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Cuando África va a Berlín

Desde el 15 hasta el 25 de febrero de 2018, el Festival de Cine de Berlín (también llamado Berlinale) acogerá una plétora de películas africanas y reuniones profesionales para su 68ª edición.

En los cines

Imagen de High Fantasy, dirigida por la sudafricana Jenna Bass. Cines africanos

África también estará presente incluso si no se incluye un largometraje en la competencia oficial y ningún profesional en los diversos jurados. Solo el documentalista congoleño Dieudo Hamadi presentará su largometraje Kinshasa Makambo en la sección Panorama.

En la sección Cortometrajes se presenta una película filmada en Mozambique (Madness, por Joao Viana) y otra filmada en Ruanda (Imfura, por Samuel Ishimwe). Fuera de competición, una se presenta el cortometraje nigeriano: Besida, por Chuko Esiri.

La selección de Generación, dedicada a películas para un público juvenil, tiene dos largometrajes: High Fantasy, de Jenna Bass (Sudáfrica), ya presentada en el Festival de Cine de Toronto en septiembre de 2017, y Supa Modo, de Likarion Wainaina (Kenia), producido por One Fine Day Films fundada por el cineasta alemán Tom Tyckwer.

El Forum, donde se presentan habitualmente películas africanas, ha seleccionado varias obras este año: un documental del cineasta camerunés Jean-Pierre Bekolo, Afrique la pensée en mouvement Parte I y II; el largometraje Our Madness de Joao Viana (Mozambique) que se desarrolló a través de la Cinefondation del Festival de Cannes; la versión restaurada de Shaihu Umar de Adama Halilu (Nigeria) filmada en 1976; el segundo largometraje del director marroquí Narjiss Nejjar, Apatrides, lo nuevo del también marroquí Hicham Lasri, Jahilya y el primer largometraje del cineasta congoleño Machérie Ekwa Bahango, Mak’ila. A esto se agrega el cortometraje We live in silence: chapter 1 to 7, por Kundzanai Chiurai (Zimbabue), presentado en la sección Forum Expanded.

 

En el mercado cinematográfico

Los profesionales de continente podrán reunirse en el Africa Hub de la Berlinale, que recibirá a profesionales del continente por segundo año consecutivo, en asociación con el mercado de cine y televisión DISCOP. Situado a la entrada de la European Film Market, este espacio organizará reuniones y presentaciones que incluyen: Monica Rorvik (Wesgro Film and Media Promotion, Sudáfrica), Dorota Lech (Hot Docs, Canadá), Marc Schwinges (Underdog Productions, Sudáfrica), Amani Papy (Burundi Film Center, Burundi), Grace Evaly (Nollywood Germany, Alemania), Elias Ribeiro (Urucu Media, Sudáfrica), Aliki Saragas, Zoe Chiriseri, Sara Blecher (SWIFT, Sudáfrica), Dayo Ogunyemi (234 Media, Kenia/Sudáfrica), Alain Modot (DIFFA, Francia/Costa de Marfil), Tshoper Kabambi (Bimpa Productions, RDC), Chike Maduegbuna (Afrinolly, Nigeria), Tanja Sakota (Wits Film and Television, Sudáfrica), Vincenzo Cavallo (Cultural Video Production, Kenia), Toni Monty (Durban FilmMart, Sudáfrica), Don Edkins (AfriDocs, Sudáfrica) and Judy Kibinge & Peter Mudamba (Docubox, Kenia), Betty Sulty-Johnson (Trace, Francia), Joel Haikali (Namibia Film Commission, Namibia), Fabrizio Colombo & Daniel Nyalusi (Zanzibar IFF, Tanzania), Laza (Rencontres du Film Court, Madagascar), Philipp Hoffmann (Rushlake Media, Alemania), la nuestra revista AWOTELE representada por Claire Diao (Francia/Burkina Faso) y Nicolai Niemann & Nkiru Niemann (GreenMe Global Festival, Alemania).

Africa Hub Talks

En los Africa Hub Talks, que se celebraron del 16 al 20 de febrero hubo títulos muy atractivos. El 16 de febrero tuvo lugar ¿Dónde está el mercado de cine africano”, con Tim Mangwedi (de Mercados para el África subsahariana de DISCOP, Sudáfrica) Dayo Ogunyemi (234 Media, Kenia / Sudáfrica), Elias Ribeiro (Urucu Media, Sudáfrica) y Barbara Weill (CanalOlympia, Francia).

El 17 de febrero “África y adquisiciones, compra a un continente”, con Michiel Berkel (Comart Films, Sudáfrica), Theresa Hill (STEPS, Sudáfrica) y Laurent Sicouri (Canal+, Francia). El 18 de febrero “Reimaginar África, cómo comprar un continente”, con Efuru Flores (florecientes Films, EE.UU.), Tendeka matatu (Ten10 Films, Reino Unido) y Leslie Vuchot (La Agencia Festival, Francia). El 19 de febrero “Sur-Sur, crear los enlaces al sur del hemisferio” con Neil Brandt (Fireworx Media, Sudáfrica) y Joao Queiroz (Querosene Filmes, Brasil). Y finalmente el 20 de febrero El cine africano existe: el World Cinema Fund Africa y otras historias” contada por Michael Henrichs (Die Gesellschaft DGS, Alemania) y Vincenzo Bugno (World Cinema Fund, Alemania).

Solo un apunte recordatorio, solo una película africana ha ganado el Oso de Oro; fue en 2005 con Carmen U-Kayelitsha, de Mark Dornford-May. Hace ahora 13 años…

Traducción: Sebastián Ruiz-Cabrera

Félicité o el canto a la vida

Félicité se gana la vida cantando en un bar de Kinshasa

Félicité es la nueva cinta del director franco-senegalés Alain Gomis y una de las candidatas a llevarse el Premio del Público a la Mejor Película en la presente edición de Film Africa, el festival de cine africano contemporáneo de Londres del que Wiriko es medio oficial y advisor de la programación.

El nuevo trabajo de Gomis es un canto a la vida. Un tratado de resiliencia visual y musical de más de dos horas y que relata los pormenores de una madre soltera de Kinshasa, Félicité, cuya rutina cambia el día en que su hijo sufre un accidente de tráfico.

Félicité se gana la vida cantando en un bar de la capital de la República Democrática del Congo (RDC). Es una mujer valiente, dura y que lucha por no tener que darle explicaciones a nadie. La protagonista trata de escapar de un sistema socioeconómico y cultural que pone obstáculos para la independencia de la mujer en el África subsahariana. Ella pelea su sitio, esquiva a los acosadores y lleva las riendas de su vida como le da la gana. Dejó al padre de su hijo para ser una mujer fuerte aunque perderá el pulso ante el sistema de salud congoleño. Su aguante se desmorona cuando Samo, su hijo, necesita una operación para salvar su pierna tras un percance en motocicleta. Desesperada por conseguir el dinero que permita la actuación médica, Félicité se enfrenta a sí misma y a su orgullo.

En todo bar hay un borracho. Un hombre solitario. Tabu, interpretado por Papi Mpaka, es el que cada noche escucha las canciones de Félicité desde la barra. Empinando el codo, hablando más de la cuenta y engatusando a las mujeres para que lo acompañen a la cama. Una mañana de resaca, este manitas aparece para arreglar el frigorífico de Félicité. Ambos personajes chocan fuera del bar, en un marco ajeno pero con las etiquetas de la noche; él es el borracho, ella la cantante.

En este contexto, Tabu sabe de la situación de Félicité y de su hijo y accede a ayudarla. Pero, ¿cuál es la moneda de cambio? En la encrucijada, la película de Gomis toma, sin embargo, al espectador más allá de una historia de autocompasión. La resistencia de Félicité se desmorona mientras Tabu endulza unos momentos agónicos. La historia nos lleva hacia un camino de aceptación, perdón y esperanza. Un sensual y cuidado contrato al amor sin letra pequeña. Una relación honesta y cruda como la mirada de su protagonista, la sudafricana Véro Tshanda Beya Mputu. Sus ojos penetran desde el primer plano así como lo hace su voz.

La música es también otro personaje más en esta cinta. La banda sonora está compuesta por el colectivo local Kasai Allstars y a través de los temas se muestra la mutación de carácter de Félicité. Del jolgorio a la rendición. Y a los sueños. Gomis juega con unas escenas líricas, amenizadas por la Orquesta Sinfónica de Kinshasa, para adentrarnos en unas ensoñaciones donde se olvida el caos de la ciudad y en la oscuridad del bosque, Félicité encuentra a Tabu.

Tabu, Felicité y Sano en un fotograma de la película

La relación entre ambos crece en silencio. La noche es para los tormentos y a plena luz del día no hay máscaras. No hay micrófono, no hay trago. Hay otras Félicités. Otros Tabus. “Ámame pero no me lo pidas”, le dice ella.

Alain Gomis filma la rutina con esta película. Se ha centrado en los momentos diarios en los que la vida toma forma y se desarrolla. “Me gusta fijarme en lo invisible de cada día porque ahí experimentamos cosas intangibles como por ejemplo el amor”, dijo el director en la pasada edición de la Berlinale donde Félicité se llevó el Gran Premio del Jurado (Oso de Plata).

En esas minucias de la vida cabe un frigorífico. Uno antiguo, estropeado y que mantiene su lugar de privilegio en el salón de una casa de los suburbios de una capital del África subsahariana. ¿Es mejor comprarse uno nuevo? Quita, quita. Esto se soluciona pronto. No es el motor, es el ventilador. Tampoco. Va a ser el transformador. Y cuando todo está perdido, el frigorífico vuelve a funcionar. Sin embargo, desprende ruido. Se ríe por no llorar. Se acepta y el molesto sonido da compañía en la humilde casa de Félicité. La vida es como un frigorífico. Y quizás el amor.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival de cine contemporáneo Film Africa.

Nakom: el poder de la tradición

poster-nakom“Nakom”, diriga por Kelly Daniela Norris y una novata TW Pittman, es una de esas coproducciones a las que el cine africano nos está acostumbrando en los últimos años. Es un largometraje que nos traslada directamente al mundo rural de Ghana, en contraposición al paradigma urbano. ¿Quedarse o irse? Una pregunta que puede parecer sencilla pero que determina dos posibles futuros y que fuerza a nuestro protagonista, Iddrisu (Jacob Ayanaba), a tomar una decisión que marcará el resto de su vida. Una película que ha llegado a España de la mano de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, pero en su haber tiene haber conseguido un año lleno de buenas críticas en la Berlinale (Alemania), Durban International Film Festival (Sudáfrica) donde ganó el premio del jurado, Hong Kong, Seattle (EE.UU.), Cambridge (Inglaterra) y en unos días en el Film Africa de Londres, festival que sube la cortina hoy y donde Wiriko es medio oficial.

Iddrisu es un joven universitario de medicina que estudia en la ciudad de Kumasi y es, además, uno de los alumnos más aventajados. La ciudad se ha convertido en su vida y sus estudios la clave del éxito. Con un camino encarrilado, Iddrisu parece tener muy claro cuál es su destino: terminar sus estudios y mudarse a Accra, la capital del país. Sin embargo, todo se trunca cuando recibe una llamada de su hermana, Damata (Grace Ayariga), quien le anuncia la muerte de su padre y la necesidad de que vuelva a la pequeña aldea de Nakom.

Sin pensarlo dos veces Iddrisu vuelve a su pueblo donde le espera una familia deshecha por el dolor con el que cargan sobre todo las mujeres. Algo que no impide al protagonista desde el primer momento anunciar su intención de volver a la ciudad. Pero no tardará en encontrarse con el lamento de su madre: “Nuestras tradiciones han muerto”, proclama una contenida pero brillante Justina Kulidu. A ella se suma las críticas de vecinos, familiares y del líder del pueblo que le advierten del peligro que corre su familia si queda descabezada.

Iddrisu –que acapara casi cada escena, colocado en el centro, como queriendo invisibilizar todo aquello que le rodea– duda entre el valor de las tradiciones y la creencia en la necesidad de cambiar todo lo que para él no tiene sentido. Se ha convertido en la cabeza de familia y tiene que tomar todas las decisiones, no importa si son correctas o incorrectas: sacar adelante el huerto de la familia, pagar deudas y mantenerla unida son sus nuevos objetivos.

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Sin embargo, en este largometraje el típico enfrentamiento entre lo nuevo y lo viejo, la tradición y la modernidad, queda desvirtuado cuando Iddrisu comienza a introducir cambios, pero manteniendo lo esencial: el momento de sembrar y la manera de cultivar, la decisión de convertir a su familia en una “democracia” donde todos deciden por cada uno de sus miembros, la insistencia en los estudios o el cambio de roles, son solo algunas de las novedades. Y es justo en este proceso cuando la cámara empieza a abarcar todo lo que rodeaba a Iddrisu. Aunque antes también veíamos a las esposas de su padre y a sus hermanos, comienzan a ser más visibles. Las directoras nos muestran, con un perfil bajo, cómo ha cambiado todo.

La nueva combinación parece dar resultados, por fin llega la lluvia y un año pasa muy rápido. Pero también llega el inevitable momento de resolver qué hacer con su vida. La ciudad, como una promesa de futuro, o el campo, que ha vuelto a ser su hogar. Las escenas de la inmensidad del cielo y del campo juegan con la ilusión de que el tiempo se ha detenido en Nakom. Lamentablemente las decisiones se pueden apartar durante un tiempo, pero no eternamente.

Volver a la ciudad y abandonar a los suyos o permanecer y olvidar sus sueños. Dos futuros, dos mundos y dos vidas, pero la misma pregunta que atormenta al protagonista: ¿Quedarse o irse? Y esta vez, quizás sí, sea una decisión que le afecte para siempre.

El neorralismo ugandés

Donald Mugisha, director de la pelicula ugandesa "Abaabi ba boda boda" (The Boda Boda Thieves).

Donald Mugisha, director de la pelicula ugandesa “Abaabi ba boda boda” (The Boda Boda Thieves).

Esta entrada bien podría haberse titulado “El éxito de las coproducciones panafricanas: el caso ugandés” por la alegría de saberse entre las películas seleccionadas / proyectadas en la Berlinale 2015. Pero vamos por partes. Ante las tremendas dificultades de producir una película se impone la necesidad de buscar aliados. Ya no sólo en Europa, sino también, en el propio continente. Por eso estamos de enhorabuena. El largometraje “Abaabi ba boda boda” (Los ladrones de Boda Boda), dirigida por Donald Mugisha, ha sido un proyecto que, finalmente y tras 3 años, ha visto la luz por todo lo grande.

Esta versión ugandesa de la neorrealista italiana clásica Ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio De Sica, es una producción de Yes! That’s us (Sí! Somos esto), un colectivo de cine “guerrilero” y panafricano que abarca la naturaleza colaborativa de la cinematografía y de la importancia de encontrar modelos de trabajo regionales y soluciones de distribución adecuadas. Es una coproducción entre Uganda, Sudáfrica, Kenia y Alemania. El crítico y también guionista Humberto Barbaro, utilizaba el término neorrealismo en 1943, un movimiento más que una escuela, como forma de protesta contra el cine académico y anquilosado. Es decir, un cine no para ricos y preocupado por el testimonio social. Y Los ladrones de Boda Boda pretende movilizar el imaginario sobre la capital ugandesa en estos términos.

Como comenta su director, quien soñaba con dedicarse a la industria cinematográfica: “En casa me instalé un software de vídeo en el ordenador e hice películas caseras con una videocámara. Nunca terminé mis estudios de comunicación de masas. Yo quería filmar. Y como algunos de mis amigos también estaban estudiando, pero realmente queríamos ser artistas, establecimos el colectivo Yes! That’s us. Hicimos películas y clips de vídeo experimental, y desarrollamos nuestro propio concepto y estilo”. El boda-boda o moto-taxi cuenta una historia sobre un joven vagabundo cuya existencia es puesta a prueba cuando un accidente deja a su padre incapaz de conducir.

En 2007 Mugisha hizo su primer largometraje (digital) con Yes! That’s us: Divizionz (2008). En este trabajo el joven director retrataba la separación de clases en Kampala. “Mis películas hablan sobre los fenómenos sociales en Uganda. No es mi intención la de predicar, pero queremos que la gente piense. Provocar. Los artistas tienen un espejo frente a la sociedad”.

Para mostrar la odisea de el éxito final de este trabajo en la búsqueda de financiación (algo parecido tienen que hacer las demás producciones) os detallamos algunos de sus hitos importantes. El proyecto ganó el premio de 10.000€ en la 10ª edición de la Berlinale Talent Campus; fue uno de los cinco proyectos seleccionados por el World Cinema Fund 71.6820€; y, antes de eso, el proyecto también recibió fondos de otras entidades financieras, incluida el III Foro África Produce de Coproducción en el 8º Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT), donde consiguió un acuerdo de coproducción con la compañía keniana Hot Sun Films.

Entre otras menciones especiales recuerda a la carrera del trabajo dirigido por el congolés Djo Munga Viva Riva! (2010), otra película que se benefició de los recursos internacionales de coproducción (Congo, Francia, Bélgica y Sudáfrica, financiado por Canal Plus y Belgium’s Film Fund). Seguiremos la pista de cerca a Donald Mugisha y a su colectivo esperando que nuevas coproducciones panafricanas lleguen a los festivales internacionales.

Berlinale 2015 y el África que viene

berlinale2015

El viernes subirá el telón el 65º Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale) el mayor festival de cine en el mundo con alrededor de 400 películas seleccionadas. Del 5 al 15 febrero un buen elenco de películas africanas pasarán por esta cita ineludible cada febrero. Más de 300.000 tickets vendidos, más de 20.000 profesionales del sector de 124 países, incluyendo 3.700 periodistas acreditados: arte, glamour, fiestas y negocios son parte del cóctel de la Berlinale 2015. Aquí una muestra de la vitalidad de los cines africanos al sur del Sahara seleccionados para esta edición.

Respire Umphefumlo (Sudáfrica)

Tras el éxito en la Berlinale de 2005 por la película Karmen U (una adaptación sudafricana de la ópera Carmen de Bizet) el director y vuelve a afilar su pluma con Respire Umphefumlo una adaptación de la ópera de Giacomo Puccini La Bohème a la Sudáfrica contemporánea. Junto con Mandisi Dyantis, Pauline Malefane Giacomo -quien fuera la protagonista en Karmen Uha llevado a cabo la dirección musical, así como en el papel de Zoleka. que incluye canciones en Xhosa. La acción se ha incorporado a partir del siglo XIX parisino a la actual Sudáfrica. Por ejemplo las celebraciones de Navidad de Puccini se han convertido en el día festivo nacional del 16 de junio, que conmemora a las víctimas de la masacre llevada a cabo en 1976 por el régimen del apartheid contra los escolares de Soweto. Los músicos de la conocida Isango Ensemble ponen la banda sonora en el idioma xhosa.

Imagen de la película Respire Umphefumlo, del director sudafricano

Imagen de la película Respire Umphefumlo, del director sudafricano

Mayoría de edad (Sudáfrica)

Este documental dirigido por Teboho Edkins se mostrará en la sección Generación. El guión muestra la vida de varios adolescentes en el transcurso de dos años a medida que crecen en el sur del reino montañoso de Lesoto. Cuando el mejor amigo de Lefa Senado sale del pueblo en el que viven, ella también debe decidir si quedarse o irse en busca de una mejor educación y nuevas oportunidades. Este trabajo fue reconocido en el programa Open Doors del Festival de Cine de Locarno 2014.

Corbata de la Juventud (Sudáfrica)

Esta película seleccionada para la sección Panaroma es el primer largometraje del prometedor sibs Shongwe-Sea y narra el malestar de los jóvenes post-apartheid de Sudáfrica: un viaje de placer con alta dosis de droga a través de los barrios ricos de Johanesburgo.

Presidente Negro (Zimbabue)
Llegada desde Zimbabue y coproducida por Sudáfrica y el Reino Unido es un trabajo de Mpumelelo Mcata. Una reflexión sobre el posicionamiento de los artistas africanos en un mundo dominado por la globalización occidental, en referencia a la obra del artista Zimbabwe Kudzanai Chiurai.

Los ladrones de Boda Boda (Uganda)

Esta versión ugandesa de la neorrealista italiana clásica Ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio De Sica, es una producción de Yes! That’s Us, un colectivo de cine panafricano que abarca la naturaleza colaborativa de la cinematografía y de la importancia de encontrar modelos de trabajo regionales y soluciones de distribución adecuadas. Es una coproducción entre Uganda, Sudáfrica, Kenia y Alemania y la historia trata sobre un joven vagabundo cuya existencia es puesta a prueba cuando un accidente deja a su padre incapaz de conducir su boda-boda, o moto-taxi. La película está dirigida por el ugandés Donald Mugisha.

Stories of Our Lives (Kenia)

El keniano Jim Chuchu del colectivo de artistas The Nest (El Nido) es un hombre para seguirle la pista de muy cerca. El trabajo Stories of Our Lives (en la sección Panorama) habla de tú a tú a la sociedad keniana que vive en un estado de parálisis respecto a su posicionamiento sobre la homosexualidad. El año pasado era el escritor Biyavanga Wainaina quien destapaba su inclinación homosexual y más tarde este trabajo rompía taquillas  y era aclamado en Toronto en septiembre de 2014 El propio productor, George Gachara era detenido en octubre después de que la película fue prohibida por las autoridades kenianas.

Les Choses et les mots (Camerún)

El director camerunés Jean-Pierre Bekolo presentará Les Choses et les mots un trabajo personal sobre el filósofo congoleño Valentin Yves Mudimbe , sin duda, una mirada sin concesiones a la sociedad africana.

La sirène de Faso Fani (Burkina Faso)

El burkinabés Michel K. Zongo analizar el declive de la fábrica de algodón de Burkina Faso que vio su apogeo durante la revolución Thomas Sankara.

Restauración sudafricana a prueba de apartheid

Joe Bullet (Sudáfrica)
Joe bala, dirigida por Louis de Witt, formará parte del Special Screenings del festival. La película de gánsteres de 1973 fue una de las primeras películas que contaron con un elenco de actores negros. Aunque la película no era de temática abiertamente política, fue prohibida durante un período largo de tiempo.

Umbango (Sudáfrica)
Umbango, dirigida por Tonie van der Merwe, también se incluirá en la sección Special Screenings. Hasta el final de la era del apartheid, se concedió la financiación estatal a numerosas llamadas películas de serie B, que fueron encargadas por los productores, principalmente blancos para el público negro. Este es uno de los pocos westerns todavía en existencia a partir de este período, y es una historia típica del oeste salvaje de la batalla entre el bien y el mal.

Febrero africano en los cines internacionales

berlin2014Llega febrero y Berlín. Como siempre, dos traviesos amantes de la gran pantalla que van de la mano. La presencia inevitable de la 64ª Berlinale en las agendas (del 6 al 14 de este mes) trae de nuevo una película africana con un pronóstico ganador en los diferentes festivales de este 2014. Se trata del film etíope Difret, del director Zeresenay Berhane Mehari, que recientemente se alzaba con el galardón al premio del público en Sundance. Pero febrero también es sinónimo del Festival de Cine Panafricano (PAFF) que arranca el mismo día que el festival berlinés: del 6 al 17. Además os dejamos la selección de películas del Festival de Roterdam en el que había varios títulos con presencia de países al Sur del Sahara. Que lo disfrutéis.

Una 64º Berlinale con escasa presencia africana

Hasta hace unas semanas Zeresenay Berhane Mehari, natural de Etiopía, era un completo desconocido. Nació y se crió en la capital, Adis Abeba, antes de trasladarse a los Estados Unidos para estudiar cine en la Escuela de Artes Cinematográficas de la Universidad de California del Sur, en Los Angeles. Tras esta experiencia fundó la productora Haile Addis Pictures bajo el lema “hacer películas para cambiar la forma de pensar de la gente sobre África”. Un reto. Ahora, con su ópera prima Difret, una de las candidatas a ganar en la sección Panorama de la 64ª Berlinale, cuestiona algunos de los ritos tradicionales de su país.

Basado en acontecimientos reales, la película indaga sobre la posible aparición de la nación en el mundo moderno y sobre qué sucede cuando tradiciones centenarias se rompen y los sistemas de creencias son abandonados. Difret además tiene dos significados: valiente o ser raptada.

La sinopsis lo deja claro: En Addis Abeba, la abogada Meaza Ashenafi ha establecido una red que proporcione una representación legal gratuita a mujeres y niños pobres. Valientemente, ella se enfrenta a todo tipo de hostigamientos por parte de la policía y de los miembros masculinos de gobierno. Sin embargo, Meaza decide ir a por todas cuando se hace cargo del caso de Hirut, una niña de 14 años que ha sido secuestrada y violada de camino de la escuela a casa. La niña escapa disparando a sus verdugos y es acusada de asesinato. Ahora, Hirut se enfrenta a la pena de muerte a pesar de que ella estaba actuando en defensa propia. En algunas zonas rurales de Etiopía, la tradición de ‘Telefa’ o el matrimonio por rapto todavía existe.

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Otras dos películas interesantes de la sección Panorama tienen como trasfondo el continente africano aunque con matices: no son made in Africa. La primera de ellas se trata del trabajo del director sueco Göran Hugo Olsson. Una propuesta con un hilo argumental basado en la violencia causada por la descolonización. Olsson, quien ya estuviera en la sección Panorama en 2011 presentando su The Black Power Mixtape 1967-1975 sobre el movimiento de los derechos civiles de los afro-americano, no deja pasar la oportunidad para citar textos críticos como algunos de los pasajes del libro de Frantz Fanon Los condenados de la Tierra en la voz de la cantante Lauryn Hill.

Directora keniana Wanuri Kahiu. Fuente: http://kalamu.com.

Directora keniana Wanuri Kahiu. Fuente: http://kalamu.com.

La sección Panorama presenta un debate interesante de los trabajos seleccionados: o filmes con una clara visión artística que postulan por caminar fuera de los circuitos mainstream, o las películas que apuestan descaradamente por los intereses comerciales. Quizás la misión de esta categoría sea la de construir puentes entre ambas. La otra recomendación que comentábamos camina en este limbo. Se trata de la historia de la fotografía que propone Thomas Allen Harris mostrada desde una perspectiva afroamericana en su trabajo documental Through a Lens Darkly: Black Photographers and the Emergence of a People.

No queremos dejar pasar la oportunidad para mencionar que en el mercado de coproducción 2014 (Berlinale Co-Production Market) se encuentra una directora keniana y de la que ya hablamos en nuestra serie Afrofuturismo. Ella es Wanuri Kahiu que presenta Jambula Tree, de la productora Big World Cinema, una coproducción entre Sudáfrica y Kenia. Kahiu, quien dirigiera Pumzi (2009), tiene como productor al sudafricano Steven Markovitz quien también produjera la premiada ¡Viva Riva! (2010) del director congolés Djo Tunda Wa Munga.

La trama en Jambula Tree (basada en un relato corto de la ugandesa Monica Arac de Nyeko ganador del Premio Caine de cuentos en 2007) se mantienen en secreto hasta ahora, aunque en términos generales se centra en dos niñas kenianas que tienen que afrontar dos caminos diferentes en la vida.

África se cuela en Roterdam

El Festival Internacional de Cine de Rotterdam este año ha seleccionado un elenco muy variado de películas realizadas al Sur del Sahara: Uganda, Tanzania, Nigeria, Etiopía, Somalia, Sudáfrica y Kenia. Todo un regalo para los cinéfilos africanistas. La primera de ellas ha sido Walk With Me de Johan Oettinger y Peter Tukei Muhumuza. Una coproducción entre Uganda y Dinamarca que basa la historia en un complejo cortometraje, a veces oscuro, que combina con habilidad las técnicas de cine de animación y del largometraje.

El Limpiabotas, de Amil Shivji, viene desde Tanzania. Una colorida comedia con toques críticos sobre la sociedad de Dar-es-Salaam, la ciudad del director. La historia se desarrolla en una calle donde un limpiabotas y el dueño de un bar simbolizan el resto del mundo.

B for Boy del nigeriano Chika Anadu. Un drama que se opone a las tendencias más comerciales de Nollywood. En este trabajo de Anadu, busca en una narrativa contemporánea esbozar el perfil de una mujer que toma medidas extremas para “darle” a su marido un hijo.

Berea del sudafricano Vincent Moloi. La historia cuenta que mucho después de que los amigos y familiares se hubieran marchado de un conocido suburbio de Johanesburgo, el jubilado judío Aaron Zukerman continúa viviendo en su rutina cada vez más pequeña. Sin embargo, una inesperada visita el viernes rompe la monotonía de Aarón y pone en marcha la una nueva y cautelosa realidad.

Chigger Ale (Fanta Piña) una coproducción entre Etiopía y España. Una película que ya se ha proyectado en diversos festivales como el Festival Internacional de Cine de Monterrey (México), el Milano Film Festival (Italia), el Islantilla Cineforum (España), el Belo Horizonte Film Festival (Brasil),el Uppsala Short Film Festival (Suecia), el Cinema Rio de Janeiro (Brasil), el Almería en Corto (España) o el ZINEBI de Bilbao (España). La sinopsis es la siguiente: la gente está bailando en el bar del barrio Fendika en Adis Abeba, pero se quedan en silencio cuando Hitler camina. Es una broma de un vecino pero el bigote falso le causará varios probelmas.

A Hole in the Sky de Antonio Tibaldi y Alex Lora, es una película coproducida entre Somalia y Francia, que ofrece un documento reflexivo sobre las tradiciones en Somalia. Una niña de una zona rural acepta que su cultura le exija que tiene que hacer un gran sacrificio. El límite entre la realidad y la ficción se disuelve gracias a la voz en off poético.

Ni sisi del londinense Nick Reding significa en kisuajili “somos nosotros”. Este film del que ya os hablamos en Wiriko, en kisuajili y sheng -con subtítulos en inglés-, ha contado en las filas del reparto con el famoso actor Joseph ‘Babu Wairimu’ (protagonista de Nairobi Half Life). Producida por la ONG keniano-británica S.A.F.E, que trabaja en las áreas mas deprimidas del país. El trabajo es una adaptación de la homónima obra de teatro que se ha podido ver desde 2011 por las calles de todo el país. En clave de humor ácido, se revive el terror que azotó el país tras las elecciones de 2007, para tratar cuestiones como la identidad keniana, el empoderamiento juvenil, el perdón o la responsabilidad.

Si Lincoln levantara la cabeza: ¡Negros por todas partes!

Cine africano. Fotografía realizada por Andrea Frazzetta

Cine africano. Fotografía realizada por Andrea Frazzetta

 

Las visiones diferenciadas de la Guerra de Secesión estadounidense que ofrecen Spielberg, con su película Lincoln, y Tarantino, con Django desencadenado, conducen a un clima previo a la celebración de los Óscar enmarcado en el sentimiento patriótico a la bondad de la nación. Que cada cual dé el Si bemol que crea oportuno pero sí, el pasado 31 de enero se cumplían 148 años de la fecha en la que oficialmente se abolió la esclavitud en los EEUU con la celebrada Decimotercera Enmienda; corría el año 1865. Antes, fue Inglaterra, en 1807, proclamando la Abolition Act (Ley de la abolición) aunque no se haría efectiva hasta que en 1832 se aprobó con aplicación inmediata a todas las colonias inglesas.

El silencio otorga privilegios y es así que la contraparte histórica tiende a ser ocultada en ambos guiones hollywoodienses sin incidir en la raíz de la temática que abordan: ¿Por qué se abolió la esclavitud? Lejos de posiciones irreductibles, parece interesante subrayar que una de las motivaciones de este cambio de mentalidad fue el peso del dinero. Cuando la actividad de la esclavitud comenzó a teñir de rojo las cuentas, es decir, a convertirse en una actividad antieconómica, se produjo un cambio en los internationals affairs (asuntos internacionales) de las metrópolis, especialmente en la más interesada en modificar el estatus de la población negra: Inglaterra.

El gasto que suponía la inversión en esclavos ofrecía unos réditos muy lentos para su amortización y, claro, había que buscar cómo mantener los mismos beneficios. La solución tuvo por nombre lo que se ha conocido como II Revolución Industrial, o, en el argot económico de la época, invertir en actividades industriales de rápido retorno, para lo cual se necesitaban dos cosas: por un lado, obreros y, por el otro, consumidores, un tipo de economía enemiga del régimen esclavista.

PAFF

Y tanta historia ¿para qué? Este jueves sube el telón la XXI edición del Festival Panafricano de Cine (PAFF), el mayor y más prestigioso festival en Norteamérica que acerca lo mejor del panorama cinematográfico negro del 7 al 18 de febrero. Ubicado en Los Ángeles, el PAFF brindará al público estadounidense, durante 11 días y en más de 150 pantallas, una mirada a los últimos trabajos cinematográficos realizados por o sobre personas de ascendencia africana. Fundado en 1992 por el premiado actor Danny Glover (El color púrpura) y el director ejecutivo Ayuko Babu, el PAFF será reconocido este viernes 8 por su contribución a las artes cinematográficas, un premio que se lo entregará la African American Film Critics Association (AAFCA).

Bajo este marco ¿hay un momento más acertado para hablar de la esclavitud, uno de los temas enquistados en los Estados Unidos? En el 148 aniversario de la Proclamación de la Emancipación, el todopoderoso Hollywood ha encontrado ciertamente el momento perfecto y las historias perfectas para que tanto aficionados al cine como sus críticos afilen sus plumas y disfruten del séptimo arte en su vertiente más histórica. La película Lincoln está nominada a 12 estatuillas Óscar y Django desencadenado a 5. Trabajos diferentes. Perspectivas diferentes. Y, sin embargo, la esclavitud sirve como telón de fondo narrativo al mainstream. Precisamente durante el PAFF se analizará minuciosamente el tema de la esclavitud tanto en las películas programadas como en la mesa redonda programada para este domingo 10 y titulada: “Django desencadenado: una discusión sobre la esclavitud y el 150 aniversario de la Proclamación de Emancipación”.

Uno de los objetivos del PAFF reflejados en su página web es presentar y mostrar las obras creativas realizadas por la comunidad negra, particularmente aquellas que refuerzan una imagen positiva. Por ello, Ayuko Babu, el director ejecutivo del festival, y entrevistado tras conocerse el premio que le concedería la AAFCA, incidía en este punto: “Cuando comenzamos este festival hace 21 años, sabíamos que había mucha hambre y demanda por ver imágenes positivas de los negros en las grandes pantallas de todo el mundo. Con los años, hemos trabajado muy duro para que nuestras manos dejen constancia y se aprecien en el pulso del mercado cinematográfico internacional”.

Volviendo a 1865. Como afirmaba en un artículo reciente Vicençs Navarro, Lincoln no pretendía “eliminar el capitalismo, sino corregir el enorme desequilibrio existente en él, entre el capital y el trabajo (…) llevando su postura a altos niveles de radicalismo en su compromiso democrático. Es una tergiversación histórica ignorar tales hechos, como hace la película Lincoln[1].

De Los Ángeles al corazón de Europa: la Berlinale

Berlinale2013

Una calle de Berlín anunciando su festival más importante.

 

Las coincidencias azarosas de la gran pantalla provocan que la ciudad que se ha erigido como buque insignia europeo, Berlín, sea también desde el jueves una buena oportunidad para ver cine africano. La 63 Berlinale (7-17 de febrero) encenderá sus motores en uno de los festivales más esperados cada año y antesala de la ceremonia de los Premios Óscar.

En esta edición, la película sudafricana Layla Fourie es una de las nominadas al Oso de oro. Su directora, Marais Pia, con residencia en Berlín desde hace varios años, nació en Johannesburgo y ha vuelto a su tierra natal para retratar en este thriller político las todavía huellas del aparheid. Otra de las películas que llegan desde el sur del continente es Elelwani, del director sudafricano Ntshavheni Wa Luruli.

Los otros films africanas que estarán presentes en esta 63 edición de la Berlinale son estas: desde Guinea Bissau, nos llega el primer largo del director Joao Viana, La batalla de Tabato; desde Costa de Marfil, el trabajo de Lonesome Solo con su Burn It Up Djassa, una radiografía artística de la vida en uno de los suburbios de Abidján, la capital marfileña; la directora de la diáspora afroamericana Akosua Adoma Owusu, presenta su cortometraje Kwaku Ananse, ambientado en Ghana; y, por último, desde Egipto nos llega la película Coming forth by day de Hala Lotfy, quien en 2010 fundó una productora independiente llamada Hassala Productions.