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Escaparate literario desde Costa de Marfil

Prix Ivoire1

Los premios y concursos son siempre un sistema controvertido cuando se aplica a la literatura, y son habituales las críticas desde las más variadas perspectivas, desde la falta de legitimidad de los convocantes hasta la arbitrariedad de los criterios o las intenciones mercantilistas (más que artísticas o culturales) que se pueden esconder detrás de algunos de ellos. El hecho es que todas estas condiciones se cumplen en África e, incluso, en ocasiones se suman algunas más relacionadas, por ejemplo, con enfoques neocoloniales o, incluso, de explotación (por hacer un paralelismo) de recursos, pero en este caso humanos.

En todo caso, hay un elemento que en un premio siempre se coloca en la columna de las ventajas y es la cuestión de la visibilidad. En el mejor de los casos, un concurso hace que emerjan libros o autores que estaban más o menos sumergidos. En este caso, el Prix Ivoire pour la Littérature Africaine d’Expression Francophone, tiene de alguna manera, esa virtud de escaparate, más allá de los dos millones de francos CFA de los que está dotado (algo así como unos 3.000 euros). Al margen del resultado final, es decir, del fallo del jurado, del único autor que podrá poner en su curriculum que se ha alzado con este galardón en una edición concreta, el premio que ha llegado este año a su sexta convocatoria, nos llama la atención sobre una serie de nombres. Algunos de estos autores tendrán después una trayectoria más larga y, en todo caso, se asoman a un púlpito nada despreciable.

El Prix Ivoire no tiene vocación de descubrir autores absolutamente desconocidos, teniendo en cuenta que premia libros que ya han sido publicados. Pero desde aquí, desde Europa, ésta es una buena excusa para asomarnos a la habitualmente poco accesible literatura africana. Según señalan los propios impulsores del certamen, la asociación marfileña Akwaba Culture, a modo de objetivo, se trata de “un premio africano de literatura destinado a recompensar a un autor africano por una de sus obras”.

En pleno mes de agosto, se hizo pública la lista de los finalistas del premio que debería fallarse el próximo noviembre. Pero es precisamente, este paso, el de la exposición de los primeros preseleccionados, el que cumple fundamentalmente esa labor de escaparate. Evidentemente, el premio es una iniciativa marfileña pero con una vocación panafricana (del África francófona, eso sí) impulsado por la asociación Akwaba Culture y apoyado por el Ministerio de Cultura y de la Francofonía de Costa de Marfil, la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), la Embajada de Francia en Abidjan, el grupo Librairie de France y Orange – Costa de Marfil.

La lista de estos preseleccionados nos descubre un grupo de autores africanos procedentes de cinco países, entre los que se encuentran algunos desconocidos para nosotros y otros que ya han tenido su momento de gloria, o que al menos han tenido una cierta proyección, como es el caso del gabonés Janis Otsiemi, del que ya hemos hablado en esta sección. Simplemente a modo de llamada de atención, el resto de los preseleccionados son los marfileños Josette Abondio y Flore Hazoumé, el guineano Mamadou Aliou Bah, los cameruneses Hemley Boum y Marcel Nouago Njeukam y la marroquí Badia Hadj Nasser. Vale la pena seguir la pista de todos ellos.

Por lo que se refiere a la trayectoria del premio y para seguir llamando la atención sobre autores africanos que no han terminado convirtiéndose en “superestrellas” del panorama literario europeo, pero que merecen atención, el primero de los ganadores (en 2008) fue el senegalés Racine Kane; le siguió el marfileño Tiburce Koffi; en 2010, el galardón fue para la camerunesa Elisabeth Ewombè-Moundo; en 2011 fue premiada la única obra de no ficción de este palmarés, se trató de una biografía de Félix Houphouët-Boigny, concretamente los dos últimos de los tres volúmenes de esta obra de Frédéric Grah Mel; y por último, la última laureada (en 2012) ha sido la senegalesa Mariama N’doye.

Los propios organizadores del premio reconocen que se trata de una buena manera de darse publicidad para los autores y de conseguir visibilidad, gracias a la colaboración con numerosos medios de comunicación y, aunque no lo reconozcan explícitamente, gracias al prestigio que se ha ido construyendo esta convocatoria. Una parte de este prestigio viene dada por el hecho de que el acto de la entrega se convierte en una gran fiesta de la literatura africana francófona. Por el palco de los autores invitados han pasado nombres como Aminata Sow Fall, Djibril Tamsir Niane, Cheikh Amadou Kane, Boubacar Boris Diop, Henri Lopes o Alain Mabanckou, por citar sólo algunos de ellos. En la fiesta que se celebrará en noviembre, este honor recaerá en  la ruandesa Scholastique Mukasonga y el guineano Tierno Monénembo.

Festival Internacional Duo Solo Danse (St.Louis, Senegal)

Artículo escrito por Nadia Valentín Pardo: Licenciada en Historia del Arte (UCM), Máster Oficial en Artes Escnénicas (URJC) y Postgrado en Cooperación y Gestión Cultural Internacional (UB). En los últimos años ha combinado su experiencia profesional como docente y mediadora intercultural con su labor como programadora y gestora cultural en España, Guinea Ecuatorial, Francia y Senegal. (Dakar, Senegal)

 

264400_528959173806715_1879644659_nDel 12 al 15 de junio de 2013 coreógrafos y bailarines de Senegal, Malí, Burkina Faso, Marruecos, Túnez, España, Francia, Suiza y los Países Bajos, se dieron cita en la sexta edición del Festival Internacional de Danza Duo Solo Danse, poniendo en movimiento las calles y conciencias de una bella, imperturbable y decadente St. Louis de arquitectura colonial, que por momentos parece anclada en el tiempo. Esta iniciativa de la Asociación Diagn´art, dirigida por el coreógrafo y bailarín senegalés Alioune Diagne, constituye probablemente la cita más importante de la danza contemporánea en Senegal y uno de los eventos fundamentales en la agenda cultural de las artes escénicas de África del Oeste.

A pesar de las dificultades financieras, que este año se han dejado sentir un poco más como consecuencia de la crisis económica en Europa, el festival ha conseguido reunir de nuevo una buena muestra de la creación contemporánea que se está desarrollando en estos momentos en África y en Europa, gracias a un equipo apasionado y perseverante, y a la fidelidad de ciertos sponsors y partenaires.

Durante cuatro días, los amantes de la danza, expertos y neófitos en la materia, han podido disfrutar de algunos espectáculos de gran calidad técnica y artística realizados por profesionales de renombre internacional y por jóvenes senegaleses en formación. El Instituto Francés, las calles de algunos barrios populares, el campus de la Universidad Gaston Berger, y diferentes edificios históricos de la ciudad, como por ejemplo la catedral, se convirtieron en los principales escenarios del Festival.

Y es que dos de los objetivos fundamentales de la Asociación Diagn´Art , además de favorecer el desarrollo y la difusión de la creación y producción de la danza contemporánea en Senegal, son: contribuir a su profesionalización, dando la oportunidad a jóvenes provenientes de diferentes puntos del país, de formarse e introducirse en el circuito profesional, y hacer accesible la cultura al gran público, ofreciendo de manera gratuita espectáculos y performances en las calles, o desarrollando proyectos pedagógicos artísticos en centros escolares a lo largo del año, dándole así la oportunidad de descubrir “nuevas” formas de expresión artística, que por desgracia, aún son desconocidas por buena parte de él y muy poco reconocidas a nivel social.

A este nivel, destacamos el estreno, en diferentes emplazamientos de la ciudad, de Sacre, resultado del trabajo coreográfico de Rachid Heldi con el grupo de adolescentes hip- hoperos que componen la compañía Art 2 Scène de Lille (Francia) y del trabajo coreográfico de Alioune Diagne, de la compañía Diagn´Art (Senegal), con un grupo de jóvenes pre-profesionales con mayor recorrido en hip-hop y sabar que en danza contemporánea. Una semana antes de que diera comienzo el festival, ambos coreógrafos pusieron en común en St. Louis, el trabajo que habían desarrollado durante meses con los jóvenes en sus respectivas sedes, terminando de dar forma a una interesante versión St. Louisiana de la ya centenaria La Consagración de la Primavera de los Ballets Rusos de Diaghilev. Sorprendente y enervante, fue la inesperada situación vivida en el campus de la Universidad Gaston Berger, cuando en plena función, un grupo de Baye Falls (grupo religioso perteneciente a una de las grandes corrientes del Islam en Senegal, el mouridismo), armados de sus instrumentos de percusión y de sus letanías religiosas, quisieron acallar la “revolucionaria” partitura de Stravinski. No deja de asombrar cómo después de tanto tiempo, esta pieza que produjo gran escándalo y marcó un antes y un después determinante y fundamental en la historia de la danza y de la música a principios del siglo XX, todavía puede generar el descontento y el miedo de aquellos que se atrincheran en la tradición y en unos supuestos valores únicos e inalterables, oponiéndose al devenir artístico contemporáneo.

Valores, tradiciones, religiones, que afectan y mutilan la libre expresión del verdadero “yo” de cada ser humano, perdido y en constante lucha en su búsqueda de identidad, como consecuencia de la opresión de ciertas imposiciones sociales. Valores, tradiciones, religiones y comportamientos sociales que han sido muy contestados, de manera más o menos explícita, en el trabajo de algunos coreógrafos como el solo Skett del tunecino Wadji Gagui, el dúo marroquí Résistances, coreografiado por Ahlam El Morsli (interpretado por él mismo y Charafe Ennaji) o varias de las piezas coreografiadas por Alioune Diagne, en las que las alusiones críticas a una práctica inquisitiva, anuladora y opresora del catolicismo o el Islam son evidentes.

 

Piezas militantes y combativas, con las que los artistas, desde una posición individual e introspectiva y en un diálogo muy íntimo y personal con su cuerpo y su conciencia, consiguen sin embargo, interpelar al espectador recordándole el poder de la colectividad ciudadana en la lucha por la transformación política y social de nuestro mundo. Emocionantes, las alusiones simbólicas a la Primavera árabe de Túnez (Skett –de Wajdi Gagui) y al movimiento ciudadano Y´en a Marre de Senegal (Banlieu de la Compañía Diagn´Art). 

« Quand j´étais blanche j´avais déjà une mère très blanche et un père très noir. Quand j´étais
blanche je m´appelais déjà Fatima N´Doye, mais ça n´avait aucun rapport avec moi » (Cuando
yo era blanca ya tenía una madre muy blanca y un padre muy negro. Cuando era blanca ya me
llamaba Fátima N´Doye, pero eso no tenía ninguna relación conmigo).

Así contaba entre texto y movimiento, la actriz, bailarina y coreógrafa franco-suiza Fátima N´Doye, compartiendo con el público las preguntas, sentimientos, vivencias, reflexiones, que le han ido acompañando a lo largo de su vida, en la búsqueda de sus raíces y de una identidad múltiple que supera colores y fronteras. Pero este no ha sido el único caso en el que el tema de la identidad ha estado presente. Y es que las coreografías que vienen inspiradas por una reflexión en torno a la búsqueda de identidad racial, sexual, religiosa, cultural…, en sociedades en mutación, cada vez más híbridas, urbanizadas y globalizadas, viene siendo una constante en la danza contemporánea de la Región, en los últimos años. Como muestra, podemos hablar del dúo Re-Naissance de los coreógrafos y bailarines senegaleses Hardo Ka y Gnagna Gueye o del solo Ni noir, ni blanchede esta última, en el que hace una crítica abierta al fenómeno por el cual muchas mujeres
negras (también hombres) utilizan dañinos productos cosméticos para blanquear su piel, víctimas del dictado de un heredado canon de belleza por el que todo lo relacionado con el mundo de los blancos es mejor y más bello. Destacamos además, en la propuesta coreográfica y escénica, a un prometedor joven burkinés, Souleymane Ladji Koné, discípulo de la Escuela Internacional de Danza de Irene Tassembedo (Burkina Faso). En su solo Màa Labyrinthe, acompañado por el músico Erwann Bouvier, nos habla también del complejo tema de la
identidad, a través de una técnica depurada en la que la danza contemporánea, el hip hop y la danza tradicional africana fluyen de manera natural.

Re-Naissance Ouakam d’Hardo Kâ & Gnagna Gueye from urban sceno dakar 2012 on Vimeo.

Mención aparte merece el dúo Entomo, de la compañía española EA&AE (Elías Aguirre y Álvaro Esteban), en gira por los cinco continentes desde 2009 y premiado en múltiples ocasiones. Presentado en la calle y en el Instituto Francés, la impactante precisión de movimientos, derivados de una perfecta fusión entre danza urbana, diferentes técnicas de danza contemporánea, una sesuda y minuciosa observación del comportamiento de los insectos y una muy buena y bien elegida música de Samuel Aguilar, dan como resultado una sobresaliente coreografía capaz de cortar al público la respiración, que con la boca abierta y los ojos como platos, por momentos puede llegar a confundir a dos bailarines de desbordante energía reproduciendo al milímetro movimientos y comportamientos animales, con dos hombres-insecto en constante y bailada lucha por su supervivencia, provocándole un cóctel de sentimientos bien intenso. Originalidad, brillantez técnica, disciplina y humildad caracterizan a estos dos coreógrafos y bailarines que además impartieron una fructífera clase magistral a los jóvenes en formación presentes en el festival.

El programa lo completaron el solo Idobscure (premio de la Fundación Orange en 2010) del maliense Aly Karembé, el dúo Coffe & Cigarettes, propuesta coreográfica de danza urbana de la holandesa Alida Dors, el dúo hip-hop Introspektion de la compañía senegalesa Kaddu y cuatro extractos de piezas de repertorio del Ballet Preljocaj (Francia), que aunque defendidas con nivel por tres jóvenes bailarines con gran dominio técnico, tal vez quedaron algo descontextualizadas dentro de la programación general del Festival. Los ausentes: la malgache Julie Iarisoa y el gabonés Peter Nkoghé, que por problemas de fechas y visado no pudieron estrenar su última creación T.SOU.DI.NO.RA. Pero en estos cuatro días de festival, el público st. Louisiano y visitante no sólo despertó sus sentidos viendo danza en vivo, sino que pudo disfrutar de proyecciones de cine al aire libre, gracias al Cinéma Numérique Ambulant, que llevó la danza a las pantallas, y de dos noches consecutivas de música y video durante el fin de semana. 

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La noche del viernes, el espectáculo Deggi Daj, que repetía festival después del éxito de 2012, con sus seis baterías de diferentes partes del mundo y un grupo de percusionistas senegaleses, hicieron vibrar a un público que de manera espontánea se arrancaba a bailar sabar a ritmo de hip hop, poppin a ritmo de samba o danza contemporánea a ritmo de funky. El broche final lo pusieron los video-artistas Marco Lena y Tiziana Manfredi, que proyectando sobre la fachada de uno de los edificios coloniales, a orillas del río Senegal, compusieron su propia coreografía haciendo bailar de nuevo, a ritmo de Pink Floyd, dub y música electrónica, a muchos de los artistas que han ido pasando por el festival desde sus inicios, provocando cierta nostalgia en aquellos que desde hace algún tiempo no faltamos a esta cita anual.
 
No podemos terminar, sin hacer mención del mítico barco de los años 50 Bou el Mogdad, icono y centro neurálgico del Festival. Anclado en el río Senegal, con unas fabulosas vistas al puente Faidherbe, en él se alojan los bailarines invitados, se discute sobre los espectáculos al calor del ataya (té preparado al modo tradicional senegalés), se comparten e intercambian opiniones, ideas, contactos, se construyen redes de manera espontánea, pero sobre todo, se ríe y se baila mucho, hasta altas horas de la madrugada, en un ambiente muy distendido y amigable que engancha a todo aquel que tiene la oportunidad de desplazarse a St. Louis por estas fechas.

 

Bousso Dramé: un desafío a Francia a través… de la ortografía

Bousso Dramé en la recogida del premio de ortografía, en una imagen extraída de su perfil de Facebook

Bousso Dramé en la recogida del premio de ortografía, en una imagen extraída de su perfil de Facebook

De repente Bousso Dramé se ha convertido en un símbolo para los jóvenes africanos. Un símbolo de integridad y de dignidad. El desencadenante de todo este proceso ha sido la victoria de esta joven senegalesa en el concurso de ortografía organizado por el Institut Français de Dakar. Así de simple, así de inocente, así de inocuo. Muy poca gente habría reparado en Dramé por este mérito. Sin embargo, el día que esta brillante joven senegalesa especializada en política y economía internacional decidió renunciar al premio del concurso que había ganado se convirtió en un símbolo.

Mañana, Bousso Dramé debería viajar a Francia para participar en una formación sobre realización de películas documentales en el Centre Albert Schweitzer. Ese era el premio por su virtuosismo en la lengua francesa. Dramé se impuso en abril de este año como campeona de la ortografía gala en Senegal. Sin embargo, todo apunta a que o mucho cambian las cosas o esta joven senegalesa no estará en el avión de Air France cuando la aeronave despegue. Para algunos, Dramé habrá perdido una oportunidad irrepetible de formarse en Francia. Ese es el problema, esa visión paternalista. Para muchos otros, para miles de jóvenes (y no tan jóvenes africanos), esta consultora internacional ha mantenido su dignidad, ha dado un paso al frente y no se ha vendido.

Según explica Dramé, su decisión de renunciar al premio se debe a que “durante las numerosas interacciones, por una parte con ciertos miembros del personal del Institut Français y, por otra parte, con algunos agentes del Consulado de Francia, he tenido que enfrentarme a actitudes y comentarios condescendientes, insidiosos, socarrones y vejatorios. No una vez, ni dos, sino muchas. He intentado, verdaderamente, ignorar estas actitudes, pero el trato execrable que he recibido en el Consulado Francés (el mismo que recibe la mayoría de senegaleses que piden un visado) ha sido la gota que ha colmado el vaso, un vaso que, por otro lado, ya estaba lleno hasta el borde”.

La campeona de ortografía explica esta decisión en una carta abierta que publicó en su perfil de Facebook. “Carta abierta a las autoridades consulares y diplomáticas francesas en Senegal: no, gracias” es el título de un texto que no tiene desperdicio y que exhala un cierto olor a discurso glorioso. Estas líneas, en todo caso, ponen la carne de gallina no por la crudeza, sino al contrario, porque en cada coma hay una lección de dignidad, en cada mayúscula se esconde una envidiable serenidad y después de cada punto hay un ejemplo de una elegancia envidiable. “Un viaje con todos los gastos pagados, aunque sea el más bello y el más encantador del mundo, no merece que mis compatriotas y yo suframos ciertas actitudes por parte del Consulado Francés. Una formación, por muy atractiva que resulte, y Dios sabe que me interesa verdaderamente, no vale la pena de las actitudes que desgraciadamente nos encontramos a gran escala bajo los cielos africanos”, dice Dramé en su carta.

Esta experta en política y economía internacional termina su carta con un deseo de que el concurso que ganó continúe realizándose y con un recuerdo para la administrativa que le atendió en su demanda de visado en la sede diplomática francesa. A esta funcionaria, a pesar de no conocerla le dice simplemente “no, gracias”. Y este final, suena como una auténtica bofetada al orgullo galo.

No es el primer caso, en el que un artista, escritor, experto, profesor, o cualquier otra personalidad de la cultura africana se enfrenta a la maquinaria de la burocracia francesa (y también de otros países europeos) hasta la extenuación. En el caso de Bousso Dramé, como ella misma dice el vaso se ha llenado del todo. Sin embargo, la pérdida que supone renunciar a ese premio, se ve en parte mitigada por los apoyos que la joven ha recibido. En menos de una semana casi 5.000 personas han dado un “Me gusta” a su carta en Facebook. Eso sin contar que medios internacionales de todo tipo se han hecho eco de su acción de protesta simbólica y de la repercusión que ha tenido en otros países africanos (sobre todo, francófonos) como Mali o Burkina Faso. Las felicitaciones le han llegado también a través de Twitter.

Todo este revuelo demuestra que Bousso Dramé ha hecho lo que muchos otros jóvenes africanos íntegros y comprometidos desearían poder hacer en una situación similar. Del mismo modo, la acción de Dramé debería ser una lección para muchos, más allá de las fronteras del continente africano. Como ella misma señala en su carta: “Durante mi corta vida, no he cesado, a pesar de estar abierta al mundo del cual soy ciudadana, de defender mi orgullo de ser negra y africana. Y no hace falta decir que creo firmemente en el futuro radiante de mi querida África”. Que así sea.

Oussouye, arena de lucha femenina

Lucha senegalesa en Dakar. Foto: Vanessa Anaya

Lucha senegalesa en Dakar. Foto: Vanessa Anaya

El Mundial de Fútbol celebrado en Sudáfrica en 2010 o la reciente Copa Africana de Fútbol, son algunas evidencias más de la capacidad de movilización social que tiene este deporte en África (y en gran parte del mundo) . Aunque si damos un salto y nos vamos a África Occidental, concretamente a Senegal, el fútbol encuentra un oponente claro: el laamb o la lutte senegalesse. O más bien, se podría llegar a decir que entre los senegaleses la lucha arrasa y deja de lado al supuesto deporte rey.

Hoy en día la lucha senegalesa se ha convertido en el deporte más rentable del país, siendo una salida para muchos jóvenes sin empleo o que provienen de las zonas más pobres del país. Supone una manera relativamente fácil de ganarse la vida, sobre todo para los que triunfan en el mundo de la lucha ya que se pueden llegar a embolsar miles de euros en un solo encuentro. Ello es debido a su gran popularidad entre los senegalesas, y su repercusión en los medios lo que provoca un claro aumento en publicidad alrededor de las luchas y sus protagonistas.

Pero sus orígenes son más lejanos que este boom actual. En la época pre-colonial las etnias sérer (Delta del Siné- Saloum) y joola (Cassamance) lo  practicaban para celebrar el fin de la recolección o para dar suerte en la próxima, para impresionar a las posibles futuras mujeres o como demostración de fuerza. Era, además, la danza (bàkk) que acompañaba los sonidos del tam-tam que el griot tocaba en esas mismas celebraciones.

Hoy en día ha trascendido las celebraciones comunitarias para pasar a formar parte del ocio urbano de los mas grandes estadios de Dakar. Los dakarois esperan con impaciencia la llegada del domingo para ir al estadio a animar a su luchador, que se entregará totalmente a su público. Una vez metidos en “arena” las reglas son claras: el primero que apoye sus cuatro extremidades en el suelo, que apoye la espalda o se salga del perímetro delimitado por los sacos de arena, perderá.

Pero ser luchador (mbeurkatt) no es sólo una cuestión física (¡que lo es!), sino mística. Los marabouts les acompañarán durante la lucha para alejarles de la mala suerte mediante una serie de baños rituales y rezarán por ellos para acercarles la victoria, por lo que el rol del marabout en el encuentro, es crucial. Los luchadores cuentan con sus gris-gris (talismanes) para protegerles e intimidaran a sus adversarios mediante los “baccou”, que es un alarde de sus proezas en forma de canto.

A partir de ahí, la suerte está echada…

Lucha senegalesa femenina en Casamance

La lucha senegalesa se hace un hueco en nuestra sección de artes visuales a través de la fotografía. Laeila Adjovi realizó recientemente un reportaje fotográfico en Casamance para la BBC África sobre las mujeres en la lucha senegalesa.

Y es que aunque la lucha es principalmente terreno masculino, las mujeres también participaban en estas celebraciones ya desde la época pre-colonial. Cada vez más, ellas vuelven a tomar los “rings” de arena como una demostración de fuerza real, y en una mayor proporción, simbólica. La expansión de la lucha en los Juegos Olímpicos ha significado el empuje para promocionar la participación en la lucha entre las mujeres.

Si desde Dakar, atravesamos el país hasta Oussouye, en Casamance, uno de los lugares de donde procede este deporte, encontramos la participación de las mujeres casi intacta entre los diola, como antaño. Estas luchas se realizan sobretodo en el marco de la fiesta del Rey en septiembre y después de las coshechas. En la lucha femenina las reglas son similares, aunque hay algunas diferencias como que no están autorizados los gris-gris ni la intervención de los marabouts. Las categorías son generacionales y el ritual va acompañado de música y danzas que varían entre las diferentes comunidades rurales.

De hecho la idea es fomentar su participación para no perder una costumbre muy arraigada que hoy en día va más allá de ser una práctica deportiva, y se coloca como una de las principales actividades físicas y lúdicas y socio-educativas donde, como en el caso de la lucha masculina, las mujeres demostrarán su coraje, su carácter y su afirmación ante su adversaria. Supone también el acercamiento entre los individuos y los pueblos, ya que pone de manifiesto las particularidades culturales de la comunidad.

Hoy en día Oussuye es uno de los pocos lugares (por no decir el único) donde se practica la lucha tradicional femenina. Quizá ello se deba al creciente éxodo rural hacían las ciudades o debido a los embarazos precoces entre las mujeres de la comunidad.  Pero la intención se seguir manteniendo la tradición e incluso profesionalizarse está muy presente en las comunidades. Una muestra de ello es que muchas mujeres de la zona hoy en día integran el equipo nacional.

Os dejamos con el reportaje de Laeila Adjovi:

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Más información:

Leila Adjovi

RFI

Maïmve, Etiènne (2008). De la pratique de la lutte traditionnèlle feminine a la pratique de la lutte olympique feminine.  Universidad de Cheikh Anta Diop.

 

Cama Guéye

Camara Guèye mira a África en ‘Regard sur l’Afrique’

Cama Guéye

your ak man (you end me)

Hoy en Wiriko dedicamos nuestra sección de artes visuales para hacer nuestro particular “pre-opening” de la exposición “Regard sur l’Afrique” del artista senegalés Camara Guèye. La exposición que se inaugura mañana, 3 de mayo en Bilbao y está organizada por Kalao Panafrican Creation, donde tendrá lugar.

El artista ya había expuesto en otra exposición “Soleil et vie à Dakar” organizada por Kalao y por la Galería Arteko de San Sebastián.

“Poeta de la calle” es una de las formas en las que se refieren a este artista. Y es que Camara Guèye es hoy en día uno de los más destacados artistas contemporáneos de Senegal. Nacido en Bignona  (Senegal) en 1968 en la actualidad vive a las afueras de Dakar pero su obra claramente traspasa fronteras y océanos. Guèye se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Dakar, pero Senegal, China, Estados Unidos, Costa de Marfil, Líbano, Francia y España, son solo algunos de los países donde ha llegado su trabajo. Se dejó ver en España en el 2004 en la gran feria de arte contemporáneo ARCO a través de la galería de arte Attisa.

Camara Guèye

bop sa bop i

La influencia del cubismo se asoma para plasmarse sobre el lienzo, el papel y la tela y lo hace manteniendo sus particularidades culturales. La inspiración en la vida cotidiana teje su obra y esta inspiración varia dependiendo de la época y de las circunstancias que vive, según el propio artista. Su obra nos remite a los principios del cubismo donde desaparece la perspectiva tradicional y las formas de la naturaleza son tratadas como figuras geométricas donde se fragmentan las lineas y superficies para dar lugar a una perspectiva múltiple representando todas las partes de un objeto en un mismo plano.

Tangana (the Little bistro coffee), No!Stop, Le chat et le chaise, Portrait of Senegalese Woman, Your ak man o WahambanÉ son algunas de sus creaciones y reflejan claramente la convivencia de varios mundos, desde un caleidoscópico punto de vista.

Con un estilo bastante vanguardista, Guèye no pierde de vista sus raíces, aquellas que nos muestra a través de un contraste entre lo moderno y lo tradicional. Lo hace jugando con varias escenas a la vez y poniendo orden al desorden, es cuando nos acerca a esa particular realidad. Los tonos terrosos y ocres nos remiten a la tierra, a África en particular, a una tierra que se puede mirar desde otra perspectiva, de una reliadad lejana a la que tradicionalmente conocemos. Sus lienzos reflejan una poesía de sueños entremezclados con el caos urbano de la periferia de Dakar, su ciudad natal.

Su obra de trazos fuertes e inspiradores, así como los elementos que representan, hace que cada una de sus obras se convirta en un collage donde el cuadro cobra autonomía como objeto con independencia a lo que representa. Como mencionan en una entrevista realizada por Cultura Dakar “su mundo imaginario, en el que predominan las figuras humanas y los animales, consigue combinar magníficamente las características de un ‘pintor primitivo’ inspirado por la antigua estatuaria africana e influenciado al mismo tiempo por creadores occidentales; es fácil vislumbrar la huella del Picasso más clásico. El artista consigue dejarse influir por algunas de las características de nuestro arte occidental, pero sin perder los rasgos más interesantes del propio arte africano.”

Esta misma evocación es la que esperamos en la muestra que está por estrenarse. Y que te recomendamos que visites.

 

 

Camara Guèye Exposición

Camara Guèye Exposición

El Hadji Amadou Ndoye, un hispanista en el continente negro

El Hadji Amadou Ndoye. Fuente: Guinguinbali

El Hadji Amadou Ndoye. Fuente: Guinguinbali

Los obituarios corren el riesgo de sonar a puro compromiso. En este caso, Wiriko no había tenido, por su juventud, la oportunidad de hablar de El Hadji Amadou Ndoye y desgraciadamente su fallecimiento se ha convertido en la última oportunidad para recordar a una figura tan extraña como atractiva. El profesor Ndoye, hasta este mismo curso, profesor de lengua y literatura española en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Cheikh Anta Diop (UCAD) de Dakar, era uno de los expertos más relevantes en literatura española del continente africano y, sin duda, uno de los estudiosos más destacados de la literatura canaria en todo el mundo.

Dejar ahí la descripción de este estudioso, apasionado de la lengua española, sería cuando menos injusto. El atractivo de la figura de Ndoye se escapa del exotismo de ser un hispanista negro. A estas alturas, en el momento de hacer balance, vale más la pena destacar su nivel de conocimiento al margen de su color y de su procedencia, pero también lo coherente de su trayectoria personal y profesional y, sobre todo, su capacidad de hacer que esos intereses se convirtiesen en argumentos de justicia firmemente atados a la actualidad. Así, más allá del estudio teórico de la literatura canaria de la década de los años 70, que era su especialidad, Ndoye ha hilvanado sus intervenciones con críticas a la colonización, reivindicaciones de la necesidad de independencia real de los países africanos y explicaciones acerca de la inmigración.

Hasta su fallecimiento el lunes 4 de marzo, con 66 años, este profesor senegalés ha recorrido congresos, encuentros literarios, festivales editoriales, salones y todo tipo de eventos en los que se ensalzase el valor de la literatura para fascinar con sus conocimientos y con una visión simple y clara de la relación entre las letras y el encuentro de las culturas, de la justicia, del intercambio entre los pueblos. Hace ya años, en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en 2007 en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias, Ndoye ya desgranó la argumentación simple de su complicada trayectoria. El resultado, una posición inquebrantable que combina a partes iguales la historia de la trata de esclavos, la importancia de la diáspora y la cultura sin fronteras, en su irrefrenable camino de ida y vuelta.

El resumen: su interés por la literatura y la cultura hispana radicaba fundamentalmente en su ligazón con la africana, la que le había conferido la aportación de los esclavos trasladados forzosamente a América. Ndoye defendía con acierto que estas aportaciones habían influido en primer lugar en la literatura latinoamericana y de ahí en la cultura hispana, en general. Su fijación por los autores canarios se debía fundamentalmente porque eran los escritores españoles que más se acercaba (y servían de puente) a esa literatura latinoamericana.

Ndoye no tenía ningún empacho en convencer a un auditorio hispanista de que en el África subsahariana había un interés real y práctico por la cultura hispana, que eran muchos los africanos fascinados por la lengua española y por sus escritores. Y su estrategia era demoledora, mucho de lo que aprender. Después de sentar esas bases le resultaba sencillo preguntar cuántos autores africanos se estudian en los institutos y universidades de España y América del Sur. Así es como cerraba el círculo, como terminaba de ligar sin artificios el interés por una cultura a priori completamente ajena en el África negra como la española; con una defensa por la producción literaria africana.

Por lo que respecta a la cultura española y su difusión, Ndoye hizo, como dicen ahora muchos de sus amigos, mucho más que la mayoría de las instituciones. Él mismo reconocía que había llegado al español a través de los ritmos caribeños utilizando además los versos del Son de la loma del Trío Matamoros versionado hasta la saciedad: Mama, yo quiero saber / De donde son los cantantes / Que los encuentro tan galantes / Y los quiero conocer / Con sus trovas fascinantes / Y me las quiero aprender. Eso era lo que Ndoye quería, aprender aquellas letras, y terminó siendo uno de los hispanistas más prominentes del África Subsahariana.  Es complicado, muy complicado, seleccionar una de las frases con las que Ndoye hacía hincapié en las capacidades de la cultura y el idioma y de la necesaria colaboración entre pueblos  cuyos destinos se han cruzado pero que la historia oficial ha silenciado. Quizá baste con una sola cita: “Somos conscientes de que parte de nuestras raíces se expresan en español. Nos incumbe sentarnos y echar las bases de una colaboración factible, volver a unir con el idioma y otros recursos lo separado por la historia, la cultura y los tópicos”.

Esta semana, El Hadji Amadou Ndoye ha recibido el discreto pero sincero homenaje de muchos de los amigos que dejó durante sus periplos, fundamentalmente, en las Islas Canarias, pero la noticia de su fallecimiento se ha contagiado también a algunos medios latinoamericanos. Sólo esa repercusión provocada por un “modesto” profesor universitario senegalés da una idea de la estatura de su figura, del tamaño de su aportación y de la cantidad de cariño que despertó. Personalmente, conocí la existencia de Ndoye hace ya unos cuantos años, cerca de una década, a través de un buen amigo canario. Hace poco tiempo, él mismo me brindó la oportunidad de conocer en Dakar a este cicerone de tantos españoles visitantes de la capital senegalesa. Tengo que reconocer que ante una pequeña complicación para concertar un encuentro me decanté por la comodidad… Ahora lo lamento y sólo me queda leer lo que Ndoye dejó, ver los vídeos (pocos) en los que explicó su postura y escuchar a quienes le conocieron. Sinceramente, lamento no haberme esforzado más por conocerlo.

Obras publicadas por El Hadji Amadou Ndoye

Estudis sobre narrativa canaria, 1998

Estudis sobre narrativa canaria (2ª Ed. Ampliada), 2006.

A un tiro de piedra, 2006.

Tras el cristal: la vida cotidiana a través del ‘sous verre’

Transport en commun

Transport en commun

El arte, en sus diferentes formas, tiene la capacidad de expresar situaciones y escenas de la vida cotidiana. Quién podría sospechar que el vidrio podría ser el lienzo de esa cotidianidad, como es el caso del arte senegalés llamado en francés “peinture sous verre” (pintura bajo vidiro) y en wolof “souwer”. A pesar de su procedencia mediterránea y de que es un arte utilizado en otros países de África y también fuera del continente, esta técnica es muy popular en Senegal. Consiste en pintar el cristal por la parte trasera, creando un efecto parecido a poner un cristal sobre el cuadro pintado. Los contornos y los pequeños detalles dibujados minuciosamente van primero, las escenas de fondo después y por último se plasma la firma del artista. Su popularidad es muy merecida, debido a su capacidad de contar y transmitir la historia política, social y religiosa, y en este sentido, tiene muchas similitudes con el retablo latinoamericano que originalmente se utilizaba para representar escenas religiosas.

En el terreno artístico, el Islam contribuyó al retroceso de las artes plásticas tradicionales debido a la prohibición de la representación de la figuración islámica —por la prohibición de representar sobre todo a Dios, y en menor medida al ser humano— y por lo tanto de las artes figurativas como el dibujo, la pintura y la escultura. Esto no significó la paralización de las manifestaciones artísticas, ya que han estado en continuo crecimiento desde que el Islam impregnase Senegal alrededor del siglo X. Podemos poner varios ejemplos, como la caligrafía, la arquitectura, la poesía y la joyería, entre otras; pero sorprendentemente también emergió la “peinture sous verre” que es un arte claramente figurativo y que llegaría más tarde a Senegal.

Como Sylla, A. (2001) afirma:

“Cuando la “peinture sous verre” apareció, las artes tradicionales de Senegal habían desaparecido por completo, debido a la islamización de la población senegalesa y prohibición de la figuración islámica, lo que llevó a la población a abandonar tanto la idolatría y el fetichismo, así como la práctica de la pintura y la escultura.” (Traducción propia)

Para entender la llegada de este arte a Senegal, nos tenemos que remitir a dos movimientos. Por una parte, algunos estudios apuntan a la visita a La Meca de los musulmanes senegaleses en el siglo XIX. A la vuelta y a su paso por Túnez fueron trayendo consigo este arte mediterráneo —concretamente desde Bizancio se expandió hacia Europa, Oriente Medio y Asia— e introduciéndolo en Senegal.

Touba, Senegal

Touba, Senegal

Por otra parte a finales del siglo XIX y principios del XX, con la migración a Senegal de la población de Siria, Libia y Marruecos y su establecimiento en los principales centros urbanos como Dakar, Saint Louis, Kaolak, Thiès, etc. se fueron difundiendo imágenes islámicas y poniendo a disposición a los artistas el material necesario para pintar. Es por ello, que la primera utilización de este arte en Senegal ha sido principalmente religiosa, sirviendo de soporte y difusión del Islam en Senegal. En la época colonial, su introducción en el país coincidió con el nacimiento de las cofradías religiosas en Senegal, lo que facilitó su difusión y aportó una “senegalización” a este arte adaptándolo más bien a la realidad religiosa del país. Esto irritó mucho a los poderes coloniales, que censuraron las representaciones e imágenes islámicas.

Como es habitual, después de la censura, llega el efecto rebote. La “peinture sous verre” pasó a ser un instrumento simbólico —y real— de lucha anti-colonial de los líderes de las cofradías como Cheikh Amadou Bamba, El Hadj Malick Sy, Limamou Laye, Lat Dior.. y de los movimientos políticos de resistencia nacionalista a la dominación francesa. En una sociedad de fuerte tradición oral, la representación visual de escenas e imágenes se configuraron como un importante instrumento para una gran parte de la sociedad. Era un medio de propaganda política que servía para concienciar y para despertar a la población. Años más tarde, con la llegada del fin del colonialismo, la segunda generación de pintores que habían sido formados entre los años 30 y los 50, empiezan a desligarse de la representación religiosa, ampliando la temática de los dibujos a escenas sociales, políticas, familiares y económicas, que formaban parte de la vida cotidiana senegalesa, fijando de esta manera sobre el cristal la realidad que estaba viviendo la población durante esas décadas.

Babacar Lo, 1957 - Comercio de esclavos

Babacar Lo, 1957 – Comercio de esclavos

 

Representación de migrantes en pateras - Mujer

Representación de migrantes en pateras – Mujer

 

Esto ha seguido así hasta la actualidad. Algunos de los más destacados artistas son Gora Mbengue, Modou Fall, Mor Guèye, Babacar Lô, Mbor Faye o el hijo de Ousmane Faye, pero hoy en día, y a pesar del paso de los años, este arte sigue vivo y cambiante. Las nuevas generaciones de artistas siguen experimentando y reflejando las particularidades de la sociedad senegalesa actual, incluyendo en las estampas nuevas temáticas, como las nuevas tecnologías o utilizando este arte para la publicidad o como cartelería. Por otra parte, se introducen nuevos materiales, como las pinturas sobre tela, arena u otros materiales. Sólo hay que darse una vuelta por el laberíntico mercado de Sandaga en pleno centro de Dakar, para admirar estas pinturas y darnos cuenta del dinamismo del arte que tenemos tras el cristal.

 

Mor Gueye en su taller - Objetos con técnica "sous verre"

Mor Gueye en su taller – Objetos con técnica “sous verre”

 

Os dejamos este pequeño vídeo ilustra este arte en movimiento —a ritmo de mbalax, ¡que nos encanta!— .

 

 

Fuentes:

 

“El lujo de la crisis cinematográfica es la convicción”

Entrevista al director de cine senegalés Ousmane William Mbaye.

Ousmane William Mbaye. Foto: Carlos Bajo Erro

La cita es en el Instituto Francés de Dakar, ubicado en pleno centro. La temperatura sigue humedeciendo el ambiente de una ciudad que se encuentra entre el rojo atardecer y los rezos que llaman a la oración; son cerca de las 19:00 horas y la brisa marina continúa en huelga. La siempre vitalidad de la calle, aunque durante unos días venida a menos por la reciente fiesta del cordero para los musulmanes (la Tabaski), contrasta con el interior de la sede cultural francesa, con regusto a salón de café en la orilla del Sena y oasis adaptado para expatriados. Hay buena música, está sonando la Orquesta Baobab, y los ventiladores de techo aclimatan correctamente la zona del restaurante. Al poco rato, el director senegalés Ousmane William Mbaye aparece tras terminar una entrevista con una periodista del Le Quotiden. Su metro noventa no pasa desapercibido. Sonríe, me da la mano, se la lleva al pecho y toma asiento.

Nos hemos citado con William Mbaye con motivo de la previa mundial de su nuevo documental Presidente Dia que tendrá lugar esta misma tarde en el Instituto Francés de Dakar. Se trata de una película de 52 minutos que narra el ambiente político del Senegal de 1962. El 17 de diciembre de ese año, Mamadou Dia, Presidente del Gobierno de Senegal, fue arrestado y acusado de intento de golpe de Estado por su amigo y compañero Leopold Sedar Senghor. Dia será encarcelado con cuatro ministros más y la Constitución sería modificada; el régimen presidencial sucedió al parlamentario y todos los poderes le fueron dados a Senghor. Las posturas irreconciliables entre el pro occidentalismo de Senghor y el rupturismo con las antiguas estructuras coloniales que defendía Mamadou Dia motivaron los acontecimientos.

La película ha sido seleccionada para el Festival Internacional de Cine Histórico de Pessac (Francia) y para las Jornadas Cinematográficas de Cartago (Túnez). Además hoy, 6 de noviembre, es un día especial: se conmemora el fallecimiento del que es considerado por la crítica como el padre del cine documental africano: Samba Felix Ndiaye.

¿Qué supone para usted estrenar su película en un día como hoy?

Colaboré con él durante mucho tiempo y para mi es el más grande. Es una gran oportunidad hacer el gran estreno de mi película el día que se conmemora la muerte de Samba Felix. Siempre me acuerdo de él: por sus enseñanzas, por su filosofía, por su forma de analizar el cine; por su saber hacer en la pantalla y por su militancia para con el cine documental. Es un privilegio.

¿Cómo cree que va a reaccionar el público ante un documental histórico y político que narra unos hechos tan polémicos?

Creo que a la gente le va a gustar porque en Senegal se habla en todos lados de política. La historia de Mamadou Dia y Leopold Sedar Senghor es una historia que se mira de manera diferente dependiendo de la persona, pero, a fin de cuentas, se conoce. Soy consciente de que es una historia comprometida y la propia distancia que nos dan estos cincuenta años que han pasado son fundamentales para el debate.

Entonces, ¿su película puede volver a animar el debate político del Senegal de 1962? ¿Puede ser un punto de partida para reescribir la historia del país?

Sin lugar a dudas. En 1962 tuvo lugar la primera crisis del Senegal independiente. La gente habla mucho del proceso que supuso el encarcelamiento de Mamadou Dia, incluso políticos e intelectuales cuestionan qué hubiera sucedido si Senghor se hubiera mantenido firme ante las prebendas francesas y continuado junto a la ideología más radical de Dia. No obstante, soy consciente que será la primera vez que este tipo de imágenes y declaraciones aparecen en la gran pantalla y presentan una novedad para la sociedad senegalesa; la película puede ser muy interesante para, por qué no, comenzar a reescribir la historia de Senegal. Me parece que la última campaña presidencial que se vivió el pasado febrero se vivió de manera muy tensa precisamente porque la sociedad senegalesa percibía como un atentado la reducción de libertades que se estaba llevando a cabo. El pueblo siempre habla.

El director senegalés posando ante el cartel de su nuevo documental. Foto: Carlos Bajo Erro

¿La decisión de hacer este tipo de cine comprometido socialmente y políticamente, supone una oportunidad o un obstáculo?

Realmente, yo no sé si soy comprometido o no. Pero lo que sí sé, es que hago cine por convicción. Hago el cine que me interesa y pretendo hacer al mismo tiempo trabajos que les puedan interesar a los senegaleses. No sé si mi cine es comercial o no pero desde luego que si me llaman para hacer una película en Hollywood iría… ¡Claro! Considero que actualmente el lujo de la crisis cinematográfica es la convicción. Es decir, puedes hacer el cine que quieres sin que te preocupe en exceso el dinero… Si es que realmente quieres hacer cine.

Pero William, en alguna entrevista, ha afirmado que la nueva generación de documentalistas jóvenes y, en general, de cineastas africanos, es una generación perdida. ¿Por qué?

Bueno, sin medios no se puede trabajar. Puedes decir que eres piloto, pero si no tienes avión no puedes pilotar; en África es parecido. En la sociedad tradicional no hay medios, y esto no es humo, no son fantasmas. Cuando hablo de la generación perdida me refiero justamente a esto, a la falta de medios. Desde los gobiernos no hay financiación, no se motiva desde los colegios, las propias televisiones no compran cine africano… Si mi hijo de 18 años hiciera cine en Senegal ¿qué tendría que hacer? Está claro que lo tendría que hacerlo de forma autómata: grabar la vida de la gente en algún barrio de la ciudad, montar el documental y distribuirlo, pero ¿con qué dinero pagaría la escolarización de sus hijos y le daría de comer a su mujer?

Efectivamente la industria cinematográfica en el África Subsahariana se encuentra en unos momentos difíciles debido a la falta de tejido en el sector y a la reducción aguda de fondos que llegaban de Occidente. ¿Qué factores cree que serían necesarios para favorecer el dinamismo de la industria cinematográfica?

Serían necesarios una organización conjunta de toda la industria cinematográfica y, por supuesto, la financiación y compromiso por parte del Estado y de sus políticas culturales. Durante los años 60 y 70 el Estado senegalés invertía mucho dinero y esfuerzo en la producción del cine senegalés y la prueba del éxito de estas películas en festivales internacionales es evidente. Actualmente, sin embargo, hay un vacío y asociarse, organizarse para combatir la falta de medios y la propia intervención del Estado en las producciones nacionales son dinámicas urgentes.

¿Cuáles son los nuevos escenarios y tendencias del cine documental africano?

En Senegal hay muchísima actividad. Actualmente hay unos 40 documentales que ni siquiera he podido ver por lo que, primero de todo, habría que visiblizar los trabajos que se están haciendo para realizar un análisis más preciso. Sin lugar a duda las nuevas narraciones y los trabajos más personales me interesan. Por otro lado, la ficción de los documentales es algo que va cobrando un fuerte protagonismo. Recuerdo cuando Samba Felix Ndiaye preparaba un ciclo de cine documental y seleccionó películas de ficción. Yo le apunté que se había confundido y él me dijo que mirara atentamente los documentales clásicos y observara cómo la ficción existía; en los planos, o incluso en algunas situaciones que se creaban delante de la cámara. Me parece que los nuevos trabajos apuntarán por la línea de la ficción documental.

Parece que tras el encuentro con William Mbaye, la famosa cita de Samba Felix Ndiaye cobra fuerza: “La utopía sigue siendo válida y el cine es uno de los caminos”.

Nota: Aunque Mbaye tiene diversos trabajos realizados y premiados, el documental por el que ha sido reconocido internacionalmente es Mere-Bi, que narra la vida de su madre, Annete Mbaye d’Erneville, la primera mujer periodista de Senegal. Otras películas documentales han sido Fer et Verre, retrato de la pintora senegalesa Anta Germaine Gaye, o Xalima la plue, retrato del músico senegalés Seydina Insa Wade.

http://youtu.be/9SuLecCh0Es

 

 

 

El documental africano a examen en Saint Louis

La semana pasada, del 17 al 19 de octubre, veinticinco proyectos se presentaron en el décimo encuentro de coproducción de documentales africanos celebrado en la antigua capital de Senegal, Saint Louis.

Barrio de pescadores a 4 kilómetros del encuentro

El marco se prestaba a la reflexión en un ambiente especializado en el que se encontraban productores africanos (Marruecos, Malí, Níger, Senegal, Burkina Faso, Camerún, Togo, Gabón y Congo Brazaville) y franceses, así como los responsables de las principales vías de difusión con un claro sesgo francófono: Arte Francia; Canal France International; Cinaps TV; Lyon Capitale TV; Organisation Internationale de la Francophonie (OIF); Lumière du Monde; o uno de los responsables del Festival Internacional de Documental de Agadir (FIDADOC).

El punto de encuentro cada mañana era el Hotel Mermoz, a unos cuatro kilómetros del barrio más cercano, Guet Ndar. Y el contraste era llamativo: por un lado, la tranquilidad de un hotel de lujo en primera línea de playa con piscina, jaimas y menú gastronómico occidental; por otro lado, un barrio de pescadores situado entre el mar y el río, en el que los animales formaban parte del día a día de las calles y en cuyas casas reducidas, sin acceso a la electricidad, podían vivir hasta siete familias; y, por último, un poco más alejada, la parte antigua de la ciudad de Saint Louis que, aunque con aire decadente y colores añejos, conserva todavía la estructura y la arquitectura de la urbe francesa.

Encuentro matinal del Thënk en Saint Louis

Los tres días que han durado los encuentros estaban divididos en dos sesiones: una matinal a la que estaban invitados todos los productores y realizadores, y otra vespertina enfocada a que cada proyecto fuera pasando pequeñas entrevistas con diferentes personalidades relacionadas con el audiovisual. Sin duda, la parte más atractiva era la que tenía lugar por la mañana llamada Tënk, que en wolof, la lengua nacional de Senegal junto al francés, viene a significar ‘presentar un proyecto ante los especialistas’. Efectivamente, las diferentes formas de entender el prisma con el que se enfoca la realidad fue el punto más caliente durante las jornadas entre africanos y franceses. Algunos de los guiones presentados pasaban desapercibidos para lo que algunos productores entendían como negocio o como relevante para un público occidental acostumbrado a determinadas imágenes estereotipadas procedentes del sur del Sáhara.

Mesa redonda donde se presentaban los proyectos.

Este fue el ejemplo del proyecto de la gabonesa Pauline Mvele, Silence… On tue, en el que pretendía hacer un documental sobre los crímenes que se hacen en determinadas partes de su país relacionados con rituales fetichistas y que no son investigados por el Gobierno. Su propia experiencia, asesinaron a su hijo de 12 años, fue lo que la motivó para realizar una investigación profunda que le ha llevado a encontrar a diferentes familias en la misma situación. Cuando Pauline terminó su presentación no tardaron en sucederse las reacciones de los productores franceses que veían este documental como “demasiado violento y descontextualizado”.

En el caso contrario, estuvo el documental, también gabonés, de la realizadora Samantha Biffot, L’ africain qui voulait voler, trabajo que presumiblemente se podrá visionar el próximo año. Se trata de la historia de Luc Bendza, un retrato de superación que le llevó a salir de su país y emigrar a otro continente hasta llegar a convertirse en el primer africano que aprendió la técnica de Kung-Fu, incluso siendo protagonista de diversas películas. Sin duda, un guión mucho más atractivo para los intereses de las televisiones o festivales en Europa. Es interesante como los propios realizadores buscaban a veces producciones exclusivamente africanas o francesas, o, por el contrario, probaban suerte con financiaciones a varias bandas. Este era el camino natural de las tardes en el Hotel Mermoz, la búsqueda de padrinos que apostaran por sus guiones, muchos de ellos ya filmados y editados.

Encuentros vespertinos para buscar cooproducciones

 

El viernes 19, al finalizar las jornadas, hubo vacíos metodológicos más allá de la financiación o participación de productores africanos en estos documentales: ¿Se podrán visionar en los propios países africanos donde son realizados? ¿Cuál es la vida natural de una película documental africana en Occidente? ¿Se reduce a las diferentes proyecciones en festivales de cine especializados? ¿Existe un interés real para desarrollar la industria documental africana desde los gobiernos africanos, al menos, en lo que respecta a estos encuentros? ¿Es el objetivo final de los realizadores africanos ver sus trabajos en televisiones minoritarias como Cinaps TV o Lyon Capitale TV?

Las respuestas a algunas de estas cuestiones no están claras y presentan ambigüedades propias del camino que está siguiendo este género en el África Subsahariana. Esperaremos al próximo año para descubrir las nuevas ideas e inquietudes que vienen desde el África Occidental y si poco a poco las políticas gubernamentales implementan una industria que vaya creando una red en la que el principal foco de interés sea la propia África y no Europa.

 

El cine senegalés se pone sus mejores galas para la IX edición del FCAT

El Festival de Cine Africano de Córdoba que arrancó el pasado sábado 13 de octubre, trae a la localidad andaluza una selección excepcional de la cinematografía senegalesa. Además compite al mejor largometraje de ficción la película premiada recientemente Tey, del director Alain Gomis.

El Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT) subió el telón de su IX edición que comenzó el pasado sábado 13 de octubre. El FCAT, nacido en la localidad gaditana de Tarifa, cambia su sede este año por Córdoba, ciudad milenaria y símbolo del diálogo entre los pueblos que se encuentra engalanada para la cita anual en España con el cine africano.

Imagen promocional de la pelicula francosenegalesa ‘Tey’ (2011) de Alain Gomis

En esta edición, la película senegalesa que compite por el Griot al Mejor Largometraje de Ficción, en la sección “El sueño africano”, es Tey (2011), tercer largometraje del director franco-senegalés Alain Gomis. Su trabajo muestra el último día de la vida de Satché. Sabe que es así y  que a pesar de ser fuerte y tener buena salud, acepta la inminente llegada de la muerte. Se trata de un retrato de cómo el exiliado que regresa a su país se reencuentra sus orígenes. La película Tey ha sido seleccionada en la Berlinale 2012 y premiada recientemente en el Festival de Cine Africano de Milán y en el Festival de Seattle. Sin duda, una fuerte candidata a recibir algún galardón.

El director Alain Gomis nació en 1972, hijo de padre senegalés y de madre francesa y es uno de los cineastas del África occidental más originales y más confirmados. Estudió Historia del Arte y Cine. Rodó varios cortometrajes, entre los que destaca Tourbillons, presentado en el Festival de Clermont-Ferrand. Rodó su primer largo en 2001, L’Afrance. Su última película hasta la fecha, Hoy, fue seleccionada por el Festival de Berlín 2011.

Un recorrido por el cine senegalés desde la Independencia con mirada en la ciudad

El FCAT presenta este año dentro de su ciclo Cine y Urbe, y fuera de concurso, una oportunidad para ver películas senegalesas que han acompañado el recorrido de las cinematografías africanas desde su nacimiento en los años sesenta. La intención es doble. Por un lado, dar a conocer una cinematografía propiamente africana, donde el papel o el lugar que ocupa la ciudad es significativo, y cuyas películas ocupan un lugar destacado en la historia del cine africano. Y por otro lado, invitar a descubrir una idea diferente del continente africano. Sabido es y conocidos son, los estigmas y prejuicios que arrastra África. Por ello, con Cine y Urbe se pretende hacer un pequeño balance del papel que ha jugado y sigue protagonizando la polis africana en el pasado y presente del continente.

Cartel promocional del film ‘Borom Sarret’ de Sembène Ousman

La primera de ellas es Borrom Sarret (1963), de Ousmane Sembène. Si en 1955 marca la primera página del cine africano Afrique sur Seine, la obra de Sembène, Borom Sarret, es la primera película rodada en África por un africano. Se trata de un cortometraje de 22 minutos sin diálogos y sostenida por una voz en off que expresa los pensamientos del personaje principal, el carretero, que nos lleva durante un día de trabajo por la cotidianidad de este personaje, un pobre entre los pobres, que al final de la jornada pierde todo lo que tiene. La sobriedad con la que está rodada y la distancia que adopta el director ante los hechos nos hacen encontrar referencias en el neorrealismo italiano como en la obra de Vittorio De Sica, Ladrón de bicicletas (1963).

Otra de las películas que se podrán disfrutar es Contras’City (1968), de Djibril Diop Mambéty. Paseando por las calles de Dakar nació la primera película de Mambéty, Contras City (Ciudad de contrastes) la primera comedia africana. Con un tono satírico y experimental, Mambéty establece ya una enorme complicidad con la ciudad de Dakar para mostrar sus calles y sus gentes, una ciudad en la que han quedado las huellas de diferentes colonizaciones, “donde tenemos una catedral cristiana de estilo sudanés, una Cámara de Comercio que se asemeja a un teatro, mientras que el teatro se parece a una casa de protección oficial”.

Tresors des publes (1970), obra de uno de los padres del cine documental africano, Samba Felix Ndiaye. El documental describe en cinco cortos la destrucción del ecosistema del Senegal y ensalza el genio de los artesanos, para quienes la recuperación es una necesidad vital.

La última de las películas que se podrán ver en el ciclo Cine y Urbe es Un transport en commun (2009), de Dyana Gaye. En esta película se muestra la evolución de los personajes que comparten destino subidos a un taxi de Dakar a Saint Louis.

El contexto

Tras ocho ediciones en la localidad gaditana de Tarifa, este año 2012 el festival se traslada a la ciudad de Córdoba, ubicada también en el sur de España. En esta nueva etapa el evento seguirá siendo fiel al principio que lo ha convertido en uno de los mayores referentes europeos para el cine africano: ofrecer a las cinematografías de África una plataforma para alcanzar tanto al público como a los profesionales europeos.

Organizado por la ONG Al Tarab con el apoyo, entre otros, del ayuntamiento de Córdoba, la Junta de Andalucía y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). EL Festival está proyectando durante una semana, y desde el pasado sábado, 94 películas de África o sobre África procedentes de 28 países de África y Oriente Medio, acompañados de actividades para profesionales, exposiciones y actividades paralelas para todos los públicos.

 

 

Thiossane Abdlaye N’diaye, el portador de la tradición

Os suena el nombre de Thiossane Abdlaye N’diaye?

Surgido del Festival de las Artes Negras (1966) que el primer presidente senegalés Léopold Sédar Senghor organizaría en Dakar para celebrar las independencias y la reconquista de la dignidad africana, este músico es un portador de la tradición -descendiente de griots- y un polifacético artista (escultor, pintor y actor, además de músico), que empezó a cantar sobre el 1952. Podríamos observarlo desde diferentes ópticas artísticas, pero hacerlo sería negar al artista en su conjunto, y por eso vamos a presentároslo como el hombre, el individuo, que rehuye a los encarcelamientos estéticos y que nos da muchas pistas sobre el papel del artista en el África Occidental.

En el caso de su música, la influencia de lo afrocaribeño es indiscutible, tanto como la huella histórica del país (en un disco lleno de referencias legendarias, como es el caso del reino de Cayor bajo dominio de Lat Dior durante el s XIX como símbolo de la resistencia anticolonial francesa) y su estela religiosa, que se entremezclan con la tradición mitológica, los cuentos y las fábulas de varias culturas del actual Senegal.

Os linkamos una de las canciones más brillantes de su disco Thiossane Ablaye N’diaye (Syllart Productions/Discograph, 2011)

Proyecto Documental Oussouye

Desde el GESA (Grupo de Estudio de las Sociedades Africanas), se nos pide el apoyo al proyecto para financiar un documental sobre los poderes tradicionales en Casamance, sur de Senegal. Wiriko apoya este proyecto! Nos ayudas? ;)

http://www.verkami.com/projects/2453-documental-oussouye

Descripción del proyecto

QUIÉNES SOMOS
GESA (Grupo de Estudio de las Sociedades Africanas), es un equipo de investigación de la Universidad de Barcelona reconocido por la Generalitat de Catalunya y con un amplio prestigio internacional. Es el grupo coordinador de la red interuniversitaria ARDA, (Agrupament per a la Recerca i la Docència d’Àfrica), formada en el año 1997. Esta red visibiliza un entramado de vínculos de investigación y docencia sobre las sociedades africanas que funciona desde los 90, y está compuesto principalmente por el Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid, el Grupo África de la Universidad de Granada, la sección África de Hegoa en la EHU (Universidad del País Vasco) y el Grupo de estudios africanos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Estas conexiones facilitan la interdisciplinariedad en todos los proyectos del GESA, ya que miembros de los otros equipos del ARDA actúan como colaboradores externos.

La línea de investigación que lleva el equipo de GESA se ha centrado en las transformaciones del pensamiento africano, tanto en tiempos históricos como durante los estados independientes, así como la interacción entre los sistemas tradicionales y los sistemas democráticos después de las independencias.
Estas líneas de investigación han sido avaladas por diferentes proyectos estatales entre los que cabe destacar Movimientos transfronterizos y construcción de nuevas prácticas ciudadanas en África y Europa. Las obras colectivas editadas por el grupo GESA ponen de relieve las miserias y las incapacidades del paradigma modernizador al sur del Sahara.

Ferran Iniesta es el coordinador de GESA y ha sido el investigador principal de la mayoría de los proyectos desarrollados hasta ahora por el grupo. Ha dirigido seis proyectos de investigación (1992-2005), tres de los cuales con centros especializados extranjeros. Tiene reconocidos tres tramos de investigación (1987-2004) por la Comisión Nacional de Evaluación de la Actividad Investigadora. Con una trayectoria sin parangón en España, es el director del proyecto y ejerce la tutela sobre la investigación. Por otro lado, Jordi Tomàs, antropólogo de referencia en la realidad de la Casamance y miembro del mismo grupo de investigación, aporta su experiencia y su conocimiento del territorio en su implicación en el proyecto. El resto del equipo está formado por jóvenes investigadores de diversas disciplinas que comparten el interés por África y por ahondar en experiencias que puedan suponer un enriquecimiento cultural.

EL PROYECTO
Desde hace más de 30 años hay un conflicto instalado en el sur de Senegal, en la región de la Casamance (aunque la fecha de inicio siempre pueda ser matizada y discutida). Se trata de uno de esos conflictos considerados de baja intensidad, en los que las cifras de víctimas no alcanzan unos baremos cuantitativos establecidos. Sin embargo, esta clasificación técnica no hace que el dolor, el terror y los inconvenientes de quienes lo sufren sean menos intensos.

Oussouye. Fotografía de Jordi Tomàs

En estas tres décadas, el conflicto de la Casamance ha vivido todo tipo de evoluciones y en los últimos años se han producido diversos movimientos encaminados a la consecución de la paz. Se han firmado diversos tratados parciales, pero el conflicto aún no se ha resuelto. A pesar de esa situación confusa y ambigua, hay un territorio en el que desde hace casi diez años no se ha producido ningún episodio de violencia relacionado con el enfrentamiento entre el independentista Mouvement des Forces Democratiques de la Casamance (MFDC) y el ejército senegalés. Se trata del reino de Oussouye. La violencia cesó en este territorio inmediatamente después de que fuese entronizado el rey.

Luego de años de investigación y trabajo de campo en Casamance, queremos producir un documento audiovisual que proporcione las herramientas para una mayor difusión y entendimiento del conflicto, y explicar el origen de una situación particular que llega hasta nuestros días.

Queremos reflejar la importancia de la tradición y de las autoridades tradicionales en las sociedades africanas, haciendo énfasis en que el carácter tradicional no comporta un freno a la modernización. Este proyecto puede significar un cambio de tendencia a la hora de poner en relevancia los valores tradicionales y el papel protagonista que pueden tomar las autoridades tradicionales para actuar como interlocutores completamente válidos en los procesos de paz, para una resolución definitiva del conflicto de Casamance.

QUÉ NECESITAMOS
Una parte del equipo estará en Casamance, concretamente en el reino de Oussouye, durante el mes de julio de 2012, para concluir el trabajo de campo y organizar el posterior período de rodaje.

El rodaje se realizará en noviembre de 2012 con el equipo de producción en Oussouye.

GESA cuenta para este proyecto con una dotación económica de 9.600 € por parte del ICIP(Institut Català Internacional per la Pau) a través de la AGAUR, Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca.

Nos hemos aventurado a esta experiencia de crowfounding porque necesitamos la suma extra de 4.300 € para poder cubrir los gastos de alquiler, seguro y traslado del material de video y audio para el rodaje en Senegal. Esto es imprescindible para garantizar el mínimo de calidad que nos hemos propuesto.

Si llegamos a superar el objetivo económico de 4.300 €, tenemos en la lista varios ítems que podremos mejorar en orden de obtener un mejor resultado en el producto final, desde cubrir los gastos de viaje del equipo, a subtítulos, gráfica, difusión, etc.

Tu aporte y difusión significa mucho para nosotros. ¡GRACIAS!

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Para más información puedes escribirnos a:
oussouye.doc@gmail.com