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Watu Wote: El terror de Al shabab nominado a los Oscar

Esta vez solo se trata del titular. Esta historia de tan solo 22 minutos y nominada a los Oscar en la categoría de mejor cortometraje es un soplo de aire fresco. Un puntapié a la retórica racista de Trump y a los discursos bañados en fuego de algunos líderes incitando al odio contra el “otro”. Un ejemplo, uno más, de que no se trata de un conflicto religioso sino de terrorismo. A secas. La película Watu Wote: All of Us, dirigida por la alemana Katja Benrath, escrita por Julia Drache y producida por Tobias Rosen, cuenta los hechos reales de diciembre de 2015 que sufrieron los pasajeros de un autobús que se dirigía a Mandera, una pequeña ciudad en el noreste de Kenia, frontera con Somalia. El grupo terrorista al-Shabaab intentó replicar el modelo de asalto y reivindicación que llevara a cabo un año antes (noviembre de 2014) en el que asesinó a los cristianos del autobús, después de separarlos de los musulmanes. Una masacre con 28 fallecidos.

Pero en esta ocasión no fue así. Los pasajeros musulmanes se negaron a cumplir con la demanda de los asaltantes de que identificaran a los cristianos entre ellos, salvándolos de una muerte casi segura. Incluso después de que los terroristas amenazaran con disparar, los musulmanes protegieron a sus hermanos y hermanas e incluso les dieron atuendos religiosos para que no fueran identificados fácilmente. Valentía. Amor. No obstante, murieron dos personas y otras tantas resultaron heridas. La ansiedad incesante creada por el conflicto persistió hasta que un día los pasajeros demostraron que la fe y la solidaridad pueden prevalecer sobre los actos de terror y violencia.

El nairobense Abdi Latif Dahir lo explica así: “Desde hace varios años, Kenia ha sido blanco de ataques terroristas, especialmente desde la intervención del ejército en Somalia en 2011. Los crecientes atentados de Al-Shabaab han desestabilizado la armonía religiosa. De hecho, en sus videos de reclutamiento y mensajes en redes sociales, han jugado con los agravios a los que se enfrentan los musulmanes en una nación de mayoría cristiana, incluida la pobreza, la discriminación y el subdesarrollo en sus regiones”.

La película ya ha ganado más de 35 premios de festivales de cine, incluido el Gold Student Academy Award, los Oscar de los estudiantes de cine, en la categoría de mejor narrativa. Es un hito cinematográfico. Pero también social. El destino quiso que el mismo día de la nominación a los prestigiosos premios de la Academia de Cine de Hollywood se estrenara en Kenia, en el Centro comercial Wesgate de Nairobi. Hay que hablar de ello para superar el miedo. Los miedos. Y por eso como explica Bryan Mwangui “es necesario que se visibilice que en Kenia la convivencia entre religiones es pacífica a pesar de que la prensa internacional se empeñe en mostrar lo contrario”.

La película está protagonizada por Adelyne Wairimu, Barkhad Abdirahman y Fasal Ahrmed (Capitán Phillips) y Abdiwali Farrah (Fishing Without Nets).

El 4 de marzo sabremos si este fogonazo de luz se hace todavía más viral.

La Reina de Katwe o el ajedrez del suburbio

 

Fotograma de la película La Reina de Kawte, una historia verídica sobre la vida de la ajedrecista ugandesa Phiona Mutesi.

Fotograma de la película La Reina de Kawte, dirigida por Mira Nair. Una historia verídica sobre la vida de la ajedrecista ugandesa Phiona Mutesi.

Su primer viaje importante en agosto de 2009 fue a Juba, la capital de Sudán del Sur, aunque por aquel entonces la urbe a orillas del Nilo todavía pertenecía a Sudán –los vientos de independencia llegarían en julio de 2011–. Phiona iba acompañada de Benjamin e Ivan y habían sido seleccionados para representar a Uganda en un Torneo Internacional de Ajedrez Infantil Africano. En principio no eran los únicos ugandeses que tenían que acudir al evento, pero fueron varios los niños que se negaron a ir con tres menores de un barrio marginal.

Durante el torneo, el trío ­–el más joven de la competición–, jugó contra 16 equipos de otros países africanos. Ya en su primer partido, Phiona se enfrentó a un keniano que tenía la reputación de ser el mejor jugador joven en África. A pesar de sus manos temblorosas en cada movimiento, la joven ugandesa construyó una buena jugada aislando al rey enemigo para sentenciar la partida: jaque mate. Sorpresa. Phiona ganó los otros tres enfrentamientos quedando invicta al igual que sus amigos Benjamin e Ivan. Y los tres niños del suburbio de Katwe, probablemente el más grande de la capital ugandesa, Kampala, ganaron el campeonato por equipos y un trofeo demasiado grande para caber en cualquiera de sus pequeñas mochilas.

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Esta es la historia de Phiona Mutesi, la campeona de ajedrez más joven de toda África con una historia de cine. Su vida ya había sido narrada a través de la pluma de Tim Crothers en el libro La princesa de Katwe, un trabajo biográfico que adentra al lector en una historia de superación personal. Una vida siempre en la frontera entre la vida y la muerte. El todo y la nada. El mate y las tablas. Pero nunca la rendición. Como la propia ajedrecista ha confesado: “El ajedrez es muy parecido a mi vida. Si realizas movimientos inteligentes puedes permanecer fuera de peligro, pero si tomas una mala decisión, podría ser la última”.

Ahora, bajo la dirección de la cineasta india-estadounidense Mira Samir (La boda del Monzón, 2001, o El fundamentalista reticente, 2012) la joven ugandesa cobra vida en una producción de Disney que más allá de los estereotipos fugaces de aparecen en la cinta, se agradece la intencionalidad: la de centrarse en los caracteres de los personajes, en dotarles de vida para desde allí explicarle al espectador cómo el ajedrez, un juego asociado a las clases pudientes, desestructuró un tablero encorsetado y lo hizo voluble para todos los públicos en la tierra que a comienzos del s. XX, Winston Churchill bautizó como la “Perla de África”. En el elenco destaca la oscarizada Lupita Nyong’o en el papel de Harriet (la madre), David Oyelowo interpretando al entrenador apasionado Robert Katende, y la propia Medina Nalwanga como actriz principal. El filme La Reina de Katwe (Queen of Katwe) se presentaba en el pasado Festival de Toronto 2016 y unos días después (el 23 de septiembre) se estrenaba en las pantallas estadounidenses con una banda sonora que traerá cola. Back to Life es la canción de cabecera con la que Alicia Keys, quien ha ganado 15 premios Grammy, se postula con toda seguridad a ser una de las candidatas nominadas a conseguir el Oscar.

Otoño de 2010. Olimpiadas de Ajedrez en Siberia, Rusia. Era la primera vez que Phiona montaba en avión, veía el hielo, dormía en una cama para ella sola y podía elegir qué comer. Como primera oponente tenía a Dina Kagramanov campeona nacional canadiense. Kagramanov, quien realmente nació en Bakú, Azerbaiyán, la ciudad natal del ex campeón del mundo Garry Kasparov, había aprendido a jugar a los 6 años y competía, con 24 años, en sus terceras Olimpiadas. Esta derrota y las otras dos consecutivas no hicieron desfallecer a Phiona que fue puliendo su capacidad de ver hasta ocho movimientos anticipados. “Cuando juego de ajedrez no tengo miedo”. Tampoco en la vida.

La ajedrecista aprendió a jugar en la iglesia de Agape, una estructura destartalada que de manera alarmante se mantiene erguida con algunos tablones, cuerdas, clavos y fe. En el interior de la iglesia es posible olvidar el caos en Katwe. Es en este contexto donde su entrenador Robert Katende enseñaba a los niños un juego tan extraño que no hay una palabra para definirlo en luganda, su lengua materna. Al darse cuenta de que no todos los niños con los que trabajaba jugaban al fútbol (en parte debido a que los padres no podían pagar las facturas médicas de las lesiones), Katende les enseñó ajedrez y las reglas de un tablero donde todos y todas eran iguales y donde la clase, los ingresos y su educación no importaba.

La Reina de Katwe se estrenará en España en 2017 combinando drama, comedia, una historia de superación y éxito, una banda sonora que augura éxito, y un contexto alejado de la comodidad de nuestras urbes. Ingredientes con los que Disney golpeará nuestras conciencias para enseñarnos la vida de Phiona Mutesi quien ha podido volver a la escuela con las miras puestas en la medicina y en convertirse en entrenadora de ajedrez: ambas profesiones necesarias para salvar la mente y el cuerpo. Una cinta que se postula como la nueva Slumdog millionaire (2008) pero cuya responsabilidad puede difuminarse. Un compromiso que después de las dos horas frente a la pantalla ofrece una historia llena de vida y belleza en un suburbio de Uganda pero que, al mismo tiempo, puede conseguir que el espectador acabe por normalizar la situación de empobrecimiento y abandono institucional por la que pasan los habitantes de Katwe.

5 películas africanas para el verano

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* Artículo publicado en la edición digital de la Revista Pueblos.

Lo que comenzó en 2005 con una gala que pretendía reunir a la industria cinematográfica africana cada año, se ha convertido una década más tarde en una cita para los amantes del cine realizado en el continente y su diáspora. Se trata de los premios de la Academia de Cine de África (AMAA), institución orientada a la investigación, formación y difusión del séptimo arte. Tomando como referencia la selección del AMAA para 2015, éstas son las cinco películas que hemos seleccionado y que creemos que no puedes dejar de ver este verano.

Run – Costa de Marfil

En su primer largometraje de ficción, el director Philippe Lacôte retrata la historia sangrienta de Costa de Marfil a través del viaje de un joven de 20 años que va a la ciudad y se convierte en militante político. La secuencia clave que da rienda suelta a más de una hora de acción y drama se encuentra al inicio. Un chico de piel cansada y vestido con harapos camina con determinación por el pasillo de una iglesia. En la mano, una pistola y los ojos puestos en el orador del púlpito. Se detiene, dispara y corre. El objetivo que cae fulminado es el primer ministro del país.

Run se basa en las notables Crónicas documentales de la guerra en Costa de Marfil (2008) de Lacôte y refleja las dos últimas décadas de la historia sangrienta de su país a través de las experiencias de un joven desequilibrado emocionalmente por la espiral de la violencia política. Nacido en un Estado sumido en guerras y corrupción, el protagonista del filme, Abdoul Karim Konaté, ha estado corriendo prácticamente toda su vida, de ahí el nombre de la película.

A través de flashbacks intercalados tras el asesinato inicial, este trabajo explora cómo la lógica retorcida de la violencia se puede apoderar de una sociedad y cómo un individuo puede deslizarse hasta el otro lado de la sinrazón. La película de Lacôte es un drama político lúcido y extrañamente de moda que cumple eficazmente una doble función: por un lado, explicar al espectador, en gran medida desinformado sobre este tema, los recientes disturbios de Costa de Marfil y, por otro, perfilar una nueva generación de cine africano irreverente y sin temor a la crítica.

Timbuctú – Mauritania

Timbuctú es la flamante película del año tras ser nominada a los Oscar 2105 como mejor largometraje de habla no inglesa. Una película mauritana, que guarda pinceladas de neorrealismo italiano y nouvelle vague, se colaba entre las cinco candidatas a llevarse la preciada estatuilla. Su director, Abderrahmane Sissako, recogía el testigo de convertirse en el realizador estrella africano de los últimos tiempos.

La delicadeza de las imágenes desgarra, emociona, hace llorar y también deja espacio para la reflexión meditada de Sissako. No es un documental sobre el conflicto de Malí y, aunque no llega a destripar el caleidoscopio geopolítico, económico y social que tiene lugar en el país, la ficción sí parece querer reflejar la propia realidad.

La película, tremendamente estética, narra cómo los alrededores de Timbuctú han caído en manos de extremistas religiosos. Kidane vive tranquilamente en las dunas con su esposa Satima, su hija Toya e Issam, un niño pastor de 12 años. En la ciudad, los habitantes padecen el régimen de terror impuesto por los yihadistas: prohibido escuchar música, reír, fumar e incluso jugar al fútbol. Las mujeres se han convertido en sombras que intentan resistir con dignidad. Cada día, unos tribunales improvisados lanzan sentencias tan absurdas como trágicas. El caos que reina no parece afectar a Kidane hasta el día en que accidentalmente mata a Amadou, un pescador que ha acabado con la vida de GPS, su vaca favorita. Ahora debe enfrentarse a las leyes impuestas por los ocupantes extranjeros.

Pero, ¿es esta fábula un cuento para los occidentales? Ésta es la gran pregunta planteada por el antropólogo André Bourgeot, especialista en Malí en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS). El experto hace hincapié en un enfoque maniqueo. Según Bourgeot, hay tres mitos que aparecen en el trabajo de Sissako: el del desierto, el del nómada identificado con la libertad y el de los tuaregs. Son clichés que hemos interiorizado por completo y la película confirma su validez.

De ser una estrategia de diplomacia pública para “explicar” a la ciudadanía el porqué de la intervención militar en Malí, parece que ha funcionado y que se ha conseguido el objetivo. En el país galo se vendieron 180.000 entradas durante la primera semana en cartelera, llegando a convertirse en la sexta película más taquillera de la historia de Francia. Los que la quieran ver desde casa lo pueden hacer a través de la plataforma Filmin por 2,95€.

INumber Number – Sudáfrica

Sudor, polígonos industriales en descomposición, acción, mucha acción, una banda sonora intrépida y la corrupción en toda sus formas se encuentran en el eje de iNumber Number, del director Donovan Marsh. No hay duda de que, en apenas quince años, Sudáfrica se ha erigido en líder de la cinematografía regional y compite en producciones a nivel continental con Nigeria, Egipto y Marruecos. Después de casi un siglo de supremacía blanca en la gran pantalla sudafricana, el desafío que se planteaba tras la era del apartheid se podía comparar al reto al que se enfrentaron los pioneros como Vieyra, Sembène o Hondo, es decir, crear una cinematografía auténticamente nacional.

Ya en el 2006, la nación del arcoíris se situaba en el foco internacional al convertirse en el primer país africano en ganar un Oscar por Tsotsi, del director Gavin Hood. Los guiones en los que se reflejan vidas relegadas al inframundo urbano de los guetos con una salvación anticipada han sido una constante. No sólo porque la violencia es inherentemente cautivante, sino también porque las historias sobre lo de abajo y lo de fuera comportan casi siempre una pátina de importación sociológica.

En INumber Number el casting es excepcional, con dos actores relativamente nuevos y experimentados entregando actuaciones estelares. Israel Makoe aporta a la película la cantidad justa de oportunismo que un personaje mafioso debe tener, mientras que S’dumo Mtshali ofrece la bravuconería y la arrogancia de un súper policía perfecto. Hay secuencias de acción impresionantes aliviadas con algún toque cómico. Sin duda, la película es actual en el contenido que explora cubriendo temas sociales urgentes que azotan a la policía sudafricana.

Triangle Going to America – Etiopía

“Conocí a un hombre nacido en Etiopía que decidió compartir conmigo su historia de cómo llegó a Estados Unidos”, explica el escritor y director etíope Teshome Theodros. “Yo estaba intrigado, no sólo por las dificultades de su viaje, sino también por investigar los motivos que le llevaban a dejar su patria y arriesgar su vida. Indagando me encontré con cientos de historias similares. Historias de muertes. Historias sobre la dificultad que tienen los africanos orientales antes de llegar a Estados Unidos. Triangle Going to America se basa en estos hechos”, sentencia el realizador.

Ya hay alguna referencia en el cine etíope a la inmigración y a la esclavitud gracias al trabajo del director Haile Gerima y su Sankofa (1993) en la que una mujer afro-americana viaja en el tiempo y experimenta la esclavitud. Una película poética, precisa y desafiante intelectualmente en la que el espectador no puede evitar las preguntas incómodas que plantea Gerima de manera elocuente.

En la película Triangle Going to America aparecen Kaleab y Jemal, que están dispuestos a soportar cualquier peligro para llegar a América por la promesa de una vida mejor. Pero, ¿realmente es así? En el camino, Kaleab conoce a Winta, de la vecina Eritrea, que se encuentra en un viaje similar. El trayecto y sus dificultades les harán acercarse y enamorarse profundamente. En este momento, y junto a un grupo de etíopes y eritreos, viajarán por un camino arduo e ilegal desde África oriental a los Estados Unidos, a través de Libia, Italia, México. Sin duda, un mensaje urgente sobre la inmigración y sus causas desde una latitud poco retratada en los medios occidentales: desde África del Este a América.

1 de octubre – Nigeria

Se cumplen exactamente 55 años de la independencia nigeriana de Gran Bretaña. Nigeria es la primera potencia del continente, el país más poblado y con la industria de cine más activa: Nollywood. En este contexto, el director Kunle Afoyalan, quien ya dirigiera la divertida comedia Phone Swap o la película de suspense The figurine, estrenaba este año 1 de octubre, fecha efectiva de la declaración de independencia de los británicos.

La película, ambientada en la preindependencia, narra a un detective que es contratado por el gobierno colonial con urgencia con el fin de resolver una serie de asesinatos de mujeres. Un suspense hitchconiano frente a la complicada tarea de anotar tintes históricos en un país en transición.

1 de octubre promete dar otro paso revolucionario en la producción del cine de Nollywood con imágenes de alta calidad. Kunle Afolayan se está moviendo hacia una industria internacional en busca de financiación, precisamente una de las características que definían a Nollywood: la independencia económica de financiadores externos, incluido el propio gobierno. Los resultados son tremendamente esperanzadores.

Sin embargo, esta película no es exclusivamente sobre los momentos previos históricos a la independencia en los años sesenta, o quizás sí, en cierto modo. Los temas transversales que se pueden apreciar son la venganza, el dolor, el abuso sexual, la enfermedad mental, la ironía de la moral anclada en la espiritualidad, el conflicto de las religiones y el racismo. Todas estas debilidades y fracasos sistémicos se encontraban ya en la época colonial impuesta. Así que en 1 de octubre el espectador observará un contexto muy esclarecedor y con una estética muy atractiva para lo que Nollywood nos tiene acostumbrados.

El (no) Oscar negro, negro

Película Timbuktú, dirigida por el mauritano Abderrahmane Sissako y nominada a los Oscar 2015 como la Mejor Película Extranjera.

Película Timbuktú, dirigida por el mauritano Abderrahmane Sissako y nominada a los Oscar 2015 como la Mejor Película Extranjera.

No, no ganó. O depende de cómo se mire, el film mauritano Timbuktú, nominada a la Mejor Película Extranjera para los Oscar 2015, ha ayudado a ganar a todos e incluso puede desatar una revitalización de los cines africanos. Mejor aún, la selección de un país con una visibilidad muy reducida en los circuitos internacionales seguramente rejuvenecerá el interés del público general por las cinematografías, no sólo de Mauritania, sino del continente en general.

La historia de las películas africanas en los Oscar es difusa y se remonta a 1969. En este año el director griego-francés Costas Gavras fue nominado por su tercer trabajo Zeta, en una película que terminó su producción tras varios problemas en Argelia, país por el que se presentó. Por lo que africana, africana, no fue. El segundo logro llegaría en 1976 cuando el director francés Jean Jacques Annaud se hizo con el galardón a la mejor película por Noirs et blancs en couleur (Negros y blancos en color) un guión bélico y de humor negro sobre la lucha entre los colonos franceses y los alemanes en África occidental durante la Primera Guerra Mundial. Lo curioso fue que la cinta se presentó por Costa de Marfil y en los libros de historia consta como la “primera película africana” en ganar el Oscar. Después llegaría 2005, sí, y Totsi, un retrato sobre la vida en Alexandria, uno de los barrios marginales de Johanesburgo, donde el director sudafricano Gavin Hood se haría también con el Oscar.

Pero el dato relevante es que el director de Timbuktú, Abderrahmane Sissako, se ha situado como el primer director negro africano en estar nominado a la famosa estatuilla. Su último trabajo es una visión esencial sobre el fundamentalismo islámico en un guión lleno de sinceridad política y de compromiso por la belleza cinematográfica.

El éxito de Sissako vino temprano en 2002 con su película Hemerakono (A la espera de la felicidad) una cinta que presentaba ya muchas de las mismas cualidades de Timbuktú: individual, reflexiva, compasiva por sus personajes, un sentido revelador del color y una banda sonora excelsa. Después en 2006, Bamako se presentaba como una película más desafiante, con el humor de Godard y una mezcla surrealista de teatro y política bajo los mandatos de las instituciones internacionales financieras. Bamako tendió a desconcertar y el reto removió más de una conciencia.

Las películas de Sissako se pueden considerar como parte de una filmoteca fundamental para entender la historia “muchas veces no contada” del continente entre los que se podrían enumerar nombres como: el senegalés y considerado “padre” de los cines africanos Ousmane Sembène o la también senegalesa y “madre” de los cines africanos Safi Faye; el burkinabés Idrissa Ouedraogo o su compatriota Fanta Regina Nacro; la togolesa Anne-Laure Folly; Djibril Diop Mambety; Cheick Oumar Sissoko; Med Hondo; Adama Drabo; Moussa Sené Absa; Jean-Marie Teno o Jean-Pierre Bekolo.

Por supuesto, hay más en la historia del cine africano que estos directores. De las películas marxistas del Mozambique de los años 70 a la potencia de la producción contemporánea nigeriana, pasando por el futurismo, la novela policíaca, el western o el humor. La oportunidad de contar historias africanas para una audiencia internacional puede, a veces, convertirse en una lucha. Por eso, la esperanza mezclada con alta dosis de necesidad de que Timbuktú pueda encabezar un renovado interés en el poder de las películas africanas. Y para quien todavía no la haya visto, aquí el trailer.

Los otros cinco (africanos) para los Oscar 2015

Las quinielas ya tienen ganadores, segundos premios, mejores decorados, mejores actores/actrices de reparto, incluso la empresa que tapizará de rojo el Teatro Kodak en Hollywood. Algunos, ante tanto alboroto y especulación pomposa, comienzan a sacarle punta a los discursos de agradecimiento porque… Nunca se sabe. Aunque quizás nadie logre llegar a la síntesis de Alfred Hitckcock que tras recoger el Oscar honorífico en 1968 por toda su carrera cinematográfica (nunca ganó una estatuilla a pesar de ser considerado como uno de los mejores directores de todos los tiempos) pronunció ante el respetable un escueto “gracias” e hizo mutis por el foro. Quizás fue la crítica más grande que se ha hecho desde el atril que representa el clímax en Hollywood.

Los Oscar de 2015 se acercan (22 de febrero). Y diciembre es un mes de cenas de gala, de Navidades repletas de promociones, de llamadas de teléfonos que subirán la tarifa e intentarán edulcorar la opinión de los críticos de la Academia. Noches de intriga. De amigos de corto recorrido. Se trata de los premios más importantes (y más comerciales) de la industria del cine. Un mes antes vendrá la antesala, la ceremonia de Los Globos de Oro (11 de enero) y unos días después (el 15 de enero) se anunciarán las películas que competirán por el Oscar al mejor filme extranjero en un año de récord: 83 películas presentadas que se quedarán en una terna de cinco.

Y son cinco. Desde el continente africano se han seleccionado cinco películas que representan un número geográfico e inspirador: The red Moon (de Hassan Benjelloun, Marruecos); The Factory girl (de Mohamed Khan, Egipto); Timbuktu (de Abderrahmane Sissako, Mauritania); Difret (de Zeresenay Berhane Mehari, Etiopía) y Elelwani (de Ntshavheni wa Luruli, Sudáfrica). Norte, sur, este y oeste. Una metáfora de la vitalidad entre dientes del séptimo arte en el continente africano. Sus cines resisten el envite del no credit, no cash perpetuo. Éste es el titular. Y como va de quinielas, aquí va la nuestra. A la africana, claro:

 

Timbuktu (del director Abderrahmane Sissako, Mauritania).

Es la gran favorita. Y él, Sissako, es el poeta de los silencios. Esta vez presenta su cuarto largometraje ambientado en su tierra de acogida Mali. Es 2012 y el fundamentalismo muestra su cara más radical maquillada con ametralladoras. Extremistas arrogantes y violentos administran castigos horrendos y absurdos. Destruyen la gracia y la belleza con la impunidad en una historia basada en personas y hechos reales: Kidane, un pastor con siete vacas que vive una vida sencilla y feliz con su esposa e hija Satima Toya, su “pajarito”. Fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el último Cannes y también en el festival de Toronto. En el Festival Internacional de Durban (Sudáfrica) se hizo con el premio a la mejor película.

 

Difret (de Zeresenay Berhane Mehari, Etiopía).

La ópera prima de Zeresenay Berhane, que se alzaba con el premio del púbico a la mejor película en el festival de Sundance, también está basada en acontecimientos reales. La película indaga sobre la posible aparición de la nación en el mundo moderno y sobre qué sucede cuando tradiciones centenarias se rompen y los sistemas de creencias son abandonados. Difret además tiene dos significados: valiente o ser raptada.

La sinopsis lo deja claro: En Addis Abeba, la abogada Meaza Ashenafi ha establecido una red que proporciona una representación legal gratuita a mujeres y niños pobres. Valientemente, ella se enfrenta a todo tipo de hostigamientos por parte de la policía y de los miembros masculinos de gobierno. Sin embargo, Meaza decide ir a por todas cuando se hace cargo del caso de Hirut, una niña de 14 años que ha sido secuestrada y violada de camino de la escuela a casa. La niña escapa disparando a sus verdugos y es acusada de asesinato. Ahora, Hirut se enfrenta a la pena de muerte a pesar de que ella estaba actuando en defensa propia. En algunas zonas rurales de Etiopía, la tradición de ‘Telefa’ o el matrimonio por rapto todavía existe.

Así que apunten en las agendas el 15 de enero para ver qué cinco películas serán las elegidas para optar por el Oscar al mejor filme extranjero.

¿Y si Nigeria gana un Oscar en 2015?

El premio Óscar –también llamado «premio de la Academia» o en inglés: Academy Award– es un premio concedido por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas en reconocimiento a la excelencia de los profesionales en la industria cinematográfica, incluyendo directores, actores y escritores, y es ampliamente considerado el máximo honor en el cine.

El premio Óscar –también llamado «premio de la Academia» o en inglés: Academy Award– es un premio concedido por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas en reconocimiento a la excelencia de los profesionales en la industria cinematográfica, incluyendo directores, actores y escritores, y es ampliamente considerado el máximo honor en el cine.

¿Quién ha escuchado hablar positivamente de Nigeria en los últimos meses? Suburbios, pobreza, conflictos religiosos, Boko Haram, secuestros… Ante este panorama ensordecedor pocos son los canales que se hacen eco de este otro gigante mundial con casi 170 millones de personas. Pero Nigeria es una muestra ejemplarizante de que algo está cambiando con sus imperfecciones, sueños truncados por tanta privatización desenfrenada y desilusiones al tiempo de éxitos, emprendeduría, dinamismo, alternativas y “rompeesquemas” mentales. Sí. Por ejemplo, el pasado mes de abril se publicaba el titular que a todas luces era una mera cuestión de tiempo: Nigeria es la potencia más rica del continente por delante de Sudáfrica*.

De esto poco se informa. Más bien se desinforma. La linterna a veces debería alumbrar al mismo tiempo a la vista y al canal auditivo. De esta sencilla forma hubiéramos sabido que el viernes pasado terminó en la capital de Nigeria, Abuja, el Foro Económico Mundial que acogió a unos 1.000 representantes entre empresarios, miembros de diferentes gobiernos, sociedad civil y académicos para “moldear” el sistema de cooperación y ayuda en África. Y no es casual que se celebrara en este país centroafricano después de que sea vox pópuli el incremento de ceros a la derecha de las principales empresas norteamericanas y de su antigua metrópolis, el Reino Unido, que tienen su parcela particular de negocios: Nestlé, Cadbury, etc. Quizás tampoco nos debe sorprender que ¡Oh my God! EE.UU. y Reino Unido decidan intervenir en el país para rescatar a las más de 200 niñas que han sido secuestradas por el grupo terrorista Boko Haram. Lo curioso es que hayan tenido que esperar más de 10 años para tener algún gesto proactivo. O esto, o se tomaron al pie de la letra al líder y fundador Mohammed Yusuf que pregonaba, y siguen haciendo sus seguidores, que “la pretenciosidad es anatema”. Y ya se sabe: donde fueres…

Nollywood es la segunda industria cinematográfica del mundo en volumen de producción.

Nollywood es la segunda industria cinematográfica del mundo en volumen de producción.

En cualquier caso, más allá de Fela Kuti –padre del afrobeat–, atletas o, dentro de pocas semanas en el Mundial de Brasil, la selección de fútbol, Nigeria es sinónimo de oscuridad. Pero solo para algunos. Para los que no estén muy familiarizados con los cines de África hay que empezar por el dato estrella. A ver. ¿Cuál es la segunda industria cinematográfica del mundo? ¡Premio! Es la nigeriana, más conocida como Nollywood. La que encabeza el ranking es Bollywood (la industria de la India) y Nollywood se encuentra por delante de la todapoderosa Hollywood (la industria norteamericana y mainstream por excelencia).

Al final por derecho propio, Nollywood que genera unos 200.000 empleos directos según cifras del gobierno nigeriano, proporcionan unos ingresos de 450 millones de euros al año y tiene incluso su propio sistema de estrellas (programas con los actores de moda, festivales, revistas, etc.) ha gritado la atención de la meca de los premios del cine: los Oscars.

Hace unos días la Academia de las Artes y las Ciencias (AMPAS) aprobó un comité de 12 expertos en Nollywood, denominado Comisión para la Selección de Oscars Nigeriano (NOSC), que será el encargado de elegir la película que representará a Nigeria en la sección a la Mejor película extranjera a partir del 2015. Cada película seleccionada de Nollywood tendrá que competir cada año con los trabajos de 85 países. Al final la Academia norteamericana seleccionará sólo a 5 películas que lucharán por la preciada estatuilla.

Consejo nigeriano encargado para la selección de la película de Nollywood que representará a niGERIA EN 2015.

Consejo nigeriano encargado para la selección de la película de Nollywood que representará a Nigeria en el camio al Oscar a la mejor película extranjera en 2015.

La aprobación de la NOSC representa un hito para la industria del cine de la nación que ha sido reconocida como una de las industrias de cine más grandes a nivel mundial. Durante años, los grupos de interés han estado tratando de mejorar aún más sus normas y esto parece representar un paso en la dirección correcta. No hay que pasar por alto que elpresupuesto mediano de una película en Nollywood es de unos 12.000€ y que el tiempo de producción es de 7 a 10 días. Por establecer una comparación con Hollywood, una gran producción necesitaría algunos cientos de millones de euros. Las películas, generalmente, son filmadas con una cámara digital para salir directamente al mercado de los DVD, ya que la mayor parte de las salas de cine han tenido que cerrar debido a la inseguridad. Aproximadamente sólo un 0,5% de todas las películas que se graban tienen como objetivo final la gran pantalla.

Por este motivo, y de acuerdo con las reglas de la Academia, el comité nigeriano tendrá que tener en cuenta en su selección siete criterios: la historia, la dirección, la actuación, la cinematografía, el sonido, la música y el tema universal.

Los miembros del NOSC forman parte de destacados profesionales que han demostrado con el tiempo su valía como algunos de los mejores en la industria del cine nigeriano. La presidenta del comité es Chineze Anyaene directora de la película Ije (El viaje) producida en 2010 y que fue el primer film de Nollywood en participar en festivales de cine internacionales. La misma Anyaene ha afirmado que “ésta es una gran oportunidad para Nigeria de tener una voz en la escena internacional de cine”. Los otros miembros son: Ngozi Okafor, Olumide Amure, Ramsey Nouah, Kene Mkparu, Emeka Mba, Chioma Ude, Akin Salami, Mildred Okwo, Biola Alabi, Charles Novia y Shaibu Husseini.

Los vientos son de cambio. Y la industria del cine de Nollywood tiene que jugar a nivel mundial para que la gente comience a mirar con otra perspectiva no solo al país, sino al continente.

* El indicador que se tiene en cuenta es el PIB que, digamos, explica cómo de rica es una nación –léase las principales empresas que cotizan en Bolsa– pero no muestra necesariamente cómo de ricos son los individuos que componen la nación debido a la desigualdad en la distribución de la riqueza o a los problemas de salud. Además, el crecimiento de este indicador no es sinónimo de creación de empleo. Vamos, que no se come del PIB.

 

Situar África en el mapa o la didáctica de ganar un Oscar – Lupita Nyong’o

Lupita Nyong'o posando con el Oscar a la mejor actriz secundaria. Fuente: http://www.glamour.de

Lupita Nyong’o posando con el Oscar a la mejor actriz secundaria. Fuente: http://www.glamour.de

Sí, una keniana, Lupita Nyong’o, ha ganado el Oscar a la mejor actriz secundaria. Y su discurso “no importa en dónde se encuentre uno, tus sueños son válidos” en la meca de Hollywood, tiene muchas lecturas; tantas como interpretaciones sobre el porqué de este premio del cine comercial bajo el mandato Obama que, por cierto, tiene raíces kenianas. De nuevo, un tridente conocido gana adeptos en las salas de medio planeta con la película 12 años de esclavitud: negros, esclavitud y un continente, el africano, que se reduce a una historia maltratada interesadamente por la propia historia.

Pero que una mujer keniana -sí, nacida en México, pero criada en Nairobi- alzara el pasado fin de semana la preciada estatuilla en la 86 edición de los Oscar tiene un componente didáctico que a Hollywood se le escapa del encuadre y del guión: mucha gente no familiarizada situará a Kenia en el mapa. Y al mirar al sur del Sáhara (48 países) comprenderán que desde la década de 1960 se realiza cine made in Africa y que son muchos los festivales internacionales dedicados a lo largo del año a visibilizarlo.

En este camino de proximidad geográfica que permite la alfombra roja de Hollywood, hoy viajamos al país vecino, Sudán, donde hace un mes tenía lugar el primer festival de cine independiente: el Sudan Independent Film Festival. No ha habido ningún Oscar de por medio, pero ¿por qué no conocer más de cerca la historia del cine en este país y saber en qué momento se encuentra?

Un breve repaso nos situa en los tempranos años del siglo XX, donde el colonialismo británico estaba muy presente en la industria cinematográfica bajo un cine de propaganda, misionero o educativo. De hecho, en 1912 se proyectó la primera película documental sobre la visita del rey Jorge V al país en un teatro al aire libre. Más tarde, en 1920, comerciantes griegos asentados en Jartúm, la capital, comenzaron a mostrar películas mudas. Esta dinámica se hizo más fuerte una década más tarde cuando The Sudan Cinema Corporation, liderado por hombres de negocios sudaneses, comenzaron a construir teatros y a distribuir películas.

Observando el éxito que tenían entre el público los largometrajes que se exibían, las autoridades británicas decidieron crear en los años 50 la Sudan Film Unit para producir noticias breves en blanco y negro con una finalidad educativa (al estilo del NODO español). La colonización se sirvió del audiovisual para llevar a cabo su proyecto civilizador. Es decir, educar bajo los ideales cristianos, con el estilo de vida europeo y rindiendo pleitesía a la Corona británica. Muchas de sus películas se mostraron en todo el país a través de camiones de cine móvil. Os dejamos un frafmento de Cinema in Sudan: Conversations with Gadalla Gubara.

Según Tayeb el-Mahdi, director sudanés y responsable del Sudan Film Group, la primera película de Sudán fue un cortometraje llamado Homeless Childhood realizado en 1952 sobre los niños sin hogar. Y en 1970 se produjo el primer largometraje, Hope and Dreams. En esta época, enmarcada por las esperanzas de cambio puestas en la gran mayoría de países africanos que se habían independizado, el papel del Estado fue casi inexistente de cara a reforzar y apoyar una industria muy debilitada. Muchos creyeron que el cine era un negocio arriesgado y que no tenía ninguna garantía de futuro.

El cambio de plano más importante tuvo lugar después de 1989, cuando un nuevo gobierno de corte islamista llegó al poder. La mano dura en el ámbito audiovisual se cebó primero con el cierre de la Sudanese Cinema Company, seguido de la censura, la subida de impuestos, las trabas aduaneras para importar cine y, en estos últimos tiempos, la competencia de la televisión por satélite e Internet. Este hara-kiri cultural ha desembocado en que actualmente sólo una de las 14 salas de cine de Jartúm siga funcionando.

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Sin embargo, dos décadas más tarde, jóvenes cineastas sudaneses están tratando de reactivar el sector, tanto a nivel local como en la diáspora, y con el acceso a la tecnología digital que abarata los costes. Ejemplos como la de la cineasta Taghreed Sanhouri anglo-sudanesa con reconocimiento internacional por su trabajo en festivales de cine como Nueva York, Toronto o Ámsterdam, o el del afincado en Jartúm, Talal Afifi, que en 2010, con el apoyo de Instituto Goethe, estableció su Sudan Film Factory, son parte de este cambio. En concreto, esta factoría de cine en el corazón de Sudán ha llevado a cabo docenas de seminarios y talleres, y ha ayudado a producir hasta el momento 33 cortometrajes.

Tras la prueba superada del primer Festival de Cine Independiente, el gobierno quizás deba entender que el cine no es un enemigo y que al igual que ocurre con el cine iraní, puede crear una poesía estética y visual no ofensiva para la sensibilidad de la sociedad islámica y, por supuesto, para el regimen. Este evento es un buen paso para traer de vuelta el séptimo arte a Sudán aunque tiene que haber una voluntad política para ayudar. Quizás el vestido azul que llevaba Lupita Nyong’o en la ceremonia de los Oscar recordando a las aguas del Nilo -uno de los ríos más importantes del mundo a nivel politico, social y económico- sirva como metáfora para poner el acento en las cinematografías del continente. Quizás.

 

Capitán Phillips: el Cinema Verité dice adios a Somalia

Barkhad Abdi, nominado al Oscar al mejor actor secundario

Barkhad Abdi, nominado al Oscar al mejor actor secundario

¿Fue finalmente la lotería? La historia acaricia aquello de “el lugar donde uno nace determina en gran medida la proyección de vida futura”. Barkhad Abdi, el joven somalí que interpreta a Abduwali Muse, el líder de los piratas que secuestran un barco con bandera estadounidense en la película Capitán Phillips (2013), tenía catorce años cuando su familia ganó una US Green Card Lottery. Se mudaron a Mineapólis y se instalaron junto a la comunidad somalí de esta ciudad. Trabajaba como conductor de limusinas hasta que se presentó a un casting anunciado por televisión junto a tres compatriotas más. Ahora, una espera diferente, lo sitúa entre los nominados a los Oscar como el Mejor Actor Secundario.

Una vez más, la proyección de Hollywood en el continente africano se basa en una realidad a medias golpeada principalmente por los medios occidentales sobre la piratería en las costas del Índico; en concreto, las de Somalia, la más larga del continente con 3.300 kilometros de longitud. Capitán Phillips es un relato del secuestro en 2009 del MV Maersk Alabama. Un guión basado en hechos reales que refuerza el imaginario de que en el Cuerno de África la esperanza galopa sobre un AK-47 y que la ayuda internacional, entendida como caridad en la película protagonizada por Tom Hanks y dirigida por el británico Paul Greengrass, es imprescindible e incuestionable. Primero en 2001, la industria hollywodiense entraba en Somalia por tierra y aire en Black Hawk Derribado, ahora, doce años después, lo hace por mar. Tiempos de propaganda que no dejan espacio al pataleo para un Cinema Verité.

Momento del asalto al 'MV Maersk Alabama' con los actores somalíes Faysal Ahmed, Mahat Ali y Barkhad Abdirahman.

Momento del asalto al ‘MV Maersk Alabama’ con los actores somalíes Faysal Ahmed, Mahat Ali y Barkhad Abdirahman.

La película contiene todos los ingredientes de un suspense: ataque a un carguero por un pequeño comando armado de piratas somalíes, rehenes, un puñado de dólares, persecución in extremis, la armada americana que moviliza a varios buques de la marina y un síncope que deja sin aliento al espectador después de una hora y media con el objetivo conseguido: no hay lugar para la reflexión en cuanto a la sinrazón de los jóvenes piratas. Y realizar películas es también hacer una elección.

La escena inicial de la película, envuelve al capitán Phillips en un espacio de confort: una familia, una casa y un futuro cierto. La primera escena que describe a la población costera somalí es una cárcel a cielo abierto amenazada por la mafia y la miseria cuya única alternativa es la piratería aderezada con khat, una planta estimulante que se utiliza tradicionalmente por las comunidades de Etiopía, Kenia, Somalia y Yemen. El transfondo, que se menciona sólo tangencialmente, es que la industria pesquera de Somalia había sido diezmada. Después del colapso por la guerra civil entre diferentes clanes en la década de 1990, la ausencia de un gobierno central fuerte -junto con la indiferencia de la comunidad internacional- se abrió un vacío para los señores de la guerra y los oportunistas. Al mismo compás, arrastreros extranjeros y otros buques con residuos industriales –toxinas nucleares, incluido el uranio– hacían servir esta costa sin control, como vertedero.

La revista Time informó en 2009 de que los somalíes se volvieron piratas después de que los barcos occidentales hicieran imposible la pesca para los pescadores locales que no podían competir con los grandes buques y su última tecnología: “Un informe de las Naciones Unidas en 2006, dijo que, en ausencia de guardacostas en el país, las aguas somalíes se han convertido en el sitio de una organización internacional “libre para todos”, con las flotas pesqueras de todo el mundo saqueando ilegalmente las poblaciones somalíes y congelando a los caladeros locales equipados rudimentariamente. Según otro informe de la ONU, se estima que cada año se roban unos 300 millones de dólares en productos del mar al país”.

Entre tentativas de proteger lo que es de uno y cuestionarse qué modelo es más rentable económicamente, muchos pescadores somalíes desesperados formaron flotillas de vigilantes para ir tras los buques de pesca extranjeros. Una realidad que resultó ser mucho más lucrativa que la pesca. El Banco Mundial (BM) recientemente estimaba que entre 2005 y 2012 se pagaron en rescates aproximadamente entre 339 y 413 millones de dólares. Para este periodo, 179 barcos fueron asaltados. Por lo que en la película, Abduwali Muse no es realmente un pescador: él no tuvo esa opción para empezar.

Dos o tres líneas adicionales de diálogo habrían iluminado al público acerca de la complejidad del problema de la piratería. La simple exposición de las motivaciones de los antagonistas habrían convertido a Capitán Phillips en una película inteligente, una tragedia en la que las fuerzas de oposición son forzadas a un enfrentamiento en el que al menos uno de los lados debe morir. Sin embargo, el director Greengrass se queda lejos del Cinema Verité y ofrece un trabajo moral de David contra Goliat. Cuando haces una película basada en la historia, es imposible incluir todos los detalles. Sin embargo, los hechos de fondo básicos son cruciales para entender la historia. La omisión o girar cuestiones (¿por qué los somalíes recurrieron a la piratería?) los despoja de su contexto. La implementación de un tono didáctico –ese “para todos los públicos”– hace que estas mentiras cinematográficas (los somalíes son pobres y codiciosos ) se hagan creíbles.