Entradas

Touba: un poema visual sobre un peregrinaje espiritual “festivado”

Tuba, la mezquita más grande del mundo negro. Foto: Sebastián Ruiz.

Tuba (Senegal), la mezquita más grande del mundo negro. Foto: Sebastián Ruiz.

La directora Elizabeth Chai Casarhelyi, conocida por su documental Youssou N’Dour: I Bring What I Love, con múltiples premios y proyectado en más de 50 festivales, realiza ahora Touba, un documental que se estrenó en el Festival y conferencia de música del suroeste (SXSW) 2013, en Texas, donde ganó el premio del jurado a la mejor realización, y que se proyectó el domingo 23 en los cines de Londres Hackney Arts Picturehouse y The Ritzy, ambos en zonas de gran diáspora africana. Si el anterior documental se centraba en la figura global de Youssou N’Dour (griot y cantante senegalés que sería proclamado Ministro de Turismo y Cultura entre abril y octubre de 2012, y luego Ministro de Turismo y Ocio hasta septiembre de 2013), éste se centra en un espacio global, la ciudad sagrada de Touba, en Senegal, en donde más de un millón de personas peregrinan cada año. Con una fotografía espectacular, filmada en 16 mm por el realizador Scott Duncan, este documental nos muestra uno de los mayores peregrinajes religiosos del continente africano, en honor al Cheikh de Touba, Sërigne Tobua, Ahmadou Bamba Mbacké (1853-1927), fundador tanto de la ciudad (en 1887) como de la cofradía musulmana de los Mourides, una de las seis que hay en Senegal.

Touba es un documental observacional, que coloca la cámara en una multiplicidad de ángulos para reflejar las dimensiones de la gran mezquita de Touba. Su estética recuerda a la de los documentales de Ron Fricke, Baracka y Samsara, con una realización y fotografías impecables, cuya banda sonora y tratamiento del sonido, sin diálogos, hacía de estos filmes poemas visuales que dan mucho que pensar sobre el mundo. En este caso, en lugar de transportarnos a distintas localizaciones del mundo relacionadas entre sí, la directora Chai Vasarhelyi se centra en una sola, el peregrinaje a la Grand Magaal de Touba, para introducirnos en esta experiencia espiritual, mística. El documental comienza con una estructura un poco de “road-trip”, con planos largos de “car-rapides” (un tipo de transporte público en Senegal), en pleno embotellamiento de camino a Touba, con canciones y rezos cantados colectivamente en honor a Sëriñe Touba. Por esas mismas carreteras se montan mercados, en los cuales los devotos nos cuentan por qué se unen a este peregrinaje: por la paz en Senegal; en conmemoración a esta figura pacífica resistente a la colonización francesa, uno de “los primeros políticos africanos modernos”, como decía uno entre el público durante el debate que siguió a la película; para conseguir un buen marido; o para tener buena suerte en los exámenes, decían algunas mujeres y estudiantes en la película. A esa secuencia la sigue otra más cronológica, que día por día, arroja luz a la importancia de Cheikh Ahmadou Bamba, sus discípulos y califas posteriores, a través de los cuales se conoce el mensaje de Sëriñe Touba.

Sin embargo, la abundancia de planos en pleno peregrinaje, mezquita y alrededores, con una multitud de gran colorido, por la ropa de los devotos, dan una impresión de festividad a este fenómeno espiritual global que va más allá. Con ‘time-lapses’ de un día en la gran mezquita, desde al amanecer hasta el atardecer y la caída de la noche, a ‘slow-motions’ de planos detalle de pies, manos y la piel de aquellos que forman parte de esta peregrinación, si bien la impresión puede ser de “inmersión” en la ciudad de Touba, como decía un espectador (occidental), también se produce una apariencia de observación desde una perspectiva ajena, al menos “en un diez por ciento de la película”, como decía un joven mouride de Londres. En cierto modo, este documental constituye una especie de poema visual, sobre un peregrinaje espiritual “hecho festivo”, donde se da una celebración sin precedentes de un fenómeno global, pero donde tal vez se echan en falta algunos matices.

Un gran acierto del documental es su acento en el espacio, Touba, en lugar de la persona de Cheikh Ahmadou Bamba. Aquellos lugares que no fueron más que localizaciones en el documental sobre Youssou N’Dour, se convierte ahora en el punto de mira. Esto es impontate porque supera la personificación del mouridismo. Aunque son muchísimos los objetos con la imagen de Cheikh Ahmadou Bamba, no sólo en camisetas o collares sino también en el arte callejero de Senegal, todas esas imágenes se basan en una única fotografía que fue tomada en 1912, y cuya localización se muestra en este documental. Otro símbolo de gran popularidad entre los mourides es el Lamp Fall, el minarete de la mezquita de Touba. Sin embargo, como dicen los propios mourides, Cheikh Ahmadou Bamba o Sëriñe Touba, no es sólo esa fotografía, sino que ha sido conocido mediante sus discípulos, lo cual se refleja perfectamente a través de este énfasis en el espacio.

Imagen del documental durante el .

Imagen del documental durante el el peregrinaje a la Grand Magaal de Touba.

No obstante, lo que no logra mostrar el documental es el crecimiento de Touba, cuya mezquita se construyó entre 1926-1963, como metrópolis espiritual y lugar de culto, desde 1920, cuando los analistas franceses coloniales criticaron la construcción de esta enorme mezquita en medio de la nada, como un desperdicio de recursos, hasta hoy, donde más de 500.000 personas viven en la ciudad y más de un millón la visitan en peregrinaje cada año. Aunque Touba fuera entendida en principio como una forma pacífica de resistencia al colonialismo francés, persecutor de Cheikh Ahmadou Bamba, su crecimiento es cada vez mayor, hasta tal punto que Touba es hoy la segunda aglomeración urbana más grande de Senegal. Este crecimiento se debe en parte a la emigración, un aspecto clave para la difusión del mouridismo a través de las dahiras (asociaciones de discípulos). Éstas han sido fundamental para mantener los vínculos con la tierra natal, pero también para funciones sociales, como ayudar a los senegaleses a encontrar ingresos en los países de residencia. Touba esa un lugar fijo de referencia[1] para los mourides de todo el mundo, y además, a través de las distintas dahiras, está presente en siete de las ciudades globales más importantes, como Londres, Nueva York, París, roma, Tokio, Los Ángeles y Chicago.

La directora del documental, Elizabeth Chai Vasarhelyi, junto al diretor de fotografía Scott

La directora del documental, Elizabeth Chai Vasarhelyi, junto al diretor de fotografía Scott Duncan.

Algo que también se echa de menos es la falta de referencia al origen del nombre de Touba, o Tûbâ, “el árbol del paraíso”, también entendido por los sufistas como “el árbol de la luz”, donde las raíces están en Dios y donde las ramas y frutos iluminan el mundo[2]. La espectacular fotografía de Scott Duncan rinde homenaje a estos orígenes, con unos tonos cálidos de amarillos de las luces del exterior, donde el atardecer se funde en las luces de la noche y dan luego paso a los amarillos de los azulejos y las luces del interior de la mezquita. Cheikh Ahmadou Bamba es bien conocido por su poesía, divulgativa de los valores del islam, que estaba escrito en árabe. El documental Touba adopta también la forma de poema, un poema visual en el que es islam está retratado de manera global y alternativa a los modos periodísticos. Una gran introducción a un fenómeno cada vez más global que tiene lugar en Senegal.

————

[1] Diouf, M. (2000) The Senegalese Murid trade diaspora and the making of a vernacular cos- mopolitanism, transl. S. Rendall, Public Culture, 12(3), pp. 679–702.

[2] Jeffrey, 1959/60 in Ross, Eric (2011) “Globalising Touba: Expatriate Disciplines in the World City Network”, in Urban Studies, 2011 48:2829.

Escaparate literario desde Costa de Marfil

Prix Ivoire1

Los premios y concursos son siempre un sistema controvertido cuando se aplica a la literatura, y son habituales las críticas desde las más variadas perspectivas, desde la falta de legitimidad de los convocantes hasta la arbitrariedad de los criterios o las intenciones mercantilistas (más que artísticas o culturales) que se pueden esconder detrás de algunos de ellos. El hecho es que todas estas condiciones se cumplen en África e, incluso, en ocasiones se suman algunas más relacionadas, por ejemplo, con enfoques neocoloniales o, incluso, de explotación (por hacer un paralelismo) de recursos, pero en este caso humanos.

En todo caso, hay un elemento que en un premio siempre se coloca en la columna de las ventajas y es la cuestión de la visibilidad. En el mejor de los casos, un concurso hace que emerjan libros o autores que estaban más o menos sumergidos. En este caso, el Prix Ivoire pour la Littérature Africaine d’Expression Francophone, tiene de alguna manera, esa virtud de escaparate, más allá de los dos millones de francos CFA de los que está dotado (algo así como unos 3.000 euros). Al margen del resultado final, es decir, del fallo del jurado, del único autor que podrá poner en su curriculum que se ha alzado con este galardón en una edición concreta, el premio que ha llegado este año a su sexta convocatoria, nos llama la atención sobre una serie de nombres. Algunos de estos autores tendrán después una trayectoria más larga y, en todo caso, se asoman a un púlpito nada despreciable.

El Prix Ivoire no tiene vocación de descubrir autores absolutamente desconocidos, teniendo en cuenta que premia libros que ya han sido publicados. Pero desde aquí, desde Europa, ésta es una buena excusa para asomarnos a la habitualmente poco accesible literatura africana. Según señalan los propios impulsores del certamen, la asociación marfileña Akwaba Culture, a modo de objetivo, se trata de “un premio africano de literatura destinado a recompensar a un autor africano por una de sus obras”.

En pleno mes de agosto, se hizo pública la lista de los finalistas del premio que debería fallarse el próximo noviembre. Pero es precisamente, este paso, el de la exposición de los primeros preseleccionados, el que cumple fundamentalmente esa labor de escaparate. Evidentemente, el premio es una iniciativa marfileña pero con una vocación panafricana (del África francófona, eso sí) impulsado por la asociación Akwaba Culture y apoyado por el Ministerio de Cultura y de la Francofonía de Costa de Marfil, la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), la Embajada de Francia en Abidjan, el grupo Librairie de France y Orange – Costa de Marfil.

La lista de estos preseleccionados nos descubre un grupo de autores africanos procedentes de cinco países, entre los que se encuentran algunos desconocidos para nosotros y otros que ya han tenido su momento de gloria, o que al menos han tenido una cierta proyección, como es el caso del gabonés Janis Otsiemi, del que ya hemos hablado en esta sección. Simplemente a modo de llamada de atención, el resto de los preseleccionados son los marfileños Josette Abondio y Flore Hazoumé, el guineano Mamadou Aliou Bah, los cameruneses Hemley Boum y Marcel Nouago Njeukam y la marroquí Badia Hadj Nasser. Vale la pena seguir la pista de todos ellos.

Por lo que se refiere a la trayectoria del premio y para seguir llamando la atención sobre autores africanos que no han terminado convirtiéndose en “superestrellas” del panorama literario europeo, pero que merecen atención, el primero de los ganadores (en 2008) fue el senegalés Racine Kane; le siguió el marfileño Tiburce Koffi; en 2010, el galardón fue para la camerunesa Elisabeth Ewombè-Moundo; en 2011 fue premiada la única obra de no ficción de este palmarés, se trató de una biografía de Félix Houphouët-Boigny, concretamente los dos últimos de los tres volúmenes de esta obra de Frédéric Grah Mel; y por último, la última laureada (en 2012) ha sido la senegalesa Mariama N’doye.

Los propios organizadores del premio reconocen que se trata de una buena manera de darse publicidad para los autores y de conseguir visibilidad, gracias a la colaboración con numerosos medios de comunicación y, aunque no lo reconozcan explícitamente, gracias al prestigio que se ha ido construyendo esta convocatoria. Una parte de este prestigio viene dada por el hecho de que el acto de la entrega se convierte en una gran fiesta de la literatura africana francófona. Por el palco de los autores invitados han pasado nombres como Aminata Sow Fall, Djibril Tamsir Niane, Cheikh Amadou Kane, Boubacar Boris Diop, Henri Lopes o Alain Mabanckou, por citar sólo algunos de ellos. En la fiesta que se celebrará en noviembre, este honor recaerá en  la ruandesa Scholastique Mukasonga y el guineano Tierno Monénembo.