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Wallay o cuando el cine africano nos explica quiénes somos

“Es necesario reconocer que Europa está cambiando (…) el mundo, como nuestro continente, será cada vez más plural y multicultural. Y, por lo tanto, es necesario trabajar por una sociedad inclusiva, justa y respetuosa, en la que no haya lugar para el odio y la violencia racial”, pronunciaba hace escasas semanas Cécile Kyenge, eurodiputada italiana nacida en el Congo. Son declaraciones muy necesarias en tiempos de retóricas alarmistas sobre la migración africana en las costas europeas o cuando la xenofobia parece envenenar Europa. Pero, ¿qué es Europa? ¿quiénes somos los europeos? ¿Y si el cine africano pudiera darnos algunas claves? 

Fotograma de Wallay.

La identidad es un asunto peliagudo que se suele medir según una restringida gama de calificativos basados en la raza, la etnia, la cultura, la nacionalidad… Y que en su pretensión de esencia inmutable o absoluta, no es más que una ilusión perecedera. Además, tras una frontera construida con ladrillos esencialistas y masilla discriminatoria, puede esconder el miedo a lo desconocido y lo diferente como una emoción peligrosamente manipuladora.

La película Wallay (Burkina Faso, 2017) toma el título prestado de la expresión Wallay, un mote que proviene del árabe y que está muy de moda en diferentes países del África subsahariana, donde se emplea para significar “es verdad” o “te lo juro”. El próximo 15 de marzo tendremos la oportunidad de verla de forma totalmente gratuita en los CineCiutat de Palma, dentro del marco de la primera edición del Festival d’Altres Cinemes, una nueva celebración de los cines del Sur, cuya primera edición se va a centrar en los cines de África como constructores de nuevas narrativas y como herramientas para la transformación social.

Una película que nos obliga a revisarnos

Es frecuente que se trate a los europeos no-blancos bajo una máscara de identidad incomprendida y mal representada: extranjeros en Europa —considerados africanos por los europeos blancos debido a su color de piel— y extranjeros en África —considerados europeos por su educación y su cultura occidental—. Como sucede con muchos europeos de padres africanos, Wallay refleja la sacudida interior que un adolescente conflictivo sufre al llegar a Burkina, donde deberá encajar una nueva forma de construir su propia personalidad con una familia que tiene la tarea de convertirle en un hombre.

Este adolescente de raíces francesas y burkinesas llamado Ady, interpretado por Makan Nathan Diarra, vive en Vaulx-en-Velin, un suburbio francés dominado por la delincuencia y con un perfil social de clase trabajadora y de bajos ingresos. Como Ady es un chaval rebelde, su padre, que le había criado solo hasta el momento, se ve sobrepasado y perdido en su educación. Pensando que le irá bien reencontrarse con sus raíces, decide mandarlo a su lugar de origen, Burkina Faso, para pasar el verano. Sin embargo, Ady es francés y conoce Burkina solo por la experiencia transmitida por su padre. Así que al llegar, se debe enfrentar a una extraña sensación de ser y de no ser a la vez. Pero la película no cae en clichés, y no muestra la dualidad Europa-África como un simple binomio contrapuesto.

Y es que tal como dice escritora Léonora Miano: “no se es negro o francés, se puede ser negro y francés”.

Wallay (Francia, Burkina Faso – 2017) del director, productor, distribuidor y crítico de cine Berni Goldblat (Estocolmo, 1970), refleja a la vez el reconocimiento de una identidad múltiple del propio realizador, de padre polaco, madre suiza y afincado en Burkina desde hace más de un cuarto de siglo, y nos sumerge en las contradicciones de la sociedad europea contemporánea, una ciudadanía global y heterogénea que merece una revisión profunda de sus propios fundamentos. Miembro del jurado durante diez años de los Africa Movie Academy Awards, Goldblat trabajó en Wallay durante siete años y la presentó en la Berlinale del mismo año. Tras recorrer el Festival de Cannes y dar la vuelta al mundo, aterriza en Palma para recordarnos la importancia de ver cine africano.

“¿Por qué África nos importa tanto? ¿Por qué vamos a ver películas africanas? Justamente porque en un mundo que se encierra sobre sí mismo y refuerza las fronteras, las expresiones culturales abren las puertas a una humanidad unida en su diversidad”. (Olivier Barlet, crítica de Wallay para Africultures)

Junto a Wallay, el Festival d’Altres Cinemes proyectará el corto Dem Dem! (Senegal, 2017) y debatirá sobre cómo los medios de comunicación pueden contribuir a un cambio de narrativas sobre África con las voces de Ángeles Lucas (Planeta Futuro y África no es un país) y Beatriz Mesa (COPE Internacional).

Consulta toda la información de proyecciones, mesas redondas, perfiles de las conferenciantes, concierto, horarios… y cómo conseguir tus entradas de forma totalmente gratuita, aquí: www.festivalaltrescinemes.com

Burgos cumple 11 años de cines africanos

 

Una vez más, como cada año por estas fechas, el cine africano vuelve a la ciudad de Burgos. El pasado 11 de enero dio comienzo el Ciclo de Cine Africano, una cita que se ha ido consolidando y que cada vez cuenta con más público. Este ciclo, organizado por el Aula de Cine y Audiovisuales y el Aula de Paz y Desarrollo de la universidad (UBU) con la importantísima colaboración de la ONGD Al-Tarab y el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT), cumple más de una década acercando los cines del continente negro a sus espectadores y visibilizando realidades que, para muchas personas, siguen siendo desconocidas.

Tres son los cortometrajes producidos en diferentes países que van abriendo bocado. El dramaKindil el Bahr (2017), una coproducción de Argelia, EE.UU. y Kuwait, tuvo el honor de inaugurar el evento al que le seguirá ​La laine sur le dos (2016) y el cortometraje malgache ​Nirin (2015). Los tres largometrajes nos acercan historias de tres países africanos muy diferentes:Wallay nos transporta a Burkina Faso, mientras que Felicité nos relata una historia de una cantante en los locales de Kinsasha, en la República Democrática del Congo e ​Inxeba (La herida en español) nos acerca al conflicto en el que se cruza la tradición xhosa, la masculinidad y la homosexualidad. Una oportunidad única de (re)descubrir las historias que desprenden los cines africanos y poder disfrutar de este espléndido séptimo arte. En Wiriko no nos lo hemos querido perder y hemos entrevistado a Álvaro Alonso de Armiño, codirector del Aula de Cine y Audiovisuales de la UBU.

Wiriko: ​Esta cita parece consolidarse año tras año y ya cumple nada más y nada menos que once años​ ​¿Cómo surgió la idea de organizar un ciclo de cine africano en Burgos?

Álvaro: La idea surgió en el año 2001 cuando el Aula de Cine y el Aula de Paz y Desarrollo de la Universidad de Burgos decidimos colaborar para poner en marcha un ciclo dedicado a cinematografías de países en desarrollo, a conflictos olvidados, cine e inmigración… ese fue el germen. Pero, en 2006 entramos en contacto con el Festival de cine Africano de Tarifa y decidimos centrar este ciclo exclusivamente en el cine africano. La labor del FCAT es encomiable y muy interesante.

W:¿Qué objetivos plantea este ciclo?

A: ​El cine africano es, como casi todo lo que ocurre en ese continente, un gran olvidado y cuando no, solo es noticia para significar catástrofes de todo tipo. Desde el Aula de Cine queríamos dedicar uno de los ciclos del curso a difundir una pequeña parte de su cultura y sobre todo mostrar al público burgalés películas que de otro modo nos resultarían absolutamente desconocidas. Además este ciclo ayuda en cierto modo a romper con ideas preconcebidas sobre lo que podemos encontrar más allá de nuestras fronteras y vislumbrar la enorme diversidad de la cultura africana.

W: ​El Aula de Cine ha hecho una firme apuesta por los cines de África ¿Por qué? En tu opinión, ¿qué crees que tiene de especial el cine africano?

A: ​En estos ya 11 años de ciclos de cine africano hemos visto una evolución muy notable. Un cine que va quitándose complejos para ofrecer algunas de las propuestas más interesantes de la cinematografía actual, abordando temas cada vez más diversos y con una factura fílmica extraordinaria, si bien es cierto que la mayoría de las películas son de directores afincados en Europa y cuenta con coproducción de diferentes países occidentales.

W: ​¿Cuál ha sido la acogida por parte del público en los últimos años?

A: Es uno de los ciclos que mejor funciona y que tienen más éxito de público y eso a pesar de que las películas desgraciadamente no tienen ningún recorrido en los medios de comunicación, ni siquiera en revistas especializadas de cine salvo contadísimas excepciones.

W: En los últimos años parece que los cines africanos están viviendo un enorme boom. ¿A qué dirías que se debe?

A: Creo que puede ser debido a la gran variedad de enfoques que sorprenden por lo inhabitual para el imaginario que se nos intenta crear desde occidente, lleno de tópicos y temas recurrentes.

W: Aquí en España cada vez se organizan más eventos culturales relacionados con el mundo africano ¿Crees que es un instrumento acertado para concienciar sobre la situación real del continente?

A: Todo suma. Desgraciadamente vivimos en un país en el que la cultura en general es un bien que no se fomenta desde las instituciones ni desde el sistema educativo, es un bien solamente de consumo y que nos llega impuesto por los massmedia. Pero desde luego que todos los eventos culturales (el cine es uno de ellos) que se desarrollan en torno al continente africano, ayudan a romper estereotipos y a conocer una cultura muy desconocida para occidente.


No te olvides

Lugar: Centro Cultural de Caja de Burgos. Avda. Cantabria 3 y 5.

Hora: 20.30h.

Venta de Entradas: A partir de las 19.30h. en la taquilla del Centro Cultural de Caja de Burgos. Avda. Cantabria 3 y 5.

En la Casa del Cordón, laborables de 12.00h. a 14.00h. y de 19.00h. a 21.00h. Festivos de 12.00h. a 14.00h.

Precio: Entrada 2,5€

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