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Billie Zangewa: “La feminidad es simplemente ser una mujer, no hay estereotipo”

La vida se compone de retales, especialmente en el caso de Billie Zangewa. Armada con hilo y aguja, y haciendo de la seda su particular ‘criptonita’, la artista malauí empodera la tradicionalmente encorsetada representación del cuerpo de las mujeres negras a través del lienzo. Su objetivo: potenciar la universalidad de la diversidad femenina. Para ello construye collages con tejidos que muestran escenas del día a día que puedan ser comunes a todas las personas, aunque lo cierto es que las narrativas que relata son las suyas propias. Zangewa no da puntada sin hilo, y su ahínco por conectar mediante el arte  haciendo de lo ordinario algo universal ha sido reconocido al ser seleccionada como la artista destacada de la FNB Joburg Art Fair 2018, celebrada del siete al nueve de septiembre en Johannesburgo. Tras diez ediciones a sus espaldas, la primera feria internacional de arte del continente pone el ojo en un artista que vive y trabaja en la ciudad sudafricana. Y en Wiriko hablamos con ella.

‘Momentos robados’, B. Zangewa (2017)

Ruth Fernández Sanabria: Lo primero que me llama la atención de tu trabajo es que todo está hecho con tejidos, especialmente con seda. ¿Qué tiene de especial este material para ti?

Billie Zangewa: Estoy enamorada de la seda y continúo aprendiendo a trabajar con ella, sigue revelándome sus secretos. Cuanto más trabajo con ella más curiosidad tengo. La luminiscencia de la seda realza mis creaciones. Es mi otra mitad, estábamos buscándonos la una a la otra y cuando nos encontramos fue amor a primera vista, y la historia de amor continúa. La seda es fuerte y delicada al mismo tiempo. Es maleable. Es luminiscente y lujosa, da una cierta magnificencia.

R.F.S: Podría decirse que tus obras son tu alter ego, ¿por qué decides usar tu experiencia para componer narrativas visuales?

B.Z: Cuando quise lanzar mi carrera artística un conocido me preguntó sobre qué iba a ir mi trabajo, ya que yo no era una persona abiertamente política o polémica. Estuve pensando mucho tiempo en ello y mi respuesta fue que mi trabajo iba a tratar sobre mí, que es aquello que más conozco. Por eso decidí hacer de mis creaciones mi alter ego.

R.F.S: ¿Y qué obras de tu trabajo artístico han marcado más especialmente tu vida o viceversa?

B.Z: No es una pregunta fácil. ‘El Renacimiento de la Venus negra’ marca un punto de aceptación propia. ‘Mi Vida en Rosa’ celebra la maternidad y la vida diaria. ‘Cita nocturna’ habla de las oportunidades de ser monoparental. Lo que quiero transmitir con todos mis trabajos es la universalidad de mis experiencias.

‘El renacimiento de la Venus negra’, B. Zangewa (2010)

R.F.S: En tus obras hablas de la identidad y del empoderamiento de la mujer desde lo cotidiano, ¿por qué?

B.Z: Para mí ha sido una preocupación sobre la que he intentado entenderme a mí misma y lo que significa ser mujer. Poner el foco en la vida cotidiana es un modo de conectar con los demás. Además creo que hay algo mágico en lo mundano.

R.F.S: ¿Consideras que la representación del cuerpo femenino negro ha evolucionado?

B.Z: No soy una experta en la materia de la representación del cuerpo negro femenino. Todo lo que sé es que ha existido una explotación del cuerpo negro femenino que hace que quiera reclamar el mío para mí misma. Coger mi poder, por así decirlo. Es algo político.

R.F.S: ¿Qué es para ti la feminidad? ¿Cómo la representas en un cuadro?

B.Z: La feminidad es simplemente ser una mujer, no hay estereotipo. Ser una mujer fuerte que está ahí para mi hijo pase lo que pase es lo que representa para mí la fortaleza de la mujer.

R.F.S: ¿Y el feminismo?

B.Z: Estoy de acuerdo con la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie cuando dice que feminista es una persona que cree en la igualdad social, política y económica entre uno y otro sexo. Así es como yo lo veo también. Yo represento esos sentimientos mostrando a una mujer independiente y capaz, que abraza su fortaleza y se permite ser una mujer también.

R.F.S: ¿Cómo se vive el feminismo en Sudáfrica?

B.Z: Hay mujeres trabajando en todos los ámbitos y algunas de ellas incluso en puestos de poder. Sin embargo, la violencia continua contra las mujeres aquí sorprendentemente. La libertad vendrá cuando las mujeres estén a salvo tanto en sus casas como en las calles, y ese no es el caso ahora mismo.

‘Cita nocturna’, B. Zangewa (2017)

Njideka Akunyili te invita a conocer ‘La habitación de enfrente’, su nueva colección

Algo tienen las obras de Njideka Akunyili Crosby (Nigeria, 1983) que invitan al voyerismo. Sus retratos de escenas cotidianas revelan acciones sociales y domésticas que se muestran siempre cobijadas por cuatro paredes, lo que hace que el espectador sienta que está observando algo íntimo y extraño a la vez. Su última colección, ‘La habitación de enfrente’ no es una excepción. En este trabajo, expuesto en el Museo de Arte de Baltimore hasta marzo del próximo año, Akunyili Crosby continúa siendo fiel a su estilo al reproducir seis piezas a gran escala con técnica mixta de pintura, telas y transferencias fotográficas. La mayor novedad en esta ocasión recae en una composición de espejos que se observa en tres de las obras, que a primera vista son calcadas entre sí y sólo con una mirada detenida al díptico se aprecia lo realmente divergentes que son.

En realidad es como si por primera vez hubiera llevado al cuadro lo que siempre le hace al público, que fácilmente puede verse reflejado a priori en las escenas que muestra, tan interiores, tan aparentemente comunes, tan acogedoras pese a ser a gran escala que invitan a acercarse y dar rienda suelta al hilo que parece que no encaja. Es entonces cuando caes en su red. O lo que ella prefiere denominar el ‘Tercer espacio’, un término acuñado por teóricos postcoloniales para describir un escenario social en el que dos culturas se unen para crear algo nuevo.

Tejido a través de retales de su propia historia, esta artista nigeriana sintetiza (y sincretiza) en su propio relato narrativas visuales en las que muchos pueden reconocerse. Son aquellos que son los otros allí y aquí, las identidades híbridas formadas a partir de la comunión entre la cultura en la que se nace y aquella en la que se crece. “De donde quiera que mires el trabajo puedes reconocer algo. Pero no reconocerás todo porque hay una mezcla de tiempos, lugares, culturas, continentes y clases”, explica Akunyili Crosby a la revista Bomb para luego especificar que “hay muebles de IKEA de mi sala de estar de Baltimore junto a un sofá de nuestra casa en un pueblo de Nigeria. Al leer la pintura, quiero que te preguntes ¿qué está pasado?, ¿por qué la mujer con ese peinado provincial está en una situación cosmopolita? Son contradicciones que también existen en mi propia vida. He vivido en todos esos lugares diferentes. Soy una mezcla de ellos”.

Aunque es su forma de vida, esta artista comenzó su idilio con el arte como un simple coqueteo. Creció como la cuarta de seis hermanos de una familia Igbo de la ciudad de Enugu y con diez años tuvo lo que ella califica a The Guardian como su primera experiencia cosmopolita al trasladarse a Lagos para estudiar en el Queens College, una de las más prestigiosas escuelas para niñas de Nigeria. Con dieciséis años, su hermana y ella obtuvieron el visado para poder estudiar en Estados Unidos, donde comenzó su formación artística, que en sus inicios, tal y como reconoce, era sólo una vía de escape para aligerar la carga académica. Una relación que se fue fraguando para consolidarse al terminar la universidad, cuando sintió el arte como una urgencia.

“Si la gente no lo sabe, si la gente no lo ve y no le importa, ¿cómo existe? Sentí la necesidad de reclamar mi propia existencia social haciendo que la representación ocurriera. Empecé a recopilar imágenes como una forma de mantenerme conectada con la Nigeria que yo conocía, que no era la misma que se percibía en Estados Unidos”, relata Akunyili Crosby a The White Review. Y añade: “Tenía el deseo de compartir la Nigeria que conocía de una manera real o sincera. Ésta fue mi vida, ésta sigue siendo mi vida. En Nigeria también hay gente que viven sus vidas pese a todos los problemas. Quería dar a la gente una visión de este otro espacio con el que no estaban familiarizados”.

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Para ello la nigeriana se toma su tiempo. Suele pasar tres meses entre obra y obra, embalsamando meticulosamente con capas de retales fotografías que previamente ella misma ha sacado. En el caso de su último trabajo ‘La habitación de enfrente’, incorpora telas de ceremonias tradicionales de su país con imágenes de la campaña política al Senado de su madre, Dora Akunyili, quien ya fuera Ministra de Información y Comunicación en Nigeria de 2008 a 2010. En cualquier caso, si algo trasciende en esta nueva exposición de Njideka Akunyili Crosby es el elemento espejo sobre el que gira su obra. Además de la composición de tres piezas que hace basándose en este objeto, las obras restantes tratan sobre lo que ella llama ‘racismo casual’, refiriéndose a la forma en que se consumen imágenes asignadas a los negros y los blancos diferencialmente a través de objetos cargados de estereotipos raciales. Como declara a la revista W: “A veces las mejores críticas se hacen poniendo un espejo para que la gente vea su reflejo”.

Sammy Baloji: confrontación entre el pasado y el presente en el Congo

Lubumbashi, la segunda mayor ciudad de la República Democrática del Congo, es la capital de la región de Katanga, una zona rica en algunos de los minerales más cotizados del mundo, tales como el cobre, los diamantes o el coltán. Lubumbashi es, también, la ciudad en la que se encuentra la sede de Gécamines, una de las compañías mineras más importantes de África y la más grande de la RDC. Fundada en 1906 por colonizadores belgas y nacionalizada en 1966 por el gobierno congoleño de Mobutu Sese Seko, a finales de los años 80 llegó a suponer el 85% de las exportaciones de todo el país, antes de rozar la bancarrota en los 90 debido a, entre otras razones, la falta de inversión en las infraestructuras.

Mémoire (2006)

Lubumbashi es, además, la ciudad natal del fotógrafo Sammy Baloji (1978), cuya obra está impregnada de la historia de su región. En 2007 recibió dos premios en la Biennal Africaine de la Photographie Rencontres de Bamako (Mali) y en 2009 el Prince Claus Award de los Países Bajos “por llevar la realidad actual congoleña a la plataforma internacional, por su importante contribución a la memoria del Congo proveyendo una nueva lectura del presente, y por el reto de demostrar que el desarrollo solo puede realizarse después de tener en cuenta los traumas del pasado”.

Sammy Baloji cuestiona la versión oficial de la historia colonialista confrontando el pasado con el presente a través de fotomontajes. Una de sus series más conocidas es Mémoire (2006), en la que yuxtapone retratos de archivo en blanco y negro de trabajadores de las minas durante el colonialismo belga con fotografías actuales de lo que queda de aquellos edificios industriales. En Mémoire, Baloji reduce la dimensión espacio-temporal para criticar la herencia colonial industrial, la destrucción de la identidad, la imagen de los negros en el imaginario colectivo occidental y la desilusión poscolonial.

Congo Far West (2011)

En 2011, el fotógrafo presenta otros dos trabajos sobre la historia reciente de su país y sus ecos en la actualidad. El primero, Congo Far West, es una nueva lectura de la Mission Scientifique du Ka-Tanga que realizaron los belgas entre 1898 y 1900. Baloji sobrepone retratos de archivo del fotógrafo François Michel en paisajes del pintor Léon Dardenne, ya que ambos acompañaron a la expedición e ilustraron el informe final. Con sus fotomontajes, utilizando el mismo material que la propaganda colonial pero presentándolo de forma muy distinta, Baloji muestra cómo la fotografía ha sido utilizada para crear una mirada de superioridad frente al “otro”, que nunca fue visto como un igual, sino que se presentaba completamente deshumanizado, clasificado y analizado como un objeto de estudio, hecho que ha marcado profundamente los clichés de la sociedad occidental actual.

El segundo trabajo de 2011 es Kolwezi, una serie de fotomontajes en los que el fotógrafo muestra el contraste entre las minas de Kolwezi (RDC) y los coloridos pósteres que adornan los hábitats de los trabajadores, como fantasía de una vida mejor. Mediante las duras condiciones de vida de los mineros frente a imágenes de sociedades idílicas e idealizadas, Baloji denuncia el resultado de la explotación de los recursos de Katanga, tanto en el pasado como en el presente, ya que la historia de la compañía Gécamines ya no puede separarse de la del país ni de la de su gente, y alude también a los efectos depredadores del capitalismo global.

Kolwezi (2011)

Sammy Baloji ofrece una imagen del presente de la RDC a través de su historia reciente, retratando a una sociedad cuyo país se ha convertido en terreno de juego de exploradores, misioneros, hombres de negocios y mercenarios desde que pasó a ser propiedad privada del Rey Leopoldo II de Bélgica hasta nuestros días, sufriendo una violenta colonización, una dictadura y dos sangrientas guerras, y que ahora abre un nuevo capítulo neocolonial con la llegada de los contratistas chinos. “Mi lectura del pasado congoleño es una manera de analizar la identidad africana actual, a través de todos los sistemas políticos que la sociedad ha experimentado. La esencia de mis temas está en la vida diaria de la gente del Congo, que es el resultado de su reciente pasado”.

 

Wangechi Mutu, ensamblaje de elementos a través del ‘femmage’

Wangechi Mutu. The Ark Collection, 2006.

Wangechi Mutu. The Ark Collection, 2006.

Es difícil encasillar a Wangechi Mutu en una disciplina artística concreta dentro de las artes visuales. El collage, la pintura, la instalación, la escultura y el vídeo-arte, son disciplinas que configuran y definen tanto su obra como quién es y en qué lugar se encuentra en el mundo. Nacida en Nairobi (Kenia) en 1972, Mutu se formó en Reino Unido y desde hace ya dos décadas reside en Brooklyn (Nueva York). Allí estudió Arte en el Cooper Union College de Nueva York: “Admitir para ti misma y a tus padres que quieres ir a América a estudiar arte, no se acoge precisamente con un aplauso”, confiesa en una entrevista para Lifestyle. misguided

Si bien es cierto que la artista se mueve en varios estilos, Mutu es conocida sobre todo por sus composiciones en collage, a través de los cuales trabaja y cuestiona temas como el género, el colonialismo, la guerra, la globalización o la erotización de la mujer negra en la cultura occidental. Mutu da vida a figuras medio humanas, medio máquinas, una amalgama de elementos parte cyborg y parte orgánica persistentes en su obra. Para ello mezcla acrílicos con fragmentos y patrones decorativos de revistas pornográficas, de moda, de viaje, de caza y de automóviles, así como libros de arte africano hechos por y para un público occidental. Ello configura una obra que suele tener además como título una llamada a la atención provocadora y a menudo irónica.

Su formación en antropología y estudios culturales tiene un papel decisivo en la composición de sus trabajos y en su discurso filosófico postcolonial. También queda reflejada en su fascinación a la hora de jugar con los estereotipos. Ella misma recoge esos estereotipos que se le atribuyen como mujer negra y africana en una sociedad occidental y los “re-ensambla” en sus creaciones. En una entrevista en el marco de su exposición, Looking Both Ways, Mutu deja clara esa fascinación por los estereotipos e incluso más si cabe, por cómo la sociedad adopta un consenso colectivo sobre un estereotipo concreto y luego se utiliza contra otros. También exponía su firme creencia de que el cuerpo de la mujer es particularmente vulnerable a las normativas sociales.

Pin Up I - Wanguechi Mutu

Pin Up I – Wanguechi Mutu

Los cuerpos de las mujeres mutilados en su trabajo “Pin-ups” son una evidencia más de cómo éstas son el campo de batalla en los conflictos armados. Precisamente esas imágenes son un reflejo de las víctimas de los llamados “Diamantes de sangre” de Sierra Leona durante los años noventa: cuerpos que han sido alterados, mutilados y utilizados para causar daño. A pesar de ello, las pin-ups de Mutu son supervivientes que perseveran, redefinen la imagen de la belleza y “se involucran en un proceso de convertirse, cambiar y sobrevivir”.

Con este hilo conductor en la obra de la artista, no es de extrañar de investigadoras y comisarias de arte, cataloguen su trabajo como arte feminista, tanto por el contenido predominantemente femenino, como por la técnica que utiliza, el collage, considerado también una técnica frecuentemente utilizada en este tipo de creaciones. Ya desde finales de los años setenta se empieza a reflexionar y a considerar el collage como una importante estrategia para artistas feministas. Como afirma la investigadora N. Smith en su trabajo sobre Mutu (2009): “Mientras la historia del arte sitúa el origen del collage a principios del siglo XX, el cubismo, las narrativas alternativas y las revisionistas feministas lo han reclamado como una estética muy establecida dentro de las tradiciones culturales de las mujeres, esto es mucho antes de que Picasso o Braque crearan su primer ‘papier collé’.

A finales de 1970, Melissa Meyer y Miriam Schapiro colocaron el collage en el marco de la cultura doméstica de la mujer con su discusión sobe el concepto ‘femmage’ en la publicación feminista Heresies”. En este momento nace el concepto de femmage, cuya definición traspasó el arte moderno para incluir actividades que las mujeres hacían habitualmente relacionadas con la costura, como la unión de las piezas, el corte, el patronaje, etc, y lo hacía resaltando la inventiva de éstas para introducir el collage en su vida cotidiana.

Mutu empezó utilizando el collage por la facilidad que tenía para acceder a los materiales, principalmente revistas recicladas, telas, cintas, etc., ya que eran más económicos. A la vez le permitía crear un trabajo muy narrativo, pero sin elementos del todo realistas. Smith se atreve así, a colocar el arte de Mutu dentro del denominado femmage, por las características propias de este estilo que podrían encajar con las de la obra de la artista.

Por otra parte, como si de una imagen metafórica del cyborg feminista de Donna Haraway se tratase, las protagonistas de Mutu son una mezcla entre humana, maquina, animal y ente orgánico y logra transportarnos al ciberespacio, a paisajes de un mundo de fantasía o a un futuro incierto. Un posible guiño al Manifiesto Cyborg que se une con la consideración por parte de algunos críticos de que su estilo forma parte de la corriente o estilo Afrofuturista.

La retrospectiva de su obra, A Fantastic Journey, expuesta en el Brooklyn Museum marzo de este mismo año, recoge más de cincuenta piezas de la artista creadas desde mediados de los años noventa. A través de instalaciones escultóricas, vídeos, pinturas y collage, el espectador tiene la oportunidad de realizar este viaje fantástico en el que Mutu nos evoca un sinfín de elementos: máquinas, decadencia, colonización, rituales, espiritualidad, identidad racial, género, corporeidad…

[hr]

Fuentes: Smith, N. R. (2009). Wangechi Mutu : Feminist Collage and the Cyborg. Georgia State University. Wangechi Mutu Brooklyn Museum Nasher Museum Daily Nation (Kenya) Border Crossings