Mali Blues, un canto contra yihadistas y muyahidines

Mali Blues es un canto a la paz, a la libertad. Al igual que las recientes Timbuktu de Abderrahmane Sissako o They Will Have to Kill us First de Johanna Schwartz, Mali Blues lleva a la pantalla los estragos del pueblo maliense bajo la ocupación yihadista en el norte del país.

Fatoumata Diawara y Ahmed Ag Kaedi en un fotograma del documental Mali Blues

Fatoumata Diawara y Ahmed Ag Kaedi en un fotograma del documental Mali Blues

El documental de Lutz Gregor resalta el valor de la música como una de las vértebras de Mali y apuesta por explorar su riqueza musical a través de cuatro músicos malienses. Cuatro perspectivas para mostrar una identidad sonora que se vió especialmente amenazada en ciudades como Gao, Kidal y la legendaria Tombuctú.

El 22 de agosto de 2012 Osama Ould Abdel Kader, portavoz del Movimiento por la Unidad y Yihad en África del Oeste (MUJAO) anunció la oposición de cualquier música occidental en el territorio ocupado. “No queremos música de Satán. En su lugar habrá versos coránicos. Es lo que impone la sharia. Debe hacerse lo que dios manda”, dijo. La música se convirtió en una prohibición (haram).

film11040_16-06-07-maliblues_poster_deutsch_10x15cm300dpi“¿Cómo le ha podido pasar esto a Mali?”, se lamenta Faotumata Diawara en la película. Diawara, una de las voces más reconocidas del país, es la protagonista de Mali Blues junto al griot Bassekou Kouyaté, el rapero Master Soumy y el tuareg Ahmed Ag Kaedi.

“Si no hay música, no habrá Mali”, expresa Basseoku Kouyaté en su casa de la capital, Bamako. Allí tuvo que huir Ahmed Ag Kaedi. El músico, cuyo equipo fue destruido por los islamistas, no tuvo más remedio que emprender el viaje hacia el sur. Sólo, a más de 1500kms de casa, a Ahmed Ag Kaedi le queda el recuerdo. “Estar en Bamako es peor que estar en la cárcel. Te mentiría si dijese que estoy feliz aquí”, explica. La inspiración de este tuareg está en el desierto mientras que la capital maliense sólo le aporta ruido y contaminación.

Echa de menos unas tierras amenazadas que quedaron en silencio. “No reconozco un Mali que tiene miedo a tocar música. Dios nos dio voces para poder expresarnos y disfrutar”, dice Diawara en el documental.

El puritanismo que se asentó durante casi un año el norte del país no casa con Mali. Es una visión que no se reconoce en la mayor parte de la población y que el rapero Master Soumy deja claro en su tema “Explique ton Islam”. Latigazos, bombas, violaciones y kalashnikovs son los atributos de los muyahidines que intentaron arrebatar la música como seña de identidad.

Pero los músicos malienses no se quedaron callados. Desde Bamako o en el exilio mantuvieron su canto en el aire. “El gobierno de Mali está sometido a un caos que no ha podido parar la aproximación de los yihadistas. Pero los músicos siguen dando guerra”, dijo la productora y musicóloga Lucy Durán durante la presentación de la película en Londres. “La música es lo que une a los malienses y es una parte intrínseca de sus vidas. Las canciones son una licencia para tratar temas tabúes”, resaltó Durán.

A pesar de intentar mostrar los distintos punto de vista a la reciente situación musical de Mali, el documental se decanta por seguir los pasos Fatoumata Diawara. Gregor encuentra en Fatou, quién dejó Mali para escapar de un matrimonio de conveniencia, un hilo conductor para contar la importancia de la música maliense y su indeleble presencia en la cultura local. La música es costumbre pero también un instrumento educativo, político y religioso. “La música contribuye al desarrollo de mi país”, apunta Master Soumy.

En su libro “Música, Cultura y Conflicto en Mali”, el antiguo manager de Tinariwen y periodista, Andy Morgan, explica que en el país no hay una guerra contra la cultura, sino contra un modo de vida, contra la libertad. “En cierto modo, no es una guerra contra el terror, sino contra el amor”, escribe.

Mali es amor. Cuenta con una población donde más del 90% es musulmana y la religión no es el problema. La intolerancia es lo que hace que la sociedad quiebre y se ponga en juego el patrimonio cultural. Mali Blues es un legado visual hecho para dar voz a los que luchan contra la amenaza islamista radical. Por esos músicos que como Bassekou Kouyaté expone “tienen voces más grandes que las armas”.

Bassekou Kouyaté y Fatoumata Diawara en un fotograma de Mali Blues

Bassekou Kouyaté y Fatoumata Diawara en un fotograma de Mali Blues

* Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del Film Africa.

La Revolución no será televisada: obra maestra de la cultura urbana

La sexta edición del consolidado Film Africa sigue incrementando el tránsito de los cinéfilos que acuden a esta cita anual. Las redes sociales participan del ruido cultural del festival, con intentos de reventas o restituciones de las disputadas entradas para cada una de las películas, pues la gran mayoría se agotan un par de días antes de la proyección. Uno de los títulos más esperados es The Revolution won’t be televised (La Revolución no será televisada), de la directora mauritano-senegalesa Rama Thiaw. El documental ha marcado historia en el mundo del cine tras ser la primera película con un 80 por ciento de producción senegalesa seleccionada y galardonada en el prestigioso festival de cine internacional de Berlín, la Berlinale.

914c5ee6c5ec62067db9091470238cecDesde entonces, la película circula por numerosos festivales, tanto en Senegal como en otros países africanos, europeos y americanos. Si este hecho no fuera bastante para generar expectación entre el público londinense, Film Africa añadía no solo la invitación a la directora, para presentar y debatir sobre la película tras la proyección, sino también, un concierto gratuito del grupo de rap senegalés que protagoniza la película, Keur Gi, en el ático del cine, The Ritzy, en pleno corazón del barrio de Brixton.

Si ya en Wiriko contábamos la paradójica situación actual de este Reino (des)Unido desde la votación del Brexit, en la crítica de A United Kingdom (Amma Asante, 2016, Reino Unido), en este caso, los perjudicados han sido los artistas del grupo de rap Keur Gi, a quienes las fronteras de Reino Unido han cerrado sus puertas, denegándoles el visado, por cambios de los requisitos provocados por la salida del país británico de la Unión Europea. “Es la primera vez en la historia de Film Africa que se deniegan visados, y el caso de los raperos de Keur Gi no ha sido aislado”, informan los organizadores del festival, de la Royal African Society.

(Foto: Iván González. Web: www.ivangonzalez.co.uk)

El documental se sitúa a principios de 2012, cuando la sociedad senegalesa, protagonizada por los raperos del grupo Keur Gi, Thiat y Kilifeu, se movilizó de manera masiva, saliendo pacíficamente a las calles para reclamar la invalidación de la candidatura de Abdoulaye Wade, quien llevaba en el gobierno 12 años (2000-2012), y que sería derrotado por la oposición Macky Sall (2012-presente). Justo este año, el actual presidente de la república senegalesa lanzaba un referéndum de proyecto de reforma constitucional para acortar el mandato de siete a cinco años, que podrá aplicarse desde la próxima presidencia, según lo indica la constitución senegalesa – y lo cual dio lugar también a mucha polémica entre el colectivo de Y’en A Marre, como muestra la canción “Non au référendum”, y otros raperos de referencia, como Xuman y Keyti, del Journal Télévisé Rappé.

El título del documental de Rama Thiaw está inspirado en la canción de los setenta de Gil Scott-Heron, miembro del movimiento americano marxista The Black Panthers: “Cuando escuché la canción The Revolution won’t be televised encontré un eco entre nuestra revolución y la que sucedió en los setenta en Estados Unidos”, apuntaba la directora. “Los medios no cubrían correctamente nuestra revolución. Hablaban simplemente de algunos raperos que estaban haciendo ruido. Eso es porque todavía estamos colonizados. Al gobierno francés no le convenía tener una ‘primavera negra’ porque ya tenían una ‘primavera árabe’”. Eso fue lo que motivó a la directora a filmar la revolución no televisada, acompañando el día a día de la revolución, las manifestaciones en las calles, en plena plaza del Obelisco de Dakar o de la Independencia, en las distintas regiones senegalesas donde se hizo una campaña de sensibilización para salir a votar la oposición de Wade, en espacios de discursos y representación con una música cargada de compromiso político, o en la casa donde se reunían los miembros del colectivo “Y’en A Marre” protagonista de la revolución, y liderado por los raperos de Keur Gi, Thiat, Kilifeu y el DJ Gadiaga, quienes, según declara Thiat en la película, encuentran que el mayor reto como artistas es aportar lo mismo que les ha dado a conocer como activistas.

Estos planos de documental observacional, interactivo, con una posición interna clave para contar la historia, en el día a día de la revolución, desde el acompañamiento de los raperos de Keur Gi, muestran una posición clave de la realizadora –quien ha logrado completar el film tras seis años de producción, con su propia compañía Boul Fale Images– para adentrarse en la revolución de un país tan pacífico “donde ver un arma sería tan raro como ver un dólar cayendo del cielo”, decía Thiaw. Según la directora, esa es la revolución, el día a día, lo que sucede entre bambalinas: “Una revolución no es lo que te muestra la televisión. Dura mucho tiempo. Es un largo viaje”. Otro de los retos era el lograr contar este momento histórico a través de una coherencia entre el fondo y la forma, ya que la directora considera que las diferencias entre cine de ficción y cine documental no están tan marcadas como se cree: “Para mí el colocar la cámara en un determinado ángulo es un acto político, yo no creo en la objetividad, y era muy importante cuidar la calidad técnica. Pasamos mucho tiempo calibrando las cámaras para conseguir por ejemplo una luz apropiada para filmar a negros, porque las cámaras están diseñadas para filmar a blancos”.

El resultado es una pieza donde sucesos reales se entremezclan con momentos de back-stage con los artistas, actuaciones de los raperos, paradas por distintas regiones senegalesas donde estos hablaban con los vecinos y les animaban a salir a votar por el cambio, entrevistas a los raperos por televisión con una edición multipantalla, editados rítmicamente, imágenes de videoclips de los raperos, primeros planos en plena oscuridad con una luz lateral en la que no solo hablan los raperos de manera individual, sino la poetisa y realizadora Khady Sylla –quien falleció en 2013 y a quien Rama Thiaw dedica su film–. El resultado es una obra maestra de la cultura urbana, en el que la narrativa audiovisual está compuesta por una armoniosa sintonía entre la estética del lenguaje de la cultura urbana y el fondo del contenido político de la revolución, con una cuidada edición sonora donde los testimonios, la lectura de la carta de Khady Sylla y los sonidos directos, se entremezclan con canciones de rap de la carga política de la movilización social.

Como realizadora, Rama Thiaw confiesa tener que enfrentarse a preguntas sobre género que la clasifican como mujer antes que como cineasta: “Cuando cojo una cámara, no pienso en si soy hombre o mujer. En un festival sobre mujeres me preguntaron que por qué en mi película sobre la lucha no salían mujeres, algo en lo que yo ni había caído. Es como si por ser mujer estuviéramos obligadas a filmar a mujeres. Y en realidad sí había mujeres en la multitud, como en esta película, donde están en primera línea de la revolución, pero es como si parecieran invisibles. Yo creo que antes que nada somos seres humanos y que para ser iguales tenemos que ser diferentes. Eso sí, como mujeres, tenemos que conquistar el espacio público. Algunas mujeres no querían ser filmadas o hablar ante la cámara, pero ellas también hicieron la revolución, como yo, detrás de las cámaras”.

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A pesar del mal sabor de boca que había dejado el anuncio de la denegación de visados a los raperos, el festival logró complacer a su público con el concierto de uno de los koristas senegaleses con base en Reino Unido más destacados, Kadialy Kouyate. El músico, del sur de Senegal, está a punto de lanzar su último álbum, “Na Kitabo” (en mandinka, “mi libro”), y ha tocado en numerosos festivales y salas de prestigio por todo el mundo, tanto como solista como en colaboración con números artistas de distintos países. En un ático del histórico cine de Brixton, The Ritzy, tanto él como su banda, Kadialy Kouyate and Sound Archive, mostraron un absoluto dominio de la escena ofreciendo al público un espectáculo de gran energía y riqueza sonora.

Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko como medio oficial del Film Africa está ofreciendo a la audiencia en español.

Fonko: La nueva África a través de su música urbana

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El documental Fonko, que comenzó con un proyecto materializado en una serie de seis capítulos en 2014, ha terminado condensando en 86 minutos de sobredosis de decibelios, agitación corporal, reivindicación política y en un escaparate perfecto para voltear la mirada hacia el continente africano donde existe, desde hace varios años, una escena musical contemporánea llena de vitalidad. Fonko, que en idioma wolof hace referencia a “cuidar del prójimo”, a construir algo entre todos, explora el África del siglo XXI a través de su música urbana y de las revoluciones musicales que han tenido lugar en los géneros del kuduro, coupé-décalé, ndombolo, azonto, afrobeat, hiplife o el house sudafricano. Para este recorrido cuenta con destacados músicos como la leyenda senegalesa Youssou N’Dour, el sudafricano Hugh Masekela, la artista nigeriana-alemana Nneka, el artista ghanés-rumano Wanlov, o la rapera senegalesa Sister Fa.

Producida por Tobias Janson, y dirigida por los suecos Goran Olsson, Daniel Jadama y Lars Loven, este equipo recorrió durante tres años las principales capitales africanas para producir este documental en el que han contado con la colaboración en la voz narrativa de la rapera y compositora sueca Neneh Cherry (en 1994 cantó junto a Youssou N’Dour el éxito Seven Seconds y, en 2007 nuevamente formó un dueto con la estrella senegalesa para interpretar Wake up Africa). Como afirma Cherry: “La música africana ha influido desde hace décadas en lo que ahora llamamos la música moderna sin ningún tipo de reconocimiento. Ahora, las circunstancias han cambiado porque hay toda una generación de jóvenes músicos que están dispuestos a comerse el mundo y reclamar sus derechos con plena legitimidad”. Para los que se encuentren en Barcelona, podrán disfrutar de este documental el próximo sábado 29 de octubre y martes 1 de noviembre en el marco del Festival In-Edit.

Según matizaba en una entrevista reciente Lars Loven su acercamiento a las músicas africanas comenzó con la música negra. “Personalmente solía ser DJ y ponía mucho soul de Estados Unidos. Cuando empecé a buscar nuevos etilos musicales encontré las músicas de los 60 y los 70 de Nigeria y Ghana y ahí comenzó mi interés. Al principio fue el amor a la música pero después comencé a ver los contextos detrás de esta”. Fonko, además mantiene una constante bajo los pensamientos y frases del gran y único Fela Kuti.

Algunas paradas del viaje

Sudáfrica y Nigeria son dos países con un pasado turbulento que constituyen hoy en día las grandes potencias económicas y culturales de África. Sudáfrica es el hogar de estilos como el kwaito, el house o el shangaan electro. Nigeria, por su parte, es un país de extremos con  una abultada brecha de ingresos, corrupción arraigada y conflictos con una base religiosa importante. Es aquí donde se puede encontrar lo más comercial del continente, pero también una música de protesta feroz, como la del mencionado Fela Kuti, uno de los cantantes reivindicativos más influtentes de todos los tiempos.

África occidental francófona no solo está unida por el idioma francés y una moneda común, sino también por las tradiciones y las lenguas de los vastos imperios que dominaron la región mucho antes de que llegara el colonialismo. Dakar es el centro incomparable de la escena hip hop en el África occidental. Surgida de Costa de Marfil con influencias parisinas, el coupé-décalé se ha convertido en una gran influencia en todo el África occidental. En Burkina Faso, el nombre y discursos del ex líder icónico, Thomas Sankara es utilizado por los músicos para protestar contra las injusticias y la corrupción. Y en Benín, los veteranos de la Orchestre Polyrytmo dan un fondo histórico de la escena musical de hoy.

Ghana y Angola son dos de las economías de más rápido crecimiento en el mundo, así como dos países en medio de una revolución musical. Angola todavía está tratando de llegar a una paz espiritual y física con las tres décadas de guerra civil que atormentaron el país. Mientras tanto el kuduro (culo duro), lo que podría ser descrito como el tecno extravagante del gueto, ha surgido de los barrios pobres para convertirse en el mayor activo cultural del país. Ghana, por su parte, tiene una tradición totalmente diferente de la educación y la democracia. Sus músicos no tienen que luchar por la libertad de expresión y, por lo tanto, centrarse en lujos artísticos como la ironía y el pastiche. Esta libertad se utiliza, no solo para desafiar a los sentimientos religiosos y tradicionales, sino también, para crear nuevos estilos como el azonto.

Orígenes y descendientes, un retrato de la diversidad étnica de Guinea Ecuatorial

Por Elena García*

Artista bubi. Foto cortesía del equipo del documental Orígenes y descendientes dirigido por Pedro Mba Ndong

La cantante Nelida Karr. Foto cortesía del equipo del documental “Orígenes y descendientes” dirigido por Pedro Mba Ndong

A raíz del nombramiento del portugués como tercer idioma oficial de Guinea Ecuatorial, el país luso empieza a plantearse ampliar su presencia en el africano y añadir, a la ya existente Oficina de Comercio Exterior, la apertura de una Embajada y un Centro Cultural propios en la capital, Malabo, que vendrían a sumarse a la oferta cultural y artística que ya suministran el Centro Cultural Español, el Instituto Cultural de Expresión Francesa y el Centro Ecuatoguineano (hace tiempo escindido del Español).

Con el objetivo de colocar la primera piedra de anclaje de la cultura lusófona en Guinea Ecuatorial, así como de llevar a cabo una muestra de la enorme diversidad étnica, cultural, lingüística y social del país, la CPLP (Comunidad de Países de Lengua Portuguesa) convocó en octubre del año pasado un concurso entre todos los cineastas del mismo en el que la ACIGE (Asociación de Cinematografía de Guinea Ecuatorial) resultó elegida con un proyecto documental sobre la diversidad étnica del país: Orígenes y descendientes dirigido por Pedro Mba Ndong, presidente de la asociación.

“La idea surgió –como comenta el propio Pedro– a raíz de la pérdida de identidad y tradición culturales que se aprecian sobre todo entre los miembros más jóvenes de la población”. Guinea ha experimentado en los últimos 20 años, tras el descubrimiento de petróleo a finales de la década de los 90, un vertiginoso cambio económico y social, pasando de ser una economía eminentemente agrícola a estar inmersa de lleno en el sistema mundo capitalista como uno de los mayores productores de crudo de África. Este cambio en el modelo productivo ha venido aparejado no solo del crecimiento en infraestructuras y recursos que se observa en todo el país, sino también, –y a pesar del enorme orgullo étnico aún existente–, de una rápida perdida de todo el gran acervo cultural acumulado durante siglos y que Mba pretende visibilizar con este documental. Con el fin de paliar esa pérdida y recordar y reforzar la complejidad y diversidad del país, el joven cineasta se ha visto embarcado en este desafío que supone para él su primer gran proyecto de envergadura internacional.

Foto cortesía del equipo del documental Orígenes y descendientes dirigido por Pedro Mba Ndong

Foto cortesía del equipo del documental “Orígenes y descendientes” dirigido por Pedro Mba Ndong

Preguntado sobre lo aprendido a lo largo de la experiencia del rodaje, menciona la historia que desconocía de su propio país, así como las costumbres ancestrales y las tradiciones orales propias de las distintas etnias. Para el trato con cada una de las etnias participantes en el documental (los fang, el grupo mayoritario, los bubi, los fernandinos o criollos, los ndowe, los annoboneses y los bisios) se ha contado con la intermediación de una autoridad moral de las mismas que ha asesorado además sobre los posibles interlocutores e intervinientes. Ese trato, explica Mba, “no ha sido siempre fácil ni el interés de las distintas etnias por participar siempre el mismo, desgraciadamente”. Además para el director ha sido una enorme responsabilidad que se ha tomado con extrema seriedad, pues siente al mismo tiempo estar representando a la ACIGE como entidad y a su propio país y culturas ante la CPLP y el mundo.

Aunque los españoles desconocemos prácticamente toda nuestra historia común con el único de todos los países africanos hispanohablantes, este crisol de culturas es uno de los retos a los que se ha tenido que enfrentar el guión. Así nos lo hace notar César Ruiz de Diego, el productor español que con optimismo se ha visto embarcado en la tarea de coordinar a un equipo de seis personas, que ha rodado con los medios técnicos más actuales a lo largo de todo el territorio del país: desde la remota isla de Annobon o la paradisiaca Corisco, a la zona continental de Bata y la capital Malabo, en la isla de Bioko

Equipo en acción. Foto cortesía del equipo del documental Orígenes y descendientes dirigido por Pedro Mba Ndong

Equipo en acción. Foto cortesía del equipo del documental “Orígenes y descendientes” dirigido por Pedro Mba Ndong.

Ruiz de Diego reside en el país de forma intermitente desde 1997 y nos comenta con humor que “la verdadera experiencia sería poder grabar un documental sobre la grabación del propio documental en sí” puesto que el menor nivel de planificación y de trabajo de pre producción previos con respecto a España hace que la chispa de la improvisación africana regale al equipo “momentos inolvidables e instantes ricos en experiencias irrepetibles”

Rodado exclusivamente en lenguas locales para ser posteriormente subtitulado al portugués, habrá que esperar hasta comienzos del año que viene para que Orígenes y descendientes haga su estreno de forma oficial y empiece a ser distribuido, en principio, exclusivamente por canales y medios de países de habla lusófona. Ojalá que con el tiempo pueda serlo también en España, país que comparte con Guinea Ecuatorial una amplia y compleja historia común que este documental ayudará a visibilizar.

* Elena García es Licenciada en Filosofía y Antropología Cultural y Social por la UCM, Máster en Cooperación y Postgrado en Género, ha colaborado con diversas ONG’s y residido en Senegal y Guinea Ecuatorial durante los dos últimos años.

La vida renace en Agbogbloshie

Fotografía titualda "One man's trash", de la fotógrafa Heather Agyepong.

Fotografía titualda “One man’s trash”, de la fotógrafa Heather Agyepong.

El verano

El descanso

El agua

El mar

Y el ahogo.

 

Pero solo una parte del hemisferio

Sucumbimos al plan R-E-N-O-V-E del cuerpo bronceado.

Y de la compra de algún placer (ahora siempre electrónico)

por los (seis) meses de esfuerzo.

 

Otros amplían un desierto con nuestros desechos.

Se levantan tan temprano que no hay compra que se les resista.

La ley de la oferta y la demanda de vivir dignamente.

 

Porque yo no soy tonto.

 

Scrap Metal Men

Documental “Scrap Metal Men”, del director Alex Wondergem.

Antes de salir por la puerta del despacho y cerrar temporalmente la oficina camino de algún rincón sin ruido y aire limpio os recomendamos un parón. Son solo 12 minutos. De reflexión y humanidad. Mejor dejar la paternidad a un lado y junto al director Alex Wondergem girar, una vez más, la mirada a Agbogbloshie, en Ghana, probablemente el vertedero de basura electrónica más grande del mundo. Porque tendremos algún chance para brindar, mojito en mano, por un sistema aterrador y, venga pues, por una reflexión sobre la materialidad en la que nos encontramos.

El documental Scrap Metal Men (Chatarrero) tiene la intención de explorar la tergiversación de Agbogbloshie y de la realidad socioeconómica resultante, esa parecida a un espacio apocalíptico sin vida. En la última década, Agbogbloshie, ubicado en Old Fadama, el barrio más empobrecido del país y que acoge a unas 80.000 personas, ha recibido una afluencia de atención de medios de comunicación internacionales representando el espacio como el resumen de la estética de la pobreza. El área recibe visitas regulares de periodistas, investigadores académicos y fotógrafos que enmarcan sus trabajos de acuerdo a una distorsión histórica de la identidad africana.

Normalmente este vertedero es retratado de manera estática aunque realmente forme un tejido de reciclaje funcional con ánimo de lucro. Las condiciones son extremadamente duras y la contaminación es abundante, pero sus habitantes se las arreglan para vivir, trabajar y ahorrar dinero para sus familias.

Así que bajo este marco, el realizador Wondergem afincado en la capital de Ghana, Accra, intenta desafiar estas malas interpretaciones, la de una mirada que perpetúa el arquetipo de Agbogbloshie como una distopía que ha anulado la ética de la obsolescencia programada que contienen los productos digitales. El documental espera arrojar luz sobre las narrativas que a menudo están ocultas y permite que los sujetos sean visibles de una forma naturalizada. Que lo disfruten.

Feliz verano.

Días de músicas en la gran pantalla

Nuestro homenaje cinéfilo en el día de la música no podía ser otro que el de mostrar algunos títulos interesantes que nos harán viajar por la geografía del continente entre músicas con aires tradicionales, electrónicos, clásicos o incluso pop. Once retratos personales sobre una de las expresiones artísticas más importantes de África. Allá vamos.

Under African skies

Joe Berlinger | Sudáfrica | 2012 | 89 min.

Paul Simon regresa a Sudáfrica para explorar el viaje de su álbum Graceland, incluyendo la reacción política que recibió por presuntamente romper el boicot cultural de las Naciones Unidas de Sudáfrica diseñado para acabar con el régimen del apartheid.

Futur sound of mzansi

Lebogang Rasethaba & Nthato Mokgata (Spoek Mathambo) | Sudáfrica | 2014 | 76 min.

Bienvenido a la fiesta del post apartheid. La película explora el pasado, presente y futuro de la música electrónica y sus múltiples subgéneros. Y la misión era simple: reunir a todos los participantes de una manera u otra que están esculpiendo los decibelios en las salas de baile de Sudáfrica y que se han convertido en abanderados del continente con esta corriente musical.

Last song before the war

Kiley Kraskouskas | Malí | 2013 | 74 min.

El documental narra la historia del festival de música más remoto del mundo, el Festival del desierto, y la batalla de cómo se originó. La idea madre era continuar las tradiciones de las fiestas más grandes tuareg como el takoubelt, en Kidal, y el temekannit, en Timbuctú. Esas fiestas eran estrictamente para tuaregs y se basaron en momentos en los que el pueblo nómada se reunía para la toma de decisiones y la colaboración entre la comunidad. A dos horas de Timbuctú, el festival se ha llevado a cabo desde el año 2000 en el oasis Essakane. Un símbolo de la paz entre los nómadas y la sociedad maliense hasta que los yihadistas y los rebeldes tuaregs prohibieron la música y el silencio del festival. Sin embargo, este año se ha vuelto a celebrar con fuertes medidas de seguridad apuntalando un lugar de encuentro para la reflexión y la hermandad alrededor de las artes.

As old as my tongue

Andy Jones | Zanzíbar | 2006 | 66 min.

Documental que realiza un retrato de Bi Kidude, una leyenda de la música Taarab en África del Este, especialmente en su isla de Zanzíbar, donde murió el 17 de abril de 2013. Kidude, quien no sabía su edad pero aseguraba tener más de 100 años, fue grabada por el director Andy Jones durante tres años en Zanzíbar y en sus giras. Un leyenda llevada a la gran pantalla de una forma muy sensible.

Salif Keita, a man with a message

Jean-Pierre Limosin | Malí | 1996 | 52 min.

Un retrato documental sobre Salif Keita en Bamako, la capital maliense, para aprender acerca de sus fuentes de inspiración, de su familia, de sus influencias musicales, y de su afirmación de la identidad africana.

Réve Kakudji

Ibbe Daniëls, Koen Vidal| República Democrática de Congo | 2013 | 64 min.

En el momento en el que Serge Kakudji, siendo un niño, vio a una cantante de ópera por primera vez en la televisión congoleña, se enamoró de este estilo musical. Fue entonces que decidió convertirse en un contratenor célebre. Y a pesar de las muchas dudas de su familia,Kakudji está decidido a llegar a la cima del mundo de la ópera.

Homegrown: Hiplife in Ghana

Eli Jacobs-Fantauzzi | Ghana | 2008 | 58 min.

África occidental tiene una larga tradición de narradores conocidos como griots que combinan la poesía, la música y la historia oral. En Ghana, un grupo de jóvenes africanos continúan este legado y aquí, la música Hip-Hop, se ha fusionado hasta dar lugar al nacimiento de un nuevo género musical llamado Hiplife.

Cesaria Évora, Morna Blues

Anais Prosaic & Eric Mulet | Cabo Verde | 1996 | 52 min.

A la vez generosa y secreta, balanceándose al ritmo de las olas, esta película dibuja a Cesaria Évora, la reina indiscutible de la morna, el blues del Cabo Verde.

Omar Sosa: out of Africa

Olivier Taieb | Sudán, Etiopía, Kenia, Burundi | 2010 | 52 min.

Un viaje musical e íntimo a través de África del Este con el varias veces nominado al Grammy, el compositor cubano, pianista y director de orquesta, Omar Sosa. El artista, influenciado por la música afrocubana tradicional, graba en este trabajo documental una canción con un músico local en cuatro países diferentes.

 Abdullah Ibrahim: A struggle for love

Ciro Capperlari | Sudáfrica | 2005 | 58 min.

Abdullah Ibrahim es un pianista y compositor, el sucesor de Duke Ellington tanto en la vida real como en la espiritual; un icono de la música africana, la personificación viviente del jazz tradicional sudafricano.

Trances

Ahmed El Maanouni | Marruecos | 1981 | 86 min.

La película, una joya contemporánea del cine, sigue el camino de una de las bandas más famosas de Marruecos durante un período conflictivo. Se pueden escuchar las voces suaves de los músicos que llevan mensajes universales sobre el amor y la unidad salpicada entre maravillosas escenas de música y actuaciones. Trances es la primera película restaurada por la World Cinema Foundation de Martin Scorsese.

Beyoncé, ¿la nueva Black Panter?

Ser negro es, de nuevo, un punto mediático caliente. Una lucha que en el último año se ha hecho más visible. Una ola de racismo parece haber copado cientos de titulares después de numerosos incidentes en Europa, el Caribe, África y, sobre todo, Norteamérica. Pero movimientos como #BlackLivesMatter subrayan que el camino para su erradicación todavía no ha acabado y que la lucha continúa. El último episodio ha sido la actuación de Beyoncé en el descanso de la Super Bowl, el espectáculo más caro del mundo y el más visto. Una golosina si quieres enviar un mensaje activista. O una bomba si, tu baile, es una clara alegoría al partido de los Panteras Negras y a Martin Luther King.

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La artista presentó su nuevo trabajo Formation, en el que hace referencias directas a la condición de los negros en EE.UU. y, aquí está el plato caliente, una coreografía alusiva al activismo radical negro de los años 60. Fueron cinco minutos de espectáculo suficientes para abofetear a una buena parte de la sociedad norteamericana que ladea el torso frente a las desigualdades y discriminación que sufre esta población. Un espectáculo sin tabués contenidos. Aunque fue un despropósito para muchos otros como el antiguo alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, quien catalogó el show como un claro “ataque a la policía”.

Y quizás lo que separa a Formation de la mayoría de sus otros trabajos es la fuerte alusión a la raza, la identidad y la cultura negra. El videoclip contiene imágenes de mucha carga simbólica como el coche de policía que se hunde en Nueva Orleans (en una clara evidencia al desacierto administrativo y burocrático vivido en esta región después del huracán Katrina) o el de un chico joven negro con capucha delante de una fila de policías, imagen en la que se puede apreciar una pared pintada con las palabras “dejar de dispararnos”.

Una semana después, y ante el revuelo formado por Beyoncé se presentaba el aclamado documental de Stanley Nelson, Los Panteras Negras: vanguardia de la revolución. Es el primer largometraje documental en el que se explora el partido de los Panteras Negras, su importancia para la cultura estadounidense en general, su influencia en el despertar cultural y político de los negros, y las dolorosas lecciones cuando un movimiento de esta talla se descarrila. Nelson va directamente a la fuente, el tejido de un rico material de archivo con muchos protagonistas: desde la policía, los informantes del FBI, periodistas, partidarios y detractores, o blancos y negros afiliados que permanecieron leales al partido y los que lo dejaron.

Este “retrato definitivo del partido de los Panteras Negros”, según su propio director –de subida y final– apunta a pintar una historia completa y exacta de la organización nacionalista negra y revolucionaria. Una película que debería actuar como un recordatorio, como elemento necesario en los programas educativos para entender las dinámicas actuales en el país.

Como el propio Nelson afirma: “El ascenso y la caída del Partido Pantera Negro es una historia que no se ha explicado aunque los Panthers han sido parte de otras películas, o han habido historias sobre sus miembros de manera individual. Será la primera película sobre el partido”. Pero el documental no sólo se basa en la subida y la caída del movimiento, sino también en cómo los afroamericanos piensan hoy en día sobre sí mismos, sobre todo en la consideración de la acción reciente (y en adelante) colectiva dentro de las comunidades en todo el país. Una práctica clave de los Panteras era precisamente la vigilancia de los desafíos de autoridad por parte de los agentes de policía. Un documental necesario, sin duda.

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Dios ama Uganda, pero no hace falta que tanto

Cuando el dictador ugandés Idi Amín fue derrocado del poder en 1979, los cristianos evangélicos participaron en los esfuerzos estadounidenses para llevar atención médica y alimentos a millones de familias empobrecidas y desestructuradas en un país que había quedado prácticamente devastado. Esas actividades encajaban con los mandatos del Evangelio para estos cristianos. Pero en algún lugar de la historia, la compasión se convirtió en el anhelo de promover un dogma radical para hacerse con el control de la generación más joven de Uganda: más de la mitad del país de 35 millones de habitantes es menor de 15 años de edad. Y el infierno está lleno de buenas intenciones.

Gran parte de este documental impactante y triste dirigido por Roger Ross Williams, quien ganara un Oscar por su corto documental en 2010 Music by Prudence, se centra en la radiografía de la Casa Internacional de Oración (IHOP). Esta mega iglesia de Kansas City, bien financiada, fue fundada por Lou Engle, un creyente que condena y combate lo que él llama “los males gemelos”: el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo. En el trabajo de Ross Williams, se puede observar a jóvenes misioneros siendo entrenados como guerreros de la oración del siglo XXI: en una mano sostienen una Biblia adulterada y subrayada para predicar y enseñar las buenas nuevas; en la otra, advierten a los ugandeses que deben practicar la abstinencia y evitar la abominación de la homosexualidad.

La derecha cristiana norteamericana ve a este país como un terreno de pruebas para predicar su dogma en todo el mundo. Para avanzar en esa causa el documental nos introduce a Scott Lively, un predicador evangélico estadounidense que acusa a los homosexuales de ser los ingenieros del holocausto nazi y de la destrucción de lo que el llama “la familia tradicional en África”. Lively ha aparecido como una celebridad en varios programas de televisión en Uganda e incluso disertó en el parlamento ugandés sobre los peligros que los gays representan para la nación y para los principios cristianos. Actualmente está acusado de crímenes contra la humanidad y de abusos sexuales a menores.

Otro protagonista importante en la cruzada de odio contra los homosexuales es un predicador de Uganda formado en Estados Unidos, Martin Ssempa, que ha llegado a mostrar películas con contenido sexual explícito en sus sermones dominicales. Ssempa, que aparece ofreciendo un sermón anti-gay en el medio de una Iglesia y ataviado con un proyector en el que muestra imágenes pornográficas, ha sido denunciado por algunos observadores de derechos humanos que alegan que esta nueva religión ha avivado la homofobia y que se ha manifestado en una erupción de violencia callejera contra los homosexuales, incluyendo la muerte en 2011 del defensor de los derechos homosexuales en Uganda, David Kato.

Sin embargo, en un claro intento de ponderar el mensaje, el director Ross Williams presenta a dos clérigos valientes que se han pronunciado en contra de esta cruzada contra los homosexuales. Uno de ellos es el sacerdote anglicano Kapya Kaoma quien explica los esfuerzos de individuos y organizaciones en la derecha cristiana estadounidense por triunfar sobre el laicismo y “crear un renacimiento cristiano mundial”. Este tranquilo y elocuente sacerdote anglicano de Zambia, y quien se encontraba en Uganda, ahora se encuentra refugiado en Boston después de recibir numerosas amenazas de muerte.

Fragmento del documental en el que se aprecia como esta doctrina exógena y conservadora se ha extendido a las calles de Kampala, la capital de Uganda.

Fragmento del documental en el que se aprecia como esta doctrina exógena y conservadora se ha extendido a las calles de Kampala, la capital de Uganda.

El otro personaje pacificador que aparece es el obispo ugandés Christopher Senyonjo, un defensor de los derechos LGBTI durante mucho tiempo. A pesar de que fue excomulgado por el arzobispo de Uganda, Senyonjo continúa su activismo e incluso se ha expuesto públicamente en varias ocasiones como en el funeral de David Kato.

En Uganda, no fue hasta febrero de 2014 cuando el presidente Yoweri Museveni firmó una ley contra los homosexuales en la que también se obligaba a los ciudadanos a reportar cualquier sospecha de actividad homosexual a la policía, lo que provocó un aumento de los niveles de prejuicios, violencia y discriminación contra los LGBTI.

En agosto de 2014, sólo unos meses más tarde, la legislación fue anulada. La ley no fue aprobada al no tener el quórum requerido en el parlamento, es decir, que no hubo suficientes diputados presentes en la votación. La sentencia fue recibida con alegría por los activistas a pesar de que el veredicto se basó en razones técnicas y no en las preocupaciones morales o éticas. Pero la lucha xenófoba continuará…

Imagen en Kansas City donde una feligresa de la iglesia International House of Prayer (IHOP) señala con el dedo Uganda antes de viajar hasta el país.

Imagen tomada en Kansas City donde una feligresa de la iglesia International House of Prayer (IHOP) señala con el dedo el mapa de África antes de viajar hasta Uganda.

“My Nigeria” para el resto del mundo

AlJazeera lanza una serie documental de 6 capítulos para mostrar la cara más humana y creativa de Nigeria.

AlJazeera lanza una serie documental de 6 capítulos para mostrar la cara más humana y creativa de Nigeria.

Nigeria siempre es sinónimo de titulares. Pero su marca se encuentra desgastada, desdibujada y desprovista de cualquier serenidad aparente en los medios internacionales. Un país que desde lejos se presenta borroso y difícil de explicar a los ojos contaminados de sobreinformación. Una nación dentro de varias realidades y poderes donde los de casa buscan cobijo fuera y los de más allá (léase Estados Unidos) aprovechan la parte del pastel negro: petróleo y dólares.

Unos 173 millones de vidas (según datos del Banco Mundial) viven en el país más rico de África que cuenta con Nollywood, su industria cinematográfica considerada como la segunda del mundo en niveles de producción por detrás de la de la India (Bollywood) y por delante de Hollywood. Nigeria es también uno de los estados africanos más dinámicos a nivel de telecomunicaciones: en el año 2000, Internet World Stats contabilizó unos 200.000 usuarios; las últimas cifras son de 2011 y se estimaron unos 45 millones.

Pero Nigeria también es uno de esos países donde el despropósito del sistema-mundo se hace presente en todo su esplendor. La Oficina Nacional de Estadísticas dijo que en el 2010, el 60,9% de los nigerianos vivían en la pobreza absoluta. Y la cifra ha ido en aumento ya que la estimación en el 2004 fue de un 54,7%. La otra cara de la moneda tiene que ver con el petróleo. Nigeria es el mayor productor de África lo que ha atraído a una de las tasas de multimillonarios más elevadas del mundo (dos de los cinco top millonarios africanos son nigerianos y hombres).

Una de las imágenes utilizadas por AlJazeera para promocionar la serie My Nigeria.

Imagen de Kate Henshaw, conocida en el mundo de Nollywood por sus más de 70 películas y que decidió dejar el mundo de la ficción para pasar a la acción política.

Dos ejemplos para ilustrar. Porsche abría en 2012 en Nigeria su segundo concesionario en el continente tras Sudáfrica, esperando unas ventas anuales de 300 deportivos que rondan entre los 95.000 y 140.000 euros. El otro caso es el proyecto Eko Atlantic City, la construcción de una auténtica ciudad paralela a Lagos, que pretende anidar a un cuarto de millón de personas, en su mayoría, multimillonarios.

 

El eco de Aljazeera en el continente

Quizás por todos estos motivos el canal catarí AlJazeera pretende mostrar una realidad lo más aproximada posible a este gigante africano. A través de su nueva serie documental de seis capítulos tratará de contar las historias de la gente de a pie de la primera economía de África.

Cada capítulo se centrará en un personaje central que nos invitará a entrar en su mundo y mostrarnos su visión de Nigeria –de ahí el título de la serie My Nigeria– durante 30 minutos: desde el cómico Basketmouth, a la estrella de Nollywood convertida ahora en política, Kate Henshaw; desde el experto en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) Gbenga Sesan, hasta la diseñadora de moda Deola Sagoe; o desde el entrenador de fútbol Femi Bamigboye, a la mecánica Sandra Aguebor.

Otra de las imágenes promocionales de la serie My Nigeria

Otra de las imágenes promocionales de la serie My Nigeria

Los encargados de la producción son los directores sudafricanos Brian Tilley y Clifford Bestall y muestran ese dato estadístico que deslumbra: Nigeria es el hogar de uno de cada cinco africanos. Por lo que para avanzar más allá de los estereotipos sobre el continente parece que no hay un lugar mejor que Nigeria. La idea de los sudafricanos al mando parece clara: por cada noticia sobre la corrupción o el extremismo, hay millones de nigerianos que realmente mueven a esta gran potencia africana. Las descripciones de los episodios individuales siguen a continuación:

1. Basketmouth: hablando claro. Se estrenó el 24 de agosto.

Basketmouth es posiblemente el cómico más exitoso de Nigeria. Nacido y criado en el conocido suburbio de Lagos, Ajengule, descubrió su don para la comedia por casualidad. Y desde entonces no ha parado de dar su opinión de Lagos desde un punto de vista optimista, irreverente y desafiante.

2. Kate Henshaw: del cine a la política. Se estrenó el 31 de agosto.

Kate Henshaw, conocida en el mundo de Nollywood por sus más de 70 películas, decidió dejar la ficción para pasar a la acción política. Kate quiere cambiar cómo están representadas las personas en su ciudad natal de Calabar, en el sur de Nigeria.

3. Gbenga Sesan: el gurú de las TIC. Se estrenará el 7 de septiembre.

A Gbenga Sesan se le negó el acceso a la sala de informática de su escuela porque según los profesores no era lo suficientemente inteligente como para trabajar con un ordenador. Sin embargo, unos años más tarde, Gbenga es uno de los expertos en TIC del país con varios premios internacionales a sus espaldas y una empresa de consultoría. Parte de su fortuna la está destinando a la enseñanza de las TIC y a la preparación para ello de los jóvenes en los barrios más pobres de Nigeria.

4. Deola Sagoe: la diseñadora top. Se estrenará 14 de septiembre.

La moda de Nigeria ha estallado adornando las pasarelas de Nueva York, Johanesburgo y Mónaco. Parte de este éxito se debe a la persistencia de la diseñadora Deola Sagoe que ha tenido que ir contracorriente contra su padre Ade Ojo, un poderoso hombre de negocios que la ha desalentado activamente.

5. Femi Bamigboye – hombre de la localidad. Se estrenará el 21 de septiembre.

Femi Bamigboye es el entrenador y fundador de la Academia de Fútbol de Remo en la pequeña localidad de Iperu. Femi ha logrado producir una cantera de jugadores jóvenes que representan a Nigeria al más alto nivel, un logro si se tiene en cuenta que el país tiene más de 173 millones de personas. Además, Femi no es sólo un entrenador de fútbol, sino un pastor que cada domingo predica bajo el cobertizo de su iglesia en medio de la espesura del bosque que rodea Iperu.

6. Sandra Aguebor: la primera mecánica del país. Se estrenará el 28 de septiembre.

Sandra Aguebor es la primera mujer mecánica de Nigeria. Creció en la ciudad de Benin, en el seno de una familia polígama en la que su madre la desalentó desde pequeña: las tardes de ocio las pasaba arreglando motores en lugar de hacer las tareas que el sistema patriarcal ha asumido que tienen que desempeñar las mujeres. A pesar de las adversidades, ha implementado la creación de una red de mujeres mecánicas que se está diseminando de ciudad en ciudad con el foco puesto en las trabajadoras sexuales, huérfanas y víctimas del tráfico ilegal. Su Lady Mechanic Initiative se ha extendido ahora al norte con su primer proyecto en Kano, donde la respuesta de las mujeres musulmanas no tiene precedentes.

AfriDocs: el poder de la televisión por satélite

AfriDocs-logo

Cada semana. No falla. Es una apuesta realmente arriesgada teniendo en cuenta las dinámicas televisivas de los últimos tiempos. AfriDocs está manteniendo su objetivo firme de emitir todos los lunes y jueves por la noche documentales internacionales africanos y otros que han sido seleccionados, con el continente como telón de fondo, en 49 países de África.

Con el poder de la televisión por satélite para llegar a nuevas audiencias, “exponer los mejores trabajos de cine documental africano y que la gente de todo el continente pueda debatir sobre ellos es toda una satisfacción”, comentan los sudafricanos de Steps premiados por su producción documental, en colaboración con Bertha Foundation. El público está respondiendo a la oportunidad de ver historias reales de africanos en los canales DStv y GOtv que no sólo se ocupan de muchos de los desafíos a los que se enfrenta el continente, “sino también de historias que muestran la heterogeneidad del continente, sus muchas culturas y lenguas”, subrayan desde la iniciativa Afridocs.

Como afirma el productor ejecutivo de Steps en Ciudad del Cabo, Don Edkins: “Se han rodado muchas películas documentales en y sobre África, pero muy pocas han sido vistas por un público africano. Esto anuncia una nueva era de la distribución para el continente”.

En este mes de junio AfriDocs apuesta por la música del continente y su diáspora. Prueba de ello es la emisión de Fonko, una serie documental que destaca la nueva música de Nigeria, África francófona y África del Sur. Otros títulos musicales de este mes incluyen Trances, una de las primeras películas restauradas por la World Cinema Foundation de Martin Scorsese, que cuenta la historia de las bandas más famosas de Marruecos.

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Fonko

La verdadera revolución de la música está ocurriendo en África. Narrada por la voz inconfundible de la cantante Neneh Cherry y reuniendo a los más influyentes músicos, DJs y blogueros de Angola, Senegal, Nigeria, Ghana y otros países de África en el corazón de sus ciudades natales, Fonko recorre en sus seis episodios las claves del importante cambio social y político que está presenciando África en los últimos años a través de su música.

Mientras el sur de Europa se desmorona, Angola es el país, a nivel mundial, que más está creciendo económicamente. En ciudades africanas que presencian un rápido desarrollo, y los músicos que las habitan están creando sonidos que van a definir a toda una generación. Música urbana como el kuduro, kwaito el coupé-décalé o el azonto han surgido como consecuencia de cambios sociales y han conformado una nueva identidad Africana derivada de la conciencia post-colonial.

Dakar (Senegal) es el epicentro del hip hop en el África occidental que junto con el coupé-décalé están barriendo desde hace varios años las pistas de bailes. En Burkina Faso, el nombre y los discursos de Thomas Sankara son utilizados por músicos para protestar contra las injusticias y la corrupción. En Benín, los veteranos de la Orchestre Polyrytmo dan un fondo histórico a la escena musical de hoy… Una pieza audiovisual e histórica maravillosa.

The dream of Shahrazad

El sueño de Sherezade es un largometraje documental que localiza la expresión política egipcia antes, durante y después de la revolución mezclado con tintes de actualidad en Turquía y el Líbano. Todo bajo un marco histórico y cultural más amplio: el de la narración y la música. Más concretamente, se examina el legado de la famosa colección de historias conocidas como Las mil y una noches.

Trances

La película de 1981 sigue el camino de una de las bandas más famosas de Marruecos. Ellos obtienen su música de los últimos mil años de la historia marroquí y africana. Se pueden escuchar las voces suaves de los músicos, que llevan mensajes universales sobre el amor y la unidad salpicada entre muchas escenas maravillosas de sus actuaciones. Trances es la primera película restaurada por World Cinema Foundation de Martin Scorsese.

 

Virunga, un parque, un documental

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El director británico Orlando von Einsiedel es el responsable del documental Virunga, su primer largo, y que le sirvió para colarse entre los nominados de los  OSCARS 2015. La película, que pudo verse en España en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Medio Ambiental (FICMA), muestra la complejidad política, económica y social que rodea al Parque Nacional de Virunga en la República Democrática del Congo (RDC).

Virunga, producido con la ayuda de Leonardo DiCaprio, comienza con un entierro. El de Kasekera. Otro ranger más que se deja la vida para combatir a los cazadores furtivos. Otro más de los 130 agentes forestales que han muerto desde 1996 en el parque nacional más antiguo de África y conocido por sus gorilas.

Orlando von Einsiedel, director del documental Virunga/ virungamovie.com

Orlando von Einsiedel, director del documental Virunga/ virungamovie.com

En Virunga se refugia un cuarto de los 880 gorilas de montaña que quedan en el planeta. Ellos, también protagonistas del documental, “no son King Kong y su mirada puede cambiarte la vida”, describe el propio Orlando. Las fotografías de otro entierro, esta vez el de nueve gorilas de montaña abatidos en 2007, puso de manifiesto el peligro de esta especie que cuenta con un orfanato en Rumangabo, en el sector sur del parque. “Se deduce que sin gorilas no habrá razón para proteger el parque”, dice Andre Bauma, uno de los cuidadores del orfanato de gorilas de Rumangabo, al sur del parque.

Orlando von Einsiedel pensó estar en “Parque Jurásico” cuando visitó Virunga por primera vez. “Montañas de más de 5.000 metros, volcanes, una jungla que se extiende por miles de kilómetros, los gorilas”, explica el director cuya primigenia intención fue la de hacer un documental basado en el día a día de los rangers. “Lo que me llevó allí no fue la belleza natural sino que el parque se centra en las personas, en usar sus medios para traer desarrollo económico a sus pobladores”, dice von Einsiedel.

Y en esa rutina se encontraba SOCO International, una multinacional petrolífera del Reino Unido que había iniciado sus operaciones en el parque nacional en 2007.

“Están amenazando una parte de nuestro planeta que es única. El dinero está fomentando toda clase de intereses sospechosos que van desde grupos rebeldes a autoridades corruptas”, describe resignado von Einsiedel. Su idea original cambiaba de dirección y emprendía una investigación sobre las prácticas de SOCO en un espacio reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad desde 1979.

Con 300 horas de video y tras pasar casi un año viviendo en Virunga, von Einsiedel no dejó pasar la oportunidad de filmar en cubierto las prácticas corruptas de SOCO en el parque. “Los agentes forestales ya estaban investigando y nosotros pusimos la tecnología necesaria. Nadie sabía lo que estábamos grabando porque no queríamos poner en riesgo la vida de nadie. Pensaban que grabábamos documentales sobre los gorilas”, explica el director quien además contó con la ayuda de la periodista francesa Melanie Gouby para destapar las maniobras de la compañía británica.

Entre las evidencias del documental están las relaciones de la multinacional con altos cargos del ejército congolés, las intimidaciones recibidas por aquellos opositores a las prospecciones petrolíferas o las conexiones con el grupo rebelde M23 que por entonces ocupaba el flanco sur de Virunga.

En pleno rodaje del documental el equipo vivió en primera línea el conflicto armado entre el ejercito congoleño y el grupo rebelde M23 /virungamovie.com

En pleno rodaje del documental el equipo vivió en primera línea el conflicto armado entre el ejercito congoleño y el grupo rebelde M23 /virungamovie.com

“Vimos en el parque un reflejo de lo que lleva ocurriendo en el Congo durante más de cien años: intereses foráneos vienen al país y toman sus materias primas dejando desamparados a la población”, comenta von Einsiedel.

Hay un dicho que se ha convertido en credo entre los congoleses. “El país más rico del mundo con la gente más pobre”. La riqueza mineral, aquella que abastece a las empresas tecnológicas, se une a la sed de petróleo como pretextos para que Virunga se encuentre en peligro constante. Esta gema de la biodiversidad además se ha visto machacada por las secuelas del genocidio ruandés de 1994, los conflictos armados y la lucha de intereses. La cotidianidad del espacio natural va ligada a la amenaza de un ecosistema que sigue siendo “una de las esperanzas que la República Democrática del Congo tiene para el desarrollo económico y la estabilidad. Para conservar el parque hay que escuchar los problemas de las personas”, explica von Einsiedel.

Y para ello la figura del director del parque nacional es vital. Emmanuel De Merode, clave en la realización del documental, lleva en Virunga desde 2008 y ha tenido que sufrir las consecuencias de tan complejo cargo. Hace un año sobrevivió a un intento de asesinato en una emboscada tras presentar un informe sobre las operaciones de SOCO en el área. Ya restablecido, lucha por sacar adelante Virunga Alliance, un proyecto cuyo objetivo es crear 60.000 puestos de trabajo para 2025.

“Hay alrededor de 10.000 rebeldes en el área. Si se crea empleabilidad el porcentaje de que un joven tome un arma se reduce. Así es como se crea paz de manera permanente. No sólo son los animales lo que está en riesgo”, advierte von Einsiedel.

Pero el proyecto sigue amenazado por el capital occidental. Una vez finalizados los exámenes sísmicos, SOCO cesó sus operaciones en Virunga el pasado junio. Sin embargo, la petrolera espera a que el gobierno congolés desclasifique la zona en la que se pretende realizar la búsqueda de petróleo. De ser aprobada, la medida haría que el parque nacional perdiera su estatus de Patrimonio de la Humanidad y todos los esfuerzos por hacer de la región un lugar sostenible caerían en saco roto. “No creo en esta compañía. Si de verdad fueran claros en sus intenciones dirían categóricamente que no volverían incluso si los límites del parque cambian”, comenta reacio von Einsiedel.

En lugares como Virunga, muchas empresas hacen de la palabra desarrollo un dogma de fe. La construcción de carreteras, escuelas y centros sanitarios junto con el discurso sobre la empleabilidad seducen a muchos que se convierten a esta nueva religión recolonizadora.

“La opción de las multinacionales es rápida. Es dinero que sólo beneficia a gente que ya está en el poder. Hay que tener paciencia”, dice von Einsiedel. Pero la apuesta por la explotación sostenible de los recursos es un camino de largo recorrido a los que muchos no están dispuestos a emprender y menos cuando el dinero tienta.

“Las materias primas necesitan ser vendidas a occidente. El asunto es cómo hacerlo de la forma correcta, con vías que no sustenten la corrupción o amenacen a los Derechos Humanos. El petróleo no es eterno mientras que si se majea adecuadamente, el parque durará para siempre. Las compañías occidentales tienen que llegar a acuerdos de mercado que no son feroces con los países implicados”, puntualiza von Einsiedel.

Y mientras las personas, los agentes forestales, los gorilas y el resto de la fauna y flora de Virunga esperan con incertidumbre la decisión del gobierno congolés, el parque se hace más viejo y cumple 90 años.

El ginecólogo que salva a las mujeres

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* Artículo publicado originalmente el 14 de mayo de 2015 en El País – Planeta Futuro

El doctor Denis Mukwege, ginecólogo, activista y Premio Sájarov 2014, aceptó la propuesta de que la senegalesa Angèle Diabang hiciese un documental sobre el trabajo que se lleva a cabo en el hospital Panzi fundado por él mismo en 1999 en Bukavu, capital de Kivu Sur, en República Democrática del Congo (RDC). Aceptó complacido, “contento de que fuese una africana quien hiciese una película sobre ese tema”, explica Angèle Diabang, directora del documental Congo, un médecin pour sauver les femmes (Congo, un médico para salvar a las mujeres), presentado en la duodécima edición del Festival de Cine Africano de Córdoba, que acaba de celebrarse en la ciudad andaluza.

La idea de tratar la cuestión de la violencia sexual que sufren las mujeres en a República Democrática del Congo a través de un documental vino cuando Diabang leyó un artículo del diario francés Le Monde en 2012 que le permitió comprender mejor qué estaba ocurriendo en ese país y qué trabajo estaba llevando a cabo el doctor Mukwege.

La larguísima guerra del Congo que “transforma el cuerpo de las mujeres en un campo de batalla”, según las propias palabras de Mukwege y en el que la violencia sexual es un arma de guerra, es el escenario donde transita esta dura realidad. Una realidad en la que unas 400.000 mujeres son violadas de forma brutal cada año, segúnAmerican Journal of Public Health. Ante esta realidad, Diabang decidió que era importante rodar un documental que no profundizase tanto en las causas políticas de esta guerra eterna, sino que estuviese centrado en las mujeres que la están viviendo y en las terribles consecuencias que tiene para ellas. “Hay tanto de lo que hablar que podría haber hecho un largometraje, pero hemos decidido enfocarnos en el tema, no he querido entrar en temas políticos”, explica.

Congo, un médecin pour sauver les femmes da la palabra a Mukwege, fundador del hospital de Panzi en 1999, creado con el fin de que las mujeres de la comunidad pudieran tener partos seguros. Tras observar que la mayoría de las pacientes acudían por violación y, en consecuencia, con graves problemas físicos y ginecológicos, decidió abrir un servicio especializado y advertir a las organizaciones internacionales de lo que estaba pasando. El documental cede también la palabra a las mujeres, que hablan de sus durísimas experiencias, de cómo sacan fuerza para superar su realidad, del dolor físico, pero también el emocional por ser rechazadas por sus propias familias, amigos, vecinos, etc. “Las mujeres al ser violadas están deshonradas y por eso las repudian. Es una forma de rechazar el dolor en general, pero a la vez es el momento en el que las mujeres necesitan mas soporte. Por eso es importante sensibilizar a la población congoleña (a los vecinos, amigos, familia, etc) sobre la importancia de apoyarlas. El deshonor es abandonar a la mujer”, afirma Diabang.

Esta realidad hizo también más complicado el rodaje de un documental que gira alrededor de estos desgarradores relatos: “El entorno era difícil, se ha destruido el tejido social y las mujeres han vivido un verdadero drama”, afirma la directora. Y por ello, la relación de confianza con las mujeres se fue construyendo poco a poco: “No encendíamos la cámara nada más llegar, así podíamos hablar tranquilamente con ellas e iban tomando cada vez más confianza con nosotras”, relata.

Hacer un documental sobre esta cuestión sin caer en el sensacionalismo no es fácil. La directora menciona este aspecto como otra de las dificultades artísticas a la hora de enfrentar el proceso de creación del documental: “Hemos querido quedarnos en la distancia de ese sufrimiento. Por ejemplo, cuando alguien lloraba, en lugar de poner el zoom como habitualmente se hace, nosotras nos alejábamos. Yo respeto ese dolor… es ya suficientemente difícil. Más que el drama me interesa retratar su fuerza y cómo ellas participan en la mejora del Congo”.

El documental, ha sido aplaudido por el doctor, por el equipo del hospital y por las propias mujeres: “[A Mukwege] le ha gustado mucho, sobre todo porque tenemos una misma visión de un África fuerte, digna y sin complejos. Además, la encargada de comunicación del hospital también me comentaba que era la primera vez que alguien mostraba las imágenes, incluso a las propias mujeres, que estaban muy emocionadas de ver el documental”, cuenta Diabang.

Quizá esa África fuerte queda visibilizada en el trasfondo del documental, en los logros del hospital y en el espíritu de superación de las mujeres. Desde que se creó, el equipo del hospital ha atendido quirúrgicamente a unas 40.000 pacientes, se ha creado un centro de formación para integrar a aquellas que están en riesgo de exclusión, en el que aprenden a defender sus derechos y a recuperar las ganas de vivir, entre otras muchas cosas. “Lo que me emociona del doctor Mukwege, es que, además de repararlas físicamente, él sabe irradiar a las mujeres, darles un lugar, una cierta autoestima… Es un médico que tiene un verdadero amor por sus pacientes, que no trata con lástima, sino que las escucha y respeta. Si han conseguido sobrevivir a tal trauma y vislumbran un futuro, es que pueden hacerlo todo. Denis Mukwege es un feminista que no duda en poner por delante a las mujeres, especialmente en el organigrama del hospital, donde son más del 65%. Para mí también, la mujer es la esperanza de África”, relata la directora.

La mujer africana, protagonista de la obra de Angèle Diabang

Angèle Diabang en el FCAT / Vanessa Anaya

Angèle Diabang en el FCAT / Vanessa Anaya

Nacida en Dakar y formada en Senegal, Francia y Alemania, Angèle Diabang es la directora de películas como Mon beau sourire, Sénégalaises et Islam Yandé Codou, la griotte de Senghor, entre otras. A pesar de que “no es por militancia”, como afirma ella misma, la realidad de la mujer africana está presente en la gran mayoría de sus películas. Su próximo proyecto Une si longue lettre, una adaptación de la novela de Mariama Bâ al cine, trata la cuestión de la poligamia desde la mirada femenina.

También es la precursora de Karoninka, la productora creada en 2006, que ha producido 12 películas de países como Mali, Togo, Cabo Verde, Congo y Senegal y goza de un creciente reconocimiento a través de varios festivales y premios. Es una muestra de que “África se mueve” y un reflejo de la situación esperanzadora que está viviendo Senegal en relación al cine y que Diabang defiende: “Diría que la situación en Senegal es prometedora, sobre todo a través del la creación del FOPICA, un fondo de promoción de la industria cinematográfica y audiovisual. Es todo un ejemplo en África y muy alentador”.