta excusa, Arena repasa la vida de los africanos que en los setenta abandonaban las colonias portuguesas, para instalarse en la metrópoli. El autor hace una incursión también en los últimos tiempos de la administración colonial a partir de variopintos personajes. Y, de la misma, manera da una idea de la propia sociedad portuguesa en los años inmediatamente posteriores a la dictadura.

El principio y el final del primer párrafo de la novela son ya bastante representativos: “La primera vez que vi a Gumercindo da Luz él era todavía un chavalín delgado que jugaba a la bola en la calle. La familia acababa de mudarse al barrio. Nunca imaginé que veinte años después acabaría convirtiéndose en la figura pública que fue, ni que yo estaría aquí sentado intentando escribir un libro sobre él. Tampoco pasó por la cabeza de nadie que Joel Tocadiscos, el hijo canijo del sindicalista Moreira, fuera un día elegido diputado de la Asamblea de la República. Y que junto a Chindo, Pinela, Luego-luego y Zé Bidón estaría metido en la historia que originó este relato. (…) Llegaron en 1977 ó 1978 y se fueron a vivir a una casa antigua al fondo de la calle. Todos los conocían. Eran los únicos negros del barrio en unos tiempos en que todavía había pocos negros en esta zona de Lisboa”.

A partir de este momento, el narrador explica cómo vivía la familia da Luz en su barrio, las penurias que pasaban y los obstáculos a los que se enfrentaban, lo que convierte a La verdad sobre Chindo Luz en una novela sobre la inmigración caboverdiana. Y, también, sobre una de las caras del final del colonialismo portugués.

 

Portada de la edición original en portugués.

Portada de la edición original en portugués.

Joaquim Arena puede escribir sobre esta realidad con la proximidad que da la experiencia. Nacido en Cabo Verde, este escritor se trasladó junto a su familia a Portugal poco antes del tiempo en el que se desarrolla la novela. Lo hizo a finales de los años sesenta, cuando tenía cinco años. A partir de ahí pasó la mayor parte de su vida en Portugal, pero decidió regresar a Cabo Verde, a finales de los años noventa, pasados los 30 años, un poco como un viaje de regreso a sus raíces. Arena que se había licenciado en Derecho y había trabajado para revistas africanistas, no da el salto a la literatura, precisamente, hasta que no regresa a su tierra natal. En el año 2000 publicó una novela corta, Um farol no deserto, y en 2006 fue el turno de A verdade de Chindo Luz, que tradujo Baile del Sol para publicar en 2008. Para ese momento, el escritor había realizado un periplo en busca de su identidad cultural, un proceso que de alguna manera se produce también en la novela.

Algunos lectores se han quejado de la dificultad de seguir el hilo de la narración de Arena, la mayor parte elogian la idea del argumento que les ha resultado atractiva pero consideran poco acertada la ejecución. Es cierto, que en algún momento el relato se hace complicado, básicamente porque está construido a base de los jirones de la vida de Chindo que su hermano Baldo va recuperando en su búsqueda. Por otro lado, el estilo de Arena recuerda en algo al de otros escritores caboverdianos como Germano Almeida, un estilo que tiende hacia lo abrupto, en el que a veces parece que se han omitido piezas.

En todo caso, el mérito de Arenas es incuestionable y su capacidad para dibujar un momento y un lugar, un ambiente y una realidad poco conocida hace que La verdad sobre Chindo Luz resulte, cuando menos, una lectura interesante.

Frazão: “Luanda es para mí lo que Nueva York para Woody Allen”

Aline Frazao. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão es una joven cantante y compositora angoleña afincada en Barcelona. Fascinada por el Jazz, la Bossa Nova, la música caboverdiana, la música popular angoleña y el Fado, decidió combinar sus estudios de comunicación con una pasión que le viene de muy temprana edad: la música. Con tan solo dieciocho años dejó su Luanda natal para empezar la universidad en Lisboa, y desde entonces, ha vivido en Santiago de Compostela y Madrid. Ahora, desde Barcelona, Aline prepara el lanzamiento de su último trabajo en España, a pocos meses de su gira brasileña. Decidida a que su música de sonoridades atlánticas nos embriague a todos, y dejando entrever las múltiples influencias de su ir y venir biográfico, nos ha dejado conocerla un poco mejor y hasta nos ha querido regalar una canción.

¿Qué escucha Aline Frazão?

¡Hay tantos nombres! Me encanta el Jazz. Sigo escuchando muchísima música de Brasil, aunque me alejo un poco de ella y me acerco cada vez más de nuevo a África. Me encantan voces como las de la caboverdiana Mayra Andrade. Me identifico mucho con los sonidos sudafricanos más reivindicativos. Músicos angoleños como Paulo Flores, Rui Mingas o Filipe Mukenga.

¿Cómo empezaste con la música?

Empecé a cantar música de Angola, Cabo Verde y Brasil sobre todo cuando solo tenía nueve años. Más tarde me aficioné a una guitarra española que mi padre tenía por casa. Buscaba canciones de Bossa Nova por Youtube, sacaba los acordes e intentaba tocar de esa forma. A los quince años un amigo mío me regaló un recopilatorio de Jazz de Ella Fitzgerald y flipé completamente. En ese momento ya era casi una experta en música popular brasileña: Tom Jobim, Joao Gilberto, Caetano Veloso… Todo eso se convirtió en un lenguaje muy mío y empecé a escribir canciones. Pero he sido una autodidacta desde el principio y no he desarrollado una técnica depurada. De hecho, me he inventado mis propias comodidades y posiciones, y muchas veces ni siquiera sé los nombres de los acordes. Mi teclista es el que se encarga de traducir los nombres de los acordes al resto de los músicos. ¡Suerte que es muy amigo mío! (ríe). Me parece que de esta forma me expreso de una forma más libre, no estoy determinada por la teoría…

¿Cuándo decides que tus composiciones son suficientemente maduras como para dejar que los demás disfruten de ellas? ¿Y como llegas a profesionalizarte? 

Fue mucho más tarde… Primero quise ser ingeniera civil, para reconstruir Angola después de la guerra civil, que terminó en 2002. Siempre fui consciente que yo tenía más oportunidades que otra gente en mi país, y siempre seguí mi propia regla: a más posibilidad, más responsabilidad. Pero como también me gustaba mucho todo el tema de la argumentación y la comunicación verbal, decidí ser periodista. Bueno, en esto mi padre no estuvo muy de acuerdo. ¡Imagínate como está la libertad de expresión en Angola! Es un país muy bloqueado democráticamente, por decirlo de una manera suave.

¿Cómo afectó la guerra de Angola a tu vida?

Enormemente. Yo nací en  1988 y la guerra no terminó hasta 2002. Siempre viví en Luanda, y las capitales siempre han estado más protegidas. Pero en el 92, el año que nació mi hermana, la guerra llegó a la capital. Yo era muy pequeña aunque las consecuencias de la guerra estuvieron siempre ahí. Convives con los niños de la calle, que se han quedado sin padres. Con las personas mutiladas por la guerra. La pobreza extrema. Las noticias. La radio. La tensión de tus padres. El miedo. Aunque creo que he sido una privilegiada. Mis padres tenían un poco más de dinero, pero mi educación siempre me hizo mirar hacia fuera. Supongo que por eso, siempre he mantenido una voz crítica. Aunque es una cosa muy angoleña. La cantante Sara Tavares, que es muy amiga mía, siempre dice que los angoleños somos unos pesados por qué siempre estamos hablando de política. Así que sí, todo esto es parte de mí. Y creo que de toda mi generación, tenemos una carga histórica que tomamos muy en serio.

Aline Frazao. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Cuéntanos cómo ha evolucionado tu carrera y tus ires y venires geográficos.

Al acabar la carrera en Portugal, vine a Barcelona y me cambió la vida. Aquí hay un montón de vida asociativa, de proyectos vecinales… Me involucré en muchísimos proyectos y cambié mi perspectiva de vida. Así que al llegar a Madrid, ya llegué con otro espíritu. Allí fue donde empecé a tocar más por pequeños clubes y bares de barrios como Lavapiés. Conocí a Uxía, la cantante gallega y directora artística del festival dedicado a la lusofonía Cantos Na Maré, y me invitaron, ni más ni menos que ir a representar a Angola. Y, ¿quién representaba a los otros países? Estaba el increíble Lenine de Brasil, y el fadista portugués António Zambujo. Por entonces, yo ni siquiera tenía agencia ni nada, así que estaba literalmente flipando con la oportunidad. Y que Lenine te diga, por las calles de Santiago, que tienes que grabar tus cosas y que tu música es bonita… Te hace plantearte que las cosas pueden funcionar. Ese fue el momento en que decidí que iba a dedicarme a esto profesionalmente.

¿En qué año fue esto? 

Fue en diciembre de 2010.

Vaya, es muy reciente. 

Sí. Pero desde entonces han pasado muchas cosas. Me fui a Argentina. Me afinqué en Santiago. Y entre Santiago y Lisboa escribí Clave Bantú (2011).

Es cierto que la idea para Clave Bantú la coges del programa homónimo de Trópico Utópico de Radio 3, de Rodolfo Poveda

Y tanto. Yo escuchaba mucho Radio 3. Adoro el programa cuando los elefantes sueñan con la música de Carlos Galileo y Trópico Utópico. Y un día un amigo me dijo que Rodolfo había hecho un programa dedicado a la música de Angola y del Congo. Me pareció curioso porque normalmente aquí se escucha más música del África Occidental. Y me encantó, me vino una saudade tan grande del Soukous y las cadencias del Semba… Empecé a darme cuenta de que los ritmos brasileños que a mi me fascinaban eran justamente los que venían de la raíz Bantú. Y no tanto los Yoruba. Vi tan claro que me identificaba con lo Bantú y que el concepto sintetizaba lo que yo era, que decidí hacer un homenaje a toda esa cultura del baile, el cuerpo, de un tiempo más pausado…

Dices que tienes mucha influencia del mundo luso pero no mencionas en ningún caso Mozambique. Parece como que Mozambique no llama mucho a los angoleños, ¿no? ¿Porque crees que esto pasa? 

Es el océano. El Atlántico nos tiene mucho más ligados con otros países. En la literatura si que se dialoga un poco más: el mozambiqueño Mia Couto con el angoleño Pepetela, por ejemplo. Pero en música conozco a poquísima gente de Mozambique, como Stewart Sukuma. Sin embargo, en Mozambique si se escucha más música angoleña.

¿Qué te perece este boom del Kuduro angoleño que se escucha en prácticamente todo el continente y que ha roto barreras también fuera de él? 

Me parece una manifestación muy auténtica de lo que son las ciudades africanas contemporáneas. Me gusta. Representa el caos, la locura, la explosión de ciudades como Luanda. Pero me parece exagerado que se haga una reducción y que se relacione Angola solamente con el Kuduro. Yo de pequeña bailaba Kuduro, es parte de mi cultura. Pero obviamente, mi cultura angoleña no es solo esto.

Aline Frazao. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

Aline Frazão. Foto: Sebastián Ruiz/Wiriko.

¿Cómo ves la industria musical angoleña actual? 

Es complicado. Como siempre, hay dos mundos: el comercial, con más dinero y criterios comerciales; y los mercados más alternativos, que cada vez van teniendo públicos más grandes. Tampoco puedo hacer un análisis de todo el país, sería pretencioso. Pero en Luanda sí que hace falta construir una estructura que proteja y oriente a los artistas, que los ayude a profesionalizarse. Que ayude a que los propios angoleños aprendan a apreciar y escuchar el talento de los músicos de Angola. Aunque es un momento creativo muy positivo para el país. Cada vez hay más gente volviendo para Luanda sobre todo, y eso crea más dinamismo en la cultura.

¿Crees que tu generación puede jugar un rol decisivo en la creación de nuevas dinámicas en el sector creativo y crear unas condiciones laborales más dignas para los artistas? 

No solo puede sino que debe. Es nuestra obligación. Además, los que estamos fuera, tenemos una responsabilidad extra. Aunque es complicado. Angola es la tercera potencia económica de África, pero es un embuste. No hay muchas perspectivas para los que no están alineados con la ideología del régimen. Y las estadísticas no son realistas con la situación de la mayoría de la población. Creo que los que tenemos la posibilidad de montar una estructura, debemos abrirla y compartirla, no solo en Luanda sino en todo el país para que se conozca en otras partes del mundo, lo que hay en Angola. Sí… Nuestra generación tiene muchas ganas de hacer cosas. Personalmente, siento que tengo una responsabilidad en este sentido.

¿Sientes que tu música representa a Angola? 

Hace tres años te hubiera dicho que sí; de cabeza (ríe). “Yo como angoleña… Blablabla”. Pero la identidad es algo que va cambiando. Por ejemplo ahora estoy enganchada al americano Nick Drake. Me quiero comprar una guitarra eléctrica. No sé si es el indie barcelonés que me está haciendo volver una hipster… ¡Es broma!

Vaya, que no te gustan los esencialismos… 

Cada vez menos. Es que es muy complicado hablar de identidad. Decir ‘Angola’ se queda muy grande para mi boca. Solo diciendo ‘Luanda’, ya es demasiado. Voy y vengo de Luanda, escribo para el periódico angoleño Rede Angola y estoy muy conectada con la realidad de allí. Participo ahí y estoy comprometida, pero la identidad angoleña se sigue construyendo, y yo tengo muchas identidades, no solo la nacional. Aunque la música tradicional de raíz, la literatura angoleña… Me mueven. Hablo mucho de Angola en mis canciones, pero no me considero ni puedo considerarme una embajadora de nada. Pero lo que te puedo decir es que Luanda es para mí, lo que Nueva York para Woody Allen. Está en todo lo que hago.

¿Has podido presentar ahí tus discos? ¿En qué otros lugares? 

Por supuesto.Ya habíamos presentado el primer disco en el Festival de Jazz de Luanda, y hemos tocado en diferentes clubes de Luanda. Pero también presentamos el disco en Portugal. En el Festival de Sines, tuve la oportunidad de tocar junto a Silvia Pérez Cruz, y me cambió la vida. ¡En la primera canción ya estaba llorando! ¡Me encanta! También estuvimos en diferentes clubes de Jazz de Portugal. De hecho, es ahí donde tengo más público y donde he tocado más. En Bélgica. En Alemania. En Austria. Y ahora vamos a ir a tocar a otros dos festivales alemanes y, en noviembre, si todo va bien, tocaremos en Brasil.

¡Qué suerte! ¿Qué esperas de Brasil?

Pues… No sé si debo esperar algo. Ya he estado ahí, tengo familia en Río. ¡Brasil tiene tantísimo talento! Además, son muy endogámicos. Pero creo que le debo algo a Brasil.

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¿Y te vas a llevar a tus músicos de gira?

Claro. Los músicos que me acompañan son los mismos que grabaron conmigo Movimento, y están afincados en Lisboa. El teclista y guitarrista portugués Marco Pombinho; Marcos Alves, que también es batería del caboverdiano Tcheka, y el italiano Francesco Valente, de Terrakota. Son buenísimos.

Pero vas a volver a Barcelona, ¿no? ¿Qué te trajo a la capital catalana?

Claro que vuelvo. Me encanta Barcelona. Vine aquí un poco a auto-recluirme. Buscaba un sitio donde estar tranquila, y como aquí tengo muchos amigos, vine a por el calor de esa otra familia. He estado un tiempo relajada y ahora estamos empezando a preparar la presentación de mi último disco (Movimento, 2013), que con suerte será para el próximo otoño. Me apetece muchísimo, porque el disco no se ha podido presentar aún en España. Así que sí, tengo muchas ganas de arrancar aquí. De hecho, antes de venir aquí estudié catalán en la universidad de Lisboa. Jamás en mi vida estudié castellano. Pero aquí, la gente se da cuenta que eres extranjera y te habla directamente en castellano. Me da mucha rabia porque al final acabo sin poderlo practicar. Pero me encanta vivir aquí.

Vas a interpretarnos el single de tu último álbum, “Tanto”. Cuéntanos de qué va. 

El single de mi último álbum salió de una actuación que hicimos en Bélgica. Fue en la ciudad de Ghent. Me impactó muchísimo la pulcritud de esa ciudad. Todo en su sitio. Jamás había visto tanto orden. Contrastaba mucho con Luanda, y en el videoclip, de hecho, quise reflejar los contrastes de Luanda.