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La migración senegalesa se proyecta en las Baleares

Los ciudadanos senegaleses constituyen el tercer colectivo de inmigrantes originarios de África en España, tras los marroquíes y los argelinos. Baleares, junto con Cataluña o Madrid, es una de las comunidades que concentra a un mayor número de migrantes senegaleses, según el informe Senegaleses en España de la antropóloga y filósofa de la Universidad Autónoma de Madrid Mercedes Jabardo. Por eso, no es de extrañar que el nuevo Festival d’Altres Cinemes haya escogido el corto senegalés Dem Dem! como una de las obras a proyectar en su primera edición, que se centrará este 2019 en los cines africanos.

El corto, que se proyectará el próximo viernes 15 de marzo a las 18:30 en el mítico CineCiutat de Palma, es una de las cintas más aclamadas del cine contemporáneo emergido de África desde su estreno, en 2017. Dirigida por Pope Bouname Lopy, Marc Recchia y Christophe Rolin, de Senegal, Bélgica y Luxemburgo, es una ficción repleta de fantasía de 25 minutos que cuenta con la interpretación de actores como con Dial Thiam, Léa Kane o Cheikh Omar Diaw.

La historia es tal que así: un joven pescador de Senegal llamado Matar encuentra un pasaporte belga en una playa de Dakar y decide utilizarlo para emprender un viaje hacia Europa. En su camino, se encuentra con N’Zibou, un científico loco que mide las nubes y que le obligará a replantearse la cuestión de la identidad.

Se trata de una pieza que evoca el famoso ‘Barça o Barzakh‘, una forma de expresar en wolof “Barcelona o la muerte”, que muestra la desesperanza de una juventud harta de promesas frustradas que ve en el viaje a Barcelona (Cataluña ha sido tradicionalmente la comunidad autónoma con mayor migración senegalesa) su única salida a la pobreza.

Después de que hace a penas una semanas, Macky Sall haya sido reelegido presidente de Senegal con un 58,2% de los votos según resultados provisionales facilitados por la Comisión Nacional de Recuento de Votos, la proyección de Dem Dem! en el marco del FAC se presenta como una oportunidad única para revisar el tema de las migraciones, la identidad híbrida de los migrantes en las Baleares o incluso los aspectos relativos al género entre los y las migrantes senegalesas en las Islas.

La poesía es mi manta: lo cotidiano como práctica creativa

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Por Camila Monasterio

Algo maravilloso ocurre en el acto creativo. De la nada emerge aquello que con un lenguaje propio nace para contar algo. Deseos, dolores, filosofía. Lo que sea que, conectando vísceras e intelecto, nos mueve hacia la expresión artística. Hay tantas maneras de crear como espíritus potencialmente creativos, y tantas posibilidades de participar del arte como maneras de entenderla y vivirla. En este sentido, ponerse a la obra en colectivo es un experiencia en la que el proceso de gestación, que suele ser algo íntimo, ha de darse con la confianza necesaria para que cada quien vuelque la parte de sí que quiera poner en el todo.

En ‘La poesía es mi manta’ ese espacio de intercambio ha servido para construir un espectáculo teatral donde se remezclan textos, versos y música. El objetivo es asomarse a los lados de las fronteras, hablar de cómo esas brechas geográfico-políticas, pero también cotidianas, nos impiden no sólo movernos libremente sino conocernos unos a otros en calidad de iguales. Porque en este collage escénico narrado de forma coral se traza el itinerario de un viaje, que aunque en inicio parezca el de aquel que marcha de África para llegar a Europa, es más bien el que hace el espectador al ponerse en la piel de quien está narrando su historia.

Las fuerza de ‘La poesía es mi manta’ reside, precisamente, en el poder de la primera persona. El relato no tiene sombra de duda en cuanto a su veracidad, ni está afectado del paternalismo que puede acompañar la representación de un drama cuando se mira desde fuera. Los y las protagonistas cuentan cómo dejan atrás a su gente, sufren el racismo y la persecución policial, sienten esa mirada a veces de sospecha, a veces de condescendencia y tratan de salir de la precariedad. Puestas en escena, poesía y música son el lenguaje con el que se narra, encontrando resonancias en quien observa que van más allá de los hechos que se desvelan.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Este espectáculo es una apuesta por conectar ambas orillas del escenario, e ir incluso más allá. Porque la dureza de la vida de las personas extranjeras, simplemente por serlo, es apenas conocida por quienes la padecen o por sus relaciones más cercanas. Y la justificación de por qué quienes migran merecen sólo una vida de segunda se acepta tácitamente por la sociedad, normalizando el racismo y la xenofobia. Pero un discurso articulado en el odio y el prejuicio se desmonta, simplemente, mirándose a los ojos y buscando ese lazo común. Y para eso, el teatro es un contexto poderoso. Por su desnudez y crudeza, y por su falta de artificios, es capaz de reproducir esa atmósfera de confianza inicial donde los integrantes de este grupo teatral compartían lo íntimo que finalmente, tablas afuera, se hace público.

El colectivo está compuesto por personas que un día decidieron migrar pero también por otras autóctonas que forman parte redes activistas de apoyo mutuo, o por aquellas que comparten afinidades artísticas que van desde la música, la escritura o el teatro. Lo que une a este grupo heterogéneo es, más que nada, el placer por esos versos, melodías y puesta en escena. El rap, el soul, la poesía. Composiciones propias entreveradas con otras del autores/as de renombre que desdibujan, precisamente, esa firma con nombre propio para hablar de lo universal.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Así, un poema de Ibrahim Sall y una adaptación libre en castellano de ‘A change is gonna come’ de Sam Cooke, son piezas del mismo fresco que también componen el rap ‘Me voy’ de Serigne Mbaye o ‘Sin Papeles’, una canción reggae en voz de Dieumba Cissé. En este grupo amateur no escasean las habilidades artísticas y cada quien, desde su lugar, aporta su prisma al mural que acaba por mostrarse con complejidad y riqueza. Además, la compañía en sí misma es una experiencia de convivencia, una muestra de que sí es posible un entendimiento, un ir más allá de la piel. Una transformación del paisaje atravesado por barreras, puesto que donde no había cruce de caminos, hoy hay un territorio mestizo.

‘La poesía es mi manta’, además, ha lanzado una campaña de crowdfunding para editar su banda sonora en cd y consolidar la compañía. Quienes colaboren como mecenas contribuirán para que el proyecto se convierta en una fuente de formación y autoempleo para sus integrantes. El dinero, además de ser destinado a la grabación, producción y edición del disco (que será producido por Santi Mijarra-Bass Culture Players), también servirá para realizar cursos de interpretación, canto y se invertirá en la creación de ropa cosida por los sastres/intérpretes de la compañía. Todo un desborde de sueños en tiempos donde la solidaridad merece ser sembrada.

La Poesía Es Mi Manta. Fotografía de Lobolopezz.

Nicolás Castellano: “La cuestión es si vamos a permitir que sigan pasando más casos como el de Adou”

Adou Nery Ouattara tiene ahora diez años y vive con su madre y su hermana en Francia. Con sólo ocho dejó Costa de Marfil y a su hermano mayor rumbo a España, donde estaba el resto de su familia. Su padre, Alí Ouattara, llevaba más de dos años de trámites para reunirlos a todos, pero la vía legal cerraba las puertas a sus hijos varones. Al mayor por edad y al más pequeño porque le faltaban 56 euros en la nómina para, según la normativa, poder mantenerlo. Alí llegó a Canarias en 2006, después de un año atravesando países africanos por miedo a que lo relacionaran con el líder opositor marfileño con el que compartía apellido, en un momento en el que su país estaba en una grave crisis política y militar. Una década después, su hijo pequeño tardaría apenas una semana en pisar suelo español, pero lo haría metido en una maleta. Mientras la de Alí era una historia más entre los millones de migrantes que arriesgan su vida, Adou pasaría a ser alumbrado con el foco informativo como ‘el niño de la maleta’. Nicolás Castellano (Gran Canaria, 1977) fue uno de los periodistas que cubrió esta noticia que ahora publica como libro con el título Me llamo Adou (Planeta, 2017). No es una obra de ficción, es un caso real. Su autor tampoco es africano, pero da voz a una familia marfileña que relata la verdadera historia que esconde esa maleta cargada con lo que para los Ouattara, como para otros miles, sigue aún hoy siendo un sueño: Padres e hijos viviendo juntos. En un momento en el que la actualidad informativa abruma más de lo que cuenta, un libro puede ser el mejor modo de humanizar una realidad que supera a la ficción.

 

Imagen de Adou Ouattara en el escáner del puesto fronterizo del Tarajal (Ceuta) – Fotografía difundida por la Guardia Civil

Ruth F. Sanabria: ¿Recuerdas qué sentiste al ver por primera vez la foto de Adou en la maleta?

Nicolás Castellano: A mí la foto me produjo un choque. Estoy acostumbrado a ver muchas historias después de diecisiete años y uno siempre piensa que lo ha visto casi todo, pero la frontera te sigue sorprendiendo y te sigue dando esos golpes de realidad. Uno nunca se imagina ver a un niño metido en una maleta como un muñeco porque resulta que hay una legislación que no le deja venir de otra manera o que le ha impedido por una mala interpretación venir de otra manera. No nos podemos narcotizar ante este tipo de imágenes, igual que no nos podemos acostumbrar a las imágenes de los naufragios de las embarcaciones o a la gente cayéndose desde siete metros de altura y quedándose parapléjicos, como hay muchos casos. No nos podemos acostumbrar a ver la imagen de un niño en esa situación y a no hacernos preguntas. Yo como periodista especializado en esto me surgieron 40.000 preguntas y cuando ya empiezas a ver que habían detenido al padre una hora después, que tenía todos los papeles para demostrar que era su hijo y que había intentado reagrupar al hijo, que tenía que ver con Fuerteventura, … Ya se me dispararon las preguntas e intenté localizar rápidamente a la madre. Y, de hecho, el primero que le explica en francés a la madre cómo estaba la situación soy yo. Esto me vinculó un poco más a la madre que no se estaba enterando de nada porque llevaba muy poco tiempo en España y no hablaba español, no tenía contacto con el abogado de oficio de su marido y no habían contactado con ella desde el Área de menores de Ceuta donde estaba su hijo.

R.F.S.: ¿Cómo ha sido el proceso para escribir Me llamo Adou?

Adou en el Centro Mediterráneo de Ceuta – Foto incluida en el libro Me llamo Adou, de N.Castellano (Planeta)

N.C.: Evidentemente el primer mes, desde principios de mayo hasta mediados de junio aproximadamente que es cuando ya sale el padre de la prisión y el niño va por fin a Fuerteventura, yo todo esto lo veía como parte de mi trabajo. Era una historia que se tenía que contar con todos los detalles para contextualizarla. Fui varias veces a Ceuta, vi al niño en el Área de menores, el primer encuentro con su madre, el segundo encuentro cuando se lo lleva, me puse en contacto con los abogados. Y a finales de verano me contacta Planeta y me dicen que habían escuchado la narración de la historia a través de la radio, que habían leído lo que yo publicaba en la web de la SER y que consideraban que era una historia que merecía ser explicada, y me ofrecían hacer un libro. Yo les dije que me lo tenía que pensar porque tampoco me parecía que se pudiera contar como una historia literaria, sino que esto es un relato muy serio, un relato que denuncia, y evidencia que se sigue sometiendo a un sufrimiento innecesario a un montón de familias por la Ley de Extranjería. La verdad es que estuve hasta final de septiembre que no lo tenía muy claro porque la verdad tengo un trabajo que no nos da mucha tregua para pararte a escribir. Pero me fui a Fuerteventura a ver a un amigo y me dije “voy a ver cómo está la familia”. Y fui a visitarles y en ese momento hablando con ellos en su casa les conté “oye, mira me han ofrecido esta posibilidad, no sé si a ustedes les interesaría contar toda la historia de la familia y que se conozca lo que ha pasado para que por lo menos conste un formato con todo lujo de detalles”. Y ellos me dijeron que se lo tenían que pensar porque, claro, habían sido también un foco mediático tremendo, habían pasado por allí televisiones de medio mundo, periodistas de medio mundo, les querían hacer una serie de televisión… Por mi parte yo, a pesar de que me conocían y a pesar del vínculo, tampoco lo tenía muy claro. Dejé pasar el tiempo y un par de meses después me llamaron para decirme que sí, que querían contar su historia. Se lo dije a Planeta y desde noviembre de 2015 hasta noviembre de 2016 he estado trabajando en el libro con muchas entrevistas en todos los sitios donde ellos han vivido, incluyendo París, donde vive ahora la familia. He estado varias veces con ellos y con documentación, entrevistas con el guardia civil que encontró al niño, expertos jurídicos, la persona que redactó la Ley de Extranjería donde se regula la reagrupación familiar,… En fin, y muchas horas de conversación con Alí, con Lucie y lo que puedes conversar con un niño de ocho-nueve años.

R.F.S.: ¿Hay algo de ficción en el libro?

N.C.: No. El único recurso pseudoliterario (porque yo no soy escritor, yo soy periodista) es el primer capítulo, que es la historia narrada en primera persona por el niño. Y eso se compone de muchas horas de conversación con Adou porque, como con todo niño, son frases cortas y enseguida desvía la conversación cuando se aburre, cuando piensa que le está haciendo un adulto preguntas que son un rollo y que le recuerdan momentos que no eran precisamente felices y divertidos. Pero de todas esas conversaciones a ratos de juegos con él, surgió la idea junto con la editora Ángeles Álvarez, de contar en primera persona como había vivido el episodio de la maleta. El resto es puro periodismo, es un reportaje largo.

R.F.S.: O incluso un ensayo…

N.C.: Bueno, los libros te permiten ser un poco más opinativo, incisivo, provocador que en un reportaje puro en el que a lo que te dedicas es a narrar los hechos. Cuando yo busco expertos jurídicos, o documentos, o datos en estadísticas difíciles de conseguir porque no están por nacionalidades, ni están por reagrupación de menores o de cónyuges, sino que son generales (ahí está el secretismo y el oscurantismo de las estadísticas españolas y más sobre extranjería), cuando busco todo eso lo que estoy es buscando argumentos para evidenciar lo que es mi tesis: que hoy en día Europa a España está sometiendo al sufrimiento a mucha gente por unas leyes de fronteras que llevan treinta y cinco años de fracaso. Llevan treinta y cinco años aproximadamente de las primeras leyes que marcan la exigencia, la dureza de la entrada de menores de fuera de la Comunidad Europea a la Comunidad Europea. Es el caso de las migraciones forzosas o irregulares a través de vía marítima o vallas, que lo que hace es que el resultado son muertes en incremento desde entonces hasta ahora. Y siguen subiendo, cada año batimos récords sin que nadie se pregunte hasta cuándo. Y más allá de las muertes en las playas, en el mar o en las vallas, hay también cierta muerte en vida de muchas personas que viven con la tristeza de saber que nunca más van a volver a reunirse con sus hijos o con sus mujeres.

R.F.S.: Dices que nadie se pregunta hasta cuándo. ¿No es ése el trabajo del periodismo, es decir, denunciar hechos para promover la reflexión y el cambio?

N.C.: Y eso es lo que intento cada día con mis informaciones, con hacer un seguimiento, con interpretar de otra manera las cifras, con buscar nombres y apellidos a esas cifras, no cosificar a los inmigrantes, no aplicar ese paternalismo barato al que estamos acostumbrados cuando hablamos de los inmigrantes y particularmente de los africanos, … Pero es verdad que en un formato radiofónico o en un formato televisivo muchas de esas historias tremendas que tienen muchas aristas no puedes contarlas en un minuto o no puedes contarla en dos días.

Nicolás Castellano y Alí Ouattara, el padre de Adou, en la presentación del libro en el Círculo de Bellas Artes de Madrid – Fotografía del vídeo realizado por Mundo Negro

R.F.S.: Es tu segundo libro. Ambos tienen en común que tratan sobre el fenómeno migratorio. ¿Puede ser que tengas una espinita clavada con el formato periodístico y esta es tu manera de humanizar las migraciones?

N.C.: No, yo trabajo en un medio que ha apostado porque viajemos a todos los lugares de origen y tránsito de la llegada de inmigrantes a España en los últimos años.

R.F.S.: Pero te hablo de cómo se cuenta.

N.C.: Cómo lo cuentas forma parte de lo personal, pero también de cómo te permite tu medio contarlo. Yo me he movido con programas enteros a los lugares. Hemos estado en Lampedusa, en Sicilia, en Senegal, en Níger, por ponerte algunos ejemplos. Entonces no es una espinita clavada, lo que uno sí adquiere con el tiempo es un cierto compromiso con una historia que está viendo cada día y que durante muchos años ves que no sólo no mejora, sino que empeora en muchos ámbitos. Si yo tuviera que hacerte un balance hoy, diecisiete años después de que empezara a hacer información sobre inmigración y asilo, sería tremendamente negativo. No puedo concebir que, diecisiete años después, el balance de una guerra contra el inmigrante sea cinco mil muertos el año pasado, mil cien este año. En las primeras pateras que llegaban a Canarias morían unos pocos, unas decenas, y ya era una tragedia entonces. ¿Cómo puede ser que la tragedia se haya multiplicado hasta niveles insospechados, que el Mediterráneo sea el lugar más mortífero del mundo y que no haya ninguna agenda política para evitarlo? Mi obligación como periodista que lleva mucho tiempo en esto es explicar a la gente, ponerle la información a su alcance para que entienda que no es un accidente de un barco, que es un accidente provocado por unas leyes que no permiten que la gente venga de otra manera cuando el Derecho Internacional dice que tienen derecho a venir de otra manera. Entonces adquieres un compromiso con tanta gente que has conocido, tanta gente que ha muerto. Un compromiso periodístico y personal de decir: “Yo tengo que seguir mientras esto se siga produciendo”. Mientras la sociedad además siga siendo de alguna manera engañada por esos mensajes que creen que la sociedad es infantil, yo tengo que seguir comprometiéndome para darles otro punto de vista del político interesado que hace mercantilismo electoral sobre la inmigración.

R.F.S.: ¿Y cómo ves que no se produzca ninguna reacción social ante esto, aun trabajando en un medio que, como dices, sí cubre de cerca esta información y además desde un enfoque más humano?

N.C.: Hay más información que nunca sobre esta realidad. Más que nunca en cantidad. En calidad creo que también, aunque ahí podríamos entrar en cómo tienen una intencionalidad criminalizadora algunos medios y otros no. Pero la cuestión es si la gente quiere saber. Y esto se traduce muy bien en la solidaridad del hashtag, la solidaridad virtual. De repente con la muerte de Aylan Kurdi todo el mundo descubre que se morían refugiados cuando llevan décadas muriéndose, ese mismo año habían muerto más de tres mil personas antes que Aylan Kurdi en el Mediterráneo. Desde aquí no lanzo una recriminación a la sociedad porque no reaccione físicamente en las calles con manifestaciones, mi labor como periodista es contar y poner en el escenario público la información, y después cada uno la tiene que procesar y reaccionar como considere. Yo me pregunto por qué estamos consintiendo entre todos este sistema que está propiciando muertes delante de nuestros ojos. ¿La historia nos juzgará?, ¿qué estábamos haciendo todos nosotros mientras se morían tres, cuatro, cinco mil personas cada año en el Mediterráneo?, ¿cómo sociedad estamos teniendo una respuesta responsable ante esta realidad o nos hemos narcotizado, acostumbrado a que esto pase y que sea algo que no tiene remedio? Claro que tiene remedio: tenemos que exigir que las decisiones políticas acaben con estas muertes porque son decisiones políticas y las leyes que han generado las que están creando estas muertes. La Unión Europea es la principal culpable de que la gente muera en el Mediterráneo, no los traficantes, no la gente que se lanza a la desesperada a cruzar. Tenemos unas leyes que nos le permiten otra vía de entrada.

R.F.S.: En Me llamo Adou, cuando ya has terminado de contar todos los detalles de la historia también recurres a preguntarle al lector para que sea consciente de que está tomando partido ante esta situación sean cuales sean sus respuestas. ¿Te has parado a pensar cuáles serán esas respuestas?

N.C.: Las preguntas del libro son una provocación. El libro no tiene final porque esto no ha acabado. Cuando digo “a estas alturas del relato ya usted se habrá hecho una idea de qué desenlace espera para este libro o si considera que Alí fue culpable por intentar traer a su hijo” no seré yo quien juzgue porque no se trata de juzgar, el libro no es ningún juicio. El libro es una narración de los hechos en el que cada uno tiene que intentar entender por qué pasa esto, si permitimos que pase esto. Más allá de que Alí sea condenado o no, la cuestión es si vamos a permitir que sigan pasando más casos como el de Adou; si vamos a seguir permitiendo que haya más familias rotas por las leyes que tenemos en marcha; si vamos a seguir permitiendo que haya familias que se desesperen y pongan en riesgo la vida de su hijo porque quieren estar como sea juntos. Esta es la intencionalidad de las preguntas, pero también provocar porque a todos nos pasa en esta narrativa mediática, en la que las cosas son tan breves, tan masticadas, que muchas veces no tenemos tiempo de reflexionar más allá de la indignación puntual que nos genera una noticia.

Adou y Alí en Abiyán – Foto incluida en el libro Me llamo Adou, de N.Castellano (Planeta)

R.F.S.: La Fiscalía responsabiliza a Alí de la introducción de Adou en la maleta. ¿Hay fecha ya para el juicio?

N.C.: Alí sigue esperando su juicio, esta es una muestra más del estado de la justicia española, de la lentitud. Han pasado dos años y no se ha decretado la apertura del juicio oral y Alí sigue pendiente de eso, Alí y su familia. Una gran paradoja porque la familia sigue separada. El juicio es la llave del futuro de esa familia, dependiendo de lo que pase en el juicio y de si ingresa en prisión, el sueño de ellos, que era reunirse en España todos juntos, se cumplirá o no.

R.F.S.: Insisto en la misma idea, ¿y para cambiar este tipo de realidades no sería necesario que tuviera más trascendencia informativa?

N.C.: Yo echo en falta que ésto sea un tema de agenda. No nos tenemos que olvidar que ese doce por ciento de la población no ha nacido en España, pero son ciudadanos de España de pleno derecho. Y sin embargo hemos aceptado todos que tienen una segunda velocidad de derechos, que tenemos unos derechos de verdad y ellos otros. ¿Cómo hemos permitido que unos padres no puedan estar con sus hijos?

Pasaporte español, raíces africanas: Mónica Obono Ndongo Okenve

Mi nombre es Mónica Obono Ndongo Okenve, tengo 35 años. He nacido y crecido en España. Adquirí la nacionalidad española por derecho de tierra (haber nacido en territorio español) y por derecho de sangre (entonces se heredaba la nacionalidad de tus progenitores, en mi caso, ambos españoles oriundos de Guinea Ecuatorial).

Crecí en Tres Cantos, una ciudad-dormitorio por entonces, a las afueras de Madrid con una población muy joven y de clase media. Mis padres, como el resto de vecinos, fueron a habitar unos pisos recién construidos en parcelas literalmente desiertas con pequeños caminos, dos o tres calles principales y cuatro comercios contados. Era una apuesta de futuro de vida, pues se seguía edificando y estaba planeado que la ciudad creciese hasta dotarla de todas las infraestructuras para convertirse en un municipio independiente, como así ocurrió.

En ese entorno, al igual que ocurre en los pueblos, había un fuerte sentimiento comunitario no sólo porque eran muy pocos vecinos y todos se conocían sino porque sabían que para vivir en un lugar donde aún no disfrutaban de muchas comodidades debían ayudarse los unos a los otros y mostrar esa disposición. Así que siendo ese espíritu de solidaridad el denominador común, había poco o ningún espacio para actitudes racistas o discriminatorias. Ello no significa que, en el ambiente escolar, no sufriera racismo, con actos como burlas hacia mi color de piel o mi pelo, sin embargo esto no ocurría de forma regular o constante porque no eran niños o niñas de mi entorno inmediato o porque simplemente se cansaban. Además yo, de carácter ingenuo, interpretaba muchos gestos como carentes de malicia.

De izquierda a derecha: el hermano de Mónica, Marcos (Junior), con 3 años, Denise, en el medio, de 1, y Mónica, con 5 años. La fotografía fue tomada en 1986 en la parte trasera de la primera casa de Mónica, en Tres Cantos, Madrid.

El hecho de que mi familia me educara mayoritariamente en la cultura española, al mismo tiempo que concienciándome sobre mi pertenencia a la etnia fang, contribuyó a que no me sintiera diferente a nadie. Toda esa normalización contrastaba con otra vía de enculturación como eran los medios de comunicación, en particular cine, TV y radio. Recuerdo que la primera película que mis padres me llevaron a ver al cine fue “El Color Púrpura”, de Spielberg (aún no debían existir las clasificaciones por edades). Era mi primera mirada al mundo negro, el que no había a mi alrededor. Pero sobre todo recuerdo la serie Raíces y cómo a partir de verla comencé a hacerme infinitas preguntas sin respuesta que se resumían en una sola: por qué.

En mi mente había una línea divisoria en lo referente a negritud y racismo entre la historia, lo cual era pasado, y el presente que yo vivía. Esa clara disociación entre la narrativa de la esclavitud y el racismo y la contemporaneidad que yo protagonizaba me ayudaba a tomar distancia emocional de cualquier sentimiento negativo (rabia, rencor, dolor), o por lo menos a que no cristalizaran en mí. Además, desde mi subjetividad, entre estas narrativas no había solución de continuidad. Yo lo encajonaba todo en otro espacio y otro tiempo. Por entonces no conocía la existencia del apartheid, por ejemplo. Como consecuencia, mi identidad negra se construía desde 0 en otro eje espacio-temporal. Me sentía más identificada con las series de afroamericanos como “La Hora de Bill Cosby” o las decenas de comedias que se emitieron luego en los años 90.

Otra fuente de disonancia procedía del sector informativos en televisión y prensa. Disonancia causada por el modo sesgado en que retrataban, y siguen retratando en general, África con imágenes de hambruna, pobreza, enfermedad que difería de mi experiencia de haber vivido en Guinea Ecuatorial durante cinco años en mi infancia.

En la izquierda, la abuela paterna de Mónica, de quién hereda su nombre, en agosto de 2014. Fotografía tomada en la entrada de la casa de la abuela en Bata, Guinea Ecuatorial.

Por otro lado, estaba y sigue estando muy presente la influencia de la música en esa construcción de identidad, pues he heredado la melomanía de mis padres. Además de música africana, en mi casa se escuchaba música occidental de todos los géneros, con una predominancia de música pop, es decir, todo lo que fuera los éxitos del momento. A mí, sin embargo, me atrajo poderosamente la música negra desde el primer momento que escuché en mi tocadiscos el disco Thriller de Michael Jackson. A través de la música sí me supe diferente porque la música de los negros, melódica y rítmicamente, lo era, en efecto. Ya de adolescente, escuchar música se convirtió en una actividad autodidacta por la cual definía mis propios criterios y gustos. Cree todo un imaginario estereotipado compuesto por los conceptos que transmitían las letras de las canciones e imágenes de los videos (amor platónico y romanticismo, sexo y sensualidad, frenesí y entretenimiento).

Dentro de la música negra, el hip hop estaba en auge. Nunca escuché el hip hop de reivindicación sino el que era más comercial, de lírica frívola y bases instrumentales ligeras. De nuevo, me distanciaba inconscientemente de otra realidad de la experiencia negra. La música negra como elemento cohesionador me sirvió para socializar en entornos de afrodescendientes como eran las discotecas de música negra en Madrid. Sin embargo, era una falsa socialización, pues a pesar de frecuentar estas discotecas y bares durante años, jamás hice una sola amistad. Además, era desconcertante comprobar que sí existía una comunidad negra, la cual de día, o incluso de noche en otros espacios, parecía invisible.

En el área académica, me decanté por hacer un Master en Etnomusicología (una mezcla de música y antropología) con la idea de investigar sobre la música tradicional de mi otro país, acercándome a ella y a mi cultura de origen desde el estudio; y, en cierto modo, al redactar la tesina con vistas a su publicación, de dignificar esta cultura. Mientras finalizaba la tesina, conseguí mi actual puesto de trabajo en la discográfica Warner, donde contribuyo a promocionar la música clásica, una música que tradicionalmente se ha denominado culta y que, aún a día de hoy, tiene un halo de elitismo.

Como etnomusicóloga, me opongo a dicha categoría puesto que nace de una jerarquización de la música occidental impuesta por musicólogos en los años 20 del siglo anterior. Mi creencia en el igualitarismo de culturas, géneros y músicas del mundo es solamente un reflejo o una extensión de mi creencia en la igualdad de razas, géneros y cualquier otro tipo de elemento identitario, que sea producto de una construcción social.

Mónica Obono Ndongo Okenve, por Javier Sánchez Salcedo.


*Este artículo forma parte de la serie Pasaporte español, raíces africanasuna colección de piezas dedicadas a la diáspora africana en España que tiene como objetivo ceder un espacio a personas españolas con vínculos familiares en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales. En esta serie, sus protagonistas nos cuentan en primera persona sus historias de vida y expresan sus preocupaciones, percepciones sobre temas como la identidad o anécdotas y recuerdos personales que nos ayudan a conocerlas mejor. Un ejercicio de memoria histórica y responsabilidad colectiva para desmitificar la diversidad cultural y construir una sociedad más inclusiva.

En junio de 1941, llegaba a la entonces conocida como Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia, en Santa Isabel-Bata. Esta imagen icónica es una pieza clave de la historia de la diversidad cultural española. Fotografía de Iberia Airlines.

 

“Nuestras guitarras y nuestra voz son consideradas armas revolucionarias”

Por Gemma Solés y Javier Domínguez (Wiriko)

El desierto no entiende de fronteras. Allí donde Argelia, Libia, Mali y Níger se tropiezan existe un hábitat de arena que abriga a los tuareg. Conocidos por los árabes y occidentales como “el pueblo del velo”, llevan décadas arrastrando el estigma de los prejuicios. La historia los ha retratado como el enemigo secesionista del norte para los Gobiernos de Bamako y Niamey. Desde 2012, la mirada occidental los ha postrado en el islamismo puritano cuando el Sahel se llenó de yihadistas. Con el coqueteo de algunos tuaregs con el Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), el desierto se convirtió en sinónimo de conflicto. Pero entre el desorden, la música se levanta como un arma de resistencia, con ciertos nombres catapultados en la arena internacional como embajadores de la paz. Este es el caso del guitarrista Omara Moctar (Níger, 1980), también conocido como Bombino.

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“Los tuareg estamos repartidos por siete países conectados por el desierto del Sahara. Donde hay tuareg, hay cierta cultura viajera derivada de nuestra tradición nómada. Los magrebíes nos llaman los chômeurs porque creen que no nos gusta trabajar”, dice Bombino a Wiriko durante una entrevista en Madrid, ciudad que visitó el pasado verano para dar un concierto. De este mote francés que significa desempleado, deriva la palabra Tichumaren, el nombre que recibe el Blues del Desierto. Hoy, el arma tuareg para la democracia, la paz y la justicia histórica de un pueblo dividido geográficamente y unido bajo el pulso de las guitarras. En ella, política y música van de la mano.

“Hace falta posicionarse como artista si se quieren mejorar las cosas. Eso no significa que animemos a que la gente participe en enfrentamientos directos, pero sí que intentamos que se sepa qué es y qué no es justo en democracia”, advierte Bombino.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Un “museo vivo” de Londres narra las historias de migrantes y refugiados

Jade se seca las lágrimas. Su voz se entrecorta pero sigue empecinada en terminar su historia. Ella es una refugiada ugandesa que llegó a Londres huyendo del dictador Idi Amin Dada. Su régimen mató a toda su familia. Ella se libró de casualidad y gracias a un niño soldado cuyos padres habían trabajado en su granja. Jade habla bajito. Cuenta su relato como para quitarse un peso de encima. Para sentirse viva. Como cuando decidió ir a por una hamburguesa del McDonald’s tras quemar la yuca que cocinaba, perdida en el pasado.

londonstoriesweb-landscapeleLucas es de Sudáfrica. De padre indio y madre inglesa. Se mudaron al Reino Unido cuando todavía era un niño y en el colegio no quiso ser “paki” (término despectivo hacia las personas de origen paquistaní) aunque no lo fuera. Cosas de niños, o no, lo de generalizar. Decidió entonces distanciarse de su padre, de esa parte de la familia que no era blanca. Avergonzado de su propia identidad, gracias a Londres supo abrazar su multiculturalidad abandonada.

Estas dos historias, un pequeño sustrato de la Londres africana, son sólo un par de ejemplos de todas las que formaron parte del montaje London Stories: Made by Migrants organizado por el Centro de Artes de Battersea. Un refugiado sirio, una superviviente de Auschwitz, un padre víctima de un ataque racial… Maryam, Lily, Eithne, JJ, Graciella, Prossy, Rabiah, Lemmar… Todos ellos también tienen su relato. 29 historias procedentes de los cinco continentes, de personas de distintas edades, sexo y religión. Y todos tienen a Londres en común.

La segunda temporada de este proyecto, se inició en 2013, se ha centrado en las migraciones. “Decidimos hacer esta edición debido al clima político actual y a la negatividad de la prensa ante la inmigración. Queremos contar estas historias porque en esta experiencia la audiencia va más allá de los titulares. Es una fotografía verdadera, real, amplia y honesta de la ciudad”, explica a Wiriko el asistente de producción Ralph Thompson.

El Centro de Artes de Battersea ha sido históricamente un lugar volcado hacia la comunidad. Antigua sede del ayuntamiento del distrito d Battersea, fue punto de encuentro de los movimientos sindicalistas y apoyó la lucha a favor del sufragio femenino. Además en 1913 fue el lugar donde John Archer, el primer alcalde negro de Londres, fue elegido. London Stories se convirtió en una ocasión para acercar a los vecinos y a otros tantos residentes londinenses a escuchar, a emocionarse, a reír y a dejarse llevar. “Vivimos en una ciudad de 8 millones de personas. Me cruzo con gente, voy en el metro y me pregunto cuál serán sus historias. El objetivo era abrir nuestro edificio, un edificio público, para contar historias de gente que forma parte de la comunidad”, dice Thompson.

No son sólo historias de personas que escaparon de la guerra sino también de irlandeses o británicos que han acabado en Londres“, apunta el asistente de producción de un largo proceso de cinco meses. La iniciativa recibió más de 200 relatos, donde el principal desafío fue encontrar un equilibrio entre todas las vivencias.

Como complemento entre el que cuenta y el que escucha, la antigua Sala de Plenos acogió la exposición de distintos objetos personales de los protagonistas. Una muñeca, cartas de familiares, fotografías, la biografía de Malcom X e incluso una pierna ortopédica. London Stories: Made by Migrants fue una compilación de experiencias compartidas en un antiguo ayuntamiento pero que caminan a diario por una Londres que es “némesis y salvación”.

Las personas detrás de los titulares de prensa

Los medios, contribuyentes del imaginario social, han apostado en muchas ocasiones por representar la inmigración como un ataque a los valores identitarios. El montaje sin embargo tiende la mano a las personas opacadas por la generalización. En un escenario íntimo y con sólo ocho personas presentes, el contacto visual desbarata cualquier miedo a lo desconocido. El arte de escuchar se desempolva y se disfruta. Los protagonistas acuden a cada sesión con sus estados de ánimo, con la lista de la compra en la cabeza y con el vencimiento de la factura de la luz. No hay más guión que su propia vida. “No son actores y cada día es distinto. Sólo tuvieron un par de talleres en los que les ayudamos a estructurar su relato”, cuenta el asistente de producción, Ralph Thompson.

Estas historias, tanto de Londres como de cualquier otro sitio, tienen poco que ver con el teatro. “Es una experiencia íntima para desmontar la idea del migrante como una amenaza. Se produce un contacto humano” en una invitación a una realidad tan compleja que no entiende de etiquetas. Los responsables han querido desafiar a aquellos medios que frivolizan y utilizan a los inmigrantes como incentivo para vender periódicos. O ganar visitas. Fue así como surgió la idea de empapelar las instalaciones del recinto con diversos titulares de prensa como:

“Ministro: respete nuestras leyes y costumbres. Sea británico, Hurd. Dígaselo a los migrantes”, The Daily Mail. 24 de febrero de 1989.

“Los migrantes toman todos los trabajos en el Reino Unido”, The Daily Express. 2 de noviembre 2007

“Migrantes, ¿cuántos más podemos acoger?”, The Daily Mail. 28 de agosto 2015

En un contexto brexiteer producciones como London Stories desmontan los prejuicios. La opción del Remain ganó en Londres (59.9% de los votos) y la ciudad mostró su identidad migrante. Casi el 40% de los londinenses han nacido fuera del Reino Unido según el último censo.

Pasaporte español, raíces africanas: Tamara Ndong Bielo

En 1959, Bioko, Bata y Mongomo se conviertieron en provincias españolas en los territorios del golfo de Guinea. Y es que, a pesar de que muchos españoles parecen obviar – cuál brote de amnesia nacional – que hasta 1975 España tuvo colonias en el continente africano, hoy, esa realidad tan poco expuesta nos sigue emparentando con esa tierra vecina de una forma mucho más profunda de la que se cree. Una de las consecuencias, es que en la actualidad hay muchos españoles con aspectos diversos, saharauis, o negros y negras, hijos, nietos o incluso bisnietos de ecuatoguineanos, o africanos de otras nacionalidades, que llegaron un día a España y se quedaron a trabajar y vivir aquí, enriqueciendo la diversidad cultural española con ingredientes africanos.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo de Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

En junio de 1941, llegaba a, entonces, Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) el primer vuelo operado por Iberia a Santa Isabel-Bata. Imagen de Iberia Airlines.

Wiriko inicia hoy la serie Pasaporte español, raíces africanas, que quiere ceder un espacio para que esas personas de pasaporte español y un vínculo familiar en el continente vecino, que están ligadas de una u otra forma a alguna disciplina artística o a las industrias culturales, nos cuenten, en primera persona, sus historias de vida y su trabajo. Para que se expresen sobre su identidad, sobre sus preocupaciones y sobre sus vivencias. Y sobre todo, para que nos ayuden a conocerlos un poco mejor y amplíen las miras de lo que significa, hoy, tener pasaporte español e identidades múltiples.

Hoy, la actriz catalana Tamara Ndong Bielo:

Tamara Ndong Bielo

Tamara Ndong Bielo

Mi nombre es Tamara Ndong Bielo, tengo 22 años y soy procedente de Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial, situada en la costa norte de la isla de Bioko. De madre bubi y padre fang, vine a Catalunya sola a los 6 años. Supongo que aquella fue una de las decisiones más duras que han tomado mis padres en toda su vida. Dejar ir a su hija y perderse gran parte de su vida a cambio de una buena educación y sobretodo de la opción a elegir el transcurso de su vida.

Siempre he pensado que el mayor acto de amor que puedes hacer hacia otro ser querido es dejarlo ir y darle la oportunidad de conocer, experimentar y crecer en todos los ámbitos posibles. Y al dejarme ir mis padres me dieron la oportunidad de ser la persona que soy hoy en día y es algo que siempre les agradeceré.

La vida puso en mi camino a una de las personas que más quiero en este mundo. Mi segunda madre. Desde el momento en el que le cogí la mano en el aeropuerto la primera vez que la vi, empecé a formar parte de su familia. Mi familia. Así pues, tengo 2 madres, 1 padre y 8 hermanxs. Más afortunada no puedo ser.

Si tengo que elegir una palabra que me describa a la perfección es “soñadora”. De hecho siempre he tenido problemas por vivir mucho en las nubes, pero sigo creyendo que son los sueños que nos mantienen vivos y nos hacen no rendirnos jamás, al menos en mi caso.

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la obra "Pell de Llarinté, cua de Tiré" (dirección Moisès Maicas, Temporada Alta 2016).

Tamara Ndong Bielo junto al grupo de la Compañía Joven del Espai Àfrica-Catalunya, en la obra “Pell de Llarinté, cua de Tiré” (durante el festival Temporada Alta de Girona, 2016).

Desde muy pequeña soñaba con ser actriz, me fascinaba el hecho de poder transformar-se en otra persona de cualquier tiempo y en cualquier lugar sin dejar de ser uno mismo y poco a poco, con mucho esfuerzo, trabajo diario y algún que otro sacrificio puedo decir que estoy viviendo mi sueño.

El teatro es la forma que he elegido para expresarme. En él puedo hablar sobre la vida y la muerte, sobre el amor, el odio, el engaño, sobre el pasado, presente y futuro, puedo hablar sobre la sociedad y el poder, sobre la magia, los sueños y secretos pero sobre todo hago teatro porque es lo que me hace feliz. Me hace feliz saber que he aportado un pequeño grano de conocimiento, de alegría, de ira, de esperanza o cualquier otro sentimiento que pueda insertar en cada uno de los espectadores que decide compartir su tiempo gozando del gran placer que es el TEATRO.

Este año, tras terminar los estudios de Arte Dramático en el Institut del Teatre de Barcelona, tuve la suerte de poder entrar en la Compañía Joven del Espai Africa-Catalunya, con la cual hemos presentado nuestro primer espectáculo “Pell de llarinté, cua de tiré” en el Festival de teatro Temporada Alta en Girona. El espectáculo trata sobre un cuento mandinga.

El cuento es una alegoría de las fiestas del nacimiento y de los nombres (bautizo) de los mandinga. Todos los ingredientes que lo componen (fiesta, baile, alegría, nacimiento, cacería) se reflejan en este espectáculo, que combina el fondo fantástico de la fábula del cuento y la realidad todavía vigente hoy de la etnia en su hábitat tradicional. Se trata de un espectáculo divertido e ingenioso, pleno de ritmo; de una celebración en torno a conceptos universales, que unen culturas, en que la confluencia de lenguajes y tradiciones sirve para celebrar la vida y el misterio de la aventura.

Nuestra compañía se diferencia de otras por la variedad de procedencias de cada uno de los miembros que formamos parte de ella.

Malcom McCarthy es un actor de procedencia cubana

Nuria Cuyàs, es una actriz catalana

Omar Ngom, es músico y procedente de Senegal

William Yazaki, es un actor de padre japonés y madre danesa

Tamara Ndong, es actriz procedente de Guinea Ecuatorial

Creo que justamente la heterogeneidad que hay en la compañía es nuestro punto fuerte. Somos muy diferentes entre nosotros y venimos de formaciones distintas, pero justamente esta variedad es la que hace que nos complementemos tan bien. Trabajar con ellos es muy fácil y sobretodo, es un gran placer. Cada uno aporta parte de su ser en el trabajo que sin duda tiene mucho que ver con su procedencia. Cuando no estamos trabajando estamos estamos bailando, haciendo bromas y si no nos encuentras seguro que estaremos comiendo en el restaurante africano más cercano que haya. Porque hemos formado una pequeña familia que disfruta junta haciendo y compartiendo lo que más les gusta: actuar.

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la actriz catalana Tamara Ndong Bielo.

En mi caso al vivir casi toda mi vida con mi familia catalana casi nunca me he sentido diferente a los demás. Desde pequeña mi madre me dejó claro que tendría que trabajar un poco más que el resto para poder conseguir mis metas pero que yo tenía los mismos derechos y era igual de apta para cualquier cosa que me propusiera. Y yo la creí.

Me gusta enseñar a mis amigos más próximos parte de mi origen, de mis tradiciones, de mi cultura y presentarles a mis familiares africanos pero acostumbro a ser muy reservada en ese sentido y tengo que confiar mucho en alguien para abrirle las puertas de mi mundo al completo.

Estoy muy orgullosa de mis orígenes ya que forman parte de mí pero tengo por lema no dejar que nadie me menosprecie solo por ser africana. Soy una africana que vive y se ha criado en Catalunya, por tanto soy guineano-catalana.

Aberraciones que no deberíamos volver a escuchar sobre África

Estereotipos: imágenes o ideas aceptadas comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable.

Close-Up Portrait of a Stressed African-American Woman

Pensar y emitir juicios de valor en base a estereotipos cuando hablamos de África, o de cualquier otro tema, es una muestra de rigidez mental y una gran contribución a la injusticia social a partir de hallazgos erróneos y poco contrastados. La correcta información es esencial para deconstruir las ideas preconcebidas. Wiriko nació con el principal objetivo de romper los estereotipos existentes sobre África y fomentar un conocimiento más ajustado de las realidades del Sur del Sáhara a través de sus manifestaciones culturales y artísticas.

A pesar de que ya se ha hablado mucho sobre estereotipos, a continuación te proponemos argumentos y contrainformación necesaria para que si vuelves a escuchar alguna de estas aberraciones, simplemente, puedas dar la información correcta para que no tengamos que sufrir más episodios de vergüenza ajena.

    1. Un sobrino mío también estuvo en África… (cuando le dices a alguien que acabas de volver de Marruecos)“. África es un continente de 54 países (55 si incluimos Sáhara Occidental). Muchas veces se habla de África como si fuera un país, pero cuenta con una extensión de 30.272.922 km² – Europa tiene 10.180.000km² -. Vale la pena matizar.
    2. Termínate la comida, que los niños de África no tienen qué comer…“. Casi 800 millones de personas pasan hambre en el mundo según el Programa Mundial de Alimentos. Las sequías, las guerras, los desplazamientos forzosos o la falta de inversión en agricultura son algunos de sus principales motivos. Sin embargo, a pesar de que la desnutrición azota en África a más niños que en cualquier otro continente, tus hijos e hijas conviven diariamente con niños y niñas que pasan hambre. El último informe de UNICEF y OXFAM muestra que el 34’4% de los niños españoles vive en riesgo de pobreza o exclusión social
    3. ¡Qué calor! Parece África…“. El continente tiene diferentes tipos de climas: el tropical seco, el semiárido, el desértico, el mediterráneo… Si bien en el Sáhara o en el Kalahari las temperaturas máximas pueden alcanzar hasta los 59 grados, el Kilimanjaro o el Monte Kenia tienen nieve durante todo el año, y las temperaturas pueden estar bajo cero en invierno en diferentes punto del África austral.
    4. ¿Hablas africano?“. No existe ningún idioma que se llame así. En África se hablan más de 1.500 lenguas distintas.
    5. África debe estar vacía porque todos los africanos están viniendo a Europa“. En África, actualmente, viven aproximadamente unos 1.200 millones de personas. La mayoría de los flujos migratorios se producen a nivel intra-africano, y solamente un 16% de las migraciones del continente van hacia Europa. 2’3 millones de españoles han tenido que emigrar fuera de España debido a la crisis. Vale la pena recordar que algunos de nosotros vivimos actualmente en África.
    6. Yo no quiero ir a África, es demasiado peligroso“. Sudán del Sur, Somalia, República Democrática del Congo y República Centroafricana están en la lista de países más peligrosos del mundo. Sin embargo, el último Índice de Paz Global sitúa Mauricio (por delante de España), Botsuana, Madagascar o Zambia entre los 40 países más pacíficos del mundo.
    7. A África solo se puede ir a ayudar…“. Los cooperantes son muy necesarios, sobre todo, en situaciones de emergencia humanitaria. Sin embargo, se ha abusado demasiado del concepto de “ayuda” en África, nunca exento de críticas. Es cierto que hay muchos expatriados europeos viviendo de la industria de la cooperación en África. Pero también hay muchos otros que viven y trabajan en África simplemente porque les gusta. Otros que están aquí para hacer negocios. Y muchos, para viajar y hacer turismo en un sector que, según Naciones Unidas, emplea a más 9 millones de personas en la región y que se espera doblará sus ingresos para 2030 (actualmente África recibe el 5,8% del turismo mundial).
    8. En África la corrupción es endémica“. África no compite en la primera división mundial de la corrupción, pero la fragilidad de algunos estados la hace devastadora para su población. Siete de los países con más desigualdad del mundo son africanos, mientras 1/3 de la riqueza de los multimillonarios africanos está en paraísos fiscales según los Papeles de Panamá. Sin embargo, Ruanda tiene una política de anti-corrupción ejemplar. Y Botsuana (por delante de España), Cabo Verde, Seychelles, Mauricio o Namibia son percibidos como los países africanos menos corruptos según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International.

9. “Todos los conflictos bélicos que hay en África son étnicos“. La etnicidad es una herramienta de movilización, pero no el desencadenante de los conflictos en África. Es la desigualdad del acceso a los recursos, el neopatrimonialismo y redes clientelares que excluyen a ciertas partes de la sociedad lo que se presenta como el principal motor de conflictos. Las identidades étnicas se pueden instrumentalizar en pro de intereses políticos, pero el concepto de identidad étnica como algo cerrado es inexistente. La mayoría de sociedades son plurales e interculturales.

10. “Las mujeres no tienen derechos en África“. La discriminación de género también existe en África, donde las mujeres sufren peores tasas de alfabetización que los hombres y donde el machismo parece la norma. La brutalidad de la Mutilación Genital Femenina amenaza a miles de niñas del continente. Pero muchos gobiernos hace años que han prohibido esas práctica, y recientemente el Parlamento Panafricano, órgano legislativo de la Unión Africana (UA), también lo ha hecho. Hay que decir que, a nivel de derechos políticos, algunos países de África parecen ir un paso por delante de España con jefas de estado: Liberia (con Ellen Johnson Sirleaf), Malaui (con Joyce Banda) o Mauricio (con Ameenah Gurib-Fakim). 

Oyama Matomela, una joven sudafricano de 25 años es piloto y rompe con los estereotipos de género en Sudáfrica.

Oyama Matomela, una joven sudafricana de 25 años es piloto de la aerolínea South African Express y rompe con los estereotipos de género en Sudáfrica.

11. “Los africanos no quieren trabajar“. Sudáfrica (+/- 26%), Grecia (+/- 23%) y España (+/- 20%) son los tres países con las tasas de desempleo más altas del mundo. Pero en el caso africano, 9 de cada 10 trabajadores realiza actividades en la economía informal, empleos que no cuentan en las estadísticas por no repercutir directamente al PIB. En el continente vecino, el 70% de los trabajos son empleo vulnerable, pero eso no significa que los africanos no trabajen o no quieran hacerlo.

12. “El problema de África son sus dirigentes políticos“. Según las encuestas de Afrobarometro, el principal problema del continente no son sus líderes sino el desempleo, seguido por la educación. Aunque algunos países tienen serios problemas con sus jefes de Estado (actualmente Burundi, Uganda, Sudán del Sur, República Centroafricana o RDCongo), África ha producido grandes líderes que han inspirado al mundo: Nelson Mandela, Ellen Johnson-Sirleaf, Thomas Sankara, Patrice Lumumba, Julius Nyerere, Kwame Nkrumah…

13. “Antes de la llegada de los europeos, en África no había ni civilización ni progreso“. La civilización del Gran Zimbabue o el Imperio de Mwene Mutapa -, los reinos nubios (que gobernaron de Egipto a Sudán durante casi un siglo); los reinos de Axum (que controlaron las rutas del mar Rojo de Eritrea a Egipto); el poderoso imperio de Ghana (entre el actual Mali y Mauritania); el imperio de Kanem-Bornu (entre los actuales Chad y Nigeria)… Son solo unos pocos ejemplos de sistemas de poder bien consolidados y de poderosas civilizaciones africanas precoloniales con filosofías, sistemas socioecónomicos y políticos, arquitectura, literatura, medicina, gastronomía… propios. Que no aparezcan en nuestros libros de historia no significa que no existieran. 

14. “¿Qué tendrá que ver España con África?“. A pesar de que España llegó tarde al reparto de África por parte de las potencias coloniales, el Sáhara Occidental o Guinea Ecuatorial fueron provincias españolas en el siglo XX. Sin embargo, mucho antes, los bereberes norteafricanos islamizaron gran parte de la península ibérica, pasando a formar parte del imperio musulmán durante casi ochocientos años. Al Ándalus se convirtió entonces, según los historiadores, en el territorio más refinado del Occidente europeo. Hoy, sin embargo, el impacto negativo del colonialismo español al otro lado del estrecho de Gibraltar, es aún motivo de sufrimientos y clandestinidad entre el pueblo saharaui.

Fotografía del nigeriano Andile Buka en la que explora e intenta romper los estereotipos a través de una serie basada en los deportes "de ricos" y la raza negra "oculta" dentro de las elites sudafricanas.

Fotografía del nigeriano Andile Buka en la que explora e intenta romper los estereotipos de clase y raza a través de una serie basada en los deportes “de ricos” y la presencia de negros entre la élite sudafricana.

“La migración es el resultado de siglos de saqueo”

Heredero de Touré Kunda, una de las bandas más míticas de África Occidental, el músico mauritano-senegalés Daby Touré resurge con un nuevo álbum lleno de reivindicaciones sociales

Daby Touré en un estudio de grabación. Nicolas Diop.

Daby Touré en un estudio de grabación. Nicolas Diop.

En Mauritania, país predominantemente árabe-bereber, la esclavitud se ilegalizó formalmente en 2007, modificando la Constitución para reconocer la diversidad cultural. Sin embargo, en la excolonia francesa sigue habiendo familias enteras trabajando de forma esclava para mauritanos de tez clara, que admiten tener derechos heredados sobre los negros. Poco o nada se está haciendo para liberar a esta población del yugo histórico. Los activistas del país son perseguidos y la comunidad internacional no quiere actuar de forma contundente por miedo a perder a Mauritania como aliado en la lucha contra el terrorismo yihadista. Así, el racismo campa a sus anchas entre las porosas fronteras del Sahel y muchos negros se ven obligados a migrar.

Este fue el caso de Daby Touré y su familia. Con solo 18 años, en 1989 Touré emigró con su padre a París, invitado por sus tíos Sixu e Ismael, huyendo de esta lamentable situación. Ellos habían emigrado desde Casamance, en el sur de Senegal, donde parte de la familia se había establecido generaciones atrás. Los antepasados remontan sus raíces al antiguo imperio de Mali. Sin embargo, el conflicto armado de Casamance empujó a la esta generación de los Touré a moverse hacia la metrópolis francesa. “La migración es algo natural para nosotros. Es la historia del ser humano. Usamos la palabra de forma negativa, pero es algo muy positivo. Cómo se convirtió en negativo, no lo sé, pero sería urgente recordarlo”, reivindica Daby Touré desde su París adoptivo.

Cuando llegó a Francia desde Nuakchot, el joven Daby descubrió que tenía allí una gran familia, un icono de la diversidad cultural que había revolucionado los sonidos parisinos con una de las bandas que mejor tejió el discurso cosmopolita de la capital. Eran los míticos Touré Kunda y estaban en la cresta de la ola. Daby se unió a sus primos, tíos y su padre y con la historia de la migración desde Mauritania por bandera, popularizaron un discurso multicultural con el soninké, el wolof, el mandinga, el dioula o el criollo portugués, hablados en la región más sureña de Senegal, entronizándolos como estrellas del cosmopolitismo del París de los 80 y 90. Su símbolo, el elefante, representación de la familia, volvió a trasladarse a Casamance en el año 2000. Pero Daby decidió quedarse en la urbe francesa y seguir dedicándose a la música.

Este artículo ha sido posible gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y Planeta Futuro (El País). Para seguir leyendo, pincha aquí.

 

Nobukho Nqaba: migraciones de plástico en el LagosPhoto Festival

Las fotografías que nos llegan desde África a menudo plasman un escenario bipolar: el horror humano y la belleza natural. Pero lo cierto es que la fotografía es una manera de mirar y cada vez son más quienes observan que en medio del blanco o negro, al que se ha relegado tradicionalmente al continente, existe una extensa escala de grises. Entre aquellos que apuestan por esta visión está la Fundación de Artistas Africanos (AAF, por sus siglas en inglés), una organización que desde 2010 muestra en Nigeria proyectos fotográficos que plasman esas ‘otras Áfricas’ a través del LagosPhoto Festival. Un evento que hasta el próximo 27 de noviembre celebra su VI edición, en esta ocasión bajo el título Designing futures. Una temática que se sirve del diseño para promover el fin del destierro hacia lo negativo al que se ha enviado la imagen de África. Ejemplo de ello es el trabajo de la sudafricana Nobukho Nqaba, quien hace de una bolsa de plástico un símbolo de la migración.

Autorretrato perteneciente a la serie 'Unomgcana', de N.Nqaba / Between 10 and 5.-

Autorretrato perteneciente a la serie ‘Unomgcana’, de N.Nqaba / Between 10 and 5.-

Cuando Nobukho Nqaba (Sudáfrica, 1992) era una niña vivía en Butterworth, en la provincia sudafricana de Cabo del Este. Su madre trabajaba al otro extremo del país, en Grabouw, ciudad del Cabo Occidental. Un verano se desplazó hasta allí para pasar las vacaciones y su padre le metió sus cosas en una unomgcana, también llamada umaskhenthe, una bolsa de plástico muy grande que en el idioma xhosa significa respectivamente ‘que tiene líneas’ o ‘viajero’. Un significado acorde a su descripción y a su uso, ya que estas bolsas de líneas que forman cuadros son las más usadas en Sudáfrica para desplazarse de un punto a otro del extenso país. Son baratas, son enormes y son resistentes, por lo que se puede llevar muchos objetos en ellas sin temor a que se desgarren. Nobukho las usó tantas veces como ocasiones tuvo de mudarse de un punto a otro de Sudáfrica. Una experiencia que le supuso relacionar la migración con la supervivencia, el reto de adaptarse a un lugar distinto y hacerlo de nuevo suyo a través de los objetos que portaba en su unomgcana. De ahí que para ella, esta bolsa signifique hogar y lucha. Un concepto que ha querido desarrollar a través de una serie de fotografías que lleva precisamente el título de ‘Unomgcana’ y que forman parte del LagosPhoto Festival de este año.

La joven fotógrafa explica para la revista Ours: “Crecí rodeada de unomgcana”. Y parece que éste es el sentido que busca en sus composiciones, en las que todo lo que la envuelve a ella está envuelto a su vez del plástico a cuadros que caracteriza a estas bolsas. Como si quisiera traspasar el significado de hogar que le da a la unomgcana a partir de los objetos personales que contiene, para hacer directamente de la instalación algo personal, forrándolo de su estampado. De este modo, la serie de fotografías están compuestas de autorretratos que plasman escenas de la vida cotidiana en las que la auténtica protagonista es la unomgcana. Ella lo invade todo, haciendo de estancias distintas lugares familiares que impregnados de esta bolsa eliminan las diferencias de los espacios realzando el elemento común, identificable, de la unomgcana. Y así es como Nobukho Nqaba relaciona los significados de hogar y supervivencia a través de una bolsa.

N. Nqaba mirándose al espejo de su instalación 'Unomgcana' / The Tierney Fellowship.-

N. Nqaba mirándose al espejo de su instalación ‘Unomgcana’ / The Tierney Fellowship.-

“Estoy interesada en los objetos y en las cosas que me pesan en la memoria y  siempre estoy queriendo encontrarles los significantes y los significados a las cosas que son familiares para mí y también a las que no me son familiares. Cuando estoy haciendo un proyecto siempre me miro a mí misma primero y a cómo me identifico con los objetos que quiero explorar. Después miro hacia un ángulo más amplio y desgrano cómo las cosas que me interesan afectan a otras personas”, explica la artista al blog de fotografía Orms. Es entonces, a partir de esta amplitud de miras, que su concepto de unomgcana trasciende su propia experiencia para llegar a observar las mismas bolsas sujetas por otras personas que se dirigen a otros destinos, lo que le lleva a plantear este objeto como símbolo de la migración. Al fin y al cabo, si bien es cierto que en xhosa se llaman unomgcana o umaskhenthe, en realidad lo más común en Sudáfrica es llamarlas ‘bolsas chinas’ de donde es su procedencia; o ‘bolsas de Zimbabwe, país vecino de donde llegan muchos de los portadores de esta clase de equipaje.

Y más allá de las fronteras sudafricanas, en otros puntos del continente reciben apelativos distintos. Como en los países de África Occidental donde se denominan ‘Ghana must go bags’, en referencia a la expulsión de miles de ghaneses de Nigeria a principios de los ochenta. Incluso más allá de las fronteras del continente cada vez es más visible que entre los bultos del equipaje estén estas enormes bolsas de plástico con cuadros estampados. En Reino Unido responden al término ‘bolsas de Bangladesh’; en Alemania son conocidas como ‘bolsas turcas’; y en Estados Unidos se las reconoce como ‘bolsas mexicanas’. Así, tal y como señala la joven fotógrafa Nobukho Nqaba cuando relaciona este objeto de plástico con la migración, si siguiéramos la pista de este tipo de equipaje bien podría trazarse un mapa mundial de los desplazamientos a través del calificativo que reciben estas bolsas en el lugar a donde llegan y en función de los rostros que las portan.

Fotografía perteneciente a la serie 'Unomgcana', de N.Nqaba / LagosPhoto Festival 2015.-

Fotografía perteneciente a la serie ‘Unomgcana’, de N.Nqaba / LagosPhoto Festival 2015.-

Las migraciones de Lawrence: distintos rostros, similares causas

Escrito bajo una imagen que muestra largas colas de personas a la espera de poder comprar un billete a otro destino puede leerse: “La estaciones de tren estaban a menudo tan sobresaturadas que se tuvo que llamar a las fuerzas de seguridad para que mantuvieran el orden”. Esta estampa bien podría reflejar la candente actualidad informativa sobre la llegada de sirios a Europa, pero ni es una fotografía, ni es reciente. Se trata de una pintura realizada en 1941 por el artista afroamericano Jacob Lawrence.

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Panel 12 de la serie ‘Migration of the Negro’ de J.Lawrence (1941) / Imagen tomada de la exposición interactiva One-Way Ticket, del MoMA.-

La Gran Migración es el nombre que recibe el desplazamiento de alrededor de seis millones de negros del Sur al Norte de Estados Unidos entre 1910 y 1970. Entre las primeras personas que formaron parte de este éxodo estaban los padres de Jacob Lawrence, quienes comprobaron como, aunque ya hacía casi cincuenta años desde que la

Panel 15 de la serie ‘Migration of the Negro’, de J.Lawrence, bajo el que puede leerse: “Otra causa fue el linchamiento. Se descubrió que allí donde había tenido lugar un linchamiento, las personas que eran reticentes a marcharse en un primer momento, fueron las primeras en irse después de recibirlo” / Imagen perteneciente a la exposición itinerante One-Way Ticket, del MoMA.-

Panel 15 de la serie ‘Migration of the Negro’, de J.Lawrence, bajo el que puede leerse: “Otra causa fue el linchamiento. Se descubrió que allí donde había tenido lugar un linchamiento, las personas que eran reticentes a marcharse en un primer momento, fueron las primeras en irse después de recibirlo” / Imagen perteneciente a la exposición itinerante One-Way Ticket, del MoMA.-

Proclamación de Emancipación había convertido a los esclavos en ciudadanos libres, dos siglos de esclavitud no tienen carácter de aplicación inmediato por lo que, si bien los negros ya no estaban oficialmente oprimidos, seguían siendo vejados con continuos linchamientos. En los estados del Sur, donde más afroamericanos residían y donde más presente había estado la esclavitud antaño, la violencia racial parecía no tener fin y en este clima de discriminación los fenómenos medioambientales tampoco daban tregua: inundaciones de ríos y plagas en los campos de algodón afectaban a granjas y plantaciones, el sustento de gran parte de las familias negras.

Así estaban las cosas en el sur del país cuando estalló la Primera Guerra Mundial, provocando un parón en el flujo de mano de obra europea que llegaba a las ciudades estadounidenses para trabajar en unas fábricas a las que en ese momento les urgía dar salida al material bélico. De este modo los negros vieron en el Norte la posibilidad de cambiar una tierra que les era hostil por la tierra prometida, que les brindaba la oportunidad de trabajar, de encontrar una mejor educación y hasta votar.

Jacob Lawrence (1917-2000). / Fotografía tomada de la web de la Guardia Costera de EE.UU, en donde el pintor se alistó para formar parte del primer equipo integrado racialmente, durante la Segunda Guerra Mundial, dos años después de finalizar su obra ‘Migration of the Negro’.-

Jacob Lawrence (1917-2000). / Fotografía tomada de la web de la Guardia Costera de EE.UU, en donde el pintor se alistó para formar parte del primer equipo integrado racialmente, durante la Segunda Guerra Mundial, dos años después de finalizar su obra ‘Migration of the Negro’.-

Cuando Lawrence era ya un veinteañero instalado en el barrio neoyorkino de Harlem llegó la segunda gran migración negra. Las razones eran las mismas que en la anterior ocasión, pero esta vez coincidía con la Segunda Guerra Mundial y se trataba de una diáspora mucho más cuantiosa. Hasta entonces, el joven Lawrence se había dedicado a pintar la vida de personas que habían defendido los derechos de las minorías negras, como Toussaint L’Ouverture, en Haití; o Frederick Douglass y Harriet Tubman, ambos opositores de la esclavitud. Pero ser testigo de una llegada sin precedentes de población negra a su ciudad le abrió los ojos para mirar no a héroes concretos, sino a héroes comunes, lo que hizo que por primera vez el protagonista de sus pinturas narrativas no fuera un individuo sino el colectivo, retratado en su obra ‘Migration of the Negro’.

Aunque vivía en Harlem, asentamiento de llegada de miles de afroamericanos y cuna del que luego pasó a considerarse el renacimiento negro, el pintor quería profundizar en los motivos de esta odisea y se dirigió a la biblioteca pública de Nueva York antes de coger un pincel. Inspirado en la realidad que vivía y armado con los datos que había obtenido de las fuentes bibliográficas, Lawrence creó en 1941 la serie ‘Migration ot the Negro’, compuesta por sesenta pequeñas pinturas de 45 x 30 centímetros a las que fue añadiendo lo que hoy se conoce como pie de foto y que, en su caso, no se limitaba sólo a describir la imagen sino a ofrecer las causas (en muchos casos las claves) de este acontecimiento histórico. En una de sus imágenes, por ejemplo, el artista anotó: “No siempre van porque se les prometió trabajo en el Norte. Muchos de ellos se marcharon debido a las condiciones del Sur”.

Los padres de Jacob Lawrence se vieron obligados a desplazarse dentro de sus fronteras en una huida desesperada por encontrar una vida mejor. Sus antepasados, algunos siglos antes, también formaron parte de una diáspora, en ese caso impuesta, que les llevó desde África hasta América; y él acabó siendo el primer afroamericano cuya obra pasó a ser parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), con su serie ‘Migration of the Negro’. Este museo acaba de clausurar la muestra One-Way Ticket, que señala cómo la llegada de la población negra del sur del país supuso una renovación para las ciudades norteamericanas. Para ello la exposición se vale de varios elementos como ensayos, revistas o material gráfico, pero el plato fuerte es el trabajo de Lawrence sobre el éxodo afroamericano, que hasta ahora no se había expuesto al completo.

Ha pasado más de medio siglo desde que este artista plasmara la Gran Migración negra de Estados Unidos, pero hace sólo algunas décadas que los desplazamientos de personas desde el Sur hacia el Norte han vuelto a ser retratados. Ahora la realidad es mucho más global y abarca más espacio en el mapa, lo que hace que comprenda a territorios más lejanos entre sí. Además, la difusión de las migraciones actuales se realiza en tono de alarma, bien sea por el drama que encierra su huida, por el impactante peligro que tiene que decenas de personas se amontonen en un bote y se lancen al mar, o por la respuesta que desde la comunidad occidental se ha dado a un fenómeno tildado de ‘masivo’. En cualquier caso, se trata de una alarma intermitente que viene y va como la marea en la agenda informativa, cuando lo cierto es que el instinto de supervivencia es atemporal y universal y no responde a puntos cardinales. Ya lo apuntaba Jacob Lawrece en ‘Migration of the Negro’ al incluir en la última pintura de su serie una anotación que decía: “La migración no ha acabado”.

“Tenemos escritores talentosos en África, pero nos faltan editoriales”

escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

Ella misma se definía irónicamente como una de las componentes de la nueva generación de escritores africanos en una charla de la iniciativa TED desarrollada en la ciudad marfileña de Abidjan. Y lo aderezaba con sarcasmo, modestia y realismo cuando matizaba: “Si somos la nueva generación y nadie nos conoce, tenemos un problema”. Lo cierto es que Edwige Renée Dro se ha convertido en uno de esos nombres que se rifan en los festivales internacionales, a menudo impulsados por organizaciones occidentales, pero eso no hace que se muerda la lengua.

De sus palabras se desprende su convicción de que el artista debe ser comprometido, una convicción que, por otro lado, ella pone en práctica a la menor oportunidad. “Estoy de acuerdo con el escritor nigeriano Ken Saro-Wiwa, ejecutado por el gobierno de Sani Abacha, que decía ‘para un escritor en mi situación, la literatura debe ser combativa… el escritor o la escritora debe estar activamente implicado en la transformación del presente y del futuro de su sociedad’”, confiesa la joven marfileña. Eso no quiere decir, sin embargo, según la escritora que sólo se pueda escribir sobre política, “podemos escribir sobre todos los temas que queramos”, matiza, aunque siempre desde una perspectiva comprometida. Ese compromiso para esta joven autora significa “entender los retos a los que nos enfrentamos” y “no ser marionetas de los hombres políticos”.

El nombre de Edwige Renée Dro ha conseguido una especial proyección desde que fue una de las autoras seleccionadas para la antología Africa39, impulsada por el Hay Festival y que pretendía recoger a los 39 mejores escritores africanos de menos de 40 años. Previamente la joven había publicado relatos cortos y lo ha seguido haciendo después, apareciendo por ejemplo en la recopilación de relatos románticos Valentine’s Day Anthology 2015. En la despensa, esperando “sólo a los últimos retoques” está su primera novela.

Hay una característica de la actividad literaria de esta joven marfileña que la hace muy especial. Edwige Renée Dro ha conseguido superar una barrera que parece insalvable y es la que separa a los autores francófonos y anglófonos. Edwige Renée escribe indistintamente en las dos lenguas y participa en las actividades de ambas esferas, algo que muy pocos autores han conseguido. “Los escritores de estos ámbitos, así como los lusófonos y los hispanohablantes”, añade la escritora, “apenas se relacionan, no buscan formas de colaboración, no se conocen. Tengo un amigo escritor que me dice que le gustan mis escritos porque tienen un feeling francófono”, comenta divertida. Esta dinámica de división está empezando a cambiar y la joven promesa anuncia que próximamente aparecerá un volumen de la organización de escritores Jalada en la que coinciden autores marfileños, nigerianos, congoleños, kenianos o ugandeses.

En su caso, la cualidad dual, además responde a su voluntad de estar cerca de los suyos. Empezó a escribir en serio en inglés, durante su experiencia en Reino Unido. “No decidí traducir mis escritos al francés hasta que no regresé a Costa de Marfil. Lo hice para que la gente que tenía más cerca pudiese leer lo que yo escribía”, confiesa la autora.

Y es que su compromiso está siempre presente en la conversación. No es fácil que uno de los temas tratados no acabe derivando en la convicción de que la literatura no puede desentenderse de la realidad que rodea a sus autores y, evidentemente, la relación con Europa y el Norte global está muy presente. Ella misma, en el blog que escribe en la plataforma Mondoblog, aparece como una “retornada al país natal” y, por tanto, su experiencia europea ha tenido un considerable impacto y ha cimentado una visión crítica. “Si se piensa que la mayor parte de las nuevas generaciones de escritores africanos son personas que han regresado o que están en la diáspora, es porque los medios extranjeros hace, o parecen hacer, la promoción de estos autores, pero hay muchos escritores en el continente que nos son retornados”, defiende.

En cuanto a su visión crítica de la relación entre Europa y África, no deja lugar a dudas, sobre todo en referencia al hecho migratorio: “Nosotros tenemos que criticar a nuestros gobiernos, está claro, pero cuando lo que dicen los occidentales suena falso, tenemos que hablarles a ellos. Se presentan como los grandes garantes de los Derechos Humanos, pues que los apliquen, que den la asistencia necesaria a las personas que están en peligro”. Pero para ella, lo más importante es asumir la responsabilidad y dar valor a lo que las sociedades africanas tiene como propio. “No entiendo porque siempre tenemos que estar pendientes de si Occidente nos da su aval. Cuando nos empeñamos en demostrar que nosotros también tenemos bonitas playas, rascacielos, o supermercados con quesos y vinos, me da impresión de que lo tenemos es un complejo. Tenemos cosas que nos son propias, conozcámoslas y asumámoslas”, afirma contundente.

Edwige Renée Dro se lamenta de las condiciones de la industria editorial del continente. “Hay muchos africanos que están contando historias”, defiende la escritora marfileña, “pero el problema es que muchas de esas historias no se publican. Tenemos muchos escritores en el continente y muy talentosos. Lo que nos falta son editoriales, sistemas de distribución adecuados, colaboraciones o una política de márketing adaptada a nuestras realidades”.  E insiste en la necesidad de romper una dependencia más bien psicológica con los países del norte global: “En la medida en la que seamos publicados en Occidente y nos conformemos con eso, no podremos afirmar que estamos contando nuestras historias”.

En cuanto al papel de la literatura Edwige Renée Dro no es más complaciente: “Hoy se habla mucho del África que se mueve, pero como dice mi colega también seleccionada en Africa39, Nana Brew-Hammond, ¿para quién se mueve África? Porque si no se mueve para todos los africanos, el discurso de crecimiento de dos cifras no valdrá la pena”. Por otro lado, esta escritora está convencida: “Si la literatura no se convierte en una actividad de salón y los escritores quieren escribir y escriben para sus sociedades, entonces conseguiremos hacer que las cosas se muevan”.

NOTA: Este artículo se publicó originalmente en Planeta Futuro, el 27 de agosto de 2015.