Entradas

“Hacemos la música de los valerosos, de los espíritus de la naturaleza”

Hace ya cuatro años que Bamba Wassoulou Groove debutaron con Farima (2015, Label Bleu/Discovery), un disco donde el percusionista Bamba Dembélé —miembro de la banda Super Djata o de los legendarios Super Rail Band de Bamako—, el baterista Maguett Diop y el guitarrista Moussa Diabaté, resucitaban el estilo rockero del maliense Zani Diabaté, otro de los varios apodados “Hendrix africanos”. Cuatro años donde la banda ha girado por escenarios de prácticamente todo el mundo, hechizando con grandes dosis de funk, pulsiones bambara y lo que RFI ha llamado “poder telúrico”, y donde han tenido tiempo de tejer un nuevo disco que van a presentar en las próximas semanas por Bélgica, Francia, Holanda o Taiwan.

 

Ahora, antes de volver a pisar España para ofrecer tres citas ineludibles, explican a Wiriko: “Hasta ahora hemos visto en el festival Pirineos Sur y en La Mar de Músicas que al público español le va la marcha, así que para nuestros conciertos en Barcelona, Zaragoza y Madrid esperamos más de lo mismo, pero en versión club, así que suponemos que el público nos va a transmitir su calor y su energía y nosotros les vamos a hacer bailar hasta que no puedan más con nuestro Groove…”we want to groove you very much”, dice Maguett emocionado.

Bamba Wassoulou Groove provienen de Wassoulou y Ganadougou, dos regiones del sur de Mali donde la música impregnada de funk y de blues forma parte del paisaje y del carisma social. El sonido wassoulou, popularizado e internacionalizado por cantantes como Oumou Sangaré, Sali Sidibé o Nahawa Doumbia, tiene como elementos centrales el kamelengoni —una especie de arpa de seis cuerdas— y el dosongoni —un instrumento moderno considerado sacro y vinculado a los cazadores—. Bamba Wassoulou Groove recoge la esencia modernizadora de estos estilos y los propulsa fuera de las fronteras malienses, donde resuenan aires de renovación constantes y de orgullo nacional por la cantidad de músicos, tanto consolidados como emergentes, que inspiran a otras naciones africanas y de fuera del continente.

“No hacemos música de los griots mandingas, ni de la aristocracia…hacemos la música de los valerosos, de los espíritus de la naturaleza , de los antiguos cazadores”, confiesan sobre el sonido de la banda. “No hay homenajes ni alabanzas, es música del pueblo, que tocamos en las fiestas, en los bares…es una música que en seguida calienta el ambiente, hace bailar“, subraya Maguett sobre la personalidad del grupo. Y confiesa que se sienten más cómodos en el directo que en estudio, lo cual les ha valido ser considerados “una poderosa e irresistible ola de felicidad extática” en sus directos, por Upside News. 

La formación, con tres guitarras (Dramane Diarra, Moussa Diabaté y Bayini Diabaté), bajo (Papis Diomana), batería (Maguett Diop) y voz (Ousmane Diakité), además de congas (Bamba Dembelé —fallecido en 2017—) es una muestra de lo que se cuece a día de hoy en Bamako y de la importancia de concebir la música como un fenómeno vivo y hecho para el baile. “Queremos ser eléctricos sobre el escenario, sonar con potencia, con energía. Somos una banda de guitarras eléctricas, instrumento fundamental en el grupo“, explica el líder de la formación, que no solo electrifica viejos clásicos malienses sino que también compone nuevas melodías Bamana.

A punto para presentar la estrena internacional de su nuevo álbum, titulado  DANKÉLÉ Live sessions, dicen: “Estamos muy contentos de que un sello tan importante como Lusafrica se haya interesado por nosotros y vaya a distribuir nuestro nuevo disco por todo el mundo. ¡Ultimamente no paran de suceder cosas buenas en este grupo!“.

Estas son sus próximas fechas

¿Te los vas a perder?

27 Marzo – Barcelona – Apolo  Canibal – 21:00 hrs

28 Marzo – Zaragoza – Las Armas – 21:00 hrs (gratuïto) 

29 Marzo – Madrid – Independance Club – 23:30 hrs

Si quieres una de las entradas dobles que sorteamos para sus conciertos en Barcelona y Madrid solo tienes que contestar a la siguiente pregunta y mandarla, junto a tu nombre completo y DNI a info@wiriko.org con el asunto “SORTEO ENTRADAS BAMBA WASSOULOU GROOVE”: 

¿Cuál es el instrumento fundamental de Bamba Wassoulou Groove?

Las personas ganadoras serán contactadas vía email en un plazo máximo de 24 horas.

¡Consigue ya tus entradas gratis y no te pierdas a esta maravillosa banda maliense!

Fatoumata Diawara, insospechada energía para La Mercè 2013

El escenario evocador con Diawara sobre las tablas, la fachada de la catedral como decorado y la luna como espectadora curiosa. Foto: C.B.

El escenario evocador con Diawara sobre las tablas, la fachada de la catedral como decorado y la luna como espectadora curiosa. Foto: C.B.

El programa de las fiestas de La Mercè de Barcelona anunciaba para el pasado viernes una actuación de la artista malí Fatoumata Diawara en la Plaça de la Catedral. El escenario estaba preparado para la previsible tranquilidad de un concierto marcado por la suavidad de la voz de la cantante y sus ritmos basados en la música Wassoulou de su región de origen aliñados con reminiscencias soul o jazz. Sin embargo, los asistentes se encontraron con un directo que desprendía una energía inesperada. En realidad, Diawara desbordó los preparativos de la propia actuación, es decir, las sillas preparadas para disfrutar cómodamente de un concierto en formato recital se convirtieron en un estorbo cuando la malí contagió inevitablemente el ritmo a la afluencia. A pesar de que el repertorio estaba, casi, íntegramente basado en su disco Fatou.

Fatoumata Diawara va dejando entrever algunas de sus características durante su actuación. La cantante malí parece predestinada para el arte. Seguramente, sería controvertido intentar defenderlo racionalmente, pero parece que Diawara lleva la sangre la capacidad para expresarse, para transmitir creando cosas que además son bellas por sí mismas, que mueven, que llegan, que contagian y convencen en una parte oculta del cerebro del público. Baila, canta, declama y tiene una presencia en el escenario que sobrecoge y atrapa al mismo tiempo.

El espectáculo de Diawara no es sólo música, sino una combinación de lo que se considera artes escénicas. Cada elemento, cada pieza cumple su discreto papel para acabar enganchando a quien lo observa y lo vive. El espectáculo de Diawara ni siquiera es sólo arte, porque también tiene mucho de compromiso, de principios y de preocupaciones, sobre todo, sociales. La artista malí, no se ha olvidado de su propia experiencia, de lo duro que resulta abrirse paso lejos de casa.

Seguramente por eso, uno de los momentos más emotivos del concierto fue una versión, mucho más enérgica de la que se puede escuchar en su disco, de la canción “Clandestin”.  La cantante dedicó la canción a sus “hermanos clandestinos”, con un discurso tan simple como escalofriante en el que había perlar para todos. A los asistentes les recordó que se trata de una generación “que busca, que trata de aprender”; a los propios destinatarios del tema les mostró su cariño y les advirtió que África les necesita; y a los responsables políticos tanto africanos como occidentales les avisó “si no pueden viajar, que les dejen construir su futuro”. A partir de ahí, Diawara condujo a la plaza entera, de una manera casi inconsciente, a seguir el ritmo de “Clandestin” con las palmas en un acto de absoluta aceptación.

Últimamente Fatoumata Diawara ha mostrado una implicación sin matices y ha participado en numerosas iniciativas relacionadas con la situación que se estaba viviendo en su país natal, Mali, primero con la revuelta en el norte, el golpe de estado después y la guerra abierta que incluyó la intervención de las fuerzas armadas francesas. Algunos artistas malís, entre ellos Diawara, han exigido a través de la música la restitución de la paz en su país. Y el pasado viernes, en la plaza de la Catedral de Barcelona, en un escenario impactante con la fachada del edificio iluminada y una luna casi llena como involuntaria convidada, Fatoumata encontró el momento para volver a cantar a la paz. Lo hizo a través de “Kele”  y con la exigencia de que “África necesitan paz para sus niños”. Un tema que además propició el momento para el lucimiento de los músicos de la formación de Diawara, con bajo, guitarra, batería y percusión.

Cubierta del disco Fatou, de Fatoumata Diawara

Cubierta del disco Fatou, de Fatoumata Diawara

En todo caso, “Alama” llevó a la plaza el momento culminante de la comunión. Diawara consiguió que entre los asistentes sólo se viesen cabezas, ya no quedaba nadie sentado en las sillas que se habían preparado. Fue la danza la que operó el milagro. Mientras la cantante malí, que a esas alturas de concierto se había despojado de cualquier distancia respecto al público, hacía un alarde de baile y giraba recordando a los derviches turcos el público no pudo menos que verse capturado por la magia del África Occidental. En este caso, el trance no tenía una dimensión mística, sino que tuvo mucho más que ver con el encuentro de culturas que se basa en la curiosidad y la admiración.

En ese momento, Diawara había ganado definitivamente. No es una artista de masas así que es de suponer que muchos de los asistentes jamás hubiesen escuchado a la malí, quizá ni siquiera habían oído nada parecido y por ello la cantante dio la puntilla con el componente pedagógico de la noche. Comenzó presentando el tema en medio de la euforia “como un ritmo africano, un ritmo muy antiguo, un ritmo de mi pueblo, el ritmo Wassoulou”. “Este es un ritmo que os traigo a todos vosotros. Nosotros sonreímos, no lloramos. Os traigo este ritmo porque la música es para todo el mundo”, continuó en la presentación convirtiendo las fronteras y los prejuicios en lo que realmente son: rayas en un trozo de papel, unas; muestras de la ignorancia, los otros. Y así fue como el ritmo Wassoulou colonizó la plaza de la Catedral. Diawara aún tuvo que hacer un bis por exigencia popular antes de que la afluencia comenzase a dispersarse en una mezcla de sorpresa, satisfacción y euforia.