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Sarr: “La clave de la migración es reorientar la mirada hacia nosotros mismos”

El próximo 19 de octubre la inauguración del 9ª edición del Festival de Cine Invisible de Bilbao presentará Life Saaraba Illegal, una joya documental imprescindible para entender el fenómeno migratorio de África subsahariana a Europa desde un punto de vista personal y colectivo, realizada por el senegalés Saliou Sarr.

Durante ocho años, el director acompañó a su primo Souley en su sueño de seguir los pasos de su hermano Aladji que había emigrado a España y reencontrarse con él. Sus inquietudes, expectativas e ilusiones así como las de sus parientes más próximos, incluido el propio Sarr –que aparece como narrador y personaje del documental– son las protagonistas de esta obra que descubre al espectador un sentido y un significado diferente sobre las migraciones de África del Oeste hacia Europa.

Más allá de este documental, Sarr, más conocido como Alibeta, desarrolla un proyecto integral en el que trabaja a través del cine, la música y otras disciplinas la “África posible” que describe su hermano Felwine en el ensayo “Afrotopia”. A parte de la creación artística, sus compromisos pasan por coordinar un programa de educación en valores para jóvenes universitarios y la puesta en marcha de la productora Baraka Global Arts que trabaja en la construcción de una industria cultural senegalesa.

¿Qué es lo que te ha motivado ha realizar un documental personal sobre la emigración en el que tu familia y tú mismo sois protagonistas?

Al principio yo quería hacer una película sobre mi gran familia, no solamente sobre aquellos que habían partido ilegalmente, sino también los que lo habían hecho de manera regular. Tenía una cuestión conmigo mismo sobre la migración, sobre partir o no partir, y me di cuenta de que en mi familia era ilustrativa porque había todo tipo de casos. Como en una sola película no cabe todo, me concentré sobre los que se fueron ilegalmente: hablar de sus entornos personales, de sus emociones y dar un ejemplo, que puede ser universal, en el que se puede reconocer todo el mundo.

Existen muchas películas y documentales sobre la migración subsahariana hacia Europa. ¿Qué crees que aporta tu visión a la reflexión sobre el fenómeno?

Efectivamente hay muchas películas que hablan de la migración, pero la mayor parte de ellas se focalizan sobre el lado difícil, incluso miserable. Siempre se habla sobre la pobreza de los emigrantes, la pena de dejar sus casas, la dureza del viaje, etc. Nosotros hemos intentando dar una nueva mirada, más humana, que no niega las dificultades pero que enseña los diferentes significados de la emigración para los serer-niominka (hombres del mar). Por ejemplo, se muestra que en ese viaje hay una búsqueda espiritual que es una búsqueda común en todas las personas. Hemos querido filmar con dignidad y dar una perspectiva familiar, de manera que ves el lado universal de la emigración.

 

¿Qué importancia tiene el hecho de ser serer? ¿Percibes diferencias en el enfoque del viaje para la gente de este grupo étnico?

Efectivamente, para los serer no es lo mismo que para los peul o para los wolof, muchos de los cuales viajan con el único objetivo de traer dinero sin importar cómo. Para nosotros los serer no es eso: el viaje tiene un significado simbólico. Somos insulares: partir más allá de los océanos ha sido, independientemente y mucho antes de la emigración hacia Europa, algo importante para alguien que vive en una isla. Es un rito de paso. Nuestros abuelos y nuestros padres lo han hecho y nosotros también lo hacemos. Ahora, en este contexto, se espera mejorar la vida económicamente pero sobre todo volver y guardar tus valores. Todo ese simbolismo se intenta mostrar en el documental.

A parte de la madre de Aladji y Souley, los dos protagonistas, no hay más personajes femeninos en el documental. ¿Cuál es el rol de las mujeres en la migración?  

Es verdad eso. Ella es el ejemplo de la madre que está detrás, que comprende, que apoya… que puede ser que tenga expectativas pero no lo dice porque entiende que es difícil: a ella le gustaría que sus hijos tuvieran los papeles como todo el mundo.

En este documental no he podido tocar el tema pero hay muchas mujeres que están a la espera de sus maridos. Su vida es muy dura porque no saben cuándo éstos volverán y porque mientras les esperan, la sociedad las observa, las controla y no tienen derecho al error. Esperan a un hombre que puede pasar incluso diez años sin venir por no tener papeles y mientras puede haber tentaciones, puede haber cosas alrededor que les tienten a vivir de otra manera, pero no lo hacen… Es un rol muy difícil y es cierto que no hemos hablado suficientemente.

A pesar del esfuerzo de muchos artistas, ONGDs y otros actores sobre los peligros de la emigración clandestina, aún hay jóvenes que sueñan con irse y lo hacen por rutas arriesgadas. ¿Por qué crees que esto sigue pasando?

Es un deseo que ha estado alimentado por todo un sistema, un sistema de dominación, de colonialismo, de desigualdad, un sistema de comunicación que muestra siempre lo bueno del extranjero y lo malo de nuestra sociedad. Los jóvenes africanos tienen la mirada dirigida hacia Europa y ahora se necesita un tiempo y mucho trabajo para reorientarla hacia nosotros mismos.

Pese a eso, para mi es importante no decir a los jóvenes que no viajen. El derecho de migrar es un derecho reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que hay que respetarlo. Nuestros gobiernos tienen que asegurar que nuestros jóvenes puedan viajar, no sólo hacia Europa sino también a otros países africanos. Si hubiera un sistema que permitiese moverse libremente, pienso que la gente no se jugaría la vida cogiendo una patera o cruzando el desierto.

Imagen del documental ‘Life Saaraba Illegal’.

¿Cuál es la responsabilidad de los gobiernos europeos y africanos en este fenómeno?

La responsabilidad es compartida. Empezaré con la de nuestros gobiernos porque no me gusta que siempre apuntemos al otro para quitarnos responsabilidad. Ante todo, los gobiernos africanos tienen la obligación de hacerse respetar. La relación con otros estados debe basarse en el respeto y no en la dominación. Para mantener su dignidad y la de sus pueblos deben de ser capaces de mantener relaciones dignas con otros países.

En cuanto a los gobiernos europeos, me gustaría que fueran más justos: hablan de los inmigrantes despectivamente obviando todo lo que lo que aportan a la envejecida Europa en términos de fuerza de trabajo, de experiencia, de dinamismo… También me gustaría que fueran más honestos: los africanos van a Europa como consecuencia de la explotación abusiva que desde hace siglos se ha hecho del Continente. Es el karma. Europa ha creado situaciones de pobreza, de inestabilidad, e instaurando relaciones de dominación que hace que hoy en día, los africanos vayan a Europa a coger lo que les corresponde, lo que se les debe.

Si después de todo lo que ha hecho Francia en África del Oeste hoy en día expulsa a los que vienen, no es justo ni es honesto.

Dices en el documental que “todo el mundo tiene su saaraba” (tierra prometida). ¿Cuál es la tuya?

Ah… difícil pregunta… Mi saaraba es mi paz interior. Mi tierra prometida no es obligatoriamente una tierra física, pero por supuesto, estaría en África. Pero independientemente de que fuese en Dakar, Nouakchott o Nueva York, mi saaraba es sentirme útil, apoyar a los que están en mi entorno, darle un sentido a mi vida, independiente de la muerte, llegar a hacer algo importante y sentirme una buena persona.

La película ha sido difundida ya en Senegal y en Alemania. ¿Cuál es la reacción de los diferentes públicos?

En Senegal ha sido muy bien recibida. Se ha apreciado sobre todo por no transmitir una visión miserable y haber tenido paciencia en el rodaje, que ha durado ocho años. También se ha señalado el haber dado una visión de Europa real, lejana al paraíso, sin esconder el hecho de que los chicos se van para buscar dinero y construir una casa en Senegal. Ha gustado que el documental sea realista.

En Europa ha gustado que se muestre la emigración desde otro punto de vista, la perspectiva humana, mostrando personas con sentimientos universales, y no solo cifras como acostumbran a oír. La palabra dignidad ha salido mucho en las discusiones después del pase del documental en Europa.

La música del documental está en parte extraída de tu álbum Bani Adama. ¿Cómo describirías el proyecto artístico Alibeta?

Alibeta es un proyecto integral que engloba lo visual (cine), lo sonoro (música), lo gestual y relacional (teatro)… finalmente el objetivo es tocar el corazón. La idea es dar una visión, pasar un mensaje, una filosofía, que puede ser transmitida a través de diferentes medios.

¿Puede el arte derribar fronteras?

Creo que el arte es una vía de concienciación y por supuesto puede derribar fronteras, contando historias que son al mismo tiempo particulares y universales. El arte es un lenguaje que habla al corazón y tiene el poder de acercar a los seres humanos.

Te describes como Alibeta, trovador afropolita, ¿qué significa para ti ese concepto que ha suscitado tanto debate?

Afropolitanismo es un término utilizado por Achille Mbembe: “el Afropolitanismo es la manera en la que los africanos hacen mundo”. Me gusta ese concepto porque parte de que África se sitúa actualmente en un cruce de culturas, de miradas, de sensibilidades, etc.

Como un trovador yo estoy en el movimiento. Hoy en día puedes vivir en el continente o fuera de él, ir y venir, y estar a caballo entre diferentes influencias. Y todas esas personas que estamos en medio de la circulación de ideas y de mundos, desarrollamos una nueva cultura, que es identitaria africana, pero que no es cerrada, sino globalizada.

Para mi el Afropolitanismo es una continuación de conceptos como el de la Negritud o el Panafricanismo, pero más concreto y moderno, más adecuado a nuestro tiempo. Hoy el Panafricanismo en su versión más extendida peca de ser muy identitario y un poco sectario y excluyente. El Afropolitanismo es más abierto: nos identificamos con la tradición africana pero estamos abiertos al mundo, reconociendo lo que el mundo nos aporta y lo que nosotros aportamos al mundo.

Foto: Jean-Baptiste Joire

 

Elegía de la identidad fronteriza

“Así es como habitualmente defino mi propia identidad. La considero fronteriza, es decir, anclada, no en un lugar de ruptura, sino, por el contrario, en un espacio de constante adhesión. La frontera, según la defino y la vivo, es el lugar en el que, sin descanso, los mundos se tocan”. Es uno de los primeros pasajes del texto “Vivir en la frontera”, una de las conferencias que componen el volumen del mismo título de la escritora camerunesa Léonora Miano.

La autora camerunesa Léonora Miana. Foto: T. Orban Abacapress.

Los libros de la Catarata han editado un volumen en el que Miano reúne seis conferencias que ha ido impartiendo en diferentes escenarios entre 2009 y 2011. “Hasta ahora, casi todas estas intervenciones, aunque no siempre, tuvieron lugar en Estados Unidos”, confiesa la escritora en la Introducción con un evidente resentimiento hacia el desdén galo. Las transcripciones de estas intervenciones son, en realidad, una auténtica radiografía de la escritora y de sus circunstancias, de las ideas que mueven su creación, de su aproximación a temas como la identidad, pero también sobre la propia producción literaria, entre otros temas.

La conferencia que lleva el nombre del libro (más bien al revés) es la principal reflexión sobre lo que Miano ha dado en llamar la multipertenencia, entendida como la idea de una identidad formada por aspectos diferentes. Un concepto que se desprende de esa “vida en la frontera” en la que todo entra en contacto, se mezcla, se contagia y acaba recreándose a través de la hibridación.

En “Escribir el blues”, la disertación de Miano se desarrolla en diferentes líneas. Por un lado, hay un apunte vital, sobre su aproximación a la escritura. Por otro lado, hay un abordaje identitario, sobre la importancia y la conciencia del color de la raza. Y, finalmente, una reflexión estilística, como es la compleja relación de la estructura de las novelas de Miano, con la música y fundamentalmente con los géneros que se consideran propios de la música negra, como el blues o el jazz, fundamentalmente. Cada uno de esos estilos responde a objetivos, voluntades y experiencias diferentes. “Yo trabajo sobre temas difíciles”, dice la autora, “sobre algo de lo que la gente preferiría no hablar, pero que sin embargo está ahí. Y no trato de adornarlo. Como mi trabajo tiene que ver con la creación artística, necesariamente desarrolla una estética. En la capacidad de crear belleza de lo que genera el sufrimiento humano reside la promesa de conocer días mejores”, sentencia con esperanza la novelista camerunesa.

En “Leer por fin a los escritores subsaharianos”, la reflexión gira en torno a la idea de “literatura africana” y Miano no hace prisioneros. Precisamente, esta conferencia, dictada en una universidad estadounidense, no tiene ningún reparo en reseñar los males de la academia en su aproximación a las obras de autores nacidos en el continente. Miano, reitera una y otra vez a su auditorio, la superficialidad con la que los académicos leen las novelas de escritores subsaharianos. Como ese abordaje está completamente condicionado por los estereotipos y por una visión occidental que impide, siquiera, que esos autores sean considerados en su justa media, como creadores íntegros, más allá de su condición de africanos. Miano exige que los académicos se acerquen a cualquiera de esas novelas, como lo harían con la de cualquier otro autor del mundo.

“Las negras realidades de Francia” es la excusa para reflexionar sobre las migraciones y sobre la construcción de la comunidad afrodescendiente en el hexágono. “Ser negro hoy en Francia, es ante todo estar en una situación de impoder. Es no dominar su propia imagen, ya que está fabricada por los demás, que son los que forjan el objeto de su temor, de su odio, de su desprecio o de una empatía infantilizante”, destaca Miano. La autora camerunesa formula el concepto “afropeo”, para referirse a un escritor con una experiencia particular en la que encuentran su espacio de manera natural y sin estridencias los mundos africano y europeo.

Un sentido similar en algunos aspectos tiene “Silenciados: los hijos ocultos de Marianne”. En este caso, sin embargo, el énfasis aparece más ubicado en las condiciones de vida de las comunidades negras y, fundamentalmente, en que los contextos de discriminación y desigualdad han llegado a instalarse con firmeza. Después de un repaso por las diferentes caras de la relación histórica entre Francia y África subsahariana, sobre todo en la barbarie de la trata y el desequilibrio de la época colonial, Miano afirma: “En la Francia hexagonal vive una población afropea, procedente de inmigrados subsaharianos y caribeños (…). Es esta la enorme diversidad de lo que África y Francia generaron. Nunca han dejado de estar en contacto, cualquiera que fuera el modo, y mutuamente se han transformado”. La autora se lamenta de que la imagen que Francia se da de sí misma, obvia la realidad de los subsaharianos del país.

Por último, “Afrodescendientes en Francia: representaciones y proyecciones”, es la excusa para la constatación de una comunidad negra en el país galo. Los “franceses negros”, dice con frecuencia la escritora camerunesa. Habla también de relaciones asimétricas construidas con el tiempo, de las deudas, prácticamente que Francia mantiene con el continente africano. “Digámoslo claramente: el África de la que hablamos hoy, a la que se le acusa de las peores calamidades, aquella que se contempla con mirada condescendiente y no fraterna, es extranjera para los propios subsaharianos. Deben volver a ser dueños de su propio espacio y dotarlo de sus propias aportaciones”, dice la escritora después de revisar la imagen que se tiene de la responsabilidad de los africanos en su propia historia más dramática.

Pero, más allá, del repaso de las seis conferencias se impone una mención especial a esa “Vivir en la frontera” que muy acertadamente da nombre a la publicación. La idea de las identidades liminares es una aportación especialmente interesante de Léonora Miano en un mundo en el que cada vez parece ser más necesario justificar el derecho de los migrantes. Miano hace de esa existencia híbrida un motivo de orgullo y explica a la perfección la riqueza de esa identidad de multipertenencia. “Las identidades fronterizas nacieron del dolor. Nacieron del desgarro, de la violación, del odio de sí mismo. Debieron atravesar las sombras para inventar un anclaje en arenas movedizas e imponerse no contra, sino entre los demás. En el fondo, viven en un espacio cicatricial. La cicatriz no es la herida. Es la nueva línea de vida creada encima. Es el terreno de los más insospechados posibles”, asegura la escritora. Además, para ella, “ser africano es ser un híbrido cultural. Es vivir en la frontera”, sentencia la autora con cierta satisfacción.

La inmigración desde el otro lado

inmigrantes en el Mediterráneo

Llovía y los sueños se convirtieron en pesadillas. Nadie sobrevivió a ellas. Salvo sus recuerdos. Oscuridad profunda. El naufragio de la última semana ha dejado la cifra de más de 700 fallecidos en las aguas del Mediterráneo. Pero no, esto no ha sido una “tragedia”. La palabra tragedia implica una calamidad accidental. Una desafortunada confluencia de espacio y tiempo. Y esta vez, como en tantas otras, no ha habido nada de accidental en estas muertes. Han fallecido como consecuencia directa de políticas gubernamentales nacionales y a nivel europeo. La inmigración se hunde en políticas mojadas.

Provienen de más de 20 países llegando a Libia como una especie de embudo hacia Europa: eritreos que pretenden escapar de la represión o el servicio militar, somalíes que huyen de Al-Shabaab; sirios que han perdido la esperanza de volver a casa. En pueblos de Senegal y otros países de África occidental, los que deciden emprender “el camino” venden todo lo que tienen o piden préstamos con la esperanza de una vida mejor en Europa o, tal vez, con la esperanza de unirse a algún familiar o conocido que alcanzó tierra firme.

Las motivaciones entre las decenas de miles que hacen el viaje a la costa del Mediterráneo son tan numerosas y variadas como las nacionalidades involucradas, de acuerdo con investigadores y grupos de derechos humanos. Pero en el año 2014 más del 80% de ellos se dirigió a la costa de Libia como el punto de embarque más fácil. Desde el Cuerno de África hasta el Atlántico, desde Siria y Gaza, estos aspirantes a migrantes viajan por rutas bien establecidas.

“No todo el mundo viene a España por la misma razón. Estudiar o perseguir sus sueños atraídos por el éxito de los suyos”. Quien habla es la senegalesa Mariama Badji que, tras 6 años en la Península, explica su visión de la historia en el documental Témoignages de l’autre côté, en el que se ofrece testimonios de distintos inmigrantes senegaleses que viven en España, desde el otro lado, la otra costa a la que en Senegal se refieren como “El dorado”.

A pesar de que el documental fue producido en 2011 y dirigido por la colaboradora habitual de Wiriko Estrella Sendra, en la última semana el debate ha provocado que la directora decidiera poner este documental a disponibilidad de todos. “Me gustaría que se presentara de alguna forma como un tributo a los desaparecidos… Recordando que esto es algo que empezó hace mucho y que el año pasado, cuando filmamos la segunda parte de este documental, ahora terminándose de editar, se cuestionó si el tema de la inmigración seguía siendo de actualidad… Lamentablemente, vemos que desgraciadamente sí”.

naufragio-de-lampedusa-italia-imigrantesUbicados en distintos espacios, sus protagonistas comparten su experiencia de la inmigración en un tono de debate y reflexión a lo largo de 33 minutos sin espacio para la pausa visual. Mogo Tagheu Leon, natural de Camerún, lanza una imprescindible frase para la opinión pública: “La realidad que he encontrado en España ha sido diferente de la que había imaginado cuando estaba todavía en África”. Opinión que recoge el senegalés Assane Niang afirmando que “hay trabajo y muchas posibilidades”. El debate queda servido.

Aunque sin duda, uno de los puntos dramáticos de este corto documental con una clara implicación de su autora, es cuando Assane Diouf, responsable de una casa de acogida desde 2005 perteneciente a CEPAIM, afirma, tras un silencio, que los recortes presupuestarios del gobierno español han provocado que su centro se vea obligado a negar asilo a varios inmigrantes. Otro de los dramas ocultos.

Con una fotografía que recuerda al cine directo, planos cerrados y ubicaciones inexactas, llevan al espectador por un guión que, aunque con algunos puntos flacos, es parte de la realidad que viven muchas de las ciudades españolas. La convivencia con un número cada vez mayor de vecinos del continente africano. La música de Malick con temas como “Chowli” o “Ça ira bounce” presentes en toda la obra, cierran un documental que como bien afirma Sendra, se vuelve necesario en estos días de luto e incertidumbre política.

Desde Sudáfrica también han llegado las tristes noticias de la represión que están sufriendo los inmigrantes en este país del sur del continente donde al menos 8 personas han fallecido y unas 8.500 personas se han visto obligadas a huir a los centros de refugiados o estaciones de policía la pasada semana a causa de la violencia. La tasa de desempleo en la nación del arcoíris es del 24%, y muchos en el país acusan a los extranjeros de tomar puestos de trabajo. La violencia contra los inmigrantes en 2008 mató a más de 60 personas.

Actualmente, Estrella Sendra y Mariama Badji, anterior protagonista, están coproduciendo y codirigiendo la segunda parte del documental, Témoignages du Suñu Gal, con Manuel Broullón como director de fotografía y postproducción y Pablo Lara como sonidista, así como con nuevas incorporaciones al equipo tanto senegalesas como españolas.

Passport immigration stamp

El sudanés que rompe fronteras con sus manos

Trabajo de ElShafei titulado "Memorias de barcos sin cadenas".

Trabajo de Mohamed Elshafei Dafalla titulado “Memorias de barcos sin cadenas”.

 

Sudán es una palabra polisémica: o bien un refugio de posibilidades sin futuro para muchos o un trampolín inesperado de creación. Desde el Norte a un Sur recién estrenado como país número 54 del continente africano, el moderno Sudán ha sido víctima de las fronteras coloniales tanto antiguas como modernas, realidad que el artista Mohamed Elshafei Dafalla ha asumido como propia en toda su obra. Las orillas del Nilo han visto como este sudanés políglota de las artes plásticas ha caracterizado su trabajo con el compromiso político y social. Hoy hablaremos en Artivismo de ElShafei, el escultor, fotógrafo, pintor y artista que les da voz a los que no la tienen.

Creció en Sennar en 1971, cuando Sudán era todavía uno y, según los datos estadísticos, el país más grande de África, uno de los cinco más grandes del mundo, con 115 idiomas dentro de sus fronteras y con alrededor de 700 grupos étnicos. Puerta de entrada a Tierra Santa y paso obligado a los que, desde el oeste africano, peregrinaban a Oriente Medio.

Su andadura a través del arte la inició a la edad de trece años y como si fuera el punto de inflexión, su trabajo comenzó a tener un trasfondo adeudado con la sociedad que lo rodeaba; Elshafei reconoció en el arte, con el apoyo de sus padres, ambos maestros, una herramienta de comunicación. La percepción precoz de que sus manos tenían más usos que el de moldear letras en el papel se hizo real al poetizar lo que soñaba: utilizarlas para comunicarse más allá de las restricciones de idioma. Después de estudiar en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad del Sudán en JartUM, más tarde obtuvo una Maestría en Bellas Artes por la Escuela de Arte y Diseño de la Universidad de Michigan.

El artista sudanés  Mohamed Elshafei Dafalla. Fuente: http://www.samagazette.com

El artista sudanés Elshafei. Fuente: http://www.samagazette.com

Después de la universidad en Sudán, se integró con la población de Umbororo, un pueblo nómada y bastante estereotipado por sus costumbres. Los Umbororo ofrecieron a Elshafei un punto de vista diferente; una cosmovisión de la vida dedicada a la naturaleza y al seguimiento de sus animales en busca de pastos. Sumergido en su cultura comenzó a entender y apreciar la libertad de ellos como una forma ideal de ser. “Ellos viajan, a veces cruzando las fronteras, sin que nadie les pare y sin que nadie les pregunte por qué están ahí. Ellos ni poseen ni llevan identificación y no tienen ninguna necesidad de hacerlo”, afirma en su página personal. Además, ha documentado las historias de vida de más de medio centenar de artistas de Sudán a través de fotografías y biografías del Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Cornell.

Este africano, musulmán, profesor, activista, y galardonado artista multimedia, es mucho más que todas estas etiquetas. Su misión, a través de su arte, como hacen compatriotas suyos de la talla de Ahmed Abushariaa, El Tayib Bait El Daw, Ayoub Hamid o el fallecido Mahdi Rashid, es ayudar a la gente a entender esto: el arte es un lenguaje poderoso y universal que sirve para dar herramientas de expresión a los que están sometidos.

La combinación de arte y activismo provoca que la obra de este sudanés de 42 años, afincado en Washington, sea referencia en el terreno de las experiencias de los refugiados atrapados entre las fronteras y los conflictos en su país natal. Influenciado por el conflicto desordenado que recientemente separó su casa en dos países, Sudán y Sudán del Sur, espera poder exponer los muchos problemas e injusticias que crean las fronteras artificiales con demasiada frecuencia.

Como afirmó para el diario digital Voanews: “Las personas deben vivir sin fronteras, que es como la gente vivía al principio. Pero, por desgracia nuestros políticos comienzan a construir estas fronteras en relación con sus propios intereses. Esto crea más problemas de los que crea la paz. Ellos tal vez deberían trabajar para destruir las fronteras y hacer el mundo abierto y accesible”.

Os dejamos uno de sus último trabajos audiovisuales en el que se embarcó el año pasado sobre historias de vida de supervivientes a torturas y a los solicitantes de asilo en los Estados Unidos.