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Mia Couto, de cazadores y contadores de historias

La confesión de la leona es antropología en estado puro. Antropología empaquetada de la mejor manera para ser entendida. No es una excusa, el escritor mozambiqueño Mia Couto explica la sociedad de su país desde las raíces más profundas, las creencias, los miedos, los anhelos, la indeleble cicatriz de una guerra civil. Y no es extraño. No es extraño que Couto busque las raíces, como tampoco lo es que sea capaz de explicarlas de la forma más accesible. En el primer caso, porque le puede su atracción por la biología, una biología entendida desde una dimensión muy particular. La segunda, porque Couto se ha hecho conocido por contar, pero seguramente mucho menos pública, pero no menos importante, es su capacidad para escuchar.

El escritor mozambiqueño, Mia Couto. Foto: Carlos Bajo

El escritor mozambiqueño, Mia Couto. Foto: Carlos Bajo

Después de su charla en el marco de la exposición Making Africa, en el CCCB de Barcelona, Wiriko tuvo la oportunidad de compartir una breve conversación informal con el escritor mozambiqueño. Fue en el contexto de una comida con un reducido grupo de periodistas, editores y libreros, en el que Couto evidenciaba que lo que más le interesaba era escuchar lo que los demás tenían que contarle. El novelista, que habla de manera pausada y transmite serenidad en el cara a cara, estaba deseoso de saber lo que los otros, los desconocidos, tenían que contarle.

la_confesion_de_la_leonaMia Couto es biólogo “por vocación, porque la biología es un lenguaje que conecta con otras criaturas, con otras formas de lenguaje”, confesaba. Más allá de su inagotable producción literaria, el autor dedica su tiempo a su consultoría, en la que hacen estudios de impacto medioambiental. Pero su enfoque es particular. Sus informes medioambientales incluyen el impacto de los proyectos en la naturaleza, evidentemente, pero también en las sociedades, en las creencias, en la dimensión antropológica de las comunidades que viven en unos terrenos concretos. Basta leer La confesión de la leona, para ver cómo Couto se aproxima a esas comunidades, como las disecciona y las escucha para comprenderlas. En sus estudios de impacto medioambientales da las instrucciones para preservar esa riqueza. En sus novelas (y especialmente en La confesión de la leona) las explica usando como excusa la ficción narrativa.

“Huyo de las certezas científicas”, asegura Mia Couto. Y no deja de sorprender semejante afirmación de un científico, de un biólogo en activo y convencido de su labor. “A veces tenemos la arrogancia de pensar que podemos entender el clima”, señala Couto que advierte que en ocasiones se abusa del discurso del cambio climático y se usa como pretexto. “Creo que para muchos es una manera de eludir responsabilidades. Cuando atribuimos algo al cambio climático estamos hablando de algo que no tiene rostro, no tiene un responsable concreto. Y, sin embargo, con ese pretexto tapamos los efectos de lo que son decisiones políticas”, advierte el escritor que alerta: “No se puede comparar esto con el discurso de Bush, está claro”. “El mayor riesgo medioambiental es la miseria”, sentencia el biólogo que Couto lleva dentro.

A pesar de los esfuerzos por el mantenimiento del medioambiente, el escritor reconoce la encrucijada en la que se encuentra Mozambique. Por un lado, considera que el turismo puede ser un aliado de la defensa del medioambiente, puede ser un acicate para la protección de la naturaleza. Sin embargo, preguntado sobre el impacto del turismo en las comunidades locales y en su forma de vida, Couto no puede más que reconocer que esa relación es mucho más compleja. “Habitualmente el turismo se relaciona de una manera perversa con las comunidades locales. Únicamente tiene una visión folclórica”, se lamenta. Y se divierte explicando que en algunas de las lenguas de Mozambique no existe una palabra para “turista” y que el equivalente sería algo así como “el que viene a visitarnos”.

Kulumani, el pueblo en el que se desarrolla la historia está lleno de secretos. Las costumbres, las creencias, las tradiciones, todo se ha visto condicionado por hechos traumáticos. Las historias de los personajes van poniendo de manifiesto el impacto de la colonización portuguesa, primero, pero después también por una guerra civil difícil de superar. La incomprensión, a veces, una mala interpretación de la modernidad, en otras, siguen retorciendo aún más esas formas de vida. Nadie es feliz en Kulumani. Esa es una de las claves y, en especial, las mujeres. Es imposible desgranar todos los aspectos antropológicos que la historia va poniendo al descubierto. Pero Couto consigue que la narración fluya, de manera natural y el lector acaba teniendo tanto interés por saber de dónde salen las leonas que han puesto la vida del pueblo patas arriba, como de conocer cuál es su final, en la cacería que llevan a cabo los protagonistas.

Mia Couto se ha esforzado por conocer y transmitir las culturas de Mozambique. Foto: Carlos Bajo

Mia Couto se ha esforzado por conocer y transmitir las culturas de Mozambique. Foto: Carlos Bajo

En La confesión de la leona, Couto transmite la existencia de una sociedad en la que los principios son bien distintos de los del visitante. Hace tiempo que se intenta encajar a este escritor, eterno acreedor del Premio Nobel, en una categoría particular, el “realismo mágico africano”, que no es sino la resistencia de la industria editorial, de los críticos y de los analistas a aceptar realidades diferentes. Hace años también que Couto elude en cuanto puede esa categoría asegurando que “en Mozambique el realismo mágico es realismo”. Ese es el matiz que deberían entender los lectores occidentales de Couto: no están leyendo una novela fantástica, sino el relato real de una sociedad en la que las creencias tienen un valor diferente al que tienen en el mundo occidental y en el que la realidad no se limita a lo que se ve.

En la conversación Mia Couto se muestra dispuesto a contestar incluso, a la que seguramente debe ser la pregunta más odiosa (por tediosa) y más odiada por un escritor: ¿qué hay del autor en dos de los personajes principales, Gustavo, el escritor, y Arcángel, el cazador? No la responde por convención, para cumplir, ni para contentar. Lo hace con calma, con la misma serenidad con la que habla todo el tiempo, esa con la que de verdad intenta comunicarse (en mayúsculas) con su interlocutor. “Hay un poco en cada uno de ellos”, dice, “porque creo que no basta con crear personajes, hay que vivirlos”. Resulta curioso porque los dos son aparentemente antagónicos, pero está claro que, a través de ellos, Couto conjura algunas de sus cuentas pendientes y puede desarrollar su autocrítica. La última confesión del escritor: “Los cazadores son grandes contadores de historias. Creo que, en otro tiempo, tan importante como la pieza que se cobraban, era la historia de la cacería que eran capaces de contar”.  Eso es lo que hace Couto, cazar historias, relatar capturas, explicar el mundo, en realidad.

¿Están, por fin, los escritores africanos conquistando su espacio?

Imagen de los finalistas de la presente edición de The Man Booker International Prize

Imagen de los finalistas de la presente edición de The Man Booker International Prize

Quizá sólo sea una sensación o quizá tengamos tantas ganas de que ocurra que hacemos una interpretación intencionada, pero algunos indicios nos hacen pensar que, después de décadas de menosprecio, los escritores africanos están conquistando el espacio que les corresponde. Hemos visto a autores como Chimamanda Ngozi Adichie o Binyavanga Wainaina aparecer en listas de los mejores libros del año o de las personas más influyentes. Hemos visto también a escritores africanos como el fallecido Chinua Acheve o, más recientemente, Ngũgĩ wa Thiong’o aparecer en las quinielas del Premio Nobel de Literatura. El último de estos indicios acaba de hacerse público, es la lista de finalistas de uno de los premios literarios más prestigiosos del mundo, el Man Booker International Prize 2015. Esta lista, formada por diez autores, incluye cuatro africanos y, más concretamente, tres de África subsahariana y uno de África del Norte.

Es cierto que los responsables de este premio, que cuenta seis ediciones, no se caracterizan por arriesgarse especialmente en sus nominaciones y que apuestan habitualmente por carreras consolidadas. En esta última lista de nominados aparecen dos de las figuras más incuestionables de la literatura contemporánea africana, el mozambiqueño Mia Couto y el congoleño Alain Mabanckou. El tercer nombre de África Subsahariana que aparece en la lista es quizá algo menos conocido. Se trata de la sudafricana Marlene Van Niekerk.

De hecho en la historia del premio y hasta la presente edición, sólo dos autores africanos habían sido seleccionadas como finalistas y sus nombres no resultan nada sorprendentes. Se trata del nigeriano Chinua Acheve, en 2007, y el keniano Ngũgĩ wa Thiong’o, en 2009. Precisamente, Acheve consiguió ganar este premio.

Arriba a la izquierda, Alain Mabanckou; a la derecha, Marlene van Niekerk; abajo a la izquierda, Mia Couto; y a la derecha, completando el cuarteto africano, el libio Ibrahim al-Koni.

Arriba a la izquierda, Alain Mabanckou; a la derecha, Marlene van Niekerk; abajo a la izquierda, Mia Couto; y a la derecha, completando el cuarteto africano, el libio Ibrahim al-Koni.

Curiosamente los autores seleccionados escriben en lenguas diferentes. Mia Couto, lo hace habitualmente en portugués; Mabanckou, en francés; y Marlene Van Niekerk, en afrikáans. Este último dato, resulta también importante, la autora sudafricana escribe en una de las lenguas nacionales africanas y, a pesar de ello ha sido seleccionada para un premió internacional del calado del Man Booker International Prize. Aunque no hay que obviar que prácticamente todas sus obras han sido traducidas al inglés y Triomf, la novela que le dio una mayor popularidad, fue también llevada al cine.

En la presentación de la lista de finalistas ha tenido un especial protagonismo la cuestión de la diversidad. La presidenta del jurado, Marina Warner, en su comparecencia oficial hizo declaraciones como que “los escritores seleccionados ofrecen una extraordinaria variedad de experiencias” o que “la ficción puede ensancharnos el mundo a todos”. Precisamente esta última idea es la que lleva a reclamar el reconocimiento de los escritores africanos, porque si la literatura ayuda a ampliar los horizontes, no se pueden obviar las producciones de un importante porcentaje de la población mundial y de una literatura que además aporta una visión muy particular.

Se ha destacado en todos los ámbitos que seis de los escritores que aparecen en la lista de finalistas pertenecen a países que nunca antes habían tenido representantes en esta fase final premio. Lo que pone de manifiesto que los responsables del premio han hecho un esfuerzo por abrir sus propios horizontes. Por primera vez, además no hay dos aspirantes de la misma nacionalidad. Y The Guardian, por ejemplo, destacaba que escritores de renombre mundial, como Karl Ove Knausgaard y Haruki Murakami habían quedado fuera de la lista, lo que avala la importancia del premio.

La lista se anunció recientemente en la localidad sudafricana de Ciudad del Cabo y el nombre del autor ganador se anunciará el 19 de mayo en Londres. El escritor que finalmente se haga con el premio será galardonado con 60.000 libras. En todo caso, sea o no uno de los tres creadores de África Subsahariana el que aparezca en el anuncio definitivo, la literatura africana ha dado, sin duda, un nuevo paso hacia la normalización de su reconocimiento.

Añadiendo mundos al mundo: el espejo del realismo mágico africano *

Artículo escrito por Sonia Fernández Quincoces: Licenciada en Derecho (UPV-EHU). Aficionada a la lectura, en la actualidad tiene un blog de Literaturas africanas (LitERaFRicA), que comenzó al comprobar el vacío de información que existía sobre las letras africanas y con el que ha descubierto que se estaba perdiendo un océano de buena literatura.

* “Añadir mundos al mundo” es una expresión prestada del escritor Sony Labou Tansi.

Obra de Muluken Debebe (Metherara, Etiopía 1978). Fuente: http://www.artofethiopia.com

Obra de Muluken Debebe (Metherara, Etiopía 1978). Fuente: www.artofethiopia.com

Junto al “realismo mágico” suelen aparecer, al menos, tres medio-verdades: una, que es un movimiento literario; dos, que lo creó Gabriel García Márquez y tres, que se circunscribe al mundo latinoamericano. Sin embargo, abarca más campos como la pintura o el cine; se le ha asignado otros padres aunque sea García Márquez el máximo exponente en el ámbito literario, y aparece en otras geografías además de, por supuesto, en Latinoamérica.

Desde el continente africano, Alain Mabanckou en su obra “Memorias de puercoespín”, nos hace conocedores de una tradición popular según la cual cada ser humano posee su doble animal, creencia que forma parte de la realidad de los congoleños. Si la realidad es la base del “realismo mágico”, Mabanckou no fabula sino que transmite la realidad que él percibe, algo que se vive como tal por un grupo de personas. En la mencionada novela, a través de un recorrido literario, va señalando en otras obras la aparición de dobles animales: buenos, en el caso del gallo de “El coronel no tiene quien le escriba” de García Márquez, o nocivos, en el del pez de “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway, dando a entender que lo narrado no se ciñe a su país sino que se extiende por otros continentes. Otro ejemplo lo tenemos en el geco (o lagartija), doble animal del protagonista de la novela “El vendedor de pasados” del angoleño José Eduardo Agualusa. Lo que creo que intenta demostrar Mabanckou es que el “realismo mágico” es universal y que existe incluso antes de plasmarse en ninguna obra literaria, ya que describe una realidad a la que nosotros no estamos acostumbrados.

Obra de Mezgebu Teseba (Enewary, Etiopía 1960). Fuente: http://www.artofethiopia.com/

Obra de Mezgebu Teseba (Enewary, Etiopía 1960). Fuente: www.artofethiopia.com

En este sentido, Mia Couto afirma: “África está lleno de Macondos, de pueblos así, como el de Gabo (…) en Mozambique no es que se viva puro realismo mágico. Es que es  realismo real” [1]; y completando lo anterior, asevera: “En Mozambique, lo que no se ve es más importante que lo que se ve” [2]. De igual manera, José Eduardo Agualusa comenta: “En África, la realidad supera a la ficción. Hace unos años leí en un diario una noticia que hablaba de un hombre que había sido embrujado y al que le empezó a manar agua del cuerpo. La casa se llenó de agua y barro hasta que el hombre se transformó en un charco” [3]. Ben Okri, otro escritor al que se asocia con esta corriente literaria, dice: “Que la gente compare mis libros con los de García Márquez se debe a que tenemos esa percepción similar que no es occidental. El realismo mágico es un lugar transformado por la conciencia. Don Quijote es realismo mágico. En realidad, es una especie de Génesis. Es la conciencia que construye el paisaje por primera vez” [4].

En el continente africano, como hemos visto, también han surgido libros que se han relacionado con esta corriente literaria. En mi opinión poner etiquetas facilita el reconocimiento, pero empequeñece la diversidad. Me resulta difícil identificar en todas las obras africanas calificadas como “realismo mágico”, los detalles que las señalan como tal. A veces veo una mágica realidad, otras veces un realismo fantástico y otras pura fantasía. En algunas obras se da también la confluencia de los tres elementos y en otras apenas hay unas pinceladas. Crónicas abisinias de Moses Isegawa, El brujo y el cuervo de Ngũgĩ wa Thiong’o  y Tierra sonámbula de Mia Couto se suelen englobar bajo este término.

 “Girls with Flower”, de Getahun Assefa (Addis Abeba, Etiopía 1967). Fuente: http://www.getahun.com/

“Girls with Flower”, de Getahun Assefa (Addis Abeba, Etiopía 1967). Fuente: www.getahun.com

Cubierta de Crónicas Abisinias

Cubierta de Crónicas Abisinias

Considerado uno de los exponentes del “realismo mágico” africano (junto con Sony Labou Tansi o Zakes Mda, entre otros) y reconociéndose como tal, Moses Isegawa afirma: “El realismo mágico de García Márquez encuentra grandes correspondencias en África. En Uganda también escuchas historias tan fantásticas como las que cuenta García Márquez. De hecho, las vives diariamente (…) Cien años de soledad me sirvió de modelo para escribir mi novela” [5].

En su novela Crónicas abisinias Mugesi, el protagonista, hijo de madre profundamente católica, va describiendo aspectos de la vida social, religiosos, políticos, económicos y culturales. Y lo hace desde la narración de historias imaginadas, plenas de personajes que nos arrastran y nos ensueñan. El niño que ha de ocuparse de sus hermanos menores, bajo la situación de poder, tratada a veces con humor y a veces con espanto, de unos padres que  Mugesi no duda en calificar como “déspotas” y cuya imaginación es alimentada por las historias que cuenta el tío Kawayida, crecerá sin pelos en la lengua, contándonos sus travesuras, sus pequeñas venganzas, su despertar sexual, su enamoramiento más profundo y sin salida, su propia pesadilla, sus logros como hombre de negocios y su contacto con la guerrilla.

Podemos tomar Crónicas abisinias como la descripción de la infancia, adolescencia y madurez de un ugandés de familia humilde, que nace con la independencia de su país. Sin embargo, el mayor logro de esta obra es mostrarnos lo que ocurrió en Uganda en la segunda mitad del siglo XX, a través de un recorrido vital escrito de manera minuciosa sin que decaiga el interés, de manera clara. No se trata de una novela autobiográfica, pero hay mucho en los rasgos de su protagonista, Mugesi, en común con los del escritor.

Cubierta de El brujo del cuervo

Cubierta de El brujo del cuervo

Ngũgĩ wa Thiong’o es el autor de El brujo del Cuervo. Escrita en origen en lengua kikuyu o gikuyu, esta extensa novela de más de setecientas páginas, nos ofrece un penetrante análisis de la realidad poscolonial de una imaginaria República Libre de Aburĩria.

Un dictador, aupado gracias a una nube de seguidores, que son capaces de someterse a diversas operaciones de cirugía estética para llegar a ser su boca, sus ojos, su nariz y sus oídos, y que le mantienen en su estatus de “dios”.  Un proyecto delirante, “Camino al Cielo” que no es sino una altísima torre, que va a financiar el Banco Mundial, a la que  mediante una nave espacial, se elevará al soberano hasta tocar (cómo no) el cielo. Un pueblo tiranizado, pero no sometido, que hace interminables colas para conseguir trabajo. Una pareja mágica, que acaba convertida en el centro de los deseos de todos los que necesitan que la realidad sea diferente, empujándoles a mutarse en las dos caras de este brujo del cuervo.

Esta novela posee en su interior una especie de conjuro que hace que toda la historia arrastre, conmueva, divierta, entristezca, asombre y provoque que, en nuestras bocas, tan pronto aparezca la sonrisa como se nos hiele la comisura. Brillante en su escritura, Ngũgĩ nos traslada a una Aburĩria imaginada (pero a la que pronto podemos identificar) y poscolonial en la que los sucesivos gobernantes parecen ser siempre los mismos bajo diferentes disfraces. En la que la fuerza atronadora de un pueblo, que se levanta una y otra vez contra la barbarie y el despotismo, contra la corrupción y la negación hasta de los propios orígenes, es descrita con un lenguaje original, imaginativo y mágico, digno heredero de la tradición oral del continente.

Cubierta de Tierra sonámbula

Cubierta de Tierra sonámbula

La tercera novela es Tierra sonámbula de Mia Couto. Se inicia con la llegada a un machimbombo (autobús) quemado de dos seres que parecen venir de la nada (en plena guerra de Mozambique),  del lugar donde han sido despojados de todo, en un momento en el que “parecía que todas las sombras habían caído sobre el mundo”. Los camineros, en este caso, son el crío Muidinga, abandonado a su suerte  y el viejo Tuhair que lo ha acogido bajo su protección. Entre los restos del esqueleto quemado del vehículo encontrarán una maleta con los papeles que alguien ha abandonado; son los Diarios de Kindzu y, gracias a ellos, ambos pasarán las noches repasando aquellas vidas ajenas que reviven al ser leídas y les hacen huir de la realidad maldita que les rodea y de la que ya ni se asombran.

El texto sume al lector en un estado de  sonambulismo o incertidumbre; lo real aparece rodeado del mundo de los sueños o de los muertos, que se entrecruzan con naturalidad, como parte de la misma. Sus personajes pertenecen a esta categoría: el niño Junhito al que disfrazan de pollo para poder salvarle la vida y acaba desapareciendo, conservando quizás su forma animal, allí donde quiera que se encuentre; o Siqueleto cuyo máximo afán es hacer manar ríos, son dos ejemplos de los muchos que abundan en la obra.

“Tierra sonámbula” produce la sensación de hacernos entender que, a pesar de los pesares, el ser humano tiene resortes para continuar hacia delante, a través de la fuerza y la dignidad que transmiten sus personajes. Quizás sea que propone la lectura como vía para sobrevivir, para continuar, para reencontrarnos a nosotros mismos, para sentir que formamos parte de una cadena subterránea y que, a través de los libros, los sueños, lo real o lo mágico, se puede seguir avanzando, huyendo del árido y terrorífico presente, como el crío soñador, como el viejo prodigioso, con toda su humanidad intacta.

Dejo en vuestras manos el que las califiquéis como “realismo mágico”, “real maravilloso” o “mágica realidad”. En mi opinión esto es lo de menos, lo de más es garantizarse una buena lectura. Que esta nos muestre lo irreal o extraño, para nosotros, como algo cotidiano o normal, para otros, nos agranda y enriquece, al tiempo que nos ayuda a entender que fuera de nuestra manera de concebir la realidad hay más mundos, tan reales como los nuestros, solo tenemos que decidirnos y mirar a través de otros espejos.

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Crónicas abisinias, Mosés Isegawa – Ediciones B, S.A., 2000. Traducción de Luis Ogg.

El brujo del cuervo, Ngũgĩ wa Thiong’o – Editorial Alfaguara-Santillana, 2008. Traducción de Susana Rodríguez-Vida.

Tierra sonámbula, Mia Couto – Editorial Santillana, S.A-Alfaguara, 1998. Traducción de Eduardo Naval.

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Notas:

[1] “Mia Couto: África está lleno de Macondos, de pueblos así, como el de Gabo” 29/04/2013. Afribuku, Sandra Quiroz [Castellano] http://www.afribuku.com/miacouto/

[2] “Mia Couto: En África no es que se viva un realismo mágico, es realismo real” 30/09/2013. El País,  Lola Huete Machado [Castellano] http://elpais.com/elpais/2013/09/27/eps/1380282368_900161.html

[3]“Los escritores africanos Couto y Agualusa presentan dos novelas marcadas por la guerra” 25/04/2002. El País, Xabier Moret [Castellano]  http://elpais.com/diario/2002/04/25/cultura/1019685606_850215.html

Couto explicó el caso de un hombre que había afirmado que podía volar desde Isla Mozambique hasta La Meca. La plaza del pueblo se llenó ante el anuncio. El hombre, sin embargo, suspendió el vuelo a última hora alegando problemas técnicos, lo que provocó importantes disturbios

[4]”La voz de África” 29/12/2007. El País, Guillermo Altares [Castellano]  http://elpais.com/diario/2007/12/29/babelia/1198889418_850215.html

[5]”A la Feria del Libro de Bogotá llega el hombre que escribió el testamento de África del Sur”. Agencia de noticias literarias. com, Pablo Gamez [Castellano] http://www.noticiasliterarias.com/articulos_literarios/articulos%20literarios%2012.htm