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La importancia de los premios

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Mercedes Aparicio Rizzo

¿Para qué sirve un premio literario? La reciente ganadora del Premio Planeta, Alicia Giménez Bartlett, en una entrevista realizada en el programa Página 2 de la 2, contestaba lo siguiente a una pregunta parecida: «En serio, te diré que lo que más me llama la atención en el premio son los nuevos lectores que pueda atraer hacia mis libros». Y es que, más allá de la dotación económica de los premios o del reconocimiento a la labor de los autores y autoras, los premios proporcionan una visibilidad que para muchos autores es la verdadera recompensa y el fin último de la participación en dichos premios. Pensemos, por ejemplo, en algunos ganadores del Caine Prize, como Binyavanga Wainaina (2002) o NoViolet Bulawayo (2011), a los que ganar este premio abrió las puertas del mercado internacional e impulsó sus carreras literaria; o en cómo influyó de manera decisiva en la difusión de la obra de Wole Soyinka el hecho de haber recibido el Premio Nobel de Literatura en 1986.

Para los amantes de la literatura, y también para aquellos que se acercan tímidamente a ella y no saben por dónde empezar, los premios establecen un punto de referencia para conocer autores y novelas de distintos estilos y países y abrir horizontes. Sin embargo, hay premios más reconocidos internacionalmente que otros y en general, los premios literarios que reconocen la labor de las literaturas africanas, no se encuentran entre los más conocidos. Es una pena porque ganar un premio no solo reconoce la labor de la persona que escribe y, posiblemente, constituya un apoyo financiero importante que la ayude a continuar con su labor, sino que además, pone en contacto a los autores con los lectores y nos ayuda a encontrar verdaderas joyas que no habríamos conocido de otra forma. No es fácil encontrar información sobre buenas novelas africanas ─y no solo porque haya muchas de ellas que no han sido traducidas al español, que también (aunque eso sería un tema a tratar en otro momento y que daría mucho que hablar)─ sino porque muchas veces no sabemos dónde buscar. Por esta razón,  puede ser útil hacer un resumen de los principales premios literarios que reconocen la labor de los escritores y escritoras del continente, así como de los últimos ganadores de dichos premios. Esta enumeración no pretende ser una lista exhaustiva (no están todos lo que son person son todos los que están), sino una aproximación que nos permita bucear en el mundo de los premios literarios que reconocen la labor de autores y autoras africanos, por lo que incluye también premios creados desde el exterior (en países no africanos) que premian novelas africanas.

Etisalat prize: se denomina a sí mismo «primer premio pan-africano del continente». Nació en 2013 y se ha convertido en uno de los más prestigiosos del continente. Reconoce y premia la mejor novela africana para debutantes, es decir, la novela tiene que ser la primera del autor/a y haber sido escrita en los 24 meses anteriores al premio. En su primera edición, se llevó el premio We Need No Names de NoViolet Bulawayo (Zimbabue) y, en 2014, se alzó con el triunfo Songeziwe Mahlangu (Sudáfrica) por su obra Penumbra. Este año hay nueve seleccionados: 6 sudafricanos, 2 nigerianos y 1 congoleño y el ganador se conocerá en diciembre. Entre los seleccionados están The Fishermen de Chigozie Obioma y Fiston Mwanza Mujila con Tram 83, entre otros.

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The Mabati Cornell Kiswahili Prize for African Literature: es un premio destinado a las obras en lengua suajili, lo cual resulta interesante ya que se inscribe dentro del debate sobre la lengua de escritura de las literaturas africanas. Intenta ser un contrapeso de otros premios importantes (desde el Caine Prize hasta el Etisalat Prize), destinados a autores africanos, pero para obras escritas en inglés y está avalado por importantes figuras literarias como Ngũgĩ wa Thiong’o y la crítica literaria Lizzy Attree, fundadores del mismo en 2014 con el apoyo de la Cornell University y la empresa metalúrgica keniana Mabati Rolling Mills. Los ganadores del 2015 han sido: Anna Samwel por Penzi la Damu (ficción) y Mohammed K. Ghassani con N’na Kwetu (poesía).

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Caine Prize for African Writing: es quizá uno de los más conocidos y está dedicado a relatos cortos de autores africanos publicados en inglés. Fue fundado en Reino Unido en el año 2000 y recibe el nombre de Sir Michael Harris Caine, antiguo presidente de Booker Group plc. Debido a la relación de este premio con el Booker Prize, a veces se le conoce como el Booker africano. Tanto la primera como la última autora galardonada con este premio han sido mujeres: la sudanesa Leila Aboulela por The Museum en el año 2000 y la zambiana Namwali Serpell por su relato The Sack en 2015. En los últimos años, se ha abierto un debate en torno al premio debido a la procedencia de los escritores seleccionados. Se pone en duda el hecho de premiar a autores que no han nacido en el continente y que han pasado la mayor parte de su vida fuera de él. La escritora Maaza Mengiste (nacida en Etiopia pero residente en EE.UU) comentaba lo siguiente: “Parece que cada nuevo escritor con cualquier conexión remota con el continente africano, ya sea voluntaria o involuntariamente, primero tiene que lidiar con esta cuestión de la identidad antes de hablar acerca de lo que debería importar más: su libro”. Es un debate aún abierto y en el que se tocan temas como la africanidad de los escritores y el afropolitanismo.

Wole Soyinka Prize for Literature in Africa: se autodenomina también un premio panafricano (y como el Nobel africano) y se entrega cada dos años. Fue creado en 2005 por The Lumina Foundation en honor al primer autor africano que ganó el premio Nobel en 1986, Wole Soyinka. El último escritor en haber recibido el premio ha sido Akin Bello por The Egbon of Lagos (en 2014).

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The Jalada Prize: puede que sea aún bastante desconocido, pero es una iniciativa muy interesante porque es un intento de los propios autores africanos de promocionar su literatura, una inicitaiva desde la base que además ha tenido un muy buena acogida internacional. Jalada es un colectivo que surgió en 2013 en Kenia, formado originalmente por 18 escritores procedentes de Kenia, Uganda, Zimbabue, Nigeria y Sudáfrica. Ahora, son ya 24 sus miembros. Su puesta de largo fue la publicación de su primera antología en línea: Sketch of a bald woman in the semi-nude and other stories  (Bosquejo de una mujer calva semidesnuda y otros cuentos). Ahora ha inaugurado su premio en 2015 que han ganado los siguientes autores: Lillian Akampurira Aujo (Uganda) y Okwudili Nebeolisa (poesía).

Premio Noma para la Publicación en África: se desarrolló entre 1980 y 2009 y aunque ya no esté en marcha, es interesante incluirlo porque se pueden descubrir también buenas obras entre sus participantes y ganadores. Fue creado en 1979 por Shoichi Noma, presidente de la editorial Kōdansha y premiaba la calidad de una obra, de cualquier género, siempre y cuando hubiera sido publicada «por un editor africano independiente del continente». Además, estuvieron representadas once lenguas de escritura, incluidas el kikuyu y el kisuajili. La primera galardonada fue Mariama Bâ con Une si longue lettre (1979) y la última Sefi Atta con Lawless and Other Stories (2009).

Y de nuevo, dos mujeres. Haciendo un repaso al palmarés de los premios en los últimos años, parece que las escritoras africanas vienen fuertes, aunque, una vez más, ese sería un tema que nos daría mucho que hablar, así que mejor lo trataremos en otra ocasión.

Tendai Huchu, una visión diferente de la diáspora

El autor zimbabuense, Tendai Huchu. Fuente: página web del escritor

El autor zimbabuense, Tendai Huchu. Fuente: página web del escritor

Tendai Huchu ha dado un paso más. Es un joven novelista zimbabuense que se ha decido a despuntar sin hacer concesiones. Hace algún tiempo que su nombre resuena en todas esas listas de las que últimamente nos hacemos eco para proyectar la vitalidad de las literaturas africanas. Es decir, figuraba entre las promesas para convertirse en escritores con una carrera consolidada y su último paso ha sido valiente, sin dejarse encorsetar por lo que se esperaba de él, más allá de una obra atractiva. En su novela The Maestro, The Magistrate and The Mathematician hace un arriesgado ejercicio narrativo, pero también filosófico. En el primer sentido, buscando un complejo hilo que no da facilidades al lector. En el segundo, proyectando una imagen de la diáspora que huye de las cuestiones identitarias más manidas. En una reciente entrevista publicada en el portal del Short Story Day Africa, Huchu lanzaba una provocativa explicación de sus motivaciones al confesar algo así como “escribo sobre lo que me da la gana, sobre lo que importa” (en una traducción dulcificada de sus palabras textuales).

huchuhairdresserNo es precisamente el ser comedido lo que ha caracterizado la corta pero intensa carrera de Huchu. Su nombre ya sonó con fuerza con una novela debut audaz, The Hairdresser of Harare, que despertó un considerable interés en todo el mundo. El autor exploraba, por un lado, la desastrosa situación social y económica de Zimbabue, pero también la belicosa actitud homófoba de las autoridades. Sin embargo, planteaba la narración como una comedia. Su éxito le llevó que The Hairdresser of Harare fuese traducida y publicada inmediatamente en los principales mercados editoriales europeos.

Ese reconocimiento se consolidó con su nominación el pasado año como finalista del Caine Prize, que en los últimos años se ha convertido en uno de los principales altavoces de los autores africanos emergentes, básicamente, por su proyección. “The Intervention” es el relato con el que aspiró al galardón que finalmente se llevó Okwiri Oduor. En ese caso, Huchu dibujaba a un grupo de jóvenes zimbabuenses que desde el Reino Unido miraban con distancia el resultado de las elecciones en su país de origen. La apatía y el cinismo eran lo principales invitados de esa reunión.

huchumaestroSin embargo, más allá de esa trayectoria de provocación y de incorrección política, la última de las apuestas de Tensai Huchu, continúa resultando sorprendente. En The Maestro, The Magistrate and The Mathematician, el autor trenza tres historias completamente diferentes, para llegar a un final en el que todas ellas confluyen y acaban adquiriendo sentido. Pero el ejercicio va un paso más allá todavía y cada una de las narraciones tiene su propio tempo y su propia lógica. Resulta curioso cómo Huchu explica la relación entre los tres pilares de su novela. Asegura que a la hora de crear la ficción se planteo cada uno de los tres personajes como las agujas de un reloj. “El maestro” es la aguja que marca las horas, “es lento y superficial”. “El magistrado” es el minutero, el más estable, el que marca el ritmo constantemente y la referencia en todos los casos. “El matemático” es el ritmo frenético. El rizo se riza aún más en la medida en la que el autor hace un paralelismo constante con la obra Los demonios de Dostoievski.

Evidentemente en la historia de los tres zimbabuenses instalados en Escocia, la realidad de la diáspora está presente. La relativa preocupación por la actualidad política y social de su país de origen y también la compleja comunión entre las costumbres y convicciones zimbabuenses y las escocesas, pone sobre la mesa esa doble vida del expatriado. Pero, al mismo tiempo, quizá por esa indolencia que el autor proyecta en sus personajes, esa apatía en ocasiones, el cinismo en otras, la impotencia o bien la prioridad de la supervivencia, el hecho diaspórico no se convierte en el centro de la reflexión. No en vano, si de algo se ha quejado Huchu ha sido de la limitación de los temas sobre los que, supuestamente, los autores africanos pueden escribir. Y por eso, la ruptura de estos esquemas es, absolutamente, intencionada.

En este caso, Tendai Huchu da la impresión de no poder renunciar a un particular humor ácido como tampoco a su crítica política. Como ya ocurría en  The Hairdresser of Harare y, en cierta medida, en “The intervention”, en The Maestro, The Magistrate and The Mathematician algunas situaciones críticas aparecen en un extraño tono humorístico.

Caras y cruces en el Caine Prize 2015

Imágenes de los cinco finalistas de la edición 2015 del Caine Prize

Imágenes de los cinco finalistas de la edición 2015 del Caine Prize

Acaba de producirse uno de los anuncios más importantes del año para la literatura africana, la lista de finalistas del Caine Prize. La verdad es que se trata sólo de uno de tantos premios, ni siquiera es el mejor dotado. Sin embargo, con el paso del tiempo, los finalistas de este premio y sus ganadores han protagonizado interesantes trayectorias profesionales. La publicidad que lleva este aparejada este galardón y el prestigio que ha ido cultivando lo han convertido en uno de los premios más deseados, sobre todo, entre los autores que intentan abrirse paso.

Sin embargo, el anuncio de esta lista de finalistas suscita aplausos y abucheos. Por un lado, los cinco aspirantes ponen de manifiesto que  la literatura africana goza de buena salud y que tiene un próspero futuro garantizado. Por otro, los responsables del premio no han superado algunas de las críticas que se les han planteado en las últimas ediciones, como la preeminencia de escritores de origen africano que escriben desde el extranjero o un cierto vicio de regencia de la literatura africana por parte de organizaciones del norte.

Una de las novedades de esta edición es lo que los responsables del premio consideran una muestra de madurez del premio. Ha llegado a su decimosexta edición por lo que no era de extrañar lo que ha ocurrido. La lista incluye a un escritor que ya ha ganado en una ocasión el premio y a otro más que en ediciones anteriores también fue preseleccionado.

Los autores de los relatos seleccionados son los nigerianos Segun Afolabi y Elnathan John, los sudafricanos FT Kola y Masande Ntshanga y la zambiana Namwali Serpell. Tres hombres y dos mujeres. Pero la mayoría de ellos asiduos de los premios internacionales y de las becas para escritores. El nombre más desconocido de esta nómina es el de la sudafricana FT Kola, cuya única historia publicada es precisamente la que le ha valido esta preselección “A Party for the Colonel”, editada en diciembre de 2014 por la revista neoyorkina One Story.

afolabiSin embargo, los otros autores tienen ya una amplia experiencia en lides como la de la lista de finalistas del Caine Prize. Sin ir más lejos, el nigeriano Segun Afolabi ya fue galardonado con este mismo reconocimiento en 2005, por su relato “Monday Morning” publicada en la revista británica Wasafiri. A partir de ese momento, el escritor publicó su primer libro, una antología de relatos breves titulada A Life Elsewhere y después su primera novela, Goodbye Lucille. El primero de los trabajos apareció en la lista de finalistas de la premio para escritores de la Commonwealth y el segundo, recibió el Authors’ Club Best First Novel Award. Uno de los temas preferidos del autor es el desarraigo y para ello coloca a sus personajes en entornos que les son ajenos, una especie de ejercicio de descontextualización que enfrentan a sus protagonistas a la soledad, la nostalgia o la pérdida.

Los trabajos de Namwali Serpell también habían atraído ya la atención de los jueces del Caine Prize. Ocurrió en 2010 y su relato “Muzungu”, que era el primero que la zambiana conseguía publicar, no fue definitivamente escogido como ganador. Lo mismo le había ocurrido el año anterior en el Best American Short Stories. Si que consiguió hacerse con otros premios y fue reconocida, por ejemplo, siendo seleccionada para la antología Africa39 de la que hemos hablado en varias ocasiones en esta sección y que recogía los trabajos de los 39 escritores africanos menores de 40 años con un futuro más prometedor. A pesar de que sus relatos se han publicado en un considerable número de publicaciones su primer libro acaba de ser publicado, pero no es un compendio de relatos cortos sino un libro de crítica literaria.

NtshangaOtro de los finalistas aparece también con una primera novela recién salida del horno. Se trata del sudafricano Masande Ntshanga. The Reactive fue publicada el año pasado. Ntshanga habla sobre el abuso de drogas, pero también sobre el peso de la conciencia y sobre la responsabilidad que siente un joven buscavidas hacia la familia de la que se ha desvinculado para construir su propia historia. En The Reactive hay ambiente urbano pero también reflexión psicológica, hay misterio y también sentimientos. Este joven escritor sudafricano también sabe lo que es aparecer en una lista de finalistas. De hecho en 2013 fue el ganador de otro prestigioso premio internacional, el PEN International New Voices Award.

Y por último, Elnathan John no puede presentar como credencial una novela. De hecho su trabajo que se ha anunciado para este año es uno de los lanzamientos más esperados de su Nigeria natal. Es uno de los autores de Cassava Republic Press y entre la promoción previa y la actividad del propio autor, tanto en su blog como en las redes sociales, da la impresión de que John fuese ya un referente consolidado de la literatura nigeriana.

Los cinco relatos finalistas:

“The Folded Leaf” de Segun Afolabi.

“Flying” de Elnathan John.

“A Party for the Colonel” de F. T. Kola.

“Space” de Masande Ntshanga.

“The Sack” de Namwali Serpell.

 

La Kenia de polvo y silencios de Yvonne Adhiambo Owuor

Yvonne Adhiambo Owuor. Fuente: Kwani Trust

Yvonne Adhiambo Owuor. Fuente: Kwani Trust

Como ocurre en otra muchas ocasiones el Caine Prize alzó su nombre a los titulares y le abrió numerosas puertas, se trata de la escritora keniana Yvonne Adhiambo Owour. Sin embargo, lo más sorprendente es que no se puede considerar que Owuor haya aprovechado el tirón del galardón. Se lo ha tomado con calma. Recibió el reconocimiento en 2003, pero no ha publicado su primera novela hasta once años después.

A principios de 2014, la escritora keniana sorprendió con el lanzamiento de Dust (“Polvo”), e inmediatamente los principales medios internacionales empezaron a considerarla una de las voces contemporáneas de la literatura keniana. Dust ha enamorado a los críticos de medio mundo con un estilo aparentemente anárquico, pero que termina siendo revelador.

Dust es un arriesgado ejercicio, con un enfoque igualmente osado. El punto de partida es la violencia postelectoral de 2007 y el desarrollo conduce a través de la trayectoria de inestabilidad, revueltas y violencia del país, desde los levantamientos mau-mau hasta las purgas de finales de los setenta. Pero el recorrido histórico no es, ni mucho menos, el elemento fundamental, el relato es sobre todo humano, casi íntimo y, al mismo tiempo un análisis social.

Ajany es el personaje central de esta novela, se trata de una artista keniana instalada en Brasil que regresa al país para enterrar a su hermano Odidi, asesinado durante los enfrentamientos que siguieron a la confusión postelectoral de 2007. Las preguntas y la búsqueda suceden naturalmente al dolor, como una manera de encontrar la explicación del drama. Sin embargo, las pesquisas de Ajany ponen al descubierto los episodios de una historia familiar que habían sido enterrados, silenciados, pero no olvidados.

De manera simbólica en la novela se puede leer que los idiomas oficiales de Kenia son “el inglés, el kikuyu y el silencio”, unos silencios que han construído el precario equilibrio del país. Aunque no es una reflexión política, Dust, consigue entrelazar esta trayectoria con la influencia que ejerce en las vidas de los protagonistas y pone de manifiesto con ese deber de silencio ha impactado en las vidas cotidianas de las familias kenianas. En una entrevista al magacín Guernica, Owuor confesaba: “Supongo que estaba buscando una familia que fuese un microcosmos de la disfunción de la familia nacional”. De la misma manera y, a pesar de que la novela se mueve en el ámbito de esa búsqueda de respuestas desesperada, Owuor considera que se trata de una búsqueda de resurrección, de reconstrucción y que, por ello, es una obra “inpenitentemente” optimista.

La historia de Ajany se entrelaza con la de Hugh, un británico que busca en el país africano las huellas de su padre, miembro de la administrador colonial. De esta manera, Owuor mezcla la vida y la muerte, la política y la familia, la pasión, el amor y la búsqueda existencial.

dustLa emergencia de Yvonne Adhiambo Owuor como narradora resultó sorprendente en 2003, cuando ganó el Caine Prize con el relato “Weight of Whispers”, que había sido publicado en la editorial independiente keniana Kwani?. Durante once años, la autora ha seguido publicando algunos relatos cortos, pero la publicación de Dust, primero en Kwani? y después en editoriales estadounidenses y británicas, ha resultado todavía más impactante. Ha conseguido el favor de los críticos de grandes medios desde el New York Times hasta el Washington Post. Se ha valorado un estilo narrativo casi caótico que se mueve por la historia sin seguir un recorrido lineal y que exige una atención extrema por parte del lector, que ha llevado a Taiye Selasi en el diario neoyorquino a advertir a los “lectores perezosos”.

De la misma manera se ha elogiado la capacidad para crear imágenes con el lenguaje y para transmitir a través de la descripción (pero no sólo en el significado de las palabras, sino también en el ritmo) el paisaje y el clima árido y abrupto en el que se desarrolla la historia.

Otros, sin embargo, han criticado este estilo. Para los críticos de NPR Books, la autora se para demasiado en describir los sueños y las preocupaciones, incluso, de personajes secundarios y con apariciones anecdóticas. Para los de Think Africa Press, la intención de introducir los cinco sentidos en las descripciones, la prosa poética de Owuor y la voluntad de explorar el interior, las motivaciones de los personajes, acaban entorpeciendo la propia narración.

En todo caso, y más allá de algunas preferencias personales, Yvonne Adhiambo Owuor tiene varios méritos. En primer lugar, haber construido un estilo y una voz muy personal; en segundo lugar, producir una historia tremendamente trabajada, tanto en lo temático como en lo estilístico; por otro lado, abordar un tema tan espinoso como el efecto de los silencios que permiten avanzar pero no garantizan la tranquilidad y hacerlo con un enfoque valiente; y, por último, haber llamado la atención de la prensa internacional sobre una autora africana.

Okwiri Oduor rompe el debate del premio Caine

Con el paso del tiempo el Caine Prize for African Writing se ha ido consolidando como el más importante de la literatura africana, al menos, en la esfera anglófona. Una de sus principales fortalezas es la capacidad que ha demostrado para vislumbrar a los autores que poco después pueden llegar a poblar la constelación de los escritores africanos con proyección internacional. El resultado de la decimoquinta edición se supo el pasado lunes y su última ganadora ha sido la keniana Okwiri Oduor, bajo la sombra del reciente fallecimiento de una de las patronas del premio, la Premio Nobel sudafricana, Nadine Gordimer. Quizá sea demasiado pronto para que los platillos de la balanza acojan las valoraciones de esta decisión (a favor y en contra), pero hay dos cosas claras. Una, que de la noche a la mañana la carrera literaria de la escritora keniana ha recibido un espaldarazo que seguramente poco podía imaginar. La otra, que con esta elección se eluden algunos de los debates en torno al premio que se habían despertado en las últimas ediciones.

Okwiri Oduor. Fuente: Facebook de la autora

Okwiri Oduor. Fuente: Facebook de la autora

Okwiri Oduor comparecía al galardón con un delicado y sentimental cuento titulado “My Father’s Head” (“La cabeza de mi padre”). En su historia, que venía de ser publicada en la antología sudafricana Feast, Famine and Potluck (editado con motivo del Día Africano del Relato Breve) explora terrenos resbaladizos. Concretamente, los del duelo y la memoria, de una manera más evidente, pero también los de la añoranza y el desarraigo de un modo más sutil. La protagonista tiene vívido el recuerdo del rostro de su padre fallecido, pero es incapaz de recordar su cabeza. La cocinera del hogar de ancianos en el que trabaja le dice que es porque “su padre era un buen hombre y los buenos hombres nunca te muestran sus cabezas; te muestran sus rostros”, eso en contraposición a los malos hombres que te dan la espalda y por tanto dejan ver sus cabezas.

Oduor es coherente con el tema y su narración combina situaciones oníricas, con descripciones detalladas de escenas banales. Es decir, parafraseando la fórmula manida, el material del que están hechos los recuerdos. Uno de los principales elementos que utiliza la narradora para construir esta atmósfera de (casi siempre) entrañables evocaciones son las comidas y con ellas, las texturas, los sabores y los olores. No se le puede quitar mérito, quizá sean los elementos más complicados para una descripción, mucho más que las formas y los colores, pero el resultado si se tiene éxito es infinitamente más sugerente. Y Oduor, tiene éxito en la mayor parte de los intentos.

Así, el cuadro general es un relato nostálgico y delicado que lleva a la concentración y a imitar a la protagonista buceando en la memoria de cada uno. La escritora keniana consigue que el lector recuerde, si no a los que ya no tiene a su lado, sí los momentos perdidos de la infancia. Ella misma confesaba que había ideado este cuento pensando en la lejanía de la casa propia y en ese desarraigo que apenas se vislumbra. “¿Qué pasa si nunca vuelves a encontrar el camino de vuelta a casa? ¿Y qué pasa si lo haces, pero te encuentras con que ha cambiado, con que la gente ya no es tu gente?”, se preguntaba la autora en una entrevista publicada cuando fue nominada para el premio.

logocainePara empezar el galardón lleva aparejado un premio nada desdeñable de 10.000 libras (algo más de 12.500 euros o 1,5 millones de chelines kenianos). Sin embargo, seguramente eso no es lo más importante. La ganadora, en este caso Oduor, se convierte en escritora residente por un mes en la Universidad de Georgetown (Estados Unidos) y en invitada de honor de los más prestigiosos festivales literarios celebrados en la esfera anglófona africana (en Kenia, Nigeria y Sudáfrica). Eso directamente y sin contar con las “consecuencias secundarias” del premio. Los miembros del jurado han demostrado una indudable vista para los nuevos talentos y en el palmarés del premio aparecen algunos de los nombres de escritores africanos con mayor repercusión como Helon Habila, Binyavanga Wainaina, Monica Arac de Nyeko o la última autora llamada a conquistar el Olimpo de las letras, NoViolet Bulawayo (que no para de ganar premios).

Okwiri Oduor había publicado hasta el momento el cuento con el que ha ganado el Caine Prize (“My Father’s Head”) y una novela breve titulada The Dream Chasers que había sido elogiada en el premio de la Commonwealth de 2012. A pesar de esta escasa producción la escritora ya aparecía entre los mejores treinta y nueve escritores africanos de menos de cuarenta años, a tenor de su selección para la antología Africa39 de la que ya se ha hablado en esta misma sección. La nómina de los autores que le acompañan en esta obra compilatoria es impresionante y por eso es mejor no citar nombres (para evitar el riesgo de olvidarse otros). Sin embargo, hay que decir que Africa39 está plagado de finalistas y ganadores del Caine Prize, así que la inclusión de Oduor podría interpretarse como premonitoria.

La elección de esta escritora keniana, más allá de sus méritos, cierra la puerta a un debate que se había abierto en los últimos años en torno al Caine Prize. Con la designación, el año pasado, de Tope Folarin como ganador se dispararon las críticas acerca de la procedencia de los escritores seleccionados. Se ponía en duda la “africanidad” de algunos de los galardonados y se iniciaba una compleja discusión que llevaba al debate de conceptos ambiguos como el “afropolitanismo”. Lejos de estos dimes y diretes, Oduor se ha presentado desde el primer momento como una nairobeña de pura cepa.

En todo caso, vale la pena no olvidarse del nombre, Okwiri Oduor, porque es muy probable que siga sonando entre los escritores africanos con más repercusión, después de que ya ha conseguido la atención de los medios. Oduor ya estaba trabajando en su primera novela, según todas las referencias aparecidas estos días, así que esta es la próxima cita.

Todos los relatos finalistas:

• Okwiri Oduor: “My Father’s Head”

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• Diane Awerbuck: “Phosphorescence”

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• Efemia Chela: “Chicken”

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• Tendai Huchu: “The Intervention”

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• Billy Kahora: “The Gorilla’s Apprentice”

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