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Warsan Shire, poesía para el arraigo

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

La poetisa Warsan Shire. Fuente: http://penguinrandomhouse.ca/hazlitt

Los escritores africanos tienen difícil (muy difícil) el acceso a la industria editorial internacional y, por tanto, a una audiencia mundial. A estas alturas esa situación está fuera de toda duda. Igual que lo está el hecho de que para los poetas, estas dificultades se multiplican. Eso no quiere decir que por algunas grietas no se asomen, de tanto en tanto, los trabajos de literatos africanos que consiguen que sus versos rompan fronteras y esquemas. Warsan Shire es una de esas figuras. Su mérito no es sólo ser una poetisa que ha roto traspasado barreras, sino que además su obra y su vida tiene características que las hace especialmente atractiva y acreedora de ese reconocimiento internacional que puede hacerle llegar a un público mayor.

Lo primero es su juventud. Con apenas 26 años, Warsan Shire no ha publicado demasiado pero ya ha sido galardonada con el premio de poesía de la Universidad de Brunel, que está concebido como el equivalente al premio Caine de relato corto. Shire fue reconocida con este premio en 2013, su primera edición. Y ese mismo año recibió el Young Poet Laureate for London. Ante las dificultades para publicar, estos reconocimientos, al menos, le han permitido tener una cierta proyección y participar en charlas y talleres en diferentes países.

Lo segundo es su “explotación” de los nuevos medios. También ante esas dificultades, Warsan Shire ha hecho de la red de redes el espacio en el que mostrarse, algunos de sus poemas se pueden encontrar en internet y su labor se desarrolla en sitios web literarios, como Spook, un magacín del que es editora. El ejemplo más claro del uso de Shire de los nuevos medios es su salto a la relativa fama que ostenta. La poetisa se hizo conocida con un video poema que llegó a tener cierto carácter de viral. En “For Women Who Are Difficult To Love” (Para mujeres que son difíciles de amar), la delicadeza de las palabras no esconde la crudeza de su significado ni tampoco una radical reivindicación de la independencia y la integridad femenina. En realidad, es un poema que bien podría haber sido un himno o, cuando menos, una firme declaración de intenciones.

Warsan Shire – “For Women Who Are Difficult To Love” from MovingOn & StereoOpticon on Vimeo.

Seguramente por trabajos como este el nombre de Warsan Shire aparece, a menudo, ligado a magacines femeninos (o más bien feministas). Este, el compromiso, podría ser el tercer elemento de la obra de la autora, que se ha implicado con sus poesías también, por ejemplo, en la lucha y la sensibilización contra la mutilación genital femenina. En todo caso, el conjunto de sus poesías rezuman una visión de una mujer independiente y activa.

Lo cuarto es su trayectoria vital. Warsan Shire es una joven con una parte keniana (donde nació), otra británica (donde está afincada), pero sobre todo otra somalí (de donde son sus padres). Así es como más se siente, o al menos, como más se define. Shire dice de sí misma que es una somalí que no ha estado en Somalia. Y ese riesgo de desarraigo es, precisamente, lo que empuja a escribir a esta poetisa. Ella misma ha afirmado en varias ocasiones: “Sé que la poesía me ha salvado la vida. Me ayuda a dar sentido, articular, sanar, revisar, reescribir, reimaginar, celebrar, maldecir, preguntar, sentir y entender”. O bien: “Nunca he estado en Somalia y soy somalí. Así que, los poemas para mí son una forma de crear una conexión con un país en el que nunca he estado”. Al mismo tiempo, eso no impide que Shire se enorgullezca de sus condiciones particulares: “Quería ser una escritora somalí, pero los escritores somalíes que de referencia eran mucho mayores y todos hombres. No hay muchas personas con el mismo bagaje que yo, haciendo lo que estoy haciendo: estoy escribiendo sobre Somalia y estoy escribiendo desde aquí (Londres), pero mi película favorita es ‘Las vírgenes suicidas ‘, que está ambientada en un suburbio norteamericano. Me encanta el cine de terror. Me encanta el hip-hop. Fui criada en un ambiente de inmigrantes y refugiados. Crecí en Brent. Y todo eso, si se mezcla, el resultado no es nada típico, no es lo que se podría esperar. Pero todo eso está muy arraigado en mi cultura”.

Por toda esta trayectoria, la temática de su poesía aparece profundamente marcada. Habla de la guerra, del sufrimiento, del desarraigo, de las migraciones y también de la familia y del hogar. Pero de la misma manera, sus versos exploran terrenos como el crecimiento personal, la construcción de la identidad y la capacidad de acción. Y en su vertiente más comprometida, ha escrito contra la mutilación genital femenina y contra los trastornos alimenticios como la bulimia, una enfermedad que ella misma padeció. Así, en el quinto de sus rasgos destacables Shire mezcla experiencias propias con otras que no ha llegado a vivir pero que le resultan muy próximos, como demuestra el hecho de que escribe sobre Somalia, a pesar de que hasta hace unos meses nunca había pisado el país. En todo caso, la propia autora ha explicado en entrevistas en algunos medios que le gusta más escuchar que hablar y eso es lo que le lleva a reproducir experiencias que no ha vivido, pero de las que considera que se debe escribir.

Una sexta característica es un estilo muy particular, un uso del lenguaje sencillo, directo y delicado. Sus versos están recubiertos de una enternecedora inocencia, pero en el centro son desgarradoramente honestos. En las críticas y en las entrevistas se reproduce sistemáticamente la idea de que Warsan Shire aparece como una autora vulnerable que desnuda su intimidad ante los lectores y seguramente su sinceridad, su verdad, es uno de los elementos que resultan especialmente atractivos. Para ella, sin embargo, no hay otra manera de entender la poesía, asegura que escribe de manera casi automática que por eso se siente más cómoda con el verso libre y, por ello, no corrige el estilo de lo que surge de su interior. Una visión muy particular de la poesía a la que le lleva estar “viviendo” los versos sobre la marcha.

“No me preocupo por el estigma, la vergüenza, ni la osadía. Para mí, la escritura es catártica, una forma de vida. Es igual de importante la supervivencia y la salud mental como la creatividad y la expresión. La vulnerabilidad y la transparencia son, para mí, una configuración predeterminada y no trato de racionalizarlas”, comenta Shire en una entrevista.

Con todas estas piezas se construye la personalidad y la obra, que en este caso están muy próximas, de una promesa de la poesía somalí, o de la poesía afropolita, quizá. Teniendo en cuenta el género que cultiva Shire, sin embargo, resulta complicado aventurado cuál va a ser el resultado práctico de este potencial y de esta capacidad para dejar una huella indeleble en una audiencia numerosa.


 

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

“Al salir del armario me he convertido en un ciudadano real”

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

* Esta entrevista ha sido publicada originalmente en El País – Planeta Futuro, por un acuerdo de colaboración entre Planeta Futuro y Wiriko.

El pasado diecinueve de enero, el día después de su aniversario, Binyavanga Wainaina publicaba en el blog Africa Is A Country el capítulo no publicado (lost chapter) del libro Algún día escribiré sobre África (Sexto Piso, 2013) “Mamá, soy gay” (I am a homosexual, mum). El titular dio la vuelta al mundo: una de las mentes más brillantes de la nueva generación de africanos talentosos y el escritor keniano más famoso, había salido públicamente del armario y se situaba en el eje de los debates sobre la homosexualidad, dentro y fuera de África.

Binyavanga Wainaina, fundador de Kwani Trust –la red literaria anglófona más relevante del África del Este–, ganador del Caine Prize para la escritura africana en 2002 por su relato corto Discovering Home (G21Net, 2001) y autor del viral e hiriente relato corto Cómo escribir sobre África (Granta, 2005), nos recibe en el porche de su modesta casa, en el nairobense barrio de Karen, con una de sus túnicas fashions, cabeza afeitada con una franja de pelo azul y cigarrillo en mano. Su asistente Isaac y su viejo perro Toni nos acompañan junto a unas tazas de té con leche y unos mandazis (una especie de pan frito que suele ser el desayuno para la mayoría de kenianos y tanzanos).

Durante un rato Wainaina juega al rol de periodista interesado sobre la política, la historia y los movimientos independentistas actuales en España. Se habla sobre la crisis. Sobre la situación de Europa. Sobre la migración de europeos en busca de una vida mejor en África. Y después de un par de horas distendidas, con el desayuno acabado, empieza la grabación…

A sus 43 años, este keniano inquieto, bohemio y creativo dice estar apasionado por la creatividad que emerge del continente. “Lo que he hecho en los últimos diez años, cuando no he escrito, han sido cosas en el mundo literario. Trabajo con talentos. Talentos jóvenes africanos, particularmente en inglés”, reconoce con orgullo. “Lo que ha pasado en la última década es que se han vuelto a abrir muchos espacios creativos, llenos de productores creativos contando sus propias historias en el cine, en la literatura… ¡Y todo esto me fascina!”.

La generación del FMI

“Yo llamo a mi generación, la generación del FMI. Somos la generación que vio la clase media derrumbarse a finales de los ochenta y los noventa con los condicionamientos que impuso el FMI como no conceder subvenciones para la educación. La gente se fue o fracasó. Fracasó, fracasó y fracasó de nuevo hasta que se pudieron alimentar de sus propios frutos. Nos volvimos, no sé… diferentes, más fuertes, más cínicos pero más anti autoritarios durante un tiempo. Los movimientos anti democráticos crecieron mucho y seguimos por esos derroteros. Y en cierto sentido, esto es lo que significa ser africano a día de hoy”, afirma el escritor.

El que fuera director del Centro Chinua Achebe para artistas y escritores africanos de Nueva York reconoce que lo suyo no era la vida en Occidente. “Estaba aburrido. Cuando venía aquí [Kenia] era más osado, yendo y haciendo mis cosas. Tener un gran puesto institucional en Estados Unidos suponía un rol más burocrático, político, de Universidad… Llegué al punto donde pensé para mí mismo: me he estado mintiendo sobre ese afropolitanismo de que puedes construir una institución literaria africana ahí fuera, en Nueva York, y eso es mentira. ¡No puedes!”, explica mientras reconoce que el lugar donde se pueden crear esas instituciones es precisamente en África. “Así que dejé mi trabajo y volví. Soy uno de esos que creen en el crecimiento y la regeneración africana. Por eso estoy aquí. Quiero estar aquí mientras pasa este huracán de cambio, para lo bueno, lo malo y lo feo. Para pelear con lo malo, para golpear desde dentro de los buques de las buenas intenciones e irme con ellos. Y producir. Y escribir. Y pensar”.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Y su lucha e implicación desde lo creativo es indiscutible. No es casualidad que su homosexualidad salga a la luz en un momento en que países como Uganda o Nigeria institucionalizan la discriminación sexual con graves leyes homófobas. Donde en su propio país, Kenia, las retóricas homófobas hierven públicamente. La recientemente aprobada ley anti-homosexual de Uganda hace punibles con cadena perpetua las relaciones o el matrimonio entre personas del mismo sexo, y puede penar con siete años de prisión a todo el que “ampare” o “incite” a la homosexualidad.

El escritor responde a bocajarro sobre el tema. “Cuando te conviertes en ese tipo de personas de clase internacional, que se llaman a sí mismas intelectuales, y estás cambiando la imagen del continente eres completamente inmune, como si permanecieras ajeno. La forma en la que interactúas está plenamente infectada por esta inmunidad. Y puedes tener compasión por quien no tiene este salvoconducto. Así que diría que en cierto sentido político me he convertido con este acto en un ciudadano real”, confiesa refiriéndose tanto a su vuelta al continente como a la acción pública de salir del armario. “Fue una cosa profundamente personal, por supuesto. Hay toda esa mentira mala que no dices. Que todo el mundo de tu alrededor sabe. Hablas de todo tipo de cosas en público sin temer, de alguna forma, las consecuencias que puedan caerte encima… Y decides dar el paso”.

Estigmatizar a los homosexuales

Para él, la vulneración de los derechos del colectivo LGBTI y su estigmatización social en África es un instrumento populista que esconde intereses políticos más profundos y pretende generar sentimientos de unidad nacional que la religión, por ejemplo, no consigue crear.

“El Gobierno lo está utilizando como una vara política. Es un tema muy conveniente para las elecciones. Dará una victoria bien sólida para ganarse al electorado. Sin embargo, la policía no lo va a aplicar, ya tienen suficiente trabajo luchando contra los ladrones. Pero lo que es más peligroso es que habrá más vigilancia social. El Gobierno ha generado leyes permisivas para que la gente gestione las cosas fuera de las manos del Estado”.

Aunque cree que eso se va a extrapolar y que los más pobres van a ser los que sufran las consecuencias más crudas de este tipo de leyes. “La gente económicamente vulnerable estará en riesgo; en un riesgo aleatorio. Las consecuencias reales son un creciente sentido del miedo y la amenaza en el dominio público. Incluso otros asuntos aparte de los homosexuales. Esta ley fue validada para reforzar tus miedos y permitir a los Estados mantener el control”, afirma con preocupación mientras enciende un cigarro.

Es precisamente su responsabilidad en torno a la situación social que lo rodea lo que le empujó a dedicarse al mundo de la literatura. “Trabajaba con una editorial llamada Character, muy conocida en el Reino Unido y me facilitaron una edición de su revista Africa Issue publicada en 1994. Estaba leyéndola en el tren, porque por aquél entonces estaba haciendo un máster en Inglaterra, y pensé: ¡esto es terrible, es Inglaterra y por falta de algo mejor que esto así es como escriben los escritores africanos en todo Londres! Eran escritores bien reconocidos pero no pudieron encontrar ni a uno, que pudiera escribir correctamente sobre África. Bueno… Encontraron solo a uno…”. Sonríe.

“Los reportajes de la revista tenían un barniz misionario, del tipo ‘salvar a África’ y este tipo de tonterías. Y fue realmente chocante ver algo así. En plan: ¿Me estáis diciendo de verdad que una revista rigurosa puede editar algo así? Así que envié un mail larguísimo al editor analizando toda la revista. Un año más tarde decidieron hacer otro número de African Issue y me pidieron escribir algo. Justo en ese momento creo que yo estaba editando Kwani? así que seguía posponiendo ese algo para ellos, hasta el último día, que el editor Matt Weiland, me dijo: ‘¿Por qué no escribes sobre ese mail que me enviaste?’. Lo hice, pero con una condición: que fuera accesible en Internet. Se subió a la red gratuitamente y fue algo incendiario que ahora está en todas partes”

Portada de 'How to write about Africa' o 'Como escribir sobre África'.

Portada de ‘How to write about Africa’ o ‘Como escribir sobre África’.

Así nació su premiado ensayo How to write about Africa (¿Cómo escribir sobre África?).

“Mis amigos occidentales me dijeron –¡Oh!, no sabíamos que esta fuera la realidad. Pero el poder siempre te hace inocente, ya lo decía hace quince años Chinua Achebe en su escrito crítico Heard of Darkness y todos repetían también lo mismo: “¡Oh!, no estábamos al corriente”. En Occidente, mi ensayo me otorgó mucha fama. Tuve encuentros con la presidenta de Alemania, el presidente de Noruega y todos me decían: –Gracias, este escrito es la verdad”, reproduce Wainaina con voz sarcástica.

“Pero todo era una pantomima, nada ha cambiado. Es verdad que cuando las dinámicas de poder están cambiando puedes tener este tipo de conversaciones, por eso escribí ¿Cómo escribir sobre África?, por si acaso lo habían olvidado. Esto es de lo que trata mi ensayo. Recordar dónde estábamos hace cien años en nuestra relación, particularmente con Europa y Occidente. Y hay que decir que estamos en el mismo lugar que en 1881. Por si acaso lo habían olvidado, nada ha cambiado realmente en nuestra relación”.

¿Es ese fantasma colonial el que sobrevuela conceptos como la moda del afropolitanismo y los afropolitanos?, le preguntamos. Wainaina coje aire. “Es un tipo de identidad que no asume ningún tipo de responsabilidad. Consume. A veces crea. Pero no tiene ninguna residencia en ningún valor sólido. Es una moda. Es una moda guay que no tiene piernas. No va a durar mucho pero si es bueno para darnos piezas de ropa bonita no me importa”, bromea este confeso amante de la moda.

“Achille Mbembe [filósofo camerunés] escribió algo sobre afropolitanismo y creo que su idea era bien diferente a la que viene recogida como mercancía. Una de las cosas maravillosas de ser africano es que tienes sociedades con espacios que de forma extraña nunca han sido colonizados hasta el punto de que la media en el África urbana habla cinco lenguas. Se vive en una sociedad donde el sonido de varias lenguas y culturas es parte de quién eres, y te sientes muy cómodo siendo parte de este cosmopolitismo. Así que cuando piensas en qué significa, en términos de Estados coloniales, claro que estos Estados definieron lo que fue la realidad cosmopolita. Y casi todos nuestros problemas políticos derivan del hecho de que tienes esta herencia cosmopolita que ha topado con las realidades locales. Si tenemos que pensar en el afropolitanismo como un cosmopolitismo de tipo occidental sobre la diáspora… La verdad es que no tengo tiempo para ello”.

Discurso africanista

El escritor es un pieza clave de las nuevas voces africanas. Un engranaje indispensable con un discurso africanista capaz de pintar con sus palabras escenas que dibujan imágenes de una África muy diferente a la de las primeras generaciones de escritores continentales. Se trata de un escritor que rehuye del encasillamiento y las etiquetas absurdas y vacías. “¡No puedo soportar el dogma!” exclama con las manos en la cabeza para sentenciar: “Mi cuerpo no lo acepta”.

¿Qué es lo que más le aburre?

“Creo que formar parte de la clase media africana ha sido un gran asunto con el que lidiar. La clase media africana somos las mejores jodidas máquinas de aprobar exámenes. Cualquier cosa que interfiera en este proceso como imaginar, leer… Es un problema. Si estás en un continente donde todo se trata de “re-”, como en países como Nigeria, que se re-industrializan, o conceptualizan las cosas suponiendo que debes empezar cosas nuevas, lo que te encuentras es con una clase media con terror a innovar. A probar cosas nuevas. Somos muy buenos si nos dicen –haz las cosas así y asá… Y lo haremos excelentemente. En Estados Unidos o el Reino Unido existe de forma muy visible –y estoy muy interesado en esta clase de excepcionalismos–, africanos trabajando de forma increíble en altas instituciones bancarias. Toda esta gente terminaron el instituto y se fueron. Los que hicieron físicas, están en la banca. Los que estudiaron literatura o filosofía, están en la banca. Algunos vuelven ahora que hay un crecimiento turbulento de la economía con capital de sus maestros, los bancos. Algunos están ya retirados con dinero de sus bancos y ahora son inversores aquí”.

Pero el crecimiento económico del continente también ha ido acompañado de un boom en el campo de las industrias creativas africanas, y en concreto del universo literario. “Creo que los escritores africanos estamos de moda ahora mismo, y esto es maravilloso”, nos dice mientras compara la literatura anglosajona africana o india con la literatura de América Latina producida en español. “Hay un mundo anglófono, para lo bueno y para lo malo. La gente en Inglaterra no tiene ni que pensar en ello. Pero nosotros sí que lo hacemos. Tienes que pensar en qué hay en el mundo anglófono porque si no lo haces chocarás con las puertas del infierno. Tienes uno ojo allí y otro aquí”. El autor está convencido de que escribir en inglés es una forma excelente de poder contar las historias cotidianas de África a los lectores de otros puntos del planeta.

Y a la hora de analizar la envidiable salud del panorama literario del continente, el escritor sostiene que el medio ambiente de la escritura africana tiene ecosistemas nuevos, crecientes y cambiantes.

“Con los cambios democráticos han crecido las editoriales independientes como Kwani? y muchas otras. En los últimos tres años han habido muchas publicaciones digitales, así que lo bonito es que tienes a gente como Kwani? que actúan como un gran paraguas. Aunque ahora también hay otras iniciativas nuevas fuera de él. Se trata de algo muy interesante, tenemos un fenómeno con diferentes tipos de expresiones. Hemos tenido una explosión literaria en los últimos tres años, pero veremos un crecimiento extremadamente espectacular en los próximos cinco años”.

Soy uno de esos que creen en el crecimiento y la regeneración africana. Por eso estoy aquí

La revolución digital

Este es uno de los fenómenos que más le interesan a Binyavanga. Cuando le decimos que en la revista Wiriko se le considera como un twittero compulsivo, el keniano se ríe y reafirma con la cabeza. “Verás, en el último año, estaba muy aburrido, muy deprimido después de que un muy buen amigo y otros conocidos murieran de VIH. Estaba empezando a escribir mi libro. Y entre que escribía y no escribía, me acostumbré a twittear”, confiesa. “Pero es que es un nuevo espacio para probar cosas. Y soy de esas personas que no se puede resistir cuando les brindas algo nuevo para probar”, afirma con cara de pillo.

“Soy un libertario en transición. Un libertario buscando un hogar. No sé dónde aterrizar. Siendo parte de esa generación FMI eres escéptico acerca de cualquier autoridad en general. Me siento muy cómodo fuera de los espacios institucionales, donde puedo crear mejor mi lugar. Siempre que estoy en sitios institucionales las cosas se vuelven demasiado… Aburridas. Y no pasa nada. En twitter puedo interaccionar y actuar y hablar de la forma que quiero sin sentirme censurado”. Y mientras expresa que de esta forma las relaciones están en plena transformación, puntualiza: “No es que así impongas tus condiciones sino que negocias en mejores condiciones”.

Es un fervoroso amante de Internet desde el principio, y desde que existe el email se ha negado a enviar copias de lo que escribe en formato papel. “Siempre he reconocido la capacidad de sentarse en este país desconocido donde adquieres mucho poder porque estás entregado, no solo a la tecnología, sino a la plataforma en una forma en que ellos (el poder institucional) no están”. Y pasa a continuación a  contar cómo durante sus años de residencia en Sudáfrica pasaba las noches en vilo intercambiando relatos en las primeras plataformas literarias que existían. “La Universidad tenía líneas abiertas y yo me metía en la sala de ocho de la tarde hasta la madrugada para estar online. En todos esos grupos primerizos de escritores locos en Internet, yo estaba dentro desde el principio”.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Binyavanga Wainaina por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Port Harcourt, capital mundial del libro

La participación de Wainaina en cualquier iniciativa relacionada con el mundo literario en todo el continente es incondicional. No hay evento serio que ocurra en África donde no se le tenga en cuenta. Y justamente uno de los países contra los que ha cargado el keniano últimamente por sus políticas homófobas, Nigeria, va a acoger este año la capital mundial del libro. “No estoy muy seguro de cómo viajar a Nigeria ahora mismo”, dice Wainaina medio en broma mientras explica su implicación en el proyecto Africa 39. “Port Harcourt va a ser este año la capital mundial del libro. Mi trabajo fue conseguir a 120 escritores de menos de cuarenta años que luego fueron a parar a manos de los jueces”. La lista final con los seleccionados se anunciará durante el mes de abril. “Están preparando una Feria del Libro que creo que se va a convertir en una de las más importantes del continente”, sentencia el literato elogiando los esfuerzos del gobernador del Estado nigeriano de River State en esta iniciativa.

La novela del huracán

Pero las distintas iniciativas con talento africano –la citada Africa 39 y un proyecto para erigir la ciudad keniana de Kisumu como un centro para las artes y el refugio político–, no le impiden a sumergirse en su próxima novela. “La idea original surgió de mi último año como docente en Estados Unidos. Estaba en mi habitación, tecleando… Y aterrizó el huracán. Podías ver cómo estaba arrasando las calles de Nueva York, devastando parte de la baja Manhattan… Fue delirante. Aterrador”, dice trazando un paralelismo con la situación social, política y económica del mundo en la actualidad y ante la escalada imparable de acontecimientos globales.

“A lo que estamos viviendo ahora yo lo llamo “el huracán”. Pones la tele y te aparece…. “¡Grecia, Grecia, Grecia, Grecia y… puuuh!”, alza la voz. “¡Turquía, Turquía….!¡Egipto…, Ucrania…! Y me hace sentir como cuando era un niño y veía a mis padres mirar la tele en los setenta y veías: otro presidente ha sido asesinado… Quiero recoger eso, cómo sienta este huracán o el estar dentro de él; dentro del huracán africano, en particular. Estamos viviendo uno de esos subproductos neoliberales, como tantos otros, pero que tiene sus ventajas específicas. Tenemos nuevos proyectos ferroviarios que están abriendo nuestro continente y que no habíamos visto en cien años. El proyecto ferroviario es el motivo por el que Nairobi existe hoy en día y ahora la gente sabe que hay una línea que irá hasta Camerún. Aún no han pagado por ello, pero el sello ya está puesto en el contrato. No hay marcha atrás. Y para mí y mi generación esta idea de que “no hay marcha atrás” es realmente emocionante. Así que he estado utilizando diferentes tiempos verbales, jugando con ellos. Se puede ver en el Lost Chapter, cómo empiezo a jugar con esta idea agitándo los tiempos para darles electricidad. Esto es lo que voy a hacer este año”.

Y mientras esperamos este nuevo trabajo que se trae entre manos, y como broche de la entrevista, ¿una sugerencia en exclusiva para todos los amantes de la literatura africana? El keniano apuesta decididamente por Search Sweet Country, del ghanés Kojo Laing. “Para mí, es la mejor novela de todos los tiempos escrita por un africano. Fue publicada en los ochenta y la crítica la recibió de forma insólita. Es una novela sin etiquetas posibles. Monumental. Es un estilo en sí misma. Y el autor, de los mejores autores del siglo XX. Hay que leerla”.

Africa Writes: espejos grises pero menos opacos

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Artículo escrito por Estrella Sendra: Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo por la Universidad de Sevilla, máster en Critical Media and Cultural Studies en el SOAS de Londres y especialista en cine y culturas africanas. Actualmente es profesora de Media Studies en la University Foundation Programme (David Game college) y directora de Marketing para el Norte de África, América Central y del Sur. Su ópera prima es Témoignages de l’Autre côté, un documental sobre la inmigración senegalesa en España.

Ambiente en los pasillos del "Africa Writes". Fotos: Estrella Sendra

Ambiente en los pasillos del “Africa Writes”. Fotos: Estrella Sendra

Hay recetas que llevan al éxito. Pero al éxito, ¿de quiénes? E incluso podríamos preguntarnos, ¿qué significa el éxito, entendido desde qué parámetros, si depende siempre de para quién, y en qué contexto? Entre la gran diversidad de debates y actividades del festival de literatura africana, ‘Africa Writes’, organizado por la Royal African Society de Londres entre los días 5 y 7 de julio, los autores coincidieron en un aspecto: la literatura africana no consiste en alterar las recetas occidentales, añadiéndoles especias africanas. Se trata de una forma de escritura desde los propios códigos culturales, por y para los africanos, pero en una esfera global.

Ambiente del Africa Writes

Ambiente del Africa Writes

‘Africa Writes’ celebraba así su segundo aniversario, tras la primera edición en 2012, organizada por la Royal African Society (RAS) en la School of Oriental and African Studies (SOAS, University of London). Este año, el lugar de acogida de los escritores y artistas de la palabra hablada ha sido la British Library, principal patrocinador del evento junto con la RAS, al lado de la famosa estación de King’s Cross y St Pancras, en el centro de Londres. Coincidiendo con uno de los fines de semana más calurosos de la capital británica, el centro de conferencias de la British Library estuvo en casi todas las sesiones prácticamente al máximo de aforo, es decir, con unas 250 personas por panel. La gran mayoría de las actividades eran totalmente gratuitas y sin necesidad de pre-inscripción, aunque tres de las sesiones tuvieron una tarifa simbólica de entrada. Los paneles se organizaron temáticamente, a modo de recitales, presentaciones de libros, mesas redondas con pequeñas intervenciones, y rondas de preguntas que sólo terminaban cuando era hora de empezar la siguiente sesión. Todos, con el propósito de acercarse a la escritura africana contemporánea de manera crítica, involucrando a escritores, lectores, editores y pensadores en el debate.

Pero tal vez no sea esto lo más destacable del festival, aunque sí una evidencia de su calidad, sino la feria del libro de editoriales africanas que estuvo expuesta durante todo el festival, con una afluencia de público continuada entre sesión y sesión, e incluso pisando alguno de los paneles. Los puestos incluían títulos de las obras presentadas por los autores participantes, que amablemente firmaban los ejemplares a los lectores que así lo solicitaban mientras seguían haciendo las preguntas que no les dio tiempo a hacer. También se podían encontrar clásicos de la literatura africana, constituyendo así una plataforma extraordinaria para el fomento de la lectura de unos libros que no frecuentan la mayoría de las estanterías en las librerías. “No existe un modo mejor de conectar África y su diáspora que a través del trabajo de sus artistas, escritores y pensadores”, decía Richard Dowden, director de la RAS, en su mensaje de bienvenida al festival.

El último panel del viernes, titulado ‘La diáspora responde’, reunió ya, en forma de poesía, los principales temas protagonistas del festival. La oportunidad de identificación para el lector que estos escritos suponen, frente a narrativas en las que muchos africanos no se reconocen, la permeabilidad de la identidad africana, y el lugar protagonista de la mujer, y en concreto de las madres, en estos textos.

Moderados impecablemente por la gran Bernadine Evaristo, novelista anglo-nigeriana y fundadora del Premio Brunel University African Poetry, universidad en la que es profesora de ‘Escritura creativa’, Nii Ayikwei Parkes, Leeto Thale, Nick Makoha y Warsan Shire, representando las diásporas de Ghana, Sudáfrica, Uganda y Somalia, respectivamente, recitaron varios poemas, cada unos a su estilo, y compartieron reflexiones sobre sus procesos creativos. Nii Ayikewei, quien intercalaba la lectura íntima de sus poemas, sentado, con bromas que denotaban un sentido del humor muy agudo, afirmaba: “Al escribir, haces preguntas, exploras el mundo”. Nii planteaba el problema del lenguaje. Son autores que escriben en inglés, principalmente, y muchas veces, las traducciones desde lenguas africanas no funcionan. Nii escribe en varias lenguas porque no siente la necesidad de escribir en ninguna lengua en concreto. “Simplemente siento la necesidad de escribir”. Uno de los poemas más aplaudidos por la audiencia fue “Cruzando fronteras”, que plantaba el trauma al que da lugar la burocracia de los visados, en la que “easyjet determina derechos”, como indicaba uno de sus versos. Dos de sus hermanos nacieron en Ghana, otro de sus hermanos y él, en Inglaterra. “Nunca viajamos como una unidad”.

Leeto Thale (de pie), junto a Nii Ayikwei y Warsan Shire

Leeto Thale (de pie), junto a Nii Ayikwei y Warsan Shire

Leeto Thale, como artista de la palabra hablada, se levantó y poco a poco fue ganando presencia en el escenario, al ritmo de su poema “She dances”, celebrando la belleza de la mujer, emplazada en el mundo desde su cuerpo. También el segundo poema de los que leyó homenajeaba a la mujer, a la madre, en un estilo distinto al del poema de Nii. “No sé qué parte de mi es africana”, afirmaba en respuesta a la pregunta de la moderadora, Bernardine Evaristo, de hasta qué punto su africanidad condicionaba sus escritos. Nick Makoha, el siguiente poeta que recitó algunos de sus poemas de The lost collection of an invisible man, sí localizaba el modo en que su identidad africana afectaba su escritura. “Estoy orgulloso de ser africano”. Sin embargo, dijo que compartir su “experiencia africana” implicaba asumir la vergüenza de haber perdido dos de sus lenguas. Entonces, decidió escribir sobre lo cotidiano. “De repente, me dijeron que escribía como una persona en el exilio”. Fue entonces cuando Nick fue consciente de que sí influía en su forma de escribir. Y no sólo eso, sino del sentimiento de inferioridad que un escritor africano puede sentir en la diáspora: “Estar en el mundo occidental te hace sentir que no eres bastante. Me llevó mucho tiempo respetar mi propio trabajo como escritor”.

Warsam Shire, una joven poetisa de 25 años, nacida en Kenia, pero de familia somalí, aunque residente en Londres desde siempre, decía que cada vez que escribía estaba intentado volver a casa. No lo especificó, pero para ella, casa implicaba Somalia, donde, según contaba, todo el mundo es poeta y utiliza la poesía en casi todas las esferas sociales. “Sería incapaz de decir lo que quiero decir si no le añadiera somalí”. Decía también que desde sus poemas, con una carga muy fuerte feminista, heredada de su madre –aunque sólo se daría cuenta de lo feminista que era su madre bastante tarde-, intenta llenar la inseguridad e inestabilidad de su vida. Hablaba de la poesía como un arma curativa: “A mí me emociona muchísimo el hecho de asustarme porque significa que voy a escribir sobre algo que hasta entonces me daba miedo expresar”. Así, comparte esas experiencias con gente que han pasado por lo mismo en distintas partes del mundo. Su libro Teaching My Mother How to Give Birth, sobre la soledad, provocada por la hostilidad de un padre que no ama ni a su mujer ni a su hija, viene de un proverbio somalí que hace referencia a los jóvenes que se creen tan listos que hasta pueden enseñarle a la madre cómo dar a luz. En principio, es una crítica, pero Warsan hablaba de la posibilidad de aportarle nuevos significados. Para ella, el proverbio tiene un sentido positivo y es que, en realidad, su madre aprendió a ser madre a través de ella. Así, con una alta carga emocional y un tono tan íntimo como irónico, sus versos adquieren un carácter muy crítico. “Escribo desde lo personal, lo cual se convierte en político, pero no es intencional”, contaba durante la ronda de preguntas.

Panel Tribute to Chinua Achebe: James Currey, Chibundu Onuzo, Richard Dowden, Chuma Nwokolo y Becky Nana

Panel Tribute to Chinua Achebe: James Currey, Chibundu Onuzo, Richard Dowden, Chuma Nwokolo y Becky Nana

Fue en el homenaje al escritor nigeriano Chinua, en el panel sobre narrativas afropolitanas del siglo XXI donde se insistió en la oportunidad de identificación y reconocimiento que estos libros, escritos por africanos, suponían para el lector. Achebe, recientemente fallecido, ha sido bautizado como padre de la literatura africana y reconocido como la mayor fuente de inspiración. La editora  Becky Nana, en un discurso que a algunos miembros de la audiencia les recordó a Mandela en versión femenina, afirmaba: “Como africanos, adoramos su trabajo porque escribía para nosotros, sobre nosotros. Achebe se empeñó en hacer escribir a los africanos sus propias historias. Quería que los africanos tomaran las riendas de su propio destino y para ello, que dejasen de subestimar el poder de la literatura”.

Tal vez el panel sobre afropolitanismo, un término que, según explicaba la bloguera y escritora Minna Salami, no implica un nuevo modo de ser africano o mestizo, sino una filosofía que tiene que ver con la identidad, intentaba reflexionar sobre el lugar de la literatura africana hoy. ¿Es una nueva forma de negritud o panafricanismo? Pero, como la propia Minna decía, ¿por qué el cosmopolitanismo se ha de asociar sólo al mundo occidental? Más dudas le causaba el término a la investigadora Emma Dabiri. Según ella, el afropolitanismo, como nueva voz africana que trasciende la raza y habla más bien de herencia africana, contrarresta el extendido afropesimismo predominante en los medios. Sin embargo, es un término problemático, asociado casi al ‘hipster’ africano. “Se siguen sin escuchar –declaraba Dabiri- los africanos no privilegiados, como si sólo existieran los que escriben desde la diáspora. A veces, se trata de un África sin africanos”.

Debido a la escasa historia de este término recién nacido, ‘afropolitanismo’, se trata aún de una zona gris, una zona nueva, que desde este festival se invitaba a investigar. En la literatura africana y el modo de investigarla académicamente, existen tantos matices como escritores e investigadores. Existen tantas diferencias como culturas. Son espejos grises, pero menos opacos, donde los lectores comienzan a sentir que tienen un sitio, invocado desde los versos, la prosa, las historias fantásticas y constituyendo así una nueva realidad que se asemeja más a la que han experimentado.

La jornada cerró con una interpretación del cuento épico de Sundiata, que contaba a los asistentes, entre melodías de kora, del griot Seckou Keita, y las voces de dos chicas (una de ellas, Sheila Ruiz, programadora de la RAS), conducidos por la narración del actor Denver Isaac, cómo Mali nació y se extendió hasta abarcar once países. Una jornada mágica que continúa ahora con las lecturas de los libros dedicados que los presentes se llevaron en sus manos.