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Sémbéne, en letra impresa

Sémbéne Ousmane. Fuente: hiijodelanoticia.wordpress.com

La dimensión cinematográfica de Sémbéne Ousmane es seguramente la más conocida de este senegalés considerado el padre del cine en este país y de hecho ya ha sido tratada por Wiriko, sin embargo, su vertiente literaria no es ni mucho menos despreciable. Además de que varias de sus novelas son el origen de muchas de sus películas. Así que en esta entrada se hablará de su producción como novelista.

Entre muchas otras se pueden destacar dos características de la pluma de Sémbéne que se repiten a lo largo de su obra. La primera de ellas es su sensibilidad social; la segunda, un realismo descarnado que roza en algunos casos la crueldad, que por otro lado no es gratuita, sino el resultado de unas historias teñidas de drama. Este realismo se convierte en un instrumento narrativo que lleva al lector a sentirse mucho más cerca de personajes que a menudo se ven abocados a situaciones sin salida.

Sólo por citar dos ejemplos de este realismo que supera una simple cuestión de estilo se encuentran, por ejemplo, en Le Mandat (“El mandato”) que fue llevado al cine como Mandabi, y en Les bouts de bois de Dieu (“Los trozos de madera de Dios”). En el primer caso, el protagonista es una especie de Hércules enfrentado a las duras pruebas planteadas por la burocracia de un estado postcolonial joven. Con esa narración sin concesiones ni adornos, Sémbéne consigue despertar una simpatía por un extraño modelo de héroe que nos es más que un ciudadano de a pie con pocas características apreciables. La angustia y el desasosiego, la impotencia y la frustración se transmiten al lector cuando se hace evidente que el protagonista es un ser insignificante que debe hacer frente a un sistema que no se detiene ante nada, pero que, eso sí, despierta falsas expectativas.

Le bouts de bois de Dieu, por otro lado, transmite la incertidumbre que genera un sistema colonial tratando de aplastar una sed popular de equidad. Se trata de la historia de la huelga de obreros de la línea ferroviaria planeada entre Senegal y Níger. La represión puesta en marcha por las autoridades coloniales se hace más cruel cuando el lector va sintiendo que quienes más la padecen son los más inocentes.

Tanto el estilo como la trayectoria de Sémbéne Ousmane son compresibles y justificadas a la vista de su biografía. Movilizado muy joven como miembro del cuerpo de tiralleurs del ejercito francés, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial abandonó Senegal para trasladarse clandestinamente a Francia, donde empezó a trabajar como estibador en el puerto de Marsella. Las inquietudes militantes del artista encontraron un caldo de cultivo ideal, con su implicación en las luchas sindicales, su pertenencia al Partido Comunista y su compromiso con los movimientos antibélicos y de descolonización. Sémbéne, senegalés y ex tiralleur, tenía autoridad de sobra para sostener unos valores apoyados en su sensibilidad social.

Desde su estancia en Francia y con su regreso al Senegal independiente, el novelista no dejó de reflejar estas inquietudes en sus obras, pero también en su forma de actuar. Resulta curioso que poco antes de su muerte, ya octogenario, Sémbéne declarase en una entrevista su aprecio por la literatura y constatase que el peso de la tradición oral condicionaba el consumo de libros. El autor señalaba, no sin cierto hastío, que a pesar de que le gustaba escribir no lo hacía porque “apenas hay librerías y los libros son caros” que se venden muy poco, por esos motivos y porque los propios intelectuales africanos tienen más a decantarse por las obras de autores europeos. Hasta ese momento, Sémbéne había denunciado a través de su obra (tanto literaria como cinematográfica), desde la corrupción hasta prácticas como la escisión, desde la fuerza de las mujeres senegalesas hasta la irracionalidad de los sistemas políticos postcoloniales (y la arbitrariedad de los coloniales) y había reclamado una mayor atención para las creaciones africanas. Lo más interesante es que no lo había hecho sólo como un posicionamiento, sino que lo había llevado a cabo. Él mismo fue el ejemplo, de crítica, de creatividad, de protesta y de afán constructivo.

El cine senegalés se pone sus mejores galas para la IX edición del FCAT

El Festival de Cine Africano de Córdoba que arrancó el pasado sábado 13 de octubre, trae a la localidad andaluza una selección excepcional de la cinematografía senegalesa. Además compite al mejor largometraje de ficción la película premiada recientemente Tey, del director Alain Gomis.

El Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT) subió el telón de su IX edición que comenzó el pasado sábado 13 de octubre. El FCAT, nacido en la localidad gaditana de Tarifa, cambia su sede este año por Córdoba, ciudad milenaria y símbolo del diálogo entre los pueblos que se encuentra engalanada para la cita anual en España con el cine africano.

Imagen promocional de la pelicula francosenegalesa ‘Tey’ (2011) de Alain Gomis

En esta edición, la película senegalesa que compite por el Griot al Mejor Largometraje de Ficción, en la sección “El sueño africano”, es Tey (2011), tercer largometraje del director franco-senegalés Alain Gomis. Su trabajo muestra el último día de la vida de Satché. Sabe que es así y  que a pesar de ser fuerte y tener buena salud, acepta la inminente llegada de la muerte. Se trata de un retrato de cómo el exiliado que regresa a su país se reencuentra sus orígenes. La película Tey ha sido seleccionada en la Berlinale 2012 y premiada recientemente en el Festival de Cine Africano de Milán y en el Festival de Seattle. Sin duda, una fuerte candidata a recibir algún galardón.

El director Alain Gomis nació en 1972, hijo de padre senegalés y de madre francesa y es uno de los cineastas del África occidental más originales y más confirmados. Estudió Historia del Arte y Cine. Rodó varios cortometrajes, entre los que destaca Tourbillons, presentado en el Festival de Clermont-Ferrand. Rodó su primer largo en 2001, L’Afrance. Su última película hasta la fecha, Hoy, fue seleccionada por el Festival de Berlín 2011.

Un recorrido por el cine senegalés desde la Independencia con mirada en la ciudad

El FCAT presenta este año dentro de su ciclo Cine y Urbe, y fuera de concurso, una oportunidad para ver películas senegalesas que han acompañado el recorrido de las cinematografías africanas desde su nacimiento en los años sesenta. La intención es doble. Por un lado, dar a conocer una cinematografía propiamente africana, donde el papel o el lugar que ocupa la ciudad es significativo, y cuyas películas ocupan un lugar destacado en la historia del cine africano. Y por otro lado, invitar a descubrir una idea diferente del continente africano. Sabido es y conocidos son, los estigmas y prejuicios que arrastra África. Por ello, con Cine y Urbe se pretende hacer un pequeño balance del papel que ha jugado y sigue protagonizando la polis africana en el pasado y presente del continente.

Cartel promocional del film ‘Borom Sarret’ de Sembène Ousman

La primera de ellas es Borrom Sarret (1963), de Ousmane Sembène. Si en 1955 marca la primera página del cine africano Afrique sur Seine, la obra de Sembène, Borom Sarret, es la primera película rodada en África por un africano. Se trata de un cortometraje de 22 minutos sin diálogos y sostenida por una voz en off que expresa los pensamientos del personaje principal, el carretero, que nos lleva durante un día de trabajo por la cotidianidad de este personaje, un pobre entre los pobres, que al final de la jornada pierde todo lo que tiene. La sobriedad con la que está rodada y la distancia que adopta el director ante los hechos nos hacen encontrar referencias en el neorrealismo italiano como en la obra de Vittorio De Sica, Ladrón de bicicletas (1963).

Otra de las películas que se podrán disfrutar es Contras’City (1968), de Djibril Diop Mambéty. Paseando por las calles de Dakar nació la primera película de Mambéty, Contras City (Ciudad de contrastes) la primera comedia africana. Con un tono satírico y experimental, Mambéty establece ya una enorme complicidad con la ciudad de Dakar para mostrar sus calles y sus gentes, una ciudad en la que han quedado las huellas de diferentes colonizaciones, “donde tenemos una catedral cristiana de estilo sudanés, una Cámara de Comercio que se asemeja a un teatro, mientras que el teatro se parece a una casa de protección oficial”.

Tresors des publes (1970), obra de uno de los padres del cine documental africano, Samba Felix Ndiaye. El documental describe en cinco cortos la destrucción del ecosistema del Senegal y ensalza el genio de los artesanos, para quienes la recuperación es una necesidad vital.

La última de las películas que se podrán ver en el ciclo Cine y Urbe es Un transport en commun (2009), de Dyana Gaye. En esta película se muestra la evolución de los personajes que comparten destino subidos a un taxi de Dakar a Saint Louis.

El contexto

Tras ocho ediciones en la localidad gaditana de Tarifa, este año 2012 el festival se traslada a la ciudad de Córdoba, ubicada también en el sur de España. En esta nueva etapa el evento seguirá siendo fiel al principio que lo ha convertido en uno de los mayores referentes europeos para el cine africano: ofrecer a las cinematografías de África una plataforma para alcanzar tanto al público como a los profesionales europeos.

Organizado por la ONG Al Tarab con el apoyo, entre otros, del ayuntamiento de Córdoba, la Junta de Andalucía y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). EL Festival está proyectando durante una semana, y desde el pasado sábado, 94 películas de África o sobre África procedentes de 28 países de África y Oriente Medio, acompañados de actividades para profesionales, exposiciones y actividades paralelas para todos los públicos.