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Kalabanda: el otro futuro animado de Uganda

 

El salto karateka hace unos días de un diputado ugandés en el Parlamento permanecerá largo tiempo en la retina. Ruido, gritos y puños circulando por las cabeceras de los principales medios de comunicación internacionales. De la mesa, y tras girar sobre sí mismo, este diputado se abalanzó cual salto del tigre para explicarle a mamporrazos a otros de sus homólogos cómo se tenían que resolver las cuestiones serias. ¿El asunto? Un debate sobre un proyecto de ley para enmendar algunos puntos de la Constitución. Entre otras disposiciones se pretende eliminar el límite de edad para los candidatos presidenciales. La pelea estalló y este vídeo muestra la intensidad. Así que Museveni (que en febrero de 2016 cumplió sus 30 años en el poder) hizo lo que mejor sabe: prohibió la cobertura en directo de las sesiones del Parlamento así como las protestas sobre el tema. Las cifras del afrobarómetro muestran que los ugandeses abrumadoramente  con un 75% aprueban el límite de edad. La profesora Kim Yi Dionne lo explicaba en el diario The Washington Post.

Este es el foco grande, una gran narrativa que invisibiliza otras historias llenas de luz como la nueva cosecha de animadores y dibujantes en África que no escatima esfuerzos para poner el continente en el mapa cuando se trata de hablar de animación. Desde Ghana, Nigeria, Kenia y Sudáfrica, los animadores están demostrando que no necesitan confiar en contenido externo (léase europeo o estadounidense) para el entretenimiento y la educación. Y aquí es donde entra en escena este país. Un estudio de animación ugandés también se ha unido a la lista. Creatures Animation Studio está preparado para lanzar su primer cortometraje de animación de 6 minutos. El cortometraje A kalabanda Ate My Homework narra el desencuentro de un niño con un kalabanda (una criatura mítica que persigue a los niños en las escuelas de Uganda) trayendo un toque ridículo a la excusa –que de alguna forma todos los estudiantes han utilizado alguna vez– de que el perro se comió mi tarea.

La historia es la de Tendo, un alumno que se presenta en clase un día sin los deberes hechos. El error de bulto llega cuando dice que el problema es que un kalabanda se los comió. ¿Quién creería una excusa como esta? ¿Cómo revelará Tendo su historia? ¿Existe realmente este monstruo? El 18 de diciembre se estrenará en Uganda.

 

La idea

Cuando Raymond Malinga decidió dejar su trabajo bien pagado en Malasia hace dos años y regresar a Uganda, sabía que no había vuelta atrás. Su sueño siempre había sido el de crear una empresa de animación que empleara a artistas locales y se centrara en hacer contenido local con el objetivo de exportar sus experiencias más allá de las fronteras ugandesas en nuevos y atractivos formatos. “Dejé mi trabajo en Malasia para volver y comenzar una compañía que desarrollara películas de animación ugandesas. Uganda, África del Este y África están bendecidos con una rica cultura, con experiencias e historias que tienen el potencial de traducirse en un entretenimiento impactante”, explica Raymond.

En 2015, comenzó Creatures Animations Studio, una empresa localizada en Kampala. El estudio emplea hoy a 8 animadores que han estado trabajando duro para producir su primer proyecto: A Kalabanda ate my homework (Un Kalabanda se comió mis deberes).

“El concepto original fue inspirado por esta criatura única en Uganda. Siento que esta singularidad ayuda a crear un valor para nuestro trabajo. Nuestra película se basa puramente en personajes locales en los que los ugandeses se podrán ver identificados, pero la idea intenta también presentar el concepto de manera accesible para cualquier persona que no sea de aquí”, explica Raymond. Detrás de los personajes se encuentran las voces de artistas como Martha ‘Kay’ Kagimba, los cómicos Patrick ‘Salvado’ Idringi y Omara Daniel, o la escritora infantil Faith Kisa.

 

 

Más allá de Kalabanda

El equipo planea crear muchos más proyectos animados para satisfacer las necesidades de contenido de los ugandeses. “Estamos planeando desarrollar programas de televisión animados y largometrajes en el futuro y estamos decididos a que se hagan reales”, subraya Raymond. Este empresario y desarrollador cree en el intercambio de conocimientos y experiencias y es por eso que está formando a más jóvenes para que se conviertan en animadores. Sí. El objetivo es potenciar este efecto multiplicador para que la industria de la animación en el país y la región crezca. “Pretendemos contratar a tantos animadores como nos sea posible. Es cierto que tenemos escuelas que enseñan el oficio de la animación, pero los estudiantes no tienen adónde ir después para hacer sus pinitos. Creatures Animation Studio se está posicionando como un destino para los aspirantes a animadores y como una plataforma de empleo relevante”.

Fotograma de la película Bienvenue au Gondwana

Gondwana: La orgía del humor contra el despotismo político africano

Fotograma de la película Bienvenue au Gondwana

Resulta que la asquerosa orgía de las risas se mira con recelo en los círculos políticos. Se puede –como en todo– sonreír, pero sin pasarse que es obsceno, oiga. Es evidente que el poder, al no poder anticiparse a la descontrolada y agitada forma de mover el estómago por parte de la población se desestabiliza y muestra su desnudez legislando en su contra. Entonces lo categorizan, lo conceptualizan en los denominados límites del humor. Y qué eufemismo que el humor político tenga restricciones y líneas rojas mientras que algunas legislaciones maltratan los límites, por ejemplo, de los derechos humanos. Y por qué no afirmar que es entonces cuando el virus de la risa se convierte en una verdadera pócima para abrir zanjas en el sistema represivo.

En abril de 2016 en Burundi, el comediante Alfred-Aubin Mugenzi, más conocido por su nombre artístico Kigingi, fue detenido y transportado con los brazos atados a la espalda a un centro de detención en Bujumbura. Había sido irónico en un bosquejo de análisis político sobre la actuación del presidente del país Pierre Nkurunziza para concurrir a un tercer mandato que su Constitución prohibía. Una broma pesada.

En España tenemos lista de la compra para aportar ejemplos: Manel Fontdevila y Guillermo Torres fueron condenados a pagar 3.000 euros de multa cada uno por injurias en la portada de El Jueves del 20 de julio de 2007 a los entonces herederos a la Corona; el guionista Guillermo Zapata tuvo que declarar por una serie de tuits de humor negro que publicó en 2011 y el humorista Facu Díaz fue acusado por un sketch en un programa de televisión que consideraron abusivo. Recientemente se conocía el fallo de la Audiencia Nacional en el que se condenaba a un año de prisión a la joven estudiante de Murcia Cassandra Vera, de 21 años, por publicar 13 tuits sobre el atentado de Carrero Blanco. Y habría más.

Pero una vez más el humor servirá para retratar el statu quo, esta vez desde la mirada de Mamane, un humorista convertido en realizador. En su película Bienvenue au Gondwana (Bienvenidos a Gondwana) el nigerino afincado en Francia presenta una comedia satírica llena de esperanza y llevando un fuerte mensaje a la juventud africana: despertad. En la víspera de las elecciones en un país “ubicado exactamente al norte de algún lugar y al sur de allí”, la comunidad internacional despliega a un equipo de observadores para supervisar la campaña electoral en Gondwana. Entre ellos un joven idealista francés instalado en África, un dictador decidido a mantenerse en el poder, dos geopolíticos, un diputado francés que se dedica a la venta de espárragos en África y una joven revolucionaria.

En este país imaginario es donde Mamane ha optado por instalar su “República muy muy democrática”. Durante años, en sus crónicas divertidas en Radio France International (RFI), Mamane habla de esta nación figurada donde todos los líderes africanos se combinan con unos mismos atributos: la figura de un líder megalómano, un opresor de marionetas y un dictador barroco y caricaturezco. Todo tiene lugar en Gondwana, una especie de caverna de los horrores: los chanchullos del África francesa (La Françafrique), la tiranía de los déspotas sanguinarios, la indiferencia de las democracias occidentales, la presentación de los pueblos de forma estereotipada a través de los medios de comunicación, las revueltas sociales, los abusos de las multinacionales, etc.

Mamane amamanta su ira en su espacio radiofónico tirando del humor con análisis corrosivos de la política africana, aunque a veces, suaves y surrealistas. Está acostumbrado. Quizás es por lo que este enojo no le ha dejado tranquilo y ha decidido hacer una película como ésta. Siguiendo el principio de sus textos de radio, su narrativa juega con la representación del libro El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, y sorpresas para los no iniciados en los terrenos africanistas.

Acompañado del reggae de Tiken Jah Fakoly en algunos fragmentos, el realizador nigerino habla de las múltiples Áfricas con un estilo claro y un humor delirante que trasciende lo cómico: Bienvenue au Gondwana es una carta de amor a un continente, pero al mismo tiempo una observación terrible sobre la situación política en muchos de los países africanos. Y el surrealismo y la parábola finalmente le permiten decir a Mamane cosas serias y tratar de despertar las conciencias en una risa siempre comunicativa que logra subrayar aquello de: ¡Larga vida al humor!

 

Llega a los cines Clash, un retrato quebrado del Egipto post Mubarak

La pantalla está en negro. Se escucha cómo se enciende un motor que queda al ralentí. Cláxones de fondo. Arranca el vehículo al tiempo que se ve la primera imagen de la película que acompañará al espectador: el interior de una furgoneta de policía vacía. De momento, vacía. Los rótulos se van sucediendo: “2011. la revolución egipcia acaba con 30 años de presidencia”. “2012 el nuevo presidente elegido es un miembro del partido islamista Hermanos Musulmanes”. “2013. Millones de personas se manifiestan en contra del nuevo presidente en las acciones públicas más grandes de la historia del país”. “3 días después los militares lo sustituyen”. “En los siguientes días, los enfrentamientos entre los militares y los simpatizantes de los HM explotan por todo el país. Esto es uno de esos días”. Y el título que presagia un guion epiléptico que reta a la actual represión en Egipto hacia la prensa y la libertad artística: Clash (choque).

El desafío cinematográfico de Clash, del realizador egipcio Mohamed Diab –tan famoso en el país por su papel de activista y bloguero durante la revolución de 2011 que derrocó al régimen de Mubarak, como en su faceta de director– es el de presentar un trabajo con cámara en mano, y no solo para agitar la tensión, sino para dibujar un espacio confinado cual espejo de una sociedad sin margen de maniobra y obligada a entenderse. Los enfrentamientos se sucederán en magníficas puestas en escenas de manifestaciones multitudinarias por las que la furgoneta se verá abogada a transcurrir. A detenerse. A acelerar. Y a encerrar de forma aleatoria a diferentes personas de sexo y edad.

Subyacente al drama se podrá percibir otro elemento: un lamento punzante por la unidad y la energía de la cultura egipcia a través de una gran cantidad de pequeños detalles: género, ideología, religión, juventud. Y la fuerza del agua (vida, renovación, pureza, pero también destrucción) y el color verde (islam, esperanza, camino por andar) pasearán también de forma ininterrumpida a lo largo de los 97 minutos.

En esta segunda película de Diab que sigue al drama anti sexismo retratado en Cairo 678 (2010), el director no muestra ningún momento de esperanza, sino que centra su atención en el caos y las divisiones de las protestas a favor y en contra del gobierno que siguió a la caída del elegido democráticamente Mohamed Morsi, del partido Hermanos Musulmanes en julio de 2013. Tópica en algunos momentos, este film sigue la estela de otros trabajos que arrojan luz sobre el conflicto en Egipto como el documental de la realizadora egipcia Jehane Noujaim The square (2013), o la película de Ibrahim el-Batout Winter of Discontent (2012).

Fotograma de la película Clash.

La miríada de personajes consigue penetrar debajo de la piel de una nación islámica compleja con múltiples sensibilidades. Uno de ellos es el papel de la actriz Nelly Karim (protagonista de Cairo 678), una de las dos únicas mujeres a bordo; una enfermera que parece aguantar alguna pequeña esperanza moral mientras remienda las lesiones sufridas por ambos lados. Una metáfora maravillosa. Pero también, el espectador podrá distinguir a un líder intelectual de los Hermanos Musulmanes, a dos periodistas que trabajan para Associated Press –en realidad, un guiño velado del realizador a la detención del periodista australiano de Al Jazeera Peter Greste y de sus dos compañeros egipcios en diciembre de 2013–, un potencial recluta terrorista, un anciano son su hija adolescente quien lleva un hiyab, un aspirante a cantante, un policía cristiano copto y hasta un padre preocupado de que su hijo adolescente puede haber desertado a la oposición. No hay unidad aparente y sí, miopía común. Una carga humana que cada vez se hará más desesperada en el interior del camión.

Clash mantiene la tensión liberándola en algunos momentos para jugar con el espectador y sus perspectivas de lo que tendría que ser: no hay posicionamiento en ninguno de los dos bandos por parte del realizador. No obstante, sí se aprecia su intencionalidad en uno de los diálogos cuando uno de los personajes recordando la revolución de 2011, exclama con melancolía: “¡Esos eran los días!”. El silencio que sigue en el interior de la furgoneta es elocuente, ya que lo que podría haber sido ha quedado relegado a la cuneta. El futuro ha dejado paso al caos.

Tras su paso por la sección Una cierta mirada del Festival de cine de Cannes, Clash se presentó a competición en la pasada Seminci donde se alzó con el Premio “Pilar Miró” al Mejor Nuevo Director para, Mohamed Diab, el Premio a la Mejor Dirección de Fotografía, para Ahmed Gabr y el premio Sociograph Award, otorgado por la consultora Sociograph a la película más impactante del certamen.

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Film Africa 2016: El lado más africano de Londres

Wiriko, medio oficial del Film Africa 2016.

Wiriko, medio oficial del Film Africa 2016.

El Film Africa de Londres cumple seis años de vida celebrando lo mejor del cine contemporáneo de toda África y su diáspora y Wiriko vuelve a ser medio oficial para acercaros uno de los festivales referentes en Europa. Desde este viernes 28 de octubre hasta el domingo 6 de noviembre la capital de Inglaterra mostrará una selección de 52 películas de 22 países africanos, así como estrenos propios del Reino Unido y Europa. En total, 11 han sido los lugares elegidos para que el público londinense pueda hacer suya una auténtica fiesta de las cinematografías africanas, entre ellas las ya míticas Hackney Picturehouse, Ritzy Brixton, BFI Southbank, ICA, Ciné Lumière, la British Library o la South London Gallery.

Hoy, hablar de las realidades africanas a través de la gran pantalla se hace más necesario que nunca porque desde esta mañana 60 autobuses están preparados para transportar a 3.000 inmigrantes a los centros de acogida repartidos por Francia. Al terminar la semana, el campamento que surgió hace 18 meses en las dunas de arena cerca del puerto de Calais y que ha sido el hogar de una población que huyó de las guerras y otras crisis desde Siria a Afganistán, de Eritrea a Etiopía, será despojado de vida. Vaciado. Destruido. La evacuación de al menos 6.486 personas –las organizaciones humanitarias estiman que son alrededor de 8.300– del denominado irónicamente “la jungla” es solo la punta del iceberg del problema. Mientras, al otro extremo del Canal de la Mancha, África y su diáspora se presentan de otra forma urgente.

El viernes subirá el telón el estreno de Kalushi: La historia de Solomon Mahlangu, el primer largometraje del director sudafricano Mandla Dube que narra la increíble historia de Mahlangu, un joven luchador por la libertad que jugó un papel clave en las revueltas estudiantiles de Soweto. La película se enmarca en la temática de esta edición 2016 a la que el Film Africa dedicará una especial atención durante sus 10 días de festival: los 40 años del levantamiento de Soweto a mediados de los años setenta. Este verano se repetían los análisis históricos de aquella mañana del 16 de junio de 1976 cuando la policía sudafricana abrió fuego contra los niños que se manifestaban en edad escolar en el municipio de Soweto. El motivo de la reivindicación era protestar contra la introducción obligatoria de estudiar en Afrikaans, el idioma de los colonos, un hecho que fue visto como una humillación más para los alumnos y alumnas que estudiaban hacinados en escuelas empobrecidas y sin recursos. El gobierno del apartheid en lugar de proporcionar una educación a la mayoría negra les obligaba a permanecer en el ostracismo. Nadie sabe exactamente cuántas personas murieron, aunque algunas estimaciones señalan unas cifras de entre 150 y 700 durante los meses de violencia siguientes. Una rebelión que derramó mucha sangre y que provocó la indignación mundial por la brutalidad de la policía, convirtiéndose en una imagen icónica de la lucha contra un sistema racista odiado.

La película que pondrá el broche final será Wùlu, el debut del director maliense Daouda Coulibaly. Un trabajo recién estrenado en el Festival Internacional de Cine de Toronto, y que pone el foco en las disfunciones detrás del golpe de Estado de Malí en 2012. Ambos directores de apertura y cierre, así como el actor principal de Kalushi, el sudafricano Thabo Rametsi, estarán presentes en el festival.

A la luz del discurso desafiante alrededor de la migración hoy, Film Africa presenta Por qué estoy aquí: Historias de Migración. Reuniendo una colección de historias intensamente personales, esta sección explorará las complejidades de la migración moderna y la relación entre el yo y el lugar. Destacan A Stray, de Musa Syeed, una película contextualizada dentro de la gran comunidad de refugiados somalíes de Minneapolis; To the Forest of Clouds del director Robin Hunzinger quien registra sensiblemente el viaje de regreso de su familia a Costa de Marfil, el lugar de nacimiento de su esposa, utilizando el pasado para explorar si podemos realmente volver a casa cuando marchas; y el documental Shashamane de Giulia Amati, en el que con una fotografía excelsa analiza con suma delicadeza esta región de Etiopía que el emperador Halle Salassie reservó para todas las personas negras del mundo en 1948. Una historia sobre los que emigraron para vivir en la tierra de sus antepasados, un éxodo, en definitiva, que para algunos se ha convertido en un refugio, pero que para otros es una jaula sin escapatoria. Otro de los trabajos enmarcados en esta sección es Those who jump, un poderoso vuelo sobre la valla de España y Marruecos filmado por el refugiado maliense Mali Abou Bakar Sidibé.

En esta edición habrá un espacio para la industria de Nigeria, Nollywood, con las últimas obras de tres de los directores más populares, incluyendo a Kunle Afolayan con CEO, The Arbitration de Femi Odugbemi, y Gidi Blues – A Lagos love history, de Niyi Akinmolayan.

En la sección Sonidos del Continente se presentarán tres documentales. El primero de ellos es el pre-estreno de Mali Blues, donde algunos de los músicos más destacados del país, incluyendo la estrella Fatoumata Diawara, discuten su arte y la amenaza a la que se enfrentaron por parte de los extremistas islámicos que tomaron las regiones del norte en 2012. La Revolución no será transmitida se mete bajo la piel del movimiento de resistencia política de jóvenes senegaleses Y’en a marre y, siguiendo esta proyección en el cine Ritzy en el barrio de Brixton, el cantante de hip-hop Keur Gui y su grupo se presentarán en vivo por primera vez en el Reino Unido. La tercera y última propuesta es Roaring Abyss, un documental que explora las diferentes tradicionales musicales en Etiopía.

En el programa de este año se incluyen tres películas recientemente presentadas en Toronto: el estreno en el Reino Unido de la ópera prima de Mbithi Masya, Kati Kati, una fantasía poética que ofrece un reflejo oscuro en la expiación personal a la sombra del pasado violento de Kenia en 2007-2008. Esta película fue distinguida por el premio FIPRESCI del jurado en Toronto, quien describió a su director Masya como “una emocionante y nueva voz única en el cine”; el primer largometraje de ficción de Rahmatou Keïta, The wedding Ring, en el que da voz a las mujeres jóvenes de la población saheliana de Níger que cuestionan las ideas de amor antiguas en un mundo cada vez más moderno; además, se presentará el documental Hissène Habré, una tragedia chadiana de uno de los realizadores africanos más importantes hoy en día, Mahamat-Saleh Haroun (Un hombre que grita, 2010).

Otros películas seleccionadas que plantearán una clara reflexión en la audiencia londinense son: A United Kingdom (2016), de la directora Amma Asante. Basada en el libro Barra de colores de Susan Williams y con un guión de Guy Hibbert, Asante explica la historia simplificada de amor entre Seretse Khama (David Oyelowo), quien era príncipe de Bechuanalandia (y más tarde se convertiría en el primer presidente de Botsuana) y su novia blanca Ruth Williams (Rosemund Pike) de quien ya hemos hablado en Wiriko; Dreamstates, que cuenta la historia inquietante de dos almas descarriadas (Saul Williams and Anisia Uzeyman) quienes descubren su amor el uno al otro mientras gira por los EE.UU. con algunas de las figuras más cruciales de movimiento Afro-Punk; el documental del director Miguel Ángel Rosales Gurumbé del cual hablaremos muy pronto en esta sección y que presenta un reto: cuestionar cómo se ha presentado la historia de los negros esclavos en Andalucía, concretamente en Sevilla, y la influencia de la mezcla cultural entre África y el sur de España en la conformación de un estilo tan mestizo como el flamenco; no queremos dejar pasar la oportunidad para destacar otro trabajo documental, en concreto el de Jonny von Wallström con The Pearl of Africa, la inspiradora historia de la transgénero ugandesa Cleopatra Kambugu y su pareja Nelson, viviendo una historia de amor tierna y juguetona en un contexto de inmensa persecución transfóbica en su tierra natal. También en Uganda y sobre el colectivo LGTBI hemos hablado con God loves Uganda.

El programa de cortometraje de este año abrirá con 12 trabajos procedentes de siete países africanos y que competirán por el 6º Premio Baobab al mejor cortometraje, con el apoyo de MOFILM y juzgados por un panel de expertos de la industria. Por otro lado, el premio al Mejor Largometraje del público en el Film Africa volverá a ser responsabilidad, en su segundo año, de las opiniones del público del festival. Durante los diez días de festival Wiriko será medio oficial así que estaremos en Londres contando de primera mano otras citas indispensables como El Foro de la Industria o el Día de la Familia.

Más información sobre el Film Africa, aquí.

9 aspectos del Rey León que te harán aborrecerlo

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Imagen del Rey León donde se muestra la sabana africana en todo su esplendor en una puesta de Sol bucólica.

Hace ya veintiún años que el conglomerado mediático Disney dio en el clavo con lo que se convertiría en uno de los mayores taquillazos del cine de la historia: el Rey León. Dieciocho años después de que la cinta de animación subiera a los escenarios de Broadway de la mano de Julie Taymor para convertirse, año tras año, en un éxito rotundo, el musical ha batido todos los récords mundiales, generando alrededor de 5.000 millones de euros y erigiéndose como “la mayor recaudación en taquilla de la historia”.

Con una banda sonora que le mereció dos Oscars, El Rey León es una obra de entretenimiento excelente para niños y niñas, que se ha podido mercantilizar perfectamente en forma de peluches, camisetas y vídeo-juegos. Sin embargo, no es una obra inofensiva. Su carga ideológica está llena de valores universales construidos desde el seno de la sociedad norteamericana, blanca, de clase media y heterosexual, que pretenden hacerse extensibles a escala mundial. Despreciando culturas periféricas, se naturalizan prácticas sociales a partir de protagonistas animales que se humanizan y transmiten valores llenos de estereotipos a un público infantil.

Después de que el musical El Rey León desembarcara en el Oshwal Theatre de Nairobi bajo el título de Simba, y con el entusiasmo de un grupo de jóvenes bailarines y actores y actrices amateurs, hemos decidido lanzarnos a analizar la obra con la mirada más crítica.

He aquí 9 aspectos que te harán aborrecer El Rey León:

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Rafiki, el amigo “africano” de la familia real, en una imagen del musical de Broadway.

1. Retrata una África irreal y estereotipada: ¿Cuántos elementos de las culturas del Sur del Sáhara encontramos en El Rey León? Más allá de que aparecen las Cataratas Victoria y el monte Kilimanjaro; de que los nombres de algunos de los protagonistas son Kiswahili, como es el caso de Simba (que significa literalmente león) o de que Hakuna Matata (ningún problema) es una expresión de esta lengua hablada en gran parte del África del Este , no hay representación de África. Y la poca que hay, está absolutamente llena de estereotipos. Rafiki (amigo en Kiswahili), el mandril que actúa como chamán y conduce los ritos de iniciación, representa la tradición y el inmovilismo de África. Su carácter medio enloquecido lo presenta como un ser extraño y exótico. Pero los rasgos africanos de Rafiki brillan por su ausencia más allá de representar el nexo entre el mundo visible y el invisible. Efectuando rituales cristianos como el del bautizo de Simba o meditando en la postura budista de la flor de loto, Rafiki parece querer aportar matices de diversidad cultural, pero acaba siendo un personaje extravagante y enloquecido.

2. Es machista y patriarcal: Disney ya nos tiene acostumbrados a historias de príncipes y princesas, y a los estereotipos clásicos del patriarcado. Pero en El Rey León, la familia tradicional, monógama, se entrona como la ley natural, y la heterosexualidad como la única tendencia sexual capaz de conseguir que el cíclo de la vida se realice. Las leonas (Sarabi, la madre de Simba, y Nala, su amiga y futura esposa) son cazadoras por excelencia, pero no es sino en las escenas en las que Scar reina que se ilustra como el malvado villano las obliga a salir a cazar. Nala, que siempre gana en todas las peleas, es el perfecto ejemplo del peso de la leona para la permanencia de la manada. Pero en cambio, las leonas son asumidas como seres dependientes y sumisos, y a pesar de ser más fuertes que los leones, se las despoja de capacidad para gobernar. Los leones son los que poseen el saber, el poder político y social y el rol de la transmisión. El peso que Mufasa tiene para Simba, además, es casi obsesivo y recalca que el niño tiene como referente a su padre, quiere ser como él, y el momento de rebeldía que vive al apartarse de la manada es una mera crisis de identidad que se resuelve cuando Simba es adulto y asume “el buen camino” y su toma de responsabilidades como hombre. En definitiva, una fábula cargada de connotaciones machistas que se dirige, sobre todo, a la construcción de cierta moral en los niños.

3. Es homófoba: Que durante el trono de Scar la tierra donde vive la manada acabe siendo una tierra infértil, con sequías y abocada a la desaparición de la especie, tiene una clara lectura en la incapacidad de reproducción de los homosexuales. Desde el inicio de la obra, Scar parece detestar la relación entre Mufasa y Sarabi, los padres de Simba. Su carácter es presentado como el de una persona débil, que no da la cara y miente para salvar su propio pellejo. Su forma de hablar amanerada y la utilización de frases en francés (en la versión original), a la que pone voz el actor Jeremy Iron, se ha tachado de excesiva emotividad.

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Timón manda a callar a Pumba en una escena de la película El Rey León.

Pero Scar no es el único personaje de tendencia homosexual en la obra. Los divertidos Timón y Pumba, un pequeño suricata saltarín y un jabalí verrugoso, son vistos como la pareja gay por excelencia. Recelosos de la relación entre Simba y Nala, y aislados del resto de animales, en ningún momento se reconoce que son pareja y parece ocultarse a la mirada del espectador su condición. “Pumba, que hay niños delante”, dice Timón durante la escena de Hakuna Matata. Sin embargo, parece obvio que una relación entre personas del mismo sexo es perfectamente apta para educar a una criatura como Simba.

Be_Prepared4. Es Islamófoba: El politólogo y ex “número 3” de Podemos, Juan Carlos Monedero, ya popularizó el análisis del Rey León que critica la película como propaganda anti-árabe. Por supuesto, no es el único que ve la obvia relación entre la simbología árabe y las escenas que protagoniza el malo de la película. Scar es más oscuro que su hermano Mufasa, y su cara y su barba puntiagudas lo asemejan a algunos líderes del mundo islámico como el palestino Husseini. Pero una escena es clave para entender como Hollywood sataniza a Scar. Al final de Preparaos (Be Prepared, en su versión original) la media luna -símbolo islámico por excelencia-, se convierte en una prueba fehaciente de que Disney asemeja la maldad y vileza de un personaje déspota y lleno de avaricia como Scar a la maldad y vileza de los líderes del mundo Islámico. Para enfatizar aún más el mal que representa Scar, quien pretende organizar un golpe de estado contra su hermano -con las hienas desfilando cual ejército nazi-, en la escena de Preparaos la luz que ilumina al protagonista proviene de abajo (el infierno).

5. Es racista: La islamofóbia no es la única obviedad en las escenas donde Scar aparece. La marca que Scar tiene en la cara, lo emparienta con el personaje de Caín, quien en el Génesis es presentado como un personaje oscuro que traiciona a su hermano Abel. Caín, al igual que Cam -el hijo de Noé-, son dos personajes a través de los que el cristianismo busca argumentos para castigar a los negros, y a través de los que se justifica durante siglos su esclavitud. En el Rey León, además, el etnocentrismo americano pone acento “local” (del centro de su cultura) a los protagonistas: la familia real. Y los dota de características blancas, anglosajonas y protestantes (WASP: white, anglo-saxon and protestant). Mientras, las hienas son animales con acento afrodescendiente en su versión americana (Woopy Goldberg pone voz a una de ellas), en su versión latina su acento es mexicano, agitando los fantasmas racistas y extremistas de la sociedad norteamericana. Es decir, los animales más viles de la obra se asemejan a los vecinos de los gueto norteamericanos: latinos y afroamericanos.

6. Es clasista: No solamente hace apología de la servidumbre a través del personaje de Zazoo, un pájaro que es súbdito del monarca. Las hienas, tres personajes negros, representan parásitos sociales que solo pueden apoyar la subida al trono de un villano que beneficie su consumismo. En la fábula son presentados como personajes anti-sistema, violentos por naturaleza, que amenazan el bienestar del reino. Las hienas viven de la carroña y de las sobras, porque son pobres. Son seres despreciables que ansían las posesiones de los leones pero que desprecian su forma de vivir.

7. Es anti-democrática: El Rey León es un relato conservador en el que el poder es hereditario y por gracia divina. Cuando se presenta a Simba en sociedad, igual como se hará con su hijo al final de la obra, una luz se proyecta en el cachorro desde arriba, indicando que es Dios quien lo ha elegido como rey. The-Lion-King-SImbaSe trata de un modelo inamovible, que no acepta cambios, ya que cualquier cambio afecta severamente al total de la naturaleza, haciéndola flaquear y entrar en caos y destrucción. Todo es así por un motivo ancestral que explica la vida. Si esto se cambia, Dios castigará a los seres de la tierra con su aniquilación. En este “inevitable” ciclo de la vida no hay lugar para la democracia ni la participación, y además, se demuestra como el poder “desde abajo” es maligno. Que Mufasa muera en una estampida, para salvar a Simba y Nala de las hienas, es una metáfora de que el rey debe vivir aislado de la sociedad, fuera del peligro y el riesgo de ser pisoteado por ella.

8. Justifica las injusticias: El Ciclo de la Vida explicado por Mufasa a su hijo Simba, justifica la estructura social y la gestión de los recursos de tal forma que exime de responsabilidades a los miembros de la sociedad representados por la manada de leones. Así, todos los estratos de la cadena trófica dan la bienvenida al nuevo monarca, que representa su propia muerte. En la obra, solamente se ve violencia ejercida hacia otras especies como los antílopes cuando es Scar quien gobierna el reino, pasando por alto que durante el reino de Mufasa o el posterior mandato de Simba, la violencia contra cebras, búfalos o impalas es igual de feroz.

9. Sostiene un supuesto “conformismo de los pobres”: Timón y Pumba viven en un lugar precioso, en medio de una tierra fértil, pero no tienen alimentos ricos. Sus proteínas provienen de los gusanos y no de las cebras. Pero son felices y se conforman en no tener más. Este conformismo se traduce en el hit de la obra: Hakuna Matata. Una oda a la pereza, a la despreocupación, a la celebración de la falta de responsabilidades y a la felicidad de los que no deben preocuparse por mejorar su calidad de vida, lo cual explica el por qué no viven mejor. Es en realidad el reverso del ideario liberal, que en España conocemos a través de grandes frases de nuestra historia contemporánea como el “que se jodan” de Andrea Fabra a los parados o con la pulla que lanzó Durán i Lleida a los agricultores andaluces, tachándolos de holgazanes y bebedores. En este sentido, el Rey León refuerza las narrativas del darwinismo social en que los que son pobres, lo son porque son inferiores, menos inteligentes y menos arriesgados que el resto.