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Incertidumbre viva: las respuestas del arte africano a los desafíos de la humanidad

Es necesario desvincular la incertidumbre del miedo. Bajo ese lema, la comisaria de la 32ª Bienal de São Paulo, en Brasil, reúne hasta el día 11 de diciembre en la capital paulista a 81 artistas de 33 países que hablan a través de esculturas, pinturas, dibujos, instalaciones y performances sobre la necesidad de enfrentar con menos angustia y más convergencias a las inconstancias y crisis múltiples propias de nuestro tiempo.

captura-de-pantalla-2016-11-09-a-las-12-26-59El esfuerzo político de la exposición, considerada la segunda más importante del mundo, es desmontar la dicotomía estabilidad/incertidumbre que siempre ha sido exitosa en asociar la primera a la continuidad y la segunda, al riesgo, tal como prueban la xenofobia y la securitización de la vida en Occidente.

Esa es una edición especialmente diversa de la Bienal, con una mayoría de artistas oriundos de fuera de Europa Central y Estados Unidos. La selección de nombres africanos, en particular, es una de las más importantes de la historia del evento. “Yo pasé mucho tiempo en el continente [africano] y en Brasil pensando en las voces que podrían contribuir para la conversación, pero que también pensaran en un lenguaje transnacional que pudiese ser desarrollado colectivamente”, afirma la artista sudafricana Gabi Ngcobo, una de las cinco comisarias de la exhibición.

Sobre el escenario del arte contemporáneo africano, la comisaria retoma la importancia de superar las fronteras artísticas impuestas por Occidente y, al tiempo, construir espacios de resistencia dentro de esas mismas fronteras.

Nosotros africanos nos hemos preguntado sobre qué es África. Entonces la emergencia de lo ‘africano’ se vuelve problemática. Es nuestra responsabilidad crear espacios de respiro, pero también aceptar que existimos en un lugar en que las exhibiciones se volvieron una tendencia”, dice. “Es nuestra responsabilidad trabajar con esas tendencias. Resistir, pero también encontrar dentro de esas tendencias lugares en que podamos ser libres.”

El equipo e Wiriko estuvo en el pabellón de la Bienal –un edificio que compone el conjunto de estructuras dibujadas por el mítico arquitecto brasileño Oscar Niemeyer en el Parque del Ibirapuera– para descubrir la participación de cinco artistas africanos en ese debate.

Anawana Haloba – Close-Up

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Anawana Haloba – Close-Up

A artista nacida en Zambia, pero radicada en Noruega, es contundente al asociar el momento cultural actual con una piedra de sal que se liquidifican gota a gota, minuto a minuto, delante de los ojos de los espectadores. “Es una metáfora de la desaparición de las culturas e identidades”, explica Haloba. Son diez piedras colgadas en una sala por hilos y telas de nylon casi invisibles. Algunas son rosa y otras, de un blanco extremo, y flotan en el espacio que estaría completamente vacío si no fuera por las ollas y cacharros que, en el suelo, justo debajo de esas piedras, hacen reverberar el sonido de cada gota que se desprende.

La sensación, para quien camina entre la instalación, es de una lenta pero cadente sinfonía. “La sal es como una lagrima. La gota produce un silencio que te hace reflejar y ganar conciencia de uno mismo. Mientras caminas, consigues sentirla en el aire”, dice la artista. Según Haloba, la opción por las piedras de sal como materia central en esa instalación se justifica por la voluntad de retratar los fluidos corporales y, al tiempo, hacer referencia a la sal como materia-prima, fuente de conflictos, intereses económicos pero también de resistencia – como en el caso de Gandhi en India.

El efecto visual va aun más allá: al final de cada día, con el calor del ambiente, el agua evapora y lo que se ve son los rastros de la sal blanca en el suelo, “apenas un trazo de lo que sucedió allí”, afirma.  Los componentes visuales de “Close-Up” son potenciados por una grabación sonora que mezcla la lectura de un poema guaraní –un importante idioma indígena en Sudamérica– con la voz de Haloba hablando en el dialecto lozi, de su madre. Con ese elemento, la artista quiere provocar la reflexión sobre como las diferentes identidades pueden ser preservadas en un contexto de destrucción ambiental y cultural del planeta.

“Estoy interesada en sociedades diferentes. No quise apenas referirme a lo que se pasa en Zambia, pero a como las diferentes cosas son interpretadas en diferentes sociedades.” Para ella, la cuestión central en el tema de la incertidumbre es entender como las diferentes lenguas y culturas del mundo pueden ser preservadas, qué significa su desaparición.

Dineo Seshee Bopape – : indeed it may very well be the ___________ itself

Mientras la obra de Haloba se centra en el paso del tiempo, la instalación del artista sudafricano Dineo Bopape enfoca la presencias y ausencias humanas, siempre relacionadas a la posesión de la tierra.

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Dineo Seshee Bopape – : indeed it may very well be the ___________ itself

Como en el caso de “Close-Up”, en “:indeed it may very well be the ___________ itself” es posible caminar entre los elementos –rectángulos y cuadrados de tierra comprimida sobre las que se ven agujeros formando juegos tradicionales, objetos diversos y hasta reproducciones de órganos femeninos–. Al tiempo, el espectador escucha el latir de un corazón y el sonido de los árboles y de la tierra siendo trabajada. Los bloques de tierra están marcados por ranuras, que profundizan la sensación de abandono. La unión de esos elementos parece hacer referencia a la perpetuidad de las memorias y a la huella dejada atrás por el movimiento humano.

“Yo estaba pensando sobre presencia(s) y ausencia(s) de algo, materia, nada. El desplazamiento de eso desde (dentro y fuera) ‘aquí’ hacia ‘allá’. Vacuos, fisuras y agujeros y cavidades. Plenitud, depresiones, vacíos, confinamientos”, explica Bopape. “Ese trabajo en particular, para mi, considera la negociación entre algo y la nada”, completa. La instalación también subraya de modo inequívoco a la cuestión de la propiedad de la tierra en tiempos de escasez. “En Sudáfrica, por ejemplo, las políticas de posesión de la tierra puestas en marcha durante los años coloniales y en el apartheid en larga medida tienen efecto todavía hoy. El dato aproximado es que el 79% de la tierra (y de la riqueza) permanecen en las manos de una minoría blanca y la mayoría de los africanos no tienen tierras –en su propia tierra–”, afirma Bopape.

“Eso no es exclusivo de Sudáfrica. En numerosos lugares con una historia de colonialismo la población nativa fue desposeída de tierra –sea para uso y acceso como para propiedad–. ¿Y qué es tierra, suelo, polvo… de que cada uno esta hecho? ¿Cómo es no tener posesión de tu ‘base’, de uno mismo? ¿Y cómo es tenerla?”, cuestiona el artista.

Para la curadora Gabi Ngcobo, la obra de Bopape es una experiencia corporal porque reúne las energías de los cuerpos que la crearon. Por otra parte, le llama especial atención las ranuras en la tierra. “Me gusta esa metáfora porque en la narrativa histórica siempre existen esas ranuras y me gusta pensar que nuestro trabajo habita esos espacios porque es de ellos que viene la luz”, dice.

Em’kal Eyongakpa – Rustle 2.0

El camerunés Em’kal Eyongakpa tradujo en su instalación la dualidad entre naturaleza y civilización, organicidad y tecnología. Al entrar en una sala completamente escura, el espectador es rodeado de sonidos que oscilan entre el agua corriente y el efecto del viento sobre los árboles, por un lado, y las motosierras y su ruido metálico, por otro. Aunque no se pueda ver con claridad, uno puede sentir el olor húmedo del musgo y de la paja que cubren el las paredes y el suelo del cubículo.

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Em’kal Eyongakpa – Rustle 2.0

A los pocos, por efecto de luces de colores que corren dentro de tubos que se asemejan a fibra óptica, se dibujan dos grandes pulmones, con sus bronquios y bronquiolos iluminados. Pero lo que se ve, en realidad, son las siluetas aproximadas, hermanadas, de África y América.  La idea de la obra es compaginar naturaleza y cultura en un mismo todo, y no como ámbitos separados y autónomos. Según la comisaria, “Eyongakpa sugiere la idea de algo orgánico en la sobrevivencia y en la manutención de diversos sistemas –digitales, ecológicos, políticos– revelando una rara familiaridad entre ellos”.

“Esa es una experiencia corporal muy, muy fuerte porque entras en ese espacio, el olor cambia y el sonido, a todo el tiempo, no importa cuantas veces lo escuches, te golpea desde dentro”, dice Gabi Ngcobo. “La habilidad de Em’Kal de conectar todos esos materiales con el cuerpo, y con referencias al cuerpo, provoca una experiencia realmente muy íntima”, completa.

Misheck Masamvu – Midnight y Spiritual Host

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Jump Spread Your Legs [Passo largo], 2013 – Misheck Masamvu

Las dos pinturas presentadas por el zimbabuense Misheck Masamvu son ventanas para la realidad política y social en Harare. En su primera exposición en Brasil, Masamvu trae una trilogía intencionalmente desfalcada: “las dos obras son parte de un dialogo en tres partes, en que la tercera pintura es conscientemente excluida de la muestra”. Ese dialogo, dice, “se hizo para dar forma a las sombras que se encuentran en la estera del desaparecimiento de la humanidad”.

Con una precisión observadora y simple, el pintor que califica el arte contemporáneo en su país como un “sobre decorado” detalla de modo íntimo el proceso creativo e intelectual que rodea la creación de las dos piezas. Sobre el aparente caos traducido por los colores intensos, el Masamvu afirma que “se refiere a eventos experimentados, o a una vida vivida en miedo, o mantenida bajo examen por el incómodo producido por las conocidas consecuencias que pueden suceder a aquellos que se levantan por sus derechos”.

Y sigue: “Midnight es un tiempo que cuelga de la idea de lo próximo, de los probables desenlaces. Entretanto, habla de quietud, de un pasaje cuando lo desconocido reside en la emergencia de las sombras. Es un tiempo en que tu imaginación puede crecer más fuerte que la esperanza, o cuando tu fe es cuestionada por las sombras y los espíritus se elevan para agitar a tus huesos de horror. Tu prefieres que tus ojos sean cerrados a ver el fantasma del tiempo escribir a tu obsoleto futuro. Spiritual Host se refiere a la noción de los ‘headliners’, aquellos que expresan conciencia y percepción. Midnight son cuernos encerrados, un pueblo indeciso, en conflicto. Midnigh es pegar a tu oponente. Midnight es una colección de huesos. Spiritual Host es paciencia, es el sacrificio de uno mismo, es la vida que vale la pena preservar y un mensaje de esperanza.”

Sobre la relación entre las dos obras y el tema central de la Bienal –las incertezas vivas–, defiende sin dudar que la humanidad esta en riesgo por los ingredientes ‘deseducadores’ en oferta, que promueven el individualismo en lugar de lo colectivo en el desarrollo de soluciones para nuestros desafíos.

Mmakgabo Helen Sebidi – Tears of Africa

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Mmakgabo Helen Sebidi – Detalle Tears of Africa 1987-1988

La conversación transnacional de la que hablaba Gabi Ngcobo alcanza su máxima expresión en el trabajo de Helen Sebidi. La artista sudafricana, veterana en un grupo de jóvenes artistas emergentes, pasó cuatro meses en una residencia en el Goethe Institut de Salvador, en Bahia, trabajando en la segunda de las dos piezas que exhibe en la Bienal.

La primera es la mítica Tears of Africa, una pintura en carbón, tinta y collage que, en blanco y negro, resuena con un impacto asustadoramente actual los conflictos por los que pasaba el continente africano en los años ochenta, así como el régimen del apartheid en su país. Desde su creación, por determinación de la artista, la obra nunca salió de allá. “Ella decidió mantenerlo para aprender de él, como una herramienta de educación y trabajo para ella y otros artistas. Creo que eso muy profundo”, dice Ngcobo, que frecuentó la casa y el estudio de Sebidi y articuló el traslado de la obra.

La segunda pintura es justamente la continuación de esa historia no superada, que todavía resuena en un mundo de relaciones post-coloniales o neo-coloniales. Con una referencia directa a la esclavitud en Brasil y su conexión con la persistente violación y discriminación de la población negra, la segunda parte de Tears of Africa es, según Ngcobo, un retrato de esa historia compartida entre Brasil y el continente africano.

“Es una conversación que llega tarde en Brasil, en comparación con Estados Unidos, por ejemplo, y muchas veces es evitada, a pesar de ser absolutamente crítica”, dice la curadora.

Territorios: artistas afrodescendientes en la colección de la Pinacoteca de Sao Paulo

Dentro de las conmemoraciones del 110 aniversario , desde el pasado 12 de diciembre y hasta el próximo 27 de junio, la Pinacoteca del Estado de Sao Paulo presenta una exposición clave para entender las relaciones entre Brasil y África. La exposición está ubicada en el espacio anexo al museo, en la llamada Estación Pinacoteca y ocupa las tres salas del cuarto piso del edificio. Dicho espacio, antigua prisión durante la dictadura brasileña, suele acoger exposiciones temporales y fondos de la colección permanente del museo dedicado al arte brasileño.

Paulo Nazareth.

Paulo Nazareth.

Bajo la curaduría de su director Tadeu Chiarelli, la institución muestra una selección de obras de artistas afro descendientes pertenecientes a la colección del propio museo. La muestra tiene como objetivo mostrar una panorámica de la historia del arte afro descendiente desde sus orígenes en el siglo XVIII hasta el arte contemporáneo actual y honrar a la gestión del primer director negro de la Pinacoteca, el artista y curador Emanoel Araujo, actual director del Museo Afro Brasil de Sao Paulo.

El curador, basándose en obras del acervo de la Pinacoteca, organizó la retrospectiva en tres fases cronológicas y estilísticas: matrices occidentales, africanas y contemporáneas:

Miguelzinho Dutra - Sem título - foto Isabella MatheusLa primera de ellas, matrices occidentales, incluyen las primeras obras de artistas brasileños descendientes de africanos que llegaron durante la colonización portuguesa. Destacan en esta sala las obras del gran grabador , ilustrador y acuarelista Miguelzinho Dutra ( Itú, 1812- Piracicaba 1875), y de Arthur Timotheo da Costa (Rio de Janeiro 1882-1923), de quien es la autoría del primer cuadro de un artista negro donado al museo en 1956. En esta primera sala se expone aquellas obras con una clara influencia de las tendencias del barroco y del siglo XIX europeo. Los paisajes, los retratos burgueses y las naturalezas muertas de Estevao Silva ( Rio de Janeiro, 1845-1891) son los temas predominantes en esta primera fase del arte producido por artistas afro brasileños. La técnica del grabado será la base del esplendor de dicha técnica a mediados del siglo XX en Brasil. Además de pintura, grabado e ilustración, destacan dos grandes esculturas del Maestro Valentim ( Minas Gerais 1745- 1813) uno de los grandes escultores del Brasil de finales de XVIII. La escultura de Valentim retoma el arte más académico llegado de Portugal . Para finalizar esta sala, el curador, además de presentar artistas del Brasil colonial, presenta ya algunas obras de autores como Emanoel Araujo y Antonio Bandeira, más en conexión con la etapa posterior, representadas en la siguiente sala.

La sala dedicada a las matrices africanas engloba una selección de tres artistas de la segunda mitad del siglo XX: Rubem Valentim, Emanoel Araujo y Edival Ramosa. Los dos primeros representan a una África cargada de contenido místíco, simbólico y religioso que contrasta con la poética de Ramosa, mucho más relacionada con un origen guerrero y ancestral. Valentim (Salvador de Bahia, 1922-Sao Paulo ,1991) es el artista del color tanto en sus esculturas como en sus grabados. Las obras de los 60 de Valentim recrean un contraste de colores entre figura y fondo a través de emblemas de tribus y tótem africanos. La obra del destacado Emanoel Araujo, director de la Pinacoteca entre 1992 y 2002, es en general de formas geométricas africanas. Nacido en Salvador en 1940, la exposición presenta una las esculturas más importantes de Araujo en homenaje a la artista ucraniana naturalizada norteamericana Louise Nevelson ( 1899-1988), quien tenía un lenguaje artístico ligado con la escultura tribal de la África negra. Por último, en contraste a estos dos artistas, la obra de Edival Ramosa ( Sergipe, 1940- Niteroi 2015) quien muestra un continente africano heredero de las tribus guerreras del pasado ancestral.

Jaime Lauriano - Êxodo - foto Isabella MatheusComo tercera fase, matrices contemporáneas, representa una joven generación de artistas afrodescendientes. Tadeu Chiarelli seleccionó así a seis importantes artistas, algunos de ellos de fama internacional: Rommulo Vieira Conceição, Flávio Cerqueira, Jaime Lauriano, Rosana Paulino , PauloNazareth y Sidney Amaral. De entre estos artistas, destaca la instalación de Rommulo Vieira Conceição (Salvador de Bahia, 1968) Estructura disipativa/gangorra por su relación con elementos de la ciudad actual: muros, escaleras y bancos. Para Rommulo, el mobiliario urbano en la actualidad está perdiendo su uso original en favor de las masas. Por otro lado la obra Éxodo de Jaime Lauriano (Sao Paulo, 1985) conecta los mapas sobre tela de Brasil y África como un todo en cuanto al color (negro y blanco) y forma, y simbólico en cuanto a la inmigración. Por último, y como distinción, la obra de la artista Rosana Paulino. Nacida en Sao Paulo en 1967, es una de las artistas afr descendientes referencia de su generación. Con su obra Parede de memoria , realizada en un proceso de varios años (1994-2015), escenifica a través de 1.500 pequeñas almohadas el simbolismo de las patuás o amuletos que en la religión del candomblé sirven para ahuyentar a los maleficios. Rosana Paulino hace pues un estudio profundo de las religiones brasileñas de descendencia africana

Para finalizar, y en paralelo a la exposición, la Pinacoteca organizó durante los pasados 30 de abril y 30 de mayo un seminario sobre la situación de los artistas afrobrasileños en el contexto global. Nadie mejor que ellos mismos para provocar y reivindicar una huella que viene del pasado y que se asienta en un escenario, el actual, de incertidumbre social y política.

‘Here Africa’ o el arte africano contemporáneo a través de sus artistas (Brasil)

Si de algo estamos orgullos en Sao Paulo es de los SESC. Los SESC (Servicio Social del Comercio), son instituciones sin ánimo de lucro sustentadas por los empresarios del comercio, servicios y turismo. El Estado de Sao Paulo es el más industrializado de Brasil y ello ha permitido un desarrollo de importantes centros dedicados a fomentar el deporte y la cultura a cualquier tipo de público, independientemente de la edad o condición social.

Here AfricaEn el SESC del barrio de Belem, zona Este de la capital paulista, con motivo del día de la consciencia negra, el pasado 19 de noviembre fue inaugurada una exposición dedicada al África más contemporánea. Proyectada por la institución Art for the World y comisariada por la conocida curadora Adelina von Fürstenberg, la exposición recoge a través de 13 artistas del África subsahariana una visión contemporánea del continente africano. Gran parte de las obras provienen de la colección del CAAC (Contemporary African Art Collection), perteneciente al italiano Jean Pigozzi y de la Galeria Lelong.

Como novedad, von Fürstenberg selecciona obras de diferentes tipos de formato tales como pinturas, fotografía, instalaciones, vídeos y esculturas. Como eje común, la exposición tiene como objetivo mostrar los problemas derivados de la inmigración africana, hechos que siguen en la actualidad siendo de mayor actualidad.

La muestra está organizada en dos espacios separados, y una gran instalación está en una de las zonas de encuentro del centro. Esa la obra del artista camerunés Toguo , cuya obra Carretera para el exilio, muestra el drama de la inmigración por mar. La figura de un gran barco de 8 metros con cerca de mil garrafas, bolsas de plásticos y paños de diferentes tejidos es el símbolo más fuerte del refugiado, ubicándose sobre el suelo de cristal que cubre la piscina del SESC, y creando así una visión más estética y real.

Una de las grandes obras pictóricas de la exposición, son las obras del senegalés Omar Ba . Para dicho artista, los muros entre Occidente y Oriente todavía existen, y con su obra El Muro, quiere eso mismo, denunciar las relaciones de colonialismo que aún existen entre Occidente y África. Realizada con 600 cajas de cartón, el muro está levantado en frente de un autorretrato, Conquistador, que pintó en las paredes de la exposición como símbolo del antisistema político africano.

ROMUALD HAZOUMÉ - androgino, 2000, tecnica mixta, 210x70x60 cm

ROMUALD HAZOUMÉ – androgino, 2000, tecnica mixta, 210x70x60 cm

Como escultor, destaca en la exposición las obras del artista Romuald Hazuamé (Benin). Representado por sus famosas máscaras, Hazuamé muestra una selección de 26 esculturas realizadas con materiales de desecho e inspiradas en la iconografía local de Benin. Sus trabajos forman parte de importantes colecciones de arte y está presente también en ferias de arte internacional.

Al igual que el anterior, los artistas Fréderic Bruly Bouabré y J.D.`Okhais Ojeikre´, procedentes de Costa de Marfil y Nigeria respectivamente, son artistas diríamos clásicos del arte africano contemporáneo. Ambos fallecidos en 2014, Bouabré fue uno de los grandes dibujantes africanos, referente de toda una generación de dibujantes locales. Tras su exposición en el Pompidou de Paris en 1989, Bouabré se consagró como un artista internacional y viene esta vez a Sao Paulo con un conjunto de 30 dibujos de una serie que dedicó a las relaciones entre África y Brasil. Por el contrario, las fotografías en blanco y negro de Okhai Ojeikere, acentúan la fuerza de la cultura nigeriana a través de los peinados de sus mujeres, casi esculturas del cotidiano local. Sus formas, curvas son un reflejo del pasado y del presente de la mujer africana.

Para finalizar este recorrido, es imprescindible destacar la excelente selección de videoarte y cortos de artistas de Benin. Patrocinados y seleccionados por el Kuturforum Sur-Norte, los vídeos confirman la calidad del videoarte en los últimos 10 años en Benin. Temas sociales, políticos, religiosos o raciales forman una telaraña de historias que pueden relacionarse directamente con la historia más reciente en Brasil. Están patrocinados por un comité internacional especialistas en videocreación.

Además de los artistas citados, el resto de exponentes (Chéri Samba, Edson Chagas, Idrissa Ouedraogo, Kudzanai Chiurai, Agbodjelou, Rigobert Nimi e Samuel Kané Kwei) demuestran una vez más una visión revolucionaria, a veces contradictoria de lo que es la cultura africana y su conexión con Brasil. Para el público brasileño, esta es una oportunidad más de adentrarse en el pasado de la esclavitud brasileña, de un no tan lejano año 1888, año de la abolición de la esclavitud en Brasil.

J.D. 'OKHAI OJEIKERE - Mmon Mmon edet ubok, 1974, fotografia por processo de prata coloidal, 60x50 cm

J.D. ‘OKHAI OJEIKERE – Mmon Mmon edet ubok, 1974, fotografia por processo de prata coloidal, 60×50 cm

Además, el SESC a través de los educadores de la exposición, están realizando una serie de actividades complementarias con todo tipo de público, aprovechando además las vacaciones escolares. Para el populoso barrio Belem, la muestra se presenta como lugar para conocer instrumentos africanos, realizar máscaras con materiales reutilizables, realizar muñecas de trapo para niños como las realizadas en la época de la esclavitud y narración de cuentos tradicionales africanos, realizando así pequeñas acciones sobre la propia exposición. El África que vemos es a veces poético y contrasta de algún modo con la exclusión social, la denuncia racial y la inmigración. Ello pone de relieve que lo pasado sigue siendo actual porque quizás ese pasado esclavo no fue todavía superado ni en Brasil ni en el continente africano.

 

 

 

Alexis Peskine, el arte de la “Acu Pintura”

Aula Wiriko

 

 

 

Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por: Óscar Serrano

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Alexis Peskine es un artista a caballo entre la fotografía, el vídeo y su propia disciplina artística; la Acu Pintura. Peskine fue un joven que decidió abandonar su carrera como jugador de baloncesto para estudiar arte y fotografía. Nació en Paris aunque pasó diez años en Nueva York, donde obtuvo una Licenciatura en Arte en la Universidad de Howard (2003), un Master en Artes Digitales (2004) y una Maestría en Bellas Artes (2005). Ganó varios años (2002 y 2003) el prestigioso premio Verizo HBCU destinado a jóvenes artistas universitarios lo que le permitió exponer posteriormente sus obras en numerosos museos y galerías de todo el mundo.

10Su inspiración nace de sus raíces familiares. Su abuelo paterno, ingeniero alemán director de un campo de concentración, su abuelo materno, un carpintero que vivía en las favelas de Salvador de Bahía en Brasil y el matrimonio de su padre franco-ruso y madre afro-brasileña. Este mestizaje cultural le otorga una mentalidad abierta al artista pero no le impide reivindicar su propia identidad a través de sus obras.

Su técnica es única y en ella entrelaza el arte contemporáneo, el arte gráfico y la artesanía. Sus obras representan siluetas de cuerpos de hombres y mujeres negras que forma con la ayuda de clavos. Alexis utiliza clavos de diferentes dimensiones y juega con la profundidad y la separación entre ellos para proporcionar el aspecto tridimensional característico de sus obras. Obras que realiza sobre listones de maderas unidos entre sí o directamente sobre el muro.

En la universidad empezó a hacer serigrafía y le llamó especialmente la atención ver que toda imagen se componía de pequeños puntos de diferentes tamaños. Lo experimentó al ampliar un retrato de un familiar difunto y más tarde un profesor le animó a utilizar diversos materiales y reflexionar sobre el significado de los materiales utilizados. Después de varios experimentos y reflexiones llegó al clavo. Un material banal pero que evoca múltiples interpretaciones. Lo podemos encontrar, por ejemplo, en la crucifixión o en el vudú de las antiguas culturas africanas.

En sus obras Alexis respira influencias del arte pop de Warhol, Lichtenstein y la escultura africana Nkisi, originaria del Congo. Un maridaje que le ha llevado a crear el nuevo concepto Neo Pop, conexión entre materiales sencillos y nuevas tecnologías, temas ancestrales y modernos, arte y artesanía. Alexis utiliza una estética popular para tratar cosas serias con cierto tacto y humor. Utiliza iconos de la cultura pop como el famoso personaje de cómic Asterix, Señor Limpio o Aunt Jemina. Sus obras expresan el trauma causado por los ojos de la sociedad y sus prejuicios (discriminación, racismo o violencia) pero también revelan problemas de identidad, nacionalidad o religión. El artista busca crear un vínculo entre el espectador y sus obras. Los clavos hacen de nexo entre lo visible y lo invisible manteniendo todos los elementos unidos. Su intención es crear una imagen simple pero al mismo tiempo fuerte para que cada espectador pueda darle su propia interpretación.

Según Peskine, “uno tiene la impresión de que las emociones no pueden ser transmitidas por un organismo que no sea de color blanco. Así que destaco el cuerpo negro, porque me parece igualmente bonito y trato de diversificar las imágenes del cuerpo negro en una acción visual positiva”. Además, estéticamente su técnica favorece el uso de siluetas negras por lo que esculpe el cuerpo con luz utilizando los puntos blancos que posteriormente sustituye por clavos.

Peskine se detiene desde hace algún tiempo en Dakar. Parte de su familia tiene un vínculo perenne con la esclavitud por lo que perpetuamente ha tenido conexión con África. Siempre tuvo el deseo de tener un segundo país en el continente y Senegal se ha convertido en su país de adopción. Fue por primera vez en 2010 durante el FESMAN, 3er Festival Mundial de Artes Negras y regresó unos meses después para La Bienal de Dakar donde decidió quedarse atraído por el arte, la energía creativa y las oportunidades que brinda la ciudad.

El artista, con base en Francia, Brasil y Estados Unidos, trabaja actualmente desde su otra base Dakar. Estas bases representan un recorrido que coincide con el comercio triangular o comercio atlántico de esclavos y que se ha convertido en la inspiración para sus próximos trabajos.

África en América

Autora invitada: Sorayda Peguero. Fotos: Sebastián Beláustegui

Una imagen de afrodescendientes en la República Dominicana. Foto: Sebastián Beláustegui

Una imagen de afrodescendientes en la República Dominicana. Foto: Sebastián Beláustegui

A pesar de los miles de kilómetros que separan los dos continentes, África también está en América. Millones de rostros la delatan y antiguas razones así lo acreditan. La progresiva extinción de la comunidad indígena y la imparable demanda de mano de obra acaecidas durante la época de la colonización, beneficiaron el comercio libre de esclavos, una práctica de tráfico humano que perduró durante más de cuatrocientos años. Estos acontecimientos no sólo generaron episodios de opresión, también dejaron una huella vigente que se ha convertido en la diana de “África en América”, el proyecto fotográfico de Sebastián Beláustegui.

Sebastián Beláustegui

Sebastián Beláustegui

Nació en Buenos Aires, Argentina (1969). Actualmente reside en la localidad mexicana de Tepoztlán.Beláustegui es fotógrafo documentalista autodidacta. National Geographic, Los Angeles Times y Newsweek son algunas de las publicaciones con las que ha colaborado. En 1991 fijó su objetivo en los pueblos nativos de Latinoamérica, un proyecto al que dedicó diez años de arduo trabajo. “Guardianes del tiempo” es la cosecha resultante. Un testimonio gráfico que recoge su paso por ocho países y veinticinco comunidades indígenas, en un libro de arte documental prologado por el Premio Nobel de literatura José Saramago.

El propósito de ‘África en América’ es seguir el rastro de las herencias culturales afrodescendientes en el continente americano. La idea surgió mientras el fotógrafo cumplía con el encargo de una revista y documentaba los rituales de santería de la isla de Cuba.

“En esta documentación quiero incluir las diversas culturas, los carnavales, rituales, música y danzas tradicionales, así como la vida cotidiana. En la era de la globalización y la comunicación de masas, las tradiciones de los grupos étnicos minoritarios están siendo diluidas por las culturas dominantes. Han pasado ocho años desde que mi experiencia en Cuba me abrió los ojos a otro aspecto de la rica historia y cultura de las Américas. Mi intención es dar visibilidad a estas realidades marginadas e ignoradas, retroalimentar el alma dando un testimonio de su belleza y proyectar el respeto hacia el valor que tienen estas culturas”.

Beláustegui tiene la impresión de que en algunos países latinoamericanos las culturas indígenas y afro-descendientes están infravaloradas, de ahí que la principal motivación de su trabajo sea crear un registro que aliente la permanencia de las tradiciones de estos pueblos en las  nuevas generaciones. Para conseguirlo se ampara en la fotografía documental y la convierte en una herramienta que le permite compartir la riqueza y la diversidad de estas culturas con el mundo.

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Perú, Colombia, República Dominicana, Trinidad y Tobago, Argentina, Brasil y Honduras, son algunos de los dieciséis países que ya han sido visitados por el fotógrafo. Las próximas paradas señaladas en su carta de ruta apuntan hacia los ritos religiosos de Haití y advierten notas de blues en un recorrido que también incluirá el Sur de Estados Unidos.

“El legado afro-descendiente en países como Argentina y Chile atrajo especialmente mi atención, se trata de una presencia minoritaria de la que mucha gente desconoce. Desgraciadamente la trata de esclavos se extendió por toda América, dejando una herencia viva que se percibe especialmente en lugares como Cuba y Brasil, donde la esclavitud dejó una huella importante en las prácticas religiosas y fiestas populares”.

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Durante mucho tiempo, la voz de África en América fue llanto de dolor y añoranza por la tierra dejada atrás, pero aquel exilio masivo, y forzado, también devino en cánticos de esperanza, en sonidos de tambores, en bailes y celebraciones que arraigaron raíces en suelo americano y que hoy forman parte de su variopinta identidad. A estas tradiciones les distingue la particularidad de que se han fusionado con elementos europeos e indígenas, generando un mestizaje y una cultura única y rica en matices.

En su hazaña, Sebastián Beláustegui lleva más camino recorrido que el que le queda por andar, pero su entusiasmo adivina que esta será una experiencia de efectos duraderos y resonancias profundas, un viaje guiado por la esencia de la tradición que no ha hecho más que empezar.

Arranca la ventana de cine africano más grande de España

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El Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT) cumple diez años de amor al cine africano en España y esta tarde arranca, hasta el 19 de octubre, una de las ediciones más emotivas debido a los recortes presupuestarios que ha sufrido la organización. Una década de FCAT trascendiendo África y aproximando su heterogeneidad a través del séptimo arte. En este décimo aniversario, el segundo en la ciudad tras ocho años en Tarifa (Cádiz), Córdoba se consolida como la ventana de cine africano más grande que existe en el ámbito hispanohablante con 120 proyecciones de 70 películas, 27 de ellas a competición, junto a otras actividades paralelas.

La principal circunstancia que motivó la creación de este encuentro con el cine africano en el año 2003 fue, por un lado, la llegada continuada de pateras a las costas andaluzas, en concreto, a las gaditanas. La imagen mediática reiterativa era la de una África que se moría y que seguía anclada en la tragedia, el hambre y las guerras. Llegaban con un espejo enorme y biselado de esperanzas. Lo hacían en las embarcaciones típicas que utilizan los pescadores de África occidental pero el reflejo daba tanto pavor que las categorizaciones comenzaron a sacar punta a nuevos términos y a adjetivaciones trasnochadas: sin papeles, ilegales, subsaharianos, pateras o cayucos que se acurrucaban en una población apostada en la arena y que desconocía las heridas del continente madre de todos ellos.

Fotogrma de la "La Pirogue" (2012), un film del senegalés Moussa Touré.

Fotogrma de la “La Pirogue” (2012), un film del senegalés Moussa Touré.

Por otro lado, se hacía fuerte la necesidad de educar la mirada hacia estos nuevos vecinos. El suspiro deslabazado que sufrían los habitantes de Cádiz o Málaga a comienzos de la década del 2000 hizo de la impotencia social un brebaje con efectos educativos y divulgativos en el sur de la Vieja Europa. Y la vacuna visual contra los estereotipos que se tienen sobre África se patentó en Tarifa gracias a la mano firme de Mane Cisneros, directora del Festival de Cine Africano de Córdoba.

La suma de estas características, hicieron imprescindible un nuevo marco en el que poder acercar las circunstancias sociales, políticas y económicas de estos inmigrantes. Un nuevo espacio de reflexión y divulgación de esa otra África a través de la cultura y que el FCAT ha pregonado desde su comienzo gracias a la ecuación equipo-voluntarios-público. Una cita obligada con las cinematografías africanas tanto en la Península como en Europa. Una década que merece ser subrayada y tenida en cuenta por la labor de acercar en 35mm. al continente vecino sin frontera alguna.

 

Un tapiz con lo mejor del continente
Para esta edición que arranca hoy se proyectarán 70 filmes de temática africana y árabe procedentes de 32 países, entre los que destacan la presencia de producciones de Burkina Faso, Camerún, Nigeria o de Sudáfrica, una de las industrias cinematográficas más potentes y prometedoras del continente. Como ya ocurriera en ediciones anteriores, los cinéfilos podrán disfrutar de un nutrido número de películas senegalesas. Ejemplos de ello son filmes como Mille soleils, Tall as the baobab tree (realizada en coproducción con Estados Unidos), la ganadora en la pasada edición del Griot al Mejor Largometraje Documental Tey; o President Dia, del director William M’Baye al que pudimos entrevistar hace un año en Dakar.

Los títulos que se podrán visionar procedentes del Norte de África son los trabajos de jóvenes cineastas de Argelia, Egipto, Marruecos y Túnez muchos de ellos influenciados por las Primaveras Árabes  que han servido como telón de fondo. Además, estarán representados también 23 países más: Alemania, Angola, Arabia Saudita, Brasil, Canadá, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Etiopía, Francia, Gabón, Guinea Conakry, Guinea Ecuatorial, Kenia, Madagascar, Mauritania, Mozambique, Perú, Portugal, Qatar, RD Congo y Trinidad y Tobago.

Trailer de la película Something necessary dirigida por la keniana Judy Kibinge. Una parábola edificante sobre la expiación en contraste con la violencia mortal que siguió a las elecciones de 2007 en Kenia.

 

Estrenos
La programación fílmica del festival estará distribuida en ocho secciones oficiales, tres de ellas competitivas. En esta ocasión, serán 27 los títulos en las secciones a concurso: “El Sueño Africano” (largometrajes de ficción), “Al Otro Lado del Estrecho” (largometrajes documentales) y “África en Corto” (cortometrajes documentales y de ficción). Todas las películas que participan en las secciones a concurso afrontan su estreno en España en el FCAT Córdoba, excepto Yema (Argelia/Francia, 2012), que como ha ha subrayado la directora Mane Cisneros “por suerte o por desgracia, seguimos sin poder convencer a las distribuidoras españolas de que estas cinematografías pueden tener una salida comercial en nuestro país”.

Además, en las secciones no competitivas podremos ver en “La Caja de Pandora” una selección de películas de temática africana realizadas por cineastas occidentales; “África en Ritmo” reunirá una vez más los mejores títulos sobre danza y música africanas; “Carta Blanca al EDOC” nos acercará una muestra representativa de lo que fue el Festival de Cine Documental de Quito, con películas de temáticas afro-descendientes y “10 Fragmentos de un Discurso Amoroso Africano”, una sección planteada no sólo como un análisis antropológico sobre las prácticas amorosas o las manifestaciones del deseo en África, sino como toda una declaración de intenciones de la organización del FCAT Córdoba.

A estas secciones se suma una serie de sesiones especiales en la programación, entre las que se encuentra la proyección de la afamada La bicicleta verde, primera película realizada por una mujer en Arabia Saudí, Haifaa Al Mansour, que se estrenará en las salas cordobesas durante el festival.

Os dejamos el trailer de una película que rome con los tópicos y se atreve a desmontar el concepto de música africana. Un film sobre el desarrollo del estilo Metal en Angola como respuesta a los años de guerra prolongado que vivió este país. Death metal Angola, dirigido por Jeremy Xido en una coproducción de Estados Unidos y Angola.

 

El cine como industria
Por quinto año consecutivo, el FCAT Espacio Profesional estará dedicado a promover la cooperación entre los profesionales de los cines de África, España y el resto del mundo. Un año más, la Casa Árabe será el escenario, del 15 al 18 de octubre, del V Foro de Coproducción “África Produce” y una serie de conferencias y mesas redondas; así como los Aperitivos de Cine, encuentros entre cineastas, periodistas y estudiantes, donde se hablará en profundidad de las películas programadas en competición.

Actividades paralelas
FCAT Córdoba no se limita a las salas de proyección, como demuestra su amplio programa de actividades paralelas, entre las que se incluyen cuentacuentos, proyecciones en los distritos, la exposición de fotografía Malagorée: de puerto a puerto,de Javier Hirschfeld, y encuentros con distintas ONGs de la ciudad.

Cabe destacar una de las actividades  más novedosas previstas para esta edición y enfocada a jóvenes profesionales: se trata del “Curso‐taller de Crítica de Cine: Desafíos tradicionales, fatales omisiones y retos renovados de la crítica en el actual panorama interconectado y plurivocal”, que se celebrará en colaboración con el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) y el Programa ACERCA de Capacitación para el Desarrollo en el Sector Cultural de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) y que contará con la dirección del crítico Alfonso Crespo y con las clases magistrales de nuestra editora Beatriz Leal Riesco y el crítico de cine reconocidísimo por sus aportaciones a la literatura sobre las cinematografías africanas, el francés Olivier Barlet, entre otros.

La 10ª edición del FCAT se estrenará esta noche a las 21.00h. en el Teatro Góngora de la localidad cordobesa con la película del director mauritano Abderrahmane Sissako, La vie sur terre (1998).

 

¡A la calle! ¡Es Carnaval! (V): Negras y paulistas, joyas brasileñas

Educación, cultura y arte negro en femenino con Ilú Obá De Min (São Paulo). Foto: Jennifer Glass Y Fora do Eixo.

Cultura y arte negro en femenino con Ilú Obá De Min (São Paulo). Foto: Jennifer Glass Y Fora do Eixo (2013).

 

Autora invitada: Laura Daudén, periodista por la Universidade Federal de Santa Catarina y máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente trabaja como redactora para la revista Istoé.

Cuando uno piensa en la majestuosa fiesta del carnaval en Brasil, nos remite, casi automáticamente, a las imágenes de las escuelas de samba y de las “reinas” semidesnudas que comandan las baterías bailando divinamente. Son atendidos, a través de esa puesta en escena, los discursos que se construyeron desde los tiempos coloniales alrededor de la mujer brasileña: es decir, una diosa tropical que mezcla los misterios indígenas y africanos para satisfacer al hombre blanco europeo. Es el propio pecado en forma humana.

Pero la diversidad y la multiplicidad del carnaval ha asegurado espacios –aunque no reconocidos por los grandes medios– a grupos que tratan de reposicionar lo femenino según otros parámetros. Ese es el caso de Ilú Obá de Min (“las manos que tocan el tambor para el Rei Xangô”), una organización fundada y administrada por mujeres que desde el 2005 realiza un cortejo por las atribuladas calles de la ciudad de São Paulo con tal de preservar la cultura afro-brasileña y de reforzar los lazos comunitarios que unen y fortalecen las mujeres, blancas y negras, en el seno de la sociedad patriarcal y de clases.

Reivindicar ser mujer, negra y tocar el tambor en carnavales. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo

Reivindicar ser mujer, negra y tocar el tambor en carnavales. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo (2013).

Según la maestra y regente Beth Beli, una de las fundadoras de la organización, la idea primordial era discutir y cuestionar la participación femenina en los rituales ligados a la cultura y a los cultos afro-brasileños. Nadja Baldaconi da Silva Bispo, autora del estudio “Ilú Obá de Min: identidad, oralidad y religiosidad de las mujeres con tambores”, explica que tocar la batería en el Candomblé todavía es tarea exclusiva de los hombres y que la iniciativa del Ilú cuestiona frontalmente el protagonismo masculino al proponer un grupo de percusión afro-brasileña compuesto apenas por mujeres. “Ser mujer, ser negra y tocar el tambor como lucha de la mujer son características desafiadoras dentro de una sociedad regida, en su gran mayoría, por hombres”, afirma.

Así, en la noche del viernes que precede el inicio de las fiestas en todo el país, las más de 200 personas que forman parte del grupo, se juntan en el centro de la ciudad y comienzan un desfile de cerca de tres horas hasta la iglesia Nossa Senhora do Rosário dos Homens Pretos, construida gratuitamente por trabajadores negros en el inicio del siglo XX. Una multitud emocionada acompaña el trayecto. Bajo las luces amarillas de las calles angostas y deterioradas, música, baile y teatro se mezclan para contar en colores y movimientos los mitos de la tradición afro-brasileña y homenajear sus protagonistas, los orixás.

En 2013, todas las canciones y representaciones fueron inspiradas en las yabás, los orixas femeninos en la tradición ioruba. Las cantantes explican su historia al numeroso publico reprimiendo a los hombres por no autorizar la participación de las mujeres en la creación y en la organización del mundo. Así, Oxum, la orixa de la fertilidad, esteriliza a todas las mujeres. En ese momento, los orixas son obligados a reconocer su importancia para la continuidad de la vida y les aseguran un espacio. Ese entendimiento del rol femenino en la religión ioruba es una constante en sus mitos, entre ellos el que explica la existencia de las Iá Mi, las madres ancestrales o hechiceras. “La mujer (…) posee todas las calidades y poderes de una Iá Mi. En varias épocas de su existencia viven diferentes aspectos de ese poder femenino, legado de la naturaleza que reciben las mujeres como parte de su función social, cultural y espiritual”, explica Irinéia Franco dos Santos, autora del estudio “Iá Mi Oroxongá: las madres ancestrales y el poder femenino en la religión africana”. “El poder femenino, en su doble aspecto –creador y destructor– es la síntesis de la vida, suministra el axé [la energía primordial] necesario para la continuación de la existencia en la tierra”, apostilla.

Por la importancia de esas entidades femeninas y también por la simbología de su historia, el desfile de Ilú Obá de Min ha querido destacar, por ejemplo, el ritual Gèlèdé, celebrado en la tradición ioruba para homenajear el principio femenino de la naturaleza (“Ìyá Nlá”) y las entidades femeninas. Su figura ha sido representada con una máscara doble: medio mujer, medio pájaro.

 

Zancudos. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo (2013).

Un zancudo representa Gèlèdé, el principio femenino de la naturaleza en la tradición ioruba. Foto: Jennifer Glass/Fora do Eixo (2013).

 

Además del grupo de baile y de las representaciones encarnadas por los zancudos y por las percusionistas vestidas de Oxum, las letras de las músicas también han sido fundamentales en la tentativa de construir ese nuevo discurso sobre la mujer: “Un tiempo de lucha y conquista / recuenta nuestra trayectoria / mujeres, madres, señoras / ancestralidad, raíces de nuestra identidad”, dice una de las canciones, mostrando que a través de el culto a Ìyá Nlá se pude reconstruir y propagar los lazos con los reinos originales, de donde partieron gran parte de los millones de esclavos y esclavas responsables de la construcción de Brasil.

“La importancia dada a los lazos familiares y a los clanes expresa en el culto a los ancestros una ligación profunda con su lugar de origen, su aldea e identidad. Así, ¿cómo concebir el horror de la diáspora, de la esclavitud, en el que uno es arrancado de sus raíces y alejado de sus ancestros?”, resume Irinéia Franco dos Santos. “La supervivencia y el mantenimiento de las tradiciones diversas en el ambiente de la diáspora son sintomáticas del proceso.”