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The Slum Film Festival. “African slums on the reel”

Nairobi Half Life, dirigida por Peter Tosh que narra la vida en Nairobi, capital de Kenia.

‘Nairobi Half Life’, dirigida por David Tosh y que narra la vida de unos jóvenes en Nairobi, ganó la 7ª edición del Festival de Granada Cines del Sur.

 

Autora: Beatriz Leal Riesco

La 7ª edición del Festival de Granada Cines del Sur sorprendió otorgando el premio a la mejor película a Nairobi Half Life, coproducción alemana-keniata y primera película de David ‘Tosh’ Gitonga. Con este galardón y el apoyo recibido previamente en numerosos festivales internacionales, Kenia se yergue, seductora, en los noticiarios, descubriendo la realidad urbana de su capital, caracterizada por altas cotas de desigualdad entre las zonas residenciales de los más favorecidos y aquellos barrios de chabolas o asentamientos informales (slums) donde los eternamente olvidados se buscan la vida.

David ‘Tosh’ Gitonga nació dentro de una familia acomodada y, aunque su inclinación era el marketing, al entrar a hacer prácticas en la compañía de su tía -una productora de Hollywood con 20 años de experiencia que había regresado a su país para promover la industria local-, ya no hubo marcha atrás. Es ésta una cara del África urbana y global contemporánea: la de los emprendedores de clase media y alta que consiguen hacerse un hueco en el escaparate del cine contemporáneo apoyados por el hambre de diversidad y exotismo del circuito de festivales; fenómeno imparable y nuevo espacio de difusión de un cine que ha dejado de ser minoritario. Existe otra cara, desconocida incluso dentro de sus fronteras, del cine en Kenia; la de aquellos jóvenes que se adueñan de cámaras para contar sus historias en los barrios de chabolas. Sin apoyo gubernamental nacional, menospreciados por los fondos privados europeos lanzados a la coproducción y con un objetivo que supera lo puramente comercial, los grupos audiovisuales Hot Sun Foundation y Slum-TV llevan trabajando desde hace años en Kibera y Mathare respectivamente (dos de los slums más grandes de Nairobi) para proveer de equipo, espacios de trabajo y asistencia personal a un grupo de chicos y chicas ansiosos de comunicar inquietudes y vicencias propias. Ambas organizaciones usan el medio audiovisual con el objetivo de que los jóvenes recuperen las riendas de su propio destino a través de actos de representación y narración. Reconquistando el acto creativo, se oponen a esos relatos y discursos exógenos que simplifican sus realidades y/o las soterran.

Kibera, uno de los slums más grande de África.

Kibera, uno de los slums más grande de África.

Fundada en 2007, Hot Sun Foundation mantiene en Kibera una escuela de cine, una televisión online y una productora autónoma. Desde la apertura de la escuela, 60 hombres y mujeres han finalizado con éxito los 5 meses de formación intensiva para convertirse en guionistas, directores, actores, y demás profesiones del mundo audiovisual. De éstos, el 60% trabajan en la industria del cine local o internacional. Desde 2006 en Mathare, Slum-TV quiere “proveer a la comunidad de los medios necesarios para documentar y representar lo que sucede en su barrio, en primer lugar para la audiencia local aunque también para el público internacional”. Según se recoge en su página Web, Slum-TV ambiciona que los jóvenes tengan un medio para expresar sin restricciones aquello que les importa, siendo completamente libres en forma y contenido, alzándose por ello en clara oposición a la “estética ONG” habitual en África.

Con este respaldo, hoy en día podemos empezar a hablar de una iconografía y unas historias únicas de los slums con una media de 30 cortometrajes producidos al año por ambos grupos de base, algunos de los cuales han sido proyectados en festivales internacionales. Producciones ignoradas por el que no reside entre sus límites, su mera existencia nos obliga a recurrir, una vez más, a la vieja dicotomía que crea abismos infranqueables entre ese cine comercial de narrativas reconocibles y universales, de fácil digestión y consumo, y aquel realizado como medio de expresión individual, como acto comunicativo extremo que no intenta ser rentable y que nunca llega a las salas de cine. Cuando, en Kenia, más del 60% de la población, en un movimiento de urbanización imparable, vive en este tipo de asentamientos informales, el que sus habitantes tengan los medios materiales para (re)presentarse es primordial para el desarrollo y la transformación social.

Como agregado cultural de España en Kenia en 2011, Federico Olivieri se encontró con el empuje de estos jóvenes y el trabajo de las dos organizaciones apuntadas. Parte de sus tareas de agencia y promoción cultural, empezó a forjar la idea de montar un festival de cine africano en los slums. Periodista y especialista en cines africanos, abalado por una larga trayectoria en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT) a pesar de su juventud, Olivieri vió la necesidad y la oportunidad de trabajar con las comunidades de Kibera y Mathare a través del cine, aprendiendo y trabajando codo con codo con Hot Sun Foundation y Slum-TV.  The Slum Film Festival (SFF) nacía en agosto de 2011, gracias a los fondos de la AECID y al entusiasmo y saber hacer de un reducido equipo internacional y de las organizaciones locales de base. La idea era la de crear “un evento específico de cine de y para estos asentamientos informales” y los objetivos iniciales del proyecto fueron, en palabras del propio Federico: “difundir y promover las producciones culturales indígenas desde dentro y, además, reconocer e identificarse públicamente con los talentos jóvenes e inminentes de estos guetos”.

Festival de cine digital en Nairobi. Del 2 al 9 de septiembre 2013.

Festival de cine digital en Nairobi. Del 2 al 9 de septiembre 2013.

En un primer momento, Olivieri repetiría las experiencias de aquellos festivales de cine dedicados a proyectar películas locales en espacios donde no existen infraestructuras estables tales como cines o teatros. En poco tiempo, el reducido equipo de jóvenes entregados que organizan el festival, se daría cuenta de que no era suficiente el impacto que en la comunidad producía la proyección de películas africanas aclamadas internacionalmente y, tras charlar con miembros de Hot Sun Foundation y Slum-TV, el proyecto tomó otro cariz, mucho más apropiado para que los habitantes de los slums pudiesen identificarse con las imágenes e historias ante ellos y sacar inspiración de las mismas. Se pasó así de la idea primigenia de una semana de proyecciones de películas clásicas africanas a volcarse en la creación de un encuentro anual en el que el medio audiovisual funcionase como herramienta de cohesión social, expresión artística y diálogo en los barrios más pobres. Tras tres ediciones, no es de extrañar que los cortometrajes realizados por los autóctonos del lugar sean los que reúnan a un público mayor y tengan mejor acogida.

En la primera edición celebrada del 8 a 21 de agosto de 2011 en Kamakunji y Mabatini, los mayores espacios al aire libre de Kibera y Mathare, se proyectaron 50 películas conectadas con la realidad de los slums, además de actividades paralelas tales como talleres, conciertos, exposiciones y open mic. Cada noche, ante las pantallas hinchables desplegables se congregaban niños, mayores y muchos jóvenes para ver unas películas, el 90% de las cuales estaban relacionadas con el trabajo de los estudiantes de la escuela de cine de Kibera, los proyectos colaborativos de Slum-TV u otras producciones audiovisuales realizadas gracias a los fondos de organizaciones sin ánimo de lucro, culturales o de ayuda humanitaria operativas en Kibera y Mathare. Aproximadamente unas 3.000 personas asistieron a estos eventos en cada uno de los slums.

[message_box type=”note” icon=”yes” close=”Close”]El SFF es un encuentro anual en el que el medio audiovisual funciona como herramienta de cohesión social, expresión artística y diálogo en los barrios más pobres[/message_box]

En su segunda edición, se amplió el programa incluyendo filmes de otros países del África oriental como Uganda, Ruanda, Tanzania y Burundi. Además, el evento se organizó por categorías competitivas y no competitivas, con premios para los más valorados. De la meta inicial de emplear SFF para “fortalecer y contribuir a las nuevas identidades en Nairobi, particularmente la de los residentes en aumento de las slums” se saltaba a una dimensión regional.

A fecha de hoy, julio de 2013, la tercera edición de SFF está en sus últimos estadios de organización, y su existencia garantizada. Los recortes han llegado también a la cooperación y al desarrollo, reduciendo los fondos asignados por la AECID a este festival. A una base operacional mínima en términos económicos se une la propuesta del micromecenazgo (crowdfunding), mecanismo idóneo para mantener el evento con la calidad de años anteriores, especialmente en un momento de transición del SFF a convertirse en organización independiente cuyo objetivo principal es asociarse con pequeños grupos audiovisuales con fuerte presencia en asentamientos informales de toda África. Esta expansión pan-africana es la primera etapa de una aspiración global. Frente a los criterios genéricos, nacionales o temáticos de otros festivales, la premisa del SFF es la de aglutinar a todos aquellos creadores audiovisuales que viven en asentamientos informales a lo largo y ancho del planeta, importando únicamente el elemento común de la pertenencia a un espacio relegado al olvido por la industria cinematográfica liderada por las corporaciones megalómanas. Para ello, SFF ha firmado un acuerdo de colaboración con el FCAT y buscan nuevas asociaciones con festivales y organizaciones africanas e internacionales. De este modo garantizarán su existencia y hallarán apoyos para su ampliación.

[message_box type=”note” icon=”yes” close=”Close”]Federico Olivieri: “SFF no pretende legitimar la existencia de estos asentamientos humanos informales, sino atraer mayor atención pública y cambiar las perspectivas que tenemos hacia estos espacios y sus habitantes.”[/message_box]

De la conferencia de prensa inaugural de la primera edición del SFF en Nairobi, (agosto de 2011), cabe recuperar el siguiente pasaje pronunciado por Federico Olivieri: “SFF no pretende legitimar la existencia de estos asentamientos humanos informales, sino atraer mayor atención pública y cambiar las perspectivas que tenemos hacia estos espacios y sus habitantes.” A través del cine y gracias a la tecnología digital, asentamientos informales de todo el planeta empiezan a dar a conocer sus historias, sus preocupaciones, su manera de entender y reflexionar sobre sus existencias.

Que se convierta en un fenómeno global colaborativo y participativo, en un Slum Film Festival que se desplace a Mozambique, Brasil, Indonesia o cualquier otro rincón del globo donde los asentamientos informales siguen en ascenso, es tarea en la que muchos están llamados a participar. Una parte fundamental de la población del planeta tendrá un espacio en el que hacer ver sus imágenes y hacer oír su voz y podrá, gracias a las facilidades técnicas y económicas del digital y al esfuerzo e ilusión de tantos, expresarse y encontrarse libremente.

Para colaborar con este proyecto, puedes acceder a la campaña de Indiegogo en el siguiente enlace: http://www.indiegogo.com/projects/slum-film-festival-the-2013-edition

Una de las películas que se pudieron ver en la II edición del SFF: One goal, one hope (2010), de Jeff Mohammed. El corto documental grabado en el slum de Matahare, narra la vida de James Ochieng, un hombre que a pesar de padecer la enfermedad de la polio, continúa cada día haciendo realidad su sueño: jugar al fútbol.

El Slum Film Festival: cine para las ciudades invisibles

Logo SFF

Autor: Federico Olivieri

La globalización ha generado el aumento de centros urbanos en los que podemos encontrar las dos caras de un sistema cada vez más occidentalizado y dividido por agudas diferencias económicas. En cada región del mundo encontramos áreas urbanas cuyo crecimiento poblacional es exponencial al de su desarrollo económico, explicable naturalmente por las migraciones masivas de colectivos trabajadores que buscan mejorar sus condiciones de vida en los centros productivos o hubs del mundo interconectado de hoy: las ciudades. Son muchos los ejemplos de esta realidad, pero nombres como Nueva York, Bombay, Londres, Shanghái, Tokyo, Sao Paulo, Johannesburgo o Nairobi son de los que ofrecen una ilustración rápida y clara de lo que ha sido este proceso tanto ayer como hoy.

En el denominado “sur global”, sin embargo, esta tendencia toma una nueva dimensión, ya que a la feroz urbanización formal se añade el crecimiento de lo que los tecnicismos definen como “asentamientos informales” o lo que son, realmente, suburbios y barrios chabolistas sin precedentes. En este sentido, no sólo en las formas (de vivir) se perciben las diferencias que, para unos y otros, conlleva el hecho de residir en una ciudad en expansión, sino que incluso en lo conceptual el significado de ser un habitante de esa ciudad X en vías de desarrollo implica una carga de connotaciones opuestas. Unos, por ejemplo, pueden decir residir en áreas residenciales de Lagos, la ciudad que todos pueden imaginar en África por ser una de las capitales del cine made in Nigeria o Nollywood, mientras que otros, por el contrario, viven invisibles en algunos de sus muchos suburbios o slums como Makoko.

 

Al igual que en otras muchas ciudades africanas, en la capital de Kenia, Nairobi, encontramos esta realidad con todas sus complejidades. Al lado de las áreas y distritos que hacen de esta ciudad cosmopolita el centro financiero e institucional más importante de todo el África del este, siguen creciendo numerosos barrios de chabolas en los que viven, según estimaciones diferentes y a veces contradictorias, no menos de un millón de personas en su totalidad. Además de asentamientos como Kangware, Korogocho o Mitumba, Kibera y Mathare son los nombres de los slums más poblados y conocidos de esta ciudad que, desde su creación durante la colonización británica, no ha parado de aumentar. Sus habitantes viven hoy en chabolas de chapa o edificios improvisados de pocos metros cuadrados, construidos de forma espontánea creando calles tortuosas de tierra rojiza y llenas de residuos que se acumulan a sus márgenes. Cientos de personas entran y salen a diario de estos barrios para ir a trabajar en aquellas otras áreas de “asentamientos formales” de la ciudad, movidos por el deseo humano de mejorar sus condiciones de vida y mudarse a otras áreas más agradables de la capital.

En este contexto de complejas diferencias, la mayoría de los habitantes de estos slums son jóvenes, entre los que abunda naturalmente la creatividad y la originalidad para cambiar el mañana. Entre carpinteros, nuevos emprendedores, jardineros o cocineros, en estos suburbios se concentran también cada vez más artistas y cineastas que, gracias a las tecnologías digitales y el apoyo formativo de organizaciones como Hotsun Foundation o SlumTV, se están dedicando a la creación audiovisual como forma de construir un futuro diferente.

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Y es así cómo, en agosto de 2011, nació el Slum Film Festival (SFF), una iniciativa que, desde los propios suburbios, busca crear una plataforma cultural para dar espacio, visibilidad y voz a las creaciones de estos jóvenes realizadores de los slums de Nairobi y, con el tiempo, de otras regiones del mundo. Se trata de un certamen cinematográfico único que, sin querer legitimar la existencia de estos suburbios, busca promover otra forma de mirar e interactuar con estos espacios urbanos desfavorecidos, para así no sólo poder conocer mejor sus verdaderas historias y necesidades, sino para poder también valorar el potencial que sus jóvenes creadores quieren ofrecer al mundo.

Después de dos ediciones cargadas de ilusión y éxitos, entre los próximos días del 2 al 9 de septiembre de 2013, el SFF celebrará su tercera cita en la que volverá a ofrecer una semana entera de proyecciones gratuitas, al aire libre, de filmes hechos por los jóvenes de los slums sobre sus historias en estos suburbios. Con una serie de actuaciones paralelas y espacios formativos (talleres de escritura de guiones, diseño y edición audiovisual, etc.), el festival estará dedicado esta año a “los slums africanos” con una programación fílmica abierta a las creaciones de barrios similares de otras ciudades del continente. De este modo, además de ofrecer entretenimiento y nuevos espacios de auto-representación para sus habitantes, el SFF buscará consolidar ese puente que, a través del cine, pueda dar voz a esos muchos otros artistas demasiadas veces aislados en ese otro lado invisible de las ciudades globales de hoy.

Únete al Slum Film Festival:

A fin de obtener los fondos necesarios para desarrollar la tercera edición del Slum Film Festival, sus organizadores han creado una campaña de recogida de fondos online que estará abierta hasta el próximo 21 de julio de 2013. Toda contribución será de gran ayuda para que este evento cultural pueda seguir creciendo. Apóyales.

Si tienes curiosidad, estos son algunos de los títulos programados en los Slum Film Festival 2011 y 2012: 

One Goal, One Hope. (2010) de Jeff Mohammed (Kenia, 13’).

Poa Rowe [River Talk] (2011) de Jeff Mohammed (Kenia, 7’).

Silent Battle (2010) de Josphat Keya (Kenia, 13’27’’).

Bio gas, climate change, trash (2012) de T-S-1 (Kenia, 3’3’’).

Computer (2012) de Peggy Mbiyu (Uganda, 10’47’’).

 

Redefinir los suburbios de Kenia a través del cine digital

Grupo de estudiantes de la Escuela de Cine de Kibera

Grupo de estudiantes de Kibera Film School, la Escuela de Cine en el barrio marginal de Kibera en Nairobi, Kenia.

 

La reapropiación de un sustantivo es cargar de valentía la disciplina historiográfica, es quedarse huérfano de voz y aceptar una nueva concepción de uno mismo. La palabra slum (del inglés, barrio marginal o pobre) marca las lindes de un vocabulario tatuado a fuego que se instauró durante el periodo colonial en el África británica y que perdura todavía hoy. Sin embargo, la resistencia y perseverancia de distintas organizaciones en la capital de Kenia, como la Hot Sun Foundation, Slum-TV o The Invisible Cities, siguen formando a decenas de jóvenes en los slums de Kibera, Mathare y Korogocho proporcionándoles la oportunidad de desarrollar su potencial y, a través de sus imágenes, desafiar la mirada descafeinada y aceptada de cómo es la vida en estos barrios pobres; es decir, contar la historia a contrapelo, como inisistía Walter Benjamin.

A pesar del panorama gris que acostumbramos percibir de estos barrios, “el cine africano nunca morirá, eso es seguro”, como ha puntualizado en ocasiones el director de cine mauritano Abderrahmane Sissako. Prueba de ello es que en Nairobi, el crecimiento del cine digital, como en otros tantos países africanos, está originando una nueva ola de iniciativas culturales enfocadas a promover las creaciones artísticas en zonas marginadas -léase abandonadas-. El acontecimiento de colocar cámaras de vídeo al servicio de los vecinos de estos slums ayuda a construir un nuevo sentido de identidad y a desmitificar la imagen encorsetada por parte de los medios de comunicación y del propio Gobierno. En definitiva, reinventar. Reimaginar.

Clase de edición de cortometrajes.

Clase de edición de cortometrajes.

Uno de estos slums es Kibera, que alberga casi a un millón de personas que forman parte de uno de las mayores suburbios de África y uno de los más grandes del mundo. Allí se encuentra la Kibera Film School (Escuela de Cine de Kibera) fundada por el estadounidense Nathan Collett, un cineasta inquieto que llegó a Nairobi en el 2006 para investigar sobre la narración africana. De esta experiencia y en colaboración con la población local, hizo un cortometraje titulado Kid Kibera (Chico de Kibera) el cual fue reconocido por varios premios internacionales. Posteriormente Collett puso en marcha junto a su hermana Pamela una organización no lucrativa, la Hot Sun Foundation, que iniciaría este proyecto en el 2009. El objetivo era meridianamente claro: proporcionar a las personas locales la oportunidad de contar sus historias a través del cine y adquirir las habilidades necesarias para trabajar en las industrias locales de cine y televisión. Contra todo pronóstico, este sábado 2 de febrero, la cantera de cineastas de Kibera celebrará la fiesta de graduación de la que será su cuarta promoción de alumnos.

Como reflejo del auge de esta producción digital, surgió en 2011 un festival dedicado a las imágenes producidas en estas zonas marginadas de la capital, el Slum Film Festival (SFF), una idea original de Federico Olivieri [2], quien hasta hace poco ocupaba el cargo de agregado cultural en la Embajada de España en Kenia. El agosto pasado se cumplía la segunda edición de este festival en el que las plataformas Hot Sun Films y TV-Slum se unían para reforzar la iniciativa. Durante una semana, las áreas de Kibera y Mathare se convirtieron en grandes cines al aire libre en los que más de una treintena de cortometrajes, procedentes de los asentamientos de chabolas de Nairobi, así como de Uganda y Tanzania, fueron proyectados para el beneficio de estas comunidades. El cine digital se abre camino con fuerza y con nuevas narrativas adaptadas a los contextos sociales; en este caso a los slums.

Sesenta años después de la emancipación de Kenia de la metrópolis británica, queda lejos el impulso tímido, pero confiado, que el Estado brindó a la industria cinematográfica organizando, en el seno del Ministerio de Información, la Film Production Unit y, al mismo tiempo, creando la Voice of Kenia que dependía de la radio televisión pública. Estos dos organismos trataron de fortalecer las estructuras heredadas de la colonización pero la falta de interés político y la escasez de financiación acabaron por reducir prácticamente al mínimo el cine keniata hasta la década de los 2000. Directoras como Hawa Essuman [1], que alcanzó el reconocimiento por su película Soul Boy en el Festival Internacional de Cine de Róterdam (2009), o el joven ex asistente de dirección David Tosh Gitonga, con su Nairobi Half Lifeson un claro exponente de la nueva corriente de cineastas jóvenes en Kenia.

 


[1] Esta cineasta keniana, nacida en Ghana, recibía, el octubre pasado, en el marco del Festival de Cine Africano de Córdoba un fondo de 25.000 euros por su proyecto Djin (El viento del destino). Hawa fue premiada también en el 2012, en el Festival Internacional de Cine de Durban, por su guión Logs of War (Bosques de Guerra), trabajo que fue también seleccionado en el Festival Internacional de Documentales de Ámsterdam.

[2] Sobre el cine digital en Kenia, y en concreto, sobre el festival Slum Film Festival, Federico Olivieri tiene un interesante y recomendadísimo artículo titulado: “Digital cinema and urban identities in Nairobi: the Slum Film Festival“.