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“En cualquier parte de África se pueden encontrar escenas con las que conectar”

Al otro lado del teléfono la voz de Derrick Ofosu Boateng suena contundente en cada palabra, pero a menudo sus frases son interrumpidas con una risa nerviosa. Derrocha ilusión y convicción. Para él la fotografía es un medio de “cambiar la historia que se cuenta de África”. Su narrativa visual impregna con fuerza este mensaje y es la imagen de la octava temporada de Wiriko.

Fotografía de Derrick O. Boateng.

Derrick Ofosu Boateng lo tiene claro: “En cualquier parte de África se pueden encontrar escenas con las que conectar”. Este joven ghanés, ha vivido sus 21 años en Accra, la capital de este país del Golfo de Guinea, antes conocido por las metrópolis europeas como Costa de Oro y ahora reconocida por los organismos internacionales como una de las democracias más sólidas de África subsahariana. La realidad de Ghana es, en cualquier caso, diversa, tanto de puertas para dentro como de puertas para fuera, pero Boateng se muestra seguro cuando dice “las fotos que saco podrían ser de cualquier lugar del continente”.

Su argumento se basa en el razonamiento de que todo tiene su lado bueno y su lado malo y lo explica mientras hace referencia a su proceso artístico: “Mis fotografías están inspiradas en mi entorno, en lo que pasa allí.  Trato de reflejar lo que veo en las fotos. Accra es bonita, hay buena gente y es agradable estar allí. Y pienso que ocurre lo mismo en todo el continente”.

En su trabajo ‘Noticias en los cielos’, que es la imagen de esta nueva temporada de Wiriko, habla de esta dualidad de las cosas. “Hay muchas noticias en el mundo. Hay un montón de buenas noticias viajando por el cielo y malas noticias también, así que depende de cada uno hacerse una idea de lo que está pasando verdaderamente. Ocurre lo mismo con las personas. Hay mucha gente en el mundo, gente buena y gente mala, y depende de cada uno con quiere ir. Siempre la elección es de uno mismo”.

“Generalmente la gente siempre piensa en África como todo, de una manera negativa, esta es la impresión que tienen, pero con mis fotos trato de contribuir a que vean lo que yo veo, que es que África tiene algo de poesía también”. Esto último se ve claramente sobre todo en sus primeras obras, con retratos y composiciones mucho más delicadas, más poéticas y en tonos mates, alejados de sus vigorizantes y enérgicos últimos trabajos fotográficos que narran escenas del día a día de su ciudad.

Sin embargo, él mismo reconoce que esta visión dual es una manera de simplificar narraciones visuales que realmente son poliédricas, en tanto en cuanto sus lecturas dependen de tantas interpretaciones como personas le pongan la vista encima. “Mis fotos tienen una historia sencilla, son diferentes escenas de la vida cotidiana y es curioso porque la gente hace interpretaciones diferentes de una misma imagen. Lo que yo intento conseguir con ellas es algo que no es tan sencillo, que es cambiar la historia que se cuenta de África”.

“Lo que hago es que creo el concepto en mi cabeza, doy una vuelta y trato de darle forma inspirándome en lo que veo. Así saco las fotos y luego las edito”. Boateng saca las fotos que publica desde finales 2017 en su perfil de Instagram con el móvil de su padre. “Antes de esto yo sacaba fotos con mi móvil, pero hasta que mi padre no se compró un iPhone no me profesionalicé”, señala.

Tal y como él lo ve, la fotografía como género artístico está ganando peso en su país y, más allá de sus fronteras, el talento de los fotógrafos africanos también comienza a despuntar. Pero es sólo la punta del iceberg. Para él las artes visuales procedentes de África aún están insuficientemente representadas en la industria artística global. ¿La solución? “Creo que esto cambiaría si la gente tuviera más acceso al material fotográfico, si los precios no fueran tan caros”.

En su caso, la cámara siempre ha estado presente en su vida de una manera u otra. “La fotografía siempre me ha hecho feliz, desde que era un niño, y ahora significa para mí algo importante porque es la manera que tengo de defender la idea de que África no es solo algo negativo”.

10 perfiles que deberías seguir en Instagram según periodistas a los que admiramos

Quizás a ti también te pase y haya ocasiones en las que abres la aplicación de Instagram desde tu móvil y, como si de un estado de hipnosis se tratara, pierdes la noción del tiempo. Tranquilo, no eres el único, la red social de fotografía y vídeo propiedad de Facebook ha alcanzado este año en España los 12 millones de usuarios. Pero por si eso no te tranquiliza y hace que te plantees si realmente estás haciendo una utilización indebida de tu tiempo, te traemos una propuesta para que reorientes el uso de esta aplicación a conocer las realidades de personas que están físicamente lejos. Más concretamente en el continente africano, e hilando todavía más fino, te invitamos a que conozcas la interpretación que hacen de su realidad a través de sus obras artísticas. Aunque a decir verdad no es Wiriko quien te invita en esta ocasión, sino nuestros compañeros de batalla en el empeño de mostrar un África más real. Tras hablar con algunos de ellos para que nos recomienden artistas en Instagram, te traemos los 10 perfiles de artistas visuales africanos más seguidos por periodistas a quienes admiramos.

  1. Andrew Esiebo (@andrewesiebo), por Ana Henríquez de Africaye.

Colección ‘Nigeria on mind’ de Andrew Esiebo

Este fotógrafo nigeriano inició su carrera mostrando la velocidad con la que crecía el desarrollo urbano en su país, desde donde todavía tiene su base pese a tener ya una gran trayectoria internacional con exposiciones alrededor del mundo y publicaciones en The Guardian o The New York Times. Su mirada cercana sobre temas eminentemente sociales también han llevado a Andrew Esiebo a participar en varias misiones de UNICEF. “¿Por qué? Porque no tiene ni una mala foto”, responde riéndose Ana Henríquez a la pregunta de por qué es su perfil de artes visuales africanas más seguido en Instagram. Y enseguida añade: “Me gusta su mirada, la fuerza con la que capta la realidad, el ambiente y también a las y los africanos. Las suyas son fotografías de mucho color, intensidad y significado y suele emplear ángulos originales que atrapan”.

  1. Everyday Africa (@everydayafrica), por María Rodríguez, periodista freelance en África Subsahariana, escribe también para Mundo Negro; y Nicolás Castellano, periodista de la Cadena SER y autor de varios libros sobre migración africana.

Foto de Peter Dicampo en Zimbabue publicada por Everyday Africa

Ambos periodistas señalan esta cuenta paraguas que acoge a fotógrafos que viven y trabajan en el continente. Un imprescindible para conocer una versión de África “anticlichés”, tal y como indica María Rodríguez, al tiempo que añade que “para alguien que no conozca África, un solo click en este perfil es un, digamos, ‘zasca en toda la cara’ porque no es a lo que estamos acostumbrados que nos enseñen del continente”. Coindice Castellano: “Everyday Africa demuestra que la vida cotidiana de África es maravillosa, sin necesidad de dramas, sonrisas posadas o filtros exagerados”.

  1. Fati Abubakar (@bitsofborno), por Xavier Aldekoa corresponsal en África de La Vanguardia y cofundador de la revista 5W.

Fati Abubacar retrata a esta banda de música tradicional tocando en la primera festividad musulmana sin restricciones militares de movimientos públicos en Maiduguri (Nigeria)

“Fati, una fotógrafa de Maiduguri, Nigeria, da una visión diferente de una de las zonas más castigadas por Boko Haram. Me interesa su tono y su mirada”, explica Aldekoa. La cuenta de Instagram de esta fotógrafa es una auténtica revelación. Bajo el título ‘Trozos de Borno’, en referencia al estado nigeriano donde nació el grupo terrorista, Abubakar retrata la vida cotidiana de este territorio.

  1. Kandole Reagan (@kandole_reagan) y Sparrow Uganda (@sparrow_uganda), por Ana Palacios, fotoperiodista y autora de los libros ‘Art in movement’, desarrollado en Uganda, y ‘Albino’, llevado a cabo en Tanzania.

 

Ana Palacios hace trampa y no se puede declinar por un solo perfil de artista visual africano en la red social. Se lo permitimos. Al fin y al cabo, como ella nos cuenta, estos artistas ugandeses “luchan por su arte y por el cambio social” y eso va por delante de nuestra petición de una única cuenta. En su perfil, puede verse el último trabajo de Kandole Reagan, que consiste en esculturas elaboradas con desechos de la basura de las calles de Kampala. Sparrow Uganda, por su parte, es un artista urbano que usa el grafiti para fomentar el diálogo en Uganda.

  1. Khadija Farah (@farahkhad), por Lola Hierro de Planeta Futuro / El País.

Fotografía tomada por K.Farah en el campo de refugiados de Dadaab (Kenia)

La somalí Khadija Farah es una fotógrafa freelance que vive en Nairobi (Kenia), desde donde trabaja para grandes cabeceras como The New York Times o AP Photo, al tiempo que modera la cuenta de Instagram Dynamic Africa Photo. A Lola Hierro le gustan muchas cosas de Farah: “Me gusta mucho el tipo de fotografía que hace, tan luminosa. La luz y el color me chiflan. Y me gusta que le veo una doble visión: a veces hace fotos de un África muy tradicional y otras de un África muy vanguardista, pero en ambos casos me gusta que transmite imágenes del continente muy alejadas de los estereotipos de pobreza, guerra y hambre. Su trabajo es muy optimista. Y luego me gusta que sea mujer y que sea somalí porque con su figura y su trabajo también ayuda a que se deje de ver a la mujer africana como una pobrecita inválida y analfabeta. Khadija es una pedazo de profesional”.

  1. Michael Soi (@michaelsoistudio), por Alba Villén de EFE África.

Alba Villén vive en Nairobi, así que sabe bien de lo que habla cuando dice que Michael Soi “refleja como pocos las noches kenianas”. Y lo hace sin pelos en la lengua. Este pintor keniano se sirve de la sátira para retratar la política y la sociedad de su país para, según explica en su web, “destacar los problemas de las mujeres en África, en particular los problemas que se relacionan con la forma en que los hombres ven a las mujeres aquí y cómo las tratan”. Villén nos habla de Moi para subrayar las piezas en las que “denuncia la prostitución y el doble rasero de una sociedad que se define como conservadora pero que solo hace falta darse una vuelta en la noche keniana para saber cuánto les gusta el sexo”.

  1. Nástio Mosquito (@nastiomosquito), por Ángela Rodríguez Perea de Afribuku.

Instalación de Nástio Mosquito en la Fundación Prada.

Angoleño y polifacético, Nástio Mosquito es músico, hace performance e instalaciones pictóricas, vídeos y también fotografías. Merece la pena leer al completo la historia de la periodista por el artista: “Nunca conseguí engancharme a Instagram; aún tengo ese prejuicio viejuno y rojec que dice que el ‘Insta’ es, si cabe, más narcisista y cotilla que el ‘Face’. Y, aunque sé que cada vez más artistas tienen un perfil activo aquí, me disculpan, no tengo tiempo para vigilar tantas plataformas. Por norma general, me subscribo en la web de los creadores y recibo las novedades en mi correo profesional. A la antigua. Una vez intenté subscribirme al newsletter de uno de mis artistas preferidos, Nástio Mosquito, y me encontré con un obstáculo insalvable: en el formulario pedían nombre completo, mi email y responder a la pregunta “Tu sueño más salvaje”, a lo que mi cerebro solo conseguía contestar “un tête-á-tête con Nástio”. Pero ese encuentro ya lo tuvimos, fue una entrevista con poco tiempo y deprisa que, muy a mi pesar, no me permitió ahondar en cuestiones interesantes. Hasta hoy no he enviado mis datos, y ese bloqueo mental es la historia de por qué a veces abro Instagram, que en este caso cumple su función completa: me actualizo con noticias del angoleño, veo por qué ciudades, museos, revistas y eventos circula, y de paso aprovecho para ejercitar un poco el voyeurismo. Porque una de las marcas propias de Nástio Mosquito es su omnipresencia, el hecho de que su imagen es el punto central de su trabajo visual y performativo, y en su cuenta su personalidad desborda desde el mosaico de posts. Como en todo buen perfil, además, publica extractos de sus trabajos, también de videoclips de sus álbumes. Sí, Nástio también hace música. Polifacético, irreverente, teatral, inclasificable, “el tipo más cool del mundo del arte contemporáneo”; todo eso han dicho de él, gente que sabe mucho, y todo eso es verdad. Alguien que está a la vanguardia de la creación hoy y que no responde a ninguno de los estereotipos adheridos a los artistas africanos es, para mí, el mejor ejemplo de esa otra visión de África en las artes visuales”.

  1. Nemi Epeba (@nemiepeba), por Tania Adam de Radio Africa Magazine.

Collage de Nemi Epeba -Frida Orupabo web

Frida Orupabo es el nombre real de la artista y socióloga detrás del perfil de Nemi Epeba. Su especialidad: el collage digital. “Tengo una especial atracción por esta cuenta por su peculiaridad. Es oscura y fresca a la vez. Rescata un imaginario perdido y muestra detalles que apenas son perceptibles”, explica Tania Adam, quien confiesa: “actualmente es mi cuenta preferida, es una cuenta muy artística”.

  1. Nii kwartei Quartei (@nii_kwarteiquartey), por Lucía Asué Mbomío de Afroféminas y autora del libro ‘Las que se atrevieron’, que habla sobre la diáspora africana en España.

The Ancestor project

El escultor Nii Kwartei Quartey es el aprendiz de Naa Abina Nelson, artista principal de la obra ‘The Ancestor project’, 1.300 piezas diseñadas por Kwame Akoto-Bamfo que representan a la multitud de africanos capturados en todas las regiones de África Occidental y llevados a América. En su perfil de Instagram puede apreciarse este impresionante trabajo expuesto recientemente en Ghana.

  1. Teju Cole (@_tejucole), por Ángeles Jurado de Casa África y África no es un país / El País.

No nos sorprende que el artista visual preferido de Ángeles Jurado en esta red social sea el también escritor Teju Cole. De origen nigeriano, Cole​ es novelista, fotógrafo e historiador de arte. Su cuenta de Instagram, nos la describe Jurado como “puro minimalismo y poesía. Es enigmático. Es elegante. Es todo ojos y gafas”.

Dice Cole en su Instagram que éste le sirve para “experimentar diariamente con palabras e imágenes”

Teju Cole: “Tenemos que dar un paso atrás y preguntarnos qué significa vivir en comunidad”

“Dos segundos”, me pide interrumpiendo la entrevista. Estamos en el comedor de su hotel y solo hay dos mesas ocupadas, la nuestra y otra con una mujer trabajando en su ordenador. Acaba de entrar una camarera que trajina con platos cerca de la otra mesa. Teju Cole hace rato que se las mira. De repente, algo en la escena capta su atención y merece ser contado. Coge su cámara con prisa (siempre le acompaña cerca, por si acaso) y hace un par de fotos. Luego, podemos seguir con la conversación. Cole es tranquilo y, aunque mide sus palabras al milímetro para hacerse entender, no tiene reparos en hablar claro acerca del mundo y sus problemas, ni al dar su opinión acerca de la política de Estados Unidos y Nigeria, sus dos hogares.

EL novelista de origen nigeriano, Teju Cole, en Barcelona. Fotografía: Maria Colom. 

Maria Colom: Las tradiciones literarias americana y africana son muy distintas. Lo importante en Estados Unidos son los libros que lees, mientras que en muchos lugares de África son esenciales las historias que pasan de padres a hijos. ¿Cuáles han sido sus influencias?

Teju Cole: Para mí, siempre es importante tener presente que mi trabajo se basa en la escritura y que no viene de una tradición oral. No cuento historias, las escribo. Mi trabajo y mi forma de pensar vienen de los libros. A veces me han preguntado por el yoruba, mi lengua materna de Nigeria, que considero muy importante, pero siempre respondo que son James Joyce y Virginia Wolf, por el idioma y su estructura, mis verdaderas influencias. Respeto mucho la tradición oral, pero no es el lenguaje con el que trabajo.

M.C: En una ocasión comentó que “su estilo de escritura es descriptivo, que le gusta describir cómo se entiende el mundo físico y que le gusta crear escenas”. ¿Es esencial para usted, esta colaboración entre letras e imágenes tan característica en sus obras?

T.C: Sí, es sinónimo de libertad y un regalo tener la posibilidad de trabajar con las dos disciplinas. Pensar en el mundo, no solo por lo que significa, sino por cómo lo vemos. Todo está conectado. Cuando estás describiendo lo que ves, también puedes entender lo que significa. Por eso describo con la escritura y la fotografía y me gusta que mis fotografías sean “fotos narrativas”, que cuenten una historia. Quiero que mis fotos sean como si alguien estuviera escribiendo una frase, como si alguien estuviera organizando el mundo de una manera en particular. Quiero que hagan pensar.

M.C: Usted fue uno de los primeros en cultivar la twitteratura, pero ya hace un tiempo que no tiene actividad en la red. ¿Se ha cansado de las redes sociales?

T.C: (Ríe). No, me gusta avanzar, así que ahora prefiero usar Instagram, cada día. Estuvo bien, también, salir de Twitter el año pasado, nunca me hubiera imaginado lo bueno que sería. Porque el año pasado empezó a usar Twitter un hombre loco que se volvió muy activo. Estoy hablando del presidente de Estados Unidos. Me alegra haber salido de esta red social al mismo tiempo que él entró y se convirtió en una persona muy popular.

M.C: También ha comentado que, más que novelista, es un escritor de ciudades. En sus novelas ha adoptado un papel de “Writerly Walker” (en referencia al concepto que introdujo Baudelaire). ¿Es éste el formato en el que se siente más cómodo?

T.C: En mis primeros trabajos sí, pero siempre estoy evolucionando y ahora prefiero pensar en los espacios entre ciudades, en montañas y en espacios abiertos. Las ciudades son importantes, andar es importante, pero siempre trato de pensar en lo que me hace crecer. De todas formas, sigo muy conectado con las ciudades porque son nuestra mejor oportunidad para vivir juntos y para averiguar cómo desarrollar nuestros recursos de una manera inteligente.

Teju Cole desarrolla su pasión por la fotografía, con la que también cuenta sus historias. Fotografía: Maria Colom. 

M.C: En su novela, además de encontrar una lectura crítica, podemos percibir la nostalgia del que se fue y vuelve para reconocerse. ¿Por qué es tan importante la identidad para usted?

T.C: Creo que, a una persona como yo, que vive en Estados Unidos, país que se ha construido gracias a personas muy diferentes, le tiene que surgir la pregunta “¿a dónde perteneces?”, y te viene a la memoria tu hogar. Crecí en Nigeria, una sociedad lejana y homogénea, no a nivel cultural, pero sí a nivel racial; todo el mundo a mi alrededor era negro. No tenía que explicar quién era y mi color no era importante. Cuando llegué a Estados Unidos, de golpe me había convertido en un hombre negro en América y fue cuando estas preguntas se volvieron importantes para mí.

Creo que, en este mundo moderno, todos tenemos que preguntarnos cosas que nunca nos habríamos preguntado acerca de la propia identidad. Ahora tienes que plantearte cuál es tu actitud con lo exterior, con lo extranjero. ¿Eres tú el extranjero? Estamos aquí sentados en España y hablamos de nosotros; ¿qué significa nosotros? ¿Quién está dentro y quién fuera? ¿Quién tiene el derecho de vivir en un lugar en particular? ¿Puede un chileno que vive aquí sentirse como en casa? ¿Qué pasa con un negro español que tiene la nacionalidad, o es que los españoles solo pueden tener un color determinado de piel? Son preguntas que no desaparecen nunca y con las que estamos obligados a lidiar cada día.

 

Preguntas acerca de mi nacionalidad y mi lengua materna no son tan importantes para mí; ser nigeriano o americano no es tan importante. Prefiero verme como un ciudadano del mundo y vivir de la mejor manera posible.

 

M.C: En un ensayo de su libro Known and strange things, “Home strange home”, habla de su infancia (nació en Estados Unidos, pero a los cinco meses de vida volvió a Nigeria hasta los 17, que volvió a Michigan para estudiar en la universidad) y de los recuerdos, reales e imaginarios, que tenía o se creó de sus dos hogares. ¿Qué puede decirnos de su propia identidad?

T.C: Soy una persona que está muy interesada en ser libre, en un sentido un poco pasado de moda y existencialista. ¿Qué significa estar y pertenecer a un mundo en el que ni siguiera he pedido nacer? ¿Cómo puedo poner mi libertar y mi individualidad en este mundo y ser, a la vez, responsable de lo que sucede en comunidad? Aquí es donde se encuentra mi identidad, en lo más profundo. Preguntas acerca de mi nacionalidad y mi lengua materna no son tan importantes para mí; ser nigeriano o americano no es tan importante. Prefiero verme como un ciudadano del mundo y vivir de la mejor manera posible. La política mundial de los últimos años nos ha convertido a todos en filósofos, tenemos que dar un paso atrás y preguntarnos qué significa vivir en comunidad y cómo organizamos nuestras sociedades. Creo que mi trabajo siempre trata de responder estas preguntas y todos tenemos que hacérnoslas.

“Ciudad abierta”, Teju Cole

M.C: En su primer libro traducido al castellano, Ciudad abierta, usted escribió: “A veces, mientras hago cola para ir al lavabo, hay gente que me mira de manera que me hace sentir como Ota Benga, el pigmeo Mbuti que se exhibió en el zoo del Bronx en 1906”. ¿Por qué cree que perdura esta visión en un mundo tan globalizado en el que todos tenemos más semejanzas que diferencias?

T.C: Escapamos de la Europa medieval y entramos en el mundo moderno, el siglo de los grandes descubrimientos, se empezó a viajar por todo el mundo y los europeos fueron a América y África: la conquista, la colonización y la esclavitud. Todos estos son hechos que han condicionado la interacción entre negros y blancos. Con el colonialismo, vinieron, se llevaron los recursos y nos convirtieron en buenos cristianos. Luego, el cultivo de la caña de azúcar y el del algodón eran muy duros, así que nos llevaron como esclavos para hacer el trabajo durante toda la vida, trabajo que también harían nuestros hijos y nietos. Vida en prisión con trabajo duro. Estas estructuras siguen afectando a la interacción entre negros y blancos, porque la memoria histórica no ha desaparecido. Y el colonialismo sigue hoy en día a nivel empresarial con acuerdos secretos. Francia aún tiene colonias en África con acuerdos económicos. Quizá no esté para siempre, pero por ahora sigue siendo real porque tanto la esclavitud como el colonialismo se basan en las ideas de superioridad e inferioridad y la gente no va a dejarlo ir a la ligera.

M.C: ¿Qué deberíamos hacer para cambiar esto?

T.C: ¿Por qué hay que cambiarlo? Desde el punto de vista blanco, quiero decir. Está bien ser superior, es divertido. Nadie va a dejar ir el poder de buena gana. Así que no creo que pueda decir nada a los blancos acerca de la superioridad racial. Lo que sí que tienen que hacer los negros es luchar porque nadie lo va a poner fácil. Y va a ser duro y desagradable llegar a la igualdad, no la vamos a conseguir de forma amable. Es lo mismo que la igualdad entre hombres y mujeres. Podemos hablar de igualdad como buenos feministas, pero la única manera de conseguirla es que las mujeres sigan luchando, quejándose y pidiéndola.

“Cada día es del ladrón”, Teju Cole

M.C: En Ciudad abierta, entre otras cosas, habla de la inmigración, la convivencia y la diversidad. ¿Son realmente Estados Unidos y Europa “ciudades y mundos” abiertos? 

T.C: ¿Has oído hablar del muro en la frontera de México? Estados Unidos es un lugar interesante, abierto y no abierto al mismo tiempo. Por un lado, hay un sentimiento muy fuerte de libertad y diversidad. Yo vivo en Brooklyn, y hay gente de todas partes del mundo con distintas culturas. Esto es normal, está abierto en este sentido, está abierto comparado con Vietnam o Rusia o Marruecos, que no lo están. Pero no debemos olvidar que la estructura económica está basada en crímenes bastante serios relacionados con los nativos americanos, con los negros o con los inmigrantes. Existe diversidad, pero, al mismo tiempo, la estructura está equivocada. Es una paradoja; no es un lugar inocente, pero aún tiene muchas posibilidades. En este momento creo que todas las naciones de Europa deben volverse más abiertas y multiculturales. 

M.C: Usted tiene doble nacionalidad (estadounidense y nigeriana). ¿Qué opina del camino político que está tomando Estados Unidos con Donald Trump, sobre todo en sus políticas de inmigración? 

T.C: Creo que es un maldito maníaco. Esto es lo que creo. ¿Qué opinas tú?

M.C: No estoy segura de querer pensar mucho acerca del tema porque no quiero asustarme demasiado. 

T.C: Exacto. Nunca me había enfrentado, mentalmente, a una crisis política como esta, en mi vida. Y no se trata solo de las políticas de inmigración, que son un emblema de su brutalidad natural. Espero que esta pesadilla se acabe pronto.

 

Nigeria es como una casa que se construye despacio, que la lluvia destruye un poco de lo construido, pero que se vuelve a construir después. Pero Estados Unidos es como si alguien tuviera una casa preciosa y la prendiera en llamas, y esto es aún más deprimente.

 

M.C: Durante la campaña #BringBackOurGirls, usted dijo que había un verdadero reto para la democracia nigeriana. ¿Cómo ve la actualidad política de Nigeria?

T.C: No es muy esperanzadora. Creo que nuestra democracia es joven y que se está desarrollando muy rápido. Democracia no es solo tener derecho a elegir a tus líderes, sino tener claro cómo debemos quejarnos de las cosas que no están bien; cómo participar en la estructura de la sociedad. Nos estamos desarrollando, pero es un país con mucha población, la corrupción sigue siendo un problema, y desde la crisis del petróleo, nuestra economía tiene serios problemas. Son tiempos duros, pero justo después de las elecciones estadounidenses, fui a Nigeria y me sentí mucho mejor allí, el país está avanzando. Nigeria es como una casa que se construye despacio, que la lluvia destruye un poco de lo construido, pero que se vuelve a construir después. Pero Estados Unidos es como si alguien tuviera una casa preciosa y le prendiera llamas, y esto es aún más deprimente.

M.C: ¿Cómo ve la sociedad civil en África? ¿Cree que se está construyendo una nueva realidad en las ciudades?

T.C: Sí, y esta es nuestra mayor esperanza. Las ciudades son un lugar con oportunidades. Y esto se da en cualquier país. Lugares en los que podemos poner en práctica la inclusión y la diversidad. Se está desarrollando algo en las ciudades inteligentes que usan la tecnología. Con tantas personas viviendo juntas (21 millones de personas son los que viven en el ámbito metropolitano de Lagos), hay que resolver muchos problemas de servicios, transporte, educación; pero las ciudades son una oportunidad. Soy un fan de las ciudades en este sentido, porque son lugares en el que se te permite ser quien quieras ser. Puedes ser gay, excéntrico, moderno; puedes ser católico, judío, musulmán, protestante, budista o ateo. En una ciudad nadie va a llamar a tu puerta para decirte que no puedes hacer o ser algo. Por supuesto que una ciudad puede ser fría y distante, pero para lugares como África, las ciudades son la mejor apuesta.

Las mil caras de #Mandela en Instagram

Cómo han celebrado en Instagram este día ya celebrado en todo el mundo? A través de graffitis, monumentos, diseño gráfico y homejanes artisticos un infinito número de Instagrammers, han recordado Mandela.