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Literatura infantil africana musicada con Nanas del Baobab

“En el universo de la comunicación oral por excelencia, el canto tradicional siempre es algo vivo que permanece íntimamente a lo cotidiano, al medio, a las relaciones humanas y sociales”.

Con esta advertencia, la editorial Kókinos abre una perla entre su colección de libros con música: Canciones infantiles y nanas del Baobab.

Se trata de una pieza única, traducida de la primera edición en francés (Comptínes et berceuses du baobab, de Éditions Didier), con 30 canciones infantiles procedentes del África occidental y central grabadas con mucho respeto y presentadas con mimo y buen gusto.

Según sus editores, con el libro y el CD se pretende: “resonar infinitamente en el oído del bebé para, si llora, calmarle, o para ayudarle a pasar al mundo de los sueños“.

Recopilado por Chantal Grozléziat, ilustrada de forma brillante por Élodie Nouhen y dirigido musicalmente por Paul Mindy, este libro musicado recorre canciones infantiles cantadas en lingala, bambara, bamena, peul, mina, wolof, susu, soninke, sängö, kikongo y kinyarwanda, para sumergirnos en la sabiduría popular que se transmite de generación a generación y de forma oral, y mecernos en historias que exploran “los cantos nostálgicos asociados al abandono y a la soledad, los ritmos extraídos de las danzas y de los juegos cantados, la dulzura y riqueza melódica de las canciones de cuna…

Representando 11 lenguas originarias de África Central y Occidental y vivificadas con preciosas ilustraciones, diferentes rimas y canciones de cuna nos mecen en un viaje por 10 países africanos como Ruanda, Camerún, Costa de Marfil o Senegal. En el CD, las canciones son cantadas en el idioma original y se traducen al castellano, explicando su origen y el contexto cultural del que surge cada pieza. 29 canciones grabada con instrumentos indígenas y cantadas por mujeres, hombres y niños, capturan el ritmo de las rimas infantiles y la poesía de cada lengua. Una joya del patrimonio inmaterial y la tradición de algunas de las muchísimas e inabarcables culturas africanas que están representadas en este libro musicado que todo hogar con niñas y niños debería tener en sus cabeceras de noche.

Un cómic para transmitir la sabiduría zulú

Portada de Ma, la primera entrega de The Tree of Life Trilogy.

Portada de Ma, la primera entrega de The Tree of Life Trilogy.

El escritor Mark McKeown y el dibujante Andre Human, ambos sudafricanos, están a la cabeza de una iniciativa para llevar al cómic las historias fundacionales de la cultura tradicional zulú. Los dos artistas siguen la estela del narrador Credo Mutwa, un prominente responsable de la transmisión de la tradición zulú que en 1964 comenzó a explorar nuevas vías de difusión de sus conocimientos publicando el libro Indaba, My Children.

Ma es la primera entrega de la trilogía The Tree of Life Trilogy (La trilogía del árbol de la vida), basada en la obra más conocida de Credo Mutwa. Este hecho supone un paso más en la transmisión de la mitología zulú, de todas las historias que para los zulús explican el principio del mundo y su naturaleza. McKeown ha adaptado la historia a las necesidades de la novela gráfica y Human se ha encargado de dibujar un escenario y unos personajes que hacen que esa narración sea todavía más sugerente. La historia cuenta la creación del mundo desde la nada, así que la iluminación y el coloreado de las viñetas son fundamentales para escenificar esa victoria de la luz sobre la oscuridad en la configuración del mundo tal y como lo conocemos.

Este nuevo formato hace mucho más accesible a todos los públicos la tradición mitológica zulú. Se puede hablar de cosmovisión, para explicar la tradición, el sistema de creencias, la espiritualidad y la religiosidad de un grupo étnico que determina muchas de las acciones de sus miembros. Pero en una buena parte de la audiencia, el concepto cosmovisión hace pensar en una explicación demasiado científica como para resultar atractiva. Sin embargo, The Tree of Life Trilogy no es otra cosa que la representación de los puntales de la cosmovisión zulú y, además, explicados de una manera que llama mucho más la atención. La narración, en todo caso, engancha, aunque es necesario encontrar la fórmula más adecuada de materializarla. Así que, como las audiencias cambian y se modifican, también deben modificarse estas fórmulas.

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Esta trilogía no es un capricho. En distintos foros se ha señalado que McKeown y Human llevan siete años trabajando en esta novela gráfica, cuya primera entrega ha visto la luz a principios de este año. De la misma manera, la prensa especializada hace, al menos, dos años que están anunciando su lanzamiento. Finalmente, la editorial Vusamazulu, ha sido la responsable de poner este trabajo en la calle y también en los ordenadores de todo el mundo, ya que hay una edición disponible en todos los rincones del planeta gracias a la edición digital.

Portada de Indiba, My Children, el libro de Credo Mutwa en el que se basa el cómic

Portada de Indiba, My Children, el libro de Credo Mutwa en el que se basa el cómic

Curiosamente, las motivaciones de Credo Mutwa tienen mucho que ver con este nuevo paso en la difusión de la tradición zulú. El autor de la historia “original” en la que se basa The Tree of Life Trilogy  era uno de los depositario de los conocimientos ancestrales de este grupo étnico y entre los principios de su iniciación estaba la obligación de no revelar sus conocimientos más que a la persona indicada para heredarlos. La versión más extendida es que la muerte del hijo de Credo Mutwa le empujó a romper este principio y publicar Indaba, My Children en el que desvelaba los conocimientos, ante la posibilidad de que se perdiesen con su muerte. Ahora, Ma y The Tree of Life Trilogy ahonda en esta transmisión generalizada (sin los límites de la iniciación).

Concretamente Ma, narra el nacimiento de la divinidad primigenia encargada de “crear la materia y mantener su armonía”. Sin embargo, Ma se sale relativamente del guión marcado y se muestra obsesionada por encontrar la compañía a través del amor. Este empecinamiento obliga al Gran Espíritu, Nkulukunu, a replantearse sus planes para dar respuesta a los deseos de la protagonista.

El responsable del inicio de la transmisión de esta historia mitológica, Credo Mutwa, tiene una vertiente controvertida, en la medida en la que ha recibido la atención de diferentes gurús de las teorías de la conspiración extraterrestre. El autor se ha vinculado con los círculos proféticos, lo que le ha restado una cierta credibilidad y ha generado una cierta ridiculización de su papel. En todo caso, sigue considerándose una parte importante de la historia de Sudáfrica y su obra, sobre todo Indaba, My Children, se considera un clásico de la transmisión de la tradición oral.

La dimensión infantil de Véronique Tadjo. Entre buen gusto y militancia.

Una de las ilustraciones de Mamy Wata et le mostre. Todas las imágenes proceden de la página oficial de la autora.

Una de las ilustraciones de Mamy Wata et le mostre. Todas las imágenes proceden de la página oficial de la autora.

¿Con que absoluta poca vergüenza podemos atrevernos a decir que la literatura infantil africana es pobre? Ya nos hemos encontrado en esta encrucijada en otras ocasiones y el problema es que obliga hacer tantos matices que al final lo más sencillo es optar por la fórmula más simple. Mejor dicho, por una de las fórmulas más simples. La literatura infantil africana goza de una salud y un dinamismo envidiables, además de que supone un pozo al que resulta francamente difícil verle el fondo. Esa también es una fórmula simple, pero mucho más realista que la habitual. Ahora, vamos a utilizar los matices al contrario: la literatura infantil africana impresa es todavía un género poco habitual o, al menos, poco conocido en Occidente, si lo comparamos con la narración para adultos. Ahora, con este simple ejercicio le hemos dado la vuelta a la fórmula más utilizada.

Véronique Tadjo

Véronique Tadjo

Toda esta disertación venía a cuento, precisamente para hablar de una autora que se ha volcado en la literatura infantil con una serie de características muy particulares. Se trata de la fracomarfileña Véronique Tadjo, una reputada, reconocida y galardonada novelista que en los últimos años se ha decantado por escribir libros para niños, en los que además, ella misma ejerce de ilustradora.

Tadjo se construyó un nombre en el ámbito de la novela africana francófona y se hizo acreedora de algunos de los premios más importantes, como el Grande Prix d’Afrique Noire en 2005. Con el tiempo se fue convirtiendo en una voz imprescindible en este entorno. Sin embargo, no es su producción novelística lo que interesa en este artículo, quizá en otra entrada, no porque no resulte interesante, sino porque otra de sus dimensiones literarias llama poderosamente la atención. En paralelo, Tadjo cultivó también la poesía y la pintura. Pero una de las dimensiones más llamativas de su producción es que es autora de una serie de libros infantiles con un sabor muy especial.

La escritora es hija de padre marfileño y madre francesa y, a pesar de haber nacido en París, se crío en Costa de Marfil. Su historia es la de un continuo viaje de ida y vuelta, ya que regresó a Francia para completar sus estudios, pero después volvió a Costa de Marfil para dedicarse a la enseñanza. A partir de ahí, ha vivido en diversos países y en la actualidad reside en Johannesburgo. Estas informaciones al estilo “wikipédico” pueden parecer superfluas, pero no lo son, ya que es habitual en el caso de los escritores africanos la acusación de haber abrazado la cultura occidental, dejando de lado la cultura propia. En el caso de Tadjo, el concepto de cultura propia sería demasiado complejo para una entrada de este estilo, pero de todos modos sus obras muestran un apego incondicional por su cultura africana.


Ocurre en algunas de sus novelas, pero se hace más evidente todavía en las obras infantiles. Tadjo se aferra a las historias de la tradición marfileña, pero también de otros lugares de África, o incluso a algunas panafricanas como la de Mamy Wata. Las leyendas, los mitos, el material narrativo de la tradición oral destaca en sus trabajos desde Masque, raconte-moi, hasta Le Seigneur de la danse o Le Grain de Maïs Magique y por supuesto en la edición inglesa de Chasing the Sun que recoge la tradición de la narración oral del continente basándose en relatos que van desde Chinua Acheve hasta Naguib Mahfouz.

Cubierta de Marque, raconte-moi...

Cubierta de Masque, raconte-moi…

Desde el punto de vista estético, las ilustraciones que Véronique Tadjo crea para estos relatos no dejan demasiado espacio no para la duda ni para la disputa. El sabor eminentemente de las obras queda fuera de toda duda. En todo caso, de alguna manera, conservando ese espíritu , las ilustraciones expresan una modernidad que se corresponde tremendamente con el sentido de una tradición cambiante y adaptable a la contemporaneidad. El caso más evidente es el de Grand-mère Nanan en el que utiliza fotos coloreadas.

Cubierta de Chasing the Sun

Cubierta de Chasing the Sun

Seguramente esta visión encaja con la concepción que Tadjo tiene de la tradición y más concretamente de los relatos tradiciones, las leyendas y los mitos, cuando hablando de su novela Reine Pokou advierte sobre el riesgo de la manipulación de estas narraciones y asegura que “la leyenda no está hecha para ser congelada”.

Respecto a su decisión de cultivar la literatura infantil, un género seguramente menos lucrativo que la novela, la escritora marfileña explicaba en una entrevista realizada en 2005 que, por un lado, concebía la literatura africana como “un todo”, sin la distinción de géneros que impone occidente. Por otro lado, señalaba: “El error que hemos cometido hasta ahora ha sido olvidarnos de los que podrían convertirse en nuestros futuros lectores”. Y con una perspectiva envidiablemente autocrítica asegura que la pregunta adecuada no es por qué “los africanos no leen”, sino “por qué, a parte de la cuestión del analfabetismo, evidentemente, aquellos que podrían leer, no lo hacen”. Y, además de abaratar el coste de los libros, Tadjo tiene clara la solución: “No hemos desarrollado en nosotros el deseo de lectura. Para conseguirlo hay que empezar desde muy pronto. Los niños tienen que acostumbrarse a manipular los libros, a descubrirlos, a amarlos. Lo demás, vendrá solo”. Y lo menos que podemos decir es que ella ha sido consecuente y se ha puesto manos a la obra, creando obras absolutamente deliciosas y eminentemente africanas.