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Alain Mabanckou, una batería de nuevos argumentos para la liberación

“Durante muchos años soñamos con los soles de las independencias y, cuando estos se levantaron, deslumbrados, cerramos los ojos. Cuando los volvimos a abrir, nuestros estados parecían sombras movedizas, gobernadas por ogros cuyo apetito aumentaba al ritmo de nuestras angustias”. Es una de las reflexiones que el escritor congoleño, Alain Mabanckou lanza a modo de dardo en El llanto del hombre negro, una recopilación de ensayos en los que trata temas diversos, desde la inmigración hasta la identidad pasando por el papel de los europeos en África, la trata esclavista o el papel de la lengua francesa en las literaturas africanas.

Alain Mabanckou durante su charla en la pasada edición de Africa Writes / Foto: Iván González

Aunque no sea evidente a primera vista, todos esos temas y muchos más tienen un mismo hilo en común que los hilvana. En los últimos años, Mabanckou se ha convertido en uno de los abanderados de una corriente de escritores y filósofos, intelectuales africanos, en general, que pretenden edificar una nueva conciencia ciudadana en el continente. Para ser honestos ni edificar, ni una nueva conciencia serían del todo correctos. En realidad, lo que buscan estos artistas y pensadores contemporáneos es elaborar el andamiaje argumental para una toma de responsabilidad que la ciudadanía ya está impulsando desde diferentes esferas de la sociedad civil. El tan traído y llevado renacimiento africano en su versión más cívica, podría apoyarse en la reflexiones de estos intelectuales.

El llanto del hombre negro es un ejemplo perfecto de las producciones que se enmarcan en esa corriente de reflexión sobre el presente y el futuro del continente africano, de los escritores y filósofos que han aceptado la responsabilidad de intentar generar el armazón teórico que sustente una nueva emancipación del continente, una independencia real y definitiva y una inserción en el sistema mundo de pleno derecho y no con vetos parciales, como hasta el momento. Toda esta corriente coloca a los africanos en el centro de este proceso de renacimiento que, en gran medida, pasa por la toma de responsabilidad de los ciudadanos que tienen encomendada la labor de convertirse en protagonistas.

El volumen que ha publicado en español la editorial Los libros de la catarata cuenta con una encomiable guía, el prólogo que ha escrito Josefina Bueno y que permite a los lectores asomarse a los textos sin necesidad de ser expertos en la materia. De hecho, el repaso que Mabanckou realiza en sus ensayos, tiene el inevitable rastro de uno de los autores de origen africanos más laureados del panorama actual. El congoleño no sólo se ha hecho un hueco en la industria editorial global, sino que además se ha convertido en un referente de las literaturas africanas en Estados Unidos y en Francia. En uno de sus últimos episodios públicos, este dandi provocador ha rechazado la oferta del presidente francés Emmanuel Macron de encargarse de repensar la Francophonie, esa especie de construcción gala francesa a medio camino entre la diplomacia y la dominación cultural.

Entre la guía de Josefina Bueno y la habilidad narrativa de Mabanckou permite circular por unas reflexiones que no escatiman autocrítica, ni se detienen ante las líneas rojas de los políticamente correcto. Desde un primer momento deja claro su punto de partida. “Soy de los que opinan que la historia africana está por escribir, con paciencia y serenamente”, asegura en referencia a los prejuicios, a todos los prejuicios. Y explica el significado del título del volumen de una manera sencilla y descarnada: “Un sollozo cada vez más ruidoso que definiré como la tendencia que anima a algunos africanos a explicar las desgracias del continente negro -todas sus desgracias- a través del prisma de su encuentro con Europa. (…) El que odia ciegamente a Europa está tan enfermo como el que se fundamenta en un amor ciego por el África de antaño, un África imaginaria que habría atravesado plácidamente los siglos, sin enfrentamientos, hasta la llegada del hombre blanco, que vino a trastocar un equilibrio sin fisuras”.

Eso no significa que no critique duramente, por ejemplo, la actitud de la sociedad francesa hacia el hecho migratorio. “Quiérase o no, existe una ‘presencia negra’ en Francia”, asegura en un texto titulado “El espíritu de las leyes”. En este sentido recuerda que “para algunos franceses, hablar de Francia es hablar de un país poblado de blancos”, aunque también advierte que “a menudo, los propios africanos imaginaron Francia como un país de blancos”. Sin embargo, más allá de estos imaginarios construidos y deformados, Mabanckou se refiere a una realidad innegable, la de los “franceses de pleno derecho” que “vinimos de fuera o que nacimos aquí de padres extranjeros”. “Convendría revisar la definición de la expresión ‘francés medio’”, advierte, “pues estos hombres y mujeres son los que escriben o reescriben las páginas de la historia nacional. La patria debería probablemente tenerlos en cuenta, so pena de permitir que arraigue el sentimiento de una superioridad racial”.

Como en otros pasajes Mabanckou no parece demasiado amigo de la diplomacia a la hora de afrontar una realidad que escuece: “Hemos atravesado la historia, primero como ‘salvajes’ e ‘indígenas’, luego como ‘tiradores’ en las guerras europeas, antes de comprender lo que quería decir el blanco al pronunciar la palabra ‘negro’”. “La negritud se erigió frente a un mundo blanco”, continúa, “que se arrogaba el derecho de imponer una civilización pretendidamente ‘ilustrada’ a unos bárbaros enfangados en las tinieblas del oscurantismo”. “Fue el blanco quien inventó al negro y que, a partir de ahí, el negro se vio obligado a definir al blanco con el vocabulario de este último”, sentencia con unas palabras que inevitablemente siguen resonando mucho tiempo después de haber sido leídas.

Sin embargo, si un tema tiene especial protagonismo en esta recopilación de ensayos, es la identidad y, de su mano, el papel de la lengua, en este caso del francés, en las literaturas africanas. Son, sin duda, reflexiones obligadas para un artista que ha sido muy habitualmente cuestionado respecto a temas que poco tenían que ver con su obra. Y por eso, algunas de las afirmaciones que hace en relación a su identidad sólo se entienden si son la respuesta a dudas suspendidas en el aire. “Identidades asesinas”, titula Mabanckou uno de sus ensayos en los que deja claro su idea básica en torno a la identidad: el hecho de que esa categoría sólo tiene sentido en plural (identidades) y como un proceso dinámico. “Yo sería más bien un congoalgo”, afirma al relatar un encuentro con un francés que tiene dificultades para aceptar al escritor como francés, sólo por su aspecto, “consciente de haber nacido en otra parte. Pero mi concepción de la identidad va mucho más allá de las nociones de territorio o de sangre. Cada encuentro, incluido el del ‘franconormando’, es para mí fuente de inspiración. Sería inútil limitarse al territorio, ignorar la multiplicación de interferencias y, con más razón, la complejidad de esta nueva era que nos une unos a otros, lejos de las consideraciones geográficas”. En otro pasaje de “El carnet de identidad”, Mabanckou afirma: “Nací en África, en Congo-Brazzaville, y pasé parte de mi juventud en Francia, antes de establecerme en Estados Unidos. El Congo es el lugar del cordón umbilical; Francia, la patria de adopción de mis sueños, y América, un rincón desde el que contemplo las huellas de mi errancia”.

En el caso, del uso de la lengua, el escritor congoleño aprovecha su tribuna para argumentar su decisión de escribir en francés, pero también para saldar algunas cuentas en medio del encendido debate que ha “enfrentado” a algunos escritores africanos en los último años. “¿Todavía no hemos comprendido que hace tiempo que la lengua francesa se desprendió de Francia y que su vitalidad está garantizada por creadores venidos de los cinco continentes?”, se pregunta. Y entre disquisiciones que dejan entrever esas críticas “extraartísticas”, Alain Mabanckou lanza afirmaciones provocadoras: “Incluso si en África, cuando muere un anciano, arde una biblioteca entera, habría que saber qué tipo de anciano y qué biblioteca, ¡viejos tontos hay muchos por el mundo!”. De la misma manera, advierte: “No está prohibido traducir libros de un autor africano francófono a una lengua africana. (…) No se trata sólo de escribir en una lengua africana, también hay que preparar al africano a leer su lengua, como se preparan franceses, chinos o rusos a leer la suya”.

Desde su posición de figura literaria consolidada, el congoleño trata además de romper una lanza a favor de los jóvenes autores y, sobre todo, de aquellos que tienen que enfrentarse al juicio sibilino de la “autenticidad” que trata de encorsetarles: “Esos fanáticos constituyen una secta que se niega a admitir que África es múltiple, compleja y está en plena mutación. Se arrogan el monopolio del discurso sobre África simplemente por el hecho de ser negros y haber nacido en África. Pero no se trata solamente de ser negro, se trata de sentirse africano, de comprender dicho sentimiento y de tratar de explicarlo a los demás”. “No se trata”, continua Mabanckou, “de borrar África en nuestras creaciones. Se trata de recusar la que nos han servido durante años. Se trata de rechazar un ‘encargo’ subrepticio, la obligación que se les susurra a los escritores africanos y que consiste en hacerles escribir lo que se espera de ellos, privándoles así de la posibilidad de tomar otros caminos”. El escritor congoleño propone aceptar que no existe África y dejar de lado el lastre geográfico, así la redefinición de las Áfricas incluye los territorios creados por las diásporas en todo el mundo: “África ya no no está sólo en África. Al dispersarse por el mundo, los africanos crean otras Áfricas”.

La última de las balas literarias de Alain Mabanckou es para el compromiso en el que el escritor se ha empleado con más ahínco en los últimos años: la denuncia de las dictaduras y la exigencia de más democracia. Por eso, en medio del ejercicio de autocrítica que es El llanto del hombre negro no es extraño leer la desilusión que siguió a los primeros gobiernos independientes. “Las independencias también engendraron el personaje del dictador en la literatura del África negra francófona. En contrapartida, también inventaron el personaje del rebelde”, explica con un lamento que, sin embargo, no cierra la puerta a la esperanza. El congoleño reconoce las responsabilidades de los antiguos colonizadores en la construcción de los monstruos antidemocráticos que llegan hasta hoy. Pero prefiere abofetear a sus conciudadanos en su propia responsabilidad, con la intención de despertar una conciencia que el único camino para la verdadera liberación.

Africa Writes: Londres se rinde a la literatura africana

Africa Writes, el festival literario organizado por la Royal African Society, vuelve este finde semana a Londres. La British Library es de nuevo el punto de encuentro para descubrir las últimas voces y tendencias de la escena literaria africana y en la diáspora.

En esta ocasión es el escritor congolés Alain Mabanckou quien lidera la programación de esta sexta edición y comenta que “la literatura africana es en la actualidad el espacio en el que los africanos puede hablar en el nombre de África y otros africanos”. El autor de títulos como Mañana cumpliré 20 años o African Psycho, se presenta en la capital londinense tras la reciente traducción al inglés de su última novela Black Moses y charlará con los presentes en un coloquio sobre lenguaje, estilo y política. Mabanckou, una de las principales influencias en la literatura francófona, es el gran aliciente de un evento que en otros años ha incluido nombres como Chimamanda Ngozi Adichie, Ngũgĩ wa Thiong’o o Nawal El Saadawi.

El cartel también cuenta con la participación del colectivo Jalada que se ha convertido en una de las referencias literarias del continente y cuyo objetivo es el de “tener un foro panafricano que permitiese a los autores apoyarse entre sí, mediante la autoedición y la autopublicación y que fuese un espacio libre y accesible”.

La jornada del sábado se cierra con varias actuaciones donde la narración es la protagonista. Mara Menzies y Maimouna Jallow han adaptado dos obras para contar sueños y engaños. Menzies se basa en el cuento Yoruba sobre el valor de la justicia y la verdad mientras que Jallow versiona la novela The Secret Lives of Baba Segi’s Wives de la nigeriana Lola Shoneyin para reimaginar textos contemporáneos a través de la tradición oral. Los creadores del podcast Mostly Lit traerán un programa en directo enfocado en “cómo escribir sobre lo negro” y en la mañana del domingo se rendirá homenaje a la escritora nigeriana Buchi Emecheta que falleció el pasado mes de febrero.

African Writes mantiene la tradición un año más de reunir a los nominados al Premio Caine y será de nuevo el escenario de acogida de varios lanzamientos. El nigeriano Helon Habila presenta su recién publicado The Chibok Girls, un trabajo en el que profundiza en el rapto de las 276 niñas en abril de 2014 en Chibok, al norte de Nigeria. Por su parte JJ Bola trae su obra novel No Place to Call Home, una historia de pertenencia, identidad e inmigración y Olumide Popoola saca a relucir los estereotipos ligados a los hombres homosexuales negros, el desafío de asentarse en la diáspora y la intolerancia racial en la Londres actual con When We Speak of Nothing.

Charlas, talleres, debates, mesas redondas y presentaciones se alternan durante todo el fin de semana en las instalaciones de la British Library que además contará con una feria del libro africano. La Royal African Society se ha esforzado otra vez más para atraer a escritores, editores, académicos y activistas del continente y crear un evento que se ha consolidado como una de las citas imprescindibles de la literatura africana. Wiriko está presente en el festival como medio oficial y os ofrecerá toda la información.

Un espectaculo de Maimouna Jallow.

Pensar y repensar el África de mañana

Hace ya años que Abdoulaye Wade, el primer presidente senegalés del S.XXI rescató y se apropió de la idea de la Renaissance Africaine. La reformuló como una corriente que liberaría el continente de las ataduras heredadas de la colonización. Al final, su idea de la Renaissance resultó ser, únicamente, un mastodonte de más de cincuenta metros de alto que se erige sobre una colina de Ouakam, en Dakar. Su construcción costó 23 millones de euros. Era la muestra de lo que suponía para Wade la idea del renacimiento africano. Pura megalomanía. Emergía de las élites políticas, un sector demasiado hipotecado para poder comandar la liberación.

Les Ateliers de la Pensée

Les Ateliers de la Pensée

Curiosamente ahora, resurge una idea muy similar, en el mismo lugar en el que se abortó ese renacimiento, pero lanzada desde un escenario bien diferente, el de los pensadores, los filósofos, los historiadores… y los escritores. Los hombres y mujeres que construyen, pero no monumentos a su propia gloria, sino historias, ideas y argumentos. Los hombres y mujeres que construyen los cimientos de la sociedad, de una nueva sociedad. Esta vez, la materialización ha sido una serie de debates y sesiones de reflexión. Y es sólo el comienzo. Les Ateliers de la Pensée, que se han celebrado desde el 28 al 31 de octubre, entre Dakar y Saint Louis, la capital senegalesa y la antigua capital del África Occidental Francesa, son sólo el comienzo.

afrotopia-felwine-sarr-anne-et-arnaudDetrás de esta idea están Achille Mbembe y Felwine Sarr. El primero, Mbembe, es un clásico, camerunés, considerado uno los baluartes del pensamiento crítico africano, sistemáticamente empeñado en cargar de razones las voluntades emancipadoras, las mentes y los espíritus convencidos de que el continente todavía está por descolonizar. El segundo, Sarr, es una de las últimas sensaciones de ese mismo pensamiento crítico. El economista senegalés se ha convertido en un referente popular este mismo año, desde la publicación de su ensayo Afrotopia. Sarr cuestiona los parámetros del desarrollo y el subdesarrollo y propone nuevos marcos de referencia. Sarr preconiza que el bienestar africano ha de ser lo que quiera ser, en definitiva, la necesidad de romper unos lazos que ponen freno, no al desarrollo del continente, sino a la extensión de su bienestar. Un cambio de paradigma.

Recogiendo un testigo que llega desde más allá de las conferencias de Ngugi wa Thiong’o recogidas en Descolonizar la mente y demostrando la falacia del famoso discurso pronunciado por el expresidente francés Nicolás Sarkozy en Dakar, en el que negaba la entrada en la historia del continente africano, Les Ateliers de la Pensée proponen una nueva reflexión. El encuentro ha reunido a una veintena de expertos, filósofos y universitarios africanos para discutir sobre temas como la pervivencia de la herencia colonial, el papel del continente en el sistema mundo, la identidad, las lenguas e incluso el futuro de un planeta que enfrenta una deriva destructiva.

Una de las mesas de los encuentros, con la presencia de los cuatro literatos. Fuente: Perfil de Twitter de la Embajada de Francia en Senegal

Una de las mesas de los encuentros, con la presencia de los cuatro literatos. Fuente: Perfil de Twitter de la Embajada de Francia en Senegal

Abarcar todo el volumen de contenido de un encuentro de estas características resulta una tarea ilusoria y sólo se puede confiar en que las aportaciones de todas esas mentes que piensan un África y un mundo diferente sean publicadas más antes que después. Sin embargo, desde esta sección se impone visibilizar la presencia, entre esta corriente renovadora, de algunas de las plumas más destacadas de las literaturas africanas, al menos, de la que podría enmarcarse en la esfera de influencia francófono. Entre la abrumadora lista de nombres y sin perder de vista que muchos de ellos pueden considerarse literatos, aparecen algunos nombres de escritores de ficción imbuidos por la necesidad de cambiar las reglas del juego que marcan la relación entre el continente africano y el norte global. Sólo por dar una idea de nómina de narradores se puede citar a Leonora Miano, Alain Mabanckou, Abdourahman Waberi y Sami Tchak.

Léonora Miano, imagen de The Four Women Show.

Léonora Miano, imagen de The Four Women Show.

La escritora camerunesa Leonora Miano ha defendido sistemáticamente que el concepto de África más extendido es, en realidad, una construcción occidental y que los propios africanos han llegado a caer en esa trampa. Por ese motivo, la novelista se ha empeñado en derribar los estereotipos que sirven de armazón para esa construcción, al mismo tiempo, que trata de reconstruirla en base a experiencias más genuinamente africanas. Un ejemplo, de esta ingente labor es Volcaniques, une anthologie de plaisir, con el que da carpetazo a las visiones simplistas de la sensualidad que se vive en el continente. Miano acaba de publicar Crepuscule du tourment, un golpe a todo tipo de tabúes relacionado con la feminidad africana, desde la maternidad hasta la homosexualidad.

Alain Mabanckou, imagen de La Maison de la Poésie. Paris

Alain Mabanckou, imagen de La Maison de la Poésie. Paris

Alain Mabanckou ha pronunciado este mismo año la conferencia “Lettres noires: des ténèbres à la Lumière” en el mismísimo Collège de France, en París. En pleno corazón del Hexágono, el congoleño Mabanckou recordó algunas de las vergüenzas de la explotación de África, desde los tiempos de la trata esclavista y los argumentos que sostienen el discurso racista de la inferioridad del africano. Recorrió las sombras de la literatura del continente, pero sobre todo sus luces, al menos, para poner de manifiesto que las hay y muchas. Mabanckou también promovió poco después un debate en el mismo escenario “Penser et écrire l’Afrique aujourd’hui”, una especie de prólogo de estos Ateliers de la Pensée en el que también estuvieron presente varios de participantes, incluido Achille Mbembe. El escritor congoleño, además se ha convertido en uno de los azotes de las dictaduras africanas, fundamentalmente, focalizando sus esfuerzos en las críticas del presidente de su país de origen, Denis Sassou-Nguesso.

waberiAbdourahman Waberi es una de las pocas voces yibutíes escuchadas internacionalmente y esa circunstancia le ha llevado a convertirse en un activista a favor de la democratización y en contra de personajes como el presidente de su país Ismaïl Omar Guelleh. En los últimos tiempos, Waberi ha formado tándem con el propio Mabanckou en la denuncia pública de los sátrapas africanos y en la reivindicación de una sociedad civil, una ciudadanía comprometida como único motor de las transformaciones necesarias para acabar con las desigualdades y como fundamento de unos nuevos sistemas más justos. En la bibliografía de Abdourahman Waberi aparece un título que, en el escenario del debate de Senegal, aparece como especialmente simbólico, Aux États-Unis d’Afrique. Los países africanos tienen la hegemonía mundial y son los europeos los que entran de manera clandestina en el continente negro. Resulta, cuando menos, un curioso ejercicio de empatía.

Sami Track. Imagen de Alchetron.

Sami Track. Imagen de Alchetron.

El togolés Sami Tchak aparece como un escritor controvertido porque no ha tenido reparo en ubicar algunas de sus historias en las zonas más sombrías de la sociedad, ha hablado sin reparo de sexo, de la prostitución o de los bajos fondos y esa dimensión más efectista ha sido la que ha quedado para muchos. Sin embargo, a través de sus novelas, Tchak ha criticado el tratamiento que reserva Francia a los migrantes africanos, la corrupción o la historia de continente en su vaivén desde la época gloriosa de los grandes imperios hasta la predación de los regímenes actuales más carcomidos por los intereses particulares. El togolés ha reflexionado igualmente, tanto en ficción como en ensayos, sobre el papel de la literatura y de los escritores en los procesos de transformación social y en las grandes crisis.

A modo de torpe e insuficiente resumen, dos frases atribuidas en las redes sociales a los dos impulsores del encuentro, una de cada uno de ellos. Achille Mbembe: “Organizar el fin para que renazca el futuro determinará la reflexión filosófica y artística del siglo XXI”. Y Felwine Sarr: “Debemos reengendrarnos, recrearnos. El continente africano se está preparando, está en proceso de alumbramiento”.

Dos novelistas comprometidos

Son muchos (y muchas) los escritores africanos que han mostrado flagrantemente su compromiso con la transformación social, en sus países o en el continente, con las causas justas de esos territorios. Sin embargo, hay dos que, en la actualidad, representan de manera ejemplar este “modelo” del escritor comprometido, el artista convertido en artivista. El yibutí, Abdourahman A. Waberi, y el congoleño, Alain Mabanckou han puesto la popularidad que se han ganado con su genial prosa, al servicio de la democratización en sus países. Recientemente, además, Waberi y Mabanckou se vieron cara a cara para hablar sobre esa dimensión comprometida de su trabajo literario en un encuentro impulsado por el periódico francés Le Monde, que perfectamente podría ser objeto de un estudio académico mucho más profundo.

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Los dos novelistas tienen muchas cosas en común. Proceden de países con dos de los presidentes más contestados del continente. Ambos han sido proscritos por las autoridades de esos países. Sus novelas les han dado una popularidad que se traduce en atención mediática y en la posibilidad de ser una de las voces más autorizadas en relación con las situaciones políticas de sus países. Y los dos se han visto arrastrados al activismo por la fuerza de los hechos. El último paralelismo quizá sea que, a pesar de su militancia, ni Mabanckou, ni Waberi han caído en la literatura panfletaria.

El principal argumento de ese encuentro, de lo que calificaron como “entrevista cruzada”, era precisamente poner en común su visión sobre el papel del “intelectual comprometido”. Hace dos meses, en una entrevista, el escritor yibutí confesaba que no tenía vocación de activista, pero que se había visto obligado a convertirse en una de las voces de la disidencia de su país. Curiosamente, en el encuentro entre los dos novelistas, Alain Mabanckou aseguraba que las cartas que le envían los jóvenes congoleños exigiéndole que se posicionase fue lo que le empujó a escribir una carta abierta al presidente francés, François Hollande, denunciando al régimen de Denis Sassou-Ngesso. “No puede permanecer en su confort, en los aplausos que le dan Europa, mientras que nosotros, en el Congo, estamos muriendo a causa del silencio de la gente”, dice Mabackou que le decía uno de esos jóvenes.

Abdourahman A. Waberi. Fuente: Wikimedia Commons - Paolo Montanaro

Abdourahman A. Waberi. Fuente: Wikimedia Commons – Paolo Montanaro

Los dos novelistas abordan, en esa entrevista cruzada, cuestiones la tradición de literatura contestataria africana; sus relaciones en y con Occidente, tanto Francia como Estados Unidos; o las prohibiciones que pesan sobre sus trabajos en sus países de origen. No se olvidan en su conversación, evidentemente, de la cuestión fundamental, porqué han adoptado ese compromiso y cómo lo combinan con su labor literaria.

En este último sentido, los dos escritores comentan divertidos un fenómeno que a la mayor parte de los escritores les revolvería el estómago. Ante la prohibición de sus libros en sus países, los novelistas se revelan. “El libro está prohibido y se convierte en un objeto clandestino. Circula en las trastiendas o se cuenta oralmente”, dice Waberi y Mabanckou añade: “¡Ah eso sí, cuando el tipo dice que ha leído el libro y empieza a contarlo a su alrededor, es mágico! A veces, no lo ha leído e improvisa. Pero es bello”. Waberi concluye: “El libro se hace vivo. Paradójicamente, a pesar de que la dictadura hace todo lo que puede para prohibir las producciones de intelectuales africanos, tenemos más atención de los medios que nunca en Francia y en los Estados Unidos”.

Recientemente, los dos novelistas se han visto ante una situación similar, unas elecciones presidenciales en las que nadie se ha atrevido a defender la transparencia de los comicios. Daniel Sassou-Nguesso, en la República del Congo, e Ismaïl Omar Guelleh, en Yibuti, han sido reelegidos en medio de las dudas sobre lo democrático de sus procesos y han sido contestados por estos dos novelistas. Ahora, ellos destacan la incultura de las autoridades de ambos estados e incluso la ignorancia de sobre la capacidad de revuelta que puede tener la literatura. “Hay críticas sociales en nuestros libros”, confiesa el congoleño, “pero los dictadores no comprenden las parábolas”, que afirma más adelante: “Es a través de la cultura que estos Estados pueden salvarse, superar las divisiones étnicas e inspirar a la juventud”.

En aquella entrevista anterior, Waberi aseguraba que “la dictadura en Yibuti morirá por sus propias contradicciones”. Curiosamente, la fórmula se parece mucho a la frase de Mabanckou que sirve para titular el encuentro de los dos escritores: “La duración de una dictadura depende de la continuidad de nuestro silencio”. Esas dos certezas marcan el motivo del compromiso de los dos escritores. Los novelistas están decididos a no colaborar con su silencio a la supervivencia de las dictaduras. Es más, se han conjurado para denunciar los atropellos y para alimentar con cultura la mente de los ciudadanos que están llamados a poner fin a esos regímenes.

Waberi y Mabanckou se miran en el ejemplo de Soyinka, de Ngugi wa Thiong’o, de Fanon, de Ouologuem, o de Béti, entre muchísimos otros para considerarse herederos de una tradición de literatura comprometida y contestatarias, una literatura rebelde que alimenta a los ciudadanos y no se pliega a los intereses del poder. Ni Waberi, ni Mabanckou se pliegan, tampoco, aunque eso suponga no poder volver a sus países, no poder distribuir públicamente sus obras, pero con la certeza de que la literatura transformadora tiene la capacidad de superar todos los obstáculos.  Dos ejemplos, de literatura y de compromiso.

Hay vida (literaria) más allá del verano

Durante todo el curso os hemos ido mostrando algunas de las novedades del año y, seguramente, entre esos artículos encontraréis propuestas para leer en verano. Lo que parece que da más vértigo es el parón de agosto y por eso, en este caso, queríamos lanzar un mensaje de esperanza y asegurar que el mundo no termina el 1 de agosto (ni el 31) o que por lo menos no hay previsión de que lo haga. Para que tengáis esperanzas para superar el sopor estival os vamos a avanzar algunas de las novedades con las que os encontraréis a la vuelta. Y lo mejor es que, seguramente, esta lista no es exhaustiva, es decir, que a la hora de la verdad nos encontraremos entre nuestras manos con muchas más obras de literatura de autores africanos. Además para alimentar aún más el júbilo, algunos de estos libros los podremos disfrutar los maltratados lectores de literaturas africanas en castellano. Todo un lujo.

  • Petit Piment, de Alain Mabanckou

petitpimentEmpezamos con una propuesta que nos queda un poco más lejos pero que nos llena de esperanza.  Se trata del último trabajo del congoleño Alain Mabanckou. Es uno de los autores africanos más traducidos en castellano y por eso, aunque de momento la novela se edita en francés esperamos que podamos encontrarla mucho más accesible muy pronto.

Petit Piment se presenta como la historia de un niño de Pointe-Noire criado en un orfanato católico que con la llegada de la revolución socialista encuentra la manera de abandonar la institución en la que él y sus compañeros eran sometidos a todo tipo de abusos. La fuga le depara, al protagonista, primero una vida de niño de la calle que sobrevive como puede y después una especie de acogida bajo las alas de una generosa madame alejada de los estereotipos. Sin embargo, una batida de las autoridades contra la prostitución, arrebata a Petit Piment su recuperada estabilidad y le conduce hacia una alocada venganza.

  • El brujo del cuervo y Descolonizar la mente, de Ngugi wa Thiong’o
Cubierta de El brujo del cuervo

Cubierta de El brujo del cuervo

La editorial DeBolsillo tiene previsto editar durante el otro dos de las obras del escritor keniano Ngugi wa Thiong’o, El brujo del cuervo y Descolonizar la mente. No hay que olvidar que Thiong’o  fue uno de los nombres que sonó en las apuestas del último premio Nobel de literatura, por lo que a pesar de que una de las previsiones se una reedición, no deja de suponer un motivo de alegría.

El brujo del cuervo fue editado en castellano por Alfaguara en 2008 y narra los delirios de un dictador que pretende construir una torre tan alta que sólo se podrá llegar a la cúspide en una nave espacial. Se trata de uno de los libros más representativos del realismo mágico africano a la vez que una alabanza de las luchas de los ciudadanos para librarse de los líderes que se dejan llevar por la corrupción y por sus locuras personales.

Por otro lado, Descolonizar la mente es uno de los ensayos más populares de este escritor comprometido. En este trabajo denunciaba una forma de colonización mucho más sibilina que consiste en apropiarse de las mentes de los colonizados a través del lenguaje y, por ello, lanzaba una batería de medidas para valorizar la cultura puramente africana y la ponía enfrente de los contagios de la cultura anglosajona.

  • Tram 83, de Fiston Mwanza Mujila

tram 83El de Tram 83 fue uno de los lanzamientos más exitosos de la literatura en francés de este año. A pesar de ser su primer novela, el congoleño Fiston Mwanza Mujila, consiguió atraer la atención de los medios franceses. Y nos alegramos aún más cuando nos enteramos de que durante este año, Tram 83 sería editada en catalán por Edicions del Periscopi y muy probablemente también en castellano.

Lucien y Requiem, un soñador y un buscavidas, son las dos caras de una misma novela en medio del escenario imaginario de una ciudad que gravita en torno a una mina de diamantes gestionada por un militar que hace y deshace a su antojo. El centro de ese universo es un bar con todas las funciones posibles, el Tram 83. El autor dibuja su visión personal del Congo en forma de una sociedad que poco a poco se ha ido deshaciendo, pudriéndose en la esperanza de conseguir, al día siguiente y por cualquier medio, una riqueza inmediata.

  • Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie

todos deberiamos serLo hemos dejado para el final porque seguramente se trata del lanzamiento más potente del año en lo que se refiere a los autores africanos traducidos al español. La editorial Random House ha previsto poner en las librerías el ensayo Todos deberíamos ser feministas en el que se basa la segunda disertación más popular de Chimamanda Ngozi Adichie (después de “El peligro de una sola historia”).

La escritora nigeriana ya no es una sorpresa, de ninguna manera. Ha conseguido hacerse querer por las editoriales, por la crítica y, sobre todo, por el público. Si la primera de sus intervenciones en las charlas TED, le valió el lanzamiento a la fama mundial y llamó la atención sobre obras que ya habían sido publicadas, cuando el vídeo se convirtió en viral. El segundo de sus discursos se ha apoyado en esa fama ya cultivada para defender una visión del feminismo que quizá levante algunas ampollas en Occidente, pero que seguro que animará simpatías insospechadas. Como adelanto de este lanzamiento, mucho mejor que una descripción, es ver el vídeo de su charla.

  • Deseos y anhelos

Como decimos este breve listado es sólo un avance. Confiamos en que las novedades sean mucho más numerosas, incluso las que aparezcan en castellano. De hecho, aunque no podemos avanzar su publicaciones hay algunos indicios que nos llevan a desear que este otoño sea también el momento de la aparición de The Hairdresser of Harare, del zimbabuense Tendai Huchu, ya que en algunos lugares se encuentran referencias a una misteriosa traducción al castellano que, por el momento, no ha sido publicada. De la misma manera, con un poco de suerte, quizá el otoño también ve florecer la edición pendiente en español de The Fisherman, del nigeriano Chigozie Obioma, que también ha llamado este año la atención de los medios internacionales.

Mientras tanto estaremos pendientes de las propuestas de otros editores de literatura en español de los que no podemos olvidarnos por su denodado esfuerzo por acercar las letras africanas a los lectores hispanohablantes. Seguro que 2709books, Baile del sol o Assata nos tiene preparada alguna sorpresa para sobrellevar el regreso a la rutina.

¿Están, por fin, los escritores africanos conquistando su espacio?

Imagen de los finalistas de la presente edición de The Man Booker International Prize

Imagen de los finalistas de la presente edición de The Man Booker International Prize

Quizá sólo sea una sensación o quizá tengamos tantas ganas de que ocurra que hacemos una interpretación intencionada, pero algunos indicios nos hacen pensar que, después de décadas de menosprecio, los escritores africanos están conquistando el espacio que les corresponde. Hemos visto a autores como Chimamanda Ngozi Adichie o Binyavanga Wainaina aparecer en listas de los mejores libros del año o de las personas más influyentes. Hemos visto también a escritores africanos como el fallecido Chinua Acheve o, más recientemente, Ngũgĩ wa Thiong’o aparecer en las quinielas del Premio Nobel de Literatura. El último de estos indicios acaba de hacerse público, es la lista de finalistas de uno de los premios literarios más prestigiosos del mundo, el Man Booker International Prize 2015. Esta lista, formada por diez autores, incluye cuatro africanos y, más concretamente, tres de África subsahariana y uno de África del Norte.

Es cierto que los responsables de este premio, que cuenta seis ediciones, no se caracterizan por arriesgarse especialmente en sus nominaciones y que apuestan habitualmente por carreras consolidadas. En esta última lista de nominados aparecen dos de las figuras más incuestionables de la literatura contemporánea africana, el mozambiqueño Mia Couto y el congoleño Alain Mabanckou. El tercer nombre de África Subsahariana que aparece en la lista es quizá algo menos conocido. Se trata de la sudafricana Marlene Van Niekerk.

De hecho en la historia del premio y hasta la presente edición, sólo dos autores africanos habían sido seleccionadas como finalistas y sus nombres no resultan nada sorprendentes. Se trata del nigeriano Chinua Acheve, en 2007, y el keniano Ngũgĩ wa Thiong’o, en 2009. Precisamente, Acheve consiguió ganar este premio.

Arriba a la izquierda, Alain Mabanckou; a la derecha, Marlene van Niekerk; abajo a la izquierda, Mia Couto; y a la derecha, completando el cuarteto africano, el libio Ibrahim al-Koni.

Arriba a la izquierda, Alain Mabanckou; a la derecha, Marlene van Niekerk; abajo a la izquierda, Mia Couto; y a la derecha, completando el cuarteto africano, el libio Ibrahim al-Koni.

Curiosamente los autores seleccionados escriben en lenguas diferentes. Mia Couto, lo hace habitualmente en portugués; Mabanckou, en francés; y Marlene Van Niekerk, en afrikáans. Este último dato, resulta también importante, la autora sudafricana escribe en una de las lenguas nacionales africanas y, a pesar de ello ha sido seleccionada para un premió internacional del calado del Man Booker International Prize. Aunque no hay que obviar que prácticamente todas sus obras han sido traducidas al inglés y Triomf, la novela que le dio una mayor popularidad, fue también llevada al cine.

En la presentación de la lista de finalistas ha tenido un especial protagonismo la cuestión de la diversidad. La presidenta del jurado, Marina Warner, en su comparecencia oficial hizo declaraciones como que “los escritores seleccionados ofrecen una extraordinaria variedad de experiencias” o que “la ficción puede ensancharnos el mundo a todos”. Precisamente esta última idea es la que lleva a reclamar el reconocimiento de los escritores africanos, porque si la literatura ayuda a ampliar los horizontes, no se pueden obviar las producciones de un importante porcentaje de la población mundial y de una literatura que además aporta una visión muy particular.

Se ha destacado en todos los ámbitos que seis de los escritores que aparecen en la lista de finalistas pertenecen a países que nunca antes habían tenido representantes en esta fase final premio. Lo que pone de manifiesto que los responsables del premio han hecho un esfuerzo por abrir sus propios horizontes. Por primera vez, además no hay dos aspirantes de la misma nacionalidad. Y The Guardian, por ejemplo, destacaba que escritores de renombre mundial, como Karl Ove Knausgaard y Haruki Murakami habían quedado fuera de la lista, lo que avala la importancia del premio.

La lista se anunció recientemente en la localidad sudafricana de Ciudad del Cabo y el nombre del autor ganador se anunciará el 19 de mayo en Londres. El escritor que finalmente se haga con el premio será galardonado con 60.000 libras. En todo caso, sea o no uno de los tres creadores de África Subsahariana el que aparezca en el anuncio definitivo, la literatura africana ha dado, sin duda, un nuevo paso hacia la normalización de su reconocimiento.

Black Bazar: embajadores de la rumba congoleña del s.XXI

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Hace pocas semanas nos dejaba el rey de la Rumba catalana: Peret. Y fue a finales del año pasado, cuando Tabu Ley Rochereau -el rey de la Rumba congoleña– dejaba el mundo de los mortales y se entronizaba como el mito que ya era en vida, cuando un grupo de músicos congoleños nos recordaba que la rumba congoleña no está muerta y que la música del antiguo y turbulento Zaire sigue dando mucha guerra.

black-bazar-round-2-web800La exitosa aventura musical de la rumba del grupo Black Bazar se materializaba a finales de 2013 en forma de su segundo álbum: Round 2 (Lusafrica). Hacía solamente un año que esta tribu de ases de la música congoleña habían irrumpido en la escena internacional con su álbum debut homónimo, Black Bazar (Lusafrica, 2012), y el listón estaba muy alto. Pero lo volvieron a conseguir, y la música refrescante y colorida de su segundo LP no ha parado de sonar durante todo el 2014 en los clubes nocturnos de Bélgica o Francia, tanto como en los de R.D.Congo o República Centroafricana. También la hemos podido escuchar durante todo el verano en festivales y fiestas. Y ya es oficial: Black Bazar son los embajadores del siglo XXI de lo que en los 70 se llamó muziki na biso (nuestra música en lingala) para referirse al Soukous o rumba congoleña.

Con un sonido enraizado en la escena musical de Kinshasa-Brazzaville y un sabor indiscutiblemente transatlántico aderezado con pizcas de makossa y guitarras rockeras con aromas nigerianas y latidos cabo-verdianos, antiguos miembros de bandas de titanes como Franco Luambo, Papa Wemba o Koffi Olomide y maestros como los padres del soukous, Popolipo Beniko -a la guitarra-, Michael Lumana -al bajo- o el aterciopelado Ballou Canta -a la voz-, la banda que fundó el escritor congoleño Alain Mabanckou -su productor y letrista- se ha convertido en una de las exquisiteces preferidas de los amantes de los sonidos africanos tanto en África como en el resto del mundo.

Black Bazar retorna la atención de la música africana moderna de ahí de donde emergió y se inflamó para arrasar con todo: la pista de baile. Y nos recuerda, una vez más, que no caben esencialismos cuando se habla de los sonidos africanos modernos, porque los sonidos no tienen fronteras. La rumba congoleña es uno más de los híbridos sonoros más infecciosos que nos brinda el continente. Se baila en África Occidental, África Central y África del Este con el mismo frenesí. Prueba de su rotundo éxito como música de baile es que, cincuenta años después de las independencias africanas, la rumba sigue manteniendo un diálogo constante entre tradiciones de diferente procedencia, tomando préstamos sonoros e infectando todo África y parte del extranjero.

Con cierto latido cubano en Beau gosse, fragancias antillanas en Bela Mambo y embriague sensual en la rumba pausada de Balabala, Black Bazar realizan una increíble labor de síntesis revestido de maestraje. En su rumba-techno con cadencias de kizomba Sweet Home, la unión de lenguas inglés-lingala sorprende con la participación de Fanfan, cantante haitiano que más bien se reconoce como un congoleño nacido en Haití. La guitarra del gran Franco Luambo parece resurgir como ancestro invocado en Les jaloux vont maigrir, pero los músicos demuestran no estar anclados en la nostalgia con composiciones y arreglos que trascienden la época dorada de la rumba.

Pero si de una cosa podemos estar seguros es de que lo que permanece perenne en la rumba de los Black Bazar es que es portadora de un frenesí desenfrenado. Si no, juzgad por vosotros mismos con este directo que se puede ver en la red. ¡No apto para personas con dolencias cardiovasculares!

Añadiendo mundos al mundo: el espejo del realismo mágico africano *

Artículo escrito por Sonia Fernández Quincoces: Licenciada en Derecho (UPV-EHU). Aficionada a la lectura, en la actualidad tiene un blog de Literaturas africanas (LitERaFRicA), que comenzó al comprobar el vacío de información que existía sobre las letras africanas y con el que ha descubierto que se estaba perdiendo un océano de buena literatura.

* “Añadir mundos al mundo” es una expresión prestada del escritor Sony Labou Tansi.

Obra de Muluken Debebe (Metherara, Etiopía 1978). Fuente: http://www.artofethiopia.com

Obra de Muluken Debebe (Metherara, Etiopía 1978). Fuente: www.artofethiopia.com

Junto al “realismo mágico” suelen aparecer, al menos, tres medio-verdades: una, que es un movimiento literario; dos, que lo creó Gabriel García Márquez y tres, que se circunscribe al mundo latinoamericano. Sin embargo, abarca más campos como la pintura o el cine; se le ha asignado otros padres aunque sea García Márquez el máximo exponente en el ámbito literario, y aparece en otras geografías además de, por supuesto, en Latinoamérica.

Desde el continente africano, Alain Mabanckou en su obra “Memorias de puercoespín”, nos hace conocedores de una tradición popular según la cual cada ser humano posee su doble animal, creencia que forma parte de la realidad de los congoleños. Si la realidad es la base del “realismo mágico”, Mabanckou no fabula sino que transmite la realidad que él percibe, algo que se vive como tal por un grupo de personas. En la mencionada novela, a través de un recorrido literario, va señalando en otras obras la aparición de dobles animales: buenos, en el caso del gallo de “El coronel no tiene quien le escriba” de García Márquez, o nocivos, en el del pez de “El viejo y el mar” de Ernest Hemingway, dando a entender que lo narrado no se ciñe a su país sino que se extiende por otros continentes. Otro ejemplo lo tenemos en el geco (o lagartija), doble animal del protagonista de la novela “El vendedor de pasados” del angoleño José Eduardo Agualusa. Lo que creo que intenta demostrar Mabanckou es que el “realismo mágico” es universal y que existe incluso antes de plasmarse en ninguna obra literaria, ya que describe una realidad a la que nosotros no estamos acostumbrados.

Obra de Mezgebu Teseba (Enewary, Etiopía 1960). Fuente: http://www.artofethiopia.com/

Obra de Mezgebu Teseba (Enewary, Etiopía 1960). Fuente: www.artofethiopia.com

En este sentido, Mia Couto afirma: “África está lleno de Macondos, de pueblos así, como el de Gabo (…) en Mozambique no es que se viva puro realismo mágico. Es que es  realismo real” [1]; y completando lo anterior, asevera: “En Mozambique, lo que no se ve es más importante que lo que se ve” [2]. De igual manera, José Eduardo Agualusa comenta: “En África, la realidad supera a la ficción. Hace unos años leí en un diario una noticia que hablaba de un hombre que había sido embrujado y al que le empezó a manar agua del cuerpo. La casa se llenó de agua y barro hasta que el hombre se transformó en un charco” [3]. Ben Okri, otro escritor al que se asocia con esta corriente literaria, dice: “Que la gente compare mis libros con los de García Márquez se debe a que tenemos esa percepción similar que no es occidental. El realismo mágico es un lugar transformado por la conciencia. Don Quijote es realismo mágico. En realidad, es una especie de Génesis. Es la conciencia que construye el paisaje por primera vez” [4].

En el continente africano, como hemos visto, también han surgido libros que se han relacionado con esta corriente literaria. En mi opinión poner etiquetas facilita el reconocimiento, pero empequeñece la diversidad. Me resulta difícil identificar en todas las obras africanas calificadas como “realismo mágico”, los detalles que las señalan como tal. A veces veo una mágica realidad, otras veces un realismo fantástico y otras pura fantasía. En algunas obras se da también la confluencia de los tres elementos y en otras apenas hay unas pinceladas. Crónicas abisinias de Moses Isegawa, El brujo y el cuervo de Ngũgĩ wa Thiong’o  y Tierra sonámbula de Mia Couto se suelen englobar bajo este término.

 “Girls with Flower”, de Getahun Assefa (Addis Abeba, Etiopía 1967). Fuente: http://www.getahun.com/

“Girls with Flower”, de Getahun Assefa (Addis Abeba, Etiopía 1967). Fuente: www.getahun.com

Cubierta de Crónicas Abisinias

Cubierta de Crónicas Abisinias

Considerado uno de los exponentes del “realismo mágico” africano (junto con Sony Labou Tansi o Zakes Mda, entre otros) y reconociéndose como tal, Moses Isegawa afirma: “El realismo mágico de García Márquez encuentra grandes correspondencias en África. En Uganda también escuchas historias tan fantásticas como las que cuenta García Márquez. De hecho, las vives diariamente (…) Cien años de soledad me sirvió de modelo para escribir mi novela” [5].

En su novela Crónicas abisinias Mugesi, el protagonista, hijo de madre profundamente católica, va describiendo aspectos de la vida social, religiosos, políticos, económicos y culturales. Y lo hace desde la narración de historias imaginadas, plenas de personajes que nos arrastran y nos ensueñan. El niño que ha de ocuparse de sus hermanos menores, bajo la situación de poder, tratada a veces con humor y a veces con espanto, de unos padres que  Mugesi no duda en calificar como “déspotas” y cuya imaginación es alimentada por las historias que cuenta el tío Kawayida, crecerá sin pelos en la lengua, contándonos sus travesuras, sus pequeñas venganzas, su despertar sexual, su enamoramiento más profundo y sin salida, su propia pesadilla, sus logros como hombre de negocios y su contacto con la guerrilla.

Podemos tomar Crónicas abisinias como la descripción de la infancia, adolescencia y madurez de un ugandés de familia humilde, que nace con la independencia de su país. Sin embargo, el mayor logro de esta obra es mostrarnos lo que ocurrió en Uganda en la segunda mitad del siglo XX, a través de un recorrido vital escrito de manera minuciosa sin que decaiga el interés, de manera clara. No se trata de una novela autobiográfica, pero hay mucho en los rasgos de su protagonista, Mugesi, en común con los del escritor.

Cubierta de El brujo del cuervo

Cubierta de El brujo del cuervo

Ngũgĩ wa Thiong’o es el autor de El brujo del Cuervo. Escrita en origen en lengua kikuyu o gikuyu, esta extensa novela de más de setecientas páginas, nos ofrece un penetrante análisis de la realidad poscolonial de una imaginaria República Libre de Aburĩria.

Un dictador, aupado gracias a una nube de seguidores, que son capaces de someterse a diversas operaciones de cirugía estética para llegar a ser su boca, sus ojos, su nariz y sus oídos, y que le mantienen en su estatus de “dios”.  Un proyecto delirante, “Camino al Cielo” que no es sino una altísima torre, que va a financiar el Banco Mundial, a la que  mediante una nave espacial, se elevará al soberano hasta tocar (cómo no) el cielo. Un pueblo tiranizado, pero no sometido, que hace interminables colas para conseguir trabajo. Una pareja mágica, que acaba convertida en el centro de los deseos de todos los que necesitan que la realidad sea diferente, empujándoles a mutarse en las dos caras de este brujo del cuervo.

Esta novela posee en su interior una especie de conjuro que hace que toda la historia arrastre, conmueva, divierta, entristezca, asombre y provoque que, en nuestras bocas, tan pronto aparezca la sonrisa como se nos hiele la comisura. Brillante en su escritura, Ngũgĩ nos traslada a una Aburĩria imaginada (pero a la que pronto podemos identificar) y poscolonial en la que los sucesivos gobernantes parecen ser siempre los mismos bajo diferentes disfraces. En la que la fuerza atronadora de un pueblo, que se levanta una y otra vez contra la barbarie y el despotismo, contra la corrupción y la negación hasta de los propios orígenes, es descrita con un lenguaje original, imaginativo y mágico, digno heredero de la tradición oral del continente.

Cubierta de Tierra sonámbula

Cubierta de Tierra sonámbula

La tercera novela es Tierra sonámbula de Mia Couto. Se inicia con la llegada a un machimbombo (autobús) quemado de dos seres que parecen venir de la nada (en plena guerra de Mozambique),  del lugar donde han sido despojados de todo, en un momento en el que “parecía que todas las sombras habían caído sobre el mundo”. Los camineros, en este caso, son el crío Muidinga, abandonado a su suerte  y el viejo Tuhair que lo ha acogido bajo su protección. Entre los restos del esqueleto quemado del vehículo encontrarán una maleta con los papeles que alguien ha abandonado; son los Diarios de Kindzu y, gracias a ellos, ambos pasarán las noches repasando aquellas vidas ajenas que reviven al ser leídas y les hacen huir de la realidad maldita que les rodea y de la que ya ni se asombran.

El texto sume al lector en un estado de  sonambulismo o incertidumbre; lo real aparece rodeado del mundo de los sueños o de los muertos, que se entrecruzan con naturalidad, como parte de la misma. Sus personajes pertenecen a esta categoría: el niño Junhito al que disfrazan de pollo para poder salvarle la vida y acaba desapareciendo, conservando quizás su forma animal, allí donde quiera que se encuentre; o Siqueleto cuyo máximo afán es hacer manar ríos, son dos ejemplos de los muchos que abundan en la obra.

“Tierra sonámbula” produce la sensación de hacernos entender que, a pesar de los pesares, el ser humano tiene resortes para continuar hacia delante, a través de la fuerza y la dignidad que transmiten sus personajes. Quizás sea que propone la lectura como vía para sobrevivir, para continuar, para reencontrarnos a nosotros mismos, para sentir que formamos parte de una cadena subterránea y que, a través de los libros, los sueños, lo real o lo mágico, se puede seguir avanzando, huyendo del árido y terrorífico presente, como el crío soñador, como el viejo prodigioso, con toda su humanidad intacta.

Dejo en vuestras manos el que las califiquéis como “realismo mágico”, “real maravilloso” o “mágica realidad”. En mi opinión esto es lo de menos, lo de más es garantizarse una buena lectura. Que esta nos muestre lo irreal o extraño, para nosotros, como algo cotidiano o normal, para otros, nos agranda y enriquece, al tiempo que nos ayuda a entender que fuera de nuestra manera de concebir la realidad hay más mundos, tan reales como los nuestros, solo tenemos que decidirnos y mirar a través de otros espejos.

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Crónicas abisinias, Mosés Isegawa – Ediciones B, S.A., 2000. Traducción de Luis Ogg.

El brujo del cuervo, Ngũgĩ wa Thiong’o – Editorial Alfaguara-Santillana, 2008. Traducción de Susana Rodríguez-Vida.

Tierra sonámbula, Mia Couto – Editorial Santillana, S.A-Alfaguara, 1998. Traducción de Eduardo Naval.

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Notas:

[1] “Mia Couto: África está lleno de Macondos, de pueblos así, como el de Gabo” 29/04/2013. Afribuku, Sandra Quiroz [Castellano] http://www.afribuku.com/miacouto/

[2] “Mia Couto: En África no es que se viva un realismo mágico, es realismo real” 30/09/2013. El País,  Lola Huete Machado [Castellano] http://elpais.com/elpais/2013/09/27/eps/1380282368_900161.html

[3]“Los escritores africanos Couto y Agualusa presentan dos novelas marcadas por la guerra” 25/04/2002. El País, Xabier Moret [Castellano]  http://elpais.com/diario/2002/04/25/cultura/1019685606_850215.html

Couto explicó el caso de un hombre que había afirmado que podía volar desde Isla Mozambique hasta La Meca. La plaza del pueblo se llenó ante el anuncio. El hombre, sin embargo, suspendió el vuelo a última hora alegando problemas técnicos, lo que provocó importantes disturbios

[4]”La voz de África” 29/12/2007. El País, Guillermo Altares [Castellano]  http://elpais.com/diario/2007/12/29/babelia/1198889418_850215.html

[5]”A la Feria del Libro de Bogotá llega el hombre que escribió el testamento de África del Sur”. Agencia de noticias literarias. com, Pablo Gamez [Castellano] http://www.noticiasliterarias.com/articulos_literarios/articulos%20literarios%2012.htm

 

Escaparate literario desde Costa de Marfil

Prix Ivoire1

Los premios y concursos son siempre un sistema controvertido cuando se aplica a la literatura, y son habituales las críticas desde las más variadas perspectivas, desde la falta de legitimidad de los convocantes hasta la arbitrariedad de los criterios o las intenciones mercantilistas (más que artísticas o culturales) que se pueden esconder detrás de algunos de ellos. El hecho es que todas estas condiciones se cumplen en África e, incluso, en ocasiones se suman algunas más relacionadas, por ejemplo, con enfoques neocoloniales o, incluso, de explotación (por hacer un paralelismo) de recursos, pero en este caso humanos.

En todo caso, hay un elemento que en un premio siempre se coloca en la columna de las ventajas y es la cuestión de la visibilidad. En el mejor de los casos, un concurso hace que emerjan libros o autores que estaban más o menos sumergidos. En este caso, el Prix Ivoire pour la Littérature Africaine d’Expression Francophone, tiene de alguna manera, esa virtud de escaparate, más allá de los dos millones de francos CFA de los que está dotado (algo así como unos 3.000 euros). Al margen del resultado final, es decir, del fallo del jurado, del único autor que podrá poner en su curriculum que se ha alzado con este galardón en una edición concreta, el premio que ha llegado este año a su sexta convocatoria, nos llama la atención sobre una serie de nombres. Algunos de estos autores tendrán después una trayectoria más larga y, en todo caso, se asoman a un púlpito nada despreciable.

El Prix Ivoire no tiene vocación de descubrir autores absolutamente desconocidos, teniendo en cuenta que premia libros que ya han sido publicados. Pero desde aquí, desde Europa, ésta es una buena excusa para asomarnos a la habitualmente poco accesible literatura africana. Según señalan los propios impulsores del certamen, la asociación marfileña Akwaba Culture, a modo de objetivo, se trata de “un premio africano de literatura destinado a recompensar a un autor africano por una de sus obras”.

En pleno mes de agosto, se hizo pública la lista de los finalistas del premio que debería fallarse el próximo noviembre. Pero es precisamente, este paso, el de la exposición de los primeros preseleccionados, el que cumple fundamentalmente esa labor de escaparate. Evidentemente, el premio es una iniciativa marfileña pero con una vocación panafricana (del África francófona, eso sí) impulsado por la asociación Akwaba Culture y apoyado por el Ministerio de Cultura y de la Francofonía de Costa de Marfil, la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), la Embajada de Francia en Abidjan, el grupo Librairie de France y Orange – Costa de Marfil.

La lista de estos preseleccionados nos descubre un grupo de autores africanos procedentes de cinco países, entre los que se encuentran algunos desconocidos para nosotros y otros que ya han tenido su momento de gloria, o que al menos han tenido una cierta proyección, como es el caso del gabonés Janis Otsiemi, del que ya hemos hablado en esta sección. Simplemente a modo de llamada de atención, el resto de los preseleccionados son los marfileños Josette Abondio y Flore Hazoumé, el guineano Mamadou Aliou Bah, los cameruneses Hemley Boum y Marcel Nouago Njeukam y la marroquí Badia Hadj Nasser. Vale la pena seguir la pista de todos ellos.

Por lo que se refiere a la trayectoria del premio y para seguir llamando la atención sobre autores africanos que no han terminado convirtiéndose en “superestrellas” del panorama literario europeo, pero que merecen atención, el primero de los ganadores (en 2008) fue el senegalés Racine Kane; le siguió el marfileño Tiburce Koffi; en 2010, el galardón fue para la camerunesa Elisabeth Ewombè-Moundo; en 2011 fue premiada la única obra de no ficción de este palmarés, se trató de una biografía de Félix Houphouët-Boigny, concretamente los dos últimos de los tres volúmenes de esta obra de Frédéric Grah Mel; y por último, la última laureada (en 2012) ha sido la senegalesa Mariama N’doye.

Los propios organizadores del premio reconocen que se trata de una buena manera de darse publicidad para los autores y de conseguir visibilidad, gracias a la colaboración con numerosos medios de comunicación y, aunque no lo reconozcan explícitamente, gracias al prestigio que se ha ido construyendo esta convocatoria. Una parte de este prestigio viene dada por el hecho de que el acto de la entrega se convierte en una gran fiesta de la literatura africana francófona. Por el palco de los autores invitados han pasado nombres como Aminata Sow Fall, Djibril Tamsir Niane, Cheikh Amadou Kane, Boubacar Boris Diop, Henri Lopes o Alain Mabanckou, por citar sólo algunos de ellos. En la fiesta que se celebrará en noviembre, este honor recaerá en  la ruandesa Scholastique Mukasonga y el guineano Tierno Monénembo.