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El sudafricano Tsoku Maela cartel del FICAB para el Día de África

El sudafricano Tsoku Maela es el autor de la fotografía del cartel que el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona acaba de lanzar para las actividades en torno al Día de África 2019. Luciendo por tercera vez una programación vestida con una buena traca de cine africano y documentales centrados en la diáspora africana, el FICAB se celebrará los próximos 21, 22, 23 y 25 de mayo en los emblemáticos Pati Llimona y CineCooperativa Zumzeig de la capital catalana con la participación de un buen número de voces que quieren avivar el debate sobre los estereotipos, la migración, el racismo o la creatividad de los africanos y africanas.

La fotografía de Maela (al que Wiriko ya tuvo el honor de entrevistar hace tiempo en motivo de su serie Abstract Peaces), es parte de una serie titulada Appropriate o Apropiar —tomar algo para uso propio o sin el permiso del propietario—, y representa una absoluta declaración de intenciones por parte de un artista preocupado por la condición humana, los paisajes espirituales, socioeconómicos y geopolíticos, y cuyo único deseo es “encender un fuego de amor y esperanza en el corazón de cualquiera que se encuentra con su trabajo, para inspirar energía juvenil que busca crear y luchar por un cambio sostenible mientras se archiva un pasado, presente y futuro africano hermoso y en constante evolución”, como cuenta en su web.

Con la elección de esta fotografía de Tsoku Maela, el FICAB pone de relieve su vocación afrocéntrica y subraya la importancia de ver y escuchar lo que los propios africanos y africanas tienen que decir sobre el continente y su gente, además de tender un puente ya de por sí esencial entre el cine y la fotografía. Por su lado, el artista, originario de Lebowakgomo, hace una aportación generosa y concienzuda para sumar y apoyar uno de los principales objetivos del FICAB: sensibilizar a la población catalana sobre las múltiples y diversas realidades de África, y movilizar y empoderar a los africanos y africanas a través del arte, y más concretamente, del cine. Un cocktail de sinergías de alto voltage que refuerzan la vocación de agitación social con la que nació el FICAB, de la mano de la asociación CinemÀfriques y en colaboración con Wiriko,  hace un año.

G.S. Explícanos la imagen que has cedido al FICAB. ¿Qué representa para tí? ¿Qué filosofía hay detrás de esta fotografía y qué querías expresar con ella?

T.M. La imagen en cuestión es parte de una serie titulada ‘Appropriate’ (o Apropiado) que analiza los efectos de las intersecciones entre cultura y comercio en la rápida era de la globalización; más específicamente, echa un vistazo a la mirada occidental hacia la cultura africana y a cómo esto se traduce en ganancias para Occidente. Una forma de neocolonialismo que se ha ido tejiendo durante años entre una nueva generación africana expuesta a una educación occidental (o más bien, una mala educación), que hace que los africanos acepten peor sus culturas y que el valor de estas sean aceptadas solo cuando lo hace el mundo occidental. Aunque lo contrario también es cierto, Occidente solo considera que la cultura africana es apropiada cuando encuentra una manera de beneficiarse de ella.

G.S. ¿Por qué crees que es importante que artistas africanos como tú colaboren con festivales como el FICAB? Es decir, ¿por qué decidiste colaborar con el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona?

T.M. Sencillamente, creo que el mal solo persiste porque colabora, mientras que los hombres y mujeres buenos son demasiado justos para hacerlo. Somos más fuertes cuando nos unimos y creo que el FICAB es una plataforma que entiende los matices y la importancia de las representaciones positivas a través de las narraciones. Esto es algo que es importante (para mí) y necesario si queremos llegar a un mundo más grande con historias africanas genuinas en lugar de los fragmentos de 5 segundos que salen en la CNN o en FOX News, que son extremadamente inexactos y solo sirven para continuar justificando el robo del continente y de su gente. Si podemos llegar a más africanos dentro de la diáspora en cualquier otro lugar del mundo con historias como las que se comparten a través del FICAB, entonces podemos iniciar una conversación global cargada y equipada con la información correcta y, sobre todo, con un espíritu y sentido de identidad.

Appropirate, del artista sudafricano Tsoku Maela (2018).

G.S. ¿Cómo crees que el audiovisual, ya sea fotografía o cine —géneros en los que tu trabajas—, hecho por africanos y retratando las realidades contemporáneas del continente, puede ayudar a reenfocar la mirada estereotipada que los europeos todavía tienen de África y los africanos y africanas?

T.M. Documentar es importante, no lo puedo enfatizar suficientemente. Se trata de archivos de memoria colectiva. El trabajo realizado por los creativos africanos en este clima de cambio social en el continente y en la diáspora a nivel mundial no solo sirve para corregir los estereotipos que los europeos tienen de África, sino también para concienciar al individuo africano de sí mismo y las poderosas formas de pensar y recordarse. Si sabe quién es, nadie puede decirle lo contrario ni quitarle su valor. Es importante comprender que los estereotipos solo nos afectan en la medida en que los permitimos o creemos inconscientemente que son ciertos. Para nosotros ya no tiene ningún sentido que alguien en Inglaterra o América del Norte aún piense que vivimos en chozas de barro y que usemos taparrabos o persigamos leones todo el día. No es nuestro papel educar a los europeos. Nuestro objetivo es y debe ser únicamente para los pueblos africanos, que necesitan un despertar y un sentido de identidad. Las atrocidades que persisten en el continente no solo son instigadas por Europa, sino que en la mayoría de los casos están permitidas por el liderazgo africano. Y esa es una mentalidad que se produce cuando se le despoja la identidad y el orgullo a la gente del continente.

G.S. En TU opinión, ¿por qué crees que es necesario que la audiencia en Barcelona vea películas africanas durante la semana del Día de África?

T.M. Nunca he estado en Barcelona, pero he oído cosas maravillosas de la ciudad. Así que realmente no puedo hablar sobre la importancia de que las audiencias de Barcelona sean expuestas al cine africano. Pero la historia española y la historia africana están unidas de muchas maneras, y solo puedo imaginar que para los españoles nativos también existe un sentido de injusticia en sus comunidades que resonaría con ellos a través de estas historias. Esperamos que resalte que el mundo es en realidad más pequeño de lo que pensamos e influenciado por unos pocos que hacer las cosas para la gente. Estas cuestiones también resonarían en toda América Latina. Hay personas que probablemente se sienten desplazadas y en busca de sí mismas y de sus propias historias. Las historias de las personas negras en el clima socioeconómico contemporáneo actual tienden a tener numerosos puntos de intersección, especialmente con la desaparición de una clase media reconocible.

G.S. Para todas esas personas, y para fomentar esa intersección a través del cine, precisamente trabaja el FICAB. ¡Muchísimas gracias Tsoku!

Ruanda y el genocidio de 1994 en dos actos

6ª Edición del Curso Introducción a las expresiones artísticas y culturales del África al sur del Sahara

Por Manuel Galán

Análisis comparativo entre las películas Sometimes in April (2005)de Raoul Peck, y Hotel Ruanda (2004), de Terry George.

Si bien en ambos casos podemos considerar que se trata de cine de Hollywood sobre África, hay diferencias significativas en el tratamiento de temas sensibles como el papel de la comunidad internacional durante el genocidio, el análisis del contexto histórico y social, o la participación de la comunidad ruandesa. En las siguientes líneas trataremos de descifrarlo.

En la película Hotel Ruanda (2004), de Terry George, juegan un papel muy protagónico las figuras occidentales. Las más llamativas, aunque sin juzgar el papel relevante que hayan tenido en realidad, están la del general canadiense Romeo Dallaire al mando de la misión de la ONU y la cooperante sanitaria de una ONGD internacional. Se podría ver como un reconocimiento a cooperantes, misioneros y miembros de la ONU que se quedaron durante el genocidio aunque, por otro lado, concede un protagonismo, quizás excesivo, al apoyo occidental real con apariciones estelares clave que potencian la imagen de salvadoras a lo largo de la película. En el caso del film Sometimes in April (2005), de Raoul Peck, el papel protagonista queda reservado para Augustin Muganza, un militar hutu moderado casado con una mujer tutsi y transcurre entre el genocidio de 1994 y el encuentro con su hermano juzgado en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), con sede en Arusha (Tanzania), pero no concede casi protagonismo a figuras occidentales durante el relato.

Ambas películas coinciden en retratar y denunciar la pasividad de la comunidad internacional durante el genocidio, aunque lo hacen de formas diferentes. En el trabajo del activista, Ministro de Cultura de Haití en 1997 y documentalista político comprometido, es más explícito y visible a lo largo de la película y se refleja a través de las escenas con las conversaciones y negociaciones de diplomáticos en Europa y Estados Unidos durante el genocidio, caricaturizando el papel de los gobiernos francés y estadounidense. Sin embargo, en la famosa Hotel Ruanda es más difuso, tiene menos presencia y continuidad y no muestra rostros claros de esa pasividad de la comunidad internacional. En este caso, la salida de turistas occidentales del hotel de lujo de Las Mil Colinas durante su evacuación selectiva por miembros de la ONU, es el momento donde mejor se retrata la pasividad internacional y la selección racial selectiva. La coincidencia en el hotel, que no mezcla, del turismo de lujo con la población refugiada, podría haber dado pie a escenas muy cuestionables y provocativas, si bien el director no ahondó mucho en ese recurso.

La radio tiene mucha fuerza y presencia en ambas películas, decisiva en la propagación del genocidio a través de mensajes de odio y propagación de la limpieza étnica. Sirve como reflexión acerca del uso, incidencia y control de los medios de comunicación y su poder e influencia para alentar discursos que atentan contra los derechos humanos.

La historia de Ruanda. El realizador Raoul Peck se preocupa, al menos mínimamente, por realizar una introducción sobre la historia de Ruanda desde la ocupación belga en 1916, su política de segregación racial institucionalizada que continuó bajo la independencia de dominio tutsi primero y hutu después, y de contar la participación de Bélgica y Francia durante las guerras civiles previas al genocidio y durante el mismo. Incluso se pregunta: ¿cuándo comenzó todo? ¿Cuándo se convirtió el paraíso en un infierno? mostrando imágenes de la época colonial combinadas con otras más recientes en las que aparece el ahora expresidente estadounidense Bill Clinton. Si bien no se cuestiona el papel, más que controvertido, del TPIR de Arusha, sí al menos se visibiliza durante la película y puede llevar al espectador a preocuparse por su papel en el proceso de reparación. Sin embargo, Terry George no se preocupa de realizar esa introducción histórica y va directamente a retratar los meses del genocidio sin mayor preocupación por realizar una contextualización histórica, política y social.

El papel identitario y la posición de la mujer. La comunidad ruandesa se muestra con dos caras antagónicas: la del poder, el control, la violencia, gentes sangrientas, corruptas, y, en el otro lado, la de la comunidad moderada, víctima de la violencia, supervivientes del genocidio. En ambas películas es curioso que se opte por retratar la situación de matrimonios mixtos donde la mujer es tutsi mientras el hombre, de etnia hutu, ejerce de protector de la familia, seguro de supervivencia, negociador, liberador, con habilidad en las negociaciones. El papel de las parejas de los protagonistas está, casi exclusivamente, vinculado a los cuidados, tanto de su propia familia como de otros miembros de la comunidad pero no se le otorgan otros roles fuera del de cuidadoras. Sería interesante conocer el genocidio desde la mirada de una cineasta africana y a través de historias contadas por mujeres que lo sufrieron.

Como espectador, y desde el punto de vista de cine social o histórico, Sometimes in April provoca más preguntas, dudas, cuestionamientos sobre el papel de la comunidad internacional durante el genocidio y del papel del Tribunal contra los crímenes de Ruanda en el proceso de reparación.

 

Cines africanos online OAFF (I). Documental e identidades

Comenzamos una serie de crónicas que invitarán al lector a pasearse por las diferentes secciones del nuevo Online African Film Festival (OAFF) dedicado a los cines africanos y que plantea mostrar otras narrativas sobre el continente africano. Una oportunidad que permanecerá en abierto hasta el 15 de diciembre con un simple click.

Por Judit del Río

El OAFF es el primer festival de cines africanos online.

No es el único festival de cine online, pero sí es el primero de este formato que se centra exclusivamente en las producciones africanas y de la diáspora. El anuncio del Online African Film Festival (OAFF) ha sido una sorpresa para los que pensamos que la oferta de películas venidas del continente vecino es siempre escasa. Ahora, del 15 de noviembre al 15 de diciembre, tenemos la posibilidad de acceder a una treintena de títulos de eso que parece más un animal mitológico que una realidad en este país: los cines africanos. Cines, en plural. Porque si en algo se empeñan las distintas iniciativas que se dedican a darlos a conocer –el veterano Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) y el joven Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB) son quizá los ejemplos más prominentes a nivel nacional– es en la multiplicidad de miradas que nos llegan desde África. El OAFF no es una excepción. Su objetivo es el siguiente: luchar contra los estereotipos que describen a África como un continente de pobreza, conflictos bélicos y enfermedades. A fin de cuentas, deconstruir la idea que se tiene de sus países, sus culturas y sus ciudadanos para llevar al resto del mundo una visión panorámica de las realidades cotidianas africanas, tanto en formato ficción como documental. Y lo ha conseguido.

Ya bien entrada la segunda semana de recorrido pueden verse seis de los ocho documentales que hay programados en total. Todos ellos han rodado por otros festivales del mundo; todos presentan una visión única sobre la complejidad de las identidades personales o nacionales. En El africano que quería volar (Samantha Biffot, 2015) un documental biográfico sobre la vida de la estrella del kung fu gabonesa Luc Bendza del que ya hablamos en Wiriko con motivo de su proyección durante el FICAB, vemos cómo la determinación que lo lleva a convertirse en uno de los maestros más respetados de su disciplina en China no atenúa el rechazo que sufre debido a su nacionalidad. Las chicas de Ouaga Girls (Theresa Traoré Dahlberg, 2017) muestran, a través de su intimidad, sus aspiraciones y sus deseos, la realidad política y social de una Burkina Faso recién salida de una dictadura. Buceando en las perspectivas de los protagonistas aprendemos acerca de la riqueza de las mismas, entendiendo cómo la clase, la raza, y el género se entrelazan para conformar relatos personales únicos. Identidades que, a veces, se construyen a pesar del peligro: Kumut Imesh protagoniza y dirige junto a David Fedele Revenir (Volver, 2018), en el que, armado con una cámara, recorre de nuevo el trayecto que le llevó a Francia, tras exiliarse de su Costa de Marfil natal por motivos políticos.

En Agua Sagrada (2016) Olivier Jourdain evita deliberadamente cualquier mención al drama del holocausto ruandés para explorar una faceta de la sexualidad tradicional que se ha convertido en un hito cultural del país: kunyaza, la eyaculación femenina. Lo hace acompañando a Vestine Dusabe, una mujer que lleva la voz cantante en las ondas radiofónicas de Kigali por las calles, colegios y comunidades donde actúa como educadora sexual. La apertura con que se debate sobre el sexo y la satisfacción de las mujeres en Ruanda es un golpe a los prejuicios occidentales de los que insisten en afirmar lo reaccionario de las sociedades africanas ¿Es Agua Sagrada, entonces, un documental feminista? Sin duda, contiene nociones profundamente feministas, como la crítica que hace Vestine a la ablación del clítoris en otros países africanos, o la apertura a la hora de hablar de la sexualidad femenina sin tabúes desde una edad temprana. Una reivindicación del orgasmo femenino, sí, pero una aún atrapada en un marco en el que la satisfacción de las mujeres es motivo de honor para el hombre y medida de su pericia, y la heterosexualidad es la única posibilidad que parece existir. Las metáforas visuales y narrativas no dejan lugar a dudas: el agua sagrada es un lago que solo los hombres más viriles pueden navegar. Kunyaza se convierte, en parte, en una obligación; es una herramienta para mantener la estabilidad matrimonial y evitar la infidelidad. Son los hombres quienes importan a la hora de disfrutar del placer femenino; y el mensaje del documental hace malabares con la liberación sexual y el trabajo emocional.

Los problemas identitarios, aun siendo una parte fundamental de la historias, se mantienen muchas veces en un segundo plano. La transexualidad de Tchinda Andrade no se trata de manera explícita en la película homónima, Tchindas (Pablo García Pérez de Lara, Marc Serena, 2017). En vez de eso, la importancia del activismo LGTB+ se diluye en los exigentes preparativos del carnaval de Mindelo, en São Vicente (Cabo Verde), del que Tchinda es organizadora y promotora y en el que el pueblo entero se vuelca. El hilo conductor de la historia es la disciplina del atleta, el taller mecánico, el carnaval, la sexualidad; y por debajo se dejan entrever las formas peculiares y personalísimas en que cada individuo interacciona con el mundo. La visibilización es el primer paso hacia la normalización, la aceptación y la lucha por los derechos de distintos colectivos en situaciones de opresión, sean estos mujeres, LGTB+, o migrantes.

En este sentido, retratar cinematográficamente la normalidad –del liderazgo de las mujeres trans en el evento cultural más importante de São Vicente, de la elección del sector automovilístico como profesión para las protagonistas de Ouaga Girls, o de las conversaciones en torno a la sexualidad femenina– es una herramienta para dar visibilidad a estas realidades desconocidas y mostrar una visión más completa y más real de las vidas africanas. Una reivindicación dentro de un cine que, debido a sus condiciones de producción y exhibición, es forzosamente reivindicativo: porque hacer que se oiga una voz que ha permanecido silenciada es un acto político en toda regla, y también lo es luchar por amplificarla. Las palabras de Elvis Tolentino en Tchindas lo dicen todo: «así es África, llena de misterios».


Puedes encontrar más información en estos otros artículos:

Cómo ver cines africanos y no morir en el intento (I): Festivales

Cómo ver cines africanos y no morir en el intento (II): Plataformas online

Y también visitar nuestro Canal Wiriko en Filmin.

 

Animación africana: la búsqueda de experiencia, perfección y reconocimiento

*Marie Laurentine Bayala

Personajes realizados por la Asociación de Cine de Animación de Burkinabé (ABCA).

Las aventuras de Tom Sawyer, Las tortugas Ninja, Clémentine Alicia en el país de las maravillas son algunas de las caricaturas que han acompañado a generaciones de niños y niñas africanos desde la irrupción de la televisión a finales de la década de 1950. Hoy, por ejemplo, Las aventuras de Tintín se pueden ver en la televisión nacional de Burkina Faso. Es decir, los caminos para desarrollar películas de animación en el continente son prácticamente inexistentes y los proyectos de películas están, en su mayoría, respaldados por Europa, Estados Unidos y Asia.

Dada la escasez que caracteriza a este género, un grupo de jóvenes decidió unirse en 2009 para dar forma a sus historias creando la Asociación de Cine de Animación de Burkinabé (ABCA). La ABCA forma a sus miembros en materia de animación y transmite su pasión por el dibujo a los jóvenes de la capital y otras regiones del país. Recientemente, treinta personas de Koudougou, Bobo-Dioulasso y Dédougou realizaron un proyecto de animación bajo los auspicios de la asociación y en un mes consiguieron realizar una película. Esto quiere decir que una generación de cineastas se encuentra en el proceso de redefinir el futuro de este género gracias a su determinación por realizar películas a pesar del contexto desfavorable en el que se desarrollan. “Los talentos emergentes se encuentran principalmente en Sudáfrica, Nigeria, Marruecos, Costa de Marfil, Burkina Faso y Senegal.

No hay capacitación para desarrolladores. Solo hay talleres breves que introducen a los participantes en técnicas de animación y programas específicos como TV Paint, Adobe Photoshop, Adobe Flash, Toon Boom 3D S-Max y Maya”, explica Claver Yaméogo, director burkinabé de cine de animación con sede en Tokio, Japón. Después de sus estudios de animación en Francia, pasó nueve meses haciendo el primer episodio de Soamba. Actualmente se encuentra inmerso en una película de animación sobre la Princesa Yennenga.

¿Cómo, entonces, alimentar la imaginación de los niños pequeños mientras se les presenta la diversidad cultural de África, garantizando así la preservación de la identidad cultural del continente? Para Serge Dimitri Pitroipa, la animación puede jugar un papel clave. Él sugiere modernizar las historias para hacerlas más cautivadoras. “Tenemos muchas historias que, si se cuentan tal cual, no interesan a los niños. Por ejemplo, el Manga: se han modernizado. La animación podría ofrecer nuevas perspectivas a muchas historias. Desafortunadamente, los niños gastan su tiempo viendo canales extranjeros cuando tenemos nuestras propias historias para vender y mostrar. Y con este enfoque en mente diseñamos Afro Game. Los decorados son futuristas. De hecho, puedes observar que la esencia de la historia es la misma, sin embargo, el envoltorio ha cambiado”, subraya Pitroipa. Afro Game es una película de animación que Pitroipa y sus colegas realizaron después de una formación en Dinamarca.

Las películas de acción a menudo recurren a la animación, ya sea para efectos especiales, o para agregar nuevas escenas a narrativas ficticias. Las ilustraciones pueden reforzar la trama, o incluso conservar la historia cuando no es posible acceder a una configuración determinada. En este sentido, Pitroipa y debido a la imposibilidad de grabar o fotografiar el desarrollo de la ceremonia de despedida del jefe Mossi, ha recurrido al recurso de la animación para su recreación. “La animación es un soporte en las películas de ciencia ficción porque a través de ella es posible contarlo todo. Algo que no ocurre en el caso de la ficción o el documental”, señala Claver Yaméogo, quien considera que la animación africana aún no está lista para beneficiarse de oportunidades de colaboración o financiación internacional.

La animación es una forma de arte en equipo en la que necesitas, además de mucho tiempo y dinero, diversas especialidades como guiones gráficos, composición, coloración, animación, etc. “El acceso a la financiación es difícil. En Burkina Faso, las personas aún no están listas para financiar una película que solo verán dentro de unos dos años. De vez en cuando, el Ministerio nos respalda”, agrega Pitroipa. A pesar de su determinación de impulsar el cine de animación, algunos miembros de la ABCA han abandonado la aventura ya que es difícil ganarse la vida en esta industria. La animación africana todavía necesita experiencia, perfección y reconocimiento. Y para que eso suceda, Claver Yaméogo está convencido de que los Estados deben involucrarse y crear escuelas de cine de animación que ofrezcan oportunidades de producción y trabajo.

*Marie Laurentine Bayala es periodista de Burkina Faso

Traducido por Sebastián Ruiz-Cabrera

Fotograma de la película Bienvenue au Gondwana

Gondwana: La orgía del humor contra el despotismo político africano

Fotograma de la película Bienvenue au Gondwana

Resulta que la asquerosa orgía de las risas se mira con recelo en los círculos políticos. Se puede –como en todo– sonreír, pero sin pasarse que es obsceno, oiga. Es evidente que el poder, al no poder anticiparse a la descontrolada y agitada forma de mover el estómago por parte de la población se desestabiliza y muestra su desnudez legislando en su contra. Entonces lo categorizan, lo conceptualizan en los denominados límites del humor. Y qué eufemismo que el humor político tenga restricciones y líneas rojas mientras que algunas legislaciones maltratan los límites, por ejemplo, de los derechos humanos. Y por qué no afirmar que es entonces cuando el virus de la risa se convierte en una verdadera pócima para abrir zanjas en el sistema represivo.

En abril de 2016 en Burundi, el comediante Alfred-Aubin Mugenzi, más conocido por su nombre artístico Kigingi, fue detenido y transportado con los brazos atados a la espalda a un centro de detención en Bujumbura. Había sido irónico en un bosquejo de análisis político sobre la actuación del presidente del país Pierre Nkurunziza para concurrir a un tercer mandato que su Constitución prohibía. Una broma pesada.

En España tenemos lista de la compra para aportar ejemplos: Manel Fontdevila y Guillermo Torres fueron condenados a pagar 3.000 euros de multa cada uno por injurias en la portada de El Jueves del 20 de julio de 2007 a los entonces herederos a la Corona; el guionista Guillermo Zapata tuvo que declarar por una serie de tuits de humor negro que publicó en 2011 y el humorista Facu Díaz fue acusado por un sketch en un programa de televisión que consideraron abusivo. Recientemente se conocía el fallo de la Audiencia Nacional en el que se condenaba a un año de prisión a la joven estudiante de Murcia Cassandra Vera, de 21 años, por publicar 13 tuits sobre el atentado de Carrero Blanco. Y habría más.

Pero una vez más el humor servirá para retratar el statu quo, esta vez desde la mirada de Mamane, un humorista convertido en realizador. En su película Bienvenue au Gondwana (Bienvenidos a Gondwana) el nigerino afincado en Francia presenta una comedia satírica llena de esperanza y llevando un fuerte mensaje a la juventud africana: despertad. En la víspera de las elecciones en un país “ubicado exactamente al norte de algún lugar y al sur de allí”, la comunidad internacional despliega a un equipo de observadores para supervisar la campaña electoral en Gondwana. Entre ellos un joven idealista francés instalado en África, un dictador decidido a mantenerse en el poder, dos geopolíticos, un diputado francés que se dedica a la venta de espárragos en África y una joven revolucionaria.

En este país imaginario es donde Mamane ha optado por instalar su “República muy muy democrática”. Durante años, en sus crónicas divertidas en Radio France International (RFI), Mamane habla de esta nación figurada donde todos los líderes africanos se combinan con unos mismos atributos: la figura de un líder megalómano, un opresor de marionetas y un dictador barroco y caricaturezco. Todo tiene lugar en Gondwana, una especie de caverna de los horrores: los chanchullos del África francesa (La Françafrique), la tiranía de los déspotas sanguinarios, la indiferencia de las democracias occidentales, la presentación de los pueblos de forma estereotipada a través de los medios de comunicación, las revueltas sociales, los abusos de las multinacionales, etc.

Mamane amamanta su ira en su espacio radiofónico tirando del humor con análisis corrosivos de la política africana, aunque a veces, suaves y surrealistas. Está acostumbrado. Quizás es por lo que este enojo no le ha dejado tranquilo y ha decidido hacer una película como ésta. Siguiendo el principio de sus textos de radio, su narrativa juega con la representación del libro El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, y sorpresas para los no iniciados en los terrenos africanistas.

Acompañado del reggae de Tiken Jah Fakoly en algunos fragmentos, el realizador nigerino habla de las múltiples Áfricas con un estilo claro y un humor delirante que trasciende lo cómico: Bienvenue au Gondwana es una carta de amor a un continente, pero al mismo tiempo una observación terrible sobre la situación política en muchos de los países africanos. Y el surrealismo y la parábola finalmente le permiten decir a Mamane cosas serias y tratar de despertar las conciencias en una risa siempre comunicativa que logra subrayar aquello de: ¡Larga vida al humor!

 

Inauguramos canal de cine africano en Filmin

Lo hemos conseguido. Después de varios meses de coordinación por fin ve la luz el primer canal sobre cines africanos en español en colaboración con FILMIN. Nuestro objetivo común es el de ir alimentando este espacio único con películas realizadas por directoras y directores africanos, trabajos sobre el continente o films que desde nuestro punto de vista contribuyen a mantener los estereotipos sobre África y que son necesarios volverlos a ver desde una mirada crítica. Somos conscientes de que es una magnífica oportunidad para visibilizar estos cines tan necesarios para entender las dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales, así que abrimos la puerta a cinco secciones, cinco reflexiones, cinco ventanas. Os dejamos algunos de los ejemplos que podréis disfrutar en nuestro canal.

Miradas africanas: Películas realizadas por africanos

Es la sección más buscada. Esas películas africanas que, más allá de los circuitos de festivales, son muy complicadas de ver. Trataremos de ir sumando títulos clásicos y contemporáneos para ilustrar esas nuevas narrativas que salen desde el propio continente.

El último vuelo del flamenco (2010)

En el pueblo mozambiqueño de Tizangara, los cascos azules de la ONU trabajan para mantener la paz después de años de guerra civil. Varias explosiones acaban con cinco soldados, de los que sólo quedan intactos sus genitales y sus cascos. Para investigar lo ocurrido llega al pueblo Massimo, teniente italiano destinado en Maputo, la capital de Mozambique. Con la ayuda de Joaquim, un traductor local, Massimo emprende una investigación para esclarecer un misterio en el que aprende que en aquella tierra no todo es lo que parece.

 

A 14 kilómetros: Propuestas desde esa otra España

En esta sección pretendemos acercar los trabajo de los realizadores y realizadoras españoles que se interesan por las realidades de África.

Voces de Mozambique (2011)

El rostro de las mujeres de Mozambique está cargado de vidas no contadas, silenciadas…Voces desde Mozambique rescata la voz de las mujeres africanas que luchan diariamente, por activar el desarrollo de África. Cinco historias que representan el ciclo de vida de la mujer. Y la sombra de un mito reencarnado en todas ellas: Josina Machel, primera heroína y guerrillera mozambiqueña, que luchó por la independencia y por los derechos de la mujer. Mujeres que continúan reclamando un espacio de voz y reivindican la de Josina, convirtiéndola en la suya propia.

 

Sahara occidental: La última colonia

El silencio es ensordecedor. NO hay formación en las escuelas sobre las últimas colonias españolas como Guinea Ecuatorial o Sahara Occidental. Es por eso que entendemos que nuestro posicionamiento como revista especializada en artes y culturas africanas, tener un espacio para poder repensar y actuar sobre uno de esos conflictos internacionales enquistados y en el que, España tiene todavía mucho que decir. Y callar. También.

Willaya (2012)

“Wilaya” es una sencilla y bella historia sobre dos hermanas que se reencuentran en los campamentos saharauis. Nos cuenta cómo es la vida allí a través de Fatimetu (Nadhira Mohamed), una española de origen saharaui que se ve obligada a regresar a los campamentos tras la muerte de su madre. Fátima encontrará el “amor” de Said. Pero por encima de todo se encontrará con su hermana Hayat (Memona Mohamed), un ejemplo de superación que nos demuestra que si se quiere se puede salir adelante incluso en circunstancias tan adversas, casi una metáfora de lo que pasa en los campamentos donde parece que se ha instalado la idea de que ya no se puede hacer nada y es mejor vivir dejándose llevar por las circunstancias.

Morir de puro Hollywood: Narrativas estereotipadas sobre el continente

El cosmos hollywoodiense y sus circuitos mundiales de distribución de cultura, la reducción por parte de Francia e Inglaterra de la cooperación hacia el cine del continente, junto a la poca inversión de los gobiernos africanos en sus industrias cinematográficas –entre otros–, han sido claros exponentes para que la ilusión de los años 60, 70 y 80 quede en el recuerdo de cinéfilos o especialistas en los cines de África debido a la dificultad para acceder a estas obras… ¿Sueño truncado? La tendencia acusada desde las carteleras occidentales y desde la literatura de masas a mostrar al continente al sur del Sahara como un área geográfica azotada por la violencia armada, explicada como un producto de luchas étnicas o como la consecuencia del dominio de los señores de la guerra dedicados al expolio de los recursos del continente, domina, nuevamente, un imaginario globalizado y difícil de contrarrestar.

Curiosamente ésta es la fórmula del éxito en muchas de las películas taquilleras: Johnny Mad Dog (2008) dirigida por Jean-Stéphane Sauvaire que muestra la cruda realidad de los niños soldados en un país indeterminado de África, o de las consagradas en el tridente drama-conflicto-África como El jardinero fiel (2005) de Fernando Meirelles, Hotel Ruanda (2004) de Terry George, y Diamantes de sangre (2006) de Edward Zwick. En esta sección visibilizamos estas narrativas como se pone de manifiesto en Pasiones de Kenia de Michael Radford (1987).

Pasiones en Kenia (1987)

Basada en la novela homónima de James Fox. Dirigida por el nominado al Oscar Michal Radford y protagonizada por una atractiva pareja, la formada por Charles Dance (“Juego de Tronos”) y Greta Scacchi (“Good morning Babilonia”). Una apasionante mirada sobre la otra cara de la vida colonial durante la Segunda Guerra Mundial. Años cuarenta. Dos aristócratas ingleses recién casados se instalan en la colonia británica del Happy Valley, en Kenia. Ella se enamora de un conde cínico y elegante con el que mantiene una apasionada relación. Mientras tanto, su marido parece soportar estoicamente la infidelidad de su bella mujer.

Otras Áfricas: Miradas independientes

En esta sección se pretende seleccionar a las películas que nos hablan de África desde una mirada crítica y nos hacen reflexionar sobre temas como la corrupción, la independencia, la cooperación, la colonización o incluso el turismo sexual como trata Ulrich Seidl en una de las películas de su trilogía Paraíso.

Paraíso: amor (2012)

En las playas de Kenia, son conocidas como “sugar mamas”. Son mujeres europeas gracias a las cuales, a cambio de un poco de amor, los jóvenes africanos logran subsistir. Teresa, una austríaca quincuagenaria, pasa sus vacaciones en uno de estos paraísos exóticos. “Paraíso: Amor” habla de mujeres mayores y hombres jóvenes, de Europa y de África, y de cómo se puede pasar de explotado a explotador. La película de Ulrich Seidl es la primera entrega de una trilogía que retrata a tres mujeres de una misma familia y cómo pasan las vacaciones. Una decide hacer turismo sexual (PARAÍSO: AMOR), otra opta por intentar convertir a otros a la fe católica (Paraíso: Fe) y la tercera se apunta a un campamento para adolescentes con sobrepeso (Paraíso: Esperanza). Tres mujeres, tres formas de pasar las vacaciones y tres relatos acerca de las ganas viscerales de felicidad.

 


Os iremos informando de todas las novedades que vayamos incluyendo en nuestro canal.

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Armando Buika: “En un casting me dijeron que no era un reflejo de la sociedad porque no se ven negros policías ni abogados”

*Por Maria Colom

Foto: http://www.pilarpardo-representante.com/

“Hace poco dije que no a un papel porque no me hacía crecer como actor. Era denigrante para mi cultura y no quise hacerlo. En ocasiones me he sentido humillado, pero no por mí, sino por la imagen que quieren dar de mí y de mi cultura”, contaba el actor español de ascendencia guineana, Armando Buika, para Wiriko. Al parecer, en pleno siglo XXI, África sigue siendo un tema tabú para la sociedad española. Actores, directores, guionistas y artistas en general, con raíces africanas, ven reducidas a diario sus oportunidades laborales por su color de piel. “En un casting me dijeron que no era un reflejo de la sociedad porque no se ven negros policías ni abogados”, explica Buika. Ante esta situación y al darse cuenta de que se trataba de un problema generalizado, junto a otros colegas de profesión, decidieron crear The Black View, una plataforma que, según cuenta el actor, nació ante la dificultad de desarrollar su carrera y para luchar contra la invisibilidad a la que está sometida la población negra también a nivel cotidiano.

Aunque en muchos países fuera de África en los que viven negros, a estos les cueste encontrar su lugar, fuera de España estas visiones ya han empezado a cambiar, por lo que el actor no puede dejar de preguntarse por qué aquí no ocurre lo mismo. “Cuando entras a cualquier sitio, tienes que hablar para demostrar que eres español, y hasta que no hablas, la gente se siente incómoda”.

La primera acción que llevó a cabo esta plataforma, fue presentarse como asociación ante la Academia del Cine Española y exponer los motivos de su creación. Además, se propusieron para presentar un premio en la gala de los Goya. Como resultado, a los pocos días se pusieron en contacto con el director Santiago Zannou –miembro de la plataforma y ganador del Goya al mejor director novel en el año 2008 con la película El truco del manco– para presentar un premio en la gala que se celebró el pasado 4 de febrero. Zannou se subió al escenario por primera vez desde que fue galardonado, para entregar un “cabezón” y fue la primera ocasión en la historia que un artista negro tenía tal oportunidad.

No obstante, The Black View quiere dejar claro que no tienen nada que ver con el movimiento Oscars So White, que nació en Estados Unidos para reivindicar que los nominados y los ganadores de los premios de la Academia del Cine Estadounidense siempre eran blancos, sino que la plataforma nació de un sentir interior para librarse de las cadenas que los convierten en invisibles.

“Queremos que nos quiten ese sello y esa imagen de debilidad. No somos minoría, somos fuertes y españoles. Guionistas, actores, fotógrafos… un colectivo de diferentes artistas que tenemos que dejar de escondernos y agachar la cabeza. Queremos dar una imagen de fortaleza. Queremos enriquecer proyectos con la mezcla de culturas, queremos que guionistas y directores salgan de la zona de confort”.

Foto: http://www.pilarpardo-representante.com/

Tras el éxito de la campaña durante los premios Goya, The Black View no ha parado de preparar proyectos. Entre ellos, para el día internacional del teatro, el próximo 27 de marzo, van a estrenar un vídeo titulado “La cultura no tiene color”, un poema que recitaran distintos actores conocidos con el objetivo de extenderlo de forma viral. Además, están inmersos en producciones teatrales, escriben guiones de cine y dan charlas para concienciar al sector. Y es que cuando un actor negro va a un casting o ya ha conseguido un papel, muchas veces es para interpretar a un inmigrante sin papeles que ha llegado en patera. Hace poco, en una serie, le pidieron esta interpretación a Armando.

“Preguntas que de dónde viene el negro. Te contestan que de África, como si fuera un país, o de Guinea. Pero alguien de Guinea no viene en patera. Tenemos que dotar las producciones de rigor histórico”, cuenta el actor, al que hemos podido ver en la serie de televisión La fuga, o en las películas Back seat fighter o Stop over in hell. Actualmente, la plataforma ya cuenta con un historiador en cultura negra que los ayuda y los instruye.

Que los actores negros solo tengan la oportunidad de interpretar a los estereotipos de inmigrantes sin papeles y manteros es muy peligroso para la sociedad y para la educación de los jóvenes.

“Los que nacimos en los años 70, hemos crecido sin referentes. A mí me ha costado mucho aceptar lo que soy porque creía que no tenía las mismas oportunidades. Yo no estaba orgulloso de ser negro porque creía que no tendría futuro. Ahora queremos demostrar a los jóvenes que es posible vivir en un país con oportunidades”.

Solo quieren que se los reconozca como tal, que se muestre la realidad tal y como es. Porque sí es cierto que hay manteros e inmigrantes, pero también hay maestros, policías, abogados y padres. The Black View reivindica poder tener todo el abanico de posibilidades, quiere dar visibilidad a toda esa gente que no la tiene y quiere unir fuerzas para luchar juntos por lo que les pertenece.

Érase una vez… Buhle Ngaba y otras princesas negras

Ante la falta de mujeres africanas en los personajes literarios, la escritora sudafricana publica ‘The Girl Without a Sound’, un cuento para ofrecer a las niñas referentes propios y cercanos

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Parece que el reinado de la princesa blanca, rubia y de ojos azules tiene fecha de caducidad. Al menos, en el mundo de los cuentos infantiles. Al menos, a medida que cada vez más mujeres negras conquistan una voz con la que contar sus historias. Ese es motor de la creatividad de la sudafricana Buhle Ngaba y el sentido de su primer libro The Girl Without a Sound. Es cierto que no es la primera, ni la única, que rompe con los estereotipos de la industria editorial, que intenta diversificar los caracteres de los personajes, pero la historia de Ngaba merece ser contada.

La joven sudafricana de 25 años de edad, se define como actriz, activista y escritora y de esas tres almas surge la necesidad de crear a una heroína negra. Un cuento ilustrado que tiene como protagonista una niña africana puede parecer una anécdota, pero en realidad, es la necesidad de crear personajes diversos lo que llama especialmente la atención y, sobre todo, las motivaciones de su autora. Nace de la experiencia propia. The Girl Without a Sound cuenta la historia de una niña negra sin voz. Un capullo dorado está creciendo en su garganta y le impide pronunciar una sola palabra. Una noche una mujer “con rayos de sol en su piel y alas rojas aparece al pie de su cama”. A partir de ese momento, la misteriosa recién llegada ayudará a la niña a buscar su voz a través de historias, de libros y de palabras.

La actriz, activista y escritora sudafricana Buhle Ngaba. NEO BAEPI

La actriz, activista y escritora sudafricana Buhle Ngaba. NEO BAEPI

“Estaba completamente desilusionada”, explica Buhle Ngaba, “por la falta de representación de las mujeres de color en los personajes literarios, en los que aparecen en las pantallas y en los escenarios. Llegué a la conclusión de que tenía que aprender a escribir cuentos porque nadie más podría escribirlos por mí. Así que, al escribir esta historia, está claro que estaba escribiendo para remediar el dolor de ser una mujer de color en la sociedad actual, una sociedad que nos borraría de la realidad al no escribir sobre nosotros”.

La autora confiesa que escribió la historia “como un capricho” o más bien como una necesidad propia y con una curiosa motivación. “No tenía dinero para comprarle un regalo a mi tía para su cumpleaños así que escribí un cuento”, dice divertida la actriz y escritora sudafricana. Precisamente, la historia está, en parte basada en la relación de Ngaba y su tía. Sin embargo, después de este impulso inicial, las cosas dieron un giro insospechado. La respuesta que la joven recibió cuando explicó en las redes sociales el relato que había escrito, le empujó a desarrollar un poco más el proyecto. “Las reacciones que compartieron conmigo a través del hashtag #BooksForBlackGirls me confirmó mis sospechas. Hacía tiempo que sabía que había necesidad de un libro como este. Si entras en una librería sudafricana para comprar algo para niños, te das cuenta de que no hay libros con pequeños protagonistas negros. Me pregunto, ¿cómo podemos esperar que nuestros hijos se vean a sí mismos y crean en su propia magia si no están representados en los cuentos que leen?”, se lamenta Ngaba.

* Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro gracias a un acuerdo de colaboración entre Wiriko y esta sección de EL PAÍS. Para seguir leyendo, pincha aquí.

Black Folk Don’t: Esas “cosas” que los negros no hacen

bfd-get-maried-titleAngela Tucker es la directora y productora de la webserie Black Folk Don’t que con pequeños capítulos disecciona aquellas costumbres arraigadas en el imaginario de la población estadounidense sobre lo que los negros se supone que tienen que hacer. Es aquello de coger una cámara y desatornillar las construcciones mentales con la imagen y la palabra. El keniano Ngugi wa Thiong’o argumentó en su libro Descolonizar la mente que “la lengua fue el vehículo más importante mediante el cual el poder fascinó y atrapó el alma”. Ahora, en una época donde las industrias culturales dominan los sistemas de producción de ideologías y pensamiento, una contra narrativa urge.

Los largometrajes de ficción todavía están dominados por las imágenes de los hombres (sí, hombres) blancos. Sé que esto no es una novedad para las personas que leen artículos como este, pero es un problema más grande de lo que pensamos. “Básicamente, se deriva de los blancos que tienen una falta de entendimiento de la cultura negra. Es decir, los negros de las montañas de Colorado tienen mucha más facilidad de ir a las calles de Nueva York y escribir disertaciones sobre la cultura blanca, pero la mayoría de la gente blanca… no tanto. Este desequilibrio nos ha conducido a un momento en el que la industria cinematográfica carece de diversidad en un grado alarmante”. Las palabras entrecomilladas corresponden a Tucker. Pero espera, no vayas a la sección de comentarios y te desahogues. Sigue leyendo.

 

Black Folk Don’tproducida por Black Public Media con el apoyo de la Corporation for Public Broadcasting, invita a huir del pensamiento perezoso y a permanecer en las zonas grises sin importar el color de la piel. Y lo más importante: hacerlo con naturalidad. El proyecto, en su cuarta y última temporada recién estrenada, consigue enganchar al espectador con una fusión de humor y perspicacia que desmonta ciertos supuestos exponiendo su origen social, siempre anclados en el racismo. 

“Déjeme darle un ejemplo más visual. ¿Conoce esos rompecabezas de 1.000 piezas que las familias extienden sobre una mesa y pasan todo un fin de semana juntos completándolo? En el cine, los blancos son retratados por el estilo. Ellos son muy variados y se les permite poner muchas de sus piezas en exhibición. Mientras que nosotros llegamos a tener dos, tal vez tres piezas, que aparecen en la pantalla y eso es todo. A pesar de ello, seguimos siendo capaces de vernos a nosotros mismos. ¿Por qué? Debido a que todas las personas son complejas. Es el momento de mostrar nuestro dinamismo. Queremos crear imágenes en las que las mujeres negras sean vistos como las 1.000 piezas del rompecabezas”, explica la realizadora.

“Los negros no dejan propinas”, “los negros no van al médico” o “los negros no saben nadar” son algunas de las afirmaciones que esta webserie cuestiona. “Una gran cantidad de personas negras no nada pero las razones no son como nos gustarían: principalmente es porque no hemos tenido acceso y si tu familia no lo tiene no puedes aprender. Algunos de estos estereotipos pueden tener algo de verdad, pero el objetivo de la serie es mostrar la complejidad de la experiencia negra en los Estados Unidos”, matiza Tucker. Construir nuevos caminos a golpe de frames. Estamos hambrientos de medios de comunicación que permitan avanzar en el pensamiento crítico y Black Folk Don’t no solo lo consigue provocando, sino que también proporciona un breve contexto social en cada episodio.

Aberraciones que no deberíamos volver a escuchar sobre África

Estereotipos: imágenes o ideas aceptadas comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable.

Close-Up Portrait of a Stressed African-American Woman

Pensar y emitir juicios de valor en base a estereotipos cuando hablamos de África, o de cualquier otro tema, es una muestra de rigidez mental y una gran contribución a la injusticia social a partir de hallazgos erróneos y poco contrastados. La correcta información es esencial para deconstruir las ideas preconcebidas. Wiriko nació con el principal objetivo de romper los estereotipos existentes sobre África y fomentar un conocimiento más ajustado de las realidades del Sur del Sáhara a través de sus manifestaciones culturales y artísticas.

A pesar de que ya se ha hablado mucho sobre estereotipos, a continuación te proponemos argumentos y contrainformación necesaria para que si vuelves a escuchar alguna de estas aberraciones, simplemente, puedas dar la información correcta para que no tengamos que sufrir más episodios de vergüenza ajena.

    1. Un sobrino mío también estuvo en África… (cuando le dices a alguien que acabas de volver de Marruecos)“. África es un continente de 54 países (55 si incluimos Sáhara Occidental). Muchas veces se habla de África como si fuera un país, pero cuenta con una extensión de 30.272.922 km² – Europa tiene 10.180.000km² -. Vale la pena matizar.
    2. Termínate la comida, que los niños de África no tienen qué comer…“. Casi 800 millones de personas pasan hambre en el mundo según el Programa Mundial de Alimentos. Las sequías, las guerras, los desplazamientos forzosos o la falta de inversión en agricultura son algunos de sus principales motivos. Sin embargo, a pesar de que la desnutrición azota en África a más niños que en cualquier otro continente, tus hijos e hijas conviven diariamente con niños y niñas que pasan hambre. El último informe de UNICEF y OXFAM muestra que el 34’4% de los niños españoles vive en riesgo de pobreza o exclusión social
    3. ¡Qué calor! Parece África…“. El continente tiene diferentes tipos de climas: el tropical seco, el semiárido, el desértico, el mediterráneo… Si bien en el Sáhara o en el Kalahari las temperaturas máximas pueden alcanzar hasta los 59 grados, el Kilimanjaro o el Monte Kenia tienen nieve durante todo el año, y las temperaturas pueden estar bajo cero en invierno en diferentes punto del África austral.
    4. ¿Hablas africano?“. No existe ningún idioma que se llame así. En África se hablan más de 1.500 lenguas distintas.
    5. África debe estar vacía porque todos los africanos están viniendo a Europa“. En África, actualmente, viven aproximadamente unos 1.200 millones de personas. La mayoría de los flujos migratorios se producen a nivel intra-africano, y solamente un 16% de las migraciones del continente van hacia Europa. 2’3 millones de españoles han tenido que emigrar fuera de España debido a la crisis. Vale la pena recordar que algunos de nosotros vivimos actualmente en África.
    6. Yo no quiero ir a África, es demasiado peligroso“. Sudán del Sur, Somalia, República Democrática del Congo y República Centroafricana están en la lista de países más peligrosos del mundo. Sin embargo, el último Índice de Paz Global sitúa Mauricio (por delante de España), Botsuana, Madagascar o Zambia entre los 40 países más pacíficos del mundo.
    7. A África solo se puede ir a ayudar…“. Los cooperantes son muy necesarios, sobre todo, en situaciones de emergencia humanitaria. Sin embargo, se ha abusado demasiado del concepto de “ayuda” en África, nunca exento de críticas. Es cierto que hay muchos expatriados europeos viviendo de la industria de la cooperación en África. Pero también hay muchos otros que viven y trabajan en África simplemente porque les gusta. Otros que están aquí para hacer negocios. Y muchos, para viajar y hacer turismo en un sector que, según Naciones Unidas, emplea a más 9 millones de personas en la región y que se espera doblará sus ingresos para 2030 (actualmente África recibe el 5,8% del turismo mundial).
    8. En África la corrupción es endémica“. África no compite en la primera división mundial de la corrupción, pero la fragilidad de algunos estados la hace devastadora para su población. Siete de los países con más desigualdad del mundo son africanos, mientras 1/3 de la riqueza de los multimillonarios africanos está en paraísos fiscales según los Papeles de Panamá. Sin embargo, Ruanda tiene una política de anti-corrupción ejemplar. Y Botsuana (por delante de España), Cabo Verde, Seychelles, Mauricio o Namibia son percibidos como los países africanos menos corruptos según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International.

9. “Todos los conflictos bélicos que hay en África son étnicos“. La etnicidad es una herramienta de movilización, pero no el desencadenante de los conflictos en África. Es la desigualdad del acceso a los recursos, el neopatrimonialismo y redes clientelares que excluyen a ciertas partes de la sociedad lo que se presenta como el principal motor de conflictos. Las identidades étnicas se pueden instrumentalizar en pro de intereses políticos, pero el concepto de identidad étnica como algo cerrado es inexistente. La mayoría de sociedades son plurales e interculturales.

10. “Las mujeres no tienen derechos en África“. La discriminación de género también existe en África, donde las mujeres sufren peores tasas de alfabetización que los hombres y donde el machismo parece la norma. La brutalidad de la Mutilación Genital Femenina amenaza a miles de niñas del continente. Pero muchos gobiernos hace años que han prohibido esas práctica, y recientemente el Parlamento Panafricano, órgano legislativo de la Unión Africana (UA), también lo ha hecho. Hay que decir que, a nivel de derechos políticos, algunos países de África parecen ir un paso por delante de España con jefas de estado: Liberia (con Ellen Johnson Sirleaf), Malaui (con Joyce Banda) o Mauricio (con Ameenah Gurib-Fakim). 

Oyama Matomela, una joven sudafricano de 25 años es piloto y rompe con los estereotipos de género en Sudáfrica.

Oyama Matomela, una joven sudafricana de 25 años es piloto de la aerolínea South African Express y rompe con los estereotipos de género en Sudáfrica.

11. “Los africanos no quieren trabajar“. Sudáfrica (+/- 26%), Grecia (+/- 23%) y España (+/- 20%) son los tres países con las tasas de desempleo más altas del mundo. Pero en el caso africano, 9 de cada 10 trabajadores realiza actividades en la economía informal, empleos que no cuentan en las estadísticas por no repercutir directamente al PIB. En el continente vecino, el 70% de los trabajos son empleo vulnerable, pero eso no significa que los africanos no trabajen o no quieran hacerlo.

12. “El problema de África son sus dirigentes políticos“. Según las encuestas de Afrobarometro, el principal problema del continente no son sus líderes sino el desempleo, seguido por la educación. Aunque algunos países tienen serios problemas con sus jefes de Estado (actualmente Burundi, Uganda, Sudán del Sur, República Centroafricana o RDCongo), África ha producido grandes líderes que han inspirado al mundo: Nelson Mandela, Ellen Johnson-Sirleaf, Thomas Sankara, Patrice Lumumba, Julius Nyerere, Kwame Nkrumah…

13. “Antes de la llegada de los europeos, en África no había ni civilización ni progreso“. La civilización del Gran Zimbabue o el Imperio de Mwene Mutapa -, los reinos nubios (que gobernaron de Egipto a Sudán durante casi un siglo); los reinos de Axum (que controlaron las rutas del mar Rojo de Eritrea a Egipto); el poderoso imperio de Ghana (entre el actual Mali y Mauritania); el imperio de Kanem-Bornu (entre los actuales Chad y Nigeria)… Son solo unos pocos ejemplos de sistemas de poder bien consolidados y de poderosas civilizaciones africanas precoloniales con filosofías, sistemas socioecónomicos y políticos, arquitectura, literatura, medicina, gastronomía… propios. Que no aparezcan en nuestros libros de historia no significa que no existieran. 

14. “¿Qué tendrá que ver España con África?“. A pesar de que España llegó tarde al reparto de África por parte de las potencias coloniales, el Sáhara Occidental o Guinea Ecuatorial fueron provincias españolas en el siglo XX. Sin embargo, mucho antes, los bereberes norteafricanos islamizaron gran parte de la península ibérica, pasando a formar parte del imperio musulmán durante casi ochocientos años. Al Ándalus se convirtió entonces, según los historiadores, en el territorio más refinado del Occidente europeo. Hoy, sin embargo, el impacto negativo del colonialismo español al otro lado del estrecho de Gibraltar, es aún motivo de sufrimientos y clandestinidad entre el pueblo saharaui.

Fotografía del nigeriano Andile Buka en la que explora e intenta romper los estereotipos a través de una serie basada en los deportes "de ricos" y la raza negra "oculta" dentro de las elites sudafricanas.

Fotografía del nigeriano Andile Buka en la que explora e intenta romper los estereotipos de clase y raza a través de una serie basada en los deportes “de ricos” y la presencia de negros entre la élite sudafricana.

Los héroes que salvaron Nigeria del Ébola

93days

Las fronteras habían quedado desmanteladas en tres países de África del Oeste. Pero la alarma se extendió definitivamente entre los medios internacionales cuando Patrick Sawyer, un ciudadano estadounidense-liberiano de 42 años, se contagió por el virus del Ébola. Todos memorizaron su nombre para tildarlo de “maldito” o “terrorista”. Conocíamos dónde trabajaba, que tenía una hermana que había muerto recientemente y que su familia estaba ahogada en la tristeza más absoluta. El afectado era uno de los nuestros. ¿Podía llegar a Estados Unidos? ¿Se podía extender? Es la narrativa a la que estamos acostumbrados ya que, en parte, quedaba lejos. Un matiz geográfico. De distancia. Al hablar del ellos todo cabía en un mismo contenedor reducido a cifras: entre diciembre de 2013 y abril de 2016, la epidemia más grande de este virus hasta la fecha ha generado más de 28.000 casos de infección y más de 11.000 muertes en Guinea, Liberia y Sierra Leona.bimbo-akintola

Sawyer aterrizó en julio de 2014 en Lagos, una mega-urbe poblada de 17 millones de personas y la capital económica de Nigeria, que alberga la mayor población del continente: 187 millones de habitantes. Que durante 93 días, menos de una decena de personas fallecieran fue un punto de inflexión. Según el enfoque, hasta un milagro. O una articulación exquisita de los profesionales que supieron aplicar a rajatabla todos los protocolos internacionales. Esta es la otra historia. La de cómo una de las enfermedades más contagiosas conocidas no tuvo una onda expansiva en Nigeria.

Detrás de todo el operativo se encontraba la doctora Ada Igonoh, del First Consultant Hospital, quien acabaría infectándose al tratar a Sawyer. La tasa de fallecimiento era el 99 por ciento pero Igonoh creía en los milagros y en la investigación individual que durante 14 días aislada pudo realizar a través de su iPad. “Leía la Biblia y consumía sales de rehidratación oral. No tomé ninguna droga experimental o los llamados potenciadores del sistema inmune”. Se salvó. Y ahora su historia, presentada en el Festival Internacional de Cine Internacional de Toronto (TIFF) se ha llevado a la gran pantalla con 93 days. Un guión que muestra a los héroes de la tragedia y su victoria sobre una situación aterradora. Esto es exactamente lo que el realizador nigeriano Steve Gukas y su equipo han conseguido. Otro punto de vista, desde África y que se ha colado en una de las citas del séptimo arte más esperadas cada año, el TIFF.

Danny GloverSin embargo, 93 days no es un film exclusivo sobre un héroe, ni tampoco una película biográfica sobre la vida de la doctora Adadevoh (interpretada por la actriz Bimbo Akintola) o la de Patrick Sawyer (Danny Glover). En lugar de ello, se muestra la vida de los diferentes individuos que aseguraron que Nigeria no se consumiera. Una historia de sinergias entre el aparato gubernamental, los expatriados de salud pública y los funcionarios médicos. En un país donde creemos que difícilmente el servicio de bomberos puede llegar a tiempo, 93 days transforma el enfoque de corrupción y Boko Haram al que estamos acostumbrados. La representación de heroísmo, abnegación y sacrificio de la película es la creación de un zumbido entre los nigerianos que a menudo se quejan de que su país es retratado desde el oscurantismo.

La epidemia de Ébola no fue solo una crisis de salud pública sino una crisis de seguridad económica y alimentaria aún más alarmante. Los efectos se harán sentir, lamentablemente, durante mucho tiempo. Y por eso, esta película es solo la punta del iceberg de la creatividad y la frescura necesaria de guiones que emanan desde el continente que combaten la representación estereotipada que se hace en el cine del continente africano. Es Nollywood, una industria –la segunda del mundo en nivel de producciones por delante de Hollywood y por detrás de Bollywood– en general vilipendiada pero que, sin duda, es un arma de construcción masiva.