Historias (completas) de nuestras vidas

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Existe la opción de evitar. Aunque también la opción de la negación supone una batalla interna que se sostiene entre el ego y las construcciones sociales y culturales y, generalmente, suele ganar la segunda. De manera que, la negación camina por un estadio abarrotado de ignorancia que se desintegra en soledad y rencor. La opción de evitar, lejos de enfrentar la realidad, deja el encuentro para más adelante con una empresa cargada de prejuicios y, sobre todo, ¿miedos? ¿A qué? ¿A ser lo que otros mantienen que es lo “natural”? El director Jim Chuchu y su colectivo de artistas The Nest (el nido) optaron por la vía del sentido común: grabar diversas historias que reflejaran la realidad del LGTBI en Kenia. La voz, a sus protagonistas.

Historias de nuestras vidas, 2015 (Stories of our lives) es una mezcolanza de crónica periodística, protesta política y una arquitectura visual premeditada y preciosista. Una antología de cinco minidramas sobre el colectivo LGTBI en Nairobi, y la zona rural. La provocación del grupo de artistas tuvo consecuencias severas en muchos de sus miembros que, a día de hoy, prefieren ocultar su identidad para evitar una posible persecución bajo las leyes draconianas y anti homosexuales de Kenia. El productor ejecutivo del proyecto George Gachara llegó a ser detenido brevemente durante la filmación en 2014.

Historias de nuestras vidas sigue estando prohibida en Kenia, a pesar de recoger elogios y premios en diversos festivales internacionales, uno de los últimos fue el del Festival de cine africano celebrado en Londres (Film Africa) el pasado noviembre. Los cinco dramas, lejos de reducirse a historias íntimas, aportan un contexto político más amplio al incluir fragmentos de imágenes de noticias reales. En 2012, un obispo anglicano en Mombasa arengaba a los medios subrayando que los homosexuales y lesbianas eran una amenaza mayor que los terroristas. Otro fogonazo es la noticia de que en 2014 hubo un intento de aprobar una ley en la que las personas LGTBI podían ser lapidadas. Fracasó. Pero hoy, las relaciones del mismo sexo siguen siendo un delito con pena de prisión.

Teniendo en cuenta este contexto, se podría haber esperado que el trabajo del joven director Jim Chuchu fuera una película cargada de mensajes de aversión, píldoras ácidas o, al menos, 60 minutos de defensa explícita del colectivo LGTBI. Pero no es así. Con una sola cámara digital a lo largo de varios meses, y con un aspecto monocromático luminoso y pulido hábilmente en el proceso de edición, Chuchu desafía a todos con su presupuesto de 15.000 dólares. La música, compuesta por el propio director, es ambiental y sensual. Y las historias no enfatizan en narrativas patologizadas por parte de las oenegés. En su lugar, durante una hora, la película cubre un amplio espectro de experiencias que caminan de la tragedia a la comedia, del amor no correspondido a la dicha romántica desafiante.

“Athman”. La historia de un trabajador de granja rural que está enamorado en secreto de su compañero de trabajo. 

“Athman”. La historia de un trabajador de granja rural que está enamorado en secreto de su compañero de trabajo.

Historias de nuestras vidas comenzó como un proyecto de documentación de estudios de casos reales que Chuchu y su equipo convirtieron luego en viñetas dramáticas comprimidas en más o menos 12 minutos. La más agridulce es la historia titulada “Athman”. Trata sobre un trabajador de granja rural que está enamorado en secreto de su compañero de trabajo. Una confesión tensa de deseo reprimido que tiene un desenlace naturalizado: el desconcierto antes que la hostilidad. El capítulo más abiertamente sexual es “Duet”, acerca de un investigador keniano que en un viaje de negocios al Reino Unido tiene una cita en un hotel. Su encuentro en la habitación progresa desde una discusión cómicamente torpe de las diferencias culturales y raciales hasta desembocar en masajes eróticos.

Las categorías de orientación social e identificación de género producen discriminación en muchos países. Existen 118 estados que entienden como legal las relaciones no heterosexuales, es decir, un 60 por ciento de las Naciones Unidas. En el plano opuesto, encontraríamos a 78 estados que entienden que es ilegal; los criminalizan, y 37 de ellos, se encontrarían en África. Más allá de las causalidades y las respuestas desde el activismo Historias de nuestras vidas nos interpela en la gran pantalla con cinco historias diferentes, únicas y comunes. Historias de vidas. De seres semejantes. Historias sobre nosotros y nosotras.

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Sebastian Ruiz-Cabrera
Co-fundador de Wiriko. Doctor en comunicación en África al sur del Sahara (US), Máster en Culturas y Desarrollo en África (URV), Máster en Relaciones Internacionales (UCM) y Licenciado en Periodismo (US). Es Profesor universitario de Relaciones Internacionales, periodismo internacional y cines africanos. Ha realizado documentales en España, Cuba, Senegal, Kenia, Sudán del Sur, Mozambique o RDC. Responsable del área de Formación y de Comunicación y coordinador de la sección de Cine y Audiovisuales del Magacín. Contacto: sebas@wiriko.org
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  1. […] y una clara intención de abogar por los derechos del colectivo LGTBIQ. Habiendo sido parte de Stories Of Our Lives, censurada por el gobierno keniano, ¿cómo crees que la sociedad keniana se ha tomado a estos […]

  2. […] va en contra de nuestra cultura”. Algo muy similar a lo que sucedió con la película Stories of Our Lifes, una cinta que intentaba sensibilizar a los kenianos y kenianas acerca de la dura realidad que […]

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