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Lo que queda cuando “todo se desmorona”

Hace unos días entrevistando a un autor catalán que escribe sobre África volvía a aparecer como recomendación de novela africana la obra más conocida del nigeriano Chinua Achebe, Todo se desmorona. Seguramente es uno de los cinco libros africanos más recomendados y ha sido objeto (igual que su autor) de muchos, muchísimos estudios académicos. Sin embargo, no se ha hablado de este clásico de la literatura en la sección de Letras Africanas, posiblemente porque ya se ha estudiado y difundido mucho en otros ámbitos. Sin embargo, hoy me gustaría destacar un elemento de la novela que me parece especialmente interesante (seguramente, hay un millón de aspectos que se podrían tratar): el uso que Achebe hace de las narraciones populares.

Chinua Acebe. Foto: Angela Radulescu (cc - https://www.flickr.com/photos/walkingthedeepfield/)

Chinua Acebe. Foto: Angela Radulescu (cc – https://www.flickr.com/photos/walkingthedeepfield/)

Cuando Chinua Achebe falleció hace poco menos de un año se dijo de él que era el padre de la novela africana.  Es una afirmación que rechazamos  como descripción, porque no creemos que nadie tuviese la osadía de responder a preguntas como ¿quién es el padre de la novela europea?, o, ¿quién es el padre de la poesía americana? Sin embargo, entendemos la afirmación como una muestra de respeto y de admiración, como un homenaje. Lo que sí que es indudable es que la obra de Chinua Achebe ha marcado profundamente la historia de la literatura africana y que algunas de las características de su obra son tan particulares que engrandecen su figura.

Uno de estos rasgos es la maestría con la que Achebe se adaptó a los cánones de la literatura universal sin renunciar a sus diferencias. Y al hacer esta afirmación pensamos en habilidad para conseguir que la tradición africana (a través de su tradición cultural igbo) estuviese presente en su narrativa. Y no sólo presente a modo de anécdota, como rasgo de exotismo, sino que en la obra del escritor nigeriano la tradición cultural propia es, sin duda, la piedra de toque. El ejemplo más claro (o, al menos, un ejemplo suficientemente claro) aparece en cómo los relatos tradicionales, conservados y difundidos por la transmisión oral, hilvanan la historia de la obra con más proyección del autor, Todo se desmorona.

Lo que fascina del uso que Achebe hace del cuento es la capacidad que tiene para convertirlos en una navaja suiza. Son multiusos: por un lado, son un atractivo recurso literario; por otro, son un mecanismo descriptivo que ayuda a caracterizar a los personajes y a describir el espacio y el ambiente en el que se desarrolla la historia; y, por último, son transmisores de valores, como si se tratase de un cuento popular, la novela de Achebe también transmite valores, de manera que los cuentos que se incrustan no son meros adornos, sino que sus moralejas, son algunas de las moralejas de Todo se desmorona.

El cuento de la serpiente-lagarto

En este caso, Achebe no nos cuenta el relato, pero sí que nos transmite sus enseñanzas. Ekwefi, una de las esposas del protagonista de Todo se desmorona le recuerda una historia a su hija Ezinma, lo que hace pensar al lector que la madre había contado este cuento a su pequeña en otro momento, porque ambas lo conocen perfectamente.  La enseñanza de este relato es de lo más simple y práctica, aunque el discurso refleje un tono mucho más profundo. Probablemente, la enseñanza profunda del cuento de la serpiente-lagarto haga referencia también al respeto a los mayores o a los efectos perniciosos de desconfiar de la propia familia. Sin embargo, en este concreto, la madre simplemente recuerda a su hija que la verdura una vez cocinada mengua y que no hay que fijarse tanto en lo que ocupa en la olla cuando se inicia la cocción sino en el volumen una vez hecha. Aparece así como un curioso ejemplo, una lección de cocina a través de un cuento popular.

El cuento de la tortuga y los pájaros

TODO SE DESMORONA

El relato aparece reflejado íntegramente en la narración. Ekwefi explica a su hija Ezinma la historia de la Tortuga que quiso participar en una fiesta de los pájaros. Tortuga consigue embaucar a los pájaros para que le permitan acudir con ellos al gran banquete y para comerse los mejores manjares. Sin embargo, la Tortuga, por aprovecharse de la bondad y la inocencia de los pájaros acaba recibiendo su merecido. Las enseñanzas que la niña puede extraer de este relato son diversas. En primer lugar, una íntimamente ligada a la importancia de la palabra en la mayor parte de las culturas africanas. La palabra se entiende a menudo como principio creador, es tan importante que los charlatanes no son bienvenidos. El cuento muestra a Ezinma y por extensión a todos los lectores que los parlanchines son embaucadores y que la palabra sirve para convencer no siempre con una voluntad positiva, por lo que quien habla mucho no es de fiar.

Por otro lado, una enseñanza que coincide con aquel dicho popular español que señala que “la avaricia rompe el saco”. Para Tortuga el banquete de los pájaros aparece como una salvación frente a la amenaza de una muerte por inanición. Habría podido saciarse tranquilamente, pero no se conforma y pretende comer la primera y los mejores pedazos lo que provoca el enfado y la reacción de los pájaros.

Una tercera enseñanza tiene que ver la dependencia. La tortuga había podido llegar volando al banquete en el cielo gracias a que cada uno de los pájaros le había prestado una de sus plumas. Cuando los traiciona los pájaros deciden recuperar sus plumas, lo que deja a Tortuga en el cielo y sin manera de volar. Además ellos son los únicos que pueden salvarle transmitiendo a su mujer el mensaje de poner colchones y cosas blandas en el suelo, para que amortigüen su caída. Sin embargo, los pájaros no sólo no se prestan porque han sido traicionados, sino que además encuentran el momento de vengarse.

El cuento de la Madre Milana.

El cuento de la Madre Milana explica la desconfianza hacia los hombres blancos que se hacen presentes en el universo igbo de la novela. El relato tradicional cuenta la historia de una milana (un ave rapaz) que educa a su hija en las normas de la caza. Si la madre de la presa no protesta, es mejor devolverle a su vástago. Sólo deben mantenerse las presas de aquellos que se resisten a la captura, porque existe la premonición de que quien no protesta por la sustracción puede estar preparando una venganza más callada y sibilina y que resulte mucho más dañina por su discreción.

Kaïdara, comienza el viaje

Portada de la edición de la Editorial Kairós de “Kaidara. Cuento inciático peule”.

No es casualidad, Kaïdara, la reproducción del cuento iniciático peul narrado por Amadou Hampâté Bâ abre esta sección de letras africanas de Wiriko. La elección del relato no es casual y de hecho está teñida de la carga simbólica que alberga la mayor parte de la literatura tradicional africana.

Amadou Hampâté Bâ (Bandiágara, 1901 – Abidjan, 1991) es probablemente el intelectual africano más popular en el resto del mundo y, sin duda, el más conocido de entre los que se han empeñado en restituir el prestigio de la tradición del continente. Hampâté Bâ con su incansable recopilación de la tradición oral dio consistencia a los pilares sobre los que descansa la defensa de la riqueza de la cultura africana, mucho antes de la llegada del colonizador blanco. Sin duda, la frase pronunciada en la Unesco en la que afirmaba que “en África, cuando un anciano muere es como si se quemase una biblioteca” es la que le ha valido una buena parte de su popularidad, pero la importancia de su labor, de su obra es mucho más profunda.

Muchos de los trabajos de Hampâté Bâ tienen peso suficiente para inaugurar esta sección en un proyecto emergente como es Wiriko, sin embargo, pocos pueden resultar tan representativos como Kaïdara. El autor recoge en este relato algunos de los elementos fundamentales de la mitología, de la cosmogonía peul y algunos de ellos son transversales, comunes a muchas otras tradiciones africanas.

Para empezar, Hampâté Bâ pone de manifiesto una de las piedras angulares de la educación tradicional en una buena parte del continente, el concepto de que la sabiduría, la adquisición de conocimientos es un proceso, en este caso un viaje. Un viaje cuyo final desconocen sus protagonistas y cuyo recorrido es una sucesión de las sorpresas más insospechadas. ¿Hablamos de valores? Es sencillo, el relato deja claro al lector que ese camino hacia la sabiduría está lleno de obstáculos, de tropiezos, incluso de errores que sólo se pueden superar con honestidad, humildad y apertura de mentes. Sí, eso es, la tradición no está reñida, ni mucho menos, con la apertura de mentes, con la fuga de los prejuicios. Hampâté Bâ, lo deja muy claro, déjate llevar por los prejuicios, siéntete más digno que cualquier otra persona y te perderás todo lo que el resto del mundo te puede enseñar. Y, por supuesto, nunca sabrás si lo que te podía enseñar la persona a la que menospreciaste era, precisamente, lo que habías buscado toda tu vida.

Es evidente que el estilo de Kaïdara es absolutamente prestatario de la tradición oral y que su lectura, a una mente occidental, le puede resultar fácilmente lenta o, incluso, infantil. Sin embargo, se impone que el lector ponga algo de su parte. Esa es también la idea, el lector debe ser activo, si sólo espera un rato, unas líneas de entretenimiento, Kaïdara puede dejarle insatisfecho; si hace el esfuerzo de buscar lo que hay más allá de las palabras, no cabe duda de que la satisfacción será plena. Lo ha sido durante siglos en la cultura peul y durante décadas en la universal.

Edición en castellano

Kaïdara. Cuento iniciático peule

Editorial Kairós, Barcelona, 2002

Traducción: Fermín Guisado