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Arte y música para la infancia en Madagascar

Los derechos de las personas no acaban con ir al colegio, tener acceso a la sanidad y comer cada día. Van mucho más allá. Todo el mundo tiene que tener acceso a la cultura y al ocio. Mucha gente aún no lo ve importante, pero nosotros hemos hecho esa apuesta con el Centro de Arte y Música”. El presidente de la ONG Agua de Coco explicaba esto mientras esquivaba los pousse-pousse en una de las avenidas principales de Tulear, la ciudad al sur de Madagascar donde la organización tiene su sede. Íbamos a conocer el recinto (conocido como el CAM), uno de los proyectos que Agua de Coco desarrolla en el ámbito de la educación.

El antiguo y emblemático Cinema Tropic, un cine de la época colonial francesa que cesó su actividad muchos años atrás, acoge hoy al CAM, en el que pasan muchas cosas. Su intensa actividad lo convierten en uno de los centros neurálgicos de la ciudad. Quizá también lo es por la intensa vida cultural en la que participan, además del alumnado inscrito, niños y jóvenes de colegios públicos, o aquellos que no pueden ir al colegio y pasan el día en las calles de Tulear.

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Efraín, el niño universal de Yared Zeleke

Este artículo ha sido publicado en Mundo Negro

*Autor invitado: Gonzalo Gómez

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Un niño ha perdido a su madre por culpa de la sequía. (Esta es es una historia de supervivencia). Su padre le dice que deben abandonar su hogar para no correr esa misma suerte. (Es esta una historia sobre el desarraigo). Niño y padre abandonan su aldea y la cámara se descuelga del trípode para ponerse, con un vaivén inestable a la altura de los ojos de Efraín, el niño local y universal por el que toma partido el relato. Tiembla el plano, que lo hace mucho más por contraste con el contraplano subjetivo de Efraín, –a cámara lenta, como si tratara de retener la que ha sido su vida, observada por última vez– y tiemblan, sobretodo, los cimientos vitales de nuestro protagonista, que más que sacudirse amenazan demolición.

Yared Zeleke, el director y coguionista de esta cinta, también se vio de pequeño forzado a emigrar y, al igual que su protagonista, tampoco lo entendió. Aunque la historia no es en sentido estricto autobiográfica, su toma de partido por Efraín hace que se intuya, por radical, un ajuste de cuentas con el pasado propio. Efraín se aferra a su oveja Chuni, –tierna como las caricias de la madre que perdió, inocente, como la infancia y ese mundo que no volverá– enfrentado a las tradiciones y limitaciones de un mundo de adultos que ponen en peligro lo que le gusta –“no cocines: eso es cosa de chicas”– y lo que ama –“hay que ser práctico, la oveja existe para ser comida”–.

El cineasta etíope introduce y mezcla con habilidad ingredientes de temas aparentemente distantes. Así, se esboza la relación del cambio climático con los destinos particulares de los protagonistas; se abordan los eternos conflictos entre modernidad y tradición; se tocan variados temas sociales como los niños de la calle, la prostitución, cuestiones de género, etc…

La película se acerca a estos asuntos partiendo de un enfoque que solo en apariencia es realista, porque para serlo tendríamos que alejarnos de la visión subjetiva del personaje: la mirada de un niño que se conduce con naturalidad a lomos de la lírica. En un momento, Efraín, toma a un pajarito y escucha el acelerado latido de su corazón para, a continuación, llevar al animal a su propio pecho y pedirle que sienta el suyo, en una explicitación poética del trasfondo de una película: la búsqueda de una identidad perdida. Así lo subraya también, la entrada de una música quizá demasiado enfática. O un final que se salta los códigos propuestos en el relato –en lo que no profundizaré para evitar disgustos a potenciales espectadores–. Sin olvidar el uso de otros recursos más sutiles que impregnan el filme, como el hecho de que el niño, que vive bajo una pertinaz sequía de la que se quejan constantemente los adultos, se conduzca de un lado a otro con unas botas de agua que recuerdan el desarraigo con el que posa los pies en la tierra.

Por último, Yared Zeleke, es un cineasta etíope. Y la película “Efraín” es, y parece, una película etíope. Tanto que podría asemejarse a la visión del que, desde fuera, descubre con deleite las particularidades de lo diferente. Quizá es la mirada nostálgica de la diáspora lo que vemos. Sobre esto último, solo una pincelada disfrazada de consejo: no vea la película con hambre o podrá desear, con todas sus fuerzas, ir corriendo a un restaurante etíope que probablemente no le quede tan cerca según donde viva.

Difret: el coraje de las mujeres en la sociedad etíope

 

Basada en la historia real de Hirut, una niña de 14 años secuestrada antes de casarse según la práctica de la “Telefa”, la película Difret, primer largometraje del director etíope Zeresany Berhane Mehari, ilumina esta tradición predominante de las zonas rurales de Etiopía y muestra la indefensión de los derechos de mujeres y niñas. Un trabajo con un mensaje edificante aunque en términos narrativos algo agridulce.

Difret

La abogada Meaza Ashenafi (interpretada por Meron Getnet) es cofundadora de la organización no lucrativa Ethiopian Women Lawyers Association en la capital de Addis Abeba, Etiopía, y ofrece asesoría gratuita a las mujeres y a los defensores de sus derechos. La necesidad de este tipo de activismo es aún mayor en comunidades remotas como la de Hirut, interpretada por Tizita Hagere, que vive en una granja familiar.

Difret, que en lengua amárica significa coraje, comienza aquí. Un día de escuela soleado donde le comunican a la joven que pasará de curso por sus excelentes calificaciones. Pero la música y los planos ralentizados presagian la tragedia camino de su casa: es secuestrada por siete hombres armados a caballo, encerrada en una cabaña y violada esa misma noche por su “pretendiente”. Al día siguiente logrará escapar algunos metros con el fusil de su violador pero será alcanzada y acorralada en el bosque. La escena se resuelve en un guión premeditado: la pequeña Hirut termina matando a su violador de un disparo certero a bocajarro.

Desde aquí la película muestra dos realidades que comulgan en un mismo espacio. Por un lado, se encuentra la tradición local que es representada bajo una acacia en el pueblo de Hirut. El líder del consejo de sabios reúne a las dos partes afectadas –el padre del fallecido y el padre de Hirut– así como a todos los hombres, incluido el maestro de la escuela que ofrece un punto de vista transgresor. Fuerzas progresistas contra los defensores de la tradición. Un grupo ve el disparo como autodefensa, el otro como un asesinato que merece la ejecución de la ley del Talión.

En el polo opuesto el director Zeresany Berhane muestra el Estado moderno donde la burocracia se encarga de deshumanizar el proceso al que se está viendo sometida una adolescente de 14 años malherida y a la que se le niega la asistencia sanitaria por ser acusada de “asesina”. El sesgo crítico de Berhane es evidente al retratar a una sociedad profundamente machista en la que la figura de la mujer es reducida a una mera esencia formal. Una silueta desdibujada bajo los formalismos de la ley.

El matiz interesante es observar cómo a pesar de que la tradición se ha pervertido y permitido a los hombres no sólo raptar a las mujeres como práctica habitual antes del casamiento sino también justificar la violación, la justicia es dirimida en dos esferas irreconocibles: en un plano local y micro, y en un plano estatal donde los vínculos políticos y económicos tienen un poder decisivo.

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A pesar de que las imágenes de la cosmopolita y poblada ciudad de Addis son escasas más allá de alguna calle transitada en colores pasteles, es el contexto donde Maeza lucha. Una heroína que mantiene un combate contra la sociedad machista donde se ha criado. Sin embargo, su personaje en algunos momentos padece de falta de rigurosidad realista como se observa en una acción en la que intermedia por una mujer que es agredida verbalmente y físicamente por su marido. Maeza le espeta que perderá su trabajo si vuelve a golpear a su mujer subrayando la indignidad diaria a la que se ven sometidas las mujeres. Lo más convincente es la gama de los detalles sociales: la vestimenta occidental de Meaza, su diálogo desafiante contra la tradición y su vulnerabilidad ante las decisiones de un antiguo juez y amigo ya que “el peligro” de ser mujer es un trasfondo dramático que nunca desaparece en la película.

Además de ser una pieza sociológicamente importante por la que ha apostado su productora ejecutiva Angelina Jolie (que sin duda, ha ayudado a difundir el mensaje) Difret es también una historia sobre el fin de la inocencia y sobre cómo actos de fracciones de segundo crean cambios irreversibles. Entre 1995 y 2002 la organización de Maeza ayudó a más de 30.000 mujeres y niñas y el matrimonio por rapto fue ilegalizado y castigado con 5 años de prisión después del caso de Hirut. Maeza Ashenafi fue galardonada con el Premio África en 2003 y actualmente vive en Etiopía luchando contra la tradición de los secuestros. Precisamente hace un año saltaba la noticia que Tejnesh Leweg’neh, de 15 años de edad, de la región norte de Shoa, fue secuestrada por tres hombres en su camino al mercado. Ellos trataron de obligarla a aceptar casarse con uno de ellos, ella se negó y, un día después, la empujaron a un precipicio. Ahora Tejnesh está paralizada de cintura para abajo.

 


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“No tengáis miedo de las diferencias: nos enriquecen”

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Momento de complicidad entre Graça Machel y Xavier Aldekoa, durante la rueda de prensa del Forum IMPULSA de Girona 2015. Foto de Gemma Solés.

Casualidad o no, Graça Machel abría el Forum Impulsa de laFundació Princesa de Girona en el día que se cumplían 40 años de la independencia de su país natal: Mozambique. Viuda de dos iconos de la política africana, el socialista Samora Machel y el líder antiapartheid Nelson Mandela; es una de las figuras más relevantes en la transformación social que ha vivido el continente desde la era de las independencias. Pero el papel político de Graça, la única primera dama de dos repúblicas —Mozambique (1975-1986) y de Sudáfrica (1998-1999)—, no solamente se destaca en la historia de África, sino que se sitúa en el epicentro de la lucha por los derechos de la infancia, las mujeres y del compromiso por la educación y el desarrollo en todo el mundo.

“No se puede hablar de ella en pasado”, advertía el periodista Xavier Aldekoa al presentarla en la rueda de prensa. Y es que a pesar de llevar más de cuatro décadas trabajando para procurar un mundo más justo, la veterana no tiene intención de apartarse de su batalla contra la pobreza y las desigualdades. “No puedo descansar mientras siga habiendo miles de niños palestinos en campos de refugiados. Cuando gozas de privilegios, tienes que asumir tus responsabilidades. No podemos obviar nuestras obligaciones mientras siga habiendo problemas por resolver en el mundo”, pronunciaba la activista africana delante de los monarcas y otras personalidades españolas presentes en el acto de inauguración del Forum Impulsa.

Con el foco puesto en África, el continente con las tasas más altas de analfabetismo, Graça quiso incidir en la necesidad de inversión en educación. Maestra de formación y ministra de educación y cultura en Mozambique de 1975 al 1989, desgranó cómo en su opinión, el empoderamiento social es intrínseco a la educación. “La educación es la herramienta más importante para alcanzar la libertad, y no sólo política. Para liberarse de la pobreza. Liberarse del analfabetismo. A través de la educación el pueblo pude tomar control de sus vidas”, reivindicó ante un Palau de Congressosestático. Ya por la mañana había insistido en el hecho de que “la libertad nunca se regala, hay que luchar por ella”, apuntando a que las principales causas de la falta de libertades en África han sido consecuencia de las relaciones de poder establecidas después de la colonización y la laxitud de los gobiernos africanos a su respecto.

Graça Machel entrado a la rueda de prensa junto a Xavier Aldekoa. Imagen de Gemma Solés.

Graça Machel entrado a la rueda de prensa junto a Xavier Aldekoa. Imagen de Gemma Solés.

Como era de esperar, no perdió la oportunidad para dirigir el discurso hacia las mujeres, que representan dos tercios del total del analfabetismo en el mundo y que son uno de los focos principales de su organización, Graça Machel Trust. “Educar a una mujer y facilitar su independencia financiera, puede generar una transformación muy importante en su familia, su comunidad y su nación. La educación y las mujeres tienen para mí un vínculo natural en la lucha por la emancipación social y creo que hay que acabar con los obstáculos estructurales que impiden a las mujeres llegar a los puestos más elevados de poder”, manifestó la experta del Panel de Alto Nivel para la Agenda de Desarrollo Post 2015. Además, en un continente que, según Unicef, podría alcanzar los 1.000 millones de menores de dieciocho años en 2050, la que fuera presidenta de la Comisión de Estudios de las Naciones Unidas sobre el Impacto de los Conflictos Armados en la Infancia, quiso subrayar la necesidad de dedicar esfuerzos a este colectivo.

Graça Machel habló de datos positivos sobre África y su juventud. Haciendo una crítica al afropesimismo que impera en los medios de comunicación, insistió en los enormes avances del continente en la última década, y puso énfasis tanto en los actuales derechos democráticos como en los avances tecnológicos. “Por supuesto que África aún tiene muchos desafíos que afrontar. Hoy te puedes encontrar países como Somalia o Burundi, con problemas muy complejos. Siguen muriendo personas y tenemos que proteger cada una de sus vidas, por supuesto. Pero África son 54 países. Hoy,siete de las diez economías que más están creciendo en el mundo están en el continente. Sin embargo, las narrativas más pesimistas esconden toda esa otra realidad”, insistió la fundadora de laFundación para el desarrollo de la comunidad de Mozambique.

“Por favor, respetad la dignidad humana que nos hace iguales. No tengáis miedo de la diferencia. Las diferencias nos enriquecen. Y nunca hagáis la vista gorda ante ningún tipo de injusticia social”, pedía a los gerundenses antes de abandonar la palestra acompañada por un afable y cómplice Aldekoa, que le cogía la mano para alejarse ante la ovación del público.

Lala Njava, una voz dedicada a la justicia para Madagascar

Lala Njava / Pierrot Men

Lala Njava / Pierrot Men

Lala Njava es una veterana de la música malgache. Con su álbum debut en solitario –Malagasy Blues Song- y desde su posición privilegiada de artista, lucha por los derechos de las mujeres, los niños y contra la deforestación de su isla natal.

Lala Njava proviene de una familia numerosa. Una familia formada por ocho hermanas y siete hermanos, todos ellos músicos. Como los mismísimos Staples Singers de Madagascar, Lala y cuatro de sus hermanos formaron la banda Njava, uno de los nombres más populares de la música malgache durante los años 90. Dos décadas después, Lala lanza su disco en solitario desde Bélgica, Malagasy Blues Song (Riverboat Records, 2013), y su voz grave a lo Mavis Staples se convierte en el blues contra la deforestación, las injusticias sociales y para la lucha de los derechos de las mujeres y los niños malgaches.

Lala ha recorrido un largo viaje musical y biográfico que, a sus 56 años, la ha llevado a ser considerada una de las voces más respetadas de Madagascar. “Después de ganar los Premios Découvertes de RFI en 1992, Njava firmó un contrato con EMI. Dimos la vuelta al mundo y aportamos algo nuevo en la escena de las músicas del mundo. Nuestra música era un estilo vocal precolonial llamado Antsa, un tipo de melodía popular tradicional típico del sur de Madagascar. Cantábamos a dos voces y nuestro ritmo 6/8 nos llevó a la fama”, cuenta esta dama de la nueva canción malgache.

Los bosques y el género, dos terrenos de lucha fuera de los escenarios

Soy una mujer comprometida. He creado una asociación para defender la igualdad de género y la educación de los niños en Madagascar: Dames d’amour. Siendo una artista, creo que es importante tener la capacidad de, aún sin ser político, transmitir mensajes políticos. Considero que es mi deber”, reconoce la cantante.

Como dijo Madiba, las armas están en la educación. Mi herramienta de educación es la música y los mensajes que expreso a través de ella. En este sentido, escribí mi canción Pardon â l’Afrika para denunciar la situación de los niños soldados y los esclavos de las milicias en los países africanos en guerra. Quiero que quede claro que hay que terminar con este tipo de atrocidades, pero estamos muy lejos de eso”, se lamenta.

1La artista no es del tipo de personajes que viven en una burbuja aislados de la sociedad, y ha conseguido canalizar su fama internacional para despertar conciencias acerca de diferentes situaciones de injusticia que azotan la gran isla de Madagascar. “El desarrollo de África es inevitable, pero es importante preservar lo más preciado: nuestra naturaleza, el acceso al agua potable, la salud de nuestra gente y la educación para todos los niños. Pero este desarrollo tiene un coste y parece que nuestro entorno está pagando un precio muy alto”, afirma.

Lala se confiesa ferviente simpatizante del legado de figuras como la activista keniana Wangari Maathai, a la que considera un modelo a seguir. Maathai dijo que “hay que promover un desarrollo que no destruya nuestro entorno”, y Lala Njava opina que el mayor enemigo de nuestro entorno y del medioambiente es la corrupción. “¡La principal causa de la deforestación es la corrupción! La corrupción es una enfermedad grave para la que África y el mundo sigue buscando una cura radical. Los árboles se talan para hacer hermosos muebles de teca que se pueden encontrar en los mercados de todo el mundo. Las consecuencias son dramáticas para el pueblo malgache. Los pescadores tienen cada vez menos peces que pescar, porque todos ellos son capturados por barcos piratas o de multinacionales que, a parte, contaminan el mar. La deforestación acelerará la desaparición del Lemur, que solamente se encuentra en Madagascar. Éste es el precio que pagamos para alcanzar este tipo de desarrollo”, reconoce irritada.

Como parte de su compromiso social con el pueblo malgache y su tierra, Lala dedica parte de los ingresos de su último álbum a la lucha para la preservación de los bosques. A través de la organización Graine de Vie, Lala ayuda a varios activistas locales a que la biodiversidad y los recursos básicos que albergan los bosques sigan abasteciendo a las etnias y los animales en peligro de extinción, como el lemur, que habita las zonas rurales de Madagascar. Sin embargo, los Betsileo o los Tanala, que dependen de los bosques tanto para su subsistencia como para mantener sus tradiciones culturales e identitarias, no parecen ser grandes fans de la música de Lala. 

El Beko o el blues malgache

En Madagascar, el pueblo malgache aún percibe mi estilo de música como un producto comercial. Creen que mi álbum fue hecho para Occidente. Pero esto no quiere decir que me sienta menos alentada por la recepción del público en Madagascar”, reconoce la cantante. Y es que a pesar de no levantar tanto revuelo entre el público nacional como entre el internacional, Lala no ha hecho más que cosechar críticas positivas de su primer álbum en solitario, que incluso fue seleccionado como uno de los mejores álbumes de músicas del mundo de 2013.

Este estilo de música es muy respetado por el público occidental, por lo que ha sido bien recibido donde quiera que he presentado mis canciones. He contado a menudo con la colaboración de otros grandes músicos malgaches como el acordeonista y mi amigo de infancia Regis Gizavo, con Mikea o con el gran guitarrista D’Gary, y el ambiente de los conciertos suele ser siempre más o menos el mismo”, manifiesta dibujando el panorama de la escena musical malgache.

La música Beko es el blues de Madagascar”, dice aludiendo al estilo popular del sureste de Madagascar. “Se trata de la nostalgia como mensaje, como grito. Obviamente no es un estilo bailable y el ambiente que yo quiero transmitir es un ambiente especial”, confiesa refiriéndose a las melodías vocales típicas de esta música y que mezcla con otras influencias sonoras dentro de su particular universo musical. “El Beko tiene un mensaje a veces nostálgico. Yo quería usar el estilo vocal del Beko para transmitir el mensaje de lo que tenía dentro: la melancolía de mi infancia feliz, el amor que mis padres me han dado o la experiencia musical que llevo a mis espaldas y que quiero compartir. Mi Beko también es una expresión de mis esperanzas y mis desesperaciones. Para mí es un poco abrir mi diario personal a través de este blues malgache. Por esto, Malagasy Blues Song es el álbum del color de mi vida”.