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‘Orange, Black and Freedom’: celebración del activismo afro

En muchas sociedades africanas, antiguas y modernas, el peine afro simboliza status, afiliación a un grupo, a creencias religiosas y está codificado en propiedades rituales. Las propias decoraciones de los peines tienen motivos que hacen referencia a la naturaleza y al mundo espiritual. En el siglo XX, los Afro Combs o Peines Afros han asumido un mensaje más amplio a nivel  político, tal vez sobre todo en forma de “peinepuño” patentado en America en 1976, que hace referencia al saludo del movimiento Black Power. Estos ideales se siguen haciendo eco en proyectos contemporáneos.

Cristina Morales presentaba así, a través de su artículo, la exposición Orígenes del peine afro. 6.000 años de cultura,politica e identidad’, comisariada por Sally-Ann Ashton y el papel que los peines afros tenían en las sociedades africanas y en su diáspora.

Fred-Martins-2-2Esta vez el artista nigeriano Fred Martins, utiliza el poder simbólico de estos peines para celebrar a activistas afros que fueron encarcelados o asesinados por luchar por la libertad y la justicia social. La serie fue presentada en el Design Indaba y está previsto que Martins realice una exposición a finales de año.

El highlife evocó al artista la historia de la lucha de algunas de estas figuras tan importantes en la historia política y social del continente. Y sus objetivos son visibilizar a estas personas (y otras anónimas) que lucharon a favor de los derechos humanos y la defensa de los animales y del planeta, animar a la juventud del continente a conocer más sobre su propia historia y que los líderes de hoy tomen ejemplo de lo que es un buen liderazgo.

Con un fondo naranja que alude las cárceles donde estos activistas estuvieron por su lucha, el artista esculpe los perfiles de: Marcus Garvey, Martin Luther King Jr., Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Ruby Dee y Fela Kuti.

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El reverso africano (II): Recolonizar las imágenes desde el Sur

El 1 de marzo de 1896, las fuerzas etíopes comandadas por el emperador Menelik II derrotaron al ejército italiano en la batalla de Adwa. Era la primera vez que un país africano vencía a una potencia europea.

El 1 de marzo de 1896, las fuerzas etíopes comandadas por el emperador Menelik II derrotaron al ejército italiano en la batalla de Adwa. Era la primera vez que un país africano vencía a una potencia europea. Fuente: A.Davey.

Continuamos con la serie que empezamos hace una semana sobre conflictos en el continente llevados a la gran pantalla, pero hoy toca mirar al Sur. Algunos de los trabajos cinematográficos africanos en esta línea procuran, precisamente, otorgar una respuesta prolongada que reaccione ante los colosales obstáculos interpuestos por la historia dominante escrita desde una parte del mundo –léase guiones–. Y son cada vez más los foros en el que la mirada made in África, la de los directores que pelean por sacar adelante sus producciones alternando la alquimia con la burocracia de las subvenciones, acerca a un primer plano el séptimo arte africano. No obstante, no dejan de ser fundamentalmente arenas especializadas como la del Festival de Cine Africano de Córdoba, que el próximo 11 de octubre y hasta el 19 cumplirá su décima edición, y cuya repercusión, en el mejor de los casos, se limitará a un breve espacio en los medios de comunicación nacionales e internacionales.

Cartel de la 10ª edición del Festival realizado por la hispano-sudanesa Dar Al Naim Mubarak.

Cartel de la 10ª edición del Festival realizado por la hispano-sudanesa Dar Al Naim Mubarak.

Franz Fanon reconocía la importancia crucial para los pueblos subordinados de afirmar sus tradiciones culturales y recuperar sus historias reprimidas. De aquí que el papel de las cinematografías en África sea crucial para desnudar la historia y reescribirla con voz propia, desde otra óptica, con otras lenguas y como herramienta contestataria a la cultura empaquetada desde las industrias del pensamiento dominante.

A pesar de ser el cine más joven de todo el mundo (a penas 50 años) mantuvo una coherencia narrativa determinante en los años posteriores a las independencias en el continente. Así lo manifestaron Yemane Demissie en Tumult (1996) al reflejar las luchas en Etiopía contra Haile Selassie; o Raoul Peck al filmar Lumumba (2000) y Jon Akomfrah al retratar la vida del también carismático líder Nkrumah en Testa­ment (1988). En los últimos tiempos varias obras han retratado los conflictos armados durante las décadas de los 90 y 2000 en el continente como Zulu Love Letter (2004), de Ramadan Suleman, que retrata la realidad sobre el apartheid; Sometimes in April (2005), de Raoul Peck, sobre el genocidio de Ruanda, una visión completamente diferente a la obra mencionada de Hotel Ruanda; o Ezra (2007), de Newton Aduaka, una obra que se adentra en los comités de reconciliación de los niños soldado en Sierra Leo­na y que ganaría en 2007 el Caballo de Oro en el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (FESPACO).

En la búsqueda de nuevos espacios para el diálogo sobre conflictos, invasiones e intervenciones en África serían también interesantes títulos como los siguientes: Des fusils por Banta (1971) sobre la guerrilla en Guinea Bissau y Sambizanga (1972) sobre la libe­ración de Angola, ambas de la directora Sarah Maldoror; Struggle for a free Zimba­bwe, (1972) de Kwate Nee-Owoo; Sarrounia (1986), de Med Hondo, que narra la historia de la reina y jefa mi­litar de las Aznas de Níger en su lucha frente a la penetración francesa; Mortu nega (1988), de Flora Gomes, que muestra un retrato nostálgico de los combatientes en la independencia de Guinea Bissau; o Adwa: an african victory (1999), de Haile Gerima, sobre la victoria etíope frente a los italianos en 1896.

El secuestro ahogado de las imágenes y la negación irracional de su propia historia a la que el continente ha estado sometido a lo largo de varios siglos ha motivado que los conflictos armados que tienen lugar en él tiendan a reducirse con visiones estereotipadas sin cabida al análisis y la contextualización. Las grandes producciones de cine occidentales –aquellas realizadas bajo un decorado africano– continúan acomodadas en guiones dramáticos en el que el papel de los africanos se reduce a un segundo plano y en el que la rentabilidad es la prioridad. Se sigue obviando, por lo tanto, que las guerras africanas contemporáneas deben enmarcarse en una red de actores con intereses determinados en la lógica del conflicto; por lo que la necesidad de observarlos desde la gran pantalla africana pasa por el visionado y la escucha activa de las voces procedentes del propio continente. Premisas como éstas pueden contribuir a una aproximación más acertada de la siempre coral, heterogénea y dinámica realidad subsahariana.

Lumumba, Césaire y ‘Una temporada en el Congo’

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A Season in the Congo (1965) o Una Temporada en el Congo es una de las obras de teatro[1] del poeta, dramaturgo y hombre de política de la Negritud[2]: Aimé Césaire (1913-2008). El título de la obra es un guiño a Un Saison en Enfer o Una Temporada en el Infierno (1873) de Arthur Rimbaud, aludiendo al infierno político y social que vivió el país en el momento en que la obra fue publicada. Césaire fue una de las figuras más decisivas contra el imperialismo francés, alzando su voz desde Martinica y convirtiéndose en uno de los intelectuales más prominentes de la literatura francófona del siglo XX. El pasado 26 de Junio se cumplía el centenario de su nacimiento y no se podría haber festejado de mejor forma que con la celebración de la nueva realización de ésta obra imprescindible, sobre escenarios europeos.

El director británico Joe Wright se ha sumergido en el libro del antillano más de cuatro décadas después de su publicación y trabajado cada detalle de la obra, para mostrar a la audiencia del Teatro Young Vic de Londres (desde el 6 de Julio y hasta el 10 de Agosto) la vigencia y actualidad del relato de la historia del Congo. Para ello, Wright y parte del equipo se trasladaron a Kinshasa para encontrarse con los familiares y conocidos de Patrice Lumumba, protagonista indiscutible de Una temporada en el Congo. Sobre terreno, el equipo descubrió que hay mucho en común entre el antiguo Zaire y el Congo actual, donde el caos y la corrupción siguen beneficiando a empresas y hombres de negocio extranjeros, tanto como a sus socios locales. Fruto del trabajo de investigación previo y de la comprensión de las décadas de conflicto y corrupción que vive el país, la obra se ha sabido actualizar y se ha convertido en un relato imprescindible para comprender la situación económica y política que vive el antiguo Zaire.

En general, la obra constituye una dura sátira del periodo de independencia de la República Democrática del Congo, repasando el auge y la caída de un sueño emancipador prácticamente efímero. La trama narra cómo los colonos belgas afrontan los movimientos independentistas y describe como Lumumba, líder socialista de la independencia zaireña (1960), es perseguido y delatado por miembros de su propio gobierno, como es el caso de Mokutu –nombre que adquiere Mobutu Sésé Seko en la obra-, quien conseguiría “el trono” por la fuerza y con el apoyo de los antiguos colonizadores. El complicado armazón político de la Guerra Fría y las artimañas jugadas por los belgas y los norteamericanos durante éste periodo, son señalados por Césaire, sin titubeo, como principales causas de las frecuentes torturas, encarcelamientos y posterior asesinato de Patrice Lumumba.

Antes de su publicación, los belgas intentaron por todos los medios censurar la obra, que fue ferozmente defendida por intelectuales africanos y antillanos instalados en París durante esos años, alrededor de círculos que liderarían las independencias. En la actual representación del Teatro Young Vic de Londres, Wright consigue mostrar este complejo de superioridad del colonizador, descubriendo un poder belga que observa a los africanos desde arriba hacia abajo, y utilizando marionetas que representan los socios de la administración colonial, tanto como a los nuevos siervos de la modernidad congoleña.

Chiwetel Ejiofor, el actor que representa a Lumumba en la obra 'The Season in the Congo'.

Chiwetel Ejiofor, el actor que representa a Lumumba en la obra ‘The Season in the Congo’.

Lumumba, interpretado por el actor británico-nigeriano Chiwetel Ejiofor, se presenta en el Young Vic Theatre como un comerciante de cerveza que vende el adormecedor alcohol que introdujeron los europeos en el continente. Pero el personaje de Lumumba va adquiriendo poco a poco los tonos revolucionarios que lo han llevado a ser entronizado como uno de los mártires de la historia de África. Los críticos ingleses están dejando la interpretación magistral del actor por las nubes. De su personaje dicen que humaniza a Lumumba de manera soberbia y escalofriante, haciendo sentir la pasión y los ideales del “profeta” a través de monólogos que hacen erizar el bello; así como que parte el corazón al transmitir la amargura y la derrota de ver como el proyecto nacional del Congo se convierte en la sombra de un sueño inalcanzable.

El reparto de la obra se caracteriza por la participación de un gran elenco de músicos y bailarines, de la compañía Umoja, que ayudan a construir el discurso. Entre ellos, las coreógrafas Lydie Alberto, Nandi Bhebé o los congoleños Josepha Madoki como bailarina y el músico Kaspy N’Dia. Pero también consta de la participación del increíble coreógrafo belga-marroquí Sidi Larbi Cherkaoui, cuyo trabajo está siendo muy aplaudido. Otro papel que tiene que ser destacado es el de los banqueros, caricaturizados por la avaricia y la corrupción, y que se erigen como símbolos del flagrante fracaso del proyecto nacional.  Un fracaso muy ligado a la codicia que regna en torno a los recursos que el colono nunca dejó de ambicionar: las minas de oro y diamantes.

En definitiva, toda una proeza para la memoria de dos personajes clave en la historia de África y la diáspora, pero también una historia crucial para comprender la actualidad de uno de los puntos calientes del continente.

 

Para más información: 

Poetry Foundation 

Huffington Post

BBC

 


[1] Une Saison au Congo (1965) es el segundo de los trabajos sobre las resistencias a la dominación colonial, lo que Césaire llamó su “tríptico” de obras, cuya primera entrega fue La Tragédy du roi Christophe (1963) y que termina con Un Tempête (1969).

[2] El término ‘Negritud’ nace a finales de los años 30, y gana popularidad durante los 40, 50 y sobre todo 60. Es una expresión poético-literaria, cultural y humanista relacionada con la descolonización de África y/o el Caribe que se erige como crítica a los modelos moderno-coloniales. ‘Negritud’ es un sinónimo de resistencia a la enajenación y a la asimilación cultural provocada por los mecanismos de dominación colonial (Valdés García, 2012:113).