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London Film Africa: apostar a caballo ganador

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La semana pasada, Londres celebraba el festival de cines africanos, London Film Africa, fundado en 2011 por Lindiwe Dovey, la profesora y académica de SOAS (University of London) de referencia para el estudio de cines y festivales de cines africanos, y Namvula Renie, cantautora y fotógrafa. Ambas dejaron un legado que ha lucido en la tercera edición de este festival, con la programadora Suzy Gillet, quien, según informaba la Royal African Society, entidad organizadora del London Film Africa, asumiría el cargo desde julio. Tras la proyección de Of Good Report (Jahmil X.T. Qubeka, 2013) una película que mostraba la madurez de la industria cinematográfica en Sudáfrica, cuyo “informe” no obstante, dejó en ocasiones al público tan enmudecido como el propio personaje del profesor Parker Sithole (interpretado por Mothusi Magano), se creó una expectación por los diez días de cine que acababan de comenzar en la capital británica.

Desde seis cines ubicados en seis distintos puntos de la ciudad, BFI en Southbank, Ciné Lumière en South Kensington, Hackney Picturehouse en Hackney, Rich Mix en Shoreditch, Ritzy cinema en Brixton y South London Gallery en Peckham, una muestra de 64 películas africanas llegaba a distintas audiencias, y hacía, a las más cinéfilas, viajar hasta una hora de un sitio a otro para conseguir asistir al mayor número de eventos y proyecciones. El resultado puede traducirse en cifras, con más de 4.000 entradas vendidas, y un 50% de películas agotadas; algunas, días antes de la proyección, según informaba el director delegado de la Royal African Society, Richard May, durante la clausura; y que la programadora, Suzy Gillet, ya agradecía durante el festival: “comprar una entrada para ver una película es un acto político, dado que permite la existencia del festival”.

Ha habido 25 estrenos a nivel británico, entre ellos, Jeppe on a Friday (Arya Lalloo, Shannon Walsh, 2013), agotada, cuyas directoras hablaron ya, de ese documental sobre un día en un barrio sudafricano, retratado a través de distintos perfiles, semanas antes, en el décimo Festival de cine africano de Córdoba-FCAT; otro título que pudo verse en Córdoba, pero que esta vez traía al director angoleño, Joao Viana, para el debate posterior a su película A batalha de Tabatô (2012), agotada también en Londres, pero que volverá el 5 de diciembre con motivo del Festival de cine portugués, en presencia de nuevo del director; Cursed be the Phosphate (Sami Tlili, 2012); 2morrow Far Away (Jean Baptiste Saurel, 2012); The Africa China Connection (Pieter van der Houwen, 2012); Coz Ov Moni II (King Lu); Death Metal Angola (Jeremy Xido, 2012) y Mercy Mercy (Katrine Riis Kjaer, 2012).

Se han proyectado también títulos de referencia en los cines africanos con un destacado protagonismo senegalés, como La noire de… (1966), primer largometraje de Ousmane Sembène, cuyo tema sigue de actualidad. Se proyectaba también el primer cortometraje de este “padre” del cine africano, Borom Sarret (1963), junto con Tey (Alain Gomis, 2012) otra de las novedades de este festival: proyecciones dobles cuyas películas integrantes podían relacionarse más directa o indirectamente. Borom Sarret se considera la primera película narrativa dirigida por un cineasta africano, cuyo realismo social reflejaba el compromiso de Sembène con la localidad, frente al colonialismo francés exacerbado, respondiendo a la contemporaneidad y superando así el discurso de la supuesta “pureza” africana. Para Alain Gomis, la estrella tan esperada en este festival, tras su triunfo en FESPACO cuando su película Tey se alzó ganadora, mostrar su largometraje tras el corto de Sembène fue un halago: “Sembène no quiso que sus películas fueran a competición en FESPACO, porque quería dejar ese reconocimiento a los jóvenes cineastas, tal vez por eso yo he sido el primer senegalés en ganar en FESPACO”, bromeaba el director, con un sentido del humor y una capacidad reflexiva sobre su cine que cautivó a las audiencias. Podría decirse que el sábado todos los asistentes a la proyección doble de Borom Sarret y Tey echaron el día con Alain Gomis en BFI, pues empezó a las 14.00 y terminó a las 18.00, ya que el debate se alargó más que casi la proyección doble, y cuyas reflexiones continuaban aun cuando hubo que desalojar la sala porque comenzaba la siguiente película.

Alain Gomis: “No sé por qué la gente sigue viendo África como un gran safari. Ese es su problema. Pero hay que avanzar”

Cartel de la película Tey, dirigida por Alain Gomes.

Cartel de la película Tey, dirigida por Alain Gomis.

No era la primera vez que Tey se proyectaba en el festival, no era el estreno el objetivo de esta elección de programación. Además, ya el último London Film Africa pudo disfrutar de la presencia del actor constante de Gomis en sus tres películas -además de guionista en Tey junto al director-, Djolof Mbengue. Esta vez, se trataba de dar a conocer la trayectoria de directores destacados en el panorama cinematográfico africano, en una nueva sección llamada 3×3, que arrojaba luz a tres directores clave mediante tres de sus películas. De Gomis pudieron verse, por orden cronológico: L’Afrance (2001) y Andalucia (2007), todas ellas, con una profunda reflexión sobre la condición humana, en la que resulta difícil hablar de identidad, puesto que “todos de algún modo somos extranjeros hasta de nosotros mismos”, subrayaba Gomis en la ronda de preguntas posterior a las proyecciones.

L’Afrance utiliza la inmigración como punto de partida para explorar estas cuestiones, con una puesta en escena que desde el principio da en la clave de los principales temas en torno a la inmigración -la falta de comunicación con la familia, la educación o el compromiso del retorno-. De esta forma, deja constancia el protagonista, El Hadj (Djolof Mbengue), con estas declaraciones: “Estoy cansado de ser el extranjero”,  “estoy harto de ser negro, soy senegalés”. También hay momentos de catarsis donde El Hadj repite una y otra vez: “¿Cuántas personas mienten sobre la situación en Francia? Francia, el Dorado…”.

Andalucía se centra en un personaje argelino, Yacine (interpretado impecablemente por Samir Guesmi), para mostrar cómo muchas veces, uno se siente más uno mismo en espacios que se suponen ajenos y extranjeros, en este caso, en Toledo, donde Yacine reconoce a toda su familia en los cuadros de El Greco, y en Andalucía, que, según el director, tiene ese contacto directo que Yacine necesitaba y que da lugar a ese final en el que Yacine siente volar entre las montañas de Granada.

Con estas reflexiones, sobre la lucha diaria y la vivencia del presente, Alain Gomis trata los temas que “afectan al 95% de la población”. Así, pretende que el espectador pueda reapropiarse parte del significado de sus películas, conectar esos detalles y esas pistas que él da en sus producciones, en las que muchas veces es más importante lo que muestra que lo que no muestra, colocando al espectador en una posición de intimidad. “No sé por qué la gente sigue viendo África como un gran safari. Ese es su problema. Pero hay que avanzar”. Estos cines, como han mostrado las distintas interpretaciones de su película Tey, abordan temas que pertenecen a todo el mundo, por eso se ven distintos símbolos que pertenecen a distintas culturas, para que no se reconozca a Satché, el personaje principal (Saul Williams) con una sola cultura. Alain Gomis hizo referencia a Djibril Diop Mambeti, en cuanto a su forma de escribir un guión: “Hay que cerrar los ojos y hay pequeños puntos que empiezan a aparecer y esos pequeños puntos se transforman en historias y en personajes. Al final lo que dice Mambety es que para ver la luz, hay que cerrar los ojos. Yo creo que esa es una definición hermosa del cine”

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De este otro gran padre del cine africano, Djibril Diop Mambeti, también senegalés, pudo verse Touki Bouki (1973), en una proyección doble junto con Mille Soleils (2013), realizado por su sobrina, Mati Diop, de la que se hacía una crítica en Wiriko a finales de octubre, con motivo de su premio Griot al mejor documental en el décimo Festival de cine africano de Córdoba-FCAT. Diop fue otra de las cineastas seleccionadas para este 3×3, de la que pudo verse el documental de 15 minutos, Atlantiques (2009), proyectado también junto a La Pirogue en The Ritzy; ambos fueron introducidos por Ashley Clark, editor de contenidos y coordinador de redes sociales, y Clarissa Azkoul, directora de Misión en la International Organization for Migration (IOM) UK. Dos films cuya temática, la inmigración clandestina, conmocionó a la audiencia puesto que fue posiblemente la única película del festival en la que no hubo aplausos tras los créditos. La Pirogue (2012) se había proyectado ya en Londres con motivo del London Film Festival, arrasando también en las pantallas. Lo mismo ha sucedido con la última película de Andrew Dosunmu, Mother of George (2013), que vino a la primera edición de London Film Africa con Restless City (2011), y que volvió a agotar las entradas a pesar de no ser el estreno en Reino Unido.

Mati Diop, no sólo es sobrina de Mambety, sino hija de Wasis Diop, compositor de la banda sonora de Daratt (2006), A Screaming Man (2010) y Grisgis (2013), las tres películas de Mahamat-Saleh Haroun, el otro director homenajeado en el 3×3, siendo Grisgris la que clausuraba estos diez días de cine, demostrando el éxito de la apuesta a caballo ganador del festival.

GrisGris (2012), película del director Mahamat-Saleh Haroun

GrisGris (2012), película del director Mahamat-Saleh Haroun.

Además de las 64 películas, London Film Africa organizó numerosas actividades de gran interés durante el festival, la gran mayoría de ellas gratuitas, y con muchísima participación del público gracias al poder de convocatoria de actores, directores, productores y escritores de la diáspora africana. El día para la familia, en patrocinio con Numbi Arts y Open The Gate; proyecciones de los cortometrajes My Shoes y When They Slept, este último, ganador del Premio Baobab; un mercado africano, organizado por Open The Gate; talleres organizados por NUMBI Arts; el programa Escuela, en patrocinio con Picturehouse Education, con proyecciones de cortometrajes en colegios de primaria y secundaria, seguidos de un debate con los programadores sobre los temas de los que tratan los cortos; un taller sobre cómo encontrar buenas historias en tu propio barrio, con las directoras Destiny Ekaragha y Bola Agbaje; y noches de música Film Africa Live!, en patrocinio con el ático de Hackney y The Ritzy – JUJU! y Seeds of Creation (Argelia), Kuduro con DJ El Moreno (Angola) y DJs Fad2 y FrenchKiss en la clausura; un debate en profundidad con Judy Kibinge, cuya tercera película, Something Necessary (2013), ha sido programada en esta edición del festival, en el London Film School; y el patrocinio a la conferencia sobre Cine africano y política, celebrada en la Universidad de Westminster, con la intervención de Jean-Pierre Bekolo, cuyo último film, Le Président, ha podido también verse en el festival. Finalmente, el hasta ahora foro de la distribución se ha ampliado al foro de industria: el negocio del cine en África, con el patrocinio de BFI Southbank y Euromed Audiovisual III, del que se volverá a hablar próximamente en Wiriko.

La Royal African Society, que ha destacado el trabajo del equipo de programación, y agradecido el patrocinio del British Council, Centre of African Studies de SOAS (University of London), MOFILM, Euromed Audiovisual y Miles Morland, concluye así con éxito otra edición del festival de cine africano de mayor envergadura en Reino Unido, y uno de los más importantes a nivel europeo.

 

Viajar como antídoto contra el pasado: “Mille soleils”

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

Mati Diop, directora de 'Milles soleil', premio al mejor documental en el FCAT Córdoba.

Mati Diop, directora de ‘Milles soleils’, premio al mejor documental en el FCAT Córdoba.

Sin duda, Mille Soleils se presenta como uno de los documentales con más peso en lo que va de año tras alzarse con el Gran Premio en la competición oficial del Festival Internacional de Cine Documental de Marsella (FID) el pasado julio y, más recientemente, con el Griot al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT). El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.

Fotograma del actor Magaye Niang que interpreta a Mory cuarenta años después.

Fotograma del actor Magaye Niang interpretando a Mory cuarenta años después en ‘Milles soleils’.

Los matices -muchos- cuarenta años después han variado, pero perdura la esencia innata de mejorar el contexto en el que uno vive. Mambety dibujó con precisión en 1972 a dos jóvenes inconformistas que soñaron con un futuro mejor que nunca llegó, que para alcanzarlo se liberaron de un pasado local, y cuyas historias confluyeron en amor y rebeldía rumbo a Europa. Y Diop en Mille Soleils presenta una historia sobre la familia, la transmisión, la herencia y la ruptura donde la historia personal del protagonista se difumina con la propia historia del cine.

El juicio que se plantea al espectador no es para nada sutil: los desgarrados que se quedan en tierra, representados por los animales que permanecen inocentes en el matadero antes de su muerte, y los que comprendieron el concepto del hogar una vez que salieron y tuvieron que confrontar el dolor y el miedo, representados por Anta (Marème Diang). “¿Viajar? ¿Era necesario?”. El movimiento final que plantea el documental no solo es geográfico sino introspectivo apelando a la conciencia del tiempo.