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Madrid ennegrece, pero aún no africaniza

Pyramid Blue en la 6ª edición de Madrid Es Negro. Fotografía Sebastián Ruiz/Wiriko.

Pyramid Blue en la 6ª edición de Madrid Es Negro. Fotografía Sebastián Ruiz/Wiriko.

La coctelera tintineaba con ingredientes retros de tono tropical. Camerún, Guinea Ecuatorial, Senegal, Costa de Marfil y Guinea Conakry se reunían encima de un mismo escenario para especiar una Sala El Sol llena a rebosar, con un condimento tan infalible como inflamable: James Brown. Y la receta no tenía margen de error.

El repetorio de la noche. Sebaastián Ruiz/Wiriko.

El repetorio de la noche. Sebaastián Ruiz/Wiriko.

Cuando el Rey del Funk desembarcara por primera vez en tierras africanas, en el año 68, Costa de Marfil lo recibió calurosamente. Allí era considerado un ídolo. Diez años después de su muerte, lo sigue siendo. Como todo afroamericano que hubiera tenido un mínimo contacto con el movimiento por los derechos civiles, ese viaje significó para Brown un retorno a las raíces que se repetiría en distintas ocasiones. Sin embargo, fue mucho más el impacto que artistas como él, Ike & Tina Turner en Ghana en el 71 o Bill Withers en el antiguo Zaire en el 74, causaron en el continente, que no lo que se llevaran éstos de vuelta a Estados Unidos.

Ya desde la década de los 50′, cuando el boom del R&B invadía las ondas radiofónicas, se empezaban a destilar ingredientes americanos en las radios de África. En muchos estilos populares de la primera década tras las independencias, los sonidos afroamericanos y afrocaribeños se entronizaron como señas identitarias propias. Óscar Martos, líder de Pyramid Blue, lo definía entre bambalinas: “Entre el Funk y el Afrobeat hay una conexión muy directa. De aquí surgió la idea de montar un show que los volviera a conectar. Brown tenía un combo particular, con dos baterías. Decidí sustituir una de las baterías por tres percusionistas y empezar a trabajar el espectáculo”, explica sobre el concierto que prepararon los madrileños exclusivamente para el Festival Madrid Es Negro.

Pyramid Blue, una banda que ya hace tiempo que viene investigando en los sonidos africanos modernos, supo casar bien el ethiojazz o el afrobeat con el legado del Rey del Funk. Con la inestimable ayuda de un trío de ases en la percusión, la banda mezcló instrumentos eléctricos con otros acústicos tradicionales del África Occidental: el dum-dum de Costa de Marfil, el tama talking drums de un imponente wolof senegalés de dos metros – que deleitó con atmósferas más intimistas con Kora y Calabash- y el djembé de un guineano.

Justin Tchatchoua. Por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Justin Tchatchoua. Por Sebastián Ruiz/Wiriko.

Pyramid Blue había ya trabajado con uno de los africanos con más solera de Madrid: el camerunés Justin Tchatchoua, y fue recogiendo la experiencia de otros músicos con camino recorrido en la ciudad para intentar transportar hacia África a los amantes del Funk congregados en la céntrica sala Sol. “Justin trajo a Shyla, el chico que toca la Kora. Después llegó Yussuf, el marfileño que toca el dum dum. Yo traje a Juno. Y así fue como fue creciendo la familia”, cuenta Óscar, entusiasmado por el éxito del directo.

Justin, músico y cuentacuentos que confiesa cierto repudio por la creciente y masiva moda electrónica entre los jóvenes del continente, fue seguramente el más venerado de la noche. “Yo salí de Camerún para instalarme en Nigeria, donde me dediqué a la música muchos años. Incluso conocí a Fela Kuti”, confiesa el camerunés, treinta años después de llegar a España. “Conocí a Óscar en el Festival Enclave de Agua, en Soria, y siempre me ha gustado trabajar juntos porque sabe como ir a la raíz y entiende la identidad de los sonidos”, expresa el camerunés, con una dilatada carrera a sus espaldas.

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Juno. Sebastián Ruiz/Wiriko.

“Madrid Es Negro. Siempre ha sido negro”, decía la cantante ecuatoguineana Fani Ela Nsue, más conocida como Juno, a un variopinto público sudoroso. Con un torrente de voz que dejó boquiabierto a más de uno, Juno no dejó de bailar y animar durante toda la noche. Ella y Justin, a veces complementándose, a veces cediéndose el trono del micrófono, formaron un dúo vocal muy apetitoso, que nos hacía intuir los clásicos del Jújù con reminiscencias de Aretha Franklin. El mensaje: volver a las raíces. Reconocer la parte más africana de la multimillonaria industria musical del Funk, el Soul y el R&B.

Pero, ¿es consciente realmente la gente de este invaluable legado? “La gente tiene la imagen de que la música africana es solo lo tradicional, coros, percusión… Pero hay muchísimo más, mucho que aún no se conoce aquí. Lo que hemos enlazado esta noche, la música de Fela Kuti, el Afrobeat, fue música muy innovadora e inspiradora en su momento. Y es africana. Creo que es muy importante que se sepa, que en África hay muchos ritmos que sorprenderían a la gente”, reivindicaba Juno.

“Say it Loud, I’m Black and I’m Proud” (Dilo alto, soy negro y estoy orgulloso de ello), repetía el público incansable. Y a pesar de que el lema lleva resonando en pistas de baile, encuentros y luciendo en camisetas o festivales especializados en música negra, aún no se ha llegado a la verdadera raíz de lo negro. A África. “En España, como en otros países de Europa, debería haber un circuito de música de raíz africana mucho más presente. Personalmente, mi estilo intenta casar la parte tradicional con folk, jazz, pop, funk o soul porque representan mis dos mundos”, expresa la ecuatoguineana reivindicando un renacimiento cultural afropeo.

La negritud de Madrid, ciudad de acogida del 23% de extranjeros que entran en España, se hizo un poco más palpable con lo que es, tal como explicaba uno de sus organizadores, Fernando Roqueta: “la primera vez que se hace viajar Madrid Es Negro directamente hacia África”. La rica diversidad musical que ofrece el continente es casi una desconocida para la mayoría, y en gran parte, este desconocimiento viene dado por estereotipos. “La gente cree que el blues comenzó en Estados Unidos, pero si analizas de cerca, en seguida te das cuenta de que es un estilo africano. Pasa lo mismo con los instrumentos. Son todos variaciones de instrumentos africanos. Así que hay que darse cuenta de la gran riqueza sonora que hay en el continente e ir a la raíz”, atestiguaba Justin Tchatchoua.

“España es el país con menos relación con África de toda Europa. Es una pena y ésta es nuestra labor, reivindicarlo y luchar para cambiarlo”, terminaba la entrevista Óscar aún con las gafas de sol puestas. Y uniéndose a esa reivindicación y ese anhelo de hacer África y todas sus manifestaciones culturales palpable en España, Wiriko sólo espera que la próxima edición no fomente solamente un Madrid más negro, sinó también más africano.

De izquierda a derecha: Justin, Juno y Óscar. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

De izquierda a derecha: Justin, Juno y Óscar. Fotografía de Sebastián Ruiz/Wiriko.

 

 

 

 

 

Concurso Madrid Es Negro

¿Estás en Madrid?

¿Te gustaría ver un espectáculo dedicado a James Brown en clave Afro?

Madrid Es Negro y Wiriko te regalan una entrada doble para el espectáculo James Brown en Clave Afro que se celebrará el próximo sábado 6 de febrero en Sala El Sol.

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para ver a…

PYRAMID BLUE feat. Justin Thatchoua & Juno + invitados.

James Brown en África.

James Brown visitó en varias ocasiones África y se empapó de sus sonidos y ritmos, entrando en contacto con músicos y producciones del continente africano. En esta ocasión, y comandados por Oscar Martos, Pyramid Blue se acercan al legado de Brown y viajan al origen de su sonido para descubrir las raíces de su estilo. Para la ocasión el grupo se refuerza con músicos africanos, invitados especiales y la participación vocal de Justin Tchatchoua y la cantante Juno.

“No somos nuevas-catalanas”

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The Sey Sisters. Foto: Elisabet Mateu.

The Sey Sisters:

un trío vocal catalán de raíz ghanesa que se niega a ser etiquetado bajo rótulos como el de “nuevos-catalanes”

Las hermanas Edna, Yolanda y Kathy, conocidas artísticamente bajo el nombre de The Sey Sisters, se han convertido en uno de los conjuntos vocales más emblemáticos del momento en Cataluña. Combinando sus carreras musicales con sus quehaceres teatrales, hacen del gospel la brocha con la que pintar el día a día. Junto a un joven pianista, Albert Bartolomé, las tres catalanas de origen ghanés participan en multitud de proyectos musicales en España, abriendo el jazz o el pop a distintos universos sonoros.

“The Sey Sisters venimos de diferentes ramas artísticas. Kathy y Yolanda Sey se han formado en Teatro Musical, en la Escuela Superior de Arte Dramático Eòlia en Barcelona. Edna y Albert provienen del entorno musical, cursando sus estudios en Badalona y Barcelona respectivamente”, nos cuentan.

Originarias de Ghana, se confiesan amantes de un continente del que se sienten deudoras e hijas. “Ahí tenemos toda nuestra familia, tios, primos, abuelos… Ahí están nuestras raíces, nuestros orígenes y aunque no podamos ir tan habitualmente como desearíamos, los orígenes nunca se olvidan: el ritmo, las canciones que nuestros padres siempre nos han cantado, colores, vestidos… Llevamos Ghana en nuestro corazón!”, confiesan las tres jóvenes afrocatalanas. 

Portadoras de un gospel profundo, Edna, Yolanda y Kathy se confiesan devotas de un estilo ligado a los antiguos esclavos estadounidenses y a la lucha por las libertades y los derechos de los negros.  “Nuestras canciones hablan de Dios, de su grandeza, de su amor, de como él lo puede todo. En cada concierto intentamos que el público conecte con el espectáculo a través de la trasmisión del mensaje, e intentamos transmitir el mensaje implícito de superación de obstáculos, de solidaridad y de positividad de las canciones y, sobre todo, de LIBERTAD ya que en contraposición de la esclavitud (que es de donde surgen las canciones) ellos deseaban, luchaban y anhelaban una libertad que les fue arrebatada durante demasiado tiempo contra su voluntad. Por lo que nosotras, que somos libres, debemos agradecer lo que tenemos y disfrutarlo”, declaran. Aunque les encanta mezclar estilos que provienen del gospel, de raíz afroamericana. “La verdad es que somos personas bastante eclécticas y nos gusta escuchar música muy diversa. Como formación, nuestras bases son el soul, el funky, el r&b, el jazz… Pero personalmente, nos gusta toda la música creativa, variada, con mensaje y en todos los idiomas. Amamos esta forma de expresión en toda su esencia”.

Ante definiciones trazadas de forma eurocentrista y etnocentrista, las jóvenes catalanas rehúsan caer en etiquetas vacías basadas en el color de la piel. “¿Qué significa “nuevo catalán”? Algo nuevo es algo que se crea de cero, algo que no existía y de pronto algo lo crea y se convierte en una realidad. Ser un “nuevo catalán” no es lo que somos nosotras ni creemos que son las inmigrantes que vienen a vivir a Cataluña. Nosotras somos catalanas porque es donde hemos nacido (Kathy y Yolanda), donde nos hemos criado y donde nos hemos formado como cantantes y como artistas. Y no hace falta crear un concepto para clasificar a las personas. Las personas que vienen de fuera para buscar una vida mejor, una nueva oportunidad, y se establecen aquí, serán catalanes o españoles, o lo que quieran ser, no es necesario poner el adjetivo “nuevo”, reivindican.

La palabra migración, a menudo, se convierte en un estigma para las segundas y terceras generaciones de españoles de origen africano. Jóvenes como las Sey Sisters tienen claro que se trata de estereotipos y de construcciones sociales basadas en el miedo a la diferencia de cualquier tipo. “Nosotras le pediríamos al gobierno, que recordara años atrás cuando eran los españoles los que buscaban asilo y nuevas oportunidades en otros países. Que pensaran en cómo les hubiera gustado a ellos que trataran a sus compatriotas, cómo les hubiera gustado que recibieran a “su gente”. Porque tenemos la impresión que este gobierno, los políticos en general, sobre todo en España, no tienen memoria histórica y se les olvida muy rápido de donde vienen y porqué situaciones han pasado”, reiteran.

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The Sey Sisters. Foto: Elisabet Mateu.

Con Ghana en el corazón:

“Nuestro padre tocaba música afrobeat y highlife en unas de sus bandas Songhai y estamos muy orgullosas de anunciar que con nuestra otra banda, Funkystep & The Sey sisters, estamos componiendo un par de temas en los que se une nuestra influencia de música africana y el funky y soul que caracteriza la banda. ¡Estad atentos a nuestras redes sociales!”, nos advierten las hermanas. Aunque su actual presencia en diferentes grupos nacionales de Funk, Soul, Jazz o hasta música jamaicana no hace más que aumentar. Este es el caso de sus colaboraciones con bandas como la potentísima bigband The Gramophone Allstars, con la que colaboran desde hace algunas semanas.

Y aunque se muestran entusiasmadas con lo que consideran su segundo hogar, Ghana, The Sey Sisters no han tocado nunca en el continente. “De momento no creemos que haya llegado a Ghana nuestra música. Sí que nuestro entorno familiar y amigos de allí están al corriente de lo vamos haciendo y gracias a las nuevas tecnologías e Internet pueden escuchar nuestra música. Pero aún no hemos tocado allí nunca, aunque nos haría mucha ilusión poder hacer un gira de conciertos por Ghana, seguro que sería muy especial. Pero de momento, no está planeado a corto plazo. Quizás en un futuro…​”.

Vistiendo telas del África Occidental en todos sus espectáculos, las hermanas Sey reivindican el orgullo de sus raíces ghanesas y rinden su particular homenaje al latido africano que las mueve. “Mezclando vestidos de telas africanas y estética europea,con la ayuda de la gran diseñadora Florance de Goly creations, pretendemos demostrar que la ropa africana se puede llevar en cualquier país”, reivindican.

En España, donde el contacto con el continente africano ha sido mucho menor que en otros países europeos como Francia, Gran Bretaña, Portugal o Alemania, los estereotipos acerca de la comunidad negra siguen siendo muy profundos. Sin embargo, las hermanas Sey están encantadas del trato recibido en Cataluña. “La gente y el entorno donde trabajamos están muy receptivos y, en realidad, nos reclaman un disco para inmortalizar lo que ven en los espectáculos. Estamos muy orgullosas de anunciar que pronto será posible, no podemos decir fechas, pero tenemos unas ganas locas”, reconocen.

“Nuestra música es un mensaje para toda la humanidad”

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Joe Driscoll & Sekou Kouyate. Fuente: Alex Munro.

Uno de los espectáculos más poderosos de la última edición del festival Sauti Za Busara (Zanzíbar, Tanzania), fueron el dueto neoyorkino-guineano de Joe Driscoll & Sekou Kouyate. El grupo, que aprovechó para quedarse en la isla de Zanzíbar algunos días más, fue uno de los más activos socialmente hablando. El último día del festival uno se podía topar por las calles de la Stone Town con el Joe más embelesador. Con una guitarra perennemente colgada de su pecho, Joe entonaba canciones de Bob Marley para los zanzibareños y los turistas curiosos. Y su savoir faire y sencillez nos dejó tan embelesados que quisimos aprovechar para conocerlo un poco mejor.

Las fechas coincidían con el lanzamiento de su álbum. El pasado 18 de Febrero, el dueto de ases transcontinental lanzaron su trabajo: Faya (Cumbancha, 2014). Una coalición de estilos que pone el caramelo en la boca de cualquier amante de la fusión.

Estos dos musicazos se conocieron en el festival francés Nuits-Metis. “Los organizadores del festival creyeron que Sekou y yo tendríamos feeling juntos, así que nos animaron a colaborar” nos dice Joe. “Nos juntamos para una sesión de improvisación, y me quedé asombrado por la tremenda técnica de Sekou. Pasamos una semana entera juntos, improvisando, y fue bastante divertido porque no hablabamos el mismo idioma. Pero igualmente improvisábamos juntos y para al final de esa semana, escuchando de nuevo las jams que grabamos me dije: ‘”Tío, esto es realmente bueno. Deberíamos sacar un álbum de ello”. Así que me quedé en Marsella, y entramos en el estudio unas pocas semanas después de la reunión, para realizar Faya” nos cuenta el líder del dueto africano-estadounidense.

Joe Driscoll pasó su infancia escuchando a los Beatles, la música Motown o Frank Sinatra. Creció sumergido en la cultura hip-hop y el reggae “De La Soul, Bob Marley, Tribe Called Quest, Buju Banton, Wu-Tang…” nos dice. “Me topé con un pedal loop a mis veinte años y empecé a componer música con múltiples bucles en capas de beatbox (percusión vocal), armonías vocales, guitarra, pandereta y otros instrumentos. I básicamente la última década me he dedicado a ofrecer espectáculos con looping por todo el mundo” explica a Wiriko.

Joe Driscoll & Sekou Kouyate. Fuente: Alex Munro.

Joe Driscoll & Sekou Kouyate. Fuente: Alex Munro.

Sekou Kouyate o el Jimmy Hendrix de la Kora, apodo que le viene por la forma en que electrifica este instrumento de veintiuna cuerdas, es la media naranja musical del de Syracuse (Nueva York). Conocido por formar parte del grupo Ba Cissoko, de él, Joe dice: “creo que tocando el kora Sekou es increíblemente innovador y que va a expandir el conocimiento que la gente tiene tanto de este instrumento como de sus usos. Ha sido capaz de trascender los estilos más tradicionales sin dejar de hacerles referencia constante” confiesa el norteamericano afincado en Reino Unido.

“Creo que el actual boom que está viviendo la música africana es sólo el resultado natural de la facilidad con la que la tecnología nos ha permitido comunicarnos en todo el mundo, y de cómo los medios de transporte han hecho más fácil viajar por todo el mundo. El mundo se ha hecho más pequeño. Somos capaces de conectar fácilmente y las herramientas de producción para crear música son cada vez más baratas y más accesibles a la gente de todo el mundo” se alegra el músico mientras se lamenta de que a pesar de todo, la música africana no está suficientemente presente en los circuitos internacionales. “Me encantaría ver más música africana influyendo en Occidente, pero espero que esta facilidad de la que hablaba permita apreciar las culturas más allá de las fronteras, y que haya un deseo más profundo de entender a la gente de culturas distintas a la nuestra. Eso es lo que el mundo más necesita hoy en día”.

Portada de 'Faya', de Joe Driscoll & Sekou Kouyate.

Portada de ‘Faya’, de Joe Driscoll & Sekou Kouyate.

“Siento que soy un conducto entre diferentes géneros, personas y lugares. Sekou y yo sentimos que nuestra música no tiene límites, y esta música sin fronteras es un mensaje para toda la humanidad. Aunque el árbol tiene muchas ramas (la música, la humanidad), todo viene de una raíz” dice el joven. “Era difícil definir mi estilo antes de conocer a Sekou, y aún más difícil ahora que hemos fusionado nuestros estilos. Una gran cantidad de reggae, una gran influencia del hip-hop, un montón de Folk, pero nuestro estilo se caracteriza sobre todo porque siempre mantenemos el Soul y el Funky” remarca el artista. “Antes me gustaba el término “música popular” porque la definición del diccionario la describe como un cierto tipo de música que se define por cierto pueblo en un determinado tiempo y región. Eso fue lo más cerca que podía llegar a un género. En este mundo moderno de la tecnología,  muchos de nosotros estamos expuestos e influenciados por todo tipo de música, y cada vez es más común ver estilos de música que no encajan en ningún género. Ahora nos llaman ‘World Music’, lo que supongo que significa literalmente músicas del mundo. Y no me importa vivir con ello…” afirma.

Pero ¿de qué hablan las letras de un dueto que no tiene lenguaje común más allá de la música? “Escribimos sobre las cosas que son importantes para nosotros, cosas que creemos e ideas que queremos compartir con la gente”. ¿Y qué hay de la canción Passport, que el equipo de Wiriko quiso utilizar para el vídeo del Vis a Vis 2014? “En nuestra canción Passport, cantamos sobre cómo la música es esa bendición que nos permite viajar por el mundo, pero también de la forma en que los visados ​​y las fronteras pueden hacer que eso sea tan difícil” cuenta Joe. “En la canción Ghetto, cantamos acerca de cómo este mundo está cada vez más lleno de guetos, por que hay muchos vampiros absorbiendo los recursos y la energía de la gente. Creo que los viajes y la música que hemos encontrado nos han inspirado. Simplemente tratamos de escribir sobre lo que sentimos, sobre este mundo y la forma en que lo vemos” subraya.

Joe & Sekou, bien conocidos en algunos de los festivales africanos más punteros como el Sauti Za Busara, creen que es muy importante que se invierta más en este tipo de eventos en el continente pero que también se tiene que invertir en dar a conocer las producciones africanas en el extranjero. “Hay un auge obvio de las economías locales, pero creo que el crecimiento duradero real está en el intercambio cultural. Les dije a algunos amigos occidentales que iba a tocar en África, y se les veía confundido y le pregunté ‘¿Que pasa?’. Realmente me sorprende ver lo poco que algunas personas saben sobre el continente africano, y sin embargo, las rotundas opiniones que tienen al respecto. Cuando enseño fotografías a mis amigos, no pueden creer lo hermosos que son los paisajes y las muchas historias de la amabilidad de la gente. Creo que los medios occidentales han intentado retratar a África de una manera determinada, y todo lo que tenemos que hacer es, en realidad ir a verlo con el fin de destruir todos los estereotipos sobre África y los africanos” sentencia el artista. “Es mi firme creencia de que este tipo de intercambios son de gran importancia tanto para el Occidente como para África en este momento de la historia”.

Y queda patente, viendo la agenda del dueto, que su energía va dirigida a mostrar la riqueza sonora de este encuentro cultural. Tal como confiesa Joe: “Este va a ser el año más ajetreado de toda mi vida. Estamos muy ilusionados por todo lo que nos queda para este 2014. Este verano vamos a estar tocando en diferentes festivales de Italia, Alemania, Reino Unido, Kenya, Canada y Estados Unidos. Va a ser brutal. Y sí! También vamos a venir a España! Tocaremos en el Festival la Mar de Músicas el 26 de Julio y esperamos poder confirmar alguna cita más en la península”.

Así que ya sabéis, si tenéis oportunidad, no dudéis en acercaros a Cartagena este verano. No os vais a arrepentir!

Reliquias de la independencia keniana

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El 12 de diciembre de 1963 la bandera de la Kenia emancipada ondeó por primera vez y el “God Save The Queen” [Dios salve a la Reina] pasaba a la historia para dar paso al himno nacional: Ee Mungu Nguvu Yetu [Oh Dios de toda la creación]. Con el primer ministro Jomo Kenyatta (Mzee, el sabio o el viejo) al frente, quien había ganado las elecciones el 27 de Mayo, nacía una nueva nación. Después de décadas de kipande, o tarjetas de identificación que dividían los ciudadanos según tres clases (europeos asiáticos y africanos), el 1 de Junio, el día del Madaraka, Kenyatta asumía las responsabilidades de la regencia. Pero no fue hasta el 12 de diciembre cuando los colonos británicos cedieron el poder a Jomo, quien declaraba oficialmente la independencia de Kenia. Las máximas de ‘tolerancia y cooperación’, marcas resumidas bajo el lema Harambee o ‘trabajar juntos’, se convirtieron en la política del Mzee.

Cincuenta años más tarde, los más veteranos recuerdan la fiesta del día de la independencia que se conmemora esta semana. Los miles de asistentes a la fiesta en la Civic Ball de 1963 entonaron junto a los invitados Miriam Makeba y Harry Belafonte, lo que se convertiría en un himno internacional. La canción swahili Malaika, grabada por primera vez por Fadhili William, ya gozaba de gran popularidad entre los kenianos, aunque nadie se podía imaginar que gracias a la adaptación de Makeba de esa noche, el tema se convertiría en toda una leyenda en la historia de la música africana.

Portada de la canción que Sal Davis escribió a Uhuru Kenyatta para celebrar la Independencia.

Portada de Makini, de Sal Davis.

Esa misma noche, Sal Davis, uno de los músicos más prolíficos del momento en Kenia, actuó junto a Belafonte y Makeba después de volver de Inglaterra llamado por el ministro Tom Mboya. Sal, estrella internacional aplaudida y admirada hasta nuestros días, le escribió una canción a Jomo para esa ocasión. “Estabamos orgullosos de ser kenianos ese día”, dice Sal en una entrevista realizada hace dos años por la cadena K24.

El pasado 20 de Octubre, en la celebración del Mashujaa Day (o Día de los Héroes), Sal quería cantar una canción que había compuesto expresamente para celebrar los cincuenta años de independencia. Sin embargo, Uhuru Kenyatta, actual presidente e hijo del primer ministro de la República, abogaba por clásicos como el ‘Karibuni Kenya’ o ‘Kenya Hakuna Matata’. Quizás por eso, el día en que la memoria de los héroes abatidos durante la lucha por la independencia debía ser conmemorada, Sal Davis despotricó contra lo que él llamó “las reliquias de la dictadura de antaño” en un discurso que nada gustó al actual presidente.

Las críticas de una estrella como Sal Davis, quien después de años en Europa y Estados Unidos, volvió para retirarse en Mombasa, nos llevan a hacer parada incondicional en los estilos que forjaron el paisaje sonoro de la nación independiente. Esos sonidos que se batieron entre la euforia de la independencia y el desinflarse de una nación carente de emancipación económica. Inspirados por Sal y en un ejercicio de omisión de las reliquias heredadas de la dictadura, queremos sumergirnos de lleno en las reliquias heredadas de los sonidos de la independencia para poder hacer honor a aquellos que protagonizaron, desde el otro lado de los amplificadores, el barullo independentista.

LOS SONIDOS DE LA INDEPENDENCIA: 

El estado keniano de Jomo Kenyatta, a diferencia del Zaire de Mobutu o la Ghana de Nkrumah, importó más música que no exportó y por ello, muchas veces se dice que la música keniana es un mero “melting pot” [mestizaje]. Los primeros años de gobierno colonial, la música folk dominaba el panorama sonoro de Kenia. Pero pronto, los músicos quedaron eclipsados por los gigantescos sonidos congoleños, la música sudafricana y las influencias del R&B y el Soul norteamericanos.

La música Taarab, proveniente de Zanzíbar, penetró en la costa desde principios de los años 20. Pero durante las siguientes décadas, el Soukous congoleño y el Kwela sudafricano se instalaron como estilos predilectos en bandas como Equator Sound BandSlim Ali & the Hodi Boys, quienes se dedicaron a versionar los principales hits que sonaban en las radios. Los 60 y 70 se impregnaron del Funk de James Brown y George Clinton, de los éxitos de los Temptations y la voz de los soulmen Otis Redding, Marvin Gay o Ray Charles. Franco Luambo, “el brujo de la guitarra”, o el recientemente desaparecido Tabu Ley Rocherau, marcaron el paso de la rumba congoleña en las ondas radiofónicas kenianas.

El Funk y Disco kenianos de Kelly Brown, más conocido popularmente como Cally the Bushman, es una gran muestra del impacto que este estilo tuvo fuera de África, particularmente en Alemania, donde Brown se hizo muy famoso. Mientras tanto, en Nairobi y en Mombasa, otros grandes del los ritmos pegadizos y frenéticos del Funk keniano como Air Fiesta o The Ashantis contagiaban el baile en las pistas más populares de clubes y discotecas.

Pero la emancipación nacional keniana tuvo un ritmo popular por excelencia: el Benga. Un estilo caracterizado por todas las influencias vecinas e internacionales y tamizado con la adaptación del nyatiti o el orutu a las guitarras acústicas y los sonidos eléctricos. La música Benga, lo que se podría considerar el Afro-pop de los años 60 y 70 y principal marca sonora del país, emergió ya durante los 40 y 50, procedente de las comunidades Luo. Sin embargo, se pueden encontrar distintos subgéneros, entre los que destacan el Benga Kikuyu.

Daniel Owino Misiani.

Daniel Owino Misiani.

Pero la escena Pop keniana de los 60 y 70 no estuvo exenta de altibajos. El eco de los problemas políticos que vivía el país retumbó en letras sobre los asesinatos de personajes como el activista Pio Gama Pinto, el socialista Josiah Mwangi Kariuki o incluso miembros del gobierno como Tom Mboya. Luos como Owino Misiani (o el abuelo del Benga), Ochieng’ Kabaselleh o Gabriel Omollo comprendieron la capacidad de la música para la movilización social de la comunidad Luo, cosa que los llevó muchas veces a confrontaciones con el poder, especialmente a finales de los años 70, durante la etapa presidencial de Daniel arap Moi, quien detuvo a varios músicos acusados de incitar los movimientos subversivos.

Músicos como el originalmente tanzano Daniel Owino Misiani & Shirati Jazz Band, fueron controvertidos tanto por sus canciones de amor, que enloquecían a las chicas y enfurecían a muchos hombres, como por sus canciones más políticas. Misiani, uno de los guitarristas más famosos de la época, fue encarcelado más de una vez, mientras muchos otros artistas fueron censurados por pretender criticar el régimen.

Daniel Kamau Mwai o DK & The Lulus Band fue uno de los músicos y emprendedores más reconocidos de la Kenia de los 60, 70 y 80. Su estilo Benga Kikuyu es una mezcla de benga y rumba congoleña. Pero la figura de DK no solo es reconocida como uno de los principales músicos de la época esplendorosa del Benga, sino por ser el impulsor del sello DK Undugu Sound (o el sonido de la hermandad DK) y el propietario de diferentes tiendas de música y estudios de grabación en el centro de Nairobi. A partir de los 80 el negocio de la venta de discos comenzó su declive, la piratería y la copia de casetes hizo caer en picado los ingresos y ya, en 2011 tuvo que cerrar sus negocios. A pesar del declive del sector, actualmente Mwai sigue apoyando el talento local y regenta la productora DK Wamaria.

kenya-special450pxLa juventud keniana dejó caer las viejas glorias en el olvido. Con la liberalización de las emisoras de radio, a mediados de los 90, el Hip Hop y el Reggae, el New-Soul, el R&B o todo tipo de Pop, barrieron del mercado las figuras del Benga. Sin embargo, el trabajo de recopilación que ha hecho Ketebul Music para recuperar los iconos del Benga, la música popular Kikuyu o el Funk merece la pena ser mencionado. Sus recopilaciones son una exquisita antología que rescata las principales joyas de los sonidos vintage de Kenia. Junto a sus ediciones, otro de los tesoros revisionistas de la historia de los sonidos de la Kenia independiente nos lo presta la discográfica británica Soundway Records, quien a principios de 2013 lanzó el recopilatorio Kenya Special.

El jueves 12 de Diciembre de 1963 inauguró un nuevo capítulo en la historia. Hoy, cincuenta años más tarde, urge hacer recapitulación de los logros y retos de la joven nación africana.

 

‘Mapantsula Style’, pies a ritmo de Kwaito

Un Mapantsula de la crew 'Real Actions' de Johannesburgo bailando Pantsula. Fuente: Chris Saunders.

Un Mapantsula de la crew ‘Real Action” de Johannesburgo bailando Pantsula. Fuente: Chris Saunders.

El Atlántico ha sido escenario de intercambios y préstamos culturales de todo tipo durante siglos. La circulación de tendencias y estilos de vida de lo que se ha venido a llamar el Atlántico Negro ha trazado nuevas rutas entre ciudades como Nueva York, Kingston, Londres, La Habana, Lagos, Johannesburgo, Dakar o Kinshasa, esbozando nuevas identidades urbanas a un lado y otro del océano. Éste es el caso de una de las culturas urbanas más populares del África austral contemporánea. El Pantsula, que se podría definir grosso modo como un moderno híbrido cultural cercano al hip-hop y al dancehall reapropiado con un lenguaje local, es un estilo de vida que engloba un tipo de baile, una actitud y una estética concretas. Amparado por un género musical (el Kwaito) que nace en el seno de los Townships o guetos sudafricanos, se ha instalado poco a poco en el imaginario global de la sociedad urbana y en la arena comercial del sur del continente africano.

Cartel de la película Mapantsula (1987), de Oliver Schmitz, que retrata la vida de los gánsteres de los townships en los últimos años de Apartheid.

Cartel de la película Mapantsula (1987), de Oliver Schmitz, que retrata la vida de los gánsteres de los townships en los últimos años de Apartheid.

El término zulú ‘pantsula’, sinónimo de ‘tsotsi’, ha acogido la imagen globalizada del gánster. Así, ‘mapantsula’, su plural, define las pandillas o crews que comparten esta cultura y se identifican con una tribu urbana que empezó a gestarse ya en la temprana década de los 50 en Johannesburgo, sobre todo en los barrios de Soweto y Sophiatown. El estilo de los Mapantsula nació en la calle entre los jóvenes de clase trabajadora, que hallaron códigos modernos para expresar su malestar, sus frustraciones o sus sueños durante el Apartheid, y que adoptaron una forma “indigenizada” del rap y el hip-hop afroamericanos que hoy es la banda sonora del gueto: el Kwaito.

El Kwaito forma parte del mainstream musical de Sudáfrica y de la vida de los jóvenes en los townships desde la década de los 90. El término ‘kwaito’ es una expresión del tsotsitaal (la jerga de los gánsteres) que significa ‘feroz’ o ‘malgeniado’, pero que en Afrikaans (la lengua franca de Sudáfrica) también hace referencia a lo sexy, lo atractivo y lo guay. El Kwaito y el Pantsula están tan relacionados y forman parte de un universo tan endogámico que a menudo se convierten en sinónimos. Como género musical, se trata de un auténtico cóctel: los ritmos más pausados del house mezclados con hip-hop, reggae y otros estilos locales, generando una versión Pop africanizada de Groove electrónico. Surgió en un período de celebración de libertad, del fin del Apartheid y la transformación política que dio paso a la democracia, pero también aparece marcado por la violencia, la inseguridad, una necesidad desenfrenada de consumismo o la desesperanza juvenil de los guetos.

Durban Revolution Pantsula Group. Fuente: Artslink.co.za

Durban Revolution Pantsula Group. Fuente: Artslink.co.za

Ya en el siglo XXI, la música del gueto tiene un peso muy importante dentro del circuito sudafricano comercial y las provocaciones e irreverencias que antes habían sido duramente censuradas ocupan las principales emisoras de radio, programas de TV, webs, revistas especializadas, etc. La identidad mestiza y la lucha contra el racismo se erigen como uno de los temas preferidos en las letras de las canciones Kwaito, pero la hipermasculinidad y la misoginia exagerada se imponen del mismo modo como un rasgo característico de la cultura Pantsula, tal como sucede en el Dancehall jamaicano. Bandas como Boom Shaka, M’du, The Dogg, Skeem, Skizo, Mandoza, EES o Bongo Maffin invaden el panorama musical de todo el Sur de África. No tan solo Sudáfrica, sino Namibia, Mozambique, Angola o Botswana han desarrollado un interés creciente hacia esta cultura.

El Pantsula ha salido de los guetos, ha introducido un “Premio al Mejor Kwaito” en los famosos Channel O Music Awards, y ha apadrinado a blancos y negros, a mujeres y hombres, a jóvenes y veteranos como Hugh Masekela -quien se suma a la fiebre del Kwaito en su disco Revival (2005)-, e incluso salido del continente para influenciar a artistas del R&B Occidental de primera línea. La vida de los márgenes, el sonido de los guetos, se ha colocado en el seno de la sociedad capitalista, con todas sus ambigüedades y contradicciones, situando el Xhosa, el Sotho, el Tswana o el Zulú en las pistas de baile de todo el planeta.

Pantsula series de Tyrone Bradley. Fuente: tyronebradley.co.za

Pantsula series de Tyrone Bradley. Fuente: tyronebradley.co.za

En el baile Pantsula encontramos distintas herencias. Por un lado, coreografías autóctonas como las del Gumboot Dance –“zapateo” que surgió entre los mineros sudafricanos a finales del siglo XIX como forma de comunicación y burla hacia los colonizadores- y sus pasos percudidos son influencias claras. En segundo término, se hacen evidentes piruetas que beben del Funk y la música Disco. Y por último, los movimientos del hip-hop pulen uno de los rasgos más característicos del Pantsula: andar como patos, caminando con las nalgas hacia afuera. En el estilo de baile de los Mapantsula el cuerpo adquiere un lenguaje propio, reinterpretando elementos globales y locales. Las pandillas se multiplican a lo largo y ancho del continente, y las competiciones inundan las calles junto al Kwaito. Porque como afirma David Coplan: “En esencia, el Kwaito es una música de baile”.

Una de las crews o grupo de Mapantsulas más importantes del Sur africano son los Real Action Pantsula, originarios de Johannesburgo. Con coreógrafos como Sello Modiga, que han participado en numerosas campañas publicitarias para compañías tan gigantescas como BMW, Real Action se hicieron sumamente famosos cuando Redbull organizó la primera batalla de crews de Pantsula. Desde entonces, numerosos grupos de bailarines han empezado a emerger como bandas de danza profesionales y como proyectos que luchan para positivar esta cultura de forma que los niños y jóvenes de los guetos salgan de las espirales de delincuencia y pobreza en las que a menudo se encuentran. Para los que estén interesados, os recomendamos la película Tsotsi (2005), de Gavin Hood, que retrata muy bien la vida en los suburbios de las capitales sudafricanas y rememora la realidad que Mapantsula (1987) ya retrataba en su día, y que forma parte de la subcultura del Pantsula.

Para ilustrar hasta qué punto el estilo de los Mapantsula se impone como una moda global y reconecta esas rutas del Atlántico Negro, que se empezaron a tejer con la globalización, no podemos dejar de mencionar a la reina del R&B contemporáneo, Beyoncé. Para su videoclip Run the World (Girls), reclutó a la crew mozambicana Tofo Tofo y copió coreografías del Pantsula que se han convertido en uno de las novedades más visuales y atrayentes de los escenarios. El estilo de los Mapantsula, así, se convierte en una de las tendencias coreográficas más preciadas de los videoclips comerciales del momento, y pone de manifiesto, una vez más, la capacidad creativa y la originalidad que sale de las modernas urbes africanas.

Fuentes:

Blom Hansen, T. Melancholia of Freedom: Social Life in an Indian Township in South Africa. 2012. Princeton University Press.

Coplan, D. In Township Tonight! South Africa’s Black city music & theatre. Chicago: 2008

Dolby, N. Rizvi, F. Youth Moves: Identities and Education in Global Perspective. Routledge, 2008.

Magubane, Z. Globalization and Gangster Rap: Hip Hop on the Post-Apartheid City en The Vinyl Ain’t Final:  Hip Hop and the Globalization of Black Popular Culture,editado por Sid Lemelle y Dipa Basu. London: Pluto Press, 2006.

Myburgh, C.V. Pantsula dance: Case studies on the origin and makings of a township art form: the Johannesburg Dance Foundation’s proficiency certificate curse, 4th year (honours). 1993.

Revista The World of Music, Kwaito. Vol. 50 (2) – 2008