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Los hipsters “lo petan” en África

Año 2016. Es sábado y en un bar de Maputo suenan los sudafricanos Mafikizolo desde un iPod de última generación. Una pareja se acerca a la barra y pide dos cafés. “¿De Etiopía, de Kénia o de Malaui?”, pregunta la camarera. “¿Nos lo traes a la terraza, por favor?”, piden los jóvenes antes de sentarse delante de la pequeña feria de artesanía y ropa instalada en el magnífico jardín de la cafetería. Una docena de niños y niñas corretean y juegan en la arena y los columpios mientras sus padres se socializan, compran, trabajan con sus ordenadores portátiles o saborean una Laurentina (cerveza mozambicana) fresca. Tirantes, barbas, peinados, boinas, pendientes, gafas de pasta, calcetines de colores, faldas y vestidos de estampados africanos y estilo vintage compiten a ver quién es el/la más cool.

Mismo día del mismo año: la escena se repite de manera muy similar en Nairobi. También en Accra. En Luanda. En Dakar. En Lagos. En Kinshasa… Y es que la moda hipster, un arquetipo demodé según los expertos en últimas tendencias en Occidente, arrasa en las principales ciudades africanas.

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La tribu hipster: radiografía de un fenómeno social urbano en África

Aparentemente bohemia y alternativa, una tribu de africanos modernos, urbanos y de clase media (aunque no necesariamente lo han sido siempre) puebla clubs, centros comerciales, festivales y eventos culturales que se producen en las ciudades del continente. Inconformista, esta tribu de jóvenes de entre 20 y 40 años son nostálgicos del África retro pero suficientemente contemporáneos como para hacer honra del individualismo de la era capitalista que les ha tocado vivir. Se sienten diferentes, especiales, por encima de la gran mayoría. Y en las colas de festivales cuyas entradas solo puede pagar la clase adinerada, se huele cierto narcisismo entre sus miembros.

El estilista ghanés Daniel Quist (conduciendo la scooter) y el pionero de la moda DJ Evans Mireku Kissi - más conocido como Steloo-, por las calles de Accra. and Kissi go for a spin around Accra, much to the surprise of some onlookers

El estilista ghanés Daniel Quist (conduciendo la scooter) y el pionero de la moda DJ Evans Mireku Kissi – más conocido como Steloo-, por las calles de Accra. Imagen de Reuters.

Se saben élite y están orgullosos de representar el tan aclamado Africa Rising. Y además han desarrollado un sentido de identidad urbanita que les confiesa amantes de sus ciudades. El “I Love NY” se traduce en “I love Jo’burg” (para Johannesburg) o “I love NRB” (para Nairobi) en camisetas y pegatinas enganchadas en MacBooks. Cosa que retroalimenta la construcción de ciudades-marca en África sin integrar a sus ciudadanos en el diseño o la construcción de dichas ciudades. Seguramente los hipsters africanos sean figuras de márketing publicitario excelentes. ¿Qué vende más al turismo y la inversión extranjera que mostrar una ciudad repleta de festivales, cafeterías y zonas de ocio pobladas por gente joven y guay? Además, como buenos urbanitas, repudian lo rural por ser demasiado vulgar para ellos y se sienten más conectados con lo global, viajando a otras ciudades antes que disfrutando de la naturaleza con la que cuente su país, a no ser que sea playa y puedan lucir sus cuerpos.

Algunos de ellos tejen discursos progresistas en tertulias nocturnas entre semana. Sin embargo, sus quehaceres son apolíticos por naturaleza y a menudo los debates giran en torno al último capítulo de la serie de HBO de moda o en criticar a activistas sociales de su misma urbe. En definitiva, practican nada más y nada menos que lo que se viene conociendo como postureo.

A medio camino entre protointelectuales que beben de los novelistas africanos más Pop y yuppies o esnobs (éticamente hablando), los hipsters de África suelen sentirse cómodos bajo el término acuñado por la escritora Taiye Selasie: Afropolita (nunca libre de críticas). Utilizan las redes sociales y las apps como principales compañeras de viaje, y se pasan el día twitteando ideas ingeniosas bajo hashtags como #IfAfricaWasaBar o #TheAfricaTheMediaNeverShowsYou (junto a otros no-hipsters a menudo más ingeniosos, críticos y socialmente comprometidos que ellos). Tampoco se olvidan de colgar selfies en su cuenta de Instagram. Objetivo: mostrarle al mundo por qué los jóvenes como ellos (guapos y exitosos) están orgullosos de quedarse en África y son felices no teniendo que migrar hacia otros puntos del Planeta. Ellos son África (también).

Afro-hipsters, Música y Cine: 

En enero de 2016, el americano de ascendencia nigeriana Alex Boye, lanzó su videoclip “African Hipster”, junto a la cantante Taylor Swift, a modo de tributo a sus fans africanos y como muestra de orgullo a sus raíces. La letra habla de algunos de los africanos más influyentes – Mandela, Fela Kuti, Idris Elba…-, insinúa que afroamericanos como Morgan Freeman o Barack Obama son también iconos de los hipsters africanos y cita comidas locales como el Fufu, bailes como el Azonto y enaltece a las estrellas cinematográficas de Nollywood.

El cine no ha tardado en hacerse eco del movimiento Afro-hipster como moda urbana representativa de una generación. La sudafricana Sara Blecher (Otelo Burning) se ha querido sumergir en Yeoville, un suburbio de Johannesburgo compuesto por sudafricanos multiculturales y emigrantes de todo el continente, para narrar una historia de superación personal en un contexto que refleja la lucha de géneros. Ayanda (2015), es la historia de una hipster veinteañera y creativa que se introduce en un “mundo de hombres” para restaurar coches de época.

 

Conclusión: 

La dificultad de definir lo que es ser hipster en Estados Unidos o Europa se traduce en África con la misma indefinición. Si bien el matiz contracultural con el que nació el término en los años 50 parece subyacer en el “hipsterismo” africano con el afán de liberarse de los estereotipos (pobreza, epidemias, falta de oportunidades,…) el tono burgués, consumista y globalizador tiene una fuerza indiscutible en el movimiento que encontramos en las urbes del Sur del Sáhara. Hijos, tanto como víctimas, del mercado global reflejado en su ropa y complementos, los hipsters africanos no son muy diferentes de los hipsters europeos o americanos. Sin embargo, mientras en Barcelona o Bogotá el movimiento es odiado por muchos, en Ciudad del Cabo o Kigali parece representar un perfecto bálsamo sedante para los jóvenes.

Zef: una cultura de apropiación

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3ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Clara de los Ángeles Sanchis Sarti

El término Zef no traspasó las fronteras de Sudáfrica hasta que el polémico grupo Die Antwoord consiguió que su videoclip Enter the Ninja se hiciera viral en 2009. ¿Cuántas personas conocían la existencia de la subcultura zef antes de que Die Antwoord llegara a las radios comerciales? Probablemente muy pocas, e incluso a día de hoy, serían escasos quienes fueran capaces de definir el significado y origen de esta forma de vida.

Vecinos de un suburbio de blancos pobres en Sudáfrica hacen cola para recibir comida de la beneficencia, en Krugersdorp, marzo de 2010. Se estima que un total de 450,000 sudafricanos blancos, de entre 4.5 millones de blancos que habitan Sudáfrica, viven debajo del umbral de la pobreza. Foto de REUTERS/Finbarr.

Vecinos de un suburbio de blancos pobres en Sudáfrica hacen cola para recibir comida de la beneficencia, en Krugersdorp, marzo de 2010. Se estima que un total de 450,000 sudafricanos blancos, de entre 4.5 millones de blancos que habitan Sudáfrica, viven debajo del umbral de la pobreza. Foto de REUTERS/Finbarr.

El concepto zef surgió en los 60 con una naturaleza peyorativa con la que las clases medias y altas se referían a los grupos de blancos pertenecientes a los estratos más ignorantes y desfavorecidos de la sociedad sudafricana, pero con la llegada de Die Antwoord a la industria musical, este término ha sido totalmente modificado y remoldado para pasar a representar -según afirma el grupo musical- una subcultura en su totalidad.

1962 Ford Zephyr Six-01Zef resulta de la contracción del nombre de un automóvil que fue popular en todo el mundo entre los 50 y los 70, el Ford Zephyr; en el sur de África estos coches solían ser propiedad de los miembros de la clase obrera blanca- considerados como white trash (basura blanca)- que solían modificarlos con todo tipo de elementos para mejorarlos. Así pues, el término surgió en las profundidades de la escena musical underground en Cape Flats, un suburbio de clase media en decadencia situado en el sureste de Cape Town, la capital legislativa de Sudáfrica; alguien Zef’ tenía un coche ridículamente trucado, bebía brandy con coca-cola de litro, se metía en peleas de bar y veía partidos de rugby.

La cultura Zef se vale del conjunto de características que la conforman para llevar a cabo una crítica social mediante sus máximos exponentes: a día de hoy el grupo de música rap-electro-rave Die Antwoord. Esta banda de tres integrantes se basa en premisas como las del intelectual galés Raymond Williams para crear una cultura que sirva como reivindicación proletaria frente a la burguesía del país africano: “si la mayor parte de nuestra cultura, en el sentido del trabajo intelectual e imaginativo, debe calificarse de burguesa, como lo hacen los marxistas, es natural buscar una cultura alternativa y denominarla proletaria”*.

Pero no solo se caracteriza por el compromiso social, sino que su máximo fuerte es el lenguaje, el uso de un idioma propio y característico de la cultura sudafricana: el Afrikaans. Esta particularidad permite reforzar la idea de que detrás de la música de Die Antwoord encontramos una subcultura en su totalidad; además, y de acuerdo con Williams: “para una cultura es sin duda de vital importancia que su lengua común no pierda fuerza, riqueza y flexibilidad; que sea, además, adecuada para expresar una nueva experiencia e iluminar el cambio’’**.

La imagen estética que Die Antwoord atribuye a esta cultura es muy particular y ellos mismos la caracterizan de ‘futurista’: un estereotipo de vestimenta vulgar, de bajo coste, pero que en su puesta en escena representa una imagen de lujo. Se basan en el uso de ropa barata y llamativa pero muy similar a aquella que vestirían los grupos más acomodados de la sociedad con el fin de ser socialmente críticos al afirmar que la clase obrera también puede hallarse sumergida en la modernidad. A través de la moda, Die Antwoord consigue representar una infinidad de valores que van dando forma a lo que ellos mismos acuñan como ‘cultura Zef’, que también se centra en aludir a la estratos sociales más desfavorecidos de Sudáfrica, donde hay problemas de racismo y educación, así como a la dura realidad de la drogadicción, la violencia, etc.

Die-Antwoord-OUno de los discos más conocidos de Die Antwoord es ‘$O$’, primer álbum del grupo, que fue publicado en 2009. Ya solo con la estética del álbum, podemos hacernos una idea de la simbología del mismo: unas siglas que designan a la palabra socorro, pero escritas con la ‘$’ en representación del dinero. Se trata de un álbum que mezcla elementos inverosímiles con otros cargados de una gran crudeza; a su vez, el grupo se decanta por el trato de temáticas relacionadas con las drogas, el machismo o la enajenación a través de las cuales intentan representar cómo es actualmente la vida en Ciudad del Cabo, cuya realidad está fuertemente marcada por las consecuencias del Apartheid y las condiciones históricas del último siglo.

tenion-4f8dd32f5e4aeTambién cabe destacar su siguiente álbum llamado ‘Ten$ion’,- centrado en la música rave y publicado en 2010- y que les permitió forjar su sitio e influencia sobre el público internacional haciéndolo llegar a un estado de clímax y baile a través de su escenografía y estilo musical.

La cuestión que resulta al observar esta tan clara proclamación de la cultura zef como Die Antwoord es: ¿existe realmente la subcultura zef o no es más que una apropiación de diferentes valores culturales para crear una imagen pública? Lo que han hecho, básicamente, es adueñarse de objetos y referencias culturales con el fin de crear la identidad de sus ‘personajes’. Estas creaciones difieren de quienes realmente son, lo que recuerda al término anglosajón culture vulture. Pero este término se convierte en algo incluso más turbulento y problemático en el caso de Die Antwoord, cuando el grupo traspasa el límite de ‘copiar un estilo de moda’ para arraigar sus orígenes en las tensas relaciones raciales del Apartheid, momento en el que se originó el término que define su cultura.

Además, puede afirmarse que la cultura zef actúa de una manera contradictoria, pues a la vez que expresa claramente las diferencias respecto a sus subculturas ‘paternas’ (hip-hop/rap afroamericano y sudafricano), se apoya en sus estructuras hegemónicas para penetrar en la economía musical global y la cultura popular, por lo que zef es una noción de subcultura derivada y arraigada a una supremacía cultural. Así pues y como bien afirma Hebdige citando a Hall: “esos mapas de significado están cargados de una transcendencia potencialmente explosiva porque están trazados y retrazados siguiendo las líneas establecidas por los discursos ‘dominantes’ sobre la realidad, las ideologías ‘dominantes’. Así que tienden a representar, por oscura y contradictoriamente que sea, los intereses de los grupos ‘dominantes’ de la sociedad”***.

Al estudiar de cerca a este grupo musical y sus formas de expresión, el concepto de cuerpo grotesco acuñado por Mikhail Bakhtin- que es utilizado para referirse la alteración del estilo dominante, la autoridad o la jerarquía cultural a través del uso del humor, el caos, la parodia y la sátira- no puede ser obviado, pues se trata de algo que Die Antwoord abarca y acoge en sí. Esta teoría, que se asocia en muchas ocasiones a la música rap y el hip-hop, (pues acuden a la parodia, el humor y el caos para poderse ‘tragar’ y que sus letras no resulten tan serias y malsonantes como lo son) nos ayudan a discernir como los significados asociados con la semiótica son renovados y transformados para significar algo nuevo, de acuerdo a la ideología de los integrantes del grupo sudafricano.

El signo más repetido y más obvio es el propio término zef, y la ‘cultura’ que dice englobar en sí, un concepto utilizado como creador de significado. Como objeto cultural, el término de jerga es reorientado y dotado de un nuevo sentido acorde a los propósitos de la subjetividad subcultural de Die Antwoord. De hecho, el video titulado Zef Side -corto que presentan como una explicación de lo que es y significa ser zef- acaba siendo de todo menos eso: en vez de explicar, la banda actúa y representa esta subcultura como una apropiación de la imaginería de Cape Flats, el lenguaje Afrikaans, un estilo de vestir y una actitud, un conjunto de símbolos de la cultura urbana de Cape Town que cobran un nuevo significado dentro del paisaje visual de la realidad que el grupo considera conveniente. Aun así, Die Antwoord y toda la experiencia que rodea al grupo musical, se ha convertido en un diccionario semiótico andante donde hay cabida como para toda crítica y que ha permitido una visualización internacional de la vida suburbana de la Suráfrica del post-Apartheid.

BIBLIOGRAFÍA
-Arderne, Mia. A Taxonomy of Youth culture in Cape Town, 2013. http://matadornetwork.com/life/a-taxonomy-of-youth-culture-in-cape-town/
-Barthes, Roland. El sistema de la moda. 1967 Barcelona: Paidós, 2005
-Bishop, Marlon. How a tacky, embarrassing afrikaaner subculture became cool. MTV, 2011 http://www.mtviggy.com/articles/thats-zef-the-true-story-behind-die-antwoords-mysterious-style/
-Borner, Nick. What is Zef?, 2014. https://internationalmedia475.wordpress.com/2014/03/31/what-is-zef/
-Charry, Eric. Hip Hop Africa: New African music in a globalizing world, 2012. Aceso online: http://site.ebrary.com/lib/universvaln/detail.action?docID=10604288
-Hall, Stuart. “Codificar/decodificar”. En: Culture, Media, Language. Working Papers in Cultural Studies, 1972-79. Londres: Routledge&The CCCS University of Birmingham, 1996
-Hebdige, Dick. Subcultura: El significado del estilo. 1979 Barcelona: Paidós, 2004
– Jonshon, R. W. Historia de Sudáfrica: el primer hombre, la última nación. Barcelona: Debate, 2005
-Lucking, Jacky Post-apartheid Afrikaner Subculture: Dress Style Identities, 2014, acceso online: https://www.inter-disciplinary.net/critical-issues/wp-content/uploads/2014/08/luckingfashpaper.pdf
-Swank, Allison. What is Die Antwoord ‘The Answer’ To?, 2011. http://www.okayafrica.com/stories/what-is-die-antwoord-the-answer-to/

-Williams, Raymmond. Culture and Society, 1780-1959. Nueva York: Columbia University Press, 1958

 

“My Nigeria” para el resto del mundo

AlJazeera lanza una serie documental de 6 capítulos para mostrar la cara más humana y creativa de Nigeria.

AlJazeera lanza una serie documental de 6 capítulos para mostrar la cara más humana y creativa de Nigeria.

Nigeria siempre es sinónimo de titulares. Pero su marca se encuentra desgastada, desdibujada y desprovista de cualquier serenidad aparente en los medios internacionales. Un país que desde lejos se presenta borroso y difícil de explicar a los ojos contaminados de sobreinformación. Una nación dentro de varias realidades y poderes donde los de casa buscan cobijo fuera y los de más allá (léase Estados Unidos) aprovechan la parte del pastel negro: petróleo y dólares.

Unos 173 millones de vidas (según datos del Banco Mundial) viven en el país más rico de África que cuenta con Nollywood, su industria cinematográfica considerada como la segunda del mundo en niveles de producción por detrás de la de la India (Bollywood) y por delante de Hollywood. Nigeria es también uno de los estados africanos más dinámicos a nivel de telecomunicaciones: en el año 2000, Internet World Stats contabilizó unos 200.000 usuarios; las últimas cifras son de 2011 y se estimaron unos 45 millones.

Pero Nigeria también es uno de esos países donde el despropósito del sistema-mundo se hace presente en todo su esplendor. La Oficina Nacional de Estadísticas dijo que en el 2010, el 60,9% de los nigerianos vivían en la pobreza absoluta. Y la cifra ha ido en aumento ya que la estimación en el 2004 fue de un 54,7%. La otra cara de la moneda tiene que ver con el petróleo. Nigeria es el mayor productor de África lo que ha atraído a una de las tasas de multimillonarios más elevadas del mundo (dos de los cinco top millonarios africanos son nigerianos y hombres).

Una de las imágenes utilizadas por AlJazeera para promocionar la serie My Nigeria.

Imagen de Kate Henshaw, conocida en el mundo de Nollywood por sus más de 70 películas y que decidió dejar el mundo de la ficción para pasar a la acción política.

Dos ejemplos para ilustrar. Porsche abría en 2012 en Nigeria su segundo concesionario en el continente tras Sudáfrica, esperando unas ventas anuales de 300 deportivos que rondan entre los 95.000 y 140.000 euros. El otro caso es el proyecto Eko Atlantic City, la construcción de una auténtica ciudad paralela a Lagos, que pretende anidar a un cuarto de millón de personas, en su mayoría, multimillonarios.

 

El eco de Aljazeera en el continente

Quizás por todos estos motivos el canal catarí AlJazeera pretende mostrar una realidad lo más aproximada posible a este gigante africano. A través de su nueva serie documental de seis capítulos tratará de contar las historias de la gente de a pie de la primera economía de África.

Cada capítulo se centrará en un personaje central que nos invitará a entrar en su mundo y mostrarnos su visión de Nigeria –de ahí el título de la serie My Nigeria– durante 30 minutos: desde el cómico Basketmouth, a la estrella de Nollywood convertida ahora en política, Kate Henshaw; desde el experto en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) Gbenga Sesan, hasta la diseñadora de moda Deola Sagoe; o desde el entrenador de fútbol Femi Bamigboye, a la mecánica Sandra Aguebor.

Otra de las imágenes promocionales de la serie My Nigeria

Otra de las imágenes promocionales de la serie My Nigeria

Los encargados de la producción son los directores sudafricanos Brian Tilley y Clifford Bestall y muestran ese dato estadístico que deslumbra: Nigeria es el hogar de uno de cada cinco africanos. Por lo que para avanzar más allá de los estereotipos sobre el continente parece que no hay un lugar mejor que Nigeria. La idea de los sudafricanos al mando parece clara: por cada noticia sobre la corrupción o el extremismo, hay millones de nigerianos que realmente mueven a esta gran potencia africana. Las descripciones de los episodios individuales siguen a continuación:

1. Basketmouth: hablando claro. Se estrenó el 24 de agosto.

Basketmouth es posiblemente el cómico más exitoso de Nigeria. Nacido y criado en el conocido suburbio de Lagos, Ajengule, descubrió su don para la comedia por casualidad. Y desde entonces no ha parado de dar su opinión de Lagos desde un punto de vista optimista, irreverente y desafiante.

2. Kate Henshaw: del cine a la política. Se estrenó el 31 de agosto.

Kate Henshaw, conocida en el mundo de Nollywood por sus más de 70 películas, decidió dejar la ficción para pasar a la acción política. Kate quiere cambiar cómo están representadas las personas en su ciudad natal de Calabar, en el sur de Nigeria.

3. Gbenga Sesan: el gurú de las TIC. Se estrenará el 7 de septiembre.

A Gbenga Sesan se le negó el acceso a la sala de informática de su escuela porque según los profesores no era lo suficientemente inteligente como para trabajar con un ordenador. Sin embargo, unos años más tarde, Gbenga es uno de los expertos en TIC del país con varios premios internacionales a sus espaldas y una empresa de consultoría. Parte de su fortuna la está destinando a la enseñanza de las TIC y a la preparación para ello de los jóvenes en los barrios más pobres de Nigeria.

4. Deola Sagoe: la diseñadora top. Se estrenará 14 de septiembre.

La moda de Nigeria ha estallado adornando las pasarelas de Nueva York, Johanesburgo y Mónaco. Parte de este éxito se debe a la persistencia de la diseñadora Deola Sagoe que ha tenido que ir contracorriente contra su padre Ade Ojo, un poderoso hombre de negocios que la ha desalentado activamente.

5. Femi Bamigboye – hombre de la localidad. Se estrenará el 21 de septiembre.

Femi Bamigboye es el entrenador y fundador de la Academia de Fútbol de Remo en la pequeña localidad de Iperu. Femi ha logrado producir una cantera de jugadores jóvenes que representan a Nigeria al más alto nivel, un logro si se tiene en cuenta que el país tiene más de 173 millones de personas. Además, Femi no es sólo un entrenador de fútbol, sino un pastor que cada domingo predica bajo el cobertizo de su iglesia en medio de la espesura del bosque que rodea Iperu.

6. Sandra Aguebor: la primera mecánica del país. Se estrenará el 28 de septiembre.

Sandra Aguebor es la primera mujer mecánica de Nigeria. Creció en la ciudad de Benin, en el seno de una familia polígama en la que su madre la desalentó desde pequeña: las tardes de ocio las pasaba arreglando motores en lugar de hacer las tareas que el sistema patriarcal ha asumido que tienen que desempeñar las mujeres. A pesar de las adversidades, ha implementado la creación de una red de mujeres mecánicas que se está diseminando de ciudad en ciudad con el foco puesto en las trabajadoras sexuales, huérfanas y víctimas del tráfico ilegal. Su Lady Mechanic Initiative se ha extendido ahora al norte con su primer proyecto en Kano, donde la respuesta de las mujeres musulmanas no tiene precedentes.

Telenovelas turcas para las pantallas africanas

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Siglo Magnífico (Muhteşem Yüzyıl). Es un drama de época ambientado en el mundo del otomano Solimán I. Se ha vendido a 47 países.

*Artículo publicado en el Boletín del Centro de Estudios Africanos

Parece que en las televisiones de todo el Oriente Medio, los Balcanes y más allá, la cultura turca moderna en forma de telenovelas nunca había sido tan popular. Ahora, estas series se han introducido como parte de la estrategia de diplomacia pública que el país está ejerciendo en el continente africano desde hace algunos años. En el mundo árabe tienen una buena acogida pero desde una lectura pormenorizada se observa un claro intento de occidentalizar prácticas tradicionales y homogeneizar las culturas a través de la pequeña pantalla.

Las telenovelas turcas han evolucionado gradualmente hasta convertirse en una herramienta de gran alcance usada para exportar la cultura, influir en las masas y atraer la curiosidad. Disponible en todos los países de Oriente Medio, África del Norte, los Balcanes y Europa del Este, dobladas o subtituladas, estas series se encuentran en un momento de máxima expansión y han iniciado, también, su camino hacia el África subsahariana. El distribuidor turco Kanal D, líder de radiodifusión y contenido, ha otorgado una licencia a la compañía china Start Times, una de las principales plataformas de televisión de pago en la región, para la emisión de dos de sus mini series: Amor (13 capítulos x 90 min.) y Secretos (18 capítulos x 90 min.). Esta es la primera vez que las series turcas se han abierto camino en las pantallas de televisión de pago del África Subsahariana.

Turquía ha aprovechado la popularidad de sus telenovelas para exportar y promover su “marca nacional”: un paisaje exótico, hermosos actores y actrices, apasionadas y peligrosas aventuras amorosas, y un país atrapado entre la tradición y la modernidad, la historia y la actualidad, la opresión y la independencia, el Este y el Oeste. Pero al mismo tiempo, utiliza este formato para adoctrinar de forma subliminal ya que el contenido y la forma de presentación se encuentran ligados entre sí de forma inseparable. Las telenovelas turcas han arrojado luz sobre una serie de cuestiones socio-religiosas que también sobrevuelan en el mundo musulmán como son la violación, la igualdad de género, el matrimonio infantil o el adulterio.

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Ask (Amor) será una de las series turcas que se comenzarán a emitir en las pantallas africanas con un total de 13 capítulos de 90 minutos.

Las tendencias recientes han revelado una cultura neo-cultivada de empoderamiento de las mujeres a través de los medios de comunicación social. Quizás el ejemplo más evidente tuvo lugar el año pasado cuando el viceprimer ministro de Turquía anunció que las mujeres no debían reírse en público. Miles de mujeres inundaron los medios de comunicación social con fotos de sí mismas riendo, mientras que más de 300.000 tuits utilizaron la palabra risa en turco.

Otros fenómenos similares en el que estos productos se convierten en un éxito a nivel mundial se han observado en otras plazas emergentes. Por ejemplo, la India (Bollywood) y Nigeria (Nollywood) están dominando la industria del cine mundial, mientras que América Latina es uno de los mayores productores de telenovelas en el mundo. Estos mercados tienen presentes las historias globalizadas de Hollywood pero se identifican con los medios de comunicación realizados por ellos y para ellos ya que se han adueñado de sus propias imágenes.

Secrets (Secretos) es otra de las series que está previsto que conquisten las audiencias adictas a las series en África.

Secrets (Secretos) es otra de las series que está previsto que conquisten las audiencias adictas a las series en África.

El irresistible poder (subliminal) de las telenovelas

En cualquier barrio de Nairobi, Lagos o Abidján la hora de la telenovela es sagrada. Calles vacías. Y quizás sea una palabra que nos provoque cierta alergia intelectual cuando nuestro imaginario recurre a alguna historia de amor frustrado donde con acento venezolano o mexicano se tiran los trastos a la cabeza. Sin embargo, en un ejercicio de autocrítica, si piensas que eres inmune a este género, la prueba sería ver una telenovela egipcia. La risa e incomprensión durante el episodio está asegurada. Pero no será trivial. Y al final, el efecto habrá calado en ti sin percibirlo porque te encontrarás preguntándote: ¿matará Maimouna a su hermana gemela malvada? ¿Aprenderá Omar a leer para ser aceptado en la familia de clase alta de su amada?

En el caso de las telenovelas turcas Amor y Secretos que se introducirán en las televisiones de pago africanas, tienen un atractivo que va más allá de un amplio espectro social. Los espectadores van desde gente de alto nivel a los que tienen poca o ninguna educación formal. En Oriente Medio no es diferente. Aunque los hombres pueden negar que ven telenovelas, ellos caen también absortos. De hecho, más de 80 millones de personas desde Casablanca a Riad, y con puntualidad inglesa, incrementan las cifras de audiencia, especialmente durante el mes de ayuno del Ramadán. En el pasado, y en la tradición árabe, se dedicaba un espacio de distracción después de la ruptura del ayuno para escuchar al “Al-hakawati” o cuentacuentos. Ahora, las telenovelas cumplen el mismo papel que el “hakawati” y en los canales satélites árabes ya existen dramas que duran 30 episodios, uno por cada noche de Ramadán, cuando las familias enteras se reúnen.

Las telenovelas pueden jugar el mismo papel que los mitos y las fábulas han tenido a lo largo de la historia. Mediante la introducción de una cuestión social fundamental en la narrativa, estos dramas pueden pasar de ser simplemente “entretenimiento” para convertirse en “entretenimiento educativo” o, como lo denominan algunos especialistas, en “edutainment” (del inglés education + entertainment). No obstante, en este artículo optamos sencillamente por el concepto ya mencionado de adoctrinamiento, en unos casos con efectos muy positivos para los creadores.

En Sudáfrica, por ejemplo, tras un drama televisado (en el vídeo de abajo) que abordó las prácticas sexuales, se demostró que los espectadores que habían seguido la telenovela fueron cuatro veces más propensos a utilizar preservativos que los que no la vieron. La inscripción en los cursos de alfabetización aumentó nueve veces en la Ciudad de México después de la emisión de una serie cuya historia se centraba en la importancia del aprendizaje de la lectura. En el otro extremo se encuentra el ejemplo del estado norteamericano de Colorado, donde el número de familias de bajos ingresos que solicitaron un seguro médico infantil aumentó drásticamente después de una telenovela que destacaba su importancia. En este último ejemplo, se observa también el poder de grandes lobbies que financian estos guiones para intentar vender un determinado producto.

Incluso los temas que se consideran tabúes pueden ser adoctrinados en el universo ficticio de las telenovelas. Pueden ayudar a disminuir el estigma que rodea a ciertos temas sin ser social o culturalmente intrusivos como parte de esa diplomacia pública, de ese soft power. Y en el mundo árabe ya se han comenzado a cuestionar. En Jordania, por ejemplo, hay varias telenovelas que retratando la vida tradicional de la aldea han explorado cuestiones altamente sensibles como los crímenes de honor y las tensiones entre las formas tradicionales y modernas de vida.

¿Por qué ahora las series turcas en África?

Mucho se ha comentado y escrito sobre la presencia de China en África. Pero poco de Turquía que se ha convertido en un generoso donante para las crisis humanitarias en todo el mundo durante los últimos cinco años, especialmente en el contexto africano. En 2011, la Ayuda Oficial para el Desarrollo (AOD) cayó en 16 países del CAD, mientras que la AOD neta de Turquía aumentó en más de un 38%.

Tras la cumbre Turquía-África en Estambul en agosto de 2008, la Unión Africana declaró a Turquía como un “socio estratégico” y en mayo de 2010, Estambul fue la sede de la cuarta Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Países Menos Adelantados (PMA). La segunda cumbre Turquía-África se celebró en noviembre de 2014 en Malabo (Guinea Ecuatorial) y se acordaron planes de actuación para el periodo comprendido entre 2015-2019.

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Aunque Turquía es relativamente nueva en los círculos de la política, el comercio y la ayuda en el continente africano, ya ha ampliado su área de influencia mediante la vinculación de sus herramientas de poder blando como la red de transporte, el comercio y la educación para tenerlas cerca de su ministerio de exterior. La simplificación de la jugada estratégica sería de este modo: una vez que un país africano se identifica como prioritario por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía, se establecerá una presencia diplomática, la compañía Turkish Airlines lanzará un destino de vuelo y los vínculos económicos estarán formados por empresas turcas globalmente activas en la región.

En segundo lugar, la religión (Islam) ha jugado un elemento legitimador importante al ser un área en la que tanto los occidentales como los chinos no han tenido la oportunidad de entrar. Es con esta clave con la que debe interpretarse la llegada de series turcas al territorio africano. Su éxito o fracaso dará forma y afectará la iniciativa global que tiene Turquía para África, y cómo los africanos verán a Turquía en los próximos años. Lo que a primera vista puede parecer un producto de entretenimiento ligero, las telenovelas turcas, en este caso Amor y Secretos, forman parte de una estrategia de largo recorrido y actuarán como una poderosa herramienta con su enorme alcance y popularidad para intentar influir en las actitudes y prácticas sociales.

Imagen del Primer foro de cooperación entre Turquía y África celebrado en Estambul en 2011.

Imagen del Primer foro de cooperación entre Turquía y África celebrado en Estambul en 2011.

Algunos ejemplos de éxito de telenovelas turcas

Silver (Gumus / Noor): El profundo amor entre una chica pobre y un marido rico. Vendido a 56 países.

Siglo Magnífico (Muhteşem Yüzyıl): Drama de época ambientado en el mundo del otomano Solimán I. Se ha vendido a 47 países.

Forbidden Love (i Ask-Memnu): Pasiones prohibidas en una mansión en el Bósforo. Vendido a 46 países.

1001 Nights (Binbir Gece): Una madre acepta una propuesta indecente de su jefe para pagar el tratamiento del cáncer de su hijo. Vendido a 46 países.

La caída de las hojas (Yaprak Dökümü): Una familia muy unida llega a Estambul para enfrentarse a muchos desafíos. Se vende a 45 países.

¿Cuál es el Delito de Fatmagül? (¿Qué culpa tiene Fatmagül?): Fatmagül es violada, y se casa con Kerim que erróneamente se cree ser el autor del crimen. Se vende a 37 países.

Cómo reventar los mitos de África a través del audiovisual

Una serie documental de la nigeriana Nosarieme Garrick pretende combatir los estereotipos del continente a través de historias de éxito de jóvenes africanos.

Una serie documental de la nigeriana Nosarieme Garrick pretende combatir los estereotipos del continente a través de historias de éxito de jóvenes africanos.

Artículo original publicado en El País-Planeta Futuro.

A pesar de que cada vez son más las publicaciones en papel y online que tratan de mostrar una cara más ajustada a la realidad del continente africano, por ejemplo, en español (Afribuku, África no es un país, Guinguinbali, Mundo Negro, Fundación Sur o Wiriko), los estereotipos que se ciñen sobre África parecen seguir de forma general un patrón determinado. Para el lector medio que nunca ha pisado el continente, su información proviene en gran parte de los medios de comunicación donde se reúnen imágenes de la pobreza y la guerra, el contexto más típico sobre el que se discute África. Una fotografía muy parcial para un continente de 54 países.

Según la última encuesta del grupo consultor Ernest & Young para 2014, esta percepción también se deja notar en el área de los negocios. Se distingue una diferencia entre las empresas ya establecidas en África, palpando la realidad, y las que aún no operan en el continente. “Un gran número de inversores potenciales extranjeros siguen considerando al continente africano como un destino de alto riesgo. Sin embargo, este punto de vista se basa a menudo en las percepciones de hace 20 o 30 años”.

Y aquí es donde se encuadra el proyecto My Africa is (Mi África es) un esfuerzo de colaboración para seguir y compartir las historias de agentes de cambio a lo largo de 13 ciudades en el África subsahariana. Su creadora, Nosarieme Garrick, lo explica de la siguiente manera: “Pretendemos que el proyecto actualice esas perspectivas que han sido guiadas por los medios de comunicación occidentales y que perduran en el imaginario desde, sobre todo, los años 80. El objetivo prioritario es tomar el control de nuestra historia, y la restauración de la dignidad y la identidad de nuestro continente

Garrick es nigeriana, escritora, activista y una empresaria que pretende aportar su granito de arena crítico. Ya en 2010, fundó Vote or Quench, una campaña de capacitación para los jóvenes de su país sobre la importancia del voto. Y My Africa is comienza precisamente en su tierra natal. En las redes sociales todavía suenan ecos de la campaña con millones de seguidores de #BringBackOurGirls (en realidad, un grito de protesta de la sociedad civil y no de las celebrities) contra el secuestro de más de 200 niñas por el grupo fundamentalista Boko Haram en Chibok (al norte). Detrás, queda la marca Nigeria. Desgastada, desdibujada y desprovista de cualquier serenidad aparente. Un país que desde lejos se presenta borroso y difícil de explicar.

Pregunta. ¿Por qué piensas que ocurre esto?

Respuesta. Siendo nigeriana, creo que es importante que los medios de comunicación hablen de Boko Haram, sin embargo, cuando sólo hablan de este grupo y nada más, las noticias son sacadas fuera de contexto. Se ha creado esta idea de que la comunidad musulmana de Nigeria es fundamentalista, cuando en realidad, Boko Haram es una parte minúscula de personas dementes que resultan ser musulmanes. Todo esto contribuye a la teoría del miedo en torno al Islam. Si se contaran más historias alrededor del Islam en Nigeria, o de Nigeria en general, no habría esta desinformación.

P. En tus primeros vídeos muestras tres historias inspiradoras de Lagos: la del fotógrafo Lakin Ogunbanwo; la del arquitecto, Kunle Adeyemi, quien está detrás de la escuela flotante de makoko; o la de Bilikiss Abiola, uno de los fundadores del colectivo WeCyclers. Todas lideradas por jóvenes. ¿Por qué crees que es importante contar las historias de los jóvenes africanos?

R. El 40% de la población de África tiene menos de 15 años y va a tener un gran impacto en el desarrollo del continente. Queremos empoderar a las personas que cubrimos para compartir sus historias con un público más amplio y darles una plataforma de visibilidad. En resumidas cuentas, queremos inspirar a otros jóvenes de África en el continente y crear una oportunidad para que aprendan unos de otros. Pensamos que al mostrar su capacidad de recuperación, así como la forma en la que están innovando, vamos a llegar a la gente para empezar a pensar de manera diferente sobre el cambio y el desarrollo.

P. Entonces, Nosarieme, ¿por qué crees que hay un discurso negativo sobre África?

R. La historia de África ha sido controlada por los medios de comunicación occidentales durante mucho tiempo. Los periodistas que entran en África vienen con un orden del día. Las historias tristes e impactantes generan más ruido y al final, la gente se ha acostumbrado a ver el continente africano con una luz específica, gracias a estos medios y a anuncios de televisión con el eslogan “Alimente a un niño africano”. Se necesita un cuentacuentos africano para proporcionar una visión personal y alternativa que pueda combatir estos estereotipos.

P. ¿Qué acciones propones para romper estas narrativas negativas que emplean una gran mayoría de medios de comunicación?

R. Creo que la simple necesidad de África de contar sus propias historias y de hacer uso de las redes sociales para ponerse enfrente de tanta gente como sea posible. No se trata de cambiar la narrativa negativa, sino de diversificar los discursos para que las personas entiendan que el continente africano no es un gran país homogéneo.

P. Es un proyecto que, después de Nigeria y Senegal, pretende cubrir al menos otras 10 ciudades y aunque el objetivo inicial era mostrar 13 urbes en seis semanas, los planes han cambiado a expensas de más financiación. Sin embargo, ¿no entra en tus planes grabar las iniciativas que tienen lugar en las zonas rurales?

R. Las zonas rurales son importantes, pero hay una urbanización masiva en varios países africanos, lo que nos permite obtener una representación más completa de la gente. Así que he empezado como puedo, con la esperanza de ampliar el proyecto a más y más lugares.

P. ¿Un sueño para 2015?

R. Las elecciones libres y justas en Nigeria.

Ebène Duta, de Facebook a las páginas del cómic

Joëlle Ebongue, conocida como Elyon's. Foto cedida

Joëlle Ebongue, conocida como Elyon’s. Foto cedida

Elyon’s ha desafiado a la industria editorial y, de momento, le está ganando la partida. Es la autora de un cómic sobre la vida diaria de una joven africana lejos de su tierra y sus aventuras son casi un catálogo de prejuicios ridiculizados y desmentidos. El mérito de la autora camerunesa es que ante las puertas cerradas para la edición de su trabajo ha puesto el ingenio y se ha sometido al juicio más legítimo, el del propio público, hasta que ha conseguido autopublicar su álbum, gracias a la financiación de sus incondicionales. La vie d’Ebène Duta (LVDD) ha surgido casi por aclamación popular y eso supone un éxito extra.

Esta autora camerunesa tiene para La vie d’Ebène Duta un aval más poderoso que cualquier premio. La publicación de su primer álbum es sólo posible por la aprobación de sus seguidores. En enero de 2011 Ebène Duta nacía como el personaje destinado a animar el blog de su autora. Poco más de seis meses después, la joven africana residente en Bélgica daba el salto a Facebook y a través de su página oficial empezaba a mostrar las aventuras y desventuras de una inmigrante que despierta a la vida y se enfrenta a una cultura y a una forma de vida diferente a la propia.

Su existencia virtual y el continuo aumento de sus seguidores hizo que Elyon’s lanzase la apuesta definitiva. Todo el mundo se lo estaba pidiendo a través de la red social y esta dibujante licenciada en filología francesa e inglesa se debe a su público. La joven Ebène Duta tenía que dar paso a la mayoría de edad y pasarse al papel. Elyon’s estaba resuelta había que publicarlo y si las editoriales no estaban dispuestas a darle una oportunidad, el público tenía que decir la palabra definitiva. Hace ahora poco más de un año, el 25 de noviembre, la autora camerunesa lanzó una campaña de micromecenazgo. Pedía 12.500 euros, una cantidad nada fácil de conseguir en una iniciativa de este tipo. La cifra debía reunirse en aportaciones de los seguidores de entre 5 y 400 euros, a cambio de diferentes recompensas.

Ella misma advierte que no estaba segura de conseguir el objetivo y tenía motivos para dudar. La iniciativa de Elyon’s apenas era un sueño y sin ningún apoyo destacable, justo un deseo personal. Noventa días después, ese era el plazo que daba la plataforma para reunir el dinero, el proyecto de edición de La vie d’Ebène Duta no recaudó 12.500 euros, eso lo consiguió cinco días antes del final del plazo. Cuando concluyó la campaña, Elyon’s tenía 15.149 euros para editar 3.000 ejemplares de La Vie d’Ebène Duta en francés e, incluso, 2.000 más en ingles. La joven autora camerunesa había conseguido su sueño. Ningún editor había querido arriesgarse a llevar a Ebène Duta al papel, a pesar de sus 10.000 seguidores en Facebook; pero 424 seguidores no sólo depositaron su confianza en la dibujante sino que apoyaron económicamente su proyecto.

Elyon’s, la firma tras la que está Joëlle Ebongue, reconoce a medias que Ebène Duta tiene mucho de ella. Esta camerunesa se licenció primero en filología inglesa y francesa en su país de origen, siguiendo el consejo de sus padres. Después viajó a Bélgica, siguiendo sus propios impulsos, y se licenció en artes gráficas visuales mientras desempeñaba diferentes trabajos. Cuando volvió a Camerún trabajó como grafista y como creativa en una agencia de publicidad hasta que decidió dedicarse a su pasión, como ella misma lo define, “ser autora de comics humorísticos”. Sin duda su periplo en el país europeo está en la base de las aventuras de Ebène Duta, aunque su creadora afirma que se alimenta también de las historias que le cuentan amigos y conocidos y de cosas que lee.

La dibujante Elyon's. Foto cedida.

La dibujante Elyon’s. Foto cedida.

En todo caso, la protagonista de las historietas es una joven africana en Europa que debe enfrentarse a una vida lejos de su lugar de origen y también a cómo ven los europeos a los africanos. La joven Ebène hace frente a problemas de su edad como no sentirse a gusto con su cuerpo o a las complicadas relaciones con los hombres y con sus amigas. En Bélgica, hace frío, hay nieve y, sobre todo, europeos con una visión muy particular de los africanos, como el niño que se pregunta si Ebène es negra desde su nacimiento y al enterarse de que sí, sobreentiende que su país debe ser un lugar muy sucio; o la compañera de clase que se asombra de que una camerunesa hable tan bien el francés. Así que Ebène es la voz de las jóvenes, la de las mujeres, la de las migrantes, la de las soñadoras y la de las africanas y, además de retratar la vida, rompe estereotipos.

Elyon’s explica que cuando buscaba editor, sus interlocutores, por ser una autora camerunesa, esperaban que en sus páginas hubiese paja, o piraguas o cauris como moneda, ante la negativa se mostraban desilusionados. Entonces pedían, como mínimo que la protagonista fuese una “sin papeles”, pero no es así, Ebène Duta tiene toda su documentación en regla y, entonces, por arte de magia, el cómic dejaba de ser africano para ellos. Y sin embargo, contra el criterio de todos esos expertos en publicaciones, la joven Ebène ha conseguido que millares de personas se identificasen con sus desventuras y más de 17.000 en 43 países siguen sus evoluciones en Facebook.

Sin tener detrás una editorial importante, Elyon’s ha despertado el interés y ha sido requerida por medios de comunicación diversos en Camerún y Francia, fundamentalmente, pero también en otro países y se ha paseado por salones del cómic, desde Angouleme a Argel. Lo ha conseguido, fundamentalmente siendo apasionada en su trabajo y cuidadosa en sus relaciones, se alimenta en gran medida de los comentarios de sus seguidores, les atiende, les responde, les explica cómo trabaja, les presta atención e, incluso, le ha animado a reproducir a los personajes de La vie d’Ebène Duta con sus estilos propios.

Elyon’s y Ebène Duta rompen todos los esquemas imaginables, los culturales en las páginas del álbum, pero también los de la industria editorial y los de los sistemas de publicación en su proyecto, y los de las relaciones entre los lectores y los autores en su día a día. Si Ebène Duta despierta interés, Elyon’s desprende magnetismo y, sobre todo, ninguna de las dos despiertan faltas expectativas.

¿Quién quiere ser voluntario en África?

Nada mejor que el humor para ejercer la crítica mordaz. Esa que duele y, tras la risa, provoca la autocrítica. No se trata de la flagelación sin piedad, sino de mirar al espejo y observar lo que proponen los creadores de campañas publicitarias que apelan a la fibra sensible. El año pasado alcanzaron el objetivo de tener una gran repercusión tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales con la campaña Let’s Save Africa! (¡Salvemos África!) al igual que con la rompedora Africa for Norwey (África por Noruega). Este vídeo retrataba los estereotipos y clichés más clásicos en los anuncios de las grandes fundaciones y ONG. Así daba comienzo la primera edición de los Award Rusty Radiador (Premios Radiador Oxidado), unos premios en el que un jurado internacional nomina a algunos ejemplos de las peores y las mejores campañas de recaudación de fondos.

El vídeo promocional para la segunda edición Who wants to be a volunteer? (¿Quién quiere ser un voluntario?) no es -al menos hasta el momento- un reality show, y subraya la tendencia a analizar al continente africano como un único país bajo la pregunta “¿cuántos países forman África?” Un tema en el candelero mediático y que podría servir para alertar a los medios de comunicación que en los últimos meses, por ejemplo, han informado exclusivamente sobre el ébola reforzando el imaginario de que es una enfermedad extendida al conjunto del continente. Contextualización y conocimiento como un buen antídoto contra la ignorancia.

Imagen de la pregunta final por la que el concursante podrá convertirse en un voluntario en África.

Imagen de la pregunta final por la que el concursante podrá convertirse en un voluntario en África.

Who wants to be a volunteer? retrata algunas de las creencias de muchas personas que viajan África enmarcadas en la imagen del “héroe blanco” que necesita salvar, educar o promover el cambio, y la del “otro exótico”. Como afirman los creadores de este nuevo vídeo con aspiración de ser viral: “El hambre y la pobreza son feas y llaman a la acción. Sin embargo, tenemos que crear un compromiso basado en el conocimiento, no los estereotipos. Tenemos que cambiar la forma en la que las campañas de recaudación de fondos comunican los problemas derivados de la pobreza y de un desarrollo en vertical”.

Los Award Rusty Radiador forman parte de un proyecto del Fondo de Asistencia Internacional de Estudiantes y Académicos noruegos (SAIH) creado en 1961 y, además de incentivar a una mayor creatividad e innovación en la comunicación de las organizaciones sociales, pretenden llamar la atención sobre las percepciones de África. “No es una crítica a la gente joven con ganas de ir a África para trabajar como voluntarios. El vídeo parodia la tendencia cada vez mayor de estudiantes que visitan África en nombre de la caridad o el voluntariado, pero sin un auténtico sentido moral del altruismo”, explicó el líder de SAIH Jørn Wichne Pedersen. Los ganadores se anunciarán el 2 de diciembre en Oslo. Y mientras, se pueden votar las mejores y las peores campañas de ayuda en su página web.

Imagen promocional del programa ¿Quién quiere ser voluntario?

Imagen promocional del programa ¿Quién quiere ser voluntario?

Tras la caja de los sueños kenianos (II): Ng’endo Mukii

Ng'endo Mukii, artista keniana audiovisual y plástica. Foto: Sebastián Ruiz

Ng’endo Mukii, artista keniana audiovisual y plástica. Foto: Sebastián Ruiz

Son las 17.00h. y la keniana Ng’endo Mukii aparece elegante y puntual tras una larga jornada laboral. La cita es en la cafetería Dorman’s, una de las dos cadenas más importantes de Kenia en exportación de café junto a la franquicia Java. Esta artista de técnica mixta que pausa el movimiento para hacerlo poesía animada y reflexiva, volvió definitivamente a su país en noviembre de 2012, después de una larga temporada de formación en el exilio; aunque creció en Nairobi.

Durante estos años en la diáspora ha investigado en el concepto de la piel y de sus implicaciones a menudo distorsionadas; de una idea de belleza globalizada que ha creado aspiraciones homogéneas y alterado la imagen de las propias personas a lo largo del mundo; de una visualización casi esquizofrénica del propio “yo”. Una mirada crítica que ha observado las vertiginosas transformaciones de su ciudad que recientemente festejaba los 50 años de independencia. “Recuerdo cuando volví de estar en la escuela después de muchos años fuera. Uno de los cambios que observé fue que la propaganda en la televisión había disminuido en el único canal que veíamos dejando espacio a una proliferación de cadenas. Digitalmente hemos progresado mucho. De hecho, yo ahora no tendría trabajo si este cambio no se hubiera producido”, explica Mukii.

Entre sus éxitos se encuentra el reconocido y multipremiado cortometraje Yellow Fever (Fiebre Amarilla), en el que a través de entrevistas explora la forma en la que los medios de comunicación afectan a la mirada que tienen las mujeres sobre sí mismas –especialmente las africanas– así como la representación eurocéntrica del concepto de la belleza femenina. Mukii fue una de las cinco ganadoras del Focus Features Africa First Short Film Program, una iniciativa que apoya a películas que aspiran a la excelencia artística con cuyo premio se encuentra trabajando en su próxima película, The Teapot (La Tetera). Actualmente, Yellow Fever se encuentra seleccionado en la categoría a mejor documental en el concurso online de cine Afrinolly Short Film Competion (y se puede votar hasta el 17 de enero).

Entonces, ¿es o no un buen momento para los artistas del país? “Bueno, aunque tengo muchos amigos que están trabajando fuera, ahora hay la posibilidad de solicitar préstamos para invertir en tus estudios y después devolverlo a un interés de un 8%”.

Y durante tu formación en el extranjero ¿con qué dificultades te enfrentaste, cuáles fueron los estereotipos a los que tuviste que hacer frente como artista? Mukii, reflexiona un momento. “El esterotipo que más me ha molestado, de hecho, no ha sido necesariamente negativo, sino el hecho de que por mi color de piel tenga que conectar necesariamente con cualquier otra persona de mi mismo color de piel; es decir, por el mero hecho de ser negro. Hay tantas otras cosas con las que conectar… No por el mero hecho de ser kikuyu tengo que conectar con otro kikuyo. Y con el hecho de ser negro, pasa lo mismo”.

Ng'endo Mukii. Foto: Sebastián Ruiz

Ng’endo Mukii. Foto: Sebastián Ruiz

En este sentido, a veces se da una idea preconcebida y estereotipada sobre los directores africanos: “Si eres artista africano tienes que hablar sobre los problemas sociales de tu comunidad”. Como directora, ¿te sientes cómoda con esta afirmación? “Está claro que si vas a un festival y lo único que te encuentras sobre cine africano son películas sociales, vas a creer que lo único que se puede hacer en África es esto… Pero, por ejemplo, también hay ciencia ficción aunque ese no sea mi campo”, reivindica la artista keniana con una mirada tranquila.

Ng’endo, especialmente en Yelow Fever muestras una crítica sobre la universalidad del concepto de belleza. En tu opinión, ¿cuáles son los peligros de una cultura homogeneizada? “Especialmente en EEUU y Europa tienes a todo un grupo de jóvenes con bulimia y anorexia por culpa de esta idea homogénea de la belleza. Y en África también está presente. Tienes la idea del pelo lacio, pero sobre todo, la idea de que la piel clara es un sinónimo de belleza…. ¡Me aterroriza! Aquí existen unos productos químicos muy peligrosos que las chicas utilizan para blanquear su piel quedando enganchadas de por vida (porque una vez dejan de utilizarlos su color natural vuelve a aparecer). Esto puede provocar cáncer y otros muchos tipos de enfermedades. ¡Es muy peligroso! Afortunadamente, la belleza no está basada ni en el color de la piel, ni en si tienes el cabello liso o rizado. Tenemos que darnos cuenta de que existen más opciones. Y más cuando te afecta negativamente”.

Y el nombre de tu trabajo, ¿de dónde viene? “Yellow Fever viene de una canción muy famosa de Fela Kuti que habla precisamente sobre las mujeres que se quieren volver blancas. Hay una anécdota que me sucedió cuando fui a Nigeria referente al blanqueamiento de piel. En el aeropuerto me pararon dos mujeres de seguridad y me hicieron abrir la maleta. Estaban muy interesadas en hacerme sacar ese gran bote de crema hidratante que habían visto a través del escáner y me advirtieron que tendría que dejarlo allí. Cuando las miré a sus ojos… ¡Parecían tan hambrientas! Después pudieron observar que el bote sólo era mantequilla de karité –explica expresiva con las manos Ng’endo–. Y me dijeron: –Olvídate de este control de seguridad… Esto puede pasar, pero ¿sabes que la matequilla de karité te vuelve más negra de lo que eres?–. Me hizo mucha gracia porque he utilizado este producto durante toda mi vida y mi color de piel, creo, no ha cambiado nada”, ríe a carcajadas.

Portada del disco de Fela Kuti titulado Yellow Fever.

Portada del disco de Fela Kuti titulado Yellow Fever.

“En realidad, no creo que esto sea tan diferente de la anorexia o la bulimia. Lo mismo pasa con los blancos occidentales que maltratan su piel con horas de solarium artificial, y que se dejan quemar por el sol con autobronceadores cancerígenos. Sinceramente, creo que parte de la culpa la tienen las estrellas que en pleno invierno lucen un bronceado caribeño porque han estado en las islas Caimán. –Suspira–. Es como en el show televisivo que se llama Jersey Shore donde todas las blancas que salen ¡son más ocuras de piel que yo! Esto me confunde mucho….”, ríe.

“Creo que todo el tema del color tiene que ver con la clase social que muestras. Antes, el pálido era sinónimo de pureza y el oscuro era sinónimo de la clase obrera. Ahora, los blancos bronceados muestran que han pasado muchas horas al sol (es decir, de vacaciones)”.

Sinceramente pienso que para hacer Yellow Fever, te convertiste en una científica social, en una etnógrafa. ¿Cuál ha sido tu experiencia en este terreno? “Jaja… Bueno, no creo que mi investigación haya dado tanto para adquirir ese estatus. Pero sí. Es verdad que en mi tesis de trabajo he comparado los procesos de la taxidermia y del cine etnográfico. Di con el caso de la sudafricana Sarah Baartman y con las extravagancias de la taxidermia europea del s.XIX. En términos de búsqueda para mi investigación me di cuenta de que había un montón de filmografía que reflejaba el tema del color de la piel pero no tanto desde nuestra perspectiva; sobre todo en el terreno de la mujer africana y el concepto de belleza. De esta forma decidí hacer el film Yellow Fever. Estuve entrevistando a tres generaciones de mujeres de mi familia y me di cuenta de que mi sobrina pequeña me hablaba de un compañero de clase excepcional, que era el más popular… Y, ¿sabes? Todo esto porque su color de piel era medio blanco”.

Hablemos ahora sobre tu película Dust, que trata sobre el Apartheid. Ahora que nos encontramos en la época post Mandela: ¿Crees que el cine camina en la línea que marcó el líder sudafricano y sirve como una herramienta de liberación?

Ng'endo Mukii. Foto: Sebastián Ruiz

Ng’endo Mukii. Foto: Sebastián Ruiz

“Cuando un keniano sale a Tanzania se siente como en casa, pero cuando vas a Sudáfrica e intentas hablar con alguien en Kisuajili, ves la mirada atónita de los interlocutores… Precisamente, esto fue lo que nos pasó cuando fuimos a Sudáfrica con mi familia para el mundial de fútbol en 2010. Llegamos a Durban y en la cola de una baños me empezaron a hablar en zulú. Al ver que no las entendía me empezaron a a hablar en otra lengua local y entonces les respodí en inglés: –No soy de aquí. Y me preguntó una chica: –¿Si no eres sudafricana, entonces de dónde eres?–. Y yo le respondí: –Fuera de Sudáfrica hay todo un continente de donde puedo provenir a parte del resto del mundo, claro. Pero soy de Kenia. Y La chica insitió: –¿Pero cómo carajo has llegado hasta aquí?–. La pregunta me sorprendió mucho y le respondí: Hay un mundial de fútbol y africanos de otras partes del continente están llegando, a parte de que se da la casualidad de que en Kenia, también hablamos inglés”, explica Ng’endo recordando la anécdota mientras continúa.

“En Kenia tenemos un montón de productos sudafricanos: cervezas, pizzas… Pero la relación se queda en lo comercial. Creo que todo esto es una consecuencia del apartheid: una clausura de mentes, un complejo de superioridad. Pero en Kenia también sucede. Puedes encontrarte a mucha gente que idolatra a los indios (con larga tradición en el comercio en la cosa de África de Este) y a los ingleses. Son pensamientos que pasan de padres a hijos. Después de todo, no hace tanto que hemos salido de la colonización. Hay cosas que permancen durante generaciones. Así que no me extraña que en Sudáfrica, y estoy generalizando, ocurra esto. Al fin y al cabo es un país gigante, tienen de todo. ¿Para qué salir fuera? ¿Qué pueden obtener de Kenia que no tengan allí? Nosotros vamos allí porque hay cosas que no tenemos; hay más oportunidades. Aunque quizás sí…. Podríamos venderles un viaje al Kilimanjaro… O un tour por las cataratas Victoria (Zambia)… Sería una forma de hacerlos salir. Y el cine actúa, sin duda, como una herramienta de evasión”.

Para terminar. ¿En qué te encuentras trabajando ahora?

“Se llama The Teapot y está basado en la historia real de un encuentro con un amigo para tomar el té y donde, un tercer personaje, me agredió y desafió intelectualmente haciéndome preguntas como: –¿No conoces la teoría de tal o de cuál? Pensaba que en la escuela de arte os enseñaban tal cosa o tal otra…–. Mientras, ¡yo no sabía de qué me estaba hablando! Me sentí como si me cogiera el cerebro, lo diseccionara y lo cortara en pedacitos para poder encontrar algo en lo que fallase. Así que mi concepto del The Teapot se inspira en esa experiencia y consiste en hacer de las interacciones emocionales, imágenes visuales. El personaje principal de mi historia se desplaza desde el barrio de Karen (en Nairobi) hasta el centro de la ciudad para tomar el té y en cada emoción que experimenta al subir al bus, al intercambiar una mirada, etc., hay elementos visuales que se ciernen sobre el personaje.

¿Y la financiación?

“Tengo subvenciones para este trabajo, pero estoy pendiente de saber si puedo tener más dinero. Creo que voy a tardar más que en Yellow Fever, donde tuve que invertir dinero de mi bolsillo. Sinceramente, necesitaría un productor que se encargase de estas cosas para poder centrarme 100% en el arte”.

……

Más información sobre Ng’endo Mukii en su web, Facebook o Vimeo.

Puedes votar a Yellow Fever hasta el 17 de enero como mejor documental para el concurso Afrinolly Short Film Competion aquí

Imagen del trabajo de la keniana Ng'endo Mukii 'Yellow Fever'.

Imagen del trabajo de la keniana Ng’endo Mukii ‘Yellow Fever’.

 

El reverso africano (I): No solo de guerras viven las personas

Flora Gomes

Los cineastas acostumbran a mostrar la vida contraatacando a una racionalidad posmoderna que priva alegremente la trasnochada idea de una imagen como fuente de cambio. Se podría afirmar que el cine no cambia al universo pero, como subraya Wim Wenders, ayuda a mejorar las imágenes del mundo o, simplemente, puede ayudar a mejorarlo. Cuando las cinematografías africanas comenzaron a reivindicar su propio espacio a partir de la década de 1960, a recolonizar las imágenes secuestradas durante la época de la colonización, el grito mudo de la esperanza se adueñó de toda una generación de directores. El color del celuloide se transformó aportando una visión renovada del devenir africano y el poder de una nueva fotografía abrazada a la ideología antiimperialista arrancó el crujir de las naciones que comenzaban a emanciparse de sus antiguas metrópolis.

Se producía un momento de tránsito donde el espacio y el tiempo se cruzaban para producir figuras complejas de diferencia e identidad, pasado y presente, adentro y afuera, inclusión y exclusión… Los cines misionero, colonial y etnográfico, propios de la época colonial, quedaban relegados a la voz heterogénea de un continente, de unas cinematografías que tenían como objetivo reescribir su propia historia. De esta forma, el reconocido historiador y crítico de cine francés, Georges Sadoul, auguraba un futuro esperanzador en un artículo publicado en 1960 en el periódico Le Monde: “…65 años después del invento del cine, todavía no se ha producido ni un solo largometraje realmente africano, es decir, interpretado, rodado, escrito, ideado, montado por africanos y, naturalmente, hablado en una lengua africana. Es decir, que 200 millones de personas quedan excluidas de la forma más avanzada del arte más moderno. Estoy convencido de que antes de finales de los años sesenta este escándalo será sólo un mal recuerdo de los tiempos pasados”.  Y así sucedió.

Africa colonialEl desplante entre lo viejo y lo insólito, la tradición y la modernidad o el hombre africano y el occidental sirvieron en gran medida para las temáticas de los jóvenes cineastas aunque la crítica explícita no sobraba: la traición que supuso para muchos africanos la nueva realidad política aupada en el poder y que sustituía a la administración colonial blanca era un comodín recurrente. Estas problemáticas e inquietudes aparecen ya en el primer cortometraje de ficción del continente negro, Borom Sarret (1963) del director senegalés considerado padre del cine africano, Ousmane Sembène. Este film, que en la lengua wolof quiere decir El carretero, marcaba un punto de inflexión como señalaba Sembène: “A mi generación no nos explicaron nuestra historia. Sabemos las fechas, las leyendas, pero no sabemos exactamente qué pasó. Nuestro deseo (…) es dramatizarla y así poder enseñársela a otros e impedir que nos la enseñen terceros”.

Esta primera generación de cineastas africanos tuvieron la necesidad de dar un testimonio implacable sobre sus culturas y marginar en el olvido la radiografía distorsionada que de ellos había dado el cine occidental. La búsqueda de una identidad desgajada y rebajada al rango de la barbarie motivó que los directores asumieran un firme compromiso son sus espectadores, que cimbrearan la fibra del africano que se veía reflejado directamente en la gran pantalla: el conocido como cine-espejo. Era mostrar para reafirmar, para reivindicar, para espantar los límites creados artificialmente a finales del siglo XIX en la Conferencia de Berlín; en esencia, dotar de un nuevo significado a la imagen del continente.

 

El poder del fusil y el negro en el cine de masas o cómo hacer dinero

Mad dog

El cosmos hollywoodiense y sus circuitos mundiales de distribución de cultura, la reducción por parte de Francia e Inglaterra de la cooperación hacia el cine del continente, junto a la poca inversión de los gobiernos africanos en sus industrias cinematográficas –entre otros–, han sido claros exponentes para que la ilusión de los años 60, 70 y 80 quede en el recuerdo de cinéfilos o especialistas en los cines de África debido a la dificultad para acceder a estas obras… ¿Sueño truncado? La tendencia acusada desde las carteleras occidentales y desde la literatura de masas a mostrar al continente subsahariano como un área geográfica azotada por la violencia armada, explicada como un producto de luchas étnicas o como la consecuencia del dominio de los señores de la guerra dedicados al expolio de los recursos del continente, domina, nuevamente, un imaginario globalizado y difícil de contrarrestar.

Curiosamente ésta es la fórmula del éxito en muchas de las películas taquilleras: Johnny Mad Dog (2008) dirigida por Jean-Stéphane Sauvaire que muestra la cruda realidad de los niños soldados en un país indeterminado de África, o de las consagradas en el tridente drama-conflicto-África como El jardinero fiel (2005) de Fernando Meirelles, Hotel Ruanda (2004) de Terry George, y Diamantes de sangre (2006) de Edward Zwick.

Pero, ¿cómo no subrayar que esta explosión de colores que por reducción se ha convenido en denominar África significa mucho más que las hirientes situaciones de fanatismo, de catástrofes naturales o de corrupción por parte de algunos de sus líderes? Por la impronta rapidez y el volumen de información que se consume diariamente se ha invisibilizado consciente o involuntariamente una prolífera literatura sobre temáticas culturales, sociales y políticas que dan voz desde el continente a soluciones para muchos de los problemas que las sociedades occidentales presentan hoy en día. Una opacidad que también ha coaccionado las principales películas sobre conflictos armados en el continente producidas en la ultima década:

Black Hawk derribado (2001), del director Ridley Scott, narra los trágicos acontecimientos que se sucedieron en Somalia durante el año 1993 mediante una gran producción hollywodiense sin compromiso alguno sobre las víctimas civiles o la responsabilidad de la Administración estadounidense al saltarse los mandatos de la ONU.

Lágrimas del sol (2003), de Antoine Fuqua, presenta a un equipo comandado por el teniente Waters (Bruce Willis) que se adentra en el epicentro del continente con la misión de rescatar a Lena Kendrick (Monica Bellucci), una doctora americana que trabaja en una región conflictiva de Nigeria. Una película que como afirmó el crítico de El País Ángel Fernández es un “abyecto espectáculo de mala sangre (…) una penosa travesía de la selva (…)”.

El último rey de escocia (2006), dirigida por Kevin Macdonald, narra la historia del dictador ugandés Idi Amin a través de la figura ficticia de su médico personal, el doctor Nicholas Garrigan. Está protagonizada por Forest Whitaker, cuya interpretación de Amin le hizo merecedor de un Oscar, un Globo de Oro y un BAFTA, entre otros premios.

 

Este orden cultural ofrece pistas para reconocer fácilmente estereotipos habituales sobre las sociedades al sur del Sahara y que Edward Said ya definió en su obra Orientalismo (1978). El discurso retórico civilización versus barbarie reduce la complejidad de las redes sociales establecidas sobre el continente a una oposición binaria. Se trata de una narrativa que sirve como herramienta para articular la diferencia, una “geografía imaginada” según Said, que estratifica al mundo en dos partes desiguales: por un lado, la racionalidad virtuosa de Occidente; por otro lado, el exótico, sensual, pero también peligroso e irracional, continente africano. Se establece, de esta forma, un control de la imagen que legitima la asimetría de poder y perpetúa una fotografía distorsionada de antagonismo e incompatibilidad de las partes.

La representación mediática ha construido una narrativa simplista sobre el continente que omite discusiones más profundas y, sin duda, controvertidas, como las consecuencias de los cinco siglos de colonización, de la esclavitud forzada, o los efectos de los abusos financieros, ecológicos, sociales y sanitarios radicalizados desde la implantación del actual modelo neoliberal en la década de los ochenta por el binomio Margaret Thatcher – Ronald Reagan.

Y, afortunadamente, Wainaina escribió sobre África

 

Binyavanga Wainaina. Fuente: Wikimedia - Nightscream

Binyavanga Wainaina. Fuente: Wikimedia – Nightscream

Binyavanga Wainaina es uno de esos autores que han sacado pecho a favor de un tratamiento justo del continente al que pertenece y por las explicaciones que ofrece, no se trata tanto de una cuestión de ideología doctrinaria, como de simple (y sana) justicia, un ejercicio de “honor a la verdad”. El escritor keniano ya mostró su compromiso, un compromiso fáctico con aquel How to write about Africa (algo así como ‘Cómo escribir sobre África’) y ahora da un paso más en Algún día escribiré sobre África, un relato autobiográfico con un título, en parte, engañoso, pero con un resultado valioso, muy valioso, por la capacidad que tiene la realidad para hacer saltar por los aires los estereotipos.

How to write about Africa supuso un éxito inesperado, según los editores de Algún día escribiré sobre África, fue el artículo más reenviado electrónicamente la historia de Granta, la revista en la que se publicó. Wainaina daba una receta para periodistas y escritores que quisieran desarrollar sus trabajos literarios en el continente negro. El autor keniata recomendaba los puntos que se debían tener en cuenta para que un relato africano resultase exitoso en Occidente. Los ingredientes incluían, por ejemplo, tratar África como un solo país porque el continente está poblado de “personas demasiado ocupadas por pasar hambre, morirse, guerrear o emigrar como para leer tu libro” y la realidad es demasiado compleja “y a tu lector no le preocupan todas esas cosas, sino tus descripciones románticas y evocadoras”.  O incorporar en la foto de la portada fotos con “AK-47, costillas prominentes o pechos desnudos”, mejor que las fotos de africanos de clase media.

Cubierta de How to write about Africa

Cubierta de How to write about Africa

Otras de las recomendaciones hacían referencia a recordar que los “africanos llevan la música y el ritmo dentro” y que comen “cosas que no comería ningún otro humano”, obviando el arroz, la ternera o el trigo y mencionando que “el cerebro de mono es uno de los platos favoritos de la cocina africana, junto a la cabra, la serpiente, las lombrices, las larvas y todo tipo de carne de caza”. Al mismo tiempo, mencionaba algunos temas tabú en estos relatos africanos, como “las escenas de la vida cotidiana, el amor entre africanos (a no ser que esté relacionado con alguna muerte), las referencias a escritores o intelectuales africanos o las menciones a los niños que van al colegio y que no sufren ningún virus, ébola o mutilación genital femenina”.

Así, Wainaina iba desgranando irónicamente todos los tópicos de la imagen deformada de África que habitualmente ofrecen los medios de comunicación, la literatura o el cine. Lo curioso es que ese artículo fue la respuesta a las publicaciones de Granta en las que, según consideraba el autor, se reproducían estos estereotipos. Y el editor de la revista decidió publicarlo. Como se ha visto después, hizo gala de un muy buen ojo editorial.

Cubierta de Algún día escribiré sobre África

Cubierta de Algún día escribiré sobre África

El Algún día escribiré sobre África, que recientemente ha publicado la editorial Sexto Piso no reproduce exactamente el mismo esquema aunque la capacidad que tiene para desmantelar estereotipos es indudable y, en este caso, usando la realidad como el argumento más poderoso. Se trata de un relato autobiográfico, la historia de un joven keniano que crece en un entorno acomodado. El accidentado periplo del joven Binyavanga se va entrelazando con los acontecimientos políticos de la región desde la Uganda de Idi Amin, hasta las turbulentas elecciones de 2007 en Kenia, pasando por el final del Apartheid en Sudáfrica.

Lo que hace saltar por los aires todos los prejuicios es que la vida que cuenta Wainaina, su propia vida, contradice completamente la receta que irónicamente había detallado en su How to write about Africa. Es una historia que se desarrolla fundamentalmente en un África urbana, compuesta por un puzle de excesos, de fracasos, de desilusiones, de renovadas esperanzas, de buenas intenciones que nunca llegan a cumplirse porque se topan con la realidad, de desencantos, de nuevas ilusiones, de superación de obstáculos y de pequeños éxitos que se convierten en grandes victorias.


Uno de los ingredientes de la receta de Wainaina para escribir sobre África era que los personajes africanos fuesen “coloridos, exóticos y llenos de vida”, pero debían estar “vacíos interiormente, sin diálogos, sin conflictos o resoluciones en sus historias, sin profundidad y sin particularidades”. Pues bien, los protagonistas de Algún día escribiré sobre África, están llenos hasta los topes de contradicciones, de sentimientos y de remordimientos; tan pronto se dejan llevar por los instintos sin pensar en las consecuencias como protagonizan episodios de una impresionante grandeza cotidiana; reflexionan y discuten, en la misma medida que beben y bailan; tan pronto sientan las bases de un futuro fructífero como se dejan caer en la apatía.

Y en medio de este recorrido vital del joven Wainaina, el autor (y también protagonista), nos cuela discretamente un análisis mucho más profundo de lo que parece sobre asuntos más generales como las migraciones interafricanas, la convivencia entre las comunidades o los procesos de construcción nacional, así como los entresijos del tribalismo que siempre tenemos en la boca sin saber de qué hablamos.

Lo mejor, lo más interesante es que Wainaina ofrece, esta vez sí a diferencia de lo que hacen muchos otros autores, un retablo de un “África real”. Es evidente que el título puede parecer inadecuado (África no es un solo país y el autor lo sabe perfectamente), pero del discurso que hay bajo la historia se puede entender perfectamente que lo que el autor anhelaba era escribir sobre “una” de las áfricas, sobre “su” África, y, sobre todo, abrir la puerta a que sean los africanos quienes nos cuenten sus experiencias reales del África real.

[hr]

Otros recursos para saber un poco más

– El perfil de Twitter de Wainaina.

– Las primeras páginas de Algún día escribiré sobre África ofrecidas por la editorial SextoPiso

– Otros artículos sobre How to write about Africa, en el blog de Lola Huete, en el de la ONG DYES, de la mano de Chema Caballero, y en África no es un país.

– Otros artículos sobre Algún día escribiré sobre África, en Al Jazeera, en África no es un país, de la mano de Ángeles Jurado, y en Literafrica.

Superhéroes negros que salvaron la humanidad a través del cómic

El color negro ilustra con múltiples matices la paleta de los cómics estadounidenses desde los años treinta. Con infinidad de tonalidades estereotipadas en sus comienzos, no será hasta la década de los sesenta cuando aparecerá el primer superhéroe negro que reflexionará en voz alta sobre la justicia y la libertad en plena lucha por los derechos civiles de la población negra. Os invitamos a pasearos por la historia de los héroes afrodescendientes que multinacionales como la Marvel o DC Comics dibujaron para reflejar el sentir de la población. Pasen y vean.

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El Príncipe Lothar junto a su inseparable amigo, el mago Madrake. Año 1934.

El primer personaje negro que aparece en las tiras de cómics estadounidense -corre el año 1934- es el “Príncipe Lothar”, un personaje secundario que acompaña a su inseparable amigo fiel, el mago Madrake. Lothar es el Príncipe de las Siete Naciones, una federación de tribus ubicadas en una zona indeterminada de la selva africana, pero rechazó convertirse en rey de su pueblo para luchar por la justicia junto a Mandrake. Lothar, quien con el paso de los años ha adquirido un papel prácticamente de protagonista, se ha ido ‘modernizando’ tanto en atuendos (en sus comienzos vestía con pieles de animales y ahora luce gafas de sol) como en la forma de hablar el inglés, presentado al principio como un sirviente que se comunicaba en una lengua prácticamente ininteligible.

Como ocurrió con el personaje de Lothar, los negros que aparecen en los cómics durante los años 30 y 40 eran imágenes estereotipadas de la pobreza y la esclavitud que reforzaban el imaginario segregacionista de unos Estados Unidos sumergidos en la Segunda Guerra Mundial; estos son los ejemplos de Ebony White y de Whitewash Jones.

El 2 de junio de 1940, aparecía en la revista Spirit un personaje de ficción llamado “Ebony White”. Creado por Will Eisner, Ebony es un claro retrato de la corriente racista de los Estados Unidos: grandes ojos blancos, gruesos labios rosados ​​–habituales en las caricaturas de negros-, y del tamaño de un niño pequeño; es decir, la imagen de un negrito que asiste siempre leal al héroe blanco -léase al Tío Sam-. Un poco más tarde, en el verano de 1941, aparecían “The Young Allies” (Los jóvenes aliados), cuatro intrépidos amigos patrióticos que combatían todas las amenazas que acechaban a Norteamérica como eran Adolf Hitler, Benito Mussolini o Hideki Tojo. Uno de los protagonistas era “Whitewash Jones”, el único negro que por el simple hecho de su color de piel no tenía un nombre elegante como los otros, matiz que apuntan los críticos.

Cómic Spirit con Ebony White

Ebony White, creado por Will Eisner, es un claro retrato de la corriente racista de EEUU en los años 40.

Washington "Wash" Jones lucharía contras las amenzas a EEUU durante la Segunda Guerra Mundial .

Washington “Wash” Jones lucharía contras las amenzas a EEUU durante la Segunda Guerra Mundial .

 

Otros personajes negros de esta década incluidos en la revista All Negro Comics fueron dos: “Lion Man” y “Ace Harlem”. El prólogo de “Lion Man”, nacido en 1947, comenzaba de la siguiente forma: “Nacido en Estados Unidos, con estudios universitarios, Lion Man es un joven científico enviado por las Naciones Unidas para velar por la temible montaña mágica de la Costa de Oro africana. Dentro de su cráter se encuentra el mayor depósito mundial de uranio – suficiente para fabricar una bomba atómica que podría destruir el mundo. El trabajo de Lion Man es informar sobre los hechos de cualquier nación traidora que podría tratar de llevarse el arma letal con el fin de la guerra” [1]. Por otro lado, “Ace Harlem” era un detective de la policía que opera en una ciudad de América sin nombre (lo más probable es que fuera Nueva York). Ace es un firme creyente en la justicia como una fuerza innata en el universo, y que de una manera u otra, le llega a cualquiera que se embarca en la vida del crimen [2].

 

Primeros protagonistas negros (y también superhéroes)

Imagen de Waku, Príncipe de los bantúes. Año 1954.

Waku, Príncipe de los bantúes (1954).

La canción Strange Fruit que Billie Holiday cantaba como bis en sus actuaciones en los años 40 era el sentir de una población negra que, encorsetada por las leyes segregacionistas estadounidenses, pedía justicia por tantos crímenes impunes y tanta humillación acumulada. Pero, efectivamente, después de la Segunda Guerra Mundial, la caracterización de los negros en las tiras de cómic mejoró dejando atrás a personajes lacayos e identificados con la delincuencia reflejada en las viñetas de los años 30 y 40. No obstante, el contexto social estadounidense se agrietaba a un ritmo constante: se calcula que entre 1940 y 1970, unos cuatro millones de afroamericanos emigraron del sur a las ciudades del norte durante y después de la guerra (Fonner & Garraty, 1994:109)[3]. Ese fenómeno migratorio urbanizó y modernizó a un sector muy grande de la población negra que en el sur había vivido en el aislamiento de la vida rural lo que condujo a un aumentó de su conciencia política. Miles de afroamericanos habían participado en una guerra “mundial” que se combatía en nombre de la democracia, en Europa y el Pacífico, para que los prisioneros de guerra alemanes fueran mejor tratados que los soldados norteamericanos negros quienes, al regresar muertos a Estados Unidos, no podían encontrar siquiera un pedazo de tierra en los cementerios (Carmichael y Hamilton, 1976)[4].

Gabriel 'Gabe' Jones (1963).

Gabriel ‘Gabe’ Jones (1963).

Bajo este contexto, en septiembre de 1954, Marvel Comics, estrenaba “Waku, Príncipe de los bantúes”. Sin duda, una fecha simbólica porque era la primera vez que se presentaba a un personaje negro como el protagonista de una historieta. Waku, era un príncipe de la nación bantú que con su fuerza defendía a su pueblo de los cazadores blancos que trataban de esclavizarlos. Unos años más tarde, en mayo de 1963, sería también Marvel quien le daría vida a Gabriel ‘Gabe’ Jones, un marine entrenado y valioso durante las guerras de Vietnam y Corea que aparecía en el cómic del “Sargento Fury”. Otro personaje con vocación protagonista nacería en diciembre de 1965; la DC, la competencia de Marvel, estrenaba a “Lobo”, un pistolero al más puro estilo Viejo Oeste.

Como un claro reflejo del sentir de la sociedad, durante los años sesenta se produjo un punto de inflexión respecto a la imagen del negro unida a la del superhéroe en pleno auge del movimiento por los derechos civiles estadounidenses, encabezados por Martin Luther King. El plano internacional, además, apremiaba a la Administración norteamericana a tomar medidas. Muchas de las antiguas colonias europeas en África se encontraban en proceso de independencia y los movimientos revolucionarios se sucedían en diversas partes del mundo por lo que la incoherencia legislativa se hacía evidente: EEUU predicaba unos ideales igualitarios que se difuminaban sin una praxis concreta mientras la enorme brecha y la realidad terrible de la segregación racial se enquistaban.

Lobo, un pistolero del Viejo Oeste (1965).

Lobo, un pistolero del Oeste (1965).

Y finalmente apareció bajo el sello Marvel. En julio de 1966, en el número 52 del cómic “Los 4 fantásticos”, los creadores Stan Lee y Jack Kirby presentaron a “Pantera Negra”, el primer superhéroe negro de la historia del cómic y el primer superhéroe africano. Este personaje es descendiente de una larga línea de guerreros que provienen de Wakanda, un estado africano tecnológicamente avanzado y con la monarquía más antigua de la historia escrita. La cultura de Wakanda se basa en la adoración del Dios Pantera y es una de las pocas naciones en el mundo que no forma parte de la ONU, siendo totalmente autosuficientes no necesitando el comercio más allá de sus fronteras para comida, ropa o tecnología. “T’Challa”, el nombre real de “Pantera Negra”, es también uno de los diez hombres más inteligentes en los cómics de Marvel. Unos años más tarde, en septiembre de 1969, los mismos creadores de “Pantera Negra” le dieron forma a un nuevo compañero para el Capitán América. Su nombre era “Halcón”. La prolífera racha que adoptó Marvel creando superhéroes negros irritó a la DC que en 1971 presentaba su opción reivindicativa y social del sentir afrodescendiente; se trataba de Linterna Verde o John Stewart. Tras su debut, este personaje se posicionó en el ránking como el tercer superhéroe de piel negra credo por la industria del cómic estadounidense.

Primer superhéroe negro del cómic (1966).

Pantera Negra, primer superhéroe negro realizado por Marvel (1966).

Linterna Verde, III superhéroe negro (1971).

Linterna Verde, tercer superhéroe negro realizado por DC (1971).

Halcón, el segundo superhéroe negro (1969).

Halcón, segundo superhéroe negro realizado por Marvel (1969).

 

 

Las décadas de los 70, 80 o la feminización negra en el cómic 

Tormenta, la primera mujer negra superheroína

Tormenta, la primera mujer negra superheroína (1975).

En plena Guerra Fría y con una dinámica imperante protagonizada por la nueva y radiante sociedad de consumo, los personajes de cómic de los años 30 y 40 sufrieron una remodelación acorde con la nueva filosofía americana. Por ejemplo, “Lothar”, el ayudante del mago Madrake, comenzó a hablar un inglés refinado, dejaba en el armario los atuendos aterciopelados y su torso, la mayoría de las veces desnudo, aparecía cubierto. Al mismo tiempo, el estereotipado “Ebony White” regresaba a las páginas del Espíritu como el alcalde de la ciudad[5]. Mientras, la normalización poco a poco iba teniendo lugar en las páginas de los cómics. El 1 de mayo de 1975, uno de los personajes negros más populares y duraderos de los años 70 hacía su aparición: “era Tormenta”. Casada con “Pantera Negra”, esta diosa africana es descendiente de una línea de usuarios de la magia de Kenia y que como resultado le otorga un potencial mágico fuerte. El dibujo de “Tormenta” es sumamente relevante fundamentalmente por dos motivos: por su carga social, y debido a que las superheroínas negras en la década de los setenta eran prácticamente inexistentes. En definitiva, este status le hizo formar parte del selecto grupo de los “X-Men” convirtiéndose en uno de los pilares de los dibujos Marvel durante unos treinta años.

La década de los 80 supuso un cambio cualitativo y cuantitativo. Cada grupo de superhéroe tenía  ya en sus filas a uno o dos integrantes negros y las profesiones a las que se dedicaban eran de las denominadas de cuello blanco, es decir, médicos, abogados o científicos que sustituían de una forma inminente a los personajes representados en épocas anteriores como los sicarios, los traficantes de drogas o los corruptos

 

De la revolución afro del carboncillo a la época actual

La década de los 90 fue muy dinámica en el sector del cómic fundamentalmente por la creación de las empresas Image Comics y Milestone. Los inicios de Image Comics surgieron a raiz de un grupo de ilustradores independientes que trabajaban para Marvel y que no estaban satisfechos con la política de la empresa. Fundada en 1992, se definía ya entonces como “un lugar donde los creadores pueden publicar su material sin renunciar a sus derechos como autores”. El éxito fue rotundo y han conseguido situarse como una de las editoriales más grandes de Norteamérica. Su obra de arte principal fue “Spawn” (Engendro), uno de los bestseller de la década del 90 con un elenco predominantemente negro.

Personaje creado por Image Comics (1992).

Engendro, personaje creado por Image Comics (1992).

Static, personaje creado por Milestone (1994).

Static, personaje creado por Milestone (1993).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por otro lado, y como comentábamos, en esta década hubo otro acontecimiento. En 1993 Un grupo de guionistas y dibujantes afroamericanos (Dwayne McDuffie, Denys Cowan, Michael Davis y Derek T) decidían crear Milestone Comics, un sello cuyo principal objetivo era visibilizar y realzar a los personajes negros en un sector monopolizado por unas pocas editoriales. Milestone fue el intento de corregir este desequilibrio e introdujo un nuevo universo de personajes minoritarios con títulos como “Sindicato Sangre”, “Icon”. “Hardware” y “Static”, este último, sin duda, el más significativo. Estos héroes lucharon sobre todo contra los villanos pero tuvieron por misión, irreductiblemente, el enfrentamiento contra el racismo, la violencia desmesurada de las pandillas y el embarazo de las adolescentes. A pesar de los intentos de posicionar a la comunidad negra en la cúspide del cómic estadounidense, Milestone Comics cerró en 1997 para centrarse en su división audiovisual reinventándose en varias ocasiones desde su fundación en 1993. De hecho, en el año 2010, DC lanzó una serie limitada titulado Por siempre Milestone en la que se detalla el destino final de muchos de los héroes.

Hoy en día, los cómics reflejan el estado multiétnico del mundo y las grandes compañías explotan personajes que desfilan peligrosamente entre el endiosamiento y el ser carnal. Por ejemplo, DC Comics ilustra su mundo de fantasía y denuncia mediante unos superhéroes con una misión encomendada (Batman y Gotham City, o Superman y el drama de Krypton), mientras que Marvel hace lo propio explorando las mutaciones genéticas de sus personajes -lo que les hace tremendamente únicos- unido al gesto colorido de protagonistas nacidos en cada esquina del mundo. La gran pantalla ha sabido aprovechar la sabia de estos griots de carboncillo otorgándoles un espacio, incluso desempolvando una esfera pública reservada para la monocromía del blanco. De esta forma, superhéroes como “Catwoman”, “Blade”, “Tormenta”, “Engendro” o “Hancock” han subido al atril del séptimo arte para seguir reivindicando el sentir de la comunidad negra. Tal vez, como apuntaba Martin Luther King el 28 de agosto de 1963 en su discurso “Yo tengo un sueño”, se haga cada vez más presente esta frase: “Now is the time…”


[1] Fuente: http://pdsh.wikia.com/wiki/Lion-Man

[2] Fuente: http://pdsh.wikia.com/wiki/Ace_Harlem

[3] Fonner, E. y John G. (1991). The Readers Companion to American History (eds.) Boston: Houghton Mifflin Co.

[4] Carmichel, Stokely y Charles V. Hamilton (1976) Poder Negro. México: Siglo XXI Editores.

[5] Fuente: http://www.comicbookresources.com/?page=article&id=14623

Contra los estereotipos: lección de humildad

Uno de los diseños para camisetas de la empresa sudafricana Laugh it Off

La necesidad y la pobreza venden. Las migraciones y el hambre, también. Esta es la premisa en la que se ha basado la cooperación al desarrollo en África. Con imágenes positivas y datos optimistas es más difícil conseguir financiación, e incluso, permanecer en terreno africano justificadamente. Por ello, la tendencia desde el Norte ha sido abusar de una visión simplista, fomentando la ignorancia de otras realidades que también se producen en el continente. Los discursos afropesimistas adoptados por los gobiernos occidentales, han insistido en reprochar a las democracias africanas ser neo-patrimonialistas, subrayar la corrupción como una práctica habitual entre sus líderes, insistiendo en la necesidad de cooperar con el Sur para generar recursos que ayuden a poblaciones “desamparadas”, afectadas por las guerras y el hambre, y dando motivos para continuar presentes en el continente bajo una forma más o menos encubierta de neocolonialismo.

Ahora, ante la deriva democrática, la crisis financiera y de valores, y el tremendo descontento social en los países del Norte, algunos africanos han decidido movilizarse. “El cuento de hadas de la modernidad occidental”[1] se desmorona, se invierten los conceptos hacia un “europesimismo” y la creencia de que el campo político no responde a las necesidades de sus ciudadanos, o que el sistema occidental ha fracasado, se extiende como la pólvora. Quizás siguiendo las teorías de Anne-Cécile Robert (L’Afrique au secours de l’Occident, 2004) hayan creído que ya era hora de ayudar a refundar un sistema que nos ha llevado al borde del abismo. O tal vez, viendo que nuestras “democracias” también responden a neo-patrimonialismos o que la corrupción salpica a todos nuestros líderes, algunos sudafricanos hayan decidido lanzarse a nuestro auxilio a través de actos caritativos.

A pesar de todo, puede que simplemente nos estén intentando dar una lección de humildad.

Radi-Aid – Africa For Norway, ha lanzado una grandiosa campaña viral por Internet para la recogida de radiadores para la población noruega. A través de un videoclip satírico, han construido junto a unos cuantos cantantes, una parodia del absurdo de muchas campañas para la asistencia humanitaria, como la que protagonizaron Michael Jackson, Paul Simon o Bruce Springsteen con la canción We are the world de la fundación caritativa USA for Africa.

Algunas zonas de Noruega pueden alcanzar temperaturas inferiores a los -40°C en invierno, así que, ¿qué mejor manera de ayudar a los pobres e indefensos noruegos “muertos de frío” que enviarles radiadores para poder proporcionarles una existencia más cálida? Sarcasmos aparte, la iniciativa, donde participa el Fondo de Asistencia Internacional de los Estudiantes y Académicos Noruegos (SAIH) –financiados por el gobierno noruego- , reivindica la necesidad de cambiar los discursos respecto a África, y sobretodo, de reconocer las cosas positivas que suceden en el continente, más allá de las guerras o el hambre, que no representan al global de los africanos. Con la intención de fomentar el conocimiento y el respeto de las diversidades africanas, quieren desmitificar los clichés y los estereotipos adquiridos de ese discurso generado desde el Norte, y ofrecer otros relatos que desbanquen esa “historia única” de la que nos habla Chimamanda Ngozi Adiche. Su trabajo se centra en la “liberación económica, política, social y cultural en el Sur” y ya está dando la vuelta al mundo (su vídeo en YouTube recoge más de 650.000 visitas, y su página de Facebook supera los 7.000 admiradores).

En la web de Radi-Aid podéis encontrar la síntesis de su manifiesto:

  • La recaudación de fondos no debe basarse en estereotipos explotadores. La mayoría de nosotros se cansa si lo único que vemos son imágenes tristes de lo que está pasando en el mundo, en vez de cambios reales.
  • Queremos una mejor información de lo que está pasando en el mundo, en las escuelas, en la televisión y en los medios de comunicación. (…) Necesitamos más información sobre como los países occidentales tienen un impacto negativo en los países “en desarrollo”.
  • Medios de comunicación: mostrad respeto. Los medios de comunicación tienen que ser más éticos con sus informes. ¿Imprimirías una foto de un bebé blanco hambriento sin permiso? Las mismas reglas deberían ser aplicadas cuando los periodistas están cubriendo el resto del mundo, como lo hacen cuando se encuentran en su país de origen.
  • La ayuda se tiene que basar en las necesidades reales, no en “buenas” intenciones. La ayuda solo es una parte de un cuadro más grande, tenemos que tener en cuenta la cooperación y las inversiones, y cambiar otras estructuras que frenen el desarrollo en los países más pobres. La ayuda no es la única respuesta.

Ya en 2008, la gente de SAIH realizó una campaña en Ghana para recaudar fondos para la necesitada población de la “fría y estéril” Suecia. La iniciativa, Help Sweden, pretendió fomentar tanto una nueva perspectiva de la ayuda como la revisión de las relaciones entre Norte y Sur. A través de la sonrisa, se trató de reconocer el absurdo de la generalización en cuestión de pobreza, y por lo tanto, abrir interrogantes sobre nuestra imagen de África.

Y tú, ¿qué imagen tienes de África?

Para más información:

The Guardian

This Is Africa

Africa Is A Country

The Local – Sweden News in Engligh


[1] Expresión de Bertrand de Juvenel, utilizada por Serge Latouche en su libro La otra África. Autogestión y apaño frente al mercado global. Barcelona: Oozebap, 2007.