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Warsan Shire

Warsan Shire, poesía en resistencia

Warsan Shire se ha convertido en un referente de la poesía del siglo XXI. La mezcla de sus versos, con su carácter fresco y joven y un buen uso de las redes sociales la ha catapultado al éxito. Se ha escrito mucho sobre ella, especialmente después de que en 2016 participase en “Lemonade” el último trabajo de la archiconocida Beyoncé. La mayor parte de las veces se hace referencia a Shire como un icono de la pop-culture, reconvertida en una moda, intentando alejar la conexión evidente que tiene con sus raíces, con la búsqueda de sí misma y con personas que siempre quedan en los márgenes de la historia. Sin embargo, hay mucho trabajo y muchos versos previos al boom de “Lemonade”.

Warsan Shire
Fotografía de Amaal Said

Shire comenzó escribiendo hace una década y su primera publicación tuvo lugar en 2011 con Teaching My Mother How To Give Birth. A través de este volumen transmite la experiencia de su familia como refugiados y sumerge al lector en los paisajes de la guerra y el horror. Su segunda obra, Her Blue Body (2015) supuso un giro radical, ya que creó un espacio íntimo, donde se mezclaban las raíces, los traumas, la sexualidad, la interculturalidad, la identidad y el ser mujer. De todo el volumen, los detalles  en “The House” marcan la diferencia.

Gracias a su obra, podemos afirmar que Warsan Shire es algo más que una tendencia. Cada palabra, cada verso y cada poema es una promesa de que la poesía no ha muerto. Que la agonía del pasado puede volver y redescubrir que sigue estando presente. Que la diáspora no es sólo un espacio donde dudar sobre la identidad, sino donde encontrarse y resistir al mundo que hemos construido.

Lo más curioso sobre esta escritora es que a pesar de haber nacido en Kenia y haber crecido en Londres es la más firme heredera de la tradición poética de Somalia, sin duda gracias a sus lazos familiares. En este país del Cuerno de África, sólo conocido por su interminable guerra y sus propios desastres, floreció la poesía hasta el punto de que las conversaciones fluían en verso. Y ella ha logrado fundir aquella tradición con la realidad del tiempo que la ha tocado vivir.

En realidad resulta imposible decir qué es o qué representa la poesía de Warsan Shire aunque las modas y la globalización puedan simplificarlo. Mujeres, refugiados, raíces y diáspora. ¿Eso es todo? No. La confusión convertida en poesía, como en  “Nail Technician as Palm Reader”, el dolor de “What we have” o la explosión de cada verso en “Home” representa una pequeña parte de lo que supone el universo de Shire. Este último, que se hizo viral hace un par de años al coincidir con la llegada de refugiados a Europa, transmite el horror de no poder estar en casa, el último símbolo de la protección y la seguridad. Cualquier sitio sería más seguro. Además, Shire habla de sus traumas, pero también de los traumas de los demás. De hecho, el mérito de lo que escribe reside en la capacidad de captar las experiencias de otras personas (normalmente familiares y amigas) y plasmarlas en primera persona.

Shire se alejó de los focos y las redes sociales tras lo ocurrido con Lemonade. Huyó de un mundo de modas que pretende convertir y mercantilizar cada uno de sus versos. Transformarla en una estrella sin trasfondo. Sin embargo, nos ha dado esperanzas para decir que la poesía no está muerta, porque cada verso es un pequeño bombeo de sangre. Algo que nos sigue haciendo sentir.

Cinco escritoras africanas renovadoras

Leonora Miano huye explícitamente de la consideración de “feminista”, mientras que Chimamanda Ngozi Adichie nos recuerda que “todos deberíamos ser feministas”. Es cierto que la primera de ellas, reniega del feminismo sólo desde una dimensión terminológica. “Si el feminismo consiste en hacer valer los derechos de una categoría ultrajada, ni que decir tiene que lo suscribo”, matiza Miano, que lo que rechaza es el término como una simple etiqueta que limita y constriñe. Adichie por su parte abandera un feminismo renovador, fuera de lo común, alegre y, al menos, formalmente despreocupado. En este 8 de marzo, recordamos cinco escritoras africanas. Pretenden ser sólo cinco ejemplos (muy pocos) de todo un universo de escritoras. Son un pequeño combate contra la invisibilización.

Léonora Miano

Se ha convertido en un tiempo casi récord, en una referencia de las letras en el ámbito de habla francesa y en un valor en alza a escala global. En las conferencias en las que desgrana los principios de su escritura, esta novelista camerunesa rechaza la mayor parte de las categorías que se le atribuirían de manera habitual. Su negación de etiquetas como la de literatura africana y la de literatura feminista tiene que ver con la perniciosa capacidad que estos compartimentos tienen para poner límites. Por eso, Miano se levanta contra las construcciones sociales de género, las que atribuyen características, comportamientos y habilidades concretas a hombres y mujeres, sólo en atención a su sexo.

Más que esas etiquetas compresivas, a la novelista le gusta traspasar líneas, sobre todo, las del pensamiento. Por ese motivo, construye personajes que cuestionan frontalmente los estereotipos. En sus historias, los hombres están cargados de rasgos que se atribuiría habitualmente a las mujeres y viceversa. Miano comenta divertida estos ejercicios, pero no como un puro juego, sino como una práctica de aproximación a la realidad, en la que las categorías no son cajones herméticos.

Chimamanda Ngozi Adichie

Quizá no valdría la pena mencionar a la que probablemente es la novelista de origen africano más popular actualmente. Si a una escritora de origen africano no afecta la invisibilización, seguramente es a esta autora nigeriana. Sin embargo, si se habla de mujeres escritoras se ha demostrado en los últimos años que Adichie tiene un magnetismo especial que ayuda a poner los puntos sobre las íes sin discusión. Habitualmente sus novelas están protagonizadas por mujeres. Mujeres de carne y hueso que se enfrentan a profundas contradicciones y que proyectan la vida real de cada uno de los sectores a los que pertenecen (el matiz es importante, un solo personaje no puede ser la representación de todo un género y, en ocasiones, se ha acusado a la novelista de ser parcial en su dibujo de la mujer).

Sin embargo, entre novela y novela, Adichie ha vuelto en los últimos tiempos a encontrar momentos para hacer otra cosa que le ha servido para acercarse especialmente a su público. Las charlas convertidas en virales, comprometidas e inspiradoras, están en la base de su popularidad en el Norte global. Y, últimamente, ha unido a sus apariciones públicas, algunas actividades en redes sociales. Así se ha ocupado de lanzar una idea del feminismo fresca, renovadora, desacomplejada y poco dogmática. En la misma línea, Adichie ha hecho un alegato de una maternidad satisfactoria pero no idealizada y, sobre todo, que no implica el sometimiento de las madres. Esta reflexión pronto estará disponible en español.

Buchi Emecheta

No tendría sentido hablar de mujeres escritoras en el marco del 8 de marzo y pasar por alto a Buchi Emecheta. La autora nigeriana recientemente desaparecida ha sido para muchas personas la puerta de entrada a una concepción del feminismo que iba más allá de la visión occidental. Emecheta demostró a muchas mujeres y a muchos hombres que se puede vivir el feminismo de muchas maneras diferentes y que sólo está equivocado quien pretende que la suya no sólo la mejor, la auténtica y la genuina, sino también la única.

De nuevo, Emecheta cuestionó su inclusión en el movimiento feminista, pero lo hizo, como ya hemos señalado en el caso de Miano, sobre todo por una cuestión terminológica. Cuando ella se resistió a ser enclaustrada en esta categoría consideraba que la etiqueta no reflejaba su experiencia de la vida en femenino, por eso aseguraba que ella lo que era, era en realidad una mujer, a secas. Sin embargo, después de sus aportaciones, seguramente, muchas más personas han podido verse reflejadas en el concepto, porque a través de sus novelas lo extendió. Emecheta aportó al pensamiento y a la vida feminista un nuevo enfoque sobre la vida y la actividad de las mujeres, sobre la maternidad y la crianza. Un enfoque genuinamente cocinado en la tradición de diversas sociedades africanas y conceptualizado en su contacto con las sociedades occidentales.

Edwige Renée Dro

La escritora marfileña, Edwige Renée Dro. Imagen cedida por la autora.

Forma parte de una joven generación de escritores y escritoras de diferentes países africanos que se han abierto paso a machete en el difícil mundo de la industria editorial. En su caso, esta autora marfileña ha desbrozado el camino a golpe de relato corto. Relatos que le llevaron a estar incluida en una selecta lista de los 39 autores africanos de menos de 40 años más prometedores. Su aparición en la antología Africa39 es sólo un hito y no sería justo reducir su carrera a ese episodio, pero sin duda ha sido el que le ha permitido darse a conocer de una manera más global.

Edwige ha empleado una segunda vía para construir su camino y una vía, precisamente, todavía poco extendida entre sus compañeros y compañeras de “profesión”. La escritora marfileña ha convertido las redes sociales en sus aliadas, por un lado, para compartir sus trabajos, pero también en una dimensión de su vida más amplia. Edwige Renée Dro no concibe su escritura alejada de su militancia y, en ese sentido, sus tuits, por ejemplo, transmiten inquietudes y experiencias, pero también esa visión del mundo que tan profundamente marca su escritura.

Warsan Shire

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

Ha roto con casi todos los estereotipos. Nacida en Kenia, de padres somalíes pero residente en Londres, esta jovencísima poeta ya se ha hecho con todos los premios imaginables, pero no sólo eso, su popularidad se ha disparado de una manera absolutamente fuera de lo normal, para una poetisa de la diáspora somalí en Reino Unido. Sus poemas forman la columna vertebral del último videoalbum de Beyoncé Lemonade. Fue aparecer en los créditos del trabajo de la cantante estadounidense y ser buscada por todos lados. Antes, Shire se había destacado como una poetisa irreverente, y quizá por ello los críticos dicen que el álbum de Beyoncé es el más social y comprometido de su carrera.

A pesar de haber vivido casi toda su vida en Londres, Warsan Shire reconoce que le ha influido mucho más su vida como refugiada y que bebe de la tradición de sus padres. No se puede pasar por alto la importancia que tiene en la sociedad somalí la poesía, aunque la de Shire, sin duda, es otra cosa. La joven poetisa habla de las inquietudes femeninas, del sexo y de la intimidad, de la relación con la madre, del desarraigo y de la religión. De todo y siempre sin impedimentos, en ocasiones casi de manera atropellada. Uno de los poemas que más había trascendido de Shire, era For Women Who Are Difficult to Love (Para mujeres que son difíciles de amar), que a pesar de su delicadeza transmite un mensaje crudo y una reivindicación radical de la necesidad de independencia femenina. Curiosamente, cuando se habló en esta sección de esta poetisa, se dijo que “es un poema que bien podría haber sido un himno o, cuando menos, una firme declaración de intenciones”. Al parecer, Beyoncé se ha encargado de convertir esos versos en el himno que estaban llamados a ser. Warsan Shire está trabajando en un nuevo libro de poesías que podría ver la luz en breve.

Warsan Shire, poesía para el arraigo

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

Los escritores africanos tienen difícil (muy difícil) el acceso a la industria editorial internacional y, por tanto, a una audiencia mundial. A estas alturas esa situación está fuera de toda duda. Igual que lo está el hecho de que para los poetas, estas dificultades se multiplican. Eso no quiere decir que por algunas grietas no se asomen, de tanto en tanto, los trabajos de literatos africanos que consiguen que sus versos rompan fronteras y esquemas. Warsan Shire es una de esas figuras. Su mérito no es sólo ser una poetisa que ha roto traspasado barreras, sino que además su obra y su vida tiene características que las hace especialmente atractiva y acreedora de ese reconocimiento internacional que puede hacerle llegar a un público mayor.

Lo primero es su juventud. Con apenas 26 años, Warsan Shire no ha publicado demasiado pero ya ha sido galardonada con el premio de poesía de la Universidad de Brunel, que está concebido como el equivalente al premio Caine de relato corto. Shire fue reconocida con este premio en 2013, su primera edición. Y ese mismo año recibió el Young Poet Laureate for London. Ante las dificultades para publicar, estos reconocimientos, al menos, le han permitido tener una cierta proyección y participar en charlas y talleres en diferentes países.

Lo segundo es su “explotación” de los nuevos medios. También ante esas dificultades, Warsan Shire ha hecho de la red de redes el espacio en el que mostrarse, algunos de sus poemas se pueden encontrar en internet y su labor se desarrolla en sitios web literarios, como Spook, un magacín del que es editora. El ejemplo más claro del uso de Shire de los nuevos medios es su salto a la relativa fama que ostenta. La poetisa se hizo conocida con un video poema que llegó a tener cierto carácter de viral. En “For Women Who Are Difficult To Love” (Para mujeres que son difíciles de amar), la delicadeza de las palabras no esconde la crudeza de su significado ni tampoco una radical reivindicación de la independencia y la integridad femenina. En realidad, es un poema que bien podría haber sido un himno o, cuando menos, una firme declaración de intenciones.

Warsan Shire – “For Women Who Are Difficult To Love” from MovingOn & StereoOpticon on Vimeo.

Seguramente por trabajos como este el nombre de Warsan Shire aparece, a menudo, ligado a magacines femeninos (o más bien feministas). Este, el compromiso, podría ser el tercer elemento de la obra de la autora, que se ha implicado con sus poesías también, por ejemplo, en la lucha y la sensibilización contra la mutilación genital femenina. En todo caso, el conjunto de sus poesías rezuman una visión de una mujer independiente y activa.

Lo cuarto es su trayectoria vital. Warsan Shire es una joven con una parte keniana (donde nació), otra británica (donde está afincada), pero sobre todo otra somalí (de donde son sus padres). Así es como más se siente, o al menos, como más se define. Shire dice de sí misma que es una somalí que no ha estado en Somalia. Y ese riesgo de desarraigo es, precisamente, lo que empuja a escribir a esta poetisa. Ella misma ha afirmado en varias ocasiones: “Sé que la poesía me ha salvado la vida. Me ayuda a dar sentido, articular, sanar, revisar, reescribir, reimaginar, celebrar, maldecir, preguntar, sentir y entender”. O bien: “Nunca he estado en Somalia y soy somalí. Así que, los poemas para mí son una forma de crear una conexión con un país en el que nunca he estado”. Al mismo tiempo, eso no impide que Shire se enorgullezca de sus condiciones particulares: “Quería ser una escritora somalí, pero los escritores somalíes que de referencia eran mucho mayores y todos hombres. No hay muchas personas con el mismo bagaje que yo, haciendo lo que estoy haciendo: estoy escribiendo sobre Somalia y estoy escribiendo desde aquí (Londres), pero mi película favorita es ‘Las vírgenes suicidas ‘, que está ambientada en un suburbio norteamericano. Me encanta el cine de terror. Me encanta el hip-hop. Fui criada en un ambiente de inmigrantes y refugiados. Crecí en Brent. Y todo eso, si se mezcla, el resultado no es nada típico, no es lo que se podría esperar. Pero todo eso está muy arraigado en mi cultura”.

Por toda esta trayectoria, la temática de su poesía aparece profundamente marcada. Habla de la guerra, del sufrimiento, del desarraigo, de las migraciones y también de la familia y del hogar. Pero de la misma manera, sus versos exploran terrenos como el crecimiento personal, la construcción de la identidad y la capacidad de acción. Y en su vertiente más comprometida, ha escrito contra la mutilación genital femenina y contra los trastornos alimenticios como la bulimia, una enfermedad que ella misma padeció. Así, en el quinto de sus rasgos destacables Shire mezcla experiencias propias con otras que no ha llegado a vivir pero que le resultan muy próximos, como demuestra el hecho de que escribe sobre Somalia, a pesar de que hasta hace unos meses nunca había pisado el país. En todo caso, la propia autora ha explicado en entrevistas en algunos medios que le gusta más escuchar que hablar y eso es lo que le lleva a reproducir experiencias que no ha vivido, pero de las que considera que se debe escribir.

Una sexta característica es un estilo muy particular, un uso del lenguaje sencillo, directo y delicado. Sus versos están recubiertos de una enternecedora inocencia, pero en el centro son desgarradoramente honestos. En las críticas y en las entrevistas se reproduce sistemáticamente la idea de que Warsan Shire aparece como una autora vulnerable que desnuda su intimidad ante los lectores y seguramente su sinceridad, su verdad, es uno de los elementos que resultan especialmente atractivos. Para ella, sin embargo, no hay otra manera de entender la poesía, asegura que escribe de manera casi automática que por eso se siente más cómoda con el verso libre y, por ello, no corrige el estilo de lo que surge de su interior. Una visión muy particular de la poesía a la que le lleva estar “viviendo” los versos sobre la marcha.

“No me preocupo por el estigma, la vergüenza, ni la osadía. Para mí, la escritura es catártica, una forma de vida. Es igual de importante la supervivencia y la salud mental como la creatividad y la expresión. La vulnerabilidad y la transparencia son, para mí, una configuración predeterminada y no trato de racionalizarlas”, comenta Shire en una entrevista.

Con todas estas piezas se construye la personalidad y la obra, que en este caso están muy próximas, de una promesa de la poesía somalí, o de la poesía afropolita, quizá. Teniendo en cuenta el género que cultiva Shire, sin embargo, resulta complicado aventurado cuál va a ser el resultado práctico de este potencial y de esta capacidad para dejar una huella indeleble en una audiencia numerosa.