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Cines africanos online OAFF (I). Documental e identidades

Comenzamos una serie de crónicas que invitarán al lector a pasearse por las diferentes secciones del nuevo Online African Film Festival (OAFF) dedicado a los cines africanos y que plantea mostrar otras narrativas sobre el continente africano. Una oportunidad que permanecerá en abierto hasta el 15 de diciembre con un simple click.

Por Judit del Río

El OAFF es el primer festival de cines africanos online.

No es el único festival de cine online, pero sí es el primero de este formato que se centra exclusivamente en las producciones africanas y de la diáspora. El anuncio del Online African Film Festival (OAFF) ha sido una sorpresa para los que pensamos que la oferta de películas venidas del continente vecino es siempre escasa. Ahora, del 15 de noviembre al 15 de diciembre, tenemos la posibilidad de acceder a una treintena de títulos de eso que parece más un animal mitológico que una realidad en este país: los cines africanos. Cines, en plural. Porque si en algo se empeñan las distintas iniciativas que se dedican a darlos a conocer –el veterano Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) y el joven Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB) son quizá los ejemplos más prominentes a nivel nacional– es en la multiplicidad de miradas que nos llegan desde África. El OAFF no es una excepción. Su objetivo es el siguiente: luchar contra los estereotipos que describen a África como un continente de pobreza, conflictos bélicos y enfermedades. A fin de cuentas, deconstruir la idea que se tiene de sus países, sus culturas y sus ciudadanos para llevar al resto del mundo una visión panorámica de las realidades cotidianas africanas, tanto en formato ficción como documental. Y lo ha conseguido.

Ya bien entrada la segunda semana de recorrido pueden verse seis de los ocho documentales que hay programados en total. Todos ellos han rodado por otros festivales del mundo; todos presentan una visión única sobre la complejidad de las identidades personales o nacionales. En El africano que quería volar (Samantha Biffot, 2015) un documental biográfico sobre la vida de la estrella del kung fu gabonesa Luc Bendza del que ya hablamos en Wiriko con motivo de su proyección durante el FICAB, vemos cómo la determinación que lo lleva a convertirse en uno de los maestros más respetados de su disciplina en China no atenúa el rechazo que sufre debido a su nacionalidad. Las chicas de Ouaga Girls (Theresa Traoré Dahlberg, 2017) muestran, a través de su intimidad, sus aspiraciones y sus deseos, la realidad política y social de una Burkina Faso recién salida de una dictadura. Buceando en las perspectivas de los protagonistas aprendemos acerca de la riqueza de las mismas, entendiendo cómo la clase, la raza, y el género se entrelazan para conformar relatos personales únicos. Identidades que, a veces, se construyen a pesar del peligro: Kumut Imesh protagoniza y dirige junto a David Fedele Revenir (Volver, 2018), en el que, armado con una cámara, recorre de nuevo el trayecto que le llevó a Francia, tras exiliarse de su Costa de Marfil natal por motivos políticos.

En Agua Sagrada (2016) Olivier Jourdain evita deliberadamente cualquier mención al drama del holocausto ruandés para explorar una faceta de la sexualidad tradicional que se ha convertido en un hito cultural del país: kunyaza, la eyaculación femenina. Lo hace acompañando a Vestine Dusabe, una mujer que lleva la voz cantante en las ondas radiofónicas de Kigali por las calles, colegios y comunidades donde actúa como educadora sexual. La apertura con que se debate sobre el sexo y la satisfacción de las mujeres en Ruanda es un golpe a los prejuicios occidentales de los que insisten en afirmar lo reaccionario de las sociedades africanas ¿Es Agua Sagrada, entonces, un documental feminista? Sin duda, contiene nociones profundamente feministas, como la crítica que hace Vestine a la ablación del clítoris en otros países africanos, o la apertura a la hora de hablar de la sexualidad femenina sin tabúes desde una edad temprana. Una reivindicación del orgasmo femenino, sí, pero una aún atrapada en un marco en el que la satisfacción de las mujeres es motivo de honor para el hombre y medida de su pericia, y la heterosexualidad es la única posibilidad que parece existir. Las metáforas visuales y narrativas no dejan lugar a dudas: el agua sagrada es un lago que solo los hombres más viriles pueden navegar. Kunyaza se convierte, en parte, en una obligación; es una herramienta para mantener la estabilidad matrimonial y evitar la infidelidad. Son los hombres quienes importan a la hora de disfrutar del placer femenino; y el mensaje del documental hace malabares con la liberación sexual y el trabajo emocional.

Los problemas identitarios, aun siendo una parte fundamental de la historias, se mantienen muchas veces en un segundo plano. La transexualidad de Tchinda Andrade no se trata de manera explícita en la película homónima, Tchindas (Pablo García Pérez de Lara, Marc Serena, 2017). En vez de eso, la importancia del activismo LGTB+ se diluye en los exigentes preparativos del carnaval de Mindelo, en São Vicente (Cabo Verde), del que Tchinda es organizadora y promotora y en el que el pueblo entero se vuelca. El hilo conductor de la historia es la disciplina del atleta, el taller mecánico, el carnaval, la sexualidad; y por debajo se dejan entrever las formas peculiares y personalísimas en que cada individuo interacciona con el mundo. La visibilización es el primer paso hacia la normalización, la aceptación y la lucha por los derechos de distintos colectivos en situaciones de opresión, sean estos mujeres, LGTB+, o migrantes.

En este sentido, retratar cinematográficamente la normalidad –del liderazgo de las mujeres trans en el evento cultural más importante de São Vicente, de la elección del sector automovilístico como profesión para las protagonistas de Ouaga Girls, o de las conversaciones en torno a la sexualidad femenina– es una herramienta para dar visibilidad a estas realidades desconocidas y mostrar una visión más completa y más real de las vidas africanas. Una reivindicación dentro de un cine que, debido a sus condiciones de producción y exhibición, es forzosamente reivindicativo: porque hacer que se oiga una voz que ha permanecido silenciada es un acto político en toda regla, y también lo es luchar por amplificarla. Las palabras de Elvis Tolentino en Tchindas lo dicen todo: «así es África, llena de misterios».


Puedes encontrar más información en estos otros artículos:

Cómo ver cines africanos y no morir en el intento (I): Festivales

Cómo ver cines africanos y no morir en el intento (II): Plataformas online

Y también visitar nuestro Canal Wiriko en Filmin.

 

Luc Bendza: El africano chino que quería volar

El pasado viernes se estrenaba en la Filmoteca de Catalunya, durante el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB), The African Who Wanted to Fly (El africano que quería volar), un documental que dejó a más de uno con la boca abierta. Se trata de la historia de Luc Bendza, un gabonés que supo de muy pequeño qué quería ser de mayor gracias a las películas chinas de artes marciales. Sí, has leído bien. De hecho, el objetivo era seguir los pasos de sus ídolos Bruce Lee y Jackie Chan para alcanzar su meta: aprender a volar.

Fragmento de la película El africano que quería volar, de Samantha Biffot.

El documental, de la también gabonesa Samantha Biffot, tiene varios puntos interesantes: el de la diáspora africana en China; el de mostrar otra cara del gigante asiático en África alejada de los estereotipos; el de introducir al espectador en el arte marcial wushu; y, quizás, en tener la capacidad de seducir al espectador sobre un género fílmico, el de la lucha, que en Occidente no tiene mucho reconocimiento. Sin embargo, y como explicó el realizador alemán Wener Herzog: “Toda la filmografía de Godard es un timo comparada con una buena peli de kung fu”.

Hijo de altos funcionarios, Bendza nació en 1969 en la tranquila provincia gabonesa de Ogougue-lolo, en el centro del país. No sería hasta la edad de 11 años que este joven intrépido quedó hipnotizado con las películas de artes marciales, aunque el paso definitivo para viajar –con fuertes resistencias familiares, en particular de su madre– lo daría con 15 años. Entonces sí que desafió la gravedad. Un negro en China era un reto identitario más duro que cualquiera de los entrenamientos a los que se vería sometido. El propio Luc explica en un fragmento del documental que fue a una exhibición en una zona rural y que cuando lo vieron aparecer, todo el pueblo salió corriendo… Huyeron. Lo cuenta entre risas, pero no deja de visibilizar el desconocimiento que existe sobre el continente africano en otras regiones del mundo.

El gabonés Luc Bendza.

Sus éxitos comienzan en 1990. Gracias al entrenamiento junto al maestro Wang Huafeng, Luc consigue ganar la medalla de oro en un campeonato de Miao Dao, una técnica en la que mediante acrobacias tiene que soportar un sable de 1,5 metros. ¿La curiosidad? Que en aquel entonces solo cinco personas dominaban esta práctica en China. Pero este solo fue el primero de una larga lista de vistorias para Luc. Dos años más tarde participaría en un campeonato donde atrajo la atención del representante de uno de sus ídolos: Bruce Lee. Impresionado por la actuación del joven africano, le ofreció un papel en una película de artes marciales… Un sueño para el gabonés que aceptó sin dudarlo. Aunque este film nunca llegaría a ver la luz, le permitió hacer sus pinitos en algunas producciones como Dragon from Shaolin (1996), Warriors Of Virtue (1997) o Extreme Challenge (2001). Por cierto, el 20 de julio se cumplirán 45 años de la muerte de Bruce Lee (falleció a los 32 años) que, aunque parezca mentira, solo terminó cuatro películas, según detalla Iván E. Fernández Fojón en su libro Bruceploitation. Los clones de Bruce Lee (Appleheadteam).

El trabajo de Samantha Biffot lleva al cine una historia inspiradora. Pero el día a día en la vida de Luc Bendza continúa a caballo entre Pekín y Libreville haciendo de embajador africano en Asia y de maestro experimentado en su tierra en la que se encuentra luchando por la última de sus batallas: el reconocimiento de los suyos. Sin embargo, The African Who Wanted to Fly es más que el viaje personal de Bendza. Más bien captura a la perfección la cultura del cine popular en muchas partes de África de mediados de los años ochenta y principios de los noventa. La aspiración de Bendza ha sido ampliamente compartida por muchos jóvenes que soñaban con convertirse algún día en Bruce Lee y otros maestros del arte marcial. Un trabajo que proyecta por lo tanto cómo podría haber sido el sueño de muchos jóvenes si hubieran hecho su viaje.

La identidad Afropea a debate en Barcelona

La escritora camerunesa establecida en Francia Leónora Miano dice en una entrevista reciente que “se llama afropea la etnicidad de las personas que han nacido o crecido en Europa, pero que tienen lazos subsaharianos marcados en distintos grados. Los afropeos constituyen una categoría de la familia afrodescendiente, aquella en la que Europa es el espacio de referencia. La importancia de esta denominación reside en la necesidad de hacer patente la experiencia de las personas concernidas. Un afropeo no es un afroamericano ni un africano en sentido estricto. Los estudios afrodiaspóricos deben dar un espacio a estos grupos humanos, lo que comienza por nombrarlos convenientemente. Desde mi punto de vista, el término afropeo vehicula una utopía difícil aún de actualizar en un mundo en donde, como se ve, el racismo no baja la guardia. Abarcar en un mismo movimiento todas esas pertenencias y abolir las posturas nacionalistas no es algo fácil. Sin embargo, eso constituye la originalidad de la propuesta afropea”.

Las identidades afropeas se manifiestan de múltiples formas, y frecuentemente reescriben y repiensan el significado y las narrativas que construyen este concepto. Según el sociólogo británico afrodescendiente Paul Gilroy, la noción de identidad afropea reivindica una conciencia híbrida o doble de ser Europeo y negro que lleva a ‘formas culturales estereofónicas, bilingües o bifocales’ (Gilroy:1993).

La identidad Afropea a debate en el FICAB:

Dear White People

En nuestra sociedad, son cada vez más las personas afrodescendientes que construyen su identidad en dos lugares de referencia diferentes. En este caso, África y Europa son espacios que les son igual de propios y a veces, ajenos por partes iguales. Eso es lo que cuenta, de forma cómica y aguda en su obra de teatro No es país para negras, la actriz Silvia Albert, representante del colectivo Black Barcelona y una de las ponentes que esta tarde debatirán en el Centre Cívic Pati Llimona dentro de la mesa redonda ‘Afropeus: Diàspora Africana a l’Europa del segle XXI’, última actividad paralela del Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona.

Silvia Albert durante una de sus actuaciones.

“No me siento al cien por cien representada por ese término y tampoco tengo muy claro qué significa. Apenas me siento española o catalana (a pesar de que en otros momentos sí he luchado por esa identificación), así que no puedo identificarme con una estructura tan grande como Europa”, nos avanza Desirée Bela-Lobedde (La Negra Flor), activista estética, comunicadora, bloguera, youtuber e integrante del equipo de la revista feminista Locas del Coño, que también nutrirá el debate de esta última actividad del FICAB.

Desirée Bela-Lobedde es una activista digital nacida en Barcelona y conocida por su proyecto La Negra Flor.

“Mi trabajo, por el feedback que recibo, ayuda a abrir la mirada y, en algunos casos, a ponerse en el lugar de las personas racializadas. Ello implica un aumento de la sensibilidad de algunas personas blancas, que toman conciencia de los niveles de sutileza a los que llega a veces el racismo. Sobre todo en cuanto a lo que se refiere a la cuestión estética”, cuenta.

La mesa redonda, que también contará con la participación del historiador senegalés Baye Ababacar Thiakh, coordinador técnico de la cooperativa de exmanteros DiomCoop, estará precedida por la proyección de la película Dear White People (Justin Simien, 2014), una comedia que mezcla raza, sexo, privilegio, poder y microagresiones hacia los jóvenes afroamericanos en un campus universitario. Una bofetada a los blancos que, creyendo entender y haber superado el racismo estructural de Estados Unidos, perpetran la discriminación y exotizan la diversidad cultural. Y una pregunta (entre otras) a debate: ¿Está Europa muy lejos de lo que Estados Unidos en referencia a su trato a las personas racializadas?

Con la moderación de la investigadora Celia Murias, miembro del colectivo Africaye, también se dará un espacio para el colectivo de personas migradas que desde hace más de un mes ocupan la Massana, con réplicas en Poblenou y Badalona, en rechazo al racismo institucional y para pedir la derogación de la ley de extranjería o el cierre de los CIE. 
Con esta actividad de clausura del primer ciclo que el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona ha celebrado en la ciudad, sus organizadores y organizadoras quieren impulsar el diálogo y la cooperación entre diferentes colectivos que trabajan en el campo cultural y social de la ciudad, y contribuir tanto a la revisión de los estereotipos como a la construcción de una Barcelona más respetuosa, diversa e inclusiva. Y con este punto y a parte, el Centre d’Estudis Africans i Interculturals, Wiriko y Africaye despiden el pistoletazo de salida del FICAB apuntando las principales líneas que marcarán el futuro de este nuevo espacio para los cines y las culturas africanas en la capital catalana.

Centre Cívic Pati Llimona

Carrer del Regomir, 3, 08002 Barcelona

18:00h. Proyección DEAR WHITE PEOPLE

20:00h. Mesa Redonda ‘Afropeos: Diáspora Africana en la Europa del siglo XXI’

High Fantasy: el arcoíris sudafricano se desmorona

Como turista en Sudáfrica, no es tarea fácil obviar la imagen omnipresente de Nelson Mandela. Él, su discurso, la construcción del relato, la lucha contra el apartheid… Sus 27 años en prisión actúan –y con razón– como hierro forjado que marca a los que visitan el país nada más entrar. Pero a veces, la foto del puño alzado más que unir a los sudafricanos provoca el efecto contrario.

Fotograma de high_fantasy proyectada en el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB).

Esta es la premisa con la que trabaja Jenna Bass en su segundo largometraje High Fantasy (2017) en el que examina algunos de los pilares inquebrantables en esta región del cono sur: raza, clase y género en pleno 2017. Y quizás lo más interesante es que cada vez son más las voces críticas que desafían la narrativa de la identidad y lo que significa haber nacido en Sudáfrica después de la abolición del sistema de segregación entre blancos y negros. Bass se enmarca en una generación que se siente engañada por la “ideología del arcoíris” promulgada por Mandela a partir de 1994. Un “arcoírismo” que trató de constituir una nueva clase social obviando las diferencias… pero había muchas décadas de historia enquistada que se tenían que visibilizar. Y no se hizo. O, al menos, no del todo bien.

El de High Fantasy (2017) es un telón de fondo complejo aunque la historia es llevada a la pantalla con mucha innovación y naturalidad en la piel de cuatro jóvenes. Tres chicas (blanca, mestiza y negra) y un chico negro (¿qué actúa como protector de ellas?) deciden pasar unos días en una granja abandonada propiedad de la familia de Lexi (Francesca Varrie Michel), la chica blanca. Un lugar inhóspito, deshabitado y que Xoli, el chico (Quandiswa James) critica al inicio del film: “¡una sola persona es el propietario de toda esta tierra!”. La herencia colonial se vislumbra en algunos de los mensajes, aunque no sea el centro de la cuestión. Se les ve bailar, fumar y reír hasta que el giro fílmico atraviesa al espectador: después de una noche, sus cuerpos se intercambian… Y la interpelación es directa. ¿Qué se siente al ver a otra persona interactuando con algo tan personal y esencial para su identidad como la propia piel?

Fotograma de high_fantasy proyectada en el Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB).

La realizadora sudafricana resuelve la película en tres actos en el que los personajes tienen el tiempo suficiente para resultar familiares al espectador. Y esa es una de las grandezas de High Fantasy, que la empatía se desliza rápidamente gracias a dos elementos: el primero son los planos detalles de manos, piernas, pies y cara que hacen que conozcamos mejor a los cuatro personajes; y el segundo punto interesante son las entrevistas que cada uno de ellos tiene con la directora mirando a cámara en una especia de confesionario y que nos dan la oportunidad de profundizar en la psicología de cómo se sentiría uno al vivir en el cuerpo de otro. La identidad o el género pueden ser diferenciadores en esta nación africana. Sin embargo, hay algo que también une (en este caso, a las tres chicas): las protestas estudiantiles de 2015. Aunque es un discurso enojado, es uno que al menos ha trascendido al de raza, y que apunta a un movimiento al que pueden unirse tanto blancos como negros.

La realizadora Jenna Bass no necesariamente tiene respuestas a muchos de los elementos que se abordan en el guion, pero lo importante es que no teme plantear preguntas importantes como por ejemplo quién es el verdadero protagonista de la historia. Algo básico sobre el que construir un relato. O quizás no. Porque lo cierto es que Bass combina un lenguaje sin arrepentimiento lleno de libertad e igualdad respaldado por un amor permanente (¡¡y rodado todo con un iPhone7!!). Precisamente, en unas palabras sobre su primer largometraje Love the One You Love (2014) explicaba lo siguiente: “Todavía somos un país increíblemente segregado y estaría mintiendo si dijera que entiendo cómo todos se sienten sobre diversos aspectos de la vida. Pero sentí que la única cosa que todos teníamos en común era el amor”.

Por cierto, mucha atención a la última escena de la película donde se plantea un nueva variable para Sudáfrica: ¿construir todo desde cero?

Samuráis africanos: una extravagancia comprometida

El escenario de un futuro apocalíptico no es ninguna novedad. De hecho no tiene nada de original en el mundo del cine. Que un desastre haya obligado a nuestros sucesores a tomar el camino de vuelta y regresar a formas de vida propias de épocas pasadas, va acotando un poco más el argumento, pero tampoco tiene nada de singular. Ahora, que esos habitantes del futuro hayan tomado la vía de los samuráis en ese ejercicio de reconstrucción de la sociedad, eso ya empieza a ser bastante innovador. Y que los samuráis sean africanos, es el golpe de efecto definitivo. Ese es el escenario de Hasaki Ya Suda un corto del director burkinés Cédric Ido que mañana jueves se proyecta a partir de las ocho de la tarde en la Filmoteca de Catalunya (c/Salvador Seguí, 1 de Barcelona), dentro de la programación del ciclo del cine organizado por el Festival Internacional de Cine Africano de Barcelona (Ficab).

Un fotograma de la película “Hasaki Ya Suda”, del burkinés Cédric Ido.

La propuesta de Cédric Ido es al menos provocadora, en lo que se refiere a ese argumento principal, el de la lucha por el honor de un grupo de samuráis entre los que destacan por número los de origen africano. En la lectura que se puede hacer de esta historia destaca la elección de esa época pasada, “ancestral” dice en la narración. El realizador burkinés, que también es el autor del guión, huye del recurso habitual que supone el regreso a un estado primitivo. En su caso, es evidente que la elección, aunque represente un paso atrás, se remonta a una época con un halo de prestigio.

Tampoco parecen casuales algunos de los detalles del relato y de la narración. Empezando por la evidente voluntad de generar al espectador una cierta fractura, quizá una bofetada de realidad intercultural, al escoger como protagonistas de este regreso a los orígenes a personajes africanos que se enfundan en la piel de los samuráis. Ido mezcla en su historia la destreza con la espada con las habilidades sobrenaturales que seguramente el relato más convencional sí que coloca más próximo a los protagonistas. Otro detalle, quizá más difícil de detectar, es que el corto esté grabado en lingala, una lengua extendida en el centro de África, sobre todo en las regiones ribereñas del río Congo. El lingala no es el idioma propio del director ni de los actores, pero es utilizado dándole una sonoridad que fácilmente al espectador le recordará al japonés, en lo que es otro juego del director.

Todos estos ejercicios con los que Ido rompe constantemente lo que el espectador cree que se encontrará y que parece recordar una y otra vez que nada es lo que parece no son puro artificio, aunque sea una apariencia que se ve reforzada por unos efectos especiales muy particulares. Sin embargo, nadie puede negar que los alardes del director burkinés tienen una razón de ser que aparece explícitada desde el primer momento. El apocalípticos que ha conducido a esa situación no ha sido una casualidad o un accidente sino la mano del hombre materializada en el cambio climático. Ese ha sido el origen de las hambrunas y las guerras que han desestabilizado el orden mundial y que han tenido como primeros y principales perjudicados, evidentemente, a los habitantes más vulnerables del planeta, los hombres y mujeres del sur global. Curiosamente, en un cuidadoso y delicado relato inicial se dibujan imágenes que inevitablemente remitirán al espectador a la crisis que ha causado la muerte de miles de migrantes en el Mediterráneo debido a los obstáculos de la política migratoria europea. Sin embargo, Hasaki Ya Suda fue rodado en 2011, unos tres años antes del inicio de la que se ha dado en llamar la crisis de los refugiados que ha hecho que desde 2014 hayan muerto más de 15.000 a las puertas de Europa.

Cartel de “Hasaki Ya Suda”, película de Cédric Ido.

Por tanto, basta rascar ligeramente la superficie para encontrar en Hasaki Ya Suda, defensa del Medio Ambiente, alerta sobre el fenómeno migratorio o cantos a la interculturalidad, sin entrar en análisis más profundos. Eso y evidentemente un relato que, como mínimo resulta chocante y visualmente muy atractivo.

Por lo que se refiere al programa del Ficab, el corto Hasaki Ya Suda del burkinés Cédric Ido, precederá la proyección de High Fantasy, de la sudafricana Jenna Cato Bass, que se desarrollará en el mismo escenario de la Filmoteca de Catalunya. High Fantasy es un ejercicio entre que se mueve entre la tragedia y la comedia y que relata la historia de un grupo de adolescentes que durante un campamento en una tierra remota del interior de Sudáfrica se enfrentan a un misterioso cambio de cuerpos, con consecuencias que van desde la vida personal hasta la asunción de la intimidad y la identidad, sin pasar por alto el delicado telón de fondo político y social del país.

De la misma manera, dos horas antes de esta sesión doble, a las seis de la tarde, el Ficab propone una mesa redonda sobre activismo político y cultural en Burkina Faso, que se celebrará en el Pati Llimona de la capital catalana. Recogiendo el gancho de la procedencia del director invitado al ciclo, Cédric Ido, esta mesa redonda trata de abordar desde diferentes perspectivas y experiencias la importancia que ha jugado el activismo y la cultura comprometida en la trayectoria del país que se ha convertido en uno de los referentes para la juventud africana, sobre todo, en la esfera francófona.

Del 22 al 28 de mayo el FICAB arranca en Barcelona

TODO LISTO PARA QUE EL CINE AFRICANO ATERRICE EN BARCELONA

El FICAB arranca, del 22 al 28 de mayo, con un ciclo dedicado a la diáspora africana en Europa con el cineasta franco-burkinés Cédric Ido como invitado especial

El ciclo «Diáspora e Identidad» proyectará 4 largometrajes y 2 cortometrajes y contará con diferentes actividades paralelas en colaboración con colectivos de la diáspora africana en diferentes espacios de Barcelona

 

Barcelona, 7 de mayo de 2018

Coincidiendo con la semana del Día de África, la capital catalana acogerá el primer ciclo del Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona (FICAB), un nuevo evento que pretende situar la ciudad de Barcelona como uno de los epicentros globales para impulsar y promover las cinematografías africanas de mayor calidad y acercar así la cultura de África en Cataluña.

El FICAB, que nace con vocación de convertirse en un espacio permanente de cooperación cultural y académica entre entidades y asociaciones del Norte y el Sur, se celebrará del 22 al 28 de mayo de 2018 en diferentes espacios de la ciudad. El epicentro de las proyecciones será en la Filmoteca de Catalunya con el ciclo «Diáspora e Identidad» y tendrá como invitado especial al franco-burkinés Cédric Ido. Además, las actividades paralelas se cumplimentarán en LaFede, el Centro Cívico  Pati Llimona, la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales de la Blanquera y el centro cultural Inusual Project.

Coincidiendo con la semana del Día de África (25 de mayo), el barrio del Raval, uno de los enclaves más multiculturales de la ciudad, exhalarà celuloides africanos en la Filmoteca de Cataluña donde se proyectarán 4 largometrajes – la Vie de Château, de Cédric Ido (2017), High Fantasy, de Jenna Bass (2017), The African Who Wanted to Fly, de Samantha Biffot (2017) y Miracle at St Anna, de Spike Lee (2008) – y 2 cortometrajes de Cédric Ido –Twaaga (2013) y Hasaka Ya Suda (2010). La programación se complementará con la presencia del director Cédric Ido quien, además, ofrecerá una Master Class en el auditorio de de la Blanquerna el viernes 25 de mayo.

Las actividades paralelas incluyen la mesa redonda África: la negritud de la Europa de la Gran Guerra, el miércoles 23 de mayo en LaFede, con la presentación del libro África en la Primera Guerra Mundial, que contará con Álvaro Barril – historiador y autor del libro-, Eduard Gargallo – historiador y autor del prólogo- y la moderación del Aixa Drammeh– colaboradora del CEA-.

El jueves 24 de mayo, la mesa redonda sobre Activismo político y cultural en Burkina Faso contará con la presencia de un representante de la Asociación de burkineses de BCN, Beatriz Novales – responsable de África a Oxfam– y Carlos Bajo – periodista experto en TIC en África y miembro de Wiriko, en el centro cívico Pati Llimona.

La Fiesta de Clausura tendrá lugar el viernes 25, Día de África, en BajoFondo Club a partir de las 11 de la noche y contará con los Djs afrodescendientes Day B y Baba Sy en colaboración con Ashanti Bcn y Jokkoo Bcn.

Finalmente, las actividades paralelas concluirán con la proyección de la película Dear White People (Justin Simien, 2014) y la posterior mesa redonda Afropeos: Diáspora Africana en la Europa del siglo XXI, que se celebrará el lunes 28 en el centro cívico Pati Llimona, y contará con la participación de los colectivos The Black View, Black Barcelona y la cooperativa de ex-manteros DiomCoop.

Con este ciclo, el FICAB se postula como un nuevo y esperado escenario para mostrar la diversidad y creatividad del continente africano y de sus diásporas en Europa, y en particular en Cataluña. Con vocación de convertirse en un referente necesario dentro del abanico de festivales internacionales de cine africano, quiere servir de herramienta para la revisión del imaginario estereotipado sobre el continente y sus sociedades en la ciudad de Barcelona, ​​con una gran presencia de población africana. Así, se pretende abrir una ventana a las producciones de mayor calidad que se produzcan en la rica y nutrida industria cinematográfica africana; permitir y facilitar la reflexión y el debate; abrir líneas de cooperación cultural entre agentes del Norte y el Sur; poner al continente africano en valor y visibilizar las artes y culturas africanas.

Bebiendo de grandes festivales africanos como el FESPACO (Uagadugú, Burkina Faso), el DIFF (Durban, Sudáfrica) o el de Cartago (Cartago, Túnez), este nuevo espacio cuenta con las alianzas con Casa África, Oxfam-Intermón o la organización belga Africalia, que adquieren un papel fundamental para la construcción de puentes que permitan que Barcelona se convierta en una cita anual para el celuloide y la cultura africana.

En diciembre de 2018 tendrá lugar un nuevo ciclo que junto con el que se hará en mayo cohesionará un tejido necesario para la cita con el primer Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona que tendrá lugar en 2019.

Nace el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona

Tras meses de trabajo conjunto, Wiriko, Africaye y el Centre d’Estudis Africans i Interculturals de Barcelona –bajo el paraguas de CinemÀfriques–, dan luz a un nuevo y ambicioso proyecto que pretende situar Barcelona como una cita global ineludible para los amantes del celuloide africano: el Festival Internacional de Cines Africanos de Barcelona (FICAB).

En pocas semanas, el cosmopolita y multicultural barrio del Raval de Barcelona se convertirá en un enclave para la cultura africana exhalando cines del continente y de su diáspora en el corazón de la ciudad condal. Del 22 al 25 de mayo de 2018 –y en motivo del Día de Áfricael Festival arranca con el ciclo «Diáspora e Identidad», dedicado al cineasta franco burkinés Cédric Ido en la Filmoteca de Catalunya. A pesar de que oficialmente, el FICAB tiene previsto celebrar su primera edición en mayo de 2019, este ciclo quiere servir para movilizar a los amantes del séptimo arte de la ciudad con vistas al FICAB 2019.

Cartel del ciclo «Diáspora e Identidad», organizado por el FICAB, que se celebrará del 22 al 25 de mayo en la Filmoteca de Catalunya.

Para ello, y durante cuatro días, se proyectarán 4 largometrajes – La Vie de Château, de Cédric Ido (2017), High Fantasy, de Jenna Bass (2017), The African Who Wanted to Fly, de Samantha Biffot (2017) y Miracle at St. Anna, de Spike Lee (2008)– y 2 cortometrajes de Cédric Ido –Twaaga (2013) y Hasaka Ya Suda (2010)–. La programación se complementará con la presencia del director Cédric Ido quien, además, ofrecerá una Master Class en el auditorio de la Blanquerna el viernes 25 de mayo. 

Con el ciclo «Diáspora e Identidad», el FICAB se postula como un nuevo y esperado escenario con el objetivo de mostrar la diversidad y creatividad del continente africano narradas a través del lenguaje cinematográfico. Con vocación de convertirse en un referente necesario dentro del abanico de festivales de cine africano internacionales, quiere servir de herramienta para la revisión del imaginario estereotipado sobre el continente y sus sociedades en una ciudad como Barcelona, con una gran presencia de población africana. Así, se pretende: abrir una ventana a las producciones de mayor calidad que se produzcan en la rica y nutrida industria cinematográfica africana; permitir y facilitar la reflexión y el debate; poner al continente africano en valor y visibilizar las artes y culturas africanas.

Cédric Ido será el invitado especial para el ciclo de mayo de 2018 que el FICAB celebrará en la Filmoteca de Catalunya. Además, el franco-burkinés también ofrecerá una master class en el auditorio de la Blanquerna en el barrio del Raval.

Siguiendo la estela del consolidado Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT), con la nostalgia de lo que un día fue la Mostra de Cinema Africà de Barcelona y bebiendo de grandes festivales africanos como el FESPACO (Uagadugú, Burkina Faso), el DIFF (Durban, Sudáfrica) o el de Cartago (Cartago, Túnez), este nuevo espacio cuenta con el rigor y el apoyo de la academia tanto como de instituciones europeas y africanas. En este sentido, las alianzas con Casa África, Oxfam-Intermón o la organización belga Africalia, adquieren un papel fundamental para la construcción de puentes que permitan que Barcelona se convierta en una cita anual para el celuloide africano, comenzando con el ciclo que arrancará entre el 22 y el 25 de mayo de 2018.

En diciembre de 2018 tendrá lugar un nuevo ciclo que, junto con el que se celebrará en mayo, quiere cohesionar un tejido necesario para la cita con el primer Festival Internacional de Cinemes Africans de Barcelona, que tendrá lugar en mayo de 2019.