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MediaLab Prado al ritmo de la(s) nueva(s) música(s) electrónica(s) africana(s)

El sábado 24 de junio, de 18:00 a 21:00h. en Medialab Prado (Calle de la Alameda, 15, Madrid), Wiriko y los DJs de nuestro proyecto Moto Kiatu -pionero en la difusión de la música electrónica africana en España-, participaremos en el encuentro Beats de ida y vuelta: al ritmo de la(s) nueva(s) música(s) electrónica(s) africana(s), junto al colectivo italiano Crudo Volta.

El evento, que es completamente gratuito, se enmarca en los encuentros AVLAB, en esta ocasión coordinado por Grupal Crew Collective, y será una oportunidad única para debatir sobre aspectos que hasta ahora han sido prácticamente inexistentes en España:

“¿Qué se escucha en los clubs y en las calles de las ciudades africanas?”

“¿Cuál es el contexto social y político de los jóvenes productores de este tipo de música?”

“¿Qué diferencia la apropiación cultural de la “sincera” adopción de una nueva corriente musical?”

“¿cómo evitar caer en los clichés de la exotización al promocionar estas músicas?”

“¿Qué papel tiene la diáspora africana y los colectivos europeos en la difusión y creación de la escena en Europa?”

Moderada por Vanessa Anaya, miembro del equipo redactor de Wiriko y una de las impulsoras de Moto Kiatu, la mesa redonda pretende poder debatir con colectivos que, con base en Europa, compartimos gran fascinación por encontrar y divulgar nuevos ritmos provenientes de distintos puntos del continente africano.

Por supuesto, tras la charla, habrá una sesión de los dos colectivos participantes.

Moto Kiatu, que significa “zapatilla caliente” en suajili, es un proyecto que nace bajo el paraguas de Wiriko para difundir los nuevos sonidos y ritmos procedentes de África y su fusión con los sonidos electrónicos. De reciente creación, hasta el momento ha organizado varios eventos programando a artistas africanos de prestigio como Dotorado Pro (Angola), Batuk (Sudáfrica) y Throes + The Shine (Angola).

Crudo Volta es un colectivo italiano, con base en Roma, dedicado a explorar distintas escenas musicales del planeta, haciendo hincapié en la música urbana de origen africano. Sus proyectos van desde mixtapes a documentales como Woza Taxi (2016) centrado en la escena GQOM surgida de Durban (Sudafrica). Brother Michele (Michè Calandra), uno de los principales impulsores de esta plataforma vendrá a compartir sus impresiones, experiencias y su música favorita.

Más información en el evento de Facebook

AWOTELE: La urgencia de salvar la crítica de cine africana

awotele

La necesidad se impone. Lleva tiempo desapercibida, ahí, desenfocada. Y nosotros en la butaca de cine esperando que el arte nos explote en las venas sin remordimientos. Consumimos una papelina para olvidar en dolby surround. A oscuras. Al fin y al cabo, los directores, tal que artistas, nos presentan su mundo. A veces a carcajadas. A veces escondido en algún sótano. ¿Pero quién intermedia? ¿Quién entre ellos y nosotros? ¿Quién nos seduce más allá del guión cinematográfico hasta que la propia obra trasciende a su creador y pone el debate sobre la mesa de mármol de un bar? Son ellos. Imperceptibles pero necesarios. Se llaman críticos y, al tiempo que aplicados en los dogmas del séptimo arte y reflexivos sobre los marcos teóricos de la composición escénica, son canallas. Sí. Porque son capaces de robarte alguna idea perdida y darle forma delante de tus propios ojos. Son intrépidos porque intermedian de forma ágil. Y ahora nos interpelan.

Con el objetivo de cruzar miradas africanas para un mejor acercamiento a sus cines, nacía hace algo más de un año Awotele, la primera revista especializada sobre cine del continente con la que Wiriko comenzaba una colaboración estable para difundir no solo las cinematografías de África sino también darle voz a sus críticos.

Esta revista panafricana que coordina la crítica Claire Diao, junto a los también críticos y fundadores Michel Amarger y Samir Ardjum, mantienen su objetivo firme de  abrir los ojos del público, valorar el cine y lo audiovisual. “Hemos querido crear un nuevo espacio donde se puedan cruzar impresiones y enfrentarse a una dinámica de intercambios renovados. El objetivo también es aclarar la evolución de las imágenes africanas de hoy, favoreciendo las intervenciones de los críticos venidos del continente, ya sean independientes o que pertenezcan a una asociación”. El próximo ejemplar pretende ver la luz durante el próximo Festival Internacional de Cine de Durban, que se llevará a cabo entre el 16 y 26 de junio.

Ahora, se encuentran frente a un cuarto número y con un reto: el económico. Awotele está funcionando sin ningún tipo de recursos o fondos, ya que todos los contribuyentes están escribiendo de forma gratuita. Una buena dosis de pasión y compromiso por los cines que llegan desde el continente. Sin embargo, hay unos gastos que la revista tiene que afrontar como los gráficos, las traducciones o la propia la edición. De esta forma se han hecho visibles por necesidad, para que su función social permanezca intacta. Necesitan recaudar 3.000€. Para ello han activado una campaña que desde Wiriko queremos promocionar.

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Awotele: cuando la crítica de los cines africanos es educar

Número 2 de Awotele, la revista panafricana de crítica sobre los cines africanos.

A comienzos del 2007, la revista digital sobre cines africanos en francés Clap Noire lanzaba una pregunta para el debate: “¿Por qué no, cineastas y periodistas, piden la crítica de los cines africanos en nuestros medios de comunicación? (…) Y por qué no soñar con una revista especializada en cine africano? ¿Por qué no?”. Ha parecido que las industrias cinematográficas del norte han negado la capacidad de crear a África excluyendo, a menudo, estudios en profundidad sobre el estado de los cines en África en las revistas de cabecera.

Pero ahí se encontraban toda una profusión de películas, de festivales, de críticos comprometidos que se han encargado de aclarar el significado de los guiones –aunque no siempre con éxito–, de narrar las dificultades de sus producciones en una fuerte desventaja dentro del sistema Norte-Sur, de escribir comentarios y de analizar extractos de contenido actual para entender muchas de las tendencias políticas, económicas y sociales que tienen lugar en el continente. Y todo en una especie de suerte antológica y de necesidad de buscar la unidad y el reconocimiento.

Con el objetivo de cruzar miradas africanas para un mejor acercamiento a sus cines, nacía hace 9 meses Awotele, la primera revista especializada sobre cine del continente con la que Wiriko comienza una colaboración estable para difundir no sólo las cinematografías de África sino también darle voz a sus críticos.

Número 3 de la revista Awotele.

Número 3 de la revista Awotele.

En su primera editorial, allá por el mes de marzo, en pleno FESPACO, la coordinadora general de la publicación, Claire Diao, así como los también críticos y fundadores Michel Amarger y Samir Ardjum, lanzaban una revista dedicada a los cines de África y su crítica. Ellos mismo se presentaban diciendo que pretendían abrir los ojos del público, valorar el cine y lo audiovisual. “Hemos querido crear un nuevo espacio donde se puedan cruzar impresiones y enfrentarse a una dinámica de intercambios renovados. El objetivo también es aclarar la evolución de las imágenes africanas de hoy, favoreciendo las intervenciones de los críticos venidos del continente, ya sean independientes o que pertenezcan a una asociación”.

Y a fuego lento, durante otro de los grandes eventos del séptimo arte africano, el Festival de Durban en Sudáfrica, lanzaban su segundo número. Esta revista panafricana con los sonidos de muchas lenguas continuaba el trabajo que ya comenzara Michel Amarger entre 1991 y 1997, con la desaparecida Ecrans d’Afrique, y que, en formato digital, ha mantenido Thierno Ibrahima Dia con Africiné. Pero África se había convertido en la única región sin su propia revista especializada sobre el sector cinematográfico.

Para extender el debate Awotele lanzaba hace algunas semanas su tercer número en el marco del Festival de Cartago en Túnez que, como comentábamos en esta sección, presentaba un novedad cargada de buenas intenciones: hacer del festival una cita anual en vez de mantener su carácter bianual como el FESPACO. Nueve críticos de Argelia, Angola, Bélgica, Burkina Faso, Francia, Nigeria, Senegal y Suiza han prestado sus plumas con artículos en francés, Inglés y Portugués. Y esperemos que muy pronto también el español, y gracias a la colaboración con Wiriko, pueda ser uno de los idiomas de una revista que ha nacido para quedarse y alumbrar. Como dijo el poeta y político de Martinica y uno de los ideólogos del concepto de la negritud, Aimé Césaire: “El sol gira alrededor de nuestro planeta tierra arrojando una luz en el pedazo de tierra seleccionada por su única voluntad. Nuestro poder no tiene limites”.

‘Dear Mandela’: retrato de la lucha por la dignidad en Sudáfrica

Dear_Mandela_PosterDear Mandela (2012) narra en una hora y media un pedazo de historia de uno de los movimientos de base más importantes de Sudáfrica: Abahlali baseMjondolo (‘habitantes de las chabolas’ en lengua zulú). Abahlali nació en 2005 en Durban (al este del país) con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de las comunidades que viven en chabolas, a través de la ocupación de terrenos vacíos para proporcionar un techo a los miembros de la comunidad, “exigiendo el valor social por encima del valor comercial de los terrenos urbanos” y de la resistencia a los desalojos que sufre la comunidad. Su razón de ser son los veinte millones de personas que viven en townships (zonas creadas durante el apartheid para la población negra y donde habitualmente no hay acceso a los servicios básicos) de los cuales tres millones y medio viven en asentamientos informales. Estos asentamientos son constantemente demolidos y desalojados por el gobierno de forma ilegal (de acuerdo con el artículo 26 de la Constitución), sin ofrecer una alternativa a las familias que se quedan sin techo. Todo un dejà vu.

Dentro de esta realidad, “Dear Mandela” logra contagiarnos de la esperanza de que las nuevas generaciones tienen el futuro en sus manos y de que su lucha busca una sociedad más justa: “Me llamó la atención de inmediato la filosofía de Abahlali. No sólo hablaban de lo que falla en Sudáfrica, sino que también han ido articulando una visión profunda de lo que podría ser el mundo y cómo podríamos construir una sociedad basada en el respeto, donde todo el mundo cuente. Suena utópico pero son muy prácticos al respecto. Lo llaman ‘política de convivencia’. Consiste en tratar a las personas con respeto, proporcionándoles las cosas —agua, electricidad, aseos— que todo el mundo necesita para vivir una vida digna. Se trata de que el gobierno consulte a la gente, en lugar de expulsarlos y dejarlos sin hogar”. Dara Kell, co-directora del documental junto con Christopher Nizza, explica de dónde surgió la idea de filmar la cotidianidad de unos de los principales movimientos sociales de Sudáfrica. “Nos dimos cuenta que los jóvenes se involucraban cada vez más en los roles dentro del movimiento. Muchos de ellos eran demasiado jóvenes para recordar el día glorioso en el que Nelson Mandela salió en libertad en 1990. Eran apasionados y convincentes —en absoluto una ‘generación perdida’—. No podíamos dejarlo pasar. Sabíamos que teníamos que hacer la película”, añade.

La lucha por una vivienda digna del movimiento sudafricano ‘Abahlali baseMjondolo’, en un documental que pretende dar a conocer una realidad social desconocida para muchos sudafricanos

Dear_Mandela_3Lejos de alcanzar la “mejor vida para todos” que prometió en su discurso de aquel 2 de mayo de 1994 tras ganar las primeras elecciones democráticas del país, Nelson Mandela es aún un símbolo de esa esperanza de cambio para gran parte de la población, incluidos los jóvenes: “Me gustaría encontrarme con Dr. Nelson Mandela y preguntarle sobre cómo se siente con respecto a estas condiciones inestables en las que vivimos después de haber estado 27 años en [la cárcel de] Robben Island por conseguir una mejor vida para todos. Él es como Jesucristo. No me gusta el hecho de que haya sido encarcelado por algo que nunca se ha conseguido”, afirma en el documental Mnikelo, un joven de la comunidad. Y Mandela aparece así a lo largo de la película como un icono presente todavía hoy en la vida de muchas personas: “Cuando estábamos filmando, la imagen de Mandela aparecía a menudo pegada en las paredes de las chabolas. También estaba presente en aulas y empresas, así que empezamos a filmar estas imágenes. Mandela, de alguna manera nos estaba mirando y era una manera interesante, y a veces inquietante, de explorar su legado y el de los arquitectos de nuestra incipiente democracia. No hemos podido entrevistar a Mandela, pero su espíritu estaba allí. Tampoco existe una carta real a Mandela en la película, pero es un recordatorio de que no lucharon sólo por el derecho al voto, sino por una visión mucho más amplia y radical de una sociedad justa”. Kell explica así qué le da el título al documental.

El proceso de grabación no fue fácil. Tras la reunión entre los directores y Abahlali para proponerles realizar el documental, sus miembros sometieron a votación si se les condecía a Kell y Nizza el acceso con cámaras o no. El resultado de la votación fue “SÍ” y ahí empezó un proceso complicado en el que tuvieron que hacer frente a diferentes obstáculos: “Se procedió lentamente con la grabación, y tratamos de entender cómo es la vida diaria en los asentamientos, y lo que el movimiento estaba intentando conseguir. A mitad de la producción, durante una reunión nocturna que estábamos filmando, el asentamiento fue atacado por una misteriosa pandilla armada y tuvimos que correr para salvar nuestras vidas. Los días siguientes fueron aterradores: el líder del movimiento, S’bu Zikode, estaba recibiendo amenazas de muerte y se demolieron las chabolas de los líderes. Miles de personas huían del asentamiento con lo que podían cargar. Teníamos solo un coche cerca y ayudamos a la gente a escapar. Sentimos la responsabilidad de dar testimonio de lo que estaba sucediendo. Pasar por una experiencia cercana a la muerte con ellos realmente fortaleció nuestra relación, lo que ha ido más allá de la típica relación ‘director/sujeto’. Sé que vamos a estar involucrados en sus vidas durante mucho tiempo”. Este episodio que los directores presenciaron y que pudieron filmar, hace referencia al ataque al asentamiento de Kennedy Road en septiembre de 2009, dando muestra así de la represión que está sufriendo este y otros movimientos similares. A la vez, el documental se centra en la vida cotidiana en las chabolas, los problemas y los anhelos de varios miembros de la comunidad y su lucha por tener unas condiciones de vida dignas.

A pesar de los escasos medios con los que han contado los directores para la realización de documental, el trabajo ha salido adelante gracias al compromiso de varios profesionales que han aportado su granito de arena de forma voluntaria. La recompensa ha sido la gran acogida que ha tenido el trabajo a nivel nacional e internacional, la proyección en festivales, universidades, centros comunitarios, barrios más pobres, el gran número de premios recibidos etc., así como su utilización por parte de abogados y activistas. Al fin y al cabo este documento gráfico es una potente herramienta para concienciar y llegar a un público ajeno a esta realidad a la que se enfrentan un gran número de personas en Sudáfrica.

* Artículo publicado originalmente en El País – Planeta Futuro el 19 de febrero de 2015

Los otros cinco (africanos) para los Oscar 2015

Las quinielas ya tienen ganadores, segundos premios, mejores decorados, mejores actores/actrices de reparto, incluso la empresa que tapizará de rojo el Teatro Kodak en Hollywood. Algunos, ante tanto alboroto y especulación pomposa, comienzan a sacarle punta a los discursos de agradecimiento porque… Nunca se sabe. Aunque quizás nadie logre llegar a la síntesis de Alfred Hitckcock que tras recoger el Oscar honorífico en 1968 por toda su carrera cinematográfica (nunca ganó una estatuilla a pesar de ser considerado como uno de los mejores directores de todos los tiempos) pronunció ante el respetable un escueto “gracias” e hizo mutis por el foro. Quizás fue la crítica más grande que se ha hecho desde el atril que representa el clímax en Hollywood.

Los Oscar de 2015 se acercan (22 de febrero). Y diciembre es un mes de cenas de gala, de Navidades repletas de promociones, de llamadas de teléfonos que subirán la tarifa e intentarán edulcorar la opinión de los críticos de la Academia. Noches de intriga. De amigos de corto recorrido. Se trata de los premios más importantes (y más comerciales) de la industria del cine. Un mes antes vendrá la antesala, la ceremonia de Los Globos de Oro (11 de enero) y unos días después (el 15 de enero) se anunciarán las películas que competirán por el Oscar al mejor filme extranjero en un año de récord: 83 películas presentadas que se quedarán en una terna de cinco.

Y son cinco. Desde el continente africano se han seleccionado cinco películas que representan un número geográfico e inspirador: The red Moon (de Hassan Benjelloun, Marruecos); The Factory girl (de Mohamed Khan, Egipto); Timbuktu (de Abderrahmane Sissako, Mauritania); Difret (de Zeresenay Berhane Mehari, Etiopía) y Elelwani (de Ntshavheni wa Luruli, Sudáfrica). Norte, sur, este y oeste. Una metáfora de la vitalidad entre dientes del séptimo arte en el continente africano. Sus cines resisten el envite del no credit, no cash perpetuo. Éste es el titular. Y como va de quinielas, aquí va la nuestra. A la africana, claro:

 

Timbuktu (del director Abderrahmane Sissako, Mauritania).

Es la gran favorita. Y él, Sissako, es el poeta de los silencios. Esta vez presenta su cuarto largometraje ambientado en su tierra de acogida Mali. Es 2012 y el fundamentalismo muestra su cara más radical maquillada con ametralladoras. Extremistas arrogantes y violentos administran castigos horrendos y absurdos. Destruyen la gracia y la belleza con la impunidad en una historia basada en personas y hechos reales: Kidane, un pastor con siete vacas que vive una vida sencilla y feliz con su esposa e hija Satima Toya, su “pajarito”. Fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el último Cannes y también en el festival de Toronto. En el Festival Internacional de Durban (Sudáfrica) se hizo con el premio a la mejor película.

 

Difret (de Zeresenay Berhane Mehari, Etiopía).

La ópera prima de Zeresenay Berhane, que se alzaba con el premio del púbico a la mejor película en el festival de Sundance, también está basada en acontecimientos reales. La película indaga sobre la posible aparición de la nación en el mundo moderno y sobre qué sucede cuando tradiciones centenarias se rompen y los sistemas de creencias son abandonados. Difret además tiene dos significados: valiente o ser raptada.

La sinopsis lo deja claro: En Addis Abeba, la abogada Meaza Ashenafi ha establecido una red que proporciona una representación legal gratuita a mujeres y niños pobres. Valientemente, ella se enfrenta a todo tipo de hostigamientos por parte de la policía y de los miembros masculinos de gobierno. Sin embargo, Meaza decide ir a por todas cuando se hace cargo del caso de Hirut, una niña de 14 años que ha sido secuestrada y violada de camino de la escuela a casa. La niña escapa disparando a sus verdugos y es acusada de asesinato. Ahora, Hirut se enfrenta a la pena de muerte a pesar de que ella estaba actuando en defensa propia. En algunas zonas rurales de Etiopía, la tradición de ‘Telefa’ o el matrimonio por rapto todavía existe.

Así que apunten en las agendas el 15 de enero para ver qué cinco películas serán las elegidas para optar por el Oscar al mejor filme extranjero.