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Los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo se llevan su 5º Grammy

La 60ª edición de los Premios Grammy 2018 han otorgado el laurel a Mejor Álbum de Músicas del Mundo a los sudafricanos Ladysmith Black Mambazo, por ‘Shaka Zulu Revisited: 30th Anniversary Celebration’, cuya versión original ya les valió su primer Grammy en 1988. Ésta es la 5ª vez que el grupo coral formado por Joseph Shabalala sube al podio de uno de los mayores eventos de la industria musical mundial.

Desafortunadamente, el álbum ‘Elwan’ de los tuareg de Mali Tinariwen, se quedó a las puertas de obtener el galardón, así como el álbum ‘Para Mí’ de Concha Buika. Los fantásticos recopilatorios ‘Bobo Yeye: Belle Epoque In Upper Volta‘ dedicado a la música retro de Burkina Faso y ‘Sweet As Broken Dates: Lost Somali Tapes From The Horn Of Africa‘, sobre la música de mediados del siglo XX en Somalia, también quedaron a las puertas del Mejor Álbum Histórico, y el primero, además, no consiguió el Premio a Mejor Presentación en Caja o Edición Especial Limitada al que optaba.

Otros artistas africanos que se quedaron a las puertas de poder celebrar un premio fueron Timaya de Nigeria y Stonebwoy de Ghana, que han participado en el álbum ‘Avrakadebra’ de la banda jamaicana Morgan Heritage con un “remix global” del clásico de Jimmy Cliff 1983 ‘Reggae Night’, y que estaba nominado en la categoría de Mejor álbum de reggae.

También optaba a Mejor Álbum Vocal Pop el británico Ed Sheeran, en cuyo álbum ‘Divide’ (÷) incluye la canción ‘Bibia Be Ye Ye’, en la cual Sheeran canta en Twi junto al británico-ghanés Fuse ODG.

El rapero Kendrick Lamar, quién ya había ganado tres premios anteriormente, se llevó el galardón a mejor álbum y a mejor desempeño de rap cantado, mejor canción de rap, mejor actuación de rap y mejor video, por su éxito de 2017 ‘Humble’. Cosa que arrebató el podio al video tributo a Miriam Makeba de la francesa Jain.

Al final del espectáculo, la cantante de country Emmylou Harris homenajeó a varios artistas que nos han dejado este año, entre los que se encontraban el recientemente fallecido Hugh Masekela. África también le rendirá tributo al genial padre del jazz sudafricano en el quinto All Africa Music Awards (AFRIMA), que tiene prevista su celebración en noviembre de 2018.

Tinariwen: guitarras contra elefantes

Sesenta y tres, recordad su historia

la memoria de esos días pasados.

Mataron a nuestros padres,

a los recién nacidos

y a los rebaños.

Letra original en tamazigh

“Soixante trois”, Tinariwen

 

Ibrahim Ag Alhabib, fundador de Tinariwen / © Thomas Dorn

El año 1963 marcó de por vida a Ibrahim Ag Alhabib, fundador y carismático líder de Tinariwen, uno de los grupos africanos más influyentes y reconocidos. La primera rebelión tuareg contra el Estado de Mali (1961-1964) estaba siendo sofocada de forma violenta y su padre fue ejecutado en Kidal por el ejército, acusado de estar vinculado a los rebeldes. Al conflicto le siguió una terrible sequía que condenó a miles de nómadas tuaregs a vivir como refugiados en Níger, Argelia y Libia, entre ellos a Ibrahim, que por aquel entonces era todavía un niño.

La vida de Ibrahim es también la historia de Tinariwen, y Tinariwen (plural de Ténéré, que significa ‘desierto’ en lengua tamazigh) es, a la vez, reflejo de la historia y la vida del pueblo tuareg: sus melodías y ritmos provienen de la música tradicional tuareg y otros estilos del oeste africano, sus letras hablan de la vida nómada, de la nostalgia del desierto y de las rebeliones, y dan un mensaje de esperanza a la vez que llaman a la resistencia.

En 1990 estalló la segunda rebelión tuareg contra el Estado de Mali (1990-1994) e Ibrahim y otros miembros del grupo, que había sido formado años antes en el exilio, tomaron las armas para participar activamente en la revuelta. Cuando los acuerdos de paz fueron firmados, empezaron a utilizar la música para promover su causa y, desde entonces, ocho discos y varias giras internaciones les han llevado obtener un reconocimiento mundial por su trabajo y a ganar numerosos premios (entre ellos un Grammy en 2012).

Pero, por encima de todo, Tinariwen ha creado un estilo de música que ya se reconoce como propio del pueblo tuareg y que sirve para transmitir su mensaje. Siguiendo la mala costumbre occidental de etiquetarlo todo respecto a sus propios referentes, a su estilo se le ha llamado “rock del desierto” o “blues del desierto”, a pesar de que los miembros del grupo han declarado en numerosas ocasiones que nunca habían escuchado blues antes de empezar a hacer giras internacionales en 2001. Lo que sí es cierto es que Tinariwen ha plantado la semilla de un género que está en pleno auge y que cada vez más sirve al pueblo tuareg como altavoz: Tamikrest, Bombino o Imarhan son solo algunos ejemplos de ello.

El pasado mes de febrero, Tinariwen lanzó su nuevo álbum, Elwan, que ofreció en directo al mes siguiente al público de Barcelona en el marco del festival Blues i Ritmes, en su único concierto en España. Con las entradas agotadas y la platea entregada, la banda tuareg demostró que, después de más de tres décadas en activo, ha conseguido mantener su esencia a pesar de que sus integrantes vayan cambiando. Y es que no se trata de una banda de miembros fijos tal y como se entiende en Occidente, sino de un colectivo de cantantes, compositores y músicos que trabajan juntos, en distintas combinaciones, para grabar discos o hacer conciertos, a pesar de que algunos de ellos llevan en activo desde los inicios.

Tinariwen

Elwan significa “los elefantes” en tamazigh y no es más que otro reflejo de la situación actual que sufre el pueblo tuareg: la metáfora de grandes bestias que lo arrasan todo allá por donde pasan, en referencia a la lucha de intereses que hay en la región de Azawad. Desde que estalló la última rebelión tuareg en 2012, a la histórica disputa entre el Estado de Mali y el pueblo tuareg se han invitado el gobierno francés y algunos grupos vinculados a Al Qaeda del Magreb Islámico. En palabras de Eyadou Ag Leche, uno de los miembros del grupo, “Elwan habla de elefantes que lo destruyen todo a su paso. Es una metáfora sobre las grandes compañías, la corrupción de los políticos y los extremistas. El Sáhara está siendo ocupado por poderes cada vez más oscuros y nuestra gente y entorno llevan años sufriendo las consecuencias de este caos”.

La situación actual de la región queda perfectamente reflejada en el último clip del grupo, Ténéré Tàqqàl (“En qué se ha convertido el desierto”), un vídeo de animación en el que un camello que transporta instrumentos y amplificadores es perturbado por una gran bestia. En 2012, cuando la sharia fue instalada en el norte de Mali por el grupo Ansar Dine, vinculado a AQMI, la música fue prohibida y los miembros de la banda, que son todo un símbolo para los habitantes del Sáhara, fueron perseguidos. Uno de ellos, Abdallah Ag Lamida, llegó incluso a ser secuestrado mientras intentaba salvar sus guitarras. Semanas más tarde fue puesto en libertad.

A pesar de todas las dificultades que ha atravesado y atraviesa el pueblo tuareg, las inconfundibles guitarras de Tinariwen consiguen sonar por encima del caos para seguir transmitiendo el mensaje. En una entrevista para Noisey Vice, a uno de sus miembros, Eyadou Ag Leche, le proponían elegir entre tocar para su pueblo o tocar alrededor del mundo, teniendo siempre la nostalgia de su tierra: “Es una decisión muy difícil, pero elegiría tocar para el mundo porque es la forma de que el mundo conozca nuestra comunidad. Si nos quedamos en el desierto, nuestra música será olvidada y no servirá para nada”.

Mali. Se puede luchar tocando

Aula Wiriko

Tinariwen pared azul de fondo

Tinariwen, grupo de origen tuareg del norte de Mali.

2ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Itziar Andonegui

(bajo supervisión y edición de la coordinadora del bloque de músicas)

Guitarras eléctricas, bajos eléctricos y baterías se casan con ngonis y koras tradicionales de una forma natural y sin conflictos, demostrando así que no tiene por qué existir conflictos entre la tradición y la modernidad. Del mismo modo, culturas distintas como las que cohabitan en Mali no deberían entrar en conflicto, siempre y cuando la diversidad y la justicia impere en el equilibrio del todo.

Sin embargo, Mali se ha visto sacudida desde 2012 por el separatismo de un grupo radical islámico con la obsesión de acabar con la diversidad y de imponer la ley islámica malinterpretada. ¿Cómo ha sido posible? ¿Cuál ha sido el atolladero histórico que ha dado lugar a la compleja situación que vive Mali?

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Malí y Azawad. Mapa Geopolicraticus.

Contexto histórico:

Mali, en el África Occidental francesa, es una región geográficamente dividida entre un Norte desértico y un sur más fértil. Por este motivo, la parte sur del país está más poblada y es cuna de diferentes poblaciones. Pero dentro de su diversidad cultural, Mali alberga dos grupos mayoritarios: los bamabaras -en el sur del país- y los tuareg o los hombres del desierto. El islam penetró en la región alrededor del siglo XII, cuando los pueblos de lengua árabe y cultura seminómada se adentraron en un ecosistema que compartirian con otros grupos como los Songhai o los Fulani (o peul).

Colonia francesa hasta 1960, Mali tuvo una colonización delicada, que provocó grandes batallas en el norte, reticente a ser sometida al ejército francés. A día de hoy, la separación entre norte y sur responde, no solamente a las diferencias del medio o las distintas tradiciones históricas, sino a ese recelo del norte ante el imperialismo occidenta, que lo llevó a liderar el anti-colonialismo. La capital colonial, Bamako, situada en el sur, sigue siendo la capital nacional a día de hoy. No, sin el reclamo por parte del norte de sus derechos como nación independiente.

En junio 1960, cuando se consigue la independencia de Malí, el gobierno del primer presidente Modibo Keïta, establece un gobierno socialista africano, intentado aplicar medidas de desarrollo e integración regional. Y a pesar de que la larga tradición separatista del norte no tiene consecuencias dramáticas durante las primeras décadas de la república maliense, en 2012, un golpe de estado en el norte, pide la independencia de la región. Los líderes del golpe, el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA), fueron apoyados por Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), y se desencadenó una ola de violencia que sumió Mali en el silencio.

Cómo entender Mali a través de la música:

abderrahmane-sissakos-timbuktuLa imposición de la sharia en Mali, o la aplicación de las leyes islámicas llevadas al extremismo, se puede analizar de forma transversal en la película “Timbuktu”, dirigida por Abderrahmane Sissako. Timbuktú es un fenómeno audiovisual producido en 2014 y que actualmente, está de gira por el mundo. En Timbuktu, el día a día de la ciudad maliense sirve de espejo del terror consecuencia de la imposición de unas leyes que prohiben escuchar música, reír en la calle, fumar, jugar al fútbol… ¿Se puede prohibir la música en un territorio donde la música forma parte inseparable de la cultura?

En Mali, con una importante cultura griot, narradores de la historia a través de la música, hombres y mujeres como Oumou Sangaré siguen la herencia cultural de sus ancestros y cuentan la historia de familias y vecinos. La música es indisociable de la sociedad, de forma indistina, en Norte y Sur del país. En el África Occidental, la figura del griot es crucial para la transmisión oral de la historia, los valores y el folklore.

Todo eso entra en contradicción, convulsiona y colapsa, cuando las leyes impuestas por el grupo radical emergido del norte del país son impuestas por la fuerza a través del golpe de estado. La sharía se convierte en una herramienta de imposición de una parte de los tuaregs que se toman la justícia por su mano, y como se refleja en la película Timbuktu, la música acaba siendo prohibida. Muchos de los músicos malienses, uno de los países con más producción musical de todo el continente africano, se han tenido que exiliar. Algunos de ellos, a pesar de luchar por la independencia del norte de Mali y ser de religión musulmana, como por ejemplo el grupo Tinariwen, no entrarían ni en los canones de pureza cultural defendido por el MNLA en la región Azawad. Los miembros de , a pesar de todo, siguen luchando desde la diáspora con sus instrumentos como armas de fuego y ya llevan 30 años en el exilio, ya que fueron expulsados por el gobierno centralista de Moussa Traoré por reivindicar los derechos del norte del país. Así que ni con el centralismo del Sur, ni el radicalismo de parte del norte, los tuaregs Tinariwen son binvenidos en Azawad.

Otra banda perseguida por los radicales del MNLA durante el golpe fueron Songhoy Blues, un grupo que basa su sonido en el blues forjado por Ali Farka Touré, estrella que popularizó los sonidos de Mali en todo el mundo. Los jóvenes de Shongoy Blues tuvieron que huir de Tumbuctú por amenazas de los radicales islamistas, y hoy, como tantos otros, siguen luchando por dar a conocer un conflicto presente e ignorado. En “They will have to kill us first: Malian music”, que se estrenará en otoño del 2015, se trata la penosa situación que han vivido, y que en algunos casos siguen viviendo, los músicos malienses en su propia tierra.

5 álbumes musicales para este 2014

Portada del álbum Toumani & Sidiki

Portada del álbum Toumani & Sidiki

El 2014 es otro año de música africana. En un continente donde en la mayoría de los países la industria musical intenta hacer lo posible para salir a flote, llegan de nuevo diversos álbumes a los que no hay que perderle el oído.

Se empezó el año de la mano del nuevo trabajo de la caboverdiana Carmen Souza quien en enero lanzó su Live at Lagny Festival, un directo grabado el pasado octubre. Mali, como siempre, sigue en cabeza de la producción musical del continente y en el pasado febrero acogió los lanzamientos de Soo de Habib Koite y de Kanou de Mamani Keïta. El 2014 también tiene espacio para el góspel de los amigos ratoneros de Malawi Mouse Boys que han publicado su segundo largo, Dirt is GoodOtro de los álbumes esperados fue Faya del dueto neoyorkino-guineano de Joe Driscoll & Sekou Kouyate a los que entrevistamos en uno de nuestros artículos.

Wiriko además propone 5 trabajos más en este 2014 para ampliar las miras musicales africanas.

Jeremy Loops – Trading Change
Siempre con su sombrero y su pedal loop. La guitarra la trae de nacimiento y en ocasiones se enchufa el ukelele o el banjo. También en su música folk no puede faltar la armónica e incluso se atreve con el beat-boxing. Este joven de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, es un hombre banda que nunca pensó en dedicarse a la música. Sin embargo, tras trabajar en cruceros por varias partes del mundo regresó a casa y se subió al escenario en una fiesta de su fundación ecologista Greenpop. Desde entonces se ha convertido en una de las sensaciones sudafricanas y ha actuado en las últimas dos ediciones del festival de Suazilandia Bushfire. En estos años ha paseado sus canciones hasta que finalmente, a finales del pasado marzo, lanzó Trading Change que alcanzó directamente el número 1 de ventas en Itunes Sudáfrica. Entre sus canciones encontramos las ya míticas “Down South” y “My Shoes” en colaboración con el rapero Motheo Moleka.


George Kalukusha
Hourglass
Nacido en la capital económica de Malaui, Blantyre, George ha vivido a caballo entre Milton Keys, Inglaterra, y su país natal. Regresó a casa mediados de 2013 para estar tranquilo y componer con el objetivo de reunir sus composiciones en un futuro disco. Actuó en el festival malauí City of Stars y es un habitual de la escena local de Lilongwe. Una íntima voz acompaña a su guitarra que se deja influenciar por los sonidos derivados soul y folk. También en marzo lanzó su primer EP, Hourglass del que ya se conocía el single Bottles.


Angelique Kidjo
 – Eve
Nacida en Benin es una de las voces más reconocidas de África. Desde su primer disco Logozo, publicado en 1991, Kidjo ha sabido exportar su talento fueras de las fronteras de África. Ha sido varias veces nominada a los Grammy y consiguió el galardón al mejor álbum de músicas del mundo contemporáneas en 2008 gracias a DJIN DJIN  en el que colaboran artistas como Alicia Keys.

Considerada uno de los iconos del continente, Kidjo quien es embajadora de Unicef desde 2002, siempre ha luchado por la defensa de los derechos de la mujer.  EVE es un trabajo dedicado a ellas. Temas para la resistencia y la belleza de las mujeres africanas acompañados a los coros de voces locales beninesas. En el single de su nuevo trabajo podemos escuchar además a la artista Asa, una de las voces ascendentes del panorama musical nigeriano.

Además Angelique está de enhorabuena ya que también en este 2014 se ha publicado su autobiografía Spirit Rising: My Life, my Music.


Tinariwen
 – Emmaar
Séptimo trabajo de la banda maliense y el primero grabado lejos de su país. Con Emmaar, realizado en los EE.UU. debido a los conflictos en Malí, Tinariwen vuelve a sus raíces, al desierto, a su descendencia tuareg. Como ellos mismos explican en su página web, “vuelven a la sencillez y honestidad”. Liderados por Ibrahim Ag Alhabib, la banda continúa fieles a sus guitarras eléctricas en un trabajo que aunque no pierde de vista a Malí se deja empapar de las influencias americanas.

Tinariwen tiene una agenda apretada de conciertos para este verano donde acudirán al famosos festival británico Glastonbury y también se dejarán ver por Barcelona el 11 de julio.

 

Toumani y Sidiki Diabaté – Toumani & Sidiki
La familia Diabaté lleva generaciones teniendo a la kora en la sangre. La calabaza de 21 cuerdas típica de Malí y Senegal ha acompañado al reconocido Toumani Diabaté que ahora se lanza en un dúo junto con su hijo Sidiki. Su primera actuación conjunta fue el pasado noviembre en el londinense Royal Festival Hall donde estrenaron algunos de los temas de este nuevo trabajo. Toumani & Sidiki es un álbum donde se funde pasado y presente de los músicos de kora. Sidiki toma el relevo para iniciar con tan sólo 23 años el camino que comenzó su abuelo, también llamado Sidiki, en 1970 cuando grabó el primer disco de kora, Mali: Ancient Strings.

El Reino Unido acoge diversos conciertos en el mes de mayo para poder ver a padre e hijo en acción que también se encuentran en el cartel de Glastonbury.

 

Ibibio Sound Machine – Ibibio Sound Machine
Eno Williams, nacida en Nigeria, lidera una banda de ocho componentes en la que destaca el guitarrista ghanés Alfred Bannerman. La agrupación asentada en Inglaterra no se olvida de sus raíces en una música que se deja llevar por la electrónica y la mezcolanza de ritmos punk y discos del África Occidental. No falta el góspel en un álbum homónimo que es una psicodelia bailable y cuyo primer single invita a ello, Let´s Dance.