High Fantasy: el arcoíris sudafricano se desmorona

Como turista en Sudáfrica, no es tarea fácil obviar la imagen omnipresente de Nelson Mandela. Él, su discurso, la construcción del relato, la lucha contra el apartheid… Sus 27 años en prisión actúan –y con razón– como hierro forjado que marca a los que visitan el país nada más entrar. Pero a veces, la foto del puño alzado más que unir a los sudafricanos provoca el efecto contrario.

Fotograma de high_fantasy proyectada en el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB).

Esta es la premisa con la que trabaja Jenna Bass en su segundo largometraje High Fantasy (2017) en el que examina algunos de los pilares inquebrantables en esta región del cono sur: raza, clase y género en pleno 2017. Y quizás lo más interesante es que cada vez son más las voces críticas que desafían la narrativa de la identidad y lo que significa haber nacido en Sudáfrica después de la abolición del sistema de segregación entre blancos y negros. Bass se enmarca en una generación que se siente engañada por la “ideología del arcoíris” promulgada por Mandela a partir de 1994. Un “arcoírismo” que trató de constituir una nueva clase social obviando las diferencias… pero había muchas décadas de historia enquistada que se tenían que visibilizar. Y no se hizo. O, al menos, no del todo bien.

El de High Fantasy (2017) es un telón de fondo complejo aunque la historia es llevada a la pantalla con mucha innovación y naturalidad en la piel de cuatro jóvenes. Tres chicas (blanca, mestiza y negra) y un chico negro (¿qué actúa como protector de ellas?) deciden pasar unos días en una granja abandonada propiedad de la familia de Lexi (Francesca Varrie Michel), la chica blanca. Un lugar inhóspito, deshabitado y que Xoli, el chico (Quandiswa James) critica al inicio del film: “¡una sola persona es el propietario de toda esta tierra!”. La herencia colonial se vislumbra en algunos de los mensajes, aunque no sea el centro de la cuestión. Se les ve bailar, fumar y reír hasta que el giro fílmico atraviesa al espectador: después de una noche, sus cuerpos se intercambian… Y la interpelación es directa. ¿Qué se siente al ver a otra persona interactuando con algo tan personal y esencial para su identidad como la propia piel?

Fotograma de high_fantasy proyectada en el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB).

La realizadora sudafricana resuelve la película en tres actos en el que los personajes tienen el tiempo suficiente para resultar familiares al espectador. Y esa es una de las grandezas de High Fantasy, que la empatía se desliza rápidamente gracias a dos elementos: el primero son los planos detalles de manos, piernas, pies y cara que hacen que conozcamos mejor a los cuatro personajes; y el segundo punto interesante son las entrevistas que cada uno de ellos tiene con la directora mirando a cámara en una especia de confesionario y que nos dan la oportunidad de profundizar en la psicología de cómo se sentiría uno al vivir en el cuerpo de otro. La identidad o el género pueden ser diferenciadores en esta nación africana. Sin embargo, hay algo que también une (en este caso, a las tres chicas): las protestas estudiantiles de 2015. Aunque es un discurso enojado, es uno que al menos ha trascendido al de raza, y que apunta a un movimiento al que pueden unirse tanto blancos como negros.

La realizadora Jenna Bass no necesariamente tiene respuestas a muchos de los elementos que se abordan en el guion, pero lo importante es que no teme plantear preguntas importantes como por ejemplo quién es el verdadero protagonista de la historia. Algo básico sobre el que construir un relato. O quizás no. Porque lo cierto es que Bass combina un lenguaje sin arrepentimiento lleno de libertad e igualdad respaldado por un amor permanente (¡¡y rodado todo con un iPhone7!!). Precisamente, en unas palabras sobre su primer largometraje Love the One You Love (2014) explicaba lo siguiente: “Todavía somos un país increíblemente segregado y estaría mintiendo si dijera que entiendo cómo todos se sienten sobre diversos aspectos de la vida. Pero sentí que la única cosa que todos teníamos en común era el amor”.

Por cierto, mucha atención a la última escena de la película donde se plantea un nueva variable para Sudáfrica: ¿construir todo desde cero?

Samuráis africanos: una extravagancia comprometida

El escenario de un futuro apocalíptico no es ninguna novedad. De hecho no tiene nada de original en el mundo del cine. Que un desastre haya obligado a nuestros sucesores a tomar el camino de vuelta y regresar a formas de vida propias de épocas pasadas, va acotando un poco más el argumento, pero tampoco tiene nada de singular. Ahora, que esos habitantes del futuro hayan tomado la vía de los samuráis en ese ejercicio de reconstrucción de la sociedad, eso ya empieza a ser bastante innovador. Y que los samuráis sean africanos, es el golpe de efecto definitivo. Ese es el escenario de Hasaki Ya Suda un corto del director burkinés Cédric Ido que mañana jueves se proyecta a partir de las ocho de la tarde en la Filmoteca de Catalunya (c/Salvador Seguí, 1 de Barcelona), dentro de la programación del ciclo del cine organizado por el Festival Internacional de Cine Africano de Barcelona (Ficab).

Un fotograma de la película “Hasaki Ya Suda”, del burkinés Cédric Ido.

La propuesta de Cédric Ido es al menos provocadora, en lo que se refiere a ese argumento principal, el de la lucha por el honor de un grupo de samuráis entre los que destacan por número los de origen africano. En la lectura que se puede hacer de esta historia destaca la elección de esa época pasada, “ancestral” dice en la narración. El realizador burkinés, que también es el autor del guión, huye del recurso habitual que supone el regreso a un estado primitivo. En su caso, es evidente que la elección, aunque represente un paso atrás, se remonta a una época con un halo de prestigio.

Tampoco parecen casuales algunos de los detalles del relato y de la narración. Empezando por la evidente voluntad de generar al espectador una cierta fractura, quizá una bofetada de realidad intercultural, al escoger como protagonistas de este regreso a los orígenes a personajes africanos que se enfundan en la piel de los samuráis. Ido mezcla en su historia la destreza con la espada con las habilidades sobrenaturales que seguramente el relato más convencional sí que coloca más próximo a los protagonistas. Otro detalle, quizá más difícil de detectar, es que el corto esté grabado en lingala, una lengua extendida en el centro de África, sobre todo en las regiones ribereñas del río Congo. El lingala no es el idioma propio del director ni de los actores, pero es utilizado dándole una sonoridad que fácilmente al espectador le recordará al japonés, en lo que es otro juego del director.

Todos estos ejercicios con los que Ido rompe constantemente lo que el espectador cree que se encontrará y que parece recordar una y otra vez que nada es lo que parece no son puro artificio, aunque sea una apariencia que se ve reforzada por unos efectos especiales muy particulares. Sin embargo, nadie puede negar que los alardes del director burkinés tienen una razón de ser que aparece explícitada desde el primer momento. El apocalípticos que ha conducido a esa situación no ha sido una casualidad o un accidente sino la mano del hombre materializada en el cambio climático. Ese ha sido el origen de las hambrunas y las guerras que han desestabilizado el orden mundial y que han tenido como primeros y principales perjudicados, evidentemente, a los habitantes más vulnerables del planeta, los hombres y mujeres del sur global. Curiosamente, en un cuidadoso y delicado relato inicial se dibujan imágenes que inevitablemente remitirán al espectador a la crisis que ha causado la muerte de miles de migrantes en el Mediterráneo debido a los obstáculos de la política migratoria europea. Sin embargo, Hasaki Ya Suda fue rodado en 2011, unos tres años antes del inicio de la que se ha dado en llamar la crisis de los refugiados que ha hecho que desde 2014 hayan muerto más de 15.000 a las puertas de Europa.

Cartel de “Hasaki Ya Suda”, película de Cédric Ido.

Por tanto, basta rascar ligeramente la superficie para encontrar en Hasaki Ya Suda, defensa del Medio Ambiente, alerta sobre el fenómeno migratorio o cantos a la interculturalidad, sin entrar en análisis más profundos. Eso y evidentemente un relato que, como mínimo resulta chocante y visualmente muy atractivo.

Por lo que se refiere al programa del Ficab, el corto Hasaki Ya Suda del burkinés Cédric Ido, precederá la proyección de High Fantasy, de la sudafricana Jenna Cato Bass, que se desarrollará en el mismo escenario de la Filmoteca de Catalunya. High Fantasy es un ejercicio entre que se mueve entre la tragedia y la comedia y que relata la historia de un grupo de adolescentes que durante un campamento en una tierra remota del interior de Sudáfrica se enfrentan a un misterioso cambio de cuerpos, con consecuencias que van desde la vida personal hasta la asunción de la intimidad y la identidad, sin pasar por alto el delicado telón de fondo político y social del país.

De la misma manera, dos horas antes de esta sesión doble, a las seis de la tarde, el Ficab propone una mesa redonda sobre activismo político y cultural en Burkina Faso, que se celebrará en el Pati Llimona de la capital catalana. Recogiendo el gancho de la procedencia del director invitado al ciclo, Cédric Ido, esta mesa redonda trata de abordar desde diferentes perspectivas y experiencias la importancia que ha jugado el activismo y la cultura comprometida en la trayectoria del país que se ha convertido en uno de los referentes para la juventud africana, sobre todo, en la esfera francófona.

Del 22 al 28 de mayo el FICAB arranca en Barcelona

TODO LISTO PARA QUE EL CINE AFRICANO ATERRICE EN BARCELONA

El FICAB arranca, del 22 al 28 de mayo, con un ciclo dedicado a la diáspora africana en Europa con el cineasta franco-burkinés Cédric Ido como invitado especial

El ciclo «Diáspora e Identidad» proyectará 4 largometrajes y 2 cortometrajes y contará con diferentes actividades paralelas en colaboración con colectivos de la diáspora africana en diferentes espacios de Barcelona

 

Barcelona, 7 de mayo de 2018

Coincidiendo con la semana del Día de África, la capital catalana acogerá el primer ciclo del Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB), un nuevo evento que pretende situar la ciudad de Barcelona como uno de los epicentros globales para impulsar y promover las cinematografías africanas de mayor calidad y acercar así la cultura de África en Cataluña.

El FICAB, que nace con vocación de convertirse en un espacio permanente de cooperación cultural y académica entre entidades y asociaciones del Norte y el Sur, se celebrará del 22 al 28 de mayo de 2018 en diferentes espacios de la ciudad. El epicentro de las proyecciones será en la Filmoteca de Catalunya con el ciclo «Diáspora e Identidad» y tendrá como invitado especial al franco-burkinés Cédric Ido. Además, las actividades paralelas se cumplimentarán en LaFede, el Centro Cívico  Pati Llimona, la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales de la Blanquera y el centro cultural Inusual Project.

Coincidiendo con la semana del Día de África (25 de mayo), el barrio del Raval, uno de los enclaves más multiculturales de la ciudad, exhalarà celuloides africanos en la Filmoteca de Cataluña donde se proyectarán 4 largometrajes – la Vie de Château, de Cédric Ido (2017), High Fantasy, de Jenna Bass (2017), The African Who Wanted to Fly, de Samantha Biffot (2017) y Miracle at St Anna, de Spike Lee (2008) – y 2 cortometrajes de Cédric Ido –Twaaga (2013) y Hasaka Ya Suda (2010). La programación se complementará con la presencia del director Cédric Ido quien, además, ofrecerá una Master Class en el auditorio de de la Blanquerna el viernes 25 de mayo.

Las actividades paralelas incluyen la mesa redonda África: la negritud de la Europa de la Gran Guerra, el miércoles 23 de mayo en LaFede, con la presentación del libro África en la Primera Guerra Mundial, que contará con Álvaro Barril – historiador y autor del libro-, Eduard Gargallo – historiador y autor del prólogo- y la moderación del Aixa Drammeh– colaboradora del CEA-.

El jueves 24 de mayo, la mesa redonda sobre Activismo político y cultural en Burkina Faso contará con la presencia de un representante de la Asociación de burkineses de BCN, Beatriz Novales – responsable de África a Oxfam– y Carlos Bajo – periodista experto en TIC en África y miembro de Wiriko, en el centro cívico Pati Llimona.

La Fiesta de Clausura tendrá lugar el viernes 25, Día de África, en BajoFondo Club a partir de las 11 de la noche y contará con los Djs afrodescendientes Day B y Baba Sy en colaboración con Ashanti Bcn y Jokkoo Bcn.

Finalmente, las actividades paralelas concluirán con la proyección de la película Dear White People (Justin Simien, 2014) y la posterior mesa redonda Afropeos: Diáspora Africana en la Europa del siglo XXI, que se celebrará el lunes 28 en el centro cívico Pati Llimona, y contará con la participación de los colectivos The Black View, Black Barcelona y la cooperativa de ex-manteros DiomCoop.

Con este ciclo, el FICAB se postula como un nuevo y esperado escenario para mostrar la diversidad y creatividad del continente africano y de sus diásporas en Europa, y en particular en Cataluña. Con vocación de convertirse en un referente necesario dentro del abanico de festivales internacionales de cine africano, quiere servir de herramienta para la revisión del imaginario estereotipado sobre el continente y sus sociedades en la ciudad de Barcelona, ​​con una gran presencia de población africana. Así, se pretende abrir una ventana a las producciones de mayor calidad que se produzcan en la rica y nutrida industria cinematográfica africana; permitir y facilitar la reflexión y el debate; abrir líneas de cooperación cultural entre agentes del Norte y el Sur; poner al continente africano en valor y visibilizar las artes y culturas africanas.

Bebiendo de grandes festivales africanos como el FESPACO (Uagadugú, Burkina Faso), el DIFF (Durban, Sudáfrica) o el de Cartago (Cartago, Túnez), este nuevo espacio cuenta con las alianzas con Casa África, Oxfam-Intermón o la organización belga Africalia, que adquieren un papel fundamental para la construcción de puentes que permitan que Barcelona se convierta en una cita anual para el celuloide y la cultura africana.

En diciembre de 2018 tendrá lugar un nuevo ciclo que junto con el que se hará en mayo cohesionará un tejido necesario para la cita con el primer Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona que tendrá lugar en 2019.

La egipcia “Rosas venenosas”, mejor película de la 15 edición del FCAT

Rosas venenosas, del realizador Ahmed Fawzi Saleh ha sido la película ganadora de la 15ª edición del FCAT; una impresionante mirada dentro del mundo de las clases trabajadoras en las curtidurías de El Cairo. El jurado ha destacado su “innovación, originalidad, su mirada casi documental que busca la fidelidad a la realidad” en este retrato realizado por un cineasta joven de una mujer oprimida en un entorno hostil”.

La efusión fétida de las aguas residuales es el leitmotiv principal del debut de Saleh, un drama elíptico de dos hermanos, ambientado en algunos callejones infernales de la capital egipcia. Una cinta que refleja el amor obsesivo de una hermana por su apático hermano que está buscando escapar de Egipto y que destaca por la forma en que representa un inframundo casi surrealista a través de imágenes visualmente deslumbrantes de una austeridad malsana.

El jurado oficial de la 15 edición del FCAT, formado por la directora senegalesa Angèle Diabang, la norteamericana Tala Hadid, además de la cineasta independiente, programadora establecida en Berlín, Dorothee Wenner, el burkinés y director artístico del festival Afrikamera (Berlín), Alex Moussa Sawadogo y el programador, escritor y cineasta español Luis E. Parés, ha sido el encargado de decidir tres de los seis premios que este viernes ha otorgado el festival: Mejor Largometraje de Ficción, al Mejor Documental y a la Mejor Actriz de la sección Hipermetropía, este último premio patrocinado por la fundación Mujeres por África.

Por su parte, el jurado CineCádiz, conformado por actores, actrices y realizadores de la asociación del mismo nombre, han decidido el premio al Mejor Cortometraje de la Sección En breve, apoyado por el Hotel The Riad Tarifa. Los espectadores del FCAT han votado el Premio del Público al Mejor Largometraje de Ficción deHipermetropía, que patrocina la Delegación de Turismo del Ayuntamiento de Tarifa. Y por último, El Festival CinePalium (de Palo del Colle, Italia), centrado en la identidad, ha entregado un premio honorífico al Mejor Largometraje de Ficción de la sección Hipermetropía.


Premio a mejor actriz

Ha recaído para Maggie Mulumbwa por su interpretación en I Am Not a Witch. Por primera vez el FCAT premia a una niña de 9 años por su emocionante papel de una niña internada en uno de los campos de brujas que aún existen en algunos países africanos. La debutante en el largometraje Rungano Nyoni le dio este papel del que el jurado destaca “su luminosa interpretación, su naturalidad y el abanico de matices que despliega que van de la magia a la poesía”.

Esta película también ha recibido el Premio Honorífico del Festival CinePalium (Italia) al Mejor Largometraje de Ficción de la sección Hipermetropía


Premio al mejor documental

Ha sido para Boxing Libreville, de Amédée Pacôme. Uno de los documentales de los programados en esta edición del festival que muestran la rebeldía en la calle en busca de democracia ha sido premiado “por la cercanía del personaje protagonista y la manera en que lo sigue en su microcosmos cotidiano, consiguiendo que salga de su encierro y exprese cómo lucha por conseguir realizar un sueño”.


Mención especial del jurado.

Futuros inciertos, de Eddy Munyaneza (Burundi, Francia, Bélgica) El jurado ha decidido otorgar una Mención Especial a este documental que ha tenido su estreno mundial en el FCAT y que de nuevo ahonda en el activismo político de su país. Su director habló en el festival sobre la responsabilidad que tienen los cineastas de mostrar lo que realmente ocurre en sus países. El jurado ha destacado “la fuerza, el coraje y el nivel de compromiso del director”.​


Premio del público a mejor película

La bella y los perros, de Kaouther Ben Hania (Túnez, Francia, Suecia, Noruega, Líbano, Qatar, Suiza) El público del FCAT 2018 ha votado esta historia basada en hechos reales y que narra casi en tiempo real el calvario de una joven (interpretada por la actriz Mariam Al Ferjani, que pasó por Tarifa y Tánger en esta edición del festival) a través de nueve planos secuencia. Con un mensaje feminista y político, esta ficción se convierte en una oportuna reflexión sobre uno de los temas de actualidad en multitud de países: el de la visibilidad de las víctimas de violación.

Puedes leer nuestra crítica aquí.


Mejor cortometraje

La entrada del cine, de Ayoub Layoussifi.

El jurado de Cinecádiz, encargado de premiar el Mejor Cortometraje de la sección En Breve, ha optado por este corto marroquí sobre un niño que se muere de ganas de ir al cine “por devolvernos 28 minutos de nuestra infancia a través de los ojos de su protagonista, por saber mostrar con maestría y técnica la descarada naturalidad de sus personajes y su entorno, por reivindicar la experiencia de ver una película en pantalla grande junto a lxs amigxs y sacrificarlo todo por ello”.

Mane Cisneros: “El cine africano ha servido para aceptar la diversidad como un bien”

El Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) cumple 15 años acercando las cinematografías africanas. Este año la cita tiene lugar entre el 27 de abril y el 5 de mayo en Tarifa, y entre el 26 de abril y el 3 de mayo en Tánger (Marruecos).

*Artículo publicado originalmente en la revista Mundo Negro. Wiriko es medio oficial del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT).

En tu caso Mane, ¿se puede decir que “en el principio de los tiempos fue el cine”?

En cierta manera sí. Hace muchísimos años tuve la suerte de vivir en primera persona el inicio del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva donde conocí a algunos cineastas míticos que me dieron el empujón que necesitaba para decidir irme a vivir a México y proseguir allí mis estudios de antropología. Los “Luises” –Buñuel y Alcoriza– fueron mis tutores en aquellos años y a quienes debo la pasión por el cine y en gran parte la rebeldía que me caracteriza. Desde entonces, la pasión por el cine ha guiado mi vida.

Primera muestra de cine africano celebrado en Tarifa en junio de 2003.

¿Crees que el cine continúa siendo una herramienta de transformación social?

 

Desde su origen, el cine ha demostrado una clara vocación transformadora de realidades sociales y políticas. En el caso de los cines de África, el cine ha evolucionado enormemente desde sus orígenes y ha pasado de ser utilizado como herramienta de propaganda política y de transformación social en los años posteriores a las independencias a cine de autor comprometido con la construcción de las nuevas identidades del continente en los ochenta y noventa. Hoy hablamos de un cine que busca su lugar en el mercado interno africano, pero también que mira hacia el mercado global, abandonando a menudo su compromiso como herramienta transformadora.

Tarifa y los cines africanos han creado un binomio indisociable en estos 15 años. ¿Cuál crees que es la visión sobre África de este pueblo gaditano tan vinculado a la llegada de pateras y después de todo este tiempo de festival?

Solo una ciudad como Tarifa con una posición geográfica tan particular podía acoger un festival de cine como el FCAT. Y es que ningún otro lugar en Europa goza de una posición geográfica similar, frente a África. Los 14 kilómetros que separan las costas africanas de las europeas en la zona de Tarifa han hecho que los tarifeños se hayan visto obligados históricamente a afrontar la llegada de africanos. Pero Tarifa no era una meta para los recién llegados sino tan solo un lugar de paso camino del soñado “dorado europeo”. Por ello, los tarifeños se han mantenido bastante ajenos a las realidades del continente africano. Así que el cine africano ha servido en cierta manera en estos años para despertar su curiosidad y luego, poco a poco, para que aceptasen la diversidad como un bien y no algo de lo que defenderse.

¿Quiénes han sido para ti algunas de las visitas que más han dejado huella?

Probablemente el primero de ellos sea Abderrahmane Sissako, un cineasta estrechamente vinculado al FCAT desde su nacimiento. Y Fatoumata Coulibaly, la actriz protagonista de la última película de Ousmane Sembène, Mooladé, madrina del FCAT, sin olvidar a Jihan El Tahri y Berni Goldblat que tanto nos apoyan y ayudan. O amigos como Newton Aduaka o Moussa Sene Absa. En fin, ¡15 años de festival dan como para tejer muchas amistades y pasiones!

¿Crees que se ha conseguido esa pata fundamental del FCAT que es crear conciencia y enfocar la imagen distorsionada que se tiene de África?

En la medida de nuestras posibilidades, hemos conseguido que sean muchas las personas que se replanteen la imagen que tenían de África gracias al cine. En estos 15 años han sido miles las personas que han visto películas africanas y nos han escuchado. Y algo muy importante, han tenido la oportunidad de conocer y debatir con los cineastas africanos. Esto es un enorme paso adelante porque es gente que empieza a ver a los africanos, a los cineastas, al cine africano, de igual a igual.

Y quizás, por tanta conciencia, os ha traído algún que otro quebradero de cabeza con los políticos de la zona…

Con políticos en general no, con alguno de ellos con nombre y apellido en el pasado, sí. ¡Pero no es el caso de concederles demasiada publicidad!

¿Cómo fue la experiencia del FCAT en Córdoba?

Fueron años muy difíciles, los peores de la historia del FCAT porque coincidieron también con lo peor de la crisis, el desplome de las ayudas públicas y la total desprotección. Pero Córdoba salvó al FCAT de su desaparición y por ello le debemos mucho, a pesar de que se nos maltratase tanto y tuviéramos que pensar de nuevo en hacer maletas para volver a casa e impedir así que la Córdoba que salvó al FCAT fuera también la que lo hiciera desaparecer.

Desde el año pasado habéis conseguido aunar fuerzas con Marruecos simultaneando el festival en los dos continentes. ¿Cómo ha sido este romance?

La asociación que organiza el FCAT se diseñó con un artista marroquí, Jamal Ouassini, y la llamamos Al Tarab. Así que antes o después teníamos que dar el salto. Siempre quisimos ser un puente que uniese, gracias al cine, las dos orillas del Estrecho de Gibraltar. Nuestro regreso a Tarifa después de las cuatro ediciones cordobesas fue decisivo para dar el paso y realizar ese viejo sueño de convertirnos en un evento transfronterizo y transcontinental.

¿Por qué crees que las salas de cine en España no apuestan por los trabajos que llegan desde África o su diáspora?

Ante todo hay mucho desconocimiento, tanto por parte de público como por parte de los distribuidores y exhibidores. A todos ellos les vence el miedo de que el cine africano no tenga recursos ni calidad. También es cierto que este es un mal que los cines de África comparten con las cinematografías de otros muchos rincones del planeta. Por otro lado, la mayoría de los países africanos carecen de políticas de apoyo al cine, de manera que las películas, cuando consiguen estrenarse en sala, lo hacen sin ningún tipo de apoyo. Esta es una carencia grave ya que una película necesita tutela desde su preproducción hasta su salida en salas.

¿Cuáles son los caminos que como directora del FCAT te gustaría recorrer para los próximos años?

Me gustaría reforzar la parte africana, ampliar la programación cinematográfica y ofrecer actividades paralelas que ocupen las calles. Me gustaría muchísimo recuperar algunas propuestas formativas en suelo africano. Y, por último, desearía encontrar a mi sucesor/a.., ¡no soy eterna! Y el FCAT debe poder seguir adelante un día sin mí.

Consulta las películas de este año que entran en competición aquí.

Cartel de 2018 en el que aparece el actor español de origen ecuatoguineano Emilio Buale.


Recomendaciones de Mane Cisneros
Tres películas para los no iniciados.

La Noire de, del director senegalés Ousmane Sembéne.

Les yeux noires, de la marroquí Narjiss Nejjar.

Heremakono, del mauritano Abderrahmane Sissako.

Tres películas para los avanzados.

Touki Bouki, del senegalés Djibril Diop Mambéty.

The Last of Us, del tunecino Ala Eddine Slim.

Félicité, del francosenegalés Alain Gomis.

Un director y una directora a los que seguir la pista.

Una directora sería la documentalista egipcia Reem Saleh.

Un director sería el ruandés Kivu Ruhorahoza.


*Artículo publicado originalmente en la revista Mundo Negro. Wiriko es medio oficial del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT).

Vote Off: el hastío general de una Argelia estancada

Artículo publicado gracias al Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) del que Wiriko es medio oficial.


Unas elecciones convocadas para el 17 de abril de 2014 y una campaña electoral cargada de reproches, promesas y emoción, pero también de… hastío. Argelia se enfrentaba ese año a unas nuevas elecciones presidenciales en las que, como en las anteriores, la mayor parte de la población ya adivinaba el resultado. El realizador Fayçal Hammoum nos presenta en su documental Vote Off de 2017 la última campaña electoral del país. A lo largo de 82 minutos se nos muestran las diversas opiniones no solo en torno al eterno presidente, Abdelaziz Buteflika, sino al debate que se ha creado sobre la necesidad y la intención de votar o no.

El largometraje empieza con escenas cotidianas, obreros trabajando en la calle y una pequeña tienda. En ella trabaja un joven tendero que comienza a transportarnos a la realidad del país en 2014. No obstante, no solo escuchamos las opiniones de la calle, sino que a través de Vote Off podemos ver y comprender las múltiples realidades que existen en Argelia. Además del vendedor, un presentador de radio comprometido, músicos, trabajadores y periodistas de dos medios de comunicación argelinos van esgrimiendo sus puntos de vista. Curiosamente, todos ellos tienen la misma edad que el director. Claramente, la intención del director es representar la visión de una generación nacida a mediados de 1980, que está cansada, que vive sumida en el mundo de las subvenciones estatales y que no son capaces de movilizarse para lograr un cambio efectivo en su país.

Sin embargo, el logro de esta película se encuentra en su capacidad de entrelazar puntos de vista diversos. Las opiniones de los ciudadanos, las palabras que brotan en programas de radio o el trabajo en la redacción del periódico local Watan y el canal de televisión Chorouk, se alternan con escenas de mítines de los principales partidos. El partido gobernante esgrime la necesidad de apoyar al presidente Buteflika (al que sus ciudadanos no habían visto en dos años y ¡oh sorpresa! no habló en público en toda la campaña) para continuar con el desarrollo del país, evitar la ruptura y la intervención extranjera. Ese repetitivo lema de “nosotros o el caos” que parece común a toda la clase política. La oposición encabezada por Ali Benflis, ex primer ministro del país entre 2000-2003, denunciaba la corrupción, la falta de desarrollo y la necesidad de impulsar la democracia. A través de todos ellos el director dibuja un panorama de la campaña electoral y de la confrontación de ideas, pero no solo a nivel político.

 

Hammoum no interviene en las escenas, cada uno de los protagonistas van contando sus opiniones y es común que en este documental varias personas discutan a la vez sobre la situación del país y el momento político que se está viviendo. Pero, en realidad, faltan muchos testimonios. A medida que el documental se va desarrollando el espectador puede darse cuenta de que la imagen de la campaña electoral y las elecciones está incompleta. En primer lugar, porque todas las personas que forman parte de este documental viven la realidad de la capital, Argel. No hay espacio en este objetivo para otras realidades fuera de este universo, especialmente las visiones de los espacios rurales que nos podrían haber dado una representación mucho más amplia. Pero, además del mundo rural, llama también la atención la enorme escasez de testimonios de mujeres que también viven el día a día de Argelia y de la campaña electoral. Aunque sí que hay voces y podemos entrever sus opiniones, el número de intervenciones es infinitamente menor, lo que no facilita la visión de una auténtica realidad de este país del norte de África.

Los reproches y la tensión son crecientes a medida que nos acercamos a los últimos minutos del documental y de la campaña electoral. Los debates se vuelven más intensos y las conversaciones en torno a las elecciones del 17 de Abril inundan las escenas finales, aunque, como ya se ha dicho, el resultado sea de sobra conocido. Vote Off es una muestra de las (incompletas) realidades que vive el país ante de los comicios. Es la historia del hartazgo y de la denuncia de un sistema estancado.


Artículo publicado gracias al Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) del que Wiriko es medio oficial.

Nace el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona

Tras meses de trabajo conjunto, Wiriko, Africaye y el Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona –bajo el paraguas de CinemÀfriques–, dan luz a un nuevo y ambicioso proyecto que pretende situar Barcelona como una cita global ineludible para los amantes del celuloide africano: el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona (FICAB).

En pocas semanas, el cosmopolita y multicultural barrio del Raval de Barcelona se convertirá en un enclave para la cultura africana exhalando cines del continente y de su diáspora en el corazón de la ciudad condal. Del 22 al 25 de mayo de 2018 –y en motivo del Día de Áfricael Festival arranca con el ciclo «Diáspora e Identidad», dedicado al cineasta franco burkinés Cédric Ido en la Filmoteca de Catalunya. A pesar de que oficialmente, el FICAB tiene previsto celebrar su primera edición en mayo de 2019, este ciclo quiere servir para movilizar a los amantes del séptimo arte de la ciudad con vistas al FICAB 2019.

Cartel del ciclo «Diáspora e Identidad», organizado por el FICAB, que se celebrará del 22 al 25 de mayo en la Filmoteca de Catalunya.

Para ello, y durante cuatro días, se proyectarán 4 largometrajes – La Vie de Château, de Cédric Ido (2017), High Fantasy, de Jenna Bass (2017), The African Who Wanted to Fly, de Samantha Biffot (2017) y Miracle at St. Anna, de Spike Lee (2008)– y 2 cortometrajes de Cédric Ido –Twaaga (2013) y Hasaka Ya Suda (2010)–. La programación se complementará con la presencia del director Cédric Ido quien, además, ofrecerá una Master Class en el auditorio de la Blanquerna el viernes 25 de mayo. 

Con el ciclo «Diáspora e Identidad», el FICAB se postula como un nuevo y esperado escenario con el objetivo de mostrar la diversidad y creatividad del continente africano narradas a través del lenguaje cinematográfico. Con vocación de convertirse en un referente necesario dentro del abanico de festivales de cine africano internacionales, quiere servir de herramienta para la revisión del imaginario estereotipado sobre el continente y sus sociedades en una ciudad como Barcelona, con una gran presencia de población africana. Así, se pretende: abrir una ventana a las producciones de mayor calidad que se produzcan en la rica y nutrida industria cinematográfica africana; permitir y facilitar la reflexión y el debate; poner al continente africano en valor y visibilizar las artes y culturas africanas.

Cédric Ido será el invitado especial para el ciclo de mayo de 2018 que el FICAB celebrará en la Filmoteca de Catalunya. Además, el franco-burkinés también ofrecerá una master class en el auditorio de la Blanquerna en el barrio del Raval.

Siguiendo la estela del consolidado Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT), con la nostalgia de lo que un día fue la Mostra de Cinema Africà de Barcelona y bebiendo de grandes festivales africanos como el FESPACO (Uagadugú, Burkina Faso), el DIFF (Durban, Sudáfrica) o el de Cartago (Cartago, Túnez), este nuevo espacio cuenta con el rigor y el apoyo de la academia tanto como de instituciones europeas y africanas. En este sentido, las alianzas con Casa África, Oxfam-Intermón o la organización belga Africalia, adquieren un papel fundamental para la construcción de puentes que permitan que Barcelona se convierta en una cita anual para el celuloide africano, comenzando con el ciclo que arrancará entre el 22 y el 25 de mayo de 2018.

En diciembre de 2018 tendrá lugar un nuevo ciclo que, junto con el que se celebrará en mayo, quiere cohesionar un tejido necesario para la cita con el primer Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona, que tendrá lugar en mayo de 2019.

Barcelona se baña de cines africanos en el mes de la mujer

Desde 1957, el declarado Año Internacional por la Liberación de la Mujer por la Organización de las Naciones Unidas, la ciudad condal, junto a otros puntos del estado, sigue cumpliendo años del movimiento feminista. Una lucha que, teniendo en cuenta que la primera independencia africana fue el 6 de Marzo de 1957, empezó silenciando a un perfil de mujer racializada. Es por ello que, con el fin de acercar un feminismo interseccional a la perspectiva feminista dominante en la esfera barcelonesa, nace el Cicle de Cinema Africà i Dona (CCAD), organizado por la Asociación Cultural Africadoolu en colaboración con el ICUB y los Centros Cívicos barceloneses. Una muestra protagonizada por mujeres africanas que se pasea por el formato audiovisual, plástico y escénico.

Cartel del Cicle de Cinema Africà i Dona (CCAD) 2018. Fuente: Associació Cultural Africadoolu.

Rocío Naranjo, presidenta de Africadoolu, explica que esta propuesta, que tendrá lugar entre el 8 y el 29 de marzo, se enmarca en la capital catalana puesto que además de ser el centro neurálgico donde se desarrollan las actividades culturales de la asociación “es una ciudad que cumple las condiciones de núcleo cosmopolita y además es una urbe que se presta para el arte, convirtiéndose en un referente cultural internacional”. Así, con estas características del territorio y la reducida visibilidad de las producciones audiovisuales africanas, la asociación cultural considera los equipamientos públicos de Barcelona como el portal idóneo para dar a conocer las historias de mujeres africanas que aportan una visión sobre África diferente a la que ofrecen de forma indiscriminada los medios de comunicación”.

Es por ello que presentaron la idea a los centros cívicos de la ciudad, cuya acogida comentan que ha sido muy positiva gracias a la lucha de grupos comprometidos con la visibilización plural y en positivo del continente africano. “La recepción del ciclo también ha sido buena este año por estar en el decenio de la afrodescendencia, aunque también ha contribuido la labor de plataformas que trabajan para dar visibilidad a las culturas africanas y los centros de estudio que han empezado a destapar la historia en relación con el continente africano que en España siempre se negó. Por todo ello hay un interés manifiesto”, recuerda Naranjo. De este modo, nos comenta que el programa final ha superado la expectativa inicial puesto que se ha podido ampliar la programación tanto a nivel fílmico como de actividades paralelas.

Asimismo, y aprovechando la tendencia, hubiera sido un sinsentido que durante el mes dedicado a la mujer en Barcelona, se olvidasen a referentes y personajes racializadas que también forman parte del engranaje cultural de la ciudad. Es así como en el CCAD, además de presentar largometrajes subtitulados al castellano como L’arbre sans fruit (Aïcha Macky, Niger/Francia, 2016), Maman Colonelle (Dieudo Hamadi, RDC/Francia, 2017), Félicité (Alain Gomis, Senegal/Líbano/Francia/Bélgica/Alemania, 2017), Mama Africa (Mika Kaurismäki, Sudáfrica/Finlandia/Alemania, 2011) o Imani (Caroline Kamya, Uganda/Suecia, 2010), cuentan con colaboradoras de la escena artística barcelonesa como la artista plástica Marie Ngom, las bailarinas Chantal Thaou Thiete y Marie Mbengue, la selectora Sarah Ardite, así como la cocinera Kady Jattah, una de las últimas incorporaciones.

Maman Colonelle es una de las películas programadas en el CCAD 2018 Fuente: Associació Cultural Africadoolu.

Todas ellas, participan activamente y forman parte de un ciclo que cumple a la vez un objetivo sociocultural. Como explica la presidenta de Africadoolu: “Nos interesa especialmente visibilizar el trabajo consciente que han estado y están liderados por mujeres africanas que luchan para romper tabúes dentro de sus sociedades y denuncian escenarios de opresión patriarcal, de desigualdad e injusticia social. Ellas combaten en primera persona, sin el yugo ni el asistencialismo que se impone desde occidente”.

De esta manera, además de las proyecciones cinematográficas, se han programado incluso debates participativos con la colaboración de las artistas afincadas en Barcelona, para que además de gozar de la expresión artística de los largometrajes, también pueda transmitirse a los espectadores y espectadoras, un aprendizaje y reflexión crítica. “Crear debates participativos posteriores con mujeres africanas es un instrumento que aportará a la temática del ciclo la mirada de ‘ellas’, las protagonistas, ya que la voz será directa: sin interpretaciones ni filtros”, como apunta Rocío. Igualmente, en relación a la idoneidad de las colaboradoras, nos comenta que “Las mujeres que nos acompañarán en los debates conocen muy bien la realidad de la que hablan las películas, pues todas han crecido o vivido en diferentes países africanos y están vinculadas con las artes, como la música, la danza o la pintura. Por ello consideramos que su aportación es esencial para el desarrollo y cierre de cada proyección del ciclo”.

Marie Ngom, artista plástica colaboradora del CCAD 2018. Fuente: Associació Cultural Africadoolu.

No obstante, las artistas, que a pesar de tener una intensa función en los debates posteriores a las proyecciones, gozan incluso de un espacio de expresión durante las sesiones ya que desde la asociación Africadoolu, entendemos África como un continente plural, tanto por la riqueza y diversidad cultural como por sus manifestaciones artísticas, así que las actividades paralelas se plantean como un viaje a través de los sentidos, donde ver, escuchar, oler y saborear las manifestaciones artísticas y culturales del continente”, resalta la presidenta de la asociación cultural.

De esta suerte, los y las componentes de Africadoolu, nos invitan a acercarnos a los Centros Cívicos de Barcelona (Ateneu Fort Pienc, Barceloneta, Sagrada Familia, Pati Llimona y Cotxeres-Borrell) para poder conocer e impregnarnos de ese viaje sensorial que arrancaba el día 1 de Marzo con al exposición plástica Jigeen Dey… Jigeen Duu… de la artista Marie Ngom, en el Centre Cívic Ateneu Fort Pienc. Para las demás citas, en la programación podréis conocer los acontecimientos del mes. La próxima cita que será este jueves 8 de Marzo a las 19.00h. con la música de Mandé Africa, la proyección L’arbre sans fruit y el debate con Marie Ngom.


Este ciclo no habría sido posible sin la colaboración del proyecto Cinenómada, una iniciativa impulsado por el Festival de Cine Africano de Tarifa que este año cumple su 15ª edición.

Cuando África va a Berlín

Desde el 15 hasta el 25 de febrero de 2018, el Festival de Cine de Berlín (también llamado Berlinale) acogerá una plétora de películas africanas y reuniones profesionales para su 68ª edición.

En los cines

Imagen de High Fantasy, dirigida por la sudafricana Jenna Bass. Cines africanos

África también estará presente incluso si no se incluye un largometraje en la competencia oficial y ningún profesional en los diversos jurados. Solo el documentalista congoleño Dieudo Hamadi presentará su largometraje Kinshasa Makambo en la sección Panorama.

En la sección Cortometrajes se presenta una película filmada en Mozambique (Madness, por Joao Viana) y otra filmada en Ruanda (Imfura, por Samuel Ishimwe). Fuera de competición, una se presenta el cortometraje nigeriano: Besida, por Chuko Esiri.

La selección de Generación, dedicada a películas para un público juvenil, tiene dos largometrajes: High Fantasy, de Jenna Bass (Sudáfrica), ya presentada en el Festival de Cine de Toronto en septiembre de 2017, y Supa Modo, de Likarion Wainaina (Kenia), producido por One Fine Day Films fundada por el cineasta alemán Tom Tyckwer.

El Forum, donde se presentan habitualmente películas africanas, ha seleccionado varias obras este año: un documental del cineasta camerunés Jean-Pierre Bekolo, Afrique la pensée en mouvement Parte I y II; el largometraje Our Madness de Joao Viana (Mozambique) que se desarrolló a través de la Cinefondation del Festival de Cannes; la versión restaurada de Shaihu Umar de Adama Halilu (Nigeria) filmada en 1976; el segundo largometraje del director marroquí Narjiss Nejjar, Apatrides, lo nuevo del también marroquí Hicham Lasri, Jahilya y el primer largometraje del cineasta congoleño Machérie Ekwa Bahango, Mak’ila. A esto se agrega el cortometraje We live in silence: chapter 1 to 7, por Kundzanai Chiurai (Zimbabue), presentado en la sección Forum Expanded.

 

En el mercado cinematográfico

Los profesionales de continente podrán reunirse en el Africa Hub de la Berlinale, que recibirá a profesionales del continente por segundo año consecutivo, en asociación con el mercado de cine y televisión DISCOP. Situado a la entrada de la European Film Market, este espacio organizará reuniones y presentaciones que incluyen: Monica Rorvik (Wesgro Film and Media Promotion, Sudáfrica), Dorota Lech (Hot Docs, Canadá), Marc Schwinges (Underdog Productions, Sudáfrica), Amani Papy (Burundi Film Center, Burundi), Grace Evaly (Nollywood Germany, Alemania), Elias Ribeiro (Urucu Media, Sudáfrica), Aliki Saragas, Zoe Chiriseri, Sara Blecher (SWIFT, Sudáfrica), Dayo Ogunyemi (234 Media, Kenia/Sudáfrica), Alain Modot (DIFFA, Francia/Costa de Marfil), Tshoper Kabambi (Bimpa Productions, RDC), Chike Maduegbuna (Afrinolly, Nigeria), Tanja Sakota (Wits Film and Television, Sudáfrica), Vincenzo Cavallo (Cultural Video Production, Kenia), Toni Monty (Durban FilmMart, Sudáfrica), Don Edkins (AfriDocs, Sudáfrica) and Judy Kibinge & Peter Mudamba (Docubox, Kenia), Betty Sulty-Johnson (Trace, Francia), Joel Haikali (Namibia Film Commission, Namibia), Fabrizio Colombo & Daniel Nyalusi (Zanzibar IFF, Tanzania), Laza (Rencontres du Film Court, Madagascar), Philipp Hoffmann (Rushlake Media, Alemania), la nuestra revista AWOTELE representada por Claire Diao (Francia/Burkina Faso) y Nicolai Niemann & Nkiru Niemann (GreenMe Global Festival, Alemania).

Africa Hub Talks

En los Africa Hub Talks, que se celebraron del 16 al 20 de febrero hubo títulos muy atractivos. El 16 de febrero tuvo lugar ¿Dónde está el mercado de cine africano”, con Tim Mangwedi (de Mercados para el África subsahariana de DISCOP, Sudáfrica) Dayo Ogunyemi (234 Media, Kenia / Sudáfrica), Elias Ribeiro (Urucu Media, Sudáfrica) y Barbara Weill (CanalOlympia, Francia).

El 17 de febrero “África y adquisiciones, compra a un continente”, con Michiel Berkel (Comart Films, Sudáfrica), Theresa Hill (STEPS, Sudáfrica) y Laurent Sicouri (Canal+, Francia). El 18 de febrero “Reimaginar África, cómo comprar un continente”, con Efuru Flores (florecientes Films, EE.UU.), Tendeka matatu (Ten10 Films, Reino Unido) y Leslie Vuchot (La Agencia Festival, Francia). El 19 de febrero “Sur-Sur, crear los enlaces al sur del hemisferio” con Neil Brandt (Fireworx Media, Sudáfrica) y Joao Queiroz (Querosene Filmes, Brasil). Y finalmente el 20 de febrero El cine africano existe: el World Cinema Fund Africa y otras historias” contada por Michael Henrichs (Die Gesellschaft DGS, Alemania) y Vincenzo Bugno (World Cinema Fund, Alemania).

Solo un apunte recordatorio, solo una película africana ha ganado el Oso de Oro; fue en 2005 con Carmen U-Kayelitsha, de Mark Dornford-May. Hace ahora 13 años…

Traducción: Sebastián Ruiz-Cabrera

África brilla en Rotterdam

Artículo publicado gracias a la colaboración con Awotele.

Del 24 de enero al 4 de febrero de 2018, se celebró la 47ª edición del Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR), el festival de cine más grande de los Países Bajos. En esta ocasión, la directora y comisaria Tessa Boerman recibió el encargo de organizar el evento Pan-African Cinema Today (PACT) que reunió a profesionales de África y la Diáspora.

Durante la jornada tuvo lugar una clase magistral del cineasta etíope Haile Gerima, profesor de cine y reconocido miembro de L.A. Rebellion (junto a Julie Dash, Charles Burnett y Larry Clark) y autor de los brillantes trabajos Hour Glass (1972)Child of Resistance (1972)Bush Mama (1976), Wilmington (1978)Ashes and Embers (1982)After Winter: Sterling Brown (1985)Sankofa (1993)Imperfect Journey (1994)Adwa – An African Victory (1999)Teza (2008).

El día 28 de febrero tuvo lugar una mesa sobre panafricanismo aderezada por los miembros del colectivo keniano The Nest (integrado por Jim Chuchu, George Gachara o Njoki Ngumi) y en presencia de realizadores como el mencionado GerimaLuis Mesías (autor del documental W.E.B. Du Bois – A Biography in Four Voices), Shirikiana Aina (directora del documental Footprints of Pan Africanism), Ford Morrison (director de The Foreigner’s Home un documental sobre Toni Morrison, la escritora estadounidense, ganadora del Pulitzer en 1988 y del Nobel de Literatura en 1993), Rosine Mbakam (directora del documental Les deux visages d’une femme Bamiléké), Jon Goff (especialista del National Museum of African American History and Culture de Washington) y la batería del inconfundible talento del freejazz Milford Graves (quien aparece en el documental Milford Grave Full Mantis, de Ake Meginsky). 

La jornada del 29 de febrero estuvo dedicada al futuro de la distribución de películas en el programa de conferencias profesionales Reality Check. Moderado por Wendy Mitchell (BFI, Londres), el día se centró en la atracción de nuevos públicos con contribuciones de Gaylene Gould (BFI, Reino Unido), Nadia Denton (comisaria, Reino Unido), George Gachara (productor, Kenia) y Haile Gerima (director, Etiopía). De hecho, a lo largo del día, cuatro grupos de trabajo discutieron diferentes temas como la diversidad en las audiencias, el acceso al contenido y su diversidad, así como la distribución panafricana. Este grupo estuvo formado por Munya Chidzonga (director, Zimbabue), Claire Diao (crítica de cine y distribuidora, Francia / Burkina Faso), Philip Hoffman (comercial, Alemania), Planta van Hulsen (productor, Países Bajos), Noel Kasyoka (director, Kenia), Pedro Pimenta (productor, Mozambique) y Victoria Thomas (director, Reino Unido).

Mientras, en el CineMart, el mercado de la coproducción, fue bienvenida la presencia de Luck Razanajaona (Madagascar) y sus productores de Wet Films (Francia) que buscaban 500.000€ para su largometraje Disco Africa, el único proyecto africano de esta selección apoyado por el Luxor African Film Festival, el Francophone Images Fund y la Reunion Film Commission. Razanajaona también se ha beneficiado de una residencia de escritura en Sudáfrica (Realness) y Reunión en los últimos años.

El realizador belga Marc-Henri Wahlberg, que fue conocido por el largometraje Kinshasa Kids, vuelve a las carreteras de la República Democrática de Congo con la propuesta de realidad virtual Kinshasa Now – Being a Shégué seleccionada para IFFR PRO x VR, que ofrece una inmersión en la vida de un “niño hechicero”. Después de haber recaudado 600.000€, el cineasta está buscando 230.000€ más con socios internacionales para completar su presupuesto.

Finalmente, aunque la mayoría de la selección de películas de África se han presentado tristemente fuera de competición en la sección PACT, las producciones que han competido han sido las siguientes: por Egipto, Poisonous Roses, de Ahmed Fawzi Saleh y The New World, Episode One, de Ghalia Elsrakbi y Lauren Alexander; y por Marruecos, Tree Identification for Beginners, de Yto Barrada, The Tree, de Cheikh Mohamed Homa y el largometraje Razzia, de Nabil Ayouch.

El director keniano Jim Chuchu participó como jurado en la sección Ammodo Tiger Short Competition, donde han competido 22 cortometrajes de todo el mundo optando a tres premios de 5.000€ cada uno. 

 

Traducción: Sebastián Ruiz-Cabrera

I Still Hide to Smoke: el hamman y la lucha de la mujer argelina

Frente a las bombas, al atropello de los derechos humanos y a los barbudos hay un hamman. Este esconde un susurro inocente. Para muchos, conspiratorio. En la Argelia de 1995, el integrismo islámico lidera el terreno político y la represión militar viene impuesta por el Frente Islámico de Salvación (FIS). En este contexto se atiende mejor a las pequeñas cosas; al cigarrillo, al mar, a la ropa tendida o a la alegría de saber que se ha restablecido el servicio de agua. En los malos momentos, agua caliente. O una mano amiga que se ofrezca a frotar allí donde no se llega.

I Still Hide to Smoke (2016), de la realizadora argelina Rayhana Obermeyer, es una película coral liderada por la actriz Hiam Abbas (Fatima). Un hamman (baño turco) es el escenario de una cinta que se adentra en los abusos de la sociedad misógina durante la guerra civil de Argelia.

El hamman de Fatima es un bálsamo anímico para un grupo de mujeres que intenta escapar de la rutina. Madres, hijas y amigas. Vírgenes, rebeldes y enemigas. Gordas y delgadas. Casadas, solteras, viudas y divorciadas. En los baños hay cabida para todas. Muchas vienen solo a bañarse mientras otras se exfolian o preguntan por un masaje. Las hay quien además del respiro terapéutico, vienen a buscar consejo, a desahogarse o a olvidarse de los fundamentalistas. Aquí se habla sin tapabocas de sexualidad, matrimonio, divorcio y religión. Se cotillea y se ríe. También se llora. Y se sueña.

Samia (Fadila Belkebla), de 29 años y soltera, sueña con irse con el mar. De perderse en el horizonte. Pero lo que le quita el sueño es buscar un marido. Entra a trabajar en los baños para ver si alguna casamentera la recomienda aunque “nadie se fija en las que limpian o dan masaje”, le advierte Fatima. Samia es testigo en un espacio donde además de la limpieza física existe un aseo mental.

El hamman es un refugio para que las mujeres se presenten sin máscaras, con sus miedos e inquietudes. Un lugar para expresarse libremente y buscar compañía. Incluso es destino para aquellas que apoyan al régimen extremista. Rayhana, que se enfrentó al desafío de encontrar actrices árabes que quisieran formar parte del reparto, propone una cinta con escenas cuidadas y tiernas donde las mujeres descosen estereotipos en unos diálogos atrevidos y que son una mirada al mundo árabe femenino.

Aunque en una sociedad en la que “falta el amor”, siempre hay alguien pidiendo pelea. La seguridad de los baños se verá amenazada cuando Fatima acoge a Mariem (Lina Soualem), soltera y de 16 años, que está embarazada. Su hermano fundamentalista ha conocido el secreto y va buscarla al hamman. Venganza y una daga. La tranquilidad entonces queda a expensas de los barbudos que atormentan la desinhibición cuando llaman a la puerta.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival de cine contemporáneo Film Africa.

Félicité o el canto a la vida

Félicité se gana la vida cantando en un bar de Kinshasa

Félicité es la nueva cinta del director franco-senegalés Alain Gomis y una de las candidatas a llevarse el Premio del Público a la Mejor Película en la presente edición de Film Africa, el festival de cine africano contemporáneo de Londres del que Wiriko es medio oficial y advisor de la programación.

El nuevo trabajo de Gomis es un canto a la vida. Un tratado de resiliencia visual y musical de más de dos horas y que relata los pormenores de una madre soltera de Kinshasa, Félicité, cuya rutina cambia el día en que su hijo sufre un accidente de tráfico.

Félicité se gana la vida cantando en un bar de la capital de la República Democrática del Congo (RDC). Es una mujer valiente, dura y que lucha por no tener que darle explicaciones a nadie. La protagonista trata de escapar de un sistema socioeconómico y cultural que pone obstáculos para la independencia de la mujer en el África subsahariana. Ella pelea su sitio, esquiva a los acosadores y lleva las riendas de su vida como le da la gana. Dejó al padre de su hijo para ser una mujer fuerte aunque perderá el pulso ante el sistema de salud congoleño. Su aguante se desmorona cuando Samo, su hijo, necesita una operación para salvar su pierna tras un percance en motocicleta. Desesperada por conseguir el dinero que permita la actuación médica, Félicité se enfrenta a sí misma y a su orgullo.

En todo bar hay un borracho. Un hombre solitario. Tabu, interpretado por Papi Mpaka, es el que cada noche escucha las canciones de Félicité desde la barra. Empinando el codo, hablando más de la cuenta y engatusando a las mujeres para que lo acompañen a la cama. Una mañana de resaca, este manitas aparece para arreglar el frigorífico de Félicité. Ambos personajes chocan fuera del bar, en un marco ajeno pero con las etiquetas de la noche; él es el borracho, ella la cantante.

En este contexto, Tabu sabe de la situación de Félicité y de su hijo y accede a ayudarla. Pero, ¿cuál es la moneda de cambio? En la encrucijada, la película de Gomis toma, sin embargo, al espectador más allá de una historia de autocompasión. La resistencia de Félicité se desmorona mientras Tabu endulza unos momentos agónicos. La historia nos lleva hacia un camino de aceptación, perdón y esperanza. Un sensual y cuidado contrato al amor sin letra pequeña. Una relación honesta y cruda como la mirada de su protagonista, la sudafricana Véro Tshanda Beya Mputu. Sus ojos penetran desde el primer plano así como lo hace su voz.

La música es también otro personaje más en esta cinta. La banda sonora está compuesta por el colectivo local Kasai Allstars y a través de los temas se muestra la mutación de carácter de Félicité. Del jolgorio a la rendición. Y a los sueños. Gomis juega con unas escenas líricas, amenizadas por la Orquesta Sinfónica de Kinshasa, para adentrarnos en unas ensoñaciones donde se olvida el caos de la ciudad y en la oscuridad del bosque, Félicité encuentra a Tabu.

Tabu, Felicité y Sano en un fotograma de la película

La relación entre ambos crece en silencio. La noche es para los tormentos y a plena luz del día no hay máscaras. No hay micrófono, no hay trago. Hay otras Félicités. Otros Tabus. “Ámame pero no me lo pidas”, le dice ella.

Alain Gomis filma la rutina con esta película. Se ha centrado en los momentos diarios en los que la vida toma forma y se desarrolla. “Me gusta fijarme en lo invisible de cada día porque ahí experimentamos cosas intangibles como por ejemplo el amor”, dijo el director en la pasada edición de la Berlinale donde Félicité se llevó el Gran Premio del Jurado (Oso de Plata).

En esas minucias de la vida cabe un frigorífico. Uno antiguo, estropeado y que mantiene su lugar de privilegio en el salón de una casa de los suburbios de una capital del África subsahariana. ¿Es mejor comprarse uno nuevo? Quita, quita. Esto se soluciona pronto. No es el motor, es el ventilador. Tampoco. Va a ser el transformador. Y cuando todo está perdido, el frigorífico vuelve a funcionar. Sin embargo, desprende ruido. Se ríe por no llorar. Se acepta y el molesto sonido da compañía en la humilde casa de Félicité. La vida es como un frigorífico. Y quizás el amor.

*Este artículo es parte de la cobertura que Wiriko ha realizado en español como medio oficial del festival de cine contemporáneo Film Africa.