Entradas

Literatura, memoria e infancia, por Tierno Monénembo.  

El pasado mes de abril recordamos el genocidio de Rwanda que tuvo lugar en 1994. El siglo XX fue el escenario de otros acontecimientos crueles que no acaban de cesar en este siglo XXI. Están de plena actualidad y son el reflejo del desentendimiento humano. ¿Tendrá que ver el olvido con la repetición de estos actos? El arte se presta a menudo a esa necesidad que encamina a contar y no silenciar lo ocurrido, con la finalidad de aportar en la reconciliación y la reconstrucción. Como dice Sergio Ramírez, “escribir libros es una tarea con consecuencias, y una obra literaria desborda siempre la página escrita y altera de alguna manera la realidad. […] Los vacíos que deja el relato de la historia contada por los historiadores de profesión, vacíos que siguen siendo numerosos, vienen a llenarlos los escritores, sin que nadie pueda vedarles el uso de la imaginación, que se halla en la esencia de su oficio, a la hora de contar los hechos de la historia”. Así, otras perspectivas vienen a completar la complejidad histórica. Entre estos discursos alternativos encontramos la novela de Tierno Monénembo, L’Aîné des orphelins (2000). El escritor guineano presta atención a los más desprotegidos y, sobre todo, desatendidos: los niños. A través del protagonista, Faustin, comprobamos con angustia el trágico paso de la infancia a la vida adulta de unos personajes que viven en el contexto de un conflicto social complejo e incomprensible. Monénembo recupera las historias del genocidio de Rwanda a través de unos ojos inocentes para mostrar la imposibilidad de un presente y un futuro dignos para este conjunto de niños traumatizados.

El escritor guineano Tierno Monénembo. Fuente: BookNode.com

El escritor guineano Tierno Monénembo. Fuente: BookNode.com

Faustin es el representante de todos esos niños y niñas que después de los genocidios despertaron sin familia, sin hogar al que volver, sin nada ni nadie. Niños callejeros que, inconscientes de su situación, trataron de continuar la vida errando por las calles de la capital, Kigali. Con 15 años, Faustin está en la cárcel y acaba de ser condenado a muerte. Han pasado 5 años desde los avenements (acceso, advenimiento) como prefiere llamarlos Faustin, en lugar de événements (acontecimientos). Siguiendo la lógica de que todo acto final se debe a una cadena de pequeñas decisiones y acciones que deciden el destino, Faustin decide ponerse a recordar su pasado. Así, a modo de flash-back desvelará su pasado fragmentado y recordará cómo y por qué ha llegado allí.

Portada de "L'Aîné des orphelins"

Portada de “L’Aîné des orphelins”

Monénembo consigue que nos pongamos en la piel de este y de todos los niños que vivieron esa situación. Los primeros días después de las masacres, los niños erran por las calles sin ninguna clase de referencia. “Supongo que, como yo, no sentían la necesidad de abrirse o de jugar”, confiesa el protagonista. Huyen de los adultos y de sus mentiras dolorosas incapaces de entender su mundo. Tampoco los adultos se esfuerzan en explicárselo ni en entenderlos. Claudine, la asistenta social que intenta en vano ayudar a Faustin, echa la culpa a la Historia sin acercarse verdaderamente a la mente de Faustin. No lo culpará ni por su actitud ni por sus actos, pero tampoco se sentará a escucharlo. Faustin está en la cárcel porque encontró a uno de sus compañeros acostado con una de sus hermanas. Asume lo sucedido y se niega a ser perdonado por un juez por el hecho de ser un niño. Se revela ante la idea que tienen los adultos de él como un ser inferior y se siente responsable de sus actos. Al fin y al cabo, su cinismo y su falta de respeto no son más que el reflejo del universo adulto presente y de su sufrimiento. En un mundo sin moral, en medio del caos, no encuentra justicia ante un acto de violación como ese. Él mismo, Faustin, se erige como justiciero para todas aquellas mujeres violadas durante el genocidio.

La novela es, esencialmente, una escritura de memoria donde lo principal es recordar. Su infancia es un recuerdo doloroso, nostálgico pero dulce. Representa un lugar de la memoria en el que refugiarse porque, a pesar del caos, de la huida y de la rebeldía, “incluso cuando uno es un irrecuperable, incluso cuando se ha alcanzado el infierno, uno necesita a alguien para que le mantenga conectado al mundo”. Todos reclaman, pues, cariño, comprensión y ayuda.

Escribir sobre estos conflictos implica, en efecto, un compromiso y una elección ética. «Es a base de olvidar como se pierde la memoria », dice Tierno Monénembo en Un rêve utile (1991). Compartir, denunciar, visibilizar y aportar esperanza son los objetivos del proyecto del que esta novela forma parte. Se trata de una iniciativa que nació de la impotencia ante la manipulación de los medios de comunicación y de una ausencia vergonzosa de reacción por parte de los intelectuales del propio continente. Se vieron obligados a reaccionar ante “el silencio aberrante que rodeaba este drama ruandés, sobre todo en los medios africanos”. Nocky Djedanoum convocó en 1998 a 10 escritores y escritoras africanos a una residencia de escritura en Ruanda. Bajo el título «Rwanda: écrire par devoir de mémoire» estos escritores y escritoras viajaron a Ruanda con la tarea de conocer y dar a conocer lo sucedido. Era necesario abrir las puertas a un diálogo que sirvieses a la vez de medio de expresión, de comprensión del pasado y de denuncia de la presente lucha que se llevaba a cabo por sobrevivir. ¿Cómo contar estas experiencias manteniendo un compromiso ético hacia las personas y la propia historia? ¿Cuánta cabida tenían la creación y la estética?

Cartel de una de las actividades del programa “Rwanda: Écrire par devoir de mémoire”

Cartel de una de las actividades del programa “Rwanda: Écrire par devoir de mémoire”

Dar visibilidad a lo ocurrido con el máximo respeto fue una ardua labor. Tras las situaciones de parálisis e impotencia, en el 2000 vieron la luz una serie de obras literarias cargadas de debates teóricos, éticos y estéticos:

Koulsy Lamko, La Phalène des collines; Boubacar Boris Diop, Murambi, le livre des ossements; Tierno Monénembo, L’aîné des orphelins; Meja Mwangi, Great Sadness (La Grande Tristesse. Todavía no publicado); Monique Ilboudo, Murekatete; Vénuste Kayimahé, France-Rwanda, les coulisses du génocide; Véronique Tadjo, L’Ombre d’Imana. Voyage jusqu’au bout du Rwanda; Jean-Marie Vianney Rurangwa, Le Génocide des Tutsi expliqué à un étranger; Abdourahman Ali Waberi, Terminus. Textes pour le Rwanda; Nocky Djedanoum, Nyamirambo! 

África: banda sonora 2015 (VII)

Portada del primer álbum de Loh! Kouyaté, Loundo (2015).

Portada del primer álbum de Moh! Kouyaté, Loundo (2015).

Proveniente de una família de griots de Conakry, Moh! Kouyaté ha consagrado toda su vida a la música. Desde que a los doce años su abuela le regalara un pequeño ukelele hecho a mano que compró en el mercado y se pusiera a tocar de forma totalmente autodidacta, Moh! decidió dedicarse profesionalmente a la música. Pero cuando, en 2003, Corey Harris y Martin Scorsese grabaran The Blues, Feel Like Going Home de Mali al Mississippi, a Moh! Kouyaté se le abrieron de par en par las ventanas de la industria al otro lado del Atlántico. En 2006 se iría de gira por Estados Unidos con su balafon, instrumento mandinga, y su guitarra. A la vuelta, se estableció en París, y trabajó en bandas de músicos de la talla de Fatoumata Diawara o Sia Tolno. Y a principios de año, por fin, editó su primer larga duración: Luondo (Foli Son / L’Autre Distribution, 2015).

Luondo, que significa ‘un día’ en malinké, nos desgrana los secretos del éxito de un joven músico guineano que es un embajador más de la música africana fuera de África. Luondo, es casi una compilación de los sonidos que han acompañado al artista desde hace casi dos décadas. A T’en vas pas ça va pas, una canción dedicada a la migración y la reacción de aquellos que hay que dejar atrás, se le suman la balada rock Luondo, el afrobeat de Yarré o el single principal de su álbum, Yéllé. Un disco que expresa la diversidad cultural de un músico que utiliza soussou, malinké, djahanké, pular o francés para hablar sobre la vida en el exilio, la lucha para tirar adelante o la dureza de la vida lejos de casa. Pero que reboza todas sus piezas con un barniz especial de optimismo y esperanza que se puede leer entre líneas en la entrevista que nos ofrece en exclusiva.

Guinea es un país con una gran producción musical. ¿Cuáles son tus músicos preferidos?

Podría mencionar muchos. Por supuesto Mory Kante, Bembeya Jazz, y su líder guitarra Sekou Bembeya o Ousmane Kouyaté, guitarra líder de Salif Keita o Sory Kandia Kouyaté que murió a principios de los años 70, y que hacía magia con su música.

Con la actividad musical frenética que tienes desde hace ya una década, ¿por qué has tardado tanto tiempo en lanzar tu primer disco?

Al llegar a Francia, el hecho de que provengas de un país africano, hace que se te considere como un principiante, tengas el bagaje que tengas. Así que, me tomó tiempo encontrar las personas correctas, hacer bien la producción, etc. Aunque de todos modos, yo quería hacerlo lo mejor posible, sin prisas.

… ¿Como principiante? Tu carrera como músico no era solo dilatada sinó que te habías estado codeando con la crème de la crème de la música africana establecida en París, ¿no?

No solo esto. Con mi banda, Conakry Cocktail, que fundé en 2002, toqué en todos los lugares posibles de la capital guineana. En grandes hoteles y clubs. Fue un trabajo duro pero muy feliz, con mis hermanos, como Petit Kandia o Ba Cissoko. Después de esto, ya en París, acompañé a Fatoumata Diawarra y a un montón de otros músicos. Empecé a realizar algunos shows en París, para ampliar mi propio público, paso a paso. Me tomó mucho tiempo generarme una audiencia, por eso tardé tanto. Pero a día de hoy, estoy muy satisfecho de la acogida que tengo en Europa.

Hablando de tu trabajo en Conakry. Tu carrera está muy ligada a la tradición griot de tu familia. Eres considerado un elemento muy importante en una generación de artistas africanos que mezclan tradición con modernidad. ¿Cómo es este encuentro para tí? 

Decimos “djeli” en realidad. Griot es una expresión francesa. Ser un djeli significa que recoges los valores culturales del patrimonio de la familia. Los djeli facilitan que la gente viva en armonía, promovemos la solidaridad, y con las canciones nuestro objetivo es educar y consolar al pueblo ante cualquier tipo de conflicto. Se puede hacer de una manera moderna, con instrumentos electrificados. Eso es lo que trato de hacer, llevar la tradición a través de un discurso moderno.

¿Y en quién te inspiras para conducir tus mensajes tradicionales a través de lenguajes modernos?

En primer lugar, en todos los grandes músicos Mandinga como Ousmane Kouyaté o Sekou Bembeya. George Benson es una de mis influencias más importantes. Fue una revolución para mí escuchar su música por primera vez. Ben Harper, también es una importante fuente de inspiración. Y muchos más, BB King, Carlos Santana … Por supuesto Jimi Hendrix, pero éste es demasiado!

¿Y cómo es tu vida en París? ¿Como consigues conciliar tu parte guineana con tu parte francesa? 
Hoy en día, vivo entre dos mundos. Tengo un pie con amigos y músicos franceses (mi baterista y bajista son franceses, vienen del mundo del rock, el pop y la música de jazz), y otro pie en el mundo guineano, con hermanos y amigos guineanos establecidos en París que también se dedican a hacer música. Me gusta vincular estos mundos, que están separados pero se encuentran en la misma ciudad. Así que intento acercarlos. Esa es mi vida diaria!

¿Y te gustaría volver a Guinea? ¿Crees que tu carrera se podría desarrollar en casa?

Vuelvo a Guinea casi una vez al año. Lo necesito. Pero es absolutamente imposible vivir en Guinea si solo puedes tocar a nivel local, incluso si solo puedes tener conciertos en África. Es por eso que la mayoría de músicos africanos profesionales viven en Europa, o en otras partes del mundo, sea en el Sur o en el Norte. Espero poder ayudar a desarrollar contextos profesionales con el fin que sea más fácil para los artistas trabajar y ganarse la vida con la música. Pero necesitamos construir salas de conciertos, estudios, organizar mejor la recogida de dinero a partir de leyes realistas para proteger los derechos de autor…

¿Crees que por culpa de la mala gestión de los estados y por la falta de protección de los artistas, África está perdiendo a su talento local?

África no pierde su talento, simplemente el talento africano está obligado a llevar su música a otras partes del mundo para poder vivir de ella. A veces es un trabajo muy duro. Tocar debe ser solamente algo que los artistas hacen, pero no como necesidad, lo que sucede en la actualidad. Solo tenemos una elección, movernos fuera de África como yo hice. Pero creo que mi experiencia podrá ayudar a los artistas locales algún día! Le debo mucho a mi país, a mi cultura mandinga!

Sin embargo, África está llena de músicos y de programadores y emprendedores del sector que se arriesgan a invertir dinero en ello. Quizás no en Conakry pero tenemos varios ejemplos de ciudades donde el negocio de la música funciona muy bien como en Lagos, Johannesburgo o Dakar. ¿Crees que eso que decía Obama en su última visita en Nairobi y Addis Abeba, de que “No tenéis que hacer lo que hizo mi padre y dejar vuestros hogares para obtener una buena educación y acceso a oportunidades. Debido a vuestro progreso, debido a vuestro potencial, podéis construir vuestro futuro justo aquí, justo ahora”, empieza a hacerse realidad o todavía es una utopía? 

Bueno, excepto, quizás, ciertos casos como Senegal, en la parte central y occidental de África, todos los músicos que viven exclusivamente de la música es gracias a sus giras por el Norte o gracias a haber firmado con grandes empresas o discográficas. Estamos llenos de esperanza para el futuro y somos conscientes de nuestras potencialidades. Pero, en la actualidad, puedo afirmar que no es posible vivir de la música en África occidental sin trabajar en el extranjero, si no es de forma permanente, al menos de vez en cuando. Con la venta de CDs, por ejemplo, no hay suficientes leyes u organizaciones que protejan la industria de la música a nivel panafricano. Y en referencia a los conciertos y actuaciones, falta una infraestructura potente. Todos somos igual de optimistas que el presidente Obama, todos sabemos que han habido muchas mejoras en la industria, pero el objetivo aún no se ha hecho realidad. No es que crea que se trate de una utopía, es solo una cuestión de tiempo que encontremos la fórmula que nos permita desarrollar las cosas de una manera realmente productiva para los artistas africanos”.

“Nuestra música es un mensaje para toda la humanidad”

joe-driscoll--sekou-kouyate-2-by-alex-munro__photoset-photo

Joe Driscoll & Sekou Kouyate. Fuente: Alex Munro.

Uno de los espectáculos más poderosos de la última edición del festival Sauti Za Busara (Zanzíbar, Tanzania), fueron el dueto neoyorkino-guineano de Joe Driscoll & Sekou Kouyate. El grupo, que aprovechó para quedarse en la isla de Zanzíbar algunos días más, fue uno de los más activos socialmente hablando. El último día del festival uno se podía topar por las calles de la Stone Town con el Joe más embelesador. Con una guitarra perennemente colgada de su pecho, Joe entonaba canciones de Bob Marley para los zanzibareños y los turistas curiosos. Y su savoir faire y sencillez nos dejó tan embelesados que quisimos aprovechar para conocerlo un poco mejor.

Las fechas coincidían con el lanzamiento de su álbum. El pasado 18 de Febrero, el dueto de ases transcontinental lanzaron su trabajo: Faya (Cumbancha, 2014). Una coalición de estilos que pone el caramelo en la boca de cualquier amante de la fusión.

Estos dos musicazos se conocieron en el festival francés Nuits-Metis. “Los organizadores del festival creyeron que Sekou y yo tendríamos feeling juntos, así que nos animaron a colaborar” nos dice Joe. “Nos juntamos para una sesión de improvisación, y me quedé asombrado por la tremenda técnica de Sekou. Pasamos una semana entera juntos, improvisando, y fue bastante divertido porque no hablabamos el mismo idioma. Pero igualmente improvisábamos juntos y para al final de esa semana, escuchando de nuevo las jams que grabamos me dije: ‘”Tío, esto es realmente bueno. Deberíamos sacar un álbum de ello”. Así que me quedé en Marsella, y entramos en el estudio unas pocas semanas después de la reunión, para realizar Faya” nos cuenta el líder del dueto africano-estadounidense.

Joe Driscoll pasó su infancia escuchando a los Beatles, la música Motown o Frank Sinatra. Creció sumergido en la cultura hip-hop y el reggae “De La Soul, Bob Marley, Tribe Called Quest, Buju Banton, Wu-Tang…” nos dice. “Me topé con un pedal loop a mis veinte años y empecé a componer música con múltiples bucles en capas de beatbox (percusión vocal), armonías vocales, guitarra, pandereta y otros instrumentos. I básicamente la última década me he dedicado a ofrecer espectáculos con looping por todo el mundo” explica a Wiriko.

Joe Driscoll & Sekou Kouyate. Fuente: Alex Munro.

Joe Driscoll & Sekou Kouyate. Fuente: Alex Munro.

Sekou Kouyate o el Jimmy Hendrix de la Kora, apodo que le viene por la forma en que electrifica este instrumento de veintiuna cuerdas, es la media naranja musical del de Syracuse (Nueva York). Conocido por formar parte del grupo Ba Cissoko, de él, Joe dice: “creo que tocando el kora Sekou es increíblemente innovador y que va a expandir el conocimiento que la gente tiene tanto de este instrumento como de sus usos. Ha sido capaz de trascender los estilos más tradicionales sin dejar de hacerles referencia constante” confiesa el norteamericano afincado en Reino Unido.

“Creo que el actual boom que está viviendo la música africana es sólo el resultado natural de la facilidad con la que la tecnología nos ha permitido comunicarnos en todo el mundo, y de cómo los medios de transporte han hecho más fácil viajar por todo el mundo. El mundo se ha hecho más pequeño. Somos capaces de conectar fácilmente y las herramientas de producción para crear música son cada vez más baratas y más accesibles a la gente de todo el mundo” se alegra el músico mientras se lamenta de que a pesar de todo, la música africana no está suficientemente presente en los circuitos internacionales. “Me encantaría ver más música africana influyendo en Occidente, pero espero que esta facilidad de la que hablaba permita apreciar las culturas más allá de las fronteras, y que haya un deseo más profundo de entender a la gente de culturas distintas a la nuestra. Eso es lo que el mundo más necesita hoy en día”.

Portada de 'Faya', de Joe Driscoll & Sekou Kouyate.

Portada de ‘Faya’, de Joe Driscoll & Sekou Kouyate.

“Siento que soy un conducto entre diferentes géneros, personas y lugares. Sekou y yo sentimos que nuestra música no tiene límites, y esta música sin fronteras es un mensaje para toda la humanidad. Aunque el árbol tiene muchas ramas (la música, la humanidad), todo viene de una raíz” dice el joven. “Era difícil definir mi estilo antes de conocer a Sekou, y aún más difícil ahora que hemos fusionado nuestros estilos. Una gran cantidad de reggae, una gran influencia del hip-hop, un montón de Folk, pero nuestro estilo se caracteriza sobre todo porque siempre mantenemos el Soul y el Funky” remarca el artista. “Antes me gustaba el término “música popular” porque la definición del diccionario la describe como un cierto tipo de música que se define por cierto pueblo en un determinado tiempo y región. Eso fue lo más cerca que podía llegar a un género. En este mundo moderno de la tecnología,  muchos de nosotros estamos expuestos e influenciados por todo tipo de música, y cada vez es más común ver estilos de música que no encajan en ningún género. Ahora nos llaman ‘World Music’, lo que supongo que significa literalmente músicas del mundo. Y no me importa vivir con ello…” afirma.

Pero ¿de qué hablan las letras de un dueto que no tiene lenguaje común más allá de la música? “Escribimos sobre las cosas que son importantes para nosotros, cosas que creemos e ideas que queremos compartir con la gente”. ¿Y qué hay de la canción Passport, que el equipo de Wiriko quiso utilizar para el vídeo del Vis a Vis 2014? “En nuestra canción Passport, cantamos sobre cómo la música es esa bendición que nos permite viajar por el mundo, pero también de la forma en que los visados ​​y las fronteras pueden hacer que eso sea tan difícil” cuenta Joe. “En la canción Ghetto, cantamos acerca de cómo este mundo está cada vez más lleno de guetos, por que hay muchos vampiros absorbiendo los recursos y la energía de la gente. Creo que los viajes y la música que hemos encontrado nos han inspirado. Simplemente tratamos de escribir sobre lo que sentimos, sobre este mundo y la forma en que lo vemos” subraya.

Joe & Sekou, bien conocidos en algunos de los festivales africanos más punteros como el Sauti Za Busara, creen que es muy importante que se invierta más en este tipo de eventos en el continente pero que también se tiene que invertir en dar a conocer las producciones africanas en el extranjero. “Hay un auge obvio de las economías locales, pero creo que el crecimiento duradero real está en el intercambio cultural. Les dije a algunos amigos occidentales que iba a tocar en África, y se les veía confundido y le pregunté ‘¿Que pasa?’. Realmente me sorprende ver lo poco que algunas personas saben sobre el continente africano, y sin embargo, las rotundas opiniones que tienen al respecto. Cuando enseño fotografías a mis amigos, no pueden creer lo hermosos que son los paisajes y las muchas historias de la amabilidad de la gente. Creo que los medios occidentales han intentado retratar a África de una manera determinada, y todo lo que tenemos que hacer es, en realidad ir a verlo con el fin de destruir todos los estereotipos sobre África y los africanos” sentencia el artista. “Es mi firme creencia de que este tipo de intercambios son de gran importancia tanto para el Occidente como para África en este momento de la historia”.

Y queda patente, viendo la agenda del dueto, que su energía va dirigida a mostrar la riqueza sonora de este encuentro cultural. Tal como confiesa Joe: “Este va a ser el año más ajetreado de toda mi vida. Estamos muy ilusionados por todo lo que nos queda para este 2014. Este verano vamos a estar tocando en diferentes festivales de Italia, Alemania, Reino Unido, Kenya, Canada y Estados Unidos. Va a ser brutal. Y sí! También vamos a venir a España! Tocaremos en el Festival la Mar de Músicas el 26 de Julio y esperamos poder confirmar alguna cita más en la península”.

Así que ya sabéis, si tenéis oportunidad, no dudéis en acercaros a Cartagena este verano. No os vais a arrepentir!

Escaparate literario desde Costa de Marfil

Prix Ivoire1

Los premios y concursos son siempre un sistema controvertido cuando se aplica a la literatura, y son habituales las críticas desde las más variadas perspectivas, desde la falta de legitimidad de los convocantes hasta la arbitrariedad de los criterios o las intenciones mercantilistas (más que artísticas o culturales) que se pueden esconder detrás de algunos de ellos. El hecho es que todas estas condiciones se cumplen en África e, incluso, en ocasiones se suman algunas más relacionadas, por ejemplo, con enfoques neocoloniales o, incluso, de explotación (por hacer un paralelismo) de recursos, pero en este caso humanos.

En todo caso, hay un elemento que en un premio siempre se coloca en la columna de las ventajas y es la cuestión de la visibilidad. En el mejor de los casos, un concurso hace que emerjan libros o autores que estaban más o menos sumergidos. En este caso, el Prix Ivoire pour la Littérature Africaine d’Expression Francophone, tiene de alguna manera, esa virtud de escaparate, más allá de los dos millones de francos CFA de los que está dotado (algo así como unos 3.000 euros). Al margen del resultado final, es decir, del fallo del jurado, del único autor que podrá poner en su curriculum que se ha alzado con este galardón en una edición concreta, el premio que ha llegado este año a su sexta convocatoria, nos llama la atención sobre una serie de nombres. Algunos de estos autores tendrán después una trayectoria más larga y, en todo caso, se asoman a un púlpito nada despreciable.

El Prix Ivoire no tiene vocación de descubrir autores absolutamente desconocidos, teniendo en cuenta que premia libros que ya han sido publicados. Pero desde aquí, desde Europa, ésta es una buena excusa para asomarnos a la habitualmente poco accesible literatura africana. Según señalan los propios impulsores del certamen, la asociación marfileña Akwaba Culture, a modo de objetivo, se trata de “un premio africano de literatura destinado a recompensar a un autor africano por una de sus obras”.

En pleno mes de agosto, se hizo pública la lista de los finalistas del premio que debería fallarse el próximo noviembre. Pero es precisamente, este paso, el de la exposición de los primeros preseleccionados, el que cumple fundamentalmente esa labor de escaparate. Evidentemente, el premio es una iniciativa marfileña pero con una vocación panafricana (del África francófona, eso sí) impulsado por la asociación Akwaba Culture y apoyado por el Ministerio de Cultura y de la Francofonía de Costa de Marfil, la Organización Internacional de la Francofonía (OIF), la Embajada de Francia en Abidjan, el grupo Librairie de France y Orange – Costa de Marfil.

La lista de estos preseleccionados nos descubre un grupo de autores africanos procedentes de cinco países, entre los que se encuentran algunos desconocidos para nosotros y otros que ya han tenido su momento de gloria, o que al menos han tenido una cierta proyección, como es el caso del gabonés Janis Otsiemi, del que ya hemos hablado en esta sección. Simplemente a modo de llamada de atención, el resto de los preseleccionados son los marfileños Josette Abondio y Flore Hazoumé, el guineano Mamadou Aliou Bah, los cameruneses Hemley Boum y Marcel Nouago Njeukam y la marroquí Badia Hadj Nasser. Vale la pena seguir la pista de todos ellos.

Por lo que se refiere a la trayectoria del premio y para seguir llamando la atención sobre autores africanos que no han terminado convirtiéndose en “superestrellas” del panorama literario europeo, pero que merecen atención, el primero de los ganadores (en 2008) fue el senegalés Racine Kane; le siguió el marfileño Tiburce Koffi; en 2010, el galardón fue para la camerunesa Elisabeth Ewombè-Moundo; en 2011 fue premiada la única obra de no ficción de este palmarés, se trató de una biografía de Félix Houphouët-Boigny, concretamente los dos últimos de los tres volúmenes de esta obra de Frédéric Grah Mel; y por último, la última laureada (en 2012) ha sido la senegalesa Mariama N’doye.

Los propios organizadores del premio reconocen que se trata de una buena manera de darse publicidad para los autores y de conseguir visibilidad, gracias a la colaboración con numerosos medios de comunicación y, aunque no lo reconozcan explícitamente, gracias al prestigio que se ha ido construyendo esta convocatoria. Una parte de este prestigio viene dada por el hecho de que el acto de la entrega se convierte en una gran fiesta de la literatura africana francófona. Por el palco de los autores invitados han pasado nombres como Aminata Sow Fall, Djibril Tamsir Niane, Cheikh Amadou Kane, Boubacar Boris Diop, Henri Lopes o Alain Mabanckou, por citar sólo algunos de ellos. En la fiesta que se celebrará en noviembre, este honor recaerá en  la ruandesa Scholastique Mukasonga y el guineano Tierno Monénembo.

¡A la calle! ¡Es Carnaval! (II): Sátira documental

Cartel del documental dirigido por el angoleño António Ole en 1978.

Cartel del documental dirigido por el angoleño António Ole en 1978.

 

Lo acertado de disfrazar guión e historia para satirizar el dominio de las estructuras del Estado ha motivado a diversos directores africanos para proponer como personaje central la fiesta del carnaval. Es una lógica aplastante, transgresora, a veces impuesta y marketiniana, de vocabulario a pecho descubierto, al mismo tiempo que disfrazado, en una semana donde el “todo vale” queda insertado en los márgenes de la ley. En  estos días dedicados a Don Carnal queríamos acercar cuatro propuestas documentales que adoptan esta temática y la hacen propia: Angola, Bissau, Cabo Verde y Burkina.

Comenzamos en el suroeste africano, concretamente en Angola, donde la fiesta actual del carnaval fue promovida por el primer Presidente de la Angola independiente, António Agostinho Neto, celebrándose el primero en 1978. La restauración del evento tenía como ideario celebrar la nueva nación y volver a retomar los valores sociales de la población tras el régimen de Salazar. Así, el mismo Neto espetó al país: “[…] Vamos todos a trabajar más duro. Y entonces tal vez podamos organizar algo para la diversión de los jóvenes, como el carnaval. ¿Queréis carnaval o no? Así que vamos a organizar este año el carnaval”.

Directora Sarah Maldoror.

Directora Sarah Maldoror de la isla de Guadalupe.

Bajo este marco, el director y artista visual nacido en la capital Luanda António Ole, filmó Carnaval de la victoria (1978), un documental en el que quedó registrado el primer carnaval de Angola después de su independencia en 1975. Con la creación del nuevo Estado, los angoleños “encontraron las razones más populares para el reencuentro con las tradiciones y la identidad de sus poblaciones”. Es en este período que el primer presidente del país, un médico y poeta Agostinho Neto, anunció que llevaría a cabo la primera gran fiesta de la Angola independiente: el Carnival Victory. La película de Ole trata de mostrar la unidad, la alegría y la confianza del pueblo angoleño en la nueva nación y el nuevo gobierno.

Continuamos en esta pequeña muestra de películas africanas que retratan el carnaval de la mano de Sarah Maldonor, una figura central en su rol cultural como cineasta. Decía esta directora nacida en Guadalupe y considerada como la madre del cine africano, que “lo que me interesa es que las películas investiguen sobre la historia de África, porque nuestra historia ha sido escrita por otros, no por nosotros”. De esta forma nos trasporta a Cabo Verde con su película corto documental Carnaval en el Sahel (1979) y su también corto documental Carnaval en Guinea Bissau (1980).

Queríamos cerrar este homenaje al Don Carnal africano más cinéfilo con un trabajo documental contextualizado en Burkina. Aunque su artífice no es africano hemos creído interesante traer a Wiriko Carnaval de Kwen , del francés Fred Hilgemann. Kwen es un pequeño poblado en el corazón de Burkina Faso en el que cada dos años, los agricultores organizan un festival de culturas carnavalesco. La fiesta con una duración de tres días y dos noches fue filmada por Hilgemann presentando la mezcla de ritos y creencias de esta sociedad y desafiando la cohesión social y la construcción comunitaria a través de la puesta en escena de una parodia del poder. Como se puede observar en el fragmento de abajo, los ancianos son los que eligen a los jóvenes con mayores méritos para que por unos días se transformen en el Presidente del país y sus ministros de Justicia, Defensa y Agricultura. Un trabajo etnográfico reconocido y premiado en varios festivales internacionales que merece la pena ver. ¿Quién toma nota de esta propuesta de la aldea Kwen para importarla a Europa?

 


Le Carnaval de Kwen – Docu Fred Hilgemann