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“Las mujeres africanas estamos luchando para proteger nuestra identidad”

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El nombre de Naomi Wachira saltó el año pasado al estrellazgo con su álbum debut African Girl (2013). Tardó más de dos décadas en publicar su primer LP, pero la cantante de 37 años y compositora keniana afincada en Estados Unidos ha dado finalmente un salto mediático. Madre soltera, periodista y especializada en teología, decidió dejar su trabajo para dedicarse a la música y con su debut discográfico, Naomi dispara a bocajarro una idea simple y que impregna toda su filosofía con una gran humildad: la fuerza y el orgullo de ser mujer africana.

Sea con banda o bien acompañada de su guitarra acústica, Naomi cumple la función de narradora o cuentacuentos que algunos asimilan cuando se les habla de cantautores africanos. Sin embargo, su eclecticismo y la adopción de patrones musicales Pop no la alejan en absoluto de su cometido de levantar conciencias acerca de situaciones injustas o comportamientos abusivos.

G: ¿De qué trata tu música?

N.W: Tan simple como suena, trata sobre la vida. Es mi punto de vista sobre lo que veo y sé de mí misma, lo que observo en los que me rodean y la sociedad en general. Pero más allá de esto, es mi expresión de esperanza, ya sea en las relaciones personales o simplemente en nuestro mundo.

Me gustan mucho tus letras, son simples y humildes… ¿lecciones de vida?

Autobiográficas, supongo.

¿De qué va tu canción Stand Up

Sobre las relaciones que oprimen y reprimen, y de la necesidad de levantar la voz.

¿Como describirías tu estilo?

Desde el principio lo llamo Afro-Folk porque en realidad se trata de música Folk con ritmos africanos.

¿En qué lenguas cantas?

Básicamente en mis lenguas: inglés y kikuyu.

¿Cómo definirías diáspora y cuál ha sido tu experiencia de migración?

Diaspora es el fenómeno que describe la vida en un sitio distinto del que has nacido, preservando la cultura de la que provienes. Para mí, salir de Kenia ha sido una experiencia increíble. Me trasladé a Estados Unidos cuando tenía diecinueve años para ir a la universidad. He pasado la mayor parte de mi vida adulta aquí, y he aprendido muchísimo  sobre mí misma. Sobre todo, he aprendido a ser dueña de mi propia existencia y a tomar decisiones sobre la vida que realmente quiero llevar.

¿Te has leído la última novela de Chimamanda Ngozi Adichie, ‘Americanah’? ¿Te sientes identificada con la protagonista de la història, Ifemelu, o crees que realmente hay muchas Ifemelus en EUA?

Me he leido la obra, y me ha encantado! Y la verdad, conozco a muchísimas Ifemelus… Las mujeres africanas en esta parte del planeta siempre estamos luchando para proteger nuestra identidad.

¿Cuál es tu relación actual con Kenia?

Kenia es mi hogar. No podría encontrar un sitio mejor donde ir cuando necesito descansar o recuperarme de la vida. A pesar de todo, fue en Estados Unidos donde empezó mi carrera musical.

En España decimos que “nadie es profeta en su tierra”.

Ya… Pero me siento afortunada porque también puedo compartir mi música con “los míos”.

 

 

África con honores en Cannes y Seattle

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Cartel diseñado por Hervé Chigioni y su grafista Gilles Frappier para la 67ª edidicón del festival de Cannes. Un fotograma de la película ‘Ocho y medio’ de Fellini en la que aparece el actor italiano Macello Mastroianni.

El Seattle International Film Festival (SIFF) junto a la prestigiosa cuna de los premios franceses, el Festival de Cannes, ya tienen las nominaciones oficiales, los programas de mano y las carteleras abiertas a la crítica encarnada o complaciente. Por el lado estadounidense una sección dedicada a los trabajos más actuales en la escena africana brindará una más que magnífica oportunidad para ver una muestra de las cinematografías del continente; en concreto 10 películas. Del lado francés, la huella africana es limitada aunque con un peso evidente. En la Selección Oficial, la única película seleccionada para optar a la Palma de Oro es Timbuktu del mauritano Abderrahmane Sissako; en la sección Una cierta mirada el trabajo nominado es Run, la ópera prima del marfileño Philippe Lacôte; por último, uno de los miembros del jurado de la Cinéfondation y de la Sección de cortometrajes, que este año preside el iraní Abbas Kiarostami (Irán), es el director del Chad Mahamat-Saleh Haroun.

Sin dejar las nieves berlinesas en el recuerdo allá por febrero, la organización de la, siempre obligada, 67ª edición de Cannes que se celebrará del 14 al 25 de mayo, apuntaba al romance eterno con el cartel de este año: una colaboración de Hervé Chigioni y su grafista Gilles Frappier en el que dan vida al sex símbol italiano Macello Mastroianni a partir de un fotograma extraído de la película Ocho y medio de Federico Fellini, presentada en la Selección Oficial en 1963. “Su mirada por encima de sus gafas negras nos hace cómplices de una promesa de alegría cinematográfica mundial”, explica el autor del cartel. “La alegría de vivir juntos el Festival de Cannes”.

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Imagen captada por Arnaud Contreras durante el rodaje de ‘Timbuktu’, película del director mauritano Abderrahmane Sissako seleccionada para optar a la Palma de Oro en el festival de Cannes.

Con la alfombra roja preparada a 26 días del estreno de Cannes la presentación del nuevo trabajo del director mauritano Sissako se espera con impaciencia. El lenguaje retórico cargado de silencios, característicos de su cinematografía, se han podido ver en diferentes ediciones como en la de 2006 con Bamako, en 2002 con Heremakono, en 1998 con La vie sur a terre, o en 1993 con Octobre.  Este film camina en una línea política y necesaria para la reconciliación histórica: la ocupación de Mali por los yihadistas causando una catarsis social y cultural; una película que pretende recomponer las almas y deshacerse de las imágenes de horror y amputación en esta parte del Sahara. 

Juicio marfileño a Francia, en su propia casa

Es la primera vez que Costa de Marfil aterriza en Cannes pero lo hace con la bayoneta de 35mm. preparada. El debut del franco-marfileño Philippe Lacôte con Run para la sección Un cierta mirada, es el resultado del éxito del Atelier du Festival, una iniciativa que se ejecuta durante el festival con el fin de encontrar financiación para proyectos de directores que se encuentran en un estado avanzado de desarrollo. Y el radar de 2012 que seleccionó a Lacôte no se equivocó. Este año, otro africano, el nigeriano Newton Aduaka participará en este “taller” con su proyecto de adaptación de la obra de Helon Habila, Oil on Water.

El primer largometraje de Lacôte, de 42 años, es la primera ficción sobre la crisis político militar que sacudió a Costa de Marfil entre los años 2002 y 2011. La película narra la vida de un adolescente llamado a convertirse en brujo en su pueblo -una especie de curandero tradicional- pero finalmente debe unirse a los “jóvenes patriotas” partidarios de las prácticas violentas del ex presidente Laurent Gbagbo. Run o “Ejecutar” se propone además desempeñar un papel adicional para reactivar el cine de Costa de Marfil, en la actualidad prácticamente sin actividad.  Directores vintage reconocidos como Henri Duparc, Gnoan M’Bala, Yeo Kozoloa o Fadika Kramo o han fallecido o llevan inactivos desde hace más de diez años.

De las 80 salas de cine que llegaron a estar activas, actualmente solo 2 están en funcionamiento. Quizás por este motivo el propio Estado marfileño haya subvencionado con un 7% la película, el resto de la financiación proviene de Francia e Israel. En total 1,8 millones de euros invertidos en dar respuesta a cómo se llega a la violencia.

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Fotograma de ‘Run’, película del franco-marfileño Philippe Lacôte.

Seattle y África cada vez más cerca

El festival estadounidense que se celebrará del 15 de mayo al 8 de junio sorprende, un año más, con una sección entera dedicada al cine africano con un total de 10 películas. El programa fue ya un éxito el año pasado ofreciendo algunos de los mejores trabajos de y sobre África que se están realizando en la actualidad.

Y el cartel de este año no es menos excepcional. Os dejamos algunos de los títulos que se proyectarán. Difret (Etiopía, 2014), ganadora del premio del público de Sundance, que cuenta la historia basada en hechos reales de la lucha de una joven contra la tradición de largo recorrido en Etiopía del “matrimonio por secuestro”. Rags and Tatters (Egipto, 2013), llamada “la piedra de toque del post revolucionario cine egipcio” por la revista Variety. Half of a Yellow Sun (Nigeria, 2013) es la adaptación a la gran pantalla por el director Biyi Bandele de la premiada novela de Chimamanda Ngozi Adichie con un reparto estelar encabezado por el nominado al Oscar Chiwetel Ejiofor, 12 años de esclavitud y Thandie Newton. The Rooftops (Argelia 2013), de Merzak Allouache, teje la historia de cinco barrios de Argel en torno a las cinco llamadas diarias a la oración. Finding Fela (EE.UU. 2014), el nuevo documental de Alex Gibney sobre el músico y activista nigeriano Fela Kuti. Y African Metropolis (Kenia, 2013) donde cineastas de todo el continente africano pintan un cuadro vivo de una nueva África urbanizada a través de historias cortas innovadoras que ofrecen las seis principales capitales que se encuentran en rápido crecimiento: Abidján, El Cairo, Dakar, Johanesburgo, Lagos y Nairobi.

De dioses, arte y pensamientos íntimos

Imagen de Okey Ndibe extraída de su página de Facebook

Imagen de Okey Ndibe extraída de su página de Facebook

Quizá en algún momento deberíamos preguntarnos qué está pasando para que de repente los medios internacionales más influyentes se fijen en la publicación de un libro de un autor africano. Lo dejaremos para más adelante, de momento, nos vamos a hacer eco del último fenómeno que se ha sumado a esta corriente de lanzamientos mediáticos. Se trata del nigeriano Okey Ndibe que con su segunda novela Foreign Gods Inc. ha asaltado las páginas de los medios más influyentes desde The New York Times hasta The Guardian (aunque la lista de las reseñas de esta novela es interminable y de lo más variopinta).

Cubierta de Foreign Gods Inc.

Cubierta de Foreign Gods Inc.

En Foreign Gods Inc. Ndibe ha colocado como protagonista a Ike, un taxista nigeriano en Nueva York, que se involucra en el mercado del arte. Con ello, el escritor nigeriano afronta diversos temas, algunos de ellos espinosos. Por un lado, el del expolio artístico del continente africano. Por otro, la visión que un nigeriano de tiene de una cultura estadounidense que muestra unos preocupantes rasgos de excentricidad. Igualmente, aborda la cuestión de la identidad, de las migraciones, de los sueños y la frustración. Y, además, lo que podría ser interpretado como una falta de respeto hacia las creencias de otras culturas y la relatividad de cuestiones que podrían entenderse tan absolutas como la religión.

De pronto, Ike se ha encontrado con que las imágenes de dioses africanos son vendidas a precio de oro en el mercado de arte neoyorkino. Las galerías más lujosas de la gran ciudad se rifan las figuras llegadas del continente negro y Ike cree que puede aprovechar esa idolatría para conseguir el sueño americano que le ha dado la espalda durante diez años de duro trabajo. La vieja figura de Ngene, el dios de la guerra, de Utonki, el pueblo natal del protagonista es el pasaporte hacia este Cielo que se materializa en el piso superior de la Foreign Gods Inc., la galería de arte de la Vance Street en la que se comercia con las esculturas. Ese piso superior es el lugar en el que se cierran los tratos millonarios para las piezas realmente valiosas.

Ike está decidido a robar la imagen de Ngene y venderla en el Foreign Gods Inc. convencido de que sus anhelos materiales son lo más importante. Claro que Ike no es simplemente un inmigrante avaricioso. Ndibe describe su frustrante situación laboral, económica y, también, personal, con tal delicadeza que, incluso, consigue que el protagonista despierte simpatías. Además, mientras prepara el viaje de regreso a su pueblo natal, para hacerse con la figura, a Ike se le va poniendo de manifiesto que su plan no va a resultar tan sencillo. ¿Quizá la imagen sea más que una figura? ¿Quizá las creencias sean más que supersticiones? ¿Quizá el mundo de lo invisible que Ike había dejado de lado deslumbrado por las luces de Occidente, sigue influyéndole?

Todas esas fuerzas intangibles, las sensaciones, incluso, los sentimientos, se hacen más fuertes cuando Ike regresa a Nigeria decidido a salir del agujero neoyorkino en el que se encuentra. El país le resulta relativamente ajeno, lleva prácticamente una década fuera y el país ha cambiado su aspecto. Pero además, Ike descubre cómo sus vecinos de la infancia (y familiares) también están deslumbrados por la luz cegadora de Occidente, por una fiebre de consumo que secuestra principalmente los sueños y las ilusiones y que condiciona las relaciones entre todos ellos.

Foreing Gods Inc. resulta una narración ágil, animada, agradecida en cuanto al ritmo y la historia, pero no es necesario escarbar demasiado para percibir la crítica. Precisamente, esta crítica es mucho más feroz por su serenidad, porque la posición de Okey Ndibe se legitima en la ausencia de ira. En realidad esa es una tónica en toda la obra del escritor nigeriano. Es cierto que Foreing Gods Inc. es “sólo” su segunda novela (después de Arrows of rain publicada en el año 2000), pero Ndibe era originalmente periodista, esa voluntad crítica fue, precisamente, uno de los motivos que le llevó a trasladarse a EEUU en 1998, gracias a una invitación personal de Chinua Achebe. Se estaba granjeando demasiadas enemistades.

En su exilio personal Okey Ndibe ha continuado en el mundo de la prensa pero desde una posición de columnista, además de la publicación de ensayos. Lo ha hecho colaborando con medios de comunicación estadounidenses, pero nunca ha terminado de alejarse de la realidad nigeriana y, sobre todo, en los últimos años ha publicado constantemente en medios críticos del país africano (como Sahara Reporters, Premium Times, Ynaija.com o Citizens Platform). Sus textos nunca han sido condescendientes. Ahora, teniendo en cuenta la repercusión mediática de la publicación de Foreing Gods Inc. es evidente que Ndibe empieza a consagrarse como uno de esos autores africanos que tienen mucho más que decir, además de sus historias, más allá de las páginas de sus libros.

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Página personal de Okey Ndibe

Perfil de Twitter del autor.

Perfil de Facebook del autor.

Un fragmento de Foreing Gods Inc.

Arranca la ventana de cine africano más grande de España

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El Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT) cumple diez años de amor al cine africano en España y esta tarde arranca, hasta el 19 de octubre, una de las ediciones más emotivas debido a los recortes presupuestarios que ha sufrido la organización. Una década de FCAT trascendiendo África y aproximando su heterogeneidad a través del séptimo arte. En este décimo aniversario, el segundo en la ciudad tras ocho años en Tarifa (Cádiz), Córdoba se consolida como la ventana de cine africano más grande que existe en el ámbito hispanohablante con 120 proyecciones de 70 películas, 27 de ellas a competición, junto a otras actividades paralelas.

La principal circunstancia que motivó la creación de este encuentro con el cine africano en el año 2003 fue, por un lado, la llegada continuada de pateras a las costas andaluzas, en concreto, a las gaditanas. La imagen mediática reiterativa era la de una África que se moría y que seguía anclada en la tragedia, el hambre y las guerras. Llegaban con un espejo enorme y biselado de esperanzas. Lo hacían en las embarcaciones típicas que utilizan los pescadores de África occidental pero el reflejo daba tanto pavor que las categorizaciones comenzaron a sacar punta a nuevos términos y a adjetivaciones trasnochadas: sin papeles, ilegales, subsaharianos, pateras o cayucos que se acurrucaban en una población apostada en la arena y que desconocía las heridas del continente madre de todos ellos.

Fotogrma de la "La Pirogue" (2012), un film del senegalés Moussa Touré.

Fotogrma de la “La Pirogue” (2012), un film del senegalés Moussa Touré.

Por otro lado, se hacía fuerte la necesidad de educar la mirada hacia estos nuevos vecinos. El suspiro deslabazado que sufrían los habitantes de Cádiz o Málaga a comienzos de la década del 2000 hizo de la impotencia social un brebaje con efectos educativos y divulgativos en el sur de la Vieja Europa. Y la vacuna visual contra los estereotipos que se tienen sobre África se patentó en Tarifa gracias a la mano firme de Mane Cisneros, directora del Festival de Cine Africano de Córdoba.

La suma de estas características, hicieron imprescindible un nuevo marco en el que poder acercar las circunstancias sociales, políticas y económicas de estos inmigrantes. Un nuevo espacio de reflexión y divulgación de esa otra África a través de la cultura y que el FCAT ha pregonado desde su comienzo gracias a la ecuación equipo-voluntarios-público. Una cita obligada con las cinematografías africanas tanto en la Península como en Europa. Una década que merece ser subrayada y tenida en cuenta por la labor de acercar en 35mm. al continente vecino sin frontera alguna.

 

Un tapiz con lo mejor del continente
Para esta edición que arranca hoy se proyectarán 70 filmes de temática africana y árabe procedentes de 32 países, entre los que destacan la presencia de producciones de Burkina Faso, Camerún, Nigeria o de Sudáfrica, una de las industrias cinematográficas más potentes y prometedoras del continente. Como ya ocurriera en ediciones anteriores, los cinéfilos podrán disfrutar de un nutrido número de películas senegalesas. Ejemplos de ello son filmes como Mille soleils, Tall as the baobab tree (realizada en coproducción con Estados Unidos), la ganadora en la pasada edición del Griot al Mejor Largometraje Documental Tey; o President Dia, del director William M’Baye al que pudimos entrevistar hace un año en Dakar.

Los títulos que se podrán visionar procedentes del Norte de África son los trabajos de jóvenes cineastas de Argelia, Egipto, Marruecos y Túnez muchos de ellos influenciados por las Primaveras Árabes  que han servido como telón de fondo. Además, estarán representados también 23 países más: Alemania, Angola, Arabia Saudita, Brasil, Canadá, Colombia, Ecuador, España, Estados Unidos, Etiopía, Francia, Gabón, Guinea Conakry, Guinea Ecuatorial, Kenia, Madagascar, Mauritania, Mozambique, Perú, Portugal, Qatar, RD Congo y Trinidad y Tobago.

Trailer de la película Something necessary dirigida por la keniana Judy Kibinge. Una parábola edificante sobre la expiación en contraste con la violencia mortal que siguió a las elecciones de 2007 en Kenia.

 

Estrenos
La programación fílmica del festival estará distribuida en ocho secciones oficiales, tres de ellas competitivas. En esta ocasión, serán 27 los títulos en las secciones a concurso: “El Sueño Africano” (largometrajes de ficción), “Al Otro Lado del Estrecho” (largometrajes documentales) y “África en Corto” (cortometrajes documentales y de ficción). Todas las películas que participan en las secciones a concurso afrontan su estreno en España en el FCAT Córdoba, excepto Yema (Argelia/Francia, 2012), que como ha ha subrayado la directora Mane Cisneros “por suerte o por desgracia, seguimos sin poder convencer a las distribuidoras españolas de que estas cinematografías pueden tener una salida comercial en nuestro país”.

Además, en las secciones no competitivas podremos ver en “La Caja de Pandora” una selección de películas de temática africana realizadas por cineastas occidentales; “África en Ritmo” reunirá una vez más los mejores títulos sobre danza y música africanas; “Carta Blanca al EDOC” nos acercará una muestra representativa de lo que fue el Festival de Cine Documental de Quito, con películas de temáticas afro-descendientes y “10 Fragmentos de un Discurso Amoroso Africano”, una sección planteada no sólo como un análisis antropológico sobre las prácticas amorosas o las manifestaciones del deseo en África, sino como toda una declaración de intenciones de la organización del FCAT Córdoba.

A estas secciones se suma una serie de sesiones especiales en la programación, entre las que se encuentra la proyección de la afamada La bicicleta verde, primera película realizada por una mujer en Arabia Saudí, Haifaa Al Mansour, que se estrenará en las salas cordobesas durante el festival.

Os dejamos el trailer de una película que rome con los tópicos y se atreve a desmontar el concepto de música africana. Un film sobre el desarrollo del estilo Metal en Angola como respuesta a los años de guerra prolongado que vivió este país. Death metal Angola, dirigido por Jeremy Xido en una coproducción de Estados Unidos y Angola.

 

El cine como industria
Por quinto año consecutivo, el FCAT Espacio Profesional estará dedicado a promover la cooperación entre los profesionales de los cines de África, España y el resto del mundo. Un año más, la Casa Árabe será el escenario, del 15 al 18 de octubre, del V Foro de Coproducción “África Produce” y una serie de conferencias y mesas redondas; así como los Aperitivos de Cine, encuentros entre cineastas, periodistas y estudiantes, donde se hablará en profundidad de las películas programadas en competición.

Actividades paralelas
FCAT Córdoba no se limita a las salas de proyección, como demuestra su amplio programa de actividades paralelas, entre las que se incluyen cuentacuentos, proyecciones en los distritos, la exposición de fotografía Malagorée: de puerto a puerto,de Javier Hirschfeld, y encuentros con distintas ONGs de la ciudad.

Cabe destacar una de las actividades  más novedosas previstas para esta edición y enfocada a jóvenes profesionales: se trata del “Curso‐taller de Crítica de Cine: Desafíos tradicionales, fatales omisiones y retos renovados de la crítica en el actual panorama interconectado y plurivocal”, que se celebrará en colaboración con el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) y el Programa ACERCA de Capacitación para el Desarrollo en el Sector Cultural de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) y que contará con la dirección del crítico Alfonso Crespo y con las clases magistrales de nuestra editora Beatriz Leal Riesco y el crítico de cine reconocidísimo por sus aportaciones a la literatura sobre las cinematografías africanas, el francés Olivier Barlet, entre otros.

La 10ª edición del FCAT se estrenará esta noche a las 21.00h. en el Teatro Góngora de la localidad cordobesa con la película del director mauritano Abderrahmane Sissako, La vie sur terre (1998).