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MediaLab Prado al ritmo de la(s) nueva(s) música(s) electrónica(s) africana(s)

El sábado 24 de junio, de 18:00 a 21:00h. en Medialab Prado (Calle de la Alameda, 15, Madrid), Wiriko y los DJs de nuestro proyecto Moto Kiatu -pionero en la difusión de la música electrónica africana en España-, participaremos en el encuentro Beats de ida y vuelta: al ritmo de la(s) nueva(s) música(s) electrónica(s) africana(s), junto al colectivo italiano Crudo Volta.

El evento, que es completamente gratuito, se enmarca en los encuentros AVLAB, en esta ocasión coordinado por Grupal Crew Collective, y será una oportunidad única para debatir sobre aspectos que hasta ahora han sido prácticamente inexistentes en España:

“¿Qué se escucha en los clubs y en las calles de las ciudades africanas?”

“¿Cuál es el contexto social y político de los jóvenes productores de este tipo de música?”

“¿Qué diferencia la apropiación cultural de la “sincera” adopción de una nueva corriente musical?”

“¿cómo evitar caer en los clichés de la exotización al promocionar estas músicas?”

“¿Qué papel tiene la diáspora africana y los colectivos europeos en la difusión y creación de la escena en Europa?”

Moderada por Vanessa Anaya, miembro del equipo redactor de Wiriko y una de las impulsoras de Moto Kiatu, la mesa redonda pretende poder debatir con colectivos que, con base en Europa, compartimos gran fascinación por encontrar y divulgar nuevos ritmos provenientes de distintos puntos del continente africano.

Por supuesto, tras la charla, habrá una sesión de los dos colectivos participantes.

Moto Kiatu, que significa “zapatilla caliente” en suajili, es un proyecto que nace bajo el paraguas de Wiriko para difundir los nuevos sonidos y ritmos procedentes de África y su fusión con los sonidos electrónicos. De reciente creación, hasta el momento ha organizado varios eventos programando a artistas africanos de prestigio como Dotorado Pro (Angola), Batuk (Sudáfrica) y Throes + The Shine (Angola).

Crudo Volta es un colectivo italiano, con base en Roma, dedicado a explorar distintas escenas musicales del planeta, haciendo hincapié en la música urbana de origen africano. Sus proyectos van desde mixtapes a documentales como Woza Taxi (2016) centrado en la escena GQOM surgida de Durban (Sudafrica). Brother Michele (Michè Calandra), uno de los principales impulsores de esta plataforma vendrá a compartir sus impresiones, experiencias y su música favorita.

Más información en el evento de Facebook

AfriDocs: el poder de la televisión por satélite

AfriDocs-logo

Cada semana. No falla. Es una apuesta realmente arriesgada teniendo en cuenta las dinámicas televisivas de los últimos tiempos. AfriDocs está manteniendo su objetivo firme de emitir todos los lunes y jueves por la noche documentales internacionales africanos y otros que han sido seleccionados, con el continente como telón de fondo, en 49 países de África.

Con el poder de la televisión por satélite para llegar a nuevas audiencias, “exponer los mejores trabajos de cine documental africano y que la gente de todo el continente pueda debatir sobre ellos es toda una satisfacción”, comentan los sudafricanos de Steps premiados por su producción documental, en colaboración con Bertha Foundation. El público está respondiendo a la oportunidad de ver historias reales de africanos en los canales DStv y GOtv que no sólo se ocupan de muchos de los desafíos a los que se enfrenta el continente, “sino también de historias que muestran la heterogeneidad del continente, sus muchas culturas y lenguas”, subrayan desde la iniciativa Afridocs.

Como afirma el productor ejecutivo de Steps en Ciudad del Cabo, Don Edkins: “Se han rodado muchas películas documentales en y sobre África, pero muy pocas han sido vistas por un público africano. Esto anuncia una nueva era de la distribución para el continente”.

En este mes de junio AfriDocs apuesta por la música del continente y su diáspora. Prueba de ello es la emisión de Fonko, una serie documental que destaca la nueva música de Nigeria, África francófona y África del Sur. Otros títulos musicales de este mes incluyen Trances, una de las primeras películas restauradas por la World Cinema Foundation de Martin Scorsese, que cuenta la historia de las bandas más famosas de Marruecos.

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Fonko

La verdadera revolución de la música está ocurriendo en África. Narrada por la voz inconfundible de la cantante Neneh Cherry y reuniendo a los más influyentes músicos, DJs y blogueros de Angola, Senegal, Nigeria, Ghana y otros países de África en el corazón de sus ciudades natales, Fonko recorre en sus seis episodios las claves del importante cambio social y político que está presenciando África en los últimos años a través de su música.

Mientras el sur de Europa se desmorona, Angola es el país, a nivel mundial, que más está creciendo económicamente. En ciudades africanas que presencian un rápido desarrollo, y los músicos que las habitan están creando sonidos que van a definir a toda una generación. Música urbana como el kuduro, kwaito el coupé-décalé o el azonto han surgido como consecuencia de cambios sociales y han conformado una nueva identidad Africana derivada de la conciencia post-colonial.

Dakar (Senegal) es el epicentro del hip hop en el África occidental que junto con el coupé-décalé están barriendo desde hace varios años las pistas de bailes. En Burkina Faso, el nombre y los discursos de Thomas Sankara son utilizados por músicos para protestar contra las injusticias y la corrupción. En Benín, los veteranos de la Orchestre Polyrytmo dan un fondo histórico a la escena musical de hoy… Una pieza audiovisual e histórica maravillosa.

The dream of Shahrazad

El sueño de Sherezade es un largometraje documental que localiza la expresión política egipcia antes, durante y después de la revolución mezclado con tintes de actualidad en Turquía y el Líbano. Todo bajo un marco histórico y cultural más amplio: el de la narración y la música. Más concretamente, se examina el legado de la famosa colección de historias conocidas como Las mil y una noches.

Trances

La película de 1981 sigue el camino de una de las bandas más famosas de Marruecos. Ellos obtienen su música de los últimos mil años de la historia marroquí y africana. Se pueden escuchar las voces suaves de los músicos, que llevan mensajes universales sobre el amor y la unidad salpicada entre muchas escenas maravillosas de sus actuaciones. Trances es la primera película restaurada por World Cinema Foundation de Martin Scorsese.

 

Zimbabue, ¿factoría musical del África Austral? (vol.I)

Portada del disco 'Rising Tide' de la banda Mokoomba.

Portada del disco ‘Rising Tide’ de la banda Mokoomba.

La música tradicional zimbabuense de la mbira llegó a la fama mundial gracias a la electrificación y las letras combatientes que los hervideros independentistas de los 70 y 80 sellaron como ‘música de lucha’ o chimurenga, popularizada e internacionalizada por el encasillado en la fórmula comercial de las “músicas del mundo”, Thomas Mapfumo. Su estilo, que alcanzó fama mundial de la mano de las multinacionales discográficas, ha sido relevado por otros artistas que siguen en plena forma y muy bien situados en el mercado internacional como Oliver Mtukudzi, popularmente conocido como Tuku, o más recientemente por la banda Mokoomba, que se enorgullece de formar parte del sonido emergente de las Cataratas Victoria. La fórmula que mezcla sonidos locales, influencias como el funk, el pop, el reggae o el hip-hop, con lenguas vernáculas e inglés es la más efectiva para alcanzar cuotas de venta dentro del circuito global. A pesar de que el término “músicas del mundo” parece haber caído en la estigmatización, sí se está popularizando la etiqueta de “afro-fusión”, que no variaría mucho la generalización de lo producido en África, pero que tendría una mirada un poco más afro-centrista.

Lo cierto es que, a pesar de que siempre se habla de la dependencia de las antiguas metrópolis en cuanto a la producción musical, la digitalización en términos de grabación o las políticas de apoyo para la creación de industrias culturales locales como las de Zimbabue, nos obligan a invertir la mirada. Mapfumo, Mtukudzi o Mokoomba no son los únicos en exportar sonidos de Zimbabue. De hecho, los sonidos locales, que prácticamente monopolizan las ondas radiofónicas del país, están muy presentes en festivales, galas televisivas o emisoras de radio sudafricanas y la exportación de sus productos de más calidad, han provocado que Zimbabue se convierta en una auténtica factoría de discos no solo para sus propios músicos, sino también para los artistas de Mozambique, Botsuana o Zambia, que se trasladan a los estudios de grabación de Harare o que editan bajo sellos zimbabuenses. La formación de agentes musicales[1] ha sido crucial para convertirse en un punto caliente del mercado sonoro. Así, el Ministerio de Educación, Deporte, Arte y Cultura de Zimbabue dirige sus esfuerzos a invertir en ayudas, avanzar en políticas de protección de los derechos de autor o marcando estrategias contra la piratería (que representa, así como el sector informal, un 80% del mercado global).

El Sungura se ha convertido de esta forma en uno de los estilos más populares del África Austral, y con él, artistas como Alick Macheso o Somandla Ndebele se alzan como auténticos fenómenos de masas. En Zimbabue, lo ‘Indie’ –rótulo bajo el que se conocen el pop, el rock, el punk, el disco o el reggae proveniente de Sudáfrica o los países occidentales-  suena con mucha menos asiduidad que los estilos locales, que se popularizan en clubes y emisoras de radio. Lo mismo sucede con otros estilos como el mbira, en el que se enmarcan artistas como Chiwoniso Maraire; el góspel, con cantantes como Shingisai Suluma; o el Groove urbano de músicos como Roki, que hibridan el Kwaito y el Soukous o rumba congoleña, con el ‘Indie’ y el Sungura.

La creación de los Zimbabwe Urban Music Awards es solo un ejemplo más de la diversidad y riqueza sonora que produce un país que no suele destacar por datos positivos como éste en la prensa internacional. En este rico panorama musical, y sin entrar en debates sobre la represión política y social ejercida por Robert Mugabe -presidente del país des de hace más de tres décadas-, los especialistas ven muchos hándicaps aún por resolver, pero lo cierto es que las cada vez más tenidas en cuenta economías creativas se posicionan en el caso zimbabuense como un hito esperanzador y que merece ser tenido en cuenta.

zimbabwe urban music awards


[1] Las políticas educativas del gobierno han elevado las tasas de alfabetización de Zimbabue a las más altas de África, en un 90% de la población.

Black to the Future (III): Futurismo(s) Afrosónico(s)

El imaginario musical de África y de sus diásporas ha sido siempre un espectro cristalino de las dinámicas que se han dado en sus sociedades. Quizás por ello, el campo donde encontramos algunos de los ejemplos más originales de la ontología afrofuturista sea el de la música. Como su léxico indica, el afrofuturismo (término acuñado por primera vez en 1995 por Mark Dery en un artículo llamado Black to the Future) está proyectado en una ciencia ficción que relata algo más que la reivindicación de una modernidad propiamente negra, como reivindicaron movimientos como el Black Power o el Panafricanismo. Se trata de un fenómeno absolutamente post-moderno, profundamente post-humanista e inevitablemente post-cosmopolita. Una teoría que denuncia y (re)construye los ideales más arraigados del mundo occidental,  que sepulta el humanismo universalista y proyecta hacia el espacio sideral las sociedades africanas en la diáspora (una diáspora espacial). El afrofuturismo es una sátira de la exclusión histórica y tecnológica que han sufrido las sociedades africanas y afrodescendientes. Surge de la dislocación de los negros a partir de la trata esclavista y sitúa en ese instante la semilla originaria para lo que Nietzsche llamó “los primeros modernos”, o incluso dando un paso más allá, lo que se convertirá en una especie de superhombre fuera de lugar, de su “planeta negro”[1], como un extraterrestre de Júpiter o Saturno en la Tierra.

Las mitologías apocalípticas que perduran en la ciencia ficción africana reinterpretadas como aquél mito fundacional del negro arrojado a las Américas, han inducido al boom tecnocientífico y la obsesión explorativa del espacio exterior a situar la historia africana en el epicentro de un futuro que no es más que “una distorsión del presente”[2]. Esto nos lleva a reconocer en las narraciones afrofuturistas una concepción del tiempo circular y, a su vez, a pensar en el tan reivindicado holismo africano, donde la hipérbole del pasado se proyecta cibernéticamente desafiando la idea del progreso. La mal-hiriente negación de la historia y la ciencia africanas es refutada por la mística y la cosmología Dogon[3] que cambia los polos hacia el afrocentrismo relevando la imagen del “pobre africano” por ése negro rítmico que busca identificar su alma en la música (coincidiendo con la Era del Soul) y acaba por convertirse en un ciborg enfundado en trajes hegemónicamente occidentales que evocan a “afronautas” en busca de terceros espacios sónicos, flotando entre samplers, pedales de efectos, sintetizadores, instrumentos electrificados y narcosis astral.

“Y es así”, dirán los libros de historia del siglo XXV “como la era digital engendró el futurismo afrosónico”. Y para ello, será imprescindible que los estudiantes del futuro tengan algunos ejemplos a los que referirse:

Space is the Place (LP)

Sun Ra (nacido Herman Poole Blount) fue el pionero del afrofuturismo, afirmando venir de Saturno. Si bien como compositor era un auténtico alienígena, su música llegó a transformar la vida de los humanos en la tierra. Blues progresivo, Free Jazz y Groove africano mezclados con violines electrónicos que hablan sobre la salvación interplanetaria o evocando una épica judeo-egipcia podrían ser una descripción de lo que emana su extravagante música. Ra elaboró una cosmología propia que sirvió de inspiración para otros muchos iluminados como el productor jamaicano y arquitecto del dub Lee “Scratch” Perry (quien dijo que “Si el Reggae es África en el nuevo mundo, el Dub es África en la luna”), siendo muchas veces tomados por locos o incluso ridiculizados. Pero las letras de Ra contenían auténticos mensajes revolucionarios, y su música fue un icono en los círculos de lucha por los derechos civiles de los afroamericanos durante los 50 y 60. Por lo referente al componente africano, el reiterado recurso a las percusiones es uno de los principales elementos de su receta “mítico-científica” a caballo entre pasado y futuro, o entre el viejo continente y el espacio exterior. Aunque su fascinación por Egipto y por el rey Sol (de quien toma el nombre) es lo más reconocible de su iconografía y lo que mejor entronca con el afrocentrismo que caracteriza el movimiento afrofuturista. Para entender un poco mejor sus discos (más de 200) y su personaje, os recomendamos los documentales Space Is The Place (1974) y A Joyful Noise de 1980, ambos completos.

lEl Doctor Funkestein (George Clinton) y su banda Parliament-Funkadelic representan el siguiente eslabón del futurismo afrosónico. Mezclando los secretos de las pirámides y los astronautas para refutar la negación de una historia propiamente africana; critican la racionalidad liberal, la democracia occidental y la supremacía blanca. Es en el disco Mothership Connection, que Parliament introduce el concepto afrofuturístico del ‘P-Funk’. Mientras el Funk se impone como la música para la afirmación del “alma negra”, el P-Funk futuriza esa misma alma, la tecnifica a partir de voces robotizadas con efecto vocoder, introduce teclados con sintetizadores y clonaciones eléctricas, y da paso de esta forma a la Era del Disco. La tecno-cultura más refinada se apodera así de las ondas sonoras con la promesa de un futuro mejor para las clases oprimidas y con ellas, el Hip Hop invade las calles y cualquier atisbo de nave espacial presta a surcar el espacio.

kool_keith_black_elvisAsí, el excéntrico rapero Kool Keith se hizo con las nuevas tendencias de los sonidos afrofuturistas. Dándo voz a las clases más pobres de las ciudades, desilusionadas por el individualismo postmoderno, el Hip Hop se convirtió en los 80 y 90 en el sucesor del Funk más psicodélico para los más fascinados en la ciencia ficción de cariz afro, pero sobre todo para las masas de jóvenes del mundo perdidas ante una deriva socioeconómica global. Miembro de los Ultramagnetic MCs, Keith realizó en 1997 el disco Doctor Octagon donde proclama su retorno a la Tierra des del futuro del año 3000. En 1999, desafía con su disco Black Elvis algunos de los prejuicios raciales del momento y habla de un rapero nacido en Júpiter que funda una nación marcada por “el poder de un robot voodoo” (un concepto que reúne la tradición afrocaribeña del voodoo y la tecnología robótica).

El Hip Hop recoge las reivindicaciones y actitudes más críticas de la juventud de la periferia (es decir, de los jóvenes no representados por las estructuras de poder), y en África, es (re)absorbido como algo propio y genuino como ya vimos en nuestros artículos sobre los B-boys o las pandillas de Mapantsula. Las temáticas afrofuturistas se convierten en la estética predilecta para artistas como la sudafricana Simphiwe Dana quien a través del arte del videoclip nos muestra sus propias imágenes del afrofuturismo. Una vez más, el afrocentrismo se mezcla con la ciencia ficción y la mitología híbrida. Pero ahora, África se apodera y reinterpreta las narrativas futuristas.

Lo mismo sucede con los kenianos Just A Band quienes, comprendiendo la importancia del audiovisual y las nuevas tecnologías para la industria musical del siglo XXI y convirtiéndose en una de las bandas más rompedoras del panorama internacional por su experimentación afrosónica, se sitúan en el podio del afrofuturismo con reminiscencias estéticas de Egipto y declaraciones de haber ido y vuelto de la luna.

Spoek Mathambo 13 (2012)Y si hay que hablar de post-humanismo, post-modernidad y post-cosmopolitismo en África, habrá que hablar de post-apartheid. Y en ese caso será ineludible el nombre del que hoy es considerado como el más puntero afrofuturista del planeta negro contemporáneo: Spoek Mathambo. El que es apodado como el rey del township mezcla el hip-hop, el dubstep y el house globalizando el Kwaito, que traslada algunas lenguas africanas a las más concurridas pistas de baile de Europa o Estados Unidos, cual idioma alienígena invadiendo la Tierra.

No les falta competencia a los hasta hora mentados, pues los Afro Galactic Dream Factory vienen pegando fuerte con su sinfonía afro-techno audiovisual que nos evoca al espacio exterior. ¿Qué decir sobre ellos más que el futurismo afrosónico es su máxima? Y viendo lo visto,  ¿a alguien le extraña a estas alturas que la Isla de Goré, en frente de la dakarense capital senegalesa, acoja mañana el Festival de música y astronomía ASMAAN (que en wolof significa ‘espacio exterior’)? Se trata de un punto de encuentro para la contemplación del cosmos y una muestra de la tradición estética musical y audiovisual centrada en la naturaleza humana o que le otorga un lugar dentro del universo. Solo una muestra más de que la ciencia ficción y la música están íntimamente relacionadas en el universo africano, y de que “el planeta negro” tiene mucho que decir todavía en este campo.

 

 

Recomendaciones de interés: 

Graham Lock. Blutopia: Visions of the Future and Revisions of the Past in the Work of Sun Ra, Duke Ellington, and Anthony Braxton. 1999.

Eshun Kodwo. Further Considerations on Afrofuturism en The New Centennial Review, Volume 3, Number 2, Summer 2003, pp.287-302.

J. Griffith Rollefson. The “Robot Voodoo Power” thesis: Afrofuturism and anti-anti-essentialism from Sun Ra to Kool Keith” en Black Music Research Journal Vol. 28, No. 1, Spring 2008. University of Illinois.

Hip Hop y Afrofuturismo: La siembra del campo de la Conciencia

This Is Africa

 


[1] Ferran Iniesta. El planeta negro. Aproximación histórica a las culturas africanas. 1998.

[2] Samuel R. Delany, Last Angel of History, 1995.

[3] Recogida por primera vez en la etnografía de Marcel Griaule.

‘Mapantsula Style’, pies a ritmo de Kwaito

Un Mapantsula de la crew 'Real Actions' de Johannesburgo bailando Pantsula. Fuente: Chris Saunders.

Un Mapantsula de la crew ‘Real Action” de Johannesburgo bailando Pantsula. Fuente: Chris Saunders.

El Atlántico ha sido escenario de intercambios y préstamos culturales de todo tipo durante siglos. La circulación de tendencias y estilos de vida de lo que se ha venido a llamar el Atlántico Negro ha trazado nuevas rutas entre ciudades como Nueva York, Kingston, Londres, La Habana, Lagos, Johannesburgo, Dakar o Kinshasa, esbozando nuevas identidades urbanas a un lado y otro del océano. Éste es el caso de una de las culturas urbanas más populares del África austral contemporánea. El Pantsula, que se podría definir grosso modo como un moderno híbrido cultural cercano al hip-hop y al dancehall reapropiado con un lenguaje local, es un estilo de vida que engloba un tipo de baile, una actitud y una estética concretas. Amparado por un género musical (el Kwaito) que nace en el seno de los Townships o guetos sudafricanos, se ha instalado poco a poco en el imaginario global de la sociedad urbana y en la arena comercial del sur del continente africano.

Cartel de la película Mapantsula (1987), de Oliver Schmitz, que retrata la vida de los gánsteres de los townships en los últimos años de Apartheid.

Cartel de la película Mapantsula (1987), de Oliver Schmitz, que retrata la vida de los gánsteres de los townships en los últimos años de Apartheid.

El término zulú ‘pantsula’, sinónimo de ‘tsotsi’, ha acogido la imagen globalizada del gánster. Así, ‘mapantsula’, su plural, define las pandillas o crews que comparten esta cultura y se identifican con una tribu urbana que empezó a gestarse ya en la temprana década de los 50 en Johannesburgo, sobre todo en los barrios de Soweto y Sophiatown. El estilo de los Mapantsula nació en la calle entre los jóvenes de clase trabajadora, que hallaron códigos modernos para expresar su malestar, sus frustraciones o sus sueños durante el Apartheid, y que adoptaron una forma “indigenizada” del rap y el hip-hop afroamericanos que hoy es la banda sonora del gueto: el Kwaito.

El Kwaito forma parte del mainstream musical de Sudáfrica y de la vida de los jóvenes en los townships desde la década de los 90. El término ‘kwaito’ es una expresión del tsotsitaal (la jerga de los gánsteres) que significa ‘feroz’ o ‘malgeniado’, pero que en Afrikaans (la lengua franca de Sudáfrica) también hace referencia a lo sexy, lo atractivo y lo guay. El Kwaito y el Pantsula están tan relacionados y forman parte de un universo tan endogámico que a menudo se convierten en sinónimos. Como género musical, se trata de un auténtico cóctel: los ritmos más pausados del house mezclados con hip-hop, reggae y otros estilos locales, generando una versión Pop africanizada de Groove electrónico. Surgió en un período de celebración de libertad, del fin del Apartheid y la transformación política que dio paso a la democracia, pero también aparece marcado por la violencia, la inseguridad, una necesidad desenfrenada de consumismo o la desesperanza juvenil de los guetos.

Durban Revolution Pantsula Group. Fuente: Artslink.co.za

Durban Revolution Pantsula Group. Fuente: Artslink.co.za

Ya en el siglo XXI, la música del gueto tiene un peso muy importante dentro del circuito sudafricano comercial y las provocaciones e irreverencias que antes habían sido duramente censuradas ocupan las principales emisoras de radio, programas de TV, webs, revistas especializadas, etc. La identidad mestiza y la lucha contra el racismo se erigen como uno de los temas preferidos en las letras de las canciones Kwaito, pero la hipermasculinidad y la misoginia exagerada se imponen del mismo modo como un rasgo característico de la cultura Pantsula, tal como sucede en el Dancehall jamaicano. Bandas como Boom Shaka, M’du, The Dogg, Skeem, Skizo, Mandoza, EES o Bongo Maffin invaden el panorama musical de todo el Sur de África. No tan solo Sudáfrica, sino Namibia, Mozambique, Angola o Botswana han desarrollado un interés creciente hacia esta cultura.

El Pantsula ha salido de los guetos, ha introducido un “Premio al Mejor Kwaito” en los famosos Channel O Music Awards, y ha apadrinado a blancos y negros, a mujeres y hombres, a jóvenes y veteranos como Hugh Masekela -quien se suma a la fiebre del Kwaito en su disco Revival (2005)-, e incluso salido del continente para influenciar a artistas del R&B Occidental de primera línea. La vida de los márgenes, el sonido de los guetos, se ha colocado en el seno de la sociedad capitalista, con todas sus ambigüedades y contradicciones, situando el Xhosa, el Sotho, el Tswana o el Zulú en las pistas de baile de todo el planeta.

Pantsula series de Tyrone Bradley. Fuente: tyronebradley.co.za

Pantsula series de Tyrone Bradley. Fuente: tyronebradley.co.za

En el baile Pantsula encontramos distintas herencias. Por un lado, coreografías autóctonas como las del Gumboot Dance –“zapateo” que surgió entre los mineros sudafricanos a finales del siglo XIX como forma de comunicación y burla hacia los colonizadores- y sus pasos percudidos son influencias claras. En segundo término, se hacen evidentes piruetas que beben del Funk y la música Disco. Y por último, los movimientos del hip-hop pulen uno de los rasgos más característicos del Pantsula: andar como patos, caminando con las nalgas hacia afuera. En el estilo de baile de los Mapantsula el cuerpo adquiere un lenguaje propio, reinterpretando elementos globales y locales. Las pandillas se multiplican a lo largo y ancho del continente, y las competiciones inundan las calles junto al Kwaito. Porque como afirma David Coplan: “En esencia, el Kwaito es una música de baile”.

Una de las crews o grupo de Mapantsulas más importantes del Sur africano son los Real Action Pantsula, originarios de Johannesburgo. Con coreógrafos como Sello Modiga, que han participado en numerosas campañas publicitarias para compañías tan gigantescas como BMW, Real Action se hicieron sumamente famosos cuando Redbull organizó la primera batalla de crews de Pantsula. Desde entonces, numerosos grupos de bailarines han empezado a emerger como bandas de danza profesionales y como proyectos que luchan para positivar esta cultura de forma que los niños y jóvenes de los guetos salgan de las espirales de delincuencia y pobreza en las que a menudo se encuentran. Para los que estén interesados, os recomendamos la película Tsotsi (2005), de Gavin Hood, que retrata muy bien la vida en los suburbios de las capitales sudafricanas y rememora la realidad que Mapantsula (1987) ya retrataba en su día, y que forma parte de la subcultura del Pantsula.

Para ilustrar hasta qué punto el estilo de los Mapantsula se impone como una moda global y reconecta esas rutas del Atlántico Negro, que se empezaron a tejer con la globalización, no podemos dejar de mencionar a la reina del R&B contemporáneo, Beyoncé. Para su videoclip Run the World (Girls), reclutó a la crew mozambicana Tofo Tofo y copió coreografías del Pantsula que se han convertido en uno de las novedades más visuales y atrayentes de los escenarios. El estilo de los Mapantsula, así, se convierte en una de las tendencias coreográficas más preciadas de los videoclips comerciales del momento, y pone de manifiesto, una vez más, la capacidad creativa y la originalidad que sale de las modernas urbes africanas.

Fuentes:

Blom Hansen, T. Melancholia of Freedom: Social Life in an Indian Township in South Africa. 2012. Princeton University Press.

Coplan, D. In Township Tonight! South Africa’s Black city music & theatre. Chicago: 2008

Dolby, N. Rizvi, F. Youth Moves: Identities and Education in Global Perspective. Routledge, 2008.

Magubane, Z. Globalization and Gangster Rap: Hip Hop on the Post-Apartheid City en The Vinyl Ain’t Final:  Hip Hop and the Globalization of Black Popular Culture,editado por Sid Lemelle y Dipa Basu. London: Pluto Press, 2006.

Myburgh, C.V. Pantsula dance: Case studies on the origin and makings of a township art form: the Johannesburg Dance Foundation’s proficiency certificate curse, 4th year (honours). 1993.

Revista The World of Music, Kwaito. Vol. 50 (2) – 2008