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Análisis de la película Ezra y del conflicto en Sierra Leona

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Reyes García Martín

Cartel de la película Ezra dirigida por el director nigeriano Newton Aduaka.

Cartel de la película Ezra dirigida por el director nigeriano Newton Aduaka.

Para poder analizar este largometraje debemos conocer un poco antes la realidad surgida en Sierra Leona a partir del conflicto entre bandos y la utilización de niños para su reclutamiento. A fecha de hoy el país se encuentra inmerso en una guerra civil no declarada. Este conflicto surgió en 1991, estando Joseph Saiudu Nomoh en el poder, y a lo largo de estos años ha ocasionado 70.000 muertos, produciéndose además, desplazamientos internos en el país debidos al conflicto. Un ejército de niños y adolescentes combatientes del FRU propagó el salvajismo a través del país, asesinando y mutilando a los civiles. La táctica del terror resultó perfecta para atemorizar a la gente y que salieran del área de los diamantes y poder explotarlos con impunidad, los diamantes de los rebeldes contribuyen al mantenimiento de sus ejércitos. Las gemas se exportan a través de Liberia, donde desde el año 1994 son exportadas.

El director Newton Aduaka en el largometraje Ezra narra la utilización de los niños soldados a través de los ojos de uno de ellos. También nos puede resultar útil conocer la vida del director para poder entender el film.

Newton Aduaka nació en el Este de Nigeria, trasladándose él y su familia a Lagos tras la Guerra Civil Nigeriana. Se graduó en la London International Film School en 1990, creando Granite Film Works en 1997. En 2001, debutó en el cine con el film Rage, la primera película del cine británico financiada íntegramente por un director negro siendo aclamado por la crítica.

Entre 2005 y 2007 coescribió, dirigió y fue productor ejecutivo de Ezra. La película ganó el Gran Premio del Jurado y muchos otros festivales, como FESPACO, Durban, y fue seleccionado para representar a su país en Sundance y Cannes.

La película me ha impactado. El punto fundamental por lo cual me he sentido así es porque he visto el fondo del conflicto a través de los ojos del protagonista, Ezra. Desde el minuto cero podemos observar como los grupos rebeldes secuestran y coartan la educación de los niños para conseguir un mayor control sobre ellos. Como decía Aristóteles: “Hay la misma diferencia entre un sabio y un ignorante que entre un hombre vivo y un cadáver”. Vemos que para la manipulación de los niños utilizan diversas armas como el miedo, la agresión, la influencia que tiene en ellos la religión y las creencias tradicionales. Utilizan discursos agresivos, repetitivos, violentos y manipuladores, utilizando palabras y conceptos que no entienden y que jamás preguntarán que significan (“Preparados y dispuestos a morir. Sois ataúdes ambulantes. Tu rifle es tu vida, y tu vida es tu causa”).

Queda patente que a pesar de exigirles comportarse como adultos son niños que tienen miedo, dudas, que echan de menos a sus familias, su educación… Para ellos ahora la Hermandad de Sangre (facción más dura del FRU) es su única familia. Les forman en el manejo de armas y tácticas militares con un discurso manipulador y falso, ya que no buscan la libertad del pueblo, si no su control, para su propio beneficio. Dichas facciones de los grupos de liberación llevaban a cabo acciones atroces como cortar las manos de los que capturaban para evitar que votaran (“Sin manos no hay voto”).

Newton Aduaka

El nigeriano Newton Aduaka, director de la película Ezra.

A lo largo de la película se viven dos momentos paralelos, la mirada al pasado con el desarrollo y el crecimiento de Ezra a lo largo del conflicto, y el presente en el que se establece una Comisión para la verdad y la reconciliación cuyo objetivo no es juzgar a Ezra, sino que éste reconozca sus crímenes así como que el pueblo y él mismo puedan perdonarse (“Cerrar un horrible capitulo y renovar la esperanza. Los niños soldado son inocentes. Es un alivio no tener que dictar sentencia”).

Es interesante ver cómo en el momento pasado, Ezra manifiesta dudas y temores sobre lo que está pasando y lo que está haciendo, sin embargo, en el momento presente, durante el testimonio que ofrece a la Comisión, explica no recordar nada.

Durante todo el largometraje se observan las consecuencias que puede tener para un niño la inclusión en conflictos armados, la falta de educación, de arraigo y relaciones familiares, uso y abuso de sustancias tóxicas, embarazos no deseados, comisión de delitos bajo el influjo de estas. Ezra pasa 7 años alejado de su familia y de su pueblo, con las consecuencias que puede tener eso para su desarrollo personal.

Ezra_frame2Resulta curioso observar como en medio de tanto horror y muerte celebran la vida cuando Mariam, novia de Ezra se queda embarazada. Ezra, en ese momento cree que la Hermandad es su familia y le ayudará en su venganza, ya que sus padres mueren durante el conflicto, pero lo que Ezra no recuerda, ya que estaba bajo el influjo de las drogas, es que fue él quien mató a su familia.

También es útil observar cómo a diferencia de películas rodadas por directores americanos, no se limita a los tópicos desarrollados por estos en sus películas; ya que en el film también se observa que capturan o dejan que se enrolen mujeres, niñas, en los grupos armados. En las películas americanas o europeas se limitan a hacer ver a la mujer como un objeto que los grupos armados utilizan, principalmente para su satisfacción sexual.

Otra diferencia que podemos establecer con las películas americanas, es que en esta película Ezra se da cuenta durante el conflicto de que hay algo que está mal (“La guerra ha terminado para mí. Esto no es vida, nos dijeron que lo era y lo creímos. Pero ya no me lo creo”).

Quedan patentes los daños que a corto y largo plazo puede tener la utilización de niños soldados en los conflictos, para el propio país, y principalmente para ellos mismos, viéndose signos de estrés postraumático: insomnio, ansiedad, amnesia… También podemos observar que debido a la complejidad del asunto, hay momentos muy confusos para Ezra (“Luchábamos por la libertad. Si matar durante la guerra es un crimen, habría que juzgar a todos los soldados del mundo”).

Durante un largo e interesante diálogo que mantiene Ezra con su novia Mariam, ésta deja entrever los factores por los que ha surgido el conflicto armado: ansia de los gobernantes por quedarse con el dinero del pueblo (tráfico y explotación de diamantes de sangre), falta de libertad de expresión (el padre de Mariam es maoísta, y escribe artículos disidentes por lo que el gobierno pretende capturarle).

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Imagen de la película Ezra.

Otro asunto importante a considerar es la introducción de potencias extranjeras. En este caso, los ingleses, para sus propios intereses, ayudan al gobierno en la lucha armada para apoderarse de las minas de diamantes y del petróleo; a los grupos rebeldes les facilitan sustancias tóxicas para su total anestesia y control. Se observan durante toda la película la intervención de agentes externos e internos importantes para intentar conseguir la disolución de los grupos armados y el fin del conflicto, como los cascos azules de la ONU y la ONG Médicos sin Fronteras. También resalta la importancia que el desarrollo de estos conflictos tiene en los países fronteras con los países en guerra y dentro de su propio país, ya que se producen desplazamientos internos para la supervivencia o el exilio temporal (refugiados) a otros países para no alcanzar la muerte.

Por lo tanto resulta primordial que el director y escritor de la película conozca el conflicto en primera persona, ha vivido en esa realidad tan dura y como consecuencia de ello fue un desplazado interno en su país, Nigeria, para poder sobrevivir.

El ritmo de la película es bestial, siendo rápido en los momentos de horror y lento en momentos en los que es necesario reflexionar sobre lo que estás viendo. La banda sonora ayuda a respetar ese silencio en momentos clave. Por último se puede destacar un dato escalofriante y real que aparece el final de la película: “En el año 2000, unos 30.000 niños luchaban en más de 30 países. De estos, 120.000 en conflictos africanos. Siempre llegan más armas. Los diamantes de sangre, el petróleo y otros recursos se van. Los niños combaten, se perderá otra generación”.

El reverso africano (II): Recolonizar las imágenes desde el Sur

El 1 de marzo de 1896, las fuerzas etíopes comandadas por el emperador Menelik II derrotaron al ejército italiano en la batalla de Adwa. Era la primera vez que un país africano vencía a una potencia europea.

El 1 de marzo de 1896, las fuerzas etíopes comandadas por el emperador Menelik II derrotaron al ejército italiano en la batalla de Adwa. Era la primera vez que un país africano vencía a una potencia europea. Fuente: A.Davey.

Continuamos con la serie que empezamos hace una semana sobre conflictos en el continente llevados a la gran pantalla, pero hoy toca mirar al Sur. Algunos de los trabajos cinematográficos africanos en esta línea procuran, precisamente, otorgar una respuesta prolongada que reaccione ante los colosales obstáculos interpuestos por la historia dominante escrita desde una parte del mundo –léase guiones–. Y son cada vez más los foros en el que la mirada made in África, la de los directores que pelean por sacar adelante sus producciones alternando la alquimia con la burocracia de las subvenciones, acerca a un primer plano el séptimo arte africano. No obstante, no dejan de ser fundamentalmente arenas especializadas como la del Festival de Cine Africano de Córdoba, que el próximo 11 de octubre y hasta el 19 cumplirá su décima edición, y cuya repercusión, en el mejor de los casos, se limitará a un breve espacio en los medios de comunicación nacionales e internacionales.

Cartel de la 10ª edición del Festival realizado por la hispano-sudanesa Dar Al Naim Mubarak.

Cartel de la 10ª edición del Festival realizado por la hispano-sudanesa Dar Al Naim Mubarak.

Franz Fanon reconocía la importancia crucial para los pueblos subordinados de afirmar sus tradiciones culturales y recuperar sus historias reprimidas. De aquí que el papel de las cinematografías en África sea crucial para desnudar la historia y reescribirla con voz propia, desde otra óptica, con otras lenguas y como herramienta contestataria a la cultura empaquetada desde las industrias del pensamiento dominante.

A pesar de ser el cine más joven de todo el mundo (a penas 50 años) mantuvo una coherencia narrativa determinante en los años posteriores a las independencias en el continente. Así lo manifestaron Yemane Demissie en Tumult (1996) al reflejar las luchas en Etiopía contra Haile Selassie; o Raoul Peck al filmar Lumumba (2000) y Jon Akomfrah al retratar la vida del también carismático líder Nkrumah en Testa­ment (1988). En los últimos tiempos varias obras han retratado los conflictos armados durante las décadas de los 90 y 2000 en el continente como Zulu Love Letter (2004), de Ramadan Suleman, que retrata la realidad sobre el apartheid; Sometimes in April (2005), de Raoul Peck, sobre el genocidio de Ruanda, una visión completamente diferente a la obra mencionada de Hotel Ruanda; o Ezra (2007), de Newton Aduaka, una obra que se adentra en los comités de reconciliación de los niños soldado en Sierra Leo­na y que ganaría en 2007 el Caballo de Oro en el Festival Panafricano de Cine y Televisión de Uagadugú (FESPACO).

En la búsqueda de nuevos espacios para el diálogo sobre conflictos, invasiones e intervenciones en África serían también interesantes títulos como los siguientes: Des fusils por Banta (1971) sobre la guerrilla en Guinea Bissau y Sambizanga (1972) sobre la libe­ración de Angola, ambas de la directora Sarah Maldoror; Struggle for a free Zimba­bwe, (1972) de Kwate Nee-Owoo; Sarrounia (1986), de Med Hondo, que narra la historia de la reina y jefa mi­litar de las Aznas de Níger en su lucha frente a la penetración francesa; Mortu nega (1988), de Flora Gomes, que muestra un retrato nostálgico de los combatientes en la independencia de Guinea Bissau; o Adwa: an african victory (1999), de Haile Gerima, sobre la victoria etíope frente a los italianos en 1896.

El secuestro ahogado de las imágenes y la negación irracional de su propia historia a la que el continente ha estado sometido a lo largo de varios siglos ha motivado que los conflictos armados que tienen lugar en él tiendan a reducirse con visiones estereotipadas sin cabida al análisis y la contextualización. Las grandes producciones de cine occidentales –aquellas realizadas bajo un decorado africano– continúan acomodadas en guiones dramáticos en el que el papel de los africanos se reduce a un segundo plano y en el que la rentabilidad es la prioridad. Se sigue obviando, por lo tanto, que las guerras africanas contemporáneas deben enmarcarse en una red de actores con intereses determinados en la lógica del conflicto; por lo que la necesidad de observarlos desde la gran pantalla africana pasa por el visionado y la escucha activa de las voces procedentes del propio continente. Premisas como éstas pueden contribuir a una aproximación más acertada de la siempre coral, heterogénea y dinámica realidad subsahariana.