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Nadifa Mohamed, la voz de la diáspora somalí

Durante la última década hemos visto cómo han surgido nuevas voces dentro de la literatura de la diáspora de Somalia. Las letras de este país son reconocidas a nivel internacional gracias a poetas como Mohamed Ibrahim Warsame, más conocido como Hadrawi, o a la larga lista de novelas escritas por Nuruddin Farah. A ellos se ha sumado una nueva generación de mujeres jóvenes vinculadas a su pasado familiar. Si Warsan Shire es la promesa de la poesía somalí, Nadifa Mohamed se ha convertido en el nuevo referente de la novela. 

De padre marinero y de madre terrateniente, Mohamed nació en 1981 en Hargeisa, actual capital de Somaliland. No residió mucho tiempo en su país debido a que en 1986 la familia optó por mudarse a Londres de forma temporal. Sin embargo, el recrudecimiento del conflicto contra el dictador Mohamed Siad Barre y el estallido de la guerra civil les obligó a permanecer en Reino Unido. Licenciada en Historia y Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford, Nadifa Mohamed ha reflejado en sus novelas ese eterno vínculo con las raíces propias de las personas que crecieron en la diáspora. De hecho volvió para visitar Hargeisa en 2008 con el objetivo de conocer, por sí misma, todo aquello que había escuchado en boca de sus padres.

El resultado de todas estas experiencias se fraguó en 2009 cuando publicó su primera obra, Black Mamba Boy. Esta novela, ambientada en la etapa de la ocupación italiana y la creación del Imperio del África Oriental, nos relata las vivencias de un niño de la calle, Jama, que tras la muerte de su madre inicia un largo recorrido que le llevará a diferentes países como Yibuti, Yemen o incluso Gales. El gran logro de esta obra es, sin duda, rescatar de la historia los brutales episodios que se vivieron durante esta época en el Cuerno de África y que la perspectiva del relato la protagoniza el niño. De hecho, este libro ganó diversos premios ya en 2010 como el Betty Trask Award.

Nadifa Mohamed. Wikimedia Commons.

Su segunda obra, The Orchard of Lost Souls (2013), fue publicada cuatro años después y refleja la madurez de la escritora. Si en Black Mamba Boy se dejaba entrever una falta de entender y representar a su propio personaje, en esta segunda novela el desarrollo interno de cada una de las protagonistas es arrollador. The Orchard of Lost Souls nos sitúa en un tiempo diferente y en un espacio concreto: la guerra civil que asoló Somalia desde finales de la década de 1980. El éxito de esta novela reside en la capacidad de la autora para reflejar tres historias de mujeres marcadas por el conflicto: Deqo, una niña de nueve años que abandona el campo de refugiados donde nació para descubrir la ciudad; Kawsar, una viuda solitaria que ha sufrido en sus propias carnes la represión del tambaleante régimen de Siad Barre; y Filsan, una joven soldado trasladada a la zona norte del país para frenar la creciente rebelión contra la dictadura. Cada una de ellas representa la parte de un todo que nos permite comprender lo que supuso un conflicto como el que llevó a Somalia a la desintegración y cómo este episodio tiene unas secuelas terribles en la población y muy especialmente en las mujeres.

La evolución entre la primera y la segunda novela de Nadifa Mohamed es extraordinaria. No obstante, no parece que tenga tanto que ver con la experiencia de los años, como con la capacidad de la autora de identificarse con sus protagonistas. El trabajo de investigación y las entrevistas con otras mujeres es evidente y logra profundizar en la historia y en el carácter de los personajes principales. La vinculación con la tierra donde nació hace el resto y las raíces están presentes en cada vuelta de hoja. Un hecho que se le reconoció con varios premios como el Somerset Maugham en 2014 y el reconocimiento como una de las promesas de la literatura subsahariana por el Africa39 el mismo año.

Mohamed anunció que estaba prevista la publicación de su tercera novela. A pesar de que han pasado más de seis años desde su última publicación, no ha dado más detalles al respecto. Mientras esperamos, tan sólo nos queda redescubrir los mundos que la autora ha creado y tener la esperanza de que las raíces y el vínculo con los orígenes vuelvan a hacer acto de presencia. Eso es, a fin de cuentas, la clave del éxito de su trayectoria.