La inmigración desde el otro lado

inmigrantes en el Mediterráneo

Llovía y los sueños se convirtieron en pesadillas. Nadie sobrevivió a ellas. Salvo sus recuerdos. Oscuridad profunda. El naufragio de la última semana ha dejado la cifra de más de 700 fallecidos en las aguas del Mediterráneo. Pero no, esto no ha sido una “tragedia”. La palabra tragedia implica una calamidad accidental. Una desafortunada confluencia de espacio y tiempo. Y esta vez, como en tantas otras, no ha habido nada de accidental en estas muertes. Han fallecido como consecuencia directa de políticas gubernamentales nacionales y a nivel europeo. La inmigración se hunde en políticas mojadas.

Provienen de más de 20 países llegando a Libia como una especie de embudo hacia Europa: eritreos que pretenden escapar de la represión o el servicio militar, somalíes que huyen de Al-Shabaab; sirios que han perdido la esperanza de volver a casa. En pueblos de Senegal y otros países de África occidental, los que deciden emprender “el camino” venden todo lo que tienen o piden préstamos con la esperanza de una vida mejor en Europa o, tal vez, con la esperanza de unirse a algún familiar o conocido que alcanzó tierra firme.

Las motivaciones entre las decenas de miles que hacen el viaje a la costa del Mediterráneo son tan numerosas y variadas como las nacionalidades involucradas, de acuerdo con investigadores y grupos de derechos humanos. Pero en el año 2014 más del 80% de ellos se dirigió a la costa de Libia como el punto de embarque más fácil. Desde el Cuerno de África hasta el Atlántico, desde Siria y Gaza, estos aspirantes a migrantes viajan por rutas bien establecidas.

“No todo el mundo viene a España por la misma razón. Estudiar o perseguir sus sueños atraídos por el éxito de los suyos”. Quien habla es la senegalesa Mariama Badji que, tras 6 años en la Península, explica su visión de la historia en el documental Témoignages de l’autre côté, en el que se ofrece testimonios de distintos inmigrantes senegaleses que viven en España, desde el otro lado, la otra costa a la que en Senegal se refieren como “El dorado”.

A pesar de que el documental fue producido en 2011 y dirigido por la colaboradora habitual de Wiriko Estrella Sendra, en la última semana el debate ha provocado que la directora decidiera poner este documental a disponibilidad de todos. “Me gustaría que se presentara de alguna forma como un tributo a los desaparecidos… Recordando que esto es algo que empezó hace mucho y que el año pasado, cuando filmamos la segunda parte de este documental, ahora terminándose de editar, se cuestionó si el tema de la inmigración seguía siendo de actualidad… Lamentablemente, vemos que desgraciadamente sí”.

naufragio-de-lampedusa-italia-imigrantesUbicados en distintos espacios, sus protagonistas comparten su experiencia de la inmigración en un tono de debate y reflexión a lo largo de 33 minutos sin espacio para la pausa visual. Mogo Tagheu Leon, natural de Camerún, lanza una imprescindible frase para la opinión pública: “La realidad que he encontrado en España ha sido diferente de la que había imaginado cuando estaba todavía en África”. Opinión que recoge el senegalés Assane Niang afirmando que “hay trabajo y muchas posibilidades”. El debate queda servido.

Aunque sin duda, uno de los puntos dramáticos de este corto documental con una clara implicación de su autora, es cuando Assane Diouf, responsable de una casa de acogida desde 2005 perteneciente a CEPAIM, afirma, tras un silencio, que los recortes presupuestarios del gobierno español han provocado que su centro se vea obligado a negar asilo a varios inmigrantes. Otro de los dramas ocultos.

Con una fotografía que recuerda al cine directo, planos cerrados y ubicaciones inexactas, llevan al espectador por un guión que, aunque con algunos puntos flacos, es parte de la realidad que viven muchas de las ciudades españolas. La convivencia con un número cada vez mayor de vecinos del continente africano. La música de Malick con temas como “Chowli” o “Ça ira bounce” presentes en toda la obra, cierran un documental que como bien afirma Sendra, se vuelve necesario en estos días de luto e incertidumbre política.

Desde Sudáfrica también han llegado las tristes noticias de la represión que están sufriendo los inmigrantes en este país del sur del continente donde al menos 8 personas han fallecido y unas 8.500 personas se han visto obligadas a huir a los centros de refugiados o estaciones de policía la pasada semana a causa de la violencia. La tasa de desempleo en la nación del arcoíris es del 24%, y muchos en el país acusan a los extranjeros de tomar puestos de trabajo. La violencia contra los inmigrantes en 2008 mató a más de 60 personas.

Actualmente, Estrella Sendra y Mariama Badji, anterior protagonista, están coproduciendo y codirigiendo la segunda parte del documental, Témoignages du Suñu Gal, con Manuel Broullón como director de fotografía y postproducción y Pablo Lara como sonidista, así como con nuevas incorporaciones al equipo tanto senegalesas como españolas.

Passport immigration stamp

Beats of the Antonov, cine y música de resistencia

Beats of Antonov

*Artículo escrito por Alma Toranzo (@alma_toranzo), miembro del portal de información Hemisferio Zero.

**El nombre del director aparecerá en este artículo en minúscula para respetar la grafía que utiliza él

La música de Sudán ha llegado a España con el documental Beats of the Antonov, del director sudanés hajooj kuka**, en el Festival de Cine Africano de Córdoba – FCAT 2015, que ha tenido lugar entre el 21 y el 28 de marzo. Beats of the Antonov, galardonado con el Premio al Mejor Documental en el Festival, no ha dejado a nadie indiferente. En las dos proyecciones que se realizaron en diferentes salas de la ciudad andaluza los espectadores hicieron llegar sus felicitaciones y sus impresiones al director, quien ha estado presente durante el FCAT.

El documental –Los ritmos del Antonov, en español- nos trae imágenes de los campamentos de refugiados sudaneses del Nilo Azul y de las Montañas de Nuba, unos campamentos que surgieron debido al conflicto que nació tras la separación del país en Sudán y Sudán del Sur en 2011. Pero no es el típico documental de guerra que estamos habituados a ver. Sus imágenes nos cuentan a través de la música cómo sobreviven las diferentes comunidades que se encuentran refugiadas en los campamentos. “Música de resistencia, como elemento de unión y supervivencia”, explica hajooj.

La primera vez que hajooj visitó los campamentos fue porque quería documentar qué es lo que estaba pasando allí. Pero después de pasar un día en unos de los campamentos del Nilo Azul se dio cuenta del importante papel que jugaba la música. “Cuando llegué al campamento dos jóvenes se encargaron de enseñarme todo: me acompañaban a las entrevistas, me presentaban a la gente, etc. Y cuando llegó la noche me preguntaron si quería ir a dar un paseo”, cuenta hajooj sorprendido, pues no entendía dónde querían llevarle, era de noche, estaba todo oscuro y no había nada qué ver, pensaba él. Así que se fueron y empezaron a escuchar música que venía de una boda. Después le llevaron a lo que de día funciona como colegio y había dos grupos tocando. La gente se ponía alrededor del que tocaba mejor. Había jóvenes, niños y un montón de gente bailando. Después le llevaron a otro sitio y había otro grupo tocando los tambores. “Según íbamos caminando nos encontrábamos música aquí y allá, música por todas partes. Ahí fue cuando me di cuenta que quería hacer un documental sobre la música y la identidad”.

El resultado es una visión diferente de la guerra, de la gente que vive en los campamentos de refugiados que muestran a través de su música la esperanza y el anhelo por el fin de la situación en la que se encuentran, alejados de sus casas y de sus medios de vida. La música se convierte además en un elemento de unión, pues Sudán es un país donde conviven múltiples etnias y culturas que se encuentran conviviendo en los campamentos.

Beats of the Antonov no ha pasado sólo por diferentes festivales de todo el mundo como el FESPACO, celebrado el pasado febrero en Burkina Faso, el Festival Internacional de Cine de Durban o en el Festival de Cine Africano de Luxor y ganado numerosos premios; también ha sido proyectado en los campamentos donde realizó el rodaje. “A los refugiados les ha encantado ver la película, la consideran como suya”, señala hajooj, que ha llegado a establecer muchos vínculos con sus protagonistas tras los dos años que ha tardado en grabar el documental. “Todos los días después de grabar les enseñaba las imágenes y me pedían que volviera a grabar determinadas escenas porque no les gustaba cómo habían salido o cómo habían dicho algo”, cuenta kuka entre risas.

Hajooj Kuka, director del documental Beats of the Antonov.

Hajooj Kuka, director del documental Beats of the Antonov.

Pero el trabajo de este carismático director no se queda ahí. También es el director creativo de 3ayin, que en árabe significa “mirar”, una agencia de noticias que informa sobre lo qué esta ocurriendo en Sudán contado por los propios sudaneses. “Empezamos a enseñar a chicos y chicas en la zona de las Montañas de Nuba a grabar y a editar para que fueran ellos los que documentaran lo que estaba pasando. Entre ellos, hay cuatro jóvenes que mostraron mucho interés y que han realizado muchos cortos. Incluso grabaron algunas de las imágenes de Beats of the Antonov”, explica hajooj.

Además, tiene en marcha un proyecto de teatro y cine en los campamentos. “La última vez que fui hablé con una mujer impresionante que hacía teatro antes de la guerra con su marido y pusimos en marcha un grupo de teatro. Cuando vuelva en julio o agosto espero poder grabar las escenas que representen para que pueda llegar a más gente”, cuenta kuka.

Por otra parte, hajooj kuka forma parte de un movimiento de resistencia no violenta en su país llamado Girifina, cuyo objetivo es cambiar el gobierno que se encuentra actualmente en el poder. Dentro de este movimiento en el que participa gente de todas las edades, hajooj ha realizado también numerosos cortos denunciando la situación en la que se encuentra Sudán. “No he tenido problemas de censura con la película porque es un poco artística y el gobierno no se fija en el arte, no la han seguido realmente. Tengo más problemas por el movimiento de resistencia no violenta que por el documental”, afirma hajooj.

Hajooj Kuka está convencido del importante papel que juega el cine para sensibilizar y denunciar las violaciones de derechos humanos que afirma está realizando el gobierno de su país. Además, cree firmemente en la resistencia no violenta. “Una revolución real tiene que estar basada en la resistencia no violenta. Cualquier revolución tiene que llevarla a cabo la sociedad”, afirma.

Un instante durante los "Aperitivos de Cine" durante el FCAT. -Hajooj Kuka (Beats of the Antonov), Lova Nantenaina (Ady Gasy) y Michel Zongo (La sirène du Faso Fani). Foto: Luis RIvera.

Un instante durante los “Aperitivos de Cine” durante la 12ª edición del FCAT. Hajooj Kuka (Beats of the Antonov), Lova Nantenaina (Ady Gasy) y Michel Zongo (La sirène du Faso Fani). Foto: Luis RIvera.

‘Dear Mandela’: retrato de la lucha por la dignidad en Sudáfrica

Dear_Mandela_PosterDear Mandela (2012) narra en una hora y media un pedazo de historia de uno de los movimientos de base más importantes de Sudáfrica: Abahlali baseMjondolo (‘habitantes de las chabolas’ en lengua zulú). Abahlali nació en 2005 en Durban (al este del país) con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de las comunidades que viven en chabolas, a través de la ocupación de terrenos vacíos para proporcionar un techo a los miembros de la comunidad, “exigiendo el valor social por encima del valor comercial de los terrenos urbanos” y de la resistencia a los desalojos que sufre la comunidad. Su razón de ser son los veinte millones de personas que viven en townships (zonas creadas durante el apartheid para la población negra y donde habitualmente no hay acceso a los servicios básicos) de los cuales tres millones y medio viven en asentamientos informales. Estos asentamientos son constantemente demolidos y desalojados por el gobierno de forma ilegal (de acuerdo con el artículo 26 de la Constitución), sin ofrecer una alternativa a las familias que se quedan sin techo. Todo un dejà vu.

Dentro de esta realidad, “Dear Mandela” logra contagiarnos de la esperanza de que las nuevas generaciones tienen el futuro en sus manos y de que su lucha busca una sociedad más justa: “Me llamó la atención de inmediato la filosofía de Abahlali. No sólo hablaban de lo que falla en Sudáfrica, sino que también han ido articulando una visión profunda de lo que podría ser el mundo y cómo podríamos construir una sociedad basada en el respeto, donde todo el mundo cuente. Suena utópico pero son muy prácticos al respecto. Lo llaman ‘política de convivencia’. Consiste en tratar a las personas con respeto, proporcionándoles las cosas —agua, electricidad, aseos— que todo el mundo necesita para vivir una vida digna. Se trata de que el gobierno consulte a la gente, en lugar de expulsarlos y dejarlos sin hogar”. Dara Kell, co-directora del documental junto con Christopher Nizza, explica de dónde surgió la idea de filmar la cotidianidad de unos de los principales movimientos sociales de Sudáfrica. “Nos dimos cuenta que los jóvenes se involucraban cada vez más en los roles dentro del movimiento. Muchos de ellos eran demasiado jóvenes para recordar el día glorioso en el que Nelson Mandela salió en libertad en 1990. Eran apasionados y convincentes —en absoluto una ‘generación perdida’—. No podíamos dejarlo pasar. Sabíamos que teníamos que hacer la película”, añade.

La lucha por una vivienda digna del movimiento sudafricano ‘Abahlali baseMjondolo’, en un documental que pretende dar a conocer una realidad social desconocida para muchos sudafricanos

Dear_Mandela_3Lejos de alcanzar la “mejor vida para todos” que prometió en su discurso de aquel 2 de mayo de 1994 tras ganar las primeras elecciones democráticas del país, Nelson Mandela es aún un símbolo de esa esperanza de cambio para gran parte de la población, incluidos los jóvenes: “Me gustaría encontrarme con Dr. Nelson Mandela y preguntarle sobre cómo se siente con respecto a estas condiciones inestables en las que vivimos después de haber estado 27 años en [la cárcel de] Robben Island por conseguir una mejor vida para todos. Él es como Jesucristo. No me gusta el hecho de que haya sido encarcelado por algo que nunca se ha conseguido”, afirma en el documental Mnikelo, un joven de la comunidad. Y Mandela aparece así a lo largo de la película como un icono presente todavía hoy en la vida de muchas personas: “Cuando estábamos filmando, la imagen de Mandela aparecía a menudo pegada en las paredes de las chabolas. También estaba presente en aulas y empresas, así que empezamos a filmar estas imágenes. Mandela, de alguna manera nos estaba mirando y era una manera interesante, y a veces inquietante, de explorar su legado y el de los arquitectos de nuestra incipiente democracia. No hemos podido entrevistar a Mandela, pero su espíritu estaba allí. Tampoco existe una carta real a Mandela en la película, pero es un recordatorio de que no lucharon sólo por el derecho al voto, sino por una visión mucho más amplia y radical de una sociedad justa”. Kell explica así qué le da el título al documental.

El proceso de grabación no fue fácil. Tras la reunión entre los directores y Abahlali para proponerles realizar el documental, sus miembros sometieron a votación si se les condecía a Kell y Nizza el acceso con cámaras o no. El resultado de la votación fue “SÍ” y ahí empezó un proceso complicado en el que tuvieron que hacer frente a diferentes obstáculos: “Se procedió lentamente con la grabación, y tratamos de entender cómo es la vida diaria en los asentamientos, y lo que el movimiento estaba intentando conseguir. A mitad de la producción, durante una reunión nocturna que estábamos filmando, el asentamiento fue atacado por una misteriosa pandilla armada y tuvimos que correr para salvar nuestras vidas. Los días siguientes fueron aterradores: el líder del movimiento, S’bu Zikode, estaba recibiendo amenazas de muerte y se demolieron las chabolas de los líderes. Miles de personas huían del asentamiento con lo que podían cargar. Teníamos solo un coche cerca y ayudamos a la gente a escapar. Sentimos la responsabilidad de dar testimonio de lo que estaba sucediendo. Pasar por una experiencia cercana a la muerte con ellos realmente fortaleció nuestra relación, lo que ha ido más allá de la típica relación ‘director/sujeto’. Sé que vamos a estar involucrados en sus vidas durante mucho tiempo”. Este episodio que los directores presenciaron y que pudieron filmar, hace referencia al ataque al asentamiento de Kennedy Road en septiembre de 2009, dando muestra así de la represión que está sufriendo este y otros movimientos similares. A la vez, el documental se centra en la vida cotidiana en las chabolas, los problemas y los anhelos de varios miembros de la comunidad y su lucha por tener unas condiciones de vida dignas.

A pesar de los escasos medios con los que han contado los directores para la realización de documental, el trabajo ha salido adelante gracias al compromiso de varios profesionales que han aportado su granito de arena de forma voluntaria. La recompensa ha sido la gran acogida que ha tenido el trabajo a nivel nacional e internacional, la proyección en festivales, universidades, centros comunitarios, barrios más pobres, el gran número de premios recibidos etc., así como su utilización por parte de abogados y activistas. Al fin y al cabo este documento gráfico es una potente herramienta para concienciar y llegar a un público ajeno a esta realidad a la que se enfrentan un gran número de personas en Sudáfrica.

* Artículo publicado originalmente en El País – Planeta Futuro el 19 de febrero de 2015

Las raíces negras del tango

“Trataré de hablar de la música más blanca del continente americano que a pesar de todo tiene en sus orígenes algo de africanidad a través de sus raíces”. Y no sólo hablar, sino provocar el síncope intelectual a todo el que asocia por ordenamiento cuasi natural el baile del tango y la pampa. Sería como si de repente algún estudio académico pusiera en alza que Mafalda fuera en realidad una producción originaria de la Rusia zarista pero que con el frío estepario, Quino la hizo famosa al cambiarla de latitud. Pero así es. Con esta frase comienza el documental Tango negro. Las raíces africanas del tango (2013), del director angoleño Dom Pedro. Como adelantando el desenlace. Despejando la incógnita. Una historia que gracias al morbo de destronar a la autenticidad y creación blanca del baile por excelencia en Uruguay y Argentina mantiene al espectador con la intriga entre sonidos porteños durante una hora y media.

Efectivamente, no han pasado ni 20 segundos del documental y una voz áspera y acompasada al piano que interpreta acordes trasnochados pone los puntos sobre las íes: la africanidad del tango es una realidad y la censura política y la desmemoria histórica en Argentina han realizado toda una labor de invisibilización certera (cosa diferente a lo ocurrido en el país vecino, Uruguay). La voz es la del reconocido músico argentino Juan Carlos Cáceres, protagonista de la cinta y que sirve de hilo conductor junto a otras figuras como las del musicólogo Don Fadel.

El trabajo de Dom Pedro camina con firmeza buscando precisamente las raíces históricas de una música híbrida, el tango, que se creó a finales del s.XIX con la mezcla de varias poblaciones que se dieron cita entre Argentina y Uruguay y de sonidos como el candombe, la milonga y las habaneras. Como afirmó Borges el tango tiene varios componentes: el puerto (la orilla, el mar), la diversidad cultural (españoles, italianos, libios, etc.) y el negro. El viaje es de ida y vuelta. Así, la primera parte del documental se centra en París, Francia, país de acogida de Cáceres, para adentrarse después en el continente latinoamericano.

Imagen de un momento de la grabación en Uruguay. Foto cedida por Dom Pedro.

Imagen de un momento de la grabación en Uruguay. Foto cedida por Dom Pedro.

Pero ¿por qué has realizado este documental Dom Pedro? “Porque este documental traduce mi visión del mundo. Es un trabajo que tiene como finalidad contribuir al conocimiento del mundo para facilitar la instauración de la paz entre los pueblos. Principalmente, porque para mi es importante que el diálogo entre los pueblos esté siempre de actualidad y en permanente afinidad de vivir en un mundo sin violencia. Es por este motivo que quería celebrar el Universalismo. Espero que mi obra ayude a traducir realmente esta filosofía”, explica.

Para este documental, el director angoleño no sólo ha realizado un trabajo de investigación a fondo sobre la base histórica de este ritmo, sino también, una historiografía sobre los negros que llegaron a América Latina como esclavos durante la época del comercio triangular motivada para favorecer el crecimiento económico en Europa. Los debates que se originan en la película sobre la contribución de los negros en Argentina y Uruguay resaltan que “es una historia ignorada o deliberadamente ignorada por los historiadores. Se ha pensado durante mucho tiempo que nunca hubo negros en ambos países, y que los que conforman la actual población son parte de una inmigración de carácter económico”. Pero con Tango negro. Las raíces africanas del tango, se demuestra todo lo contrario. Los esclavos desembarcaron y se asentaron en las orillas del Río de Plata y con instrumentos tradicionales como el tambor con el que crearon un estilo que se alió con los ritmos de muchas personas, en su mayoría provenientes de Europa. Quizás uno de los momentos más impactantes es cuando el director localiza a comunidades negras en regiones del interior de Argentina que mantienen las tradiciones de sus antepasados y que reivindican un espacio en la sociedad.

Fútbol, mate, tango y negros: historia africana de Argentina

¿Cuál es tu relación con el tango? “Realmente nunca he tenido ninguna relación con el tango hasta el día en que recibí la idea de hacer una película sobre el tema. Mi relación con esta expresión artística comenzó durante la escritura de la película y descubrí un mundo más que complejo: la forma de vivir, de caminar, de bailar y, finalmente, en la visión del mundo de la gente de Río de Plata. Quizás, más en particular, he aprendido sobre el punto de vista oficial de los argentinos. Mi encuentro con el grandísimo Juan Carlos Cáceres me facilitó entender muchas cosas de este país y de sus habitantes. A partir de entonces, una relación especial nació, sobre todo cuando participé para compartir la verdadera historia de esta música y su danza”, subraya Dom Pedro.

Pero no sólo del tago se habla. También de otros sonidos que nacieron sobre el s. XVI y que vienen de África como la cumbia, un baile del vientre, una danza entre un hombre y una mujer en el que ambos cuerpos tienen que bailar pegados. Una danza para amantes, un ritual erótico, de fertilidad. Pero volviendo al tango… ¿Qué significa esta palabra? Con esta explicación cargada de poesía, explica el etnomusicólogo Don Fadel los orígenes lingüísticos y antropológicos de esta música que emana del alma. “En la familia lingüística bantú tango hace referencia al sol, al tiempo y al espacio”.

Y las preguntas continúan. ¿Cuál fue el proceso mediante el cual cualquier vestigio cultural de la africanidad en Argentina fue eliminado? En el documental se explica que durante el mandato controvertido de Juan Manuel de Rosas entre los períodos 1829-1832 y 1835-1852 la población negra en Buenos Aires alcanzó alrededor de un 30% de la población local. El propio de Rosas acudía con regularidad con su familia a los candombes negros, una de las escasas formas culturales y de comunicación que les fueron permitidas a los africanos esclavizados que desembarcaban en tierra gaucha. “De alguna forma se convirtió en un elemento de control por parte del gobierno para soslayar la condición de esclavos”. De forma que la comida y el idioma prácticamente no sobrevivieron, pero sí su música.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Los cálculos son aproximados pero se estima que unos 12 millones de africanos llegaron a América Latina y los angoleños y congoleños (pertenecientes a la familia étnica y lingüística Bantú) fueron los grupos mayoritarios en Chile, Perú, Uruguay y Argentina. Como angoleño, Dom Pedro ¿cuál es la percepción de la africanidad del tango?En general, nadie o muy poca gente sabían de la africanidad del tango. Así que todo lo que tenemos que pensar es que hubo y siempre ha habido elementos culturales de África en la fundación de esta música y su danza. Y ahora, gracias a la película, ¡hay muchos africanos que están decubriendo la existencia de las raíces africanas en el tango argentino! Y, al mismo tiempo, el mundo aprenderá sobre la existencia de los africanos negros argentinos en Argentina, entre otras cosas. Por encima de todo, es importante saber ¡que existen comunidades negras en países de América! Es una historia que le debemos al mundo. Y la película muestra la existencia y la presencia de de los negros en paísesblancos’

Para terminar Dom Pedro, por cerrar el círculo. ¿Se baila el tango en Angola? Hay angoleños que conocen el baile llamado ‘tango’, pero no del todo. Lo que sería bueno saber es que en Angola tenemos una expresión de la danza local llamada Kinzomba o “Kinzombaque se enseña en todo el mundo. Y el Kizomba» en Europa o en muchos países se le conoce como el nuevo “African tango“. Así que hay una diferencia de significado entre las dos palabras, entre los dos términos. El Kizombanos recordaría al tango argentino”.

El documental realizado con el apoyo de la Unesco en la línea del proyecto “La ruta de la esclavitud: resistencia, libertad, herencia” y producido por la empresa francesa AMA Producciones y el apoyo del canal francés TV5 Monde permite, sin duda, arrojar luz sobre el aporte de las culturas africanas en la creación de esta música y contribuye a darle a ese patrimonio cultural inmaterial de la humanidad que es el tango, toda su dimensión plural. Así se expresa en una de las músicas compuestos por Cáceres que componen la banda sonora de este trabajo: “Tango negro, tango negro/ Te fuiste sin avisar/ Los gringos fueron cambiando tu manera de bailar”.

 

La resistencia del Nilo Azul gana en Toronto

Fotograma de la película "Beats of the Antonov", del director sudanés Hajooj Kuka.

Fotograma de la película “Beats of the Antonov”, del director sudanés Hajooj Kuka.

Vivir en un estado aparentemente perpetuo de guerra civil. Y entre vida y vida, la música como instrumento para hablar con el alma, alterar el estado de ánimo y encapsular el tiempo opresor. Para los agricultores y pastores sudaneses, y los rebeldes que residen en las regiones del Nilo Azul y las Montañas Nuba, la música significa mucho más. Sirve como un símbolo de su patrimonio y como una herramienta para mantener a las personas despiertas el tiempo suficiente, como atalayas vigías, para detectar a los bombarderos Antonov de fabricación rusa que descienden sobre ellos día y noche. Esta es la historia del documental Beats of the Antonov, del director Hajooj Kuka, que ha sido recientemente premiado por el público en la 39ª edición del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), como el mejor documental.

Beats of the Antonov se construye de forma elegante hilando con suma delicadeza un mensaje político y de esperanza por la paz que sucumbe bajo la música y las risas de los primeros minutos. El trabajo de Kuka bebe de fuentes casi antropológicas para mostrar el día a día de las personas que esquivan la codicia de las bombas que caen del cielo. La irracionalidad de la situación y el horror con el que el director interpela al espectador hace que la propia butaca se quede sin aliento. Y el directo, sin trucos, el documental de cámara al hombro, muestra cómo los habitantes de estas tierras se ponen a cubierto en unas zanjas medio improvisadas. Ansiedad. Falta lenguaje. Pero la cantidad de dolor o sufrimiento por estos proyectiles cobardes queda aparcada cuando estas personas salen de los refugios con una sonrisa: la suerte de no haber sido afectados. Esta vez.

Es entonces, cuando suena la música de la rababa (un instrumento de cuerda casero). La escena es irrepetible para la pupila de un espectador normalmente ataviado de seguridad, ya que el desconcierto por el estruendo del estallido segundos antes, se difumina con la algarabía de cantos y bailes que durarán todo el día y toda la noche… Hasta el siguiente Antonov cargado de muerte. El trabajo de Kuka, producido por el reconocido sudafricano Steven Markovitz, reseña la capacidad de resistencia, la cultura, y la fuerza de estos habitantes de las montañas en Sudán, pero sobre todo, su lucha por mantener la identidad: sus raíces africanas frente a un gobierno que los está empujando a adoptar un estilo de vida más arabizado.

Kuka representa exquisitamente en su ópera prima las numerosas ramificaciones que plantea el conflicto como: el racismo por el color oscuro de la piel en comparación con la mayoría de egipcios y libios; o la importancia de poder hablar la lengua árabe en Sudán para tener más posibilidades de obtener una educación decente y ascender en la sociedad. Un racismo creciente que provoca marginación hacia los sudaneses no árabes.

Entre las duras imágenes de la guerra y la pobreza, el joven director sudanés encuentra inspiración en la música, considerada como una droga que evade y que quita el dolor de la vida por unos momentos. Y es a través de los ritmos infecciosos de instrumentos como la rababa que el pueblo se une. Sin embargo, lejos de ser un documental victimista, Kuka ofrece espacios para la reflexión y la esperanza como son las entrevistas con los campesinos, intelectuales o músicos locales que se niegan a renunciar a la paz. Así que la música y la danza, que han sido una parte tradicional de sus vidas, ahora adquiere un nuevo significado de desafío.

Quizás, como punto disonante, sea interesante mencionar la falta de crítica histórica del director sobre el porqué de la situación actual así como la necesidad de citar a algunos de sus culpables. La propia organización Amnistía Internacional denunciaba en 2011, a escasas semanas de la formación del nuevo estado de Sudán del Sur, que “China, Rusia y Estados Unidos son algunos de los Estados que han suministrado armas o adiestramiento militar a las Fuerzas Armadas de Sudán, así como al Ejército de Liberación Popular de Sudán”. Pero el mérito de Kuba es otro. Su documental se ha ganado al público de Toronto mostrando la resistencia del Nilo Azul.

 

 

Framed, otras gafas con las que mirar a África

Una imagen de la película

Una imagen de la película que muestra un libro de viajes donde una modelo es fotografiada en una comunidad de masais en Kenia.

Si se trata del espectáculo de ver como los escombros, la pobreza, las guerras y la salvedad de las enfermedades presentan al continente africano, tanto en Wiriko, como desde otros colectivos que trabajan por desestereotipar estos discursos en español (Afribuku, África no es un país, el Centre d’Estudis Africans de Barcelona o el Festival de Cine Africano de Córdoba) estamos vacunados. Pero el estado de alerta está presente. Siempre y sin remedio. Y más cuando desde hace unos meses las noticias que llegan desde los medios de comunicación tienen como máximo denominador palabras como ébola, prevenir, misioneros, aislar, refugiados, inmigración o pateras. Algunas son clásicas. Otras irrumpen con fuerza para desestabilizar cualquier intento de mostrar, también, la otra cara de los países africanos que pocas veces se muestra. Y claro, la pregunta (una de tantas) podría ser: ¿cuánto cuesta mediatizar el dolor? ¿Cuál es el precio de mostrar con un gran angular la miseria de la indefensión?

Quizás la respuesta, y sirva como un “noejemplo”, la tengan en Mediaset que desde ayer emite en Telecinco un reconocido programa de “asuntos varios” por la mañana (llamados magacines matinales) y que presenta Ana Rosa Quintana desde un barrio en Gaza. La brusquedad del espectáculo de ver que mientras las ruinas ceden pequeñas grietas de esperanza renovada a los gazatíes que reconstruyen la nada, se intercala con asuntos de prensa rosa es indescriptible. La banalización de la vida y la muerte de la cordura podría ser el título del programa.

En la imagen, Boniface Mwagui, periodista y activista keniano fundador de PAWA254.

En la imagen, Boniface Mwagui, periodista y activista keniano fundador de PAWA254.

Es algo parecido a lo que desde hace un siglo nos tiene acostumbrados la industria de Hollywood cuando enseña su visión sobre África, a la literatura de aventuras que ha buceado en la abundancia de las imperfecciones y clichés al describir culturas y países africanos o a ciertas campañas publicitarias de instituciones y fundaciones de renombre internacional que siguen mostrando una imagen muy determinada del continente. Sólo por recordar: 54 países, unos 1.000 millones de personas, más de 30 millones de kilómetros cuadrados, más de 2.000 lenguas… Pero nuestro contenedor de conceptos, que acrecientan el miedo cuando hablamos de África, se sigue reconociendo en la información que consumimos.

Siguen siendo necesarias narraciones que nos permitan acercarnos a lo que pasa en tantas escuelas africanas, a sus bodas, a sus programas de televisión, a sus parodias políticas, a sus bromas e ironías, a los cotilleos de alcoba familiares, a sus sueños. Después tendríamos que dejar que fluyeran las (estas) imágenes. Y quizás la venta del sufrimiento para su consumo quedaría aparcada con el letrero: fin de existencias.

Desde el continente, precisamente, llega el documental Framed, dirigido por la directora Cassandra Herman y el antropólogo sudafricano Kathryn Mathers, que explora las imágenes y los mitos que provocan que África sea vendida como víctima. Framed pretende mostrar las representaciones populares de África y los africanos que se tienen en Occidente (especialmente en EE.UU.) a través de tres protagonistas: el periodista y activista keniano Boniface Mwangi, fundador de PAWA254; el escritor y también keniano Binyavanga Wainaina; y el educador sudafricano Zine Magubane. Reconociendo que la gente quiere “hacer el bien en África”, el documental plantea preguntas acerca de los privilegios, el poder y la mala representación que surge de la relación de ayuda.

Framed es una historia visual que intenta deconstruir el concepto de África como un lugar de necesidad y de esperanza. Un trabajo que les ha llevado a sus directores 10 años de investigación. Pero es complicado de pensar. ¿Cómo cambiar estas imágenes? Imágenes que a veces tienen más poder y autoridad que los popios protagonistas. Un encuentro entre África y Occidente que cuestiona y nos hace reflexionar sobre conceptos como “salvar” y “salvados”. Porque ¿quién es realmente el que se beneficia de nuestra “caridad” en África? ¿Es el africano que aparece en la última campaña solidaria pidiendo comida? O, ¿es el occidental valiente que en la parte superior de un camión ayuda a bajar sacos de arroz mientras recibe aplausos de la comunidad internacional? Las respuestas no son nunca dicotómicas por lo que el debate quedará servido. Próximamente en las pantallas… Y dará que hablar.

Entrevista a Osvalde Lewat-Hallade

Osvalde Lewat-Hallade (Camerún, 1976), es reconocida como una de las directoras de documental más rupturistas de los últimos años.

Osvalde Lewat-Hallade (Camerún, 1976), es reconocida como una de las directoras de documental más rupturistas de los últimos años.

 

Autora: Beatriz Leal Riesco

Osvalde Lewat-Hallade (Camerún, 1976) es uno de los nombres destacados del cine africano a nivel internacional. Reconocida como una de las directoras de documental más rupturistas de los últimos años, se encuentra en la actualidad a punto de dar el salto a la ficción. Poco después de asistir a la 29 edición del Festival de cine africano Vues d’Afrique en Montreal y de pasar por Nueva York para celebrar el 20 aniversario del African Film Festival en la gran manzana, mantuvimos una conversación sobre su trayectoria profesional, su praxis fílmica y sus retos futuros.

Beatriz Leal Riesco: Recientemente regresaste a Canadá después de más de diez años, invitada por el festival Vues d’Afrique para mostrar una retrospectiva de tus películas. Tras formarte y trabajar como periodista, te trasladaste a Canadá para estudiar los rudimentos del lenguaje cinematográfico. ¿Cómo te sentiste al regresar al país donde empezó tu carrera de directora?

Osvalde Lewat-Hallade: Canadá me propuso realizar una retrospectiva de mis películas y, además, entregarme un premio en honor al conjunto de mi trabajo. Este hecho me emocionó sobremanera. Regresar al lugar donde comencé y realicé mi primera película, es simbólicamente importante. En el momento que me hicieron llegar la propuesta de recibir este premio por mi trabajo, me pregunté si no era un poco prematuro. Finalmente, decidí aceptarlo ya que, si bien una no realiza películas para recibir premios, se trata, sin embargo, de la señal de que el trabajo que realizas le habla al público, a la audiencia, y es valorado por algunas personas. Es el combustible para seguir adelante.

B: Tu película novel trataba del pueblo amerindio del Canadá. Poco después, te desplazaste a tu país de origen (Camerún), posteriormente al Congo e incluso has llegado hasta la frontera palestino-israelí para filmar tus documentales. Tus películas han sido consideradas políticas, controvertidas, críticas, urgentes… ¿Qué opinas de estas etiquetas? ¿Cuáles son las motivaciones que te llevan a elegir un determinado tema y trabajar con él?

O: Esta necesidad de clasificar proviene de otros. Tales etiquetas no me molestan, aunque tampoco las reivindico. Me siento como aquel que pone su mirada sobre las cosas y quiere compartir esa mirada con el mayor número de personas posible. Disfruto parándome en las situaciones en las que la mayoría de la gente no tiene interés de hacerse eco. Me interesan las personas al margen, aquellas que no pueden hacer oír su voz, su causa. A veces, ante una situación que encuentro injusta, intolerable, me siento ante la obligación de tomar la cámara. No he conceptualizado mi relación con el cine o el documental antes de comenzar a realizarlo sino que sigo mis sentimientos y esa agitación interior que me empuja a remar contra corriente cuando noto que es indispensable. No soy una cineasta militante. Comprometida, quizás… Si fuese absolutamente necesario encontrar una palabra para definir el conjunto de mi trabajo, esa palabra, sin duda, me describe más que ninguna otra. Hoy, con la perspectiva que da la distancia, con el paso del tiempo, me doy cuenta de que mis películas forman un conjunto. Existe un hilo rojo que atraviesa mi trabajo, y este hilo rojo es mi negativa a desviar mi mirada, mi negativa a callarme cuando sé que es mi deber intervenir en un debate y aportar un enfoque particular. Nunca me levanto por la mañana diciéndome, “mira, hoy, me voy a comprometer”. Todo surge con naturalidad, casi de manera intuitiva.

B: Con anterioridad, has citado a Sembène Osuman, Souleymane Cissé y Mahamat-Saleh Haroun como aquellos cineastas africanos “que te hablan” de una un otra forma. ¿Cuáles serían sus pares internacionales?

O: Existen muchos otros cineastas de los que admiro su trabajo y que me animan a continuar haciendo películas y, sobre todo, a dar el salto a la ficción. En los Estados Unidos podría nombrar a muchos de los más conocidos. Sin embargo, voy a citar aquellos de los que conozco su filmografía de memoria y que me hablan de una manera más profunda: Abbas Kiarostami, Yozujiro Ozu, Carl Theodor Dreyer, Kim Ki Duk, Krzystof Kièslowski, Terrence Malick, Emir Kusturica, Wim Wenders… Me paro aquí porque soy una gran cinéfila y me resultaría agotador citar a todos aquellos directores que amo.

LEWAT_Osvalde

Sus últimos trabajos han sido los documentales ‘Sderot, Last Exit’ (2012) y ‘Land Rush’ (2012) junto a Hugo Berkeley.

B: Aunque habitualmente te ocupas de temas de mujeres, estoy de acuerdo con el académico y crítico de cine Alexie Tcheuyap en que tu estilo y los temas que eliges son diferentes de aquellos a los que las directoras africanas se han tradicionalmente acercado. En los últimos tiempos, más y más mujeres en África están usando el cine sin sentirse confinadas a los “temas de mujeres”, investigando nuevos géneros, estilos y temas. ¿Crees que, en los próximos años, asistiremos a un gran cambio en las películas (tanto de ficción como documentales) hechas por directoras del continente?

O: Estos cambios son ya visibles. Las mujeres directoras se lanzan cada vez más a investir en aquellos campos que eran tradicionalmente cotos de caza masculinos. Lo normal, para algunos, es que las mujeres se centren en hacer películas sobre las mujeres. Encuentro este planteamiento reductor, ya que una mujer que tiene algo que decir no debe autocensurarse bajo el pretexto de que no tiene calidad suficiente para tratar ese tema. La evolución que se está dando en el cine es parte de un movimiento general que toca por igual a otros sectores donde las mujeres habían sido percibidas a través de un cierto prisma limitativo. Alguien me hizo ver recientemente que en la historia del cine tan sólo una mujer ha obtenido el Oscar a la mejor directora (Kathryn Bigelow, 2009) y lo mismo ocurre con la Palma de Oro en Cannes (Jane Campion, 1993; ex aequo, además). Espero que en los años por llegar veamos a más mujeres recibiendo estos galardones.

B: Algunos de tus documentales previos se adentran en diversos aspectos de la sociedad camerunesa, pero en tu última película te trasladaste a Mali. ¿Estás planeando regresar pronto a tu país a filmar?

O: Regresar a Camerún será un grandísimo honor. Estamos trabajando en este sentido…

B: Uno de mis documentales favoritos tuyos es Sderot, Last Exit (2012), filmado en una escuela de cine progresista en la frontera palestino-israelí, un documental que mira directamente a la cara a muchísimos problemas del área y, por extensión, de la realidad política internacional. Para cualquiera, ir a filmar a este lugar y tratar temas tan delicados es un acto de valentía. ¿Es Sderot tu trabajo más complejo hasta la fecha en cuanto a obtener respuestas de aquellos a los que entrevistabas?

O: Sderot fue muy difícil durante la fase de casting. Las personas no siempre comprendían por qué quería hacer una película sobre su escuela, en su casa. Como, además, todos van allí a filmar la guerra; ¿por qué no yo? Debí explicarles, convencerles. Tras haberlo aclarado pude trabajar rodeada de una gran serenidad. El estatuto de la realizadora te sitúa en una posición por encima de ciertas consideraciones que pueden dificultar este tipo de trabajo. Finalmente, acabé haciéndome grandes amigos en Sderot y el equipo con el que trabajé era formidable. Fui incluso hasta un pueblo beduino que celebraba la cena del sabbat. Esta película me ha aportado muchísimo. Ha enriquecido mi reflexión sobre la alteridad y la relación con el otro. Al principio, me veían como una africana un tanto curiosa. Además, era la primera vez que una mujer negra venía a filmarlos. Si hubiese sido americana o europea hubiesen comprendido ipso facto. Es evidente que no todo el mundo quiso participar en la película, pero aquellos que lo hicieron estuvieron disponibles y fueron extremadamente generosos en sus intercambios conmigo.

B: He oído que actualmente estás trabajando en una película de ficción. ¿Me puedes contar algo al respecto?

O: Aún no. El parto está siendo un tanto laborioso pero estoy a punto de terminar el guión…

Os dejamos uno de sus últimos documentales completo Land Rush-Why poverty? (2012)

Ricci: “En muchos casos, se sigue esperando que los filmes africanos sean películas calabaza, de cualidad mediocre”

Daniela Ricci, especialista en cinematografías africanas y directora del documental "Creation in Exile. Five Filmmakers in Conversation" (2013).

Daniela Ricci, especialista en cinematografías africanas y directora del documental “Creation in Exile. Five Filmmakers in Conversation” (2013).

 

Autora: Beatriz Leal

El lector interesado en el mundo del cine encuentra, puntualmente, a través de entrevistas en la prensa escrita y vídeos en Youtube, extras en DVDs, declaraciones recogidas en blogs y plataformas especializadas online, una cantidad ingente de información cuya misión es consagrar a los omnipresentes directores occidentales y a una reducida nómina de colegas internacionales. La bibliografía académica y crítica no le va a la zaga a las publicaciones periodísticas, de manera destacada en el formato del monográfico dedicado a un autor “genial”. Frente a esta explotación de la vida y comentarios del director, generalmente provocada por las obligaciones de promoción de su última película, la literatura disponible preocupada por realizadores de otras latitudes es irrisoria.

En el caso de los directores africanos esta realidad es todavía más lacerante. Sin políticas culturales reales en sus países de origen, donde el apoyo institucional a la cultura y al cine son prácticamente inexistentes, los cineastas africanos recurren al patrocinio occidental, con Francia llevando la delantera durante décadas. No extraña pues que Africultures se halle a la cabeza como plataforma de referencia de información sobre cultura y arte de África. Escrita mayoritariamente en francés, ofrece a través de Africiné (la página web de la Federación africana de crítica cinematográfica) el mayor repositorio de sobre los cines africanos. Críticas consistentes, enlaces a festivales y eventos relacionados, currícula y filmografías de profesionales de la industria cinematográfica y entrevistas seleccionadas componen la página. A pesar de este y otros ejemplos notables en otros idiomas, la posibilidad de acercarse a los universos poéticos y a las experiencias personales de los cineastas del continente es todavía limitada. Con las excepciones del carismático Sembène Ousmane, entre los pioneros, y de los contemporáneos Abderrahmane Sissako y Mahamat-Saleh Haroun, a causa de sus frecuentes apariciones en festivales como Cannes o la Berlinale, el lector ha de recurrir a las escasas publicaciones académicas a su alcance para saber algo más de los hombres y mujeres africanos que están detrás de la cámara.

[message_box type=”note” icon=”yes” close=”Close”]Quería, por encima de todo, investigar el modo en el que cinco directores de cine se reconstruyen en el exilio o en la diáspora; estudiar cómo lo hacen cuando se viene de un país sobre el que pesa la historia de la colonización.[/message_box]

En el documental Creation in Exile. Five Filmmakers in Conversation (2013), la especialista en cines africanos Daniela Ricci ha intentado colmar este vacío. En la que es su obra novel entrevista a cinco directores africanos de renombre (Newton Aduaka, John Akomfrah, Dani Kouyaté, Haile Gerima y Jean Odoutan), para reflexionar con ellos sobre temas fundamentales de sus praxis y poética cinematográficas ligadas a sus experiencias de cineastas en el exilio o la diáspora. Dividido en bloques temáticos, Creation in Exile emplea la entrevista como elemento principal, haciendo gala de un riguroso trabajo de archivo en la búsqueda de clips de filmes de los autores por ella reunidos y en el proceso final de montaje. Ricci, de origen italiano, se encuentra desde hace años ligada a África, continente en el que trabajó para las Naciones Unidas y cuya estrecha relación la llevaría a fundar en 2006 el festival Uno sguardo all’Africa en Savona (Italia) y a, años más tarde, embarcarse en el programa de doctorado en Cines Africanos entre las universidades de Lyon 3 (Francia) y Howard (EE.UU.). A punto de finalizarlo, da clases de cine en Paris 3 (La Sorbonne Nouvelle) y preside la organización intercultural Melisandra.

Desde inicios de año, Creation in Exile ha sido proyectado en festivales internacionales en Benín, Japón y Egipto, llegando al African Film Festival de Nueva York el pasado mes de mayo. Con motivo de su premiere americana y poco antes de que viajase Milán, tuve el placer de conversar con la autora acerca de su documental.

Cinco fotogramas del documental "Creation in Exile. Five Filmmakers in Conversation".

Cinco fotogramas del documental “Creation in Exile. Five Filmmakers in Conversation”.

Beatriz Leal: ¿Qué razones te han llevado a realizar este documental, ya que no eres cineasta de carrera sino una especialista en cines africanos?

Daniela Ricci: La idea de hacer este documental me vino de manera espontánea. Durante años he organizado encuentros de cine africano en Savona (Italia) y, en cada una de esas ocasiones, me sorprendía la intensidad del encuentro que se producía entre algunos de los cineastas invitados y el público asistente al entrar en contacto con sus universos personales y creativos. En mi propio caso, el encuentro con estos directores ha cambiado la manera que tenía de ver las cosas. Por estas razones decidí grabar el documental, a las que se unió la necesidad de crear mis propios recuerdos ya que, como dice Haile Gerima (uno de los directores del documental): “en el siglo XXI debes luchar con tu cámara por el derecho a la memoria”.

A nivel práctico, debía hacer algunas entrevistas para mi proyecto de tesis de doctorado y, motivada por un amigo director, decidí colgarme la cámara al hombro. En cuanto empecé a filmar, Creation in Exile se convirtió en un documental por derecho propio, independiente del programa de posgrado que estoy terminando entre las universidades de Lyon 3 (Francia) y Howard (Washington DC).

B: ¿Cuáles fueron las mayores retos a los que te tuviste que enfrentar?

D: Sin duda, elegir los clips de las películas para incluir en el montaje ha sido un trabajo muy duro porque, aunque conocía las películas previamente, he debido verlas y reverlas muchísimas veces. Ha sido difícil y, en efecto, las elecciones en el momento del montaje son siempre de las más dolorosas, ya que para cada escena que forma parte de la edición final, otras han sido omitidas y es difícil quedarse con una de las versiones posibles. Así que, de haber podido elegir, habría realizado una película de diez horas de duración pero, afortunadamente para los espectadores, fui capaz de aceptar la frustración que provoca el ser consciente de que es imposible incluir todo en una sola película. Ésta ha sido la razón de basarme en ciertos filones temáticos, comunes a los cinco directores.

B: Para Creation in Exile  has elegido el formato de las entrevistas, organizadas en bloques temáticos y con el apoyo de clips de cada uno de los cinco directores como apoyo a tu narración. ¿Esta manera de organizar tu documental surgió de manera espontánea durante el rodaje o fue una elección premeditada?

D: Durante cada una de las entrevistas tenía preparadas preguntas muy concretas aunque, al mismo tiempo, había solicitado a cada uno de los directores que se sintiesen cómodos y se expresasen con toda libertad. He de decir que han superado mis expectativas, relajándose y dirigiéndose en todas direcciones en sus repuestas. Esta experiencia de las conversaciones ha sido realmente interesante y enriquecedora, aunque la etapa de montaje se convirtió en un durísimo trabajo de reescritura, en el que tuve que encontrar un hilo conductor narrativo. El hecho de que estos directores tengan tantísimas cosas interesantes que decir sobre los más diversos temas es a la vez una virtud y un obstáculo en el momento de la edición final.

B: ¿Tenías un tema central sobre el que montar tu documental? Al ser parte de tu proyecto de tesis doctoral, ¿tenías aspectos concretos que te interesaba investigar antes de comenzar la filmación? ¿Fueron surgiendo otros en el momento del rodaje?

D: Al plantearme hacer el documental, lo que realmente me interesaba era el modo en el que las diversas vivencias personales de cada uno de los cineastas entraban a formar parte de sus películas y cómo, cada uno con una historia, un contexto y una actitud diferentes, usa la cámara a modo de arma contra las injusticias sociales.

Quería, por encima de todo, investigar el modo en el que cinco directores de cine se reconstruyen en el exilio o en la diáspora; estudiar cómo lo hacen cuando se viene de un país sobre el que pesa la historia de la colonización. Imagino que existen problemáticas similares en otras partes del mundo como, por ejemplo, en los países de América Latina, donde diversas culturas se han entrecruzado a lo largo de la historia. Todos estos países son fecundos debido a las nuevas perspectivas que surgen del mestizaje cultural. Existen preguntas comunes al continente africano o sudamericano: ¿por qué se elige la vía del exilio? ¿Cómo se incluye uno en otra cultura, y cómo se habitúa a su nueva cotidianeidad? Como decía Sotigui Kouyaté a su hijo Dani, uno de los directores entrevistados en mi documental: “¿Cómo se puede encontrar uno en los ojos del otro, sin llegar a perderse?”. ¿Cómo se asumen las diversas pertenencias? ¿Qué se trasmite a los propios hijos, nacidos en tierra “extranjera”?

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

B: En tu caso, elegiste cinco directores de los muchos cineastas africanos que han optado por la vía del exilio o la diáspora. ¿Por qué Jean Odoutan, Haile Gerima, Dani Kouyaté, John Akomfrah y Newton Aduaka en concreto?

D: La razón principal para elegir a estos cinco directores es que considero que su integridad es incuestionable al ser, cada uno de una forma diferente, “narradores” con historias realmente importantes que contar. Con su mirada “plurifocal”, logran hablarnos de sociedades diversas de una manera muy efectiva. En los primeros estadios de realización de Creation in Exile había considerado incluir más directores, pero me di pronto cuenta de que sería demasiado, por lo que opté por quedarme con estos cinco, los cuales encuentro especialmente diferentes y representativos. Todos ellos, además, comparten las mismas preocupaciones y expresan en sus películas cuestiones identitarias.

Aunque otro aspecto que me interesaba sobremanera era explorar la diversidad, porque habitualmente me he encontrado con la tendencia de querer encerrar al “cine africano” en una categoría uniformizadora (unificadora). Por mi parte, considero que si bien existen artistas africanos (porque han nacido en África) sus películas no son iguales, razón por la que no se puede restringir a estas películas a ser catalogadas con la etiqueta simplificadora de “películas africanas”. En muchos casos, se sigue esperando que los filmes africanos sean películas “calabaza”, terminología que alude a aquellas películas filmadas en los pueblos rurales de África y, generalmente, de cualidad mediocre. Al hacer esto, se considera al “cine africano” como una subcategoría del Cine internacional (con mayúsculas). Es por esta razón por la que quería ver cómo las diversidades de cada uno de estos directores  tomaban forma y cuerpo en la pantalla. Me interesaba ir al descubrimiento de los recorridos artísticos y personales de mis directores. A través de sus historias personales, me tuve que enfrentar con Haile Gerima al momento cumbre del Black Power en los años 70 en los EE.UU; a los movimientos raciales de los años 80 en el Reino Unido de la mano de John Akomfrah; a las problemáticas de los “banlieu” parisinos gracias a Jean Odoutan, un interesantísimo e idiosincrático director beninés que, poco después, empezó un festival internacional de cine en su país de origen; a la guerra de Biafra y al supuesto multiculturalismo inglés acompañando al nigeriano Newton Aduana; y a las dificultades que entraña ser un griot en la Suecia contemporánea y cómo se puede meter el “gusanillo del mestizaje” en nuestra sociedad, a través de las reflexiones de Dani Kouyaté.

Al interesarme explorar su diversidad, me lancé en su búsqueda y acabé filmando en los hogares de cada uno de estos cinco cineastas. Al final nos encontramos participando en una lucha común, aunque esta lucha revertía formas muy diferentes. Diferencias que se ven reflejadas en sus narrativas y estéticas únicas.

B: Hablas de diversidad y, a primera vista, llama la atención la falta de alguna directora mujer. A pesar de la inferioridad numérica de mujeres en la producción de películas africanas, muchas de ellas viven en los países francófonos europeos y, especialmente, en París, ciudad en la que resides. ¿El no incluirlas fue una decisión premeditada o motivada por otras razones?

D: He de decir que en el momento en el que me embarqué en este proyecto, no encontré a ninguna directora con la misma experiencia de Haile Gerima o cualquiera de los otros cuatro cineastas de mi documental. Por supuesto, conocía a una gran pionera como Safi Faye, pero en la actualidad ha dejado de realizar películas, y mi intención era explorar las trayectorias de cada uno de los directores hasta el presente. Con Sarah Maldoror se me planteaban la duda de poder encuadrarla como parte de la experiencia diaspórica, al ser francesa de Guadalupe (en las Antillas). También estuve considerando incluir a alguna de las mujeres de la nueva generación como Dyana Gaye o Mati Diop, las cuales, tras realizar cortometrajes, están preparando a día de hoy sus primeros largometrajes, o Monique Phoba, Oswalde Lewat, Wanuri Kahiu, directoras de gran valía pero centradas principalmente en cortos y largos documentales. Como interés se centraba en cómo los cineastas transfieren sus propias experiencias en obras de ficción no entraban en mi hipótesis.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

B:  Creation in Exile es un documental autofinanciado. ¿Podrías ahondar en la realidad económica-productiva a la que se ha de enfrentar alguien como tú que se encuentra en los márgenes de la industria cinematográfica institucionalizada?

D: En cuanto a la financiación, no encontré ningún apoyo. Y las razones no se deben únicamente a que Creation in Exile es mi proyecto personal, sino a que las entidades de financiación “genéricas” me indicaban que debía dirigirme a los fondos específicos para el cine africano, a los que no tenía acceso al no ser africana… Al finalizar el documental, surgió un problema similar cuando algunos festivales se encontraban en la tesitura de no saber dónde ubicar mi película. Al haber sido realizado por una directora no africana y no haber sido rodado en el continente no parecía haber lugar para él. En la actualidad, muchos festivales “africanos” tienen la categoría “África vista de…” en la que se incluyen a directores no africanos que realizan sus filmes en el continente, pero incluso en este ámbito, mi documental escapa de estas “categorizaciones” al haber sido filmado mayoritariamente en Occidente…

B: Además de la directora, te convertiste en la productora. Sin conocimiento previo: ¿cuándo decidiste tomar las riendas ? ¿Cuánto tiempo has dedicado a este proyecto tan personal y con qué ayuda has contado a nivel profesional?

D: Al carecer de financiación, decidí realizar mi documental de manera independiente. Desde un principio había eventos que quería filmar (FESPACO, “Uno sguardo al’Africa”; el festival que dirijo en Savona…). Después, emocionada por el trabajo, quise ver qué sucedía cuando llegaba la hora del montaje y no pude pararme, convirtiéndome en mi propia productora.

En cuanto al monto total de trabajo, este documental me ha ocupado casi dos años. Para realizarlo, he contado con la ayuda de un cámara y de otros profesionales que se han implicado en el proyecto como la editora, Nadia Askouh. Gran parte del resultado final se lo debo al cámara, Rémi Mazet, quien creyó en este proyecto desde el principio y puso toda su experiencia profesional al servicio del filme. Además, tuve la suerte de colaborar con otros cámaras en Ouagadougou, Savona y Washington.

B: Pero tienes detrás a una distribuidora como Patou Films International. (Aquí he cambiado/ampliado tu respuesta, pero siéntete libre de variarla o ampliarla).

D: En efecto, la película está siendo distribuida por Patou Films International, ya que la distribución considero tiene mejores mecanismos para dar a conocer mi documental a la mayor cantidad de público posible.

B: ¿Cuáles son los públicos potenciales a los que te gustaría llegar? Además, ¿tienes intención de proyectarlo en el continente ante un público únicamente africano y no necesariamente diaspórico?

D: Estoy convencida de que diferentes públicos pueden estar interesados en mi documental, el cual podría servir como material para estudios fílmicos o, simplemente, como una película que cuenta historias de unos cuantos individuos y sus luchas diarias. Hasta la fecha, algunas universidades (Howard y Bologna, entre otras) y bibliotecas públicas (Milán) han manifestado interés por Creation in Exile. Creo que también algunas ONG’s o asociaciones que trabajan con cuestiones sociales y con el racismo son públicos ideales, sin descartar las salas de cines convencionales. En lo relativo a su difusión vía televisión, Canal Horizon (Canal Plus Afrique) lo ha comprado, y otros canales han mostrado su interés. Me encantaría tener la oportunidad de proyectar mi documental en diversos países africanos para un público no diaspórico. A día de hoy, las proyecciones en Benin (Quintessence; Ouidah International Film Festival) y Egipto (Luxor African Film Festival) tuvieron una amplia participación. Lo que espero es que, cada persona que vea mi documental pueda sacara algo de él…

B: Hasta la fecha, tu documental ha sido proyectado en diversos festivales internacionales en Nueva York, en Milán y en Tokyo, y en septiembre estará en París en el African Diaspora Film Festival. Sé que has intentado acompañarlo lo máximo posible en su recorrido internacional, por lo que has asistido a la reacción del público en lugares tan lejanos y dispares.

D: Realmente, me siento contenta de poder decir que, hasta el momento, la recepción ha sido buena, porque mi documental es un filme realizado sin apenas financiación pero sincero, lo que me hace muy feliz ya que, como dice Dani Kouyaté: “no se puede ser universal si no se es auténtico”.

Cine documental en las calles de Niamey

Cartel de la séptima edición del encuentro

El Forum Africain du Film Documentaire (FAFD) ha llegado a su séptima edición. Lo hizo con el comienzo ayer de las actividades en Niamey, la capital de Níger, que ha sido la sede de este encuentro desde su inicio en 2006. De nuevo se pone de manifiesto el interés y las iniciativas encaminadas a revitalizar el sector audiovisual africano, pero además se hace apoyando uno de los géneros más olvidados (o, al menos, explotados comercialmente), el del cine documental. Puede parecer una postura snob, pero no es necesario destacar la importancia que tiene la supervivencia de las producciones audiovisuales no de ficción.

En el caso del Forum Africain du Film Documentaire además nos llama la atención una afortunada casualidad. El programa de este evento comenzó el lunes y curiosamente el sábado había concluido el de otra actividad con una carga innegable de valorización de las culturas africanas. Se trataba de la primera edición del Encuentro Internacional de Literatura Oral Africana.

Volviendo al FAFD, se trata de una iniciativa auspiciada por el Ministerio de Juventud, Deportes y Cultura de Níger que durante nueve días, hasta el 18 de diciembre, acercará a los amantes nigerinos del documental la posibilidad de disfrutar de producciones destacadas realizadas en diferentes lugares del continente. De este modo, el fórum se convierte en una excusa para unas actividades que además de las proyecciones incluyen exposiciones, talleres y conferencias relacionadas con el género.

El encuentro tiene un carácter temático. En esta séptima edición el hilo conductor son “los nuevos cines de África”. La preocupación por el carácter social de estas producciones se hace evidente a la luz de otros temas que se han tratado en ediciones anteriores, desde la conservación del patrimonio, a través del documental, hasta la utilidad para el mantenimiento de la memoria. Entre las producciones africanas de las que se podrá disfrutar en los próximos días en Niamey destacan:

– La congoleña “Benda Bilili!” que se basa en la historia del grupo Staff Benda Bilili, uno de los grupos de éxito congoleño que ha alcanzado fama mundial y formado por músicos en sillas de ruedas.

– La nigerina “Koukan Kourcia ou le cri de la tourterelle” que narra el viaje de una conocida cantante local a Costa de Marfil para reencontrarse con los nigerinos exiliados por el conflicto civil e intentar convencerles de la necesidad de regresar a su tierra.

– La también nigerina “Pour le meilleur et pour l’oignon” que entrelaza la historia del matrimonio de dos jóvenes con la vida en su pueblo que se mueve al ritmo de la producción de cebollas, su principal riqueza.

Con ésta oferta se mezcla la de otras producciones de ficción también africanas, con una cierta base documental. Como son los casos de:

– La egipcia “Les femmes du bus 678” que denuncia y saca a la luz las agresiones sexuales cotidianas en el país del norte del continente.

– La senegalesa “L’appel des arènes” que trata sobre los luchadores tradicionales y el auge de esta disciplina en el país del África Occidental.

Y otras curiosidades como:

– La chadiana “Un homme qui crie” que narra la curiosa historia de un ex campeón de natación convertido en profesor en la piscina de un hotel de la capital en el contexto del estallido de una guerra civil.

– O la serie burkinabesa “Commissariat de Tampy” que se presenta como “la primera serie policiaca de humor” del África Occidental.

Estos son sólo algunos de los ejemplos de las películas que se proyectarán durante el FAFD, que si bien desarrolla buena parte de su actividad en recintos como el Centre Culturel Jean Rouch o la Université Abdou Moumouni, también se completará con proyecciones callejeras ambulantes de cine digital en algunos espacios públicos de la ciudad.

“El lujo de la crisis cinematográfica es la convicción”

Entrevista al director de cine senegalés Ousmane William Mbaye.

Ousmane William Mbaye. Foto: Carlos Bajo Erro

La cita es en el Instituto Francés de Dakar, ubicado en pleno centro. La temperatura sigue humedeciendo el ambiente de una ciudad que se encuentra entre el rojo atardecer y los rezos que llaman a la oración; son cerca de las 19:00 horas y la brisa marina continúa en huelga. La siempre vitalidad de la calle, aunque durante unos días venida a menos por la reciente fiesta del cordero para los musulmanes (la Tabaski), contrasta con el interior de la sede cultural francesa, con regusto a salón de café en la orilla del Sena y oasis adaptado para expatriados. Hay buena música, está sonando la Orquesta Baobab, y los ventiladores de techo aclimatan correctamente la zona del restaurante. Al poco rato, el director senegalés Ousmane William Mbaye aparece tras terminar una entrevista con una periodista del Le Quotiden. Su metro noventa no pasa desapercibido. Sonríe, me da la mano, se la lleva al pecho y toma asiento.

Nos hemos citado con William Mbaye con motivo de la previa mundial de su nuevo documental Presidente Dia que tendrá lugar esta misma tarde en el Instituto Francés de Dakar. Se trata de una película de 52 minutos que narra el ambiente político del Senegal de 1962. El 17 de diciembre de ese año, Mamadou Dia, Presidente del Gobierno de Senegal, fue arrestado y acusado de intento de golpe de Estado por su amigo y compañero Leopold Sedar Senghor. Dia será encarcelado con cuatro ministros más y la Constitución sería modificada; el régimen presidencial sucedió al parlamentario y todos los poderes le fueron dados a Senghor. Las posturas irreconciliables entre el pro occidentalismo de Senghor y el rupturismo con las antiguas estructuras coloniales que defendía Mamadou Dia motivaron los acontecimientos.

La película ha sido seleccionada para el Festival Internacional de Cine Histórico de Pessac (Francia) y para las Jornadas Cinematográficas de Cartago (Túnez). Además hoy, 6 de noviembre, es un día especial: se conmemora el fallecimiento del que es considerado por la crítica como el padre del cine documental africano: Samba Felix Ndiaye.

¿Qué supone para usted estrenar su película en un día como hoy?

Colaboré con él durante mucho tiempo y para mi es el más grande. Es una gran oportunidad hacer el gran estreno de mi película el día que se conmemora la muerte de Samba Felix. Siempre me acuerdo de él: por sus enseñanzas, por su filosofía, por su forma de analizar el cine; por su saber hacer en la pantalla y por su militancia para con el cine documental. Es un privilegio.

¿Cómo cree que va a reaccionar el público ante un documental histórico y político que narra unos hechos tan polémicos?

Creo que a la gente le va a gustar porque en Senegal se habla en todos lados de política. La historia de Mamadou Dia y Leopold Sedar Senghor es una historia que se mira de manera diferente dependiendo de la persona, pero, a fin de cuentas, se conoce. Soy consciente de que es una historia comprometida y la propia distancia que nos dan estos cincuenta años que han pasado son fundamentales para el debate.

Entonces, ¿su película puede volver a animar el debate político del Senegal de 1962? ¿Puede ser un punto de partida para reescribir la historia del país?

Sin lugar a dudas. En 1962 tuvo lugar la primera crisis del Senegal independiente. La gente habla mucho del proceso que supuso el encarcelamiento de Mamadou Dia, incluso políticos e intelectuales cuestionan qué hubiera sucedido si Senghor se hubiera mantenido firme ante las prebendas francesas y continuado junto a la ideología más radical de Dia. No obstante, soy consciente que será la primera vez que este tipo de imágenes y declaraciones aparecen en la gran pantalla y presentan una novedad para la sociedad senegalesa; la película puede ser muy interesante para, por qué no, comenzar a reescribir la historia de Senegal. Me parece que la última campaña presidencial que se vivió el pasado febrero se vivió de manera muy tensa precisamente porque la sociedad senegalesa percibía como un atentado la reducción de libertades que se estaba llevando a cabo. El pueblo siempre habla.

El director senegalés posando ante el cartel de su nuevo documental. Foto: Carlos Bajo Erro

¿La decisión de hacer este tipo de cine comprometido socialmente y políticamente, supone una oportunidad o un obstáculo?

Realmente, yo no sé si soy comprometido o no. Pero lo que sí sé, es que hago cine por convicción. Hago el cine que me interesa y pretendo hacer al mismo tiempo trabajos que les puedan interesar a los senegaleses. No sé si mi cine es comercial o no pero desde luego que si me llaman para hacer una película en Hollywood iría… ¡Claro! Considero que actualmente el lujo de la crisis cinematográfica es la convicción. Es decir, puedes hacer el cine que quieres sin que te preocupe en exceso el dinero… Si es que realmente quieres hacer cine.

Pero William, en alguna entrevista, ha afirmado que la nueva generación de documentalistas jóvenes y, en general, de cineastas africanos, es una generación perdida. ¿Por qué?

Bueno, sin medios no se puede trabajar. Puedes decir que eres piloto, pero si no tienes avión no puedes pilotar; en África es parecido. En la sociedad tradicional no hay medios, y esto no es humo, no son fantasmas. Cuando hablo de la generación perdida me refiero justamente a esto, a la falta de medios. Desde los gobiernos no hay financiación, no se motiva desde los colegios, las propias televisiones no compran cine africano… Si mi hijo de 18 años hiciera cine en Senegal ¿qué tendría que hacer? Está claro que lo tendría que hacerlo de forma autómata: grabar la vida de la gente en algún barrio de la ciudad, montar el documental y distribuirlo, pero ¿con qué dinero pagaría la escolarización de sus hijos y le daría de comer a su mujer?

Efectivamente la industria cinematográfica en el África Subsahariana se encuentra en unos momentos difíciles debido a la falta de tejido en el sector y a la reducción aguda de fondos que llegaban de Occidente. ¿Qué factores cree que serían necesarios para favorecer el dinamismo de la industria cinematográfica?

Serían necesarios una organización conjunta de toda la industria cinematográfica y, por supuesto, la financiación y compromiso por parte del Estado y de sus políticas culturales. Durante los años 60 y 70 el Estado senegalés invertía mucho dinero y esfuerzo en la producción del cine senegalés y la prueba del éxito de estas películas en festivales internacionales es evidente. Actualmente, sin embargo, hay un vacío y asociarse, organizarse para combatir la falta de medios y la propia intervención del Estado en las producciones nacionales son dinámicas urgentes.

¿Cuáles son los nuevos escenarios y tendencias del cine documental africano?

En Senegal hay muchísima actividad. Actualmente hay unos 40 documentales que ni siquiera he podido ver por lo que, primero de todo, habría que visiblizar los trabajos que se están haciendo para realizar un análisis más preciso. Sin lugar a duda las nuevas narraciones y los trabajos más personales me interesan. Por otro lado, la ficción de los documentales es algo que va cobrando un fuerte protagonismo. Recuerdo cuando Samba Felix Ndiaye preparaba un ciclo de cine documental y seleccionó películas de ficción. Yo le apunté que se había confundido y él me dijo que mirara atentamente los documentales clásicos y observara cómo la ficción existía; en los planos, o incluso en algunas situaciones que se creaban delante de la cámara. Me parece que los nuevos trabajos apuntarán por la línea de la ficción documental.

Parece que tras el encuentro con William Mbaye, la famosa cita de Samba Felix Ndiaye cobra fuerza: “La utopía sigue siendo válida y el cine es uno de los caminos”.

Nota: Aunque Mbaye tiene diversos trabajos realizados y premiados, el documental por el que ha sido reconocido internacionalmente es Mere-Bi, que narra la vida de su madre, Annete Mbaye d’Erneville, la primera mujer periodista de Senegal. Otras películas documentales han sido Fer et Verre, retrato de la pintora senegalesa Anta Germaine Gaye, o Xalima la plue, retrato del músico senegalés Seydina Insa Wade.

 

 

 

El documental africano a examen en Saint Louis

La semana pasada, del 17 al 19 de octubre, veinticinco proyectos se presentaron en el décimo encuentro de coproducción de documentales africanos celebrado en la antigua capital de Senegal, Saint Louis.

Barrio de pescadores a 4 kilómetros del encuentro

El marco se prestaba a la reflexión en un ambiente especializado en el que se encontraban productores africanos (Marruecos, Malí, Níger, Senegal, Burkina Faso, Camerún, Togo, Gabón y Congo Brazaville) y franceses, así como los responsables de las principales vías de difusión con un claro sesgo francófono: Arte Francia; Canal France International; Cinaps TV; Lyon Capitale TV; Organisation Internationale de la Francophonie (OIF); Lumière du Monde; o uno de los responsables del Festival Internacional de Documental de Agadir (FIDADOC).

El punto de encuentro cada mañana era el Hotel Mermoz, a unos cuatro kilómetros del barrio más cercano, Guet Ndar. Y el contraste era llamativo: por un lado, la tranquilidad de un hotel de lujo en primera línea de playa con piscina, jaimas y menú gastronómico occidental; por otro lado, un barrio de pescadores situado entre el mar y el río, en el que los animales formaban parte del día a día de las calles y en cuyas casas reducidas, sin acceso a la electricidad, podían vivir hasta siete familias; y, por último, un poco más alejada, la parte antigua de la ciudad de Saint Louis que, aunque con aire decadente y colores añejos, conserva todavía la estructura y la arquitectura de la urbe francesa.

Encuentro matinal del Thënk en Saint Louis

Los tres días que han durado los encuentros estaban divididos en dos sesiones: una matinal a la que estaban invitados todos los productores y realizadores, y otra vespertina enfocada a que cada proyecto fuera pasando pequeñas entrevistas con diferentes personalidades relacionadas con el audiovisual. Sin duda, la parte más atractiva era la que tenía lugar por la mañana llamada Tënk, que en wolof, la lengua nacional de Senegal junto al francés, viene a significar ‘presentar un proyecto ante los especialistas’. Efectivamente, las diferentes formas de entender el prisma con el que se enfoca la realidad fue el punto más caliente durante las jornadas entre africanos y franceses. Algunos de los guiones presentados pasaban desapercibidos para lo que algunos productores entendían como negocio o como relevante para un público occidental acostumbrado a determinadas imágenes estereotipadas procedentes del sur del Sáhara.

Mesa redonda donde se presentaban los proyectos.

Este fue el ejemplo del proyecto de la gabonesa Pauline Mvele, Silence… On tue, en el que pretendía hacer un documental sobre los crímenes que se hacen en determinadas partes de su país relacionados con rituales fetichistas y que no son investigados por el Gobierno. Su propia experiencia, asesinaron a su hijo de 12 años, fue lo que la motivó para realizar una investigación profunda que le ha llevado a encontrar a diferentes familias en la misma situación. Cuando Pauline terminó su presentación no tardaron en sucederse las reacciones de los productores franceses que veían este documental como “demasiado violento y descontextualizado”.

En el caso contrario, estuvo el documental, también gabonés, de la realizadora Samantha Biffot, L’ africain qui voulait voler, trabajo que presumiblemente se podrá visionar el próximo año. Se trata de la historia de Luc Bendza, un retrato de superación que le llevó a salir de su país y emigrar a otro continente hasta llegar a convertirse en el primer africano que aprendió la técnica de Kung-Fu, incluso siendo protagonista de diversas películas. Sin duda, un guión mucho más atractivo para los intereses de las televisiones o festivales en Europa. Es interesante como los propios realizadores buscaban a veces producciones exclusivamente africanas o francesas, o, por el contrario, probaban suerte con financiaciones a varias bandas. Este era el camino natural de las tardes en el Hotel Mermoz, la búsqueda de padrinos que apostaran por sus guiones, muchos de ellos ya filmados y editados.

Encuentros vespertinos para buscar cooproducciones

 

El viernes 19, al finalizar las jornadas, hubo vacíos metodológicos más allá de la financiación o participación de productores africanos en estos documentales: ¿Se podrán visionar en los propios países africanos donde son realizados? ¿Cuál es la vida natural de una película documental africana en Occidente? ¿Se reduce a las diferentes proyecciones en festivales de cine especializados? ¿Existe un interés real para desarrollar la industria documental africana desde los gobiernos africanos, al menos, en lo que respecta a estos encuentros? ¿Es el objetivo final de los realizadores africanos ver sus trabajos en televisiones minoritarias como Cinaps TV o Lyon Capitale TV?

Las respuestas a algunas de estas cuestiones no están claras y presentan ambigüedades propias del camino que está siguiendo este género en el África Subsahariana. Esperaremos al próximo año para descubrir las nuevas ideas e inquietudes que vienen desde el África Occidental y si poco a poco las políticas gubernamentales implementan una industria que vaya creando una red en la que el principal foco de interés sea la propia África y no Europa.

 

Siaka, An African Musician

Siaka Diabaté es un importante músico de Costa de Marfil: Senufo, por parte de madre, y griot mande, por parte de padre. Toca el balafon, la kora, el dundun y la guitarra eléctrica y es el personaje escogido por el realizador Hugo Zemp, para un documental que nos muestra el poder de la música y de la oralidad, la mezcla entre la urbanidad y la tradición, la relación entre la danza y la vida cotidiana, otra concepción de la festividad… En él podemos ver al desaparecido maestro del djembé Soungalo Coulibaly (2004), ya que la grabación de este film (2002) es anterior al estallido del conflicto de Costa de Marfil .