Cines africanos online OAFF (I). Documental e identidades

Comenzamos una serie de crónicas que invitarán al lector a pasearse por las diferentes secciones del nuevo Online African Film Festival (OAFF) dedicado a los cines africanos y que plantea mostrar otras narrativas sobre el continente africano. Una oportunidad que permanecerá en abierto hasta el 15 de diciembre con un simple click.

Por Judit del Río

El OAFF es el primer festival de cines africanos online.

No es el único festival de cine online, pero sí es el primero de este formato que se centra exclusivamente en las producciones africanas y de la diáspora. El anuncio del Online African Film Festival (OAFF) ha sido una sorpresa para los que pensamos que la oferta de películas venidas del continente vecino es siempre escasa. Ahora, del 15 de noviembre al 15 de diciembre, tenemos la posibilidad de acceder a una treintena de títulos de eso que parece más un animal mitológico que una realidad en este país: los cines africanos. Cines, en plural. Porque si en algo se empeñan las distintas iniciativas que se dedican a darlos a conocer –el veterano Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) y el joven Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB) son quizá los ejemplos más prominentes a nivel nacional– es en la multiplicidad de miradas que nos llegan desde África. El OAFF no es una excepción. Su objetivo es el siguiente: luchar contra los estereotipos que describen a África como un continente de pobreza, conflictos bélicos y enfermedades. A fin de cuentas, deconstruir la idea que se tiene de sus países, sus culturas y sus ciudadanos para llevar al resto del mundo una visión panorámica de las realidades cotidianas africanas, tanto en formato ficción como documental. Y lo ha conseguido.

Ya bien entrada la segunda semana de recorrido pueden verse seis de los ocho documentales que hay programados en total. Todos ellos han rodado por otros festivales del mundo; todos presentan una visión única sobre la complejidad de las identidades personales o nacionales. En El africano que quería volar (Samantha Biffot, 2015) un documental biográfico sobre la vida de la estrella del kung fu gabonesa Luc Bendza del que ya hablamos en Wiriko con motivo de su proyección durante el FICAB, vemos cómo la determinación que lo lleva a convertirse en uno de los maestros más respetados de su disciplina en China no atenúa el rechazo que sufre debido a su nacionalidad. Las chicas de Ouaga Girls (Theresa Traoré Dahlberg, 2017) muestran, a través de su intimidad, sus aspiraciones y sus deseos, la realidad política y social de una Burkina Faso recién salida de una dictadura. Buceando en las perspectivas de los protagonistas aprendemos acerca de la riqueza de las mismas, entendiendo cómo la clase, la raza, y el género se entrelazan para conformar relatos personales únicos. Identidades que, a veces, se construyen a pesar del peligro: Kumut Imesh protagoniza y dirige junto a David Fedele Revenir (Volver, 2018), en el que, armado con una cámara, recorre de nuevo el trayecto que le llevó a Francia, tras exiliarse de su Costa de Marfil natal por motivos políticos.

En Agua Sagrada (2016) Olivier Jourdain evita deliberadamente cualquier mención al drama del holocausto ruandés para explorar una faceta de la sexualidad tradicional que se ha convertido en un hito cultural del país: kunyaza, la eyaculación femenina. Lo hace acompañando a Vestine Dusabe, una mujer que lleva la voz cantante en las ondas radiofónicas de Kigali por las calles, colegios y comunidades donde actúa como educadora sexual. La apertura con que se debate sobre el sexo y la satisfacción de las mujeres en Ruanda es un golpe a los prejuicios occidentales de los que insisten en afirmar lo reaccionario de las sociedades africanas ¿Es Agua Sagrada, entonces, un documental feminista? Sin duda, contiene nociones profundamente feministas, como la crítica que hace Vestine a la ablación del clítoris en otros países africanos, o la apertura a la hora de hablar de la sexualidad femenina sin tabúes desde una edad temprana. Una reivindicación del orgasmo femenino, sí, pero una aún atrapada en un marco en el que la satisfacción de las mujeres es motivo de honor para el hombre y medida de su pericia, y la heterosexualidad es la única posibilidad que parece existir. Las metáforas visuales y narrativas no dejan lugar a dudas: el agua sagrada es un lago que solo los hombres más viriles pueden navegar. Kunyaza se convierte, en parte, en una obligación; es una herramienta para mantener la estabilidad matrimonial y evitar la infidelidad. Son los hombres quienes importan a la hora de disfrutar del placer femenino; y el mensaje del documental hace malabares con la liberación sexual y el trabajo emocional.

Los problemas identitarios, aun siendo una parte fundamental de la historias, se mantienen muchas veces en un segundo plano. La transexualidad de Tchinda Andrade no se trata de manera explícita en la película homónima, Tchindas (Pablo García Pérez de Lara, Marc Serena, 2017). En vez de eso, la importancia del activismo LGTB+ se diluye en los exigentes preparativos del carnaval de Mindelo, en São Vicente (Cabo Verde), del que Tchinda es organizadora y promotora y en el que el pueblo entero se vuelca. El hilo conductor de la historia es la disciplina del atleta, el taller mecánico, el carnaval, la sexualidad; y por debajo se dejan entrever las formas peculiares y personalísimas en que cada individuo interacciona con el mundo. La visibilización es el primer paso hacia la normalización, la aceptación y la lucha por los derechos de distintos colectivos en situaciones de opresión, sean estos mujeres, LGTB+, o migrantes.

En este sentido, retratar cinematográficamente la normalidad –del liderazgo de las mujeres trans en el evento cultural más importante de São Vicente, de la elección del sector automovilístico como profesión para las protagonistas de Ouaga Girls, o de las conversaciones en torno a la sexualidad femenina– es una herramienta para dar visibilidad a estas realidades desconocidas y mostrar una visión más completa y más real de las vidas africanas. Una reivindicación dentro de un cine que, debido a sus condiciones de producción y exhibición, es forzosamente reivindicativo: porque hacer que se oiga una voz que ha permanecido silenciada es un acto político en toda regla, y también lo es luchar por amplificarla. Las palabras de Elvis Tolentino en Tchindas lo dicen todo: «así es África, llena de misterios».


Puedes encontrar más información en estos otros artículos:

Cómo ver cines africanos y no morir en el intento (I): Festivales

Cómo ver cines africanos y no morir en el intento (II): Plataformas online

Y también visitar nuestro Canal Wiriko en Filmin.

 

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Wiriko nació en 2012 como asociación cultural para la divulgación y promoción de las artes y culturas africanas. Wiriko.org, su principal proyecto, es el primer Magacín 100% dedicado a las Artes y las Culturas Africanas del Sur del Sáhara en lengua castellana. Una ventana para dar a conocer las realidades culturales contemporáneas de África y una plataforma para acabar con su desconocimiento y estereotipos. Como herramienta colaborativa para la interconexión y la cooperación cultural, impulsa un África muy distinta a la de los cuatro jinetes del Apocalipsis (guerra, hambre, pobreza y destrucción), y fomenta una visión más realista de lo que se produce, a día de hoy, en el continente africano.
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