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Londres, capital europea de los cines africanos

Hoy arranca la quinta edición del Film Africa, uno de los festivales sobre cines africanos más importante de Europa en el que Wiriko estará como medio oficial para ayudar a difundir las artes y culturas africanas ofreciendo una cobertura especial.

Con más de 60 títulos procedentes de 27 países africanos, el Film Africa presenta este año una abundante cosecha de largometrajes, documentales y cortometrajes de África, su diáspora y estrenos mundiales. Así que desde hoy y hasta el domingo 8 de noviembre, Londres se convertirá en la capital europea de los cines africanos inundando de séptimo arte la ciudad durante 10 días con 10 sedes incluyendo el Hackney Picturehouse, el Ritzy Brixton, el BFI Southbank, el ICA, Cine Lumière, la Biblioteca Británica y la galería sur de Londres.

Se podrán ver desde clásicos africanos a narrativas experimentales audaces, o desde atrevidos guiones con comentarios sociopolíticos a reivindicaciones de los derechos del LGBTI, la guerra civil e historias humanas detrás de la “crisis” de la migración que está viviendo Europa. Pero como el catálogo es muy extenso os hemos preparado un recorrido para que no os perdáis en esta cita imprescindibles con los cines africanos.

El foco en los protagonistas: los directores

Esta tarde, la película encargada de abrir el festival será Run, el primer largometraje del director marfileño Philippe Lacôte. Aclamado por la crítica en Cannes después de participar en la sección Certain Regard y después de ganar el premio del Jurado en el último FESPACO celebrado en Burkina Faso en febrero, Run no dejará indiferente a los espectadores: una obra poética sobre los conflictos históricos de Costa de Marfil (muy pronto os traeremos la crítica de la película). Para la película de clausura, el festival ha programado un estreno en el Reino Unido The Man From Oran, del director Lyes Salem, que documenta la historia política de Argelia tras su independencia de Francia en 1962. Ambos directores hablarán con los espectadores tras la proyección de sus películas.

Una de las riquezas de este festival es la oportunidad de disfrutar de algunos de los directores protagonistas en mesas redondas organizadas no sólo para comprender mejor sus trabajos sino para ayudar también a la audiencia a comprender mejor los contextos políticos y sociales de los países que muestran en sus trabajos. En total, el Film Africa acogerá a 15 cineastas de Ruanda, Angola, Sudáfrica, Burkina Faso, Argelia, Nigeria y la Diáspora que participarán con su presencia en clases magistrales y paneles especializados.

Amor, independencias lusófonas y Etiopía

Extracto de la película Ayanda, de la directora Sara Brecher.

Extracto de la película Ayanda, de la directora Sara Brecher.

El año pasado se cumplían 60 años de la Revolución argelina, 100 desde la unificación de Nigeria, 20 desde el genocidio de Ruanda y 50 desde la independencia de Zambia. Entonces el festival programó una ciclo especial sobre la fuerte intersección de la política y el arte en el cine argelino. Este año, y con motivo de los 40 años de la independencia de las naciones de habla portuguesa de África, se presenta Lusophone Liberty: 40 Years On, una sección que incluye The Blue Eyes of Yonta y My Voice del veterano director de Guinea Bissau Flora Gomes, así como The Hero, de Zeze Gamboa, entre otros títulos.

Otra de las secciones interesantes es From Africa, With Love que se presenta en toda la red de festivales de cines africanos en el Reino Unido: el Film Africa, Africa in Motion (Escocia), Afrika Eye (Bristol), Watch Africa (Gales) y el Cambridge Africa Film Festival. En Wiriko hemos reivindicado varias veces la falta de películas sobre África realizadas por Hollywood que hablen de romances, desengaños o simplemente amor. Así que, en este sentido, las películas programadas prometen una inmersión en algunas historias repletas de pasión, dulzura y lujuria por todo el continente.

Para ilustrar el cambio fresco y poético de la escena cinematográfica en Etiopía, Film Africa 2015 trae tres nuevos largometrajes en New Narratives: Ethiopia in Transition. El debut de Yared Zeleke, Lamb, el primer largometraje etíope que ha competido en Cannes; el debut del etíope-israelí Bazi Gete con Red Leaves, y el estreno londinense de Price of Love, dirigido por Hermon Hailay.

Fotograma de la película etíope Lamb, del director Yared Zeleke. Ha sido la primera película de la historia del país en competir en el festival de Cannes.

Fotograma de la película etíope Lamb, del director Yared Zeleke. Ha sido la primera película de la historia del país en competir en el festival de Cannes.

Otros títulos a destacar en la programación de este año son Things of the Aimless Wanderer (Kivu Ruharahoza), Eye of the Storm (Sékou Traoré), Necktie Youth (Sibs Shongwe-La Mer) y los documentales Mandela, My Dad, And Me (Daniel Vernon) con el actor Idris Elba, Mercy Mercy (Katrine Riis Kjaer) y La Belle At The Movies (Cecilia Zoppelletto). Una de las películas que darán que hablar es Ayanda de la directora sudafricana Sara Blecher. La película narra cómo Ayanda un joven de 21 años de edad e inconformista, interpretada por Fulu Mugovhani, lucha por mantener el taller mecánico de su difunto padre, en un mundo dominado por hombres. Pero ella está eclipsada sólo por el dinámico barrio deYeoville en Johannesburgo, donde se desarrolla la historia. Esta no es la primera vez que una de las películas de Blecher ha asegurado un taquillazo y premios; ya lo hizo con Otelo Burning en el 2011.

Al ritmo africano

La música tomará un papel central de nuevo en Film Africa 2015 con la bellas y sutiles Beats of Antonov de Hajooj Kuka, al que entrevistamos en el marco del festival de Cine Africano de Córdoba, Tango Negro del angolano Dom Pedro y al que también pudimos entrevistar, y I Shot Bi Kidude (Andy Jones), un reflejo de los últimos días de la vida de la zanzibareña Bi Kidude.

África en corto

La programación de cortometrajes de este año destaca por sus 12 cortos de 10 países africanos, que compiten por el V Premio Baobab al Mejor Cortometraje —que cuenta con el apoyo de MOFILM y será fallado por un jurado de expertos de la industria—, además de una muestra de cortos de la Diáspora. Este año, los espectadores del festival expresarán su opinión a través del I Premio del Público otorgado por la Fundación de la Unión Africana al Mejor Largometraje.

Actividades paralelas al Film Africa

Otros eventos programados son The Industry Forum en el BFI, un evento gratuito pensado para formar e informar sobre la industria del cine africano; e lDía Familiar de Film Africa en el Rich Mix y las Proyección en escuelas, en asociación con Picturehouse Education; la VII Conferencia de la Universidad de Westminster, titulada Cine Africano y Cambio Social; y un taller de cuatro días titulado Recreative Film School para cineastas principiantes en la South London Gallery.

Imagen del documental Between rings, de la directora Esther Phiri .

Imagen del documental Between rings, de la directora Esther Phiri.

 

Dios ama Uganda, pero no hace falta que tanto

Cuando el dictador ugandés Idi Amín fue derrocado del poder en 1979, los cristianos evangélicos participaron en los esfuerzos estadounidenses para llevar atención médica y alimentos a millones de familias empobrecidas y desestructuradas en un país que había quedado prácticamente devastado. Esas actividades encajaban con los mandatos del Evangelio para estos cristianos. Pero en algún lugar de la historia, la compasión se convirtió en el anhelo de promover un dogma radical para hacerse con el control de la generación más joven de Uganda: más de la mitad del país de 35 millones de habitantes es menor de 15 años de edad. Y el infierno está lleno de buenas intenciones.

Gran parte de este documental impactante y triste dirigido por Roger Ross Williams, quien ganara un Oscar por su corto documental en 2010 Music by Prudence, se centra en la radiografía de la Casa Internacional de Oración (IHOP). Esta mega iglesia de Kansas City, bien financiada, fue fundada por Lou Engle, un creyente que condena y combate lo que él llama “los males gemelos”: el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo. En el trabajo de Ross Williams, se puede observar a jóvenes misioneros siendo entrenados como guerreros de la oración del siglo XXI: en una mano sostienen una Biblia adulterada y subrayada para predicar y enseñar las buenas nuevas; en la otra, advierten a los ugandeses que deben practicar la abstinencia y evitar la abominación de la homosexualidad.

La derecha cristiana norteamericana ve a este país como un terreno de pruebas para predicar su dogma en todo el mundo. Para avanzar en esa causa el documental nos introduce a Scott Lively, un predicador evangélico estadounidense que acusa a los homosexuales de ser los ingenieros del holocausto nazi y de la destrucción de lo que el llama “la familia tradicional en África”. Lively ha aparecido como una celebridad en varios programas de televisión en Uganda e incluso disertó en el parlamento ugandés sobre los peligros que los gays representan para la nación y para los principios cristianos. Actualmente está acusado de crímenes contra la humanidad y de abusos sexuales a menores.

Otro protagonista importante en la cruzada de odio contra los homosexuales es un predicador de Uganda formado en Estados Unidos, Martin Ssempa, que ha llegado a mostrar películas con contenido sexual explícito en sus sermones dominicales. Ssempa, que aparece ofreciendo un sermón anti-gay en el medio de una Iglesia y ataviado con un proyector en el que muestra imágenes pornográficas, ha sido denunciado por algunos observadores de derechos humanos que alegan que esta nueva religión ha avivado la homofobia y que se ha manifestado en una erupción de violencia callejera contra los homosexuales, incluyendo la muerte en 2011 del defensor de los derechos homosexuales en Uganda, David Kato.

Sin embargo, en un claro intento de ponderar el mensaje, el director Ross Williams presenta a dos clérigos valientes que se han pronunciado en contra de esta cruzada contra los homosexuales. Uno de ellos es el sacerdote anglicano Kapya Kaoma quien explica los esfuerzos de individuos y organizaciones en la derecha cristiana estadounidense por triunfar sobre el laicismo y “crear un renacimiento cristiano mundial”. Este tranquilo y elocuente sacerdote anglicano de Zambia, y quien se encontraba en Uganda, ahora se encuentra refugiado en Boston después de recibir numerosas amenazas de muerte.

Fragmento del documental en el que se aprecia como esta doctrina exógena y conservadora se ha extendido a las calles de Kampala, la capital de Uganda.

Fragmento del documental en el que se aprecia como esta doctrina exógena y conservadora se ha extendido a las calles de Kampala, la capital de Uganda.

El otro personaje pacificador que aparece es el obispo ugandés Christopher Senyonjo, un defensor de los derechos LGBTI durante mucho tiempo. A pesar de que fue excomulgado por el arzobispo de Uganda, Senyonjo continúa su activismo e incluso se ha expuesto públicamente en varias ocasiones como en el funeral de David Kato.

En Uganda, no fue hasta febrero de 2014 cuando el presidente Yoweri Museveni firmó una ley contra los homosexuales en la que también se obligaba a los ciudadanos a reportar cualquier sospecha de actividad homosexual a la policía, lo que provocó un aumento de los niveles de prejuicios, violencia y discriminación contra los LGBTI.

En agosto de 2014, sólo unos meses más tarde, la legislación fue anulada. La ley no fue aprobada al no tener el quórum requerido en el parlamento, es decir, que no hubo suficientes diputados presentes en la votación. La sentencia fue recibida con alegría por los activistas a pesar de que el veredicto se basó en razones técnicas y no en las preocupaciones morales o éticas. Pero la lucha xenófoba continuará…

Imagen en Kansas City donde una feligresa de la iglesia International House of Prayer (IHOP) señala con el dedo Uganda antes de viajar hasta el país.

Imagen tomada en Kansas City donde una feligresa de la iglesia International House of Prayer (IHOP) señala con el dedo el mapa de África antes de viajar hasta Uganda.

Diriye Osman, el dolor que engendra belleza

Diriye Osman, retratado por el fotógrafo Bahareh Hosseini. Fuente: web de Diriye Osman

Diriye Osman, retratado por el fotógrafo Bahareh Hosseini. Fuente: web de Diriye Osman

Represión sexual, exilio, enfermedades mentales… son algunos de los temas que cimentan la literatura de Diriye Osman. Se podría decir que son los ladrillos con los que Osman construye un relato de una belleza turbadora. Los relatos de Osman son inquietantes precisamente por la delicadeza que destilan y la contradictoria sensación de paz y optimismo que generan. Cuando uno lee la biografía de este joven autor somalí y se enfrenta a uno de sus textos se cubre de una coraza defensiva en previsión de la bofetada de una vida desgarrada y atormentada. Y efectivamente a las primeras líneas la armadura salta por los aires, pero no por una violenta bofetada, sino por una delicada caricia. Simplemente, los relatos de Osman desmoronan al lector, por la sencillez, por la sinceridad, por la honestidad. Estamos tan poco acostumbrados a estos rasgos que, sin embargo, consideramos positivos, que cuando nos los encontramos de una manera tan desnuda, sentimos una sensación de vértigo paradógicamente agradable. La lectura de las letras de Osman nos hace sentir que caemos, sí, pero nos generan la certeza de que aterrizaremos sobre una cama de plumas.

Uno de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

Uno de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

La primera obra del escritor somalí Diriye Osman (Mogadiscio, 1983) es un volumen de relatos cortos titulado Fairytales For Lost Children (“Cuentos de hadas para niños perdidos”), publicada en 2013. En Reino Unido recibió el favor de la crítica, pero evidentemente apenas trascendió. Ahora llega de rebote, al recibir el  Polari First Book Prize, que premia una primera obra que relate la experiencia LGTBI. Y es con este descubrimiento, cuando uno entiende el verdadero valor de los premios: dar una nueva oportunidad para descubrir trabajos literarios que pueden hacernos mejores personas.

La vida de Osman está marcada por sucesivos golpes. Por un lado, la experiencia del exilio, del doble exilio. Nació en Mogadiscio y su familia se vio obligada a dejar el país cuando en 1990 la violencia de la guerra civil se hizo insostenible. Se instalaron en Nairobi, en una Kenia que el escritor recuerda como un lugar en el que los somalíes estaban marcados, considerados “ciudadanos de segunda” y acosados por los sobornos a las autoridades para tratar de mantener una “vida normal”. Once años después, se repitió la mudanza, esta vez hacia Londres. Y llegados a Reino Unido la endeble salud mental del escritor terminó de resquebrajarse. Con un trastorno bipolar, Osman ha ingresado en diversas ocasiones en instituciones de salud mental, pero esas experiencias han sido algunas de las que le han abocado a la literatura, primero como un lector compulsivo y después como un escritor en busca de la catarsis. Además, el autor somalí es homosexual y, durante mucho tiempo, como él mismo se confiesa, un “gay reprimido”, lo que ha añadido una carga más a su personalidad. Osman ha demostrado la capacidad para convertir esas cargas, esas tribulaciones en una sensibilidad especial, fuera de lo común.

Otro de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

Otro de los dibujos de Diriye Osman que ilustran el libro. Fuente: Web del autor

La página web de Diriye Osman está jalonada de perlas, pensamientos, fragmentos de cuentos y cuentos inéditos, reflexiones concienzudas sobre el valor del arte, sobre la condición de la homosexualidad, sobre la lucha por fraguar una identidad, sobre su propia enfermedad… En este último sentido, el escritor somalí demuestra su habilidad con las metáforas al explicar cómo le hacía sentirse su trastorno: “El síndrome maníaco depresivo – o el trastorno bipolar – es como una carrera hacia un acantilado antes de zambullirse de cabeza en una cavidad. (…) Te sientes como si hubieses comido estrellas y ahora estuviesen brillando dentro de ti. Cuando aún no has ganado la confianza, en el último momento, llega el énfasis de la estafa, porque te sientes engañado cuando te estrellas inevitablemente en esa cavidad”. Osman ha puesto su trastorno en relación con el arte, en un ensayo titulado How Art Can Save a Life (“Cómo el arte puede salvar la vida”) en el que ofrece visiones como la que se ha citado, basadas radicalmente en su experiencia. “La vida tras las puertas de la escuela planteaba sus propios problemas. Yo era un chico gay, afeminado que constantemente era machacado por los matones por ser femenino y por ser somalí. Me dibujé a mí mismo y desmonté mi cordura y el sentido de la identidad como una muñeca matrioska”, continúa el escritor en el mismo trabajo, vinculando su sexualidad, la experiencia del exilio y las experiencias traumáticas que le han marcado.

En este mismo trabajo, el escritor se refiere a las artes visuales, su otra dimensión creativa diciendo cosas como las siguientes: “La salvación llegó en la forma de arte. Siempre me había gustado la pintura y mis padres estaban orgullosos y me apoyaron apoyo. (…) El acto de la creación me ayudó a exteriorizar mis sueños y deseos sin temer ser denunciadp. Estos personajes hermosos, de ninfa se convirtieron en mediadores para mí, me sacaron de la monotonía dolorosa de mi vida diaria. Cuando pintaba, era poderoso. Nada más importaba”.

Diriye Osman reads from ‘Fairy Tales for Lost Children’ from WordFactory on Vimeo.

Para este escritor su homosexualidad es fundamental en su experiencia. “Cuando publiqué este libro el año pasado, recibí correos electrónicos de hombres y mujeres jóvenes LGBT procedentes de Somalia, Kenia, Nigeria y Uganda, diciéndome lo mucho las historias significan para ellos, y cómo les consolaba saber que yo estaba escribiendo estas historias sin vergüenza ni miedo. La vergüenza y el miedo son las armas más potentes en el arsenal de la homofobia. Si se rechaza la idea de que uno tiene que estar avergonzado de ser gay o lesbiana, se gana la mitad de la batalla. He intentado alentar y motivar a estos jóvenes hombres y mujeres lo mejor que he podido con los correos electrónicos, pero también les diría que deben salir al mundo y formar amistades importantes y redes de apoyo donde pueden ser ellos mismos sin temor al juicio. En momentos en que los jóvenes LGBT en todo el mundo están perdiendo la vida por el estigma homófobo es importante recordarles que ellos son dignos y sus vidas tienen valor”, dice Osman en un texto titulado “Ser joven, gay y africano”.

Teniendo en cuenta todas estas condiciones, no es de extrañar el carácter profundamente turbador que la escritura tiene para este autor: “Como escritor de cuentos, no hay nada más gratificante para mí que la lectura de una pieza de ficción corta magníficamente elaborada. La forma de razón de ser es la brevedad y los mejores cuentistas no pierda ni una palabra. Cada detalle cuenta. Si la novela es una gran mansión con habitaciones cavernosos, el cuento es una casa de muñecas exquisitamente hecha a mano”. Y así son los textos de Osman, “una casa de muñecas exquisitamente hecha a mano”. A Fairytales For Lost Children se le han ofrecido todo tipo de elogios. Uno de los más emotivos es el de la dibujante estadounidense Alison Bechdel que ha dicho del libro que crea un refugio para sus personajes desplazados, “un lugar cálido, que es a la vez real e imaginario, en que se encuentran la liberación política, sexual, y en última instancia psíquica”. Fairytales For Lost Children es, en todo caso, una especie de retablo de personajes que viven a su manera diferentes experiencias de homosexualidad, exilio y búsqueda de indentidad.

En la web de Diriye Osman se puede encontrar uno de los relatos más recientes del autor somalí que sirve de espectacular ejemplo de su narrativa. This is how we soften our hearts (“Así es como suavizamos nuestros corazones”) cuenta la historia de una madre que escribe a su hija con una ternura y una comprensión estremecedoras. La madre, al borde de la muerte, se reconcilia con su hija,  que no siempre fue su hija, sino que se fue a Londres para pasar de ser su hijo a convertirse en su hija. Sin embargo, pronto se descubre que la mujer no intenta redimirse (aunque pide disculpas), primero cuando se percibe que siempre se dirige a su interlocutora como “hija”, pero sobre todo cuando se revela que lo que pretende es dar un consejo a su hija, un consejo entre mujeres.  Mejor descubridlo por vosotros mismos…

Literatura contra la homofobia y los prejuicios

Nigeria o Uganda aparecen como punta de lanza de una pretendida ola de homofobia en África. Aunque basta con hacer un análisis un poco más fino para darse cuenta de que los movimientos para recortar los derechos del colectivo de gais, lesbianas, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTBI, por sus siglas en inglés) son sólo una cortina de humo populista utilizada por gobiernos incapaces de hacer frente a determinados problemas sociales, económicos y políticos. Sin embargo, aunque sólo sea con este objetivo instrumental el hecho es que los colectivos LGTBI se ven acorralados en varios países africanos.

QueerAfrica-CoverEs el momento, además, en el que miembros prominentes de estos colectivos dan un paso al frente y, lejos de amedrentarse, se muestran combativos a pesar del riesgo real. Su lucha además se centra en visibilizar y normalizar su situación. Lo hizo el keniano Binyavanga Wainaina, uno de los escritores africanos más populares en la esfera internacional, anunciando su homosexualidad con un sutil pero desgarrador “Mamá, soy gay”, en forma de título de un relato autobiográfico. A partir de ahí, hemos visto exposiciones fotográficas y todo tipo de acciones artísticas que tratan de eliminar el estigma de la homosexualidad. Una de estas acciones es Queer Africa, una antología de relatos de ficción sobre las diversas identidades sexuales editada por MaThoko’s Books, el sello de la organización sudafricana Gay and Lesbian Memory in Action (GALA). Los autores de los dieciocho relatos que componen este volumen publicado en agosto de 2013 son escritores africanos y pretenden, fundamentalmente, demostrar el amplio abanico que se abre cuando se trata de hablar de los sentimientos, las sensaciones, las vivencias y las formas de asumir la propia sexualidad, especialmente, cuando es diferente a la heterosexualidad que imponen las mayorías.

John Marnell, el responsable de publicaciones de GALA, señalaba durante el proceso de promoción del libro que “la expresión artística en todas sus formas, pero, sobre todo, la escritura creativa, es fundamental en estos momentos, ya que ofrece un antídoto frente a la retórica de odio, a las narrativas dominantes que refuerzan los prejuicios y la desigualdad”. Marnell hacía referencia de este modo al posicionamiento de los editores de la antología, Karen Martin y Makhosazana Xaba. Así que es indudable que tanto los impulsores como los editores de este volumen tenían una intencionalidad muy clara a la hora de lanzar su apuesta.

En la introducción de la edición original, facilitada por Marnell, Martin y Xaba eran absolutamente explícitos y mostraban su voluntad, no sólo de visibilizar realidades a menudo invisibles, sino de hacer además que el lector se sintiese por un momento en la piel de los protagonistas. “Las artes nos permiten considerar experiencias radicalmente diferentes a las nuestras que otras formas de representación no permiten (…). En el espacio imaginativo, las narrativas dominantes tienen menos influencia; y aparecen posibilidades que no hemos considerado. Nos enfrentamos a nuestros prejuicios e ideas preconcebidas. Y podemos descubrir a través de los demás cosas de nosotros mismos que no reconocemos. Es nuestra intención, con esta antología, perturbar de manera productiva, a través del arte de la literatura, los discursos dominantes actuales en lo que significa ser africano, ser queer y ser un escritor creativo africano”, escribían los editores.

deseos afines-portadaAhora, hace apenas unas semanas, Queer Africa se nos ha acercado enormemente y lo ha hecho a través de la editorial Dos Bigotes, que ha publicado su traducción al español bajo el título Los deseos afines y con el subtítulo Narraciones africanas contra la homofobia. Gonzalo Izquierdo, una de las dos mitades de la editorial explica que este título entronca con una idea que Eduardo Mendicutti plantea en el prólogo del libro, que “el corazón humano disfruta, padece, se encrespa, se calma, sueña y desea en todas partes de la misma manera”. Así es como Dos Bigotes nos acerca a una realidad que puede parecer doblemente ajena. Alberto Rodríguez, el otro responsable de la editorial, confiesa que conocer Queer Africa fue “un flexazo”. “Contenía todo lo que buscábamos como editorial y encajaba perfectamente con nuestra línea más reivindicativa, la de dar voz a autores y autoras procedentes de países o regiones donde los gais, lesbianas, bisexuales y transexuales sufren algún tipo de discriminación o persecución”, señala Rodríguez.

Los deseos afines está formado por 18 relatos de escritores procedentes de seis países que cuentan historias absolutamente diferentes. Sus protagonistas se enfrentan a situaciones completamente distintas y reaccionan de manera dispar. Desde la tórrida actividad como chapero urbano del protagonista del “Capítulo trece” que firma K. Sello Duiker, hasta la delicada historia de amistad y admiración de “El señor de la casa”, de Beatrice Lamwaka; desde el escenario de la segunda guerra de los Boers de finales del S.XIX y principios del XX en el que se enmarca “El pellizco” de Martin Hatchuel, hasta la vida de los expatriados de las organizaciones internacionales y las ONG de “Todo al descubierto” de Dólar Vasani.

Ese es uno de los valores que los responsables de Dos Bigotes atribuyen a Los deseos afines. “Es un libro muy plural, muy diverso y muy heterogéneo. Todas las historias, cada una con matices y argumentos muy diferentes entre sí, parten de una experiencia queer para ir más allá y abordar infinidad de temas y conflictos que nos parecen muy interesantes y enriquecedores”, anuncia Rodríguez. Mientras que Izquierdo advierte: “La lectura de Los deseos afines es una experiencia impredecible y llena de sorpresas, porque cada cuento logra una reacción inmediata en el lector, que puede llorar, reír, excitarse o quedarse con la boca abierta con solo pasar una página. Además, la mayoría de ellos se presta a leerlos varias veces para captar todos los detalles que encierran. Es muy complicado reunir en una antología relatos de tanta calidad como estos y que sean tan directos y conmovedores”.

Y conmovedores son pasajes como el de “La despedida” de Annie Holmes: “Una parte de mi quería estar allí fuera, sentada en una banqueta, riéndome con Don y su pandilla, especialmente esa noche, pero Elise desarmaba mi voluntad. Elise hacía que el aire se volviese más denso. Mis ojos sólo podían seguirla a ella. Como las limaduras de hierro a un imán, como los girasoles al sol, yo seguía a Elise”. O el que firma Wamuwi Mbao en “El baño”, cuando escribe: “No sabíamos cómo referirnos a nosotras mismas, así que te inventabas algo nuevo cada vez que nos preguntaban. Me gustaría saber qué le contabas a la gente cuando yo no estaba delante. Tenías miles de caras que nunca conoceré”. Algunos de esos pasajes dejan además unos incómodos vacíos que acercan mucho más a la empatía que a la desidia, como la confesión de la protagonista de “Lower Main” de T.O. Molefe cuando dice: “Vuelve a apartar la vista y yo aprovecho para observar cómo flexiona el cuello; sus músculos, tendones y huesos se estremecen bajo la piel. Es lo más cerca de su cuerpo que podré estar”.

Izquierdo se muestra además de acuerdo con los editores de la obra original en cuanto al papel de la cultura: “Estamos convencidos de que la literatura, y la cultura en general, cumple un papel fundamental a la hora de transformar la sociedad y subvertir ideas preconcebidas. En el caso de los escritores, su obra sirve para destapar las distintas maneras en que podemos amarnos los unos a los otros y combatir la homofobia imperante en muchos de sus países. Esto es lo que a nosotros nos gusta como editorial: que nuestros libros aporten una mirada diferente y ayuden, en la medida de lo posible, al cambio y a la evolución social. Estas historias nos descubren en primera persona las inquietudes de los autores, sus luchas y su forma de afrontar la realidad, algo que en Europa no solemos tener demasiado en cuenta y que merece la pena reivindicar”.

Los responsables de Dos Bigotes no pretenden que Los deseos afines se considere literatura social, pero recuerdan que supone un posicionamiento de unos autores en “un momento en el que es arriesgado significarse”. “El valor de estos textos es doble: su calidad literaria se apoya en el acto de valentía del autor, que utiliza las herramientas que mejor domina para recrear una historia donde tienen cabida los sentimientos de aquellos a los que las leyes, los gobiernos o las tradiciones pretende discriminar”, señalan.

En parte, la diversidad que hay detrás del espíritu del libro, se transmite en las propias narraciones como señalaba Rodríguez, pero también en las situaciones de los autores. Entre las dieciocho historias hay algunas inéditas y otras que ya forman parte de la historia de la literatura LGTBI africana. Del mismo modo, entre sus autores hay nombres consagrados como el de Monica Arac de Nyeko, ganadora del Caine Prize (el más importante galardón de la literatura africana en lengua inglesa) o menos conocidos como Wame Molofhe, hay publicaciones póstumas como la de Emil Rorke e, incluso, autores que escriben con pseudónimo por miedo a las presiones familiares y sociales como Mercy Minah.

Para terminar, una pregunta fundamental: “¿Nos puede enseñar algo Los deseos afines?”. Y los responsables de su publicación en castellano en la editorial Dos Bigotes, que no está especializada en literatura africana, ofrecen una respuesta sin matices: “Lo primero que nos puede enseñar es a vencer ciertos prejuicios o ideas preconcebidas que tenemos sobre África, un continente formado por más de medio centenar de países donde conviven mil millones de personas de etnias y culturas muy diversas. La lectura de Los deseos afines sirve, en primera instancia, para resquebrajar esa imagen uniforme que tenemos de África y para mostrarnos cómo se vive la sexualidad, el amor y el deseo más allá de las fronteras de Occidente”.

Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro (El País) el 22 de agosto de 2014.

Los libros (no sólo) son para el verano

La playa siempre es un buen lugar para leer. Autor: Tony Madrid

La playa siempre es un buen lugar para leer. Autor: Tony Madrid (cc)

En Wiriko nos despedimos del curso 2013-2014 y nos tomamos una anheladas vacaciones veraniegas. Sin embargo, no queremos afrontar este “obligado” parón sin haceros unas recomendaciones para que mantengáis un verano próximo a la literatura africana o para que podáis recomendar a vuestros amigos libros que les abran la puerta a este universo que compartimos con vosotros. A continuación queremos recordaros algunos de los lanzamientos más importantes de esta primera mitad de 2014, en lo que se refiere a obras de autores africanos y ediciones en castellano.

En esta lista hay un poco de todo, como en la literatura africana. Está la “superestrella” mediática con una trayectoria contrastada y la aspirante a “estrella” mediática llamada a entrar en la constelación de los no-discutidos.  Hay un autor prolijo pero poco (o nada) conocido en el ámbito hispanohablante y hay un libro rescatado del olvido y desempolvado  después de más de treinta años. Hay una antología deliciosa sobre un tema polémico y hay un interesante y prometedor experimento con las nuevas formas de edición. Curiosamente hay mucho dolor y mucho desgarro y, sobre todo, el desgarro de la distancia, que aparece como uno de los catalizadores más importantes para el proceso creativo. Entre las recomendaciones hay libros de los que ya hemos hablado en esta sección, otros sobre los que hablaremos en breve y algunos sobre los que pretendemos poder hablar en el futuro.  Os dejamos con esta selección de títulos para disfrutar en verano.

americanah• The number one

Sin duda el lanzamiento literario del año en lo que respecta a autores africanos es Americanah, la tercera novela (y el cuarto libro) de la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. Adichie es posiblemente, la autora africana con más proyección internacional actualmente. En Americanah, la nigeriana se mete de cabeza en temas delicados como la experiencia de esta lejos de casa, la diáspora, la inmigración, el exilio; y, al mismo tiempo, el de la identidad. Adichie hace, en este relato, bandera de un elemento casi anecdótico, como puede ser el pelo, para afianzar la importancia de las raíces y el orgullo y las dificultades de los orígenes. El único inconveniente de este libro, para la época estival, es su volumen; por lo demás, es un alimento intelectual absolutamente devorable.

Lejos de Ghana_300_CMYK• El asalto

Tayie Selasi ha sido una abrumadora revelación este año. Con su primera novela Lejos de Ghana, publicada originalmente en inglés en 2013 pero traducida durante este 2014, Selasi tenía casi garantizada la atención mediática. A pesar de ser nacida en Londres y criada en EE.UU., pero de origen ghanés, Selasi aparece voluntariamente en la nómina de autores africanos, porque ha hecho de su postura “afropolita” su principal seña de identidad. De nuevo, en Lejos de Ghana aparecen la inmigración, la identidad, la familia y las raíces, como elementos fundamentales. En este caso, Selasi muestra una postura desinhibida, una postura que tiene que defender por su posicionamiento y su meteórica trayectoria.

vinculos secretos• La línea clásica

Vamba Sherif transita en Vínculos Secretos un camino que se acerca mucho a una línea narrativa clásica. La obra de este liberiano se presenta como una novela de misterio, pero va adquiriendo tintes de sobrenaturales a medida que el protagonista se va adentrando en la realidad de una localidad rural para investigar la desaparición que le ha llevado allí desde la ciudad. El mundo de lo invisible y las creencias tradicionales se mezclan con una trama en la que se sondea el efecto del poder en las personas y los fenómenos del mal gobierno. Se dice que Vínculos Secretos surgió de un encuentro de Sherif con el dictador Charles Taylor, por lo que no es de extrañar la preocupación del autor.

la casa del hambre• En el fondo del baúl

Sajalín Editores ha escarbado en el fondo del baúl para recuperar una obra publicada originalmente hace más de treinta años, concretamente en 1978. Se trata de The house of hanger, de Dambudzo Marechera, publicada este año como La casa del hambre. Marechera nació en Zimbabue, cuando el país todavía se llamaba Rodesia, y después de la trayectoria propia de un autor maldito murió a los 35 años. Marechera era un escritor atormentado y turbulento; impulsivo, agresivo y problemático en su vida personal, se convirtió literariamente en un transgresor e innovador creador de una narrativa muy personal.  La casa del hambre fue su obra inicial, fruto de esas experiencias traumáticas que refleja a través de una prosa que puede parecer desordenada, pero que representa a la perfección el diálogo interior de un protagonista que se plantea los elementos más básicos de su vida, de una persona que hace temblar sus propios pilares. Se dice que La casa del hambre supuso un cambio fundamental en el discurso narrativo postcolonial, abandonando el realismo y haciéndose mucho más expresivo.

los deseos afines• Una literatura que conmueve y enamora

Los deseos afines es una antología de relatos de autores africanos recién publicada. La particularidad de este compendio es que todas las historias tienen un hilo conductor común que se transmite en su subtítulo: “Narraciones africanas contra la homofobia”. Se trata de la traducción de una obra recopilatoria impulsada por la organización sudafricana Gay and Lesbian Memory in Action (GALA) y que originalmente se tituló Queer Africa. Esta antología recoge textos que transmiten la diversidad de posibilidades de vivir la propia sexualidad, lo que nos permite enfrentarnos a historias de ocultación, historias de valiente publicidad, hombres que aman hombres en medio de una guerra decimonónica o mujeres que aman mujeres en un contexto actual; amantes que reprochan la marcha de personas a las que amaron en secreto o jóvenes que homenajean a homosexuales que fueron para ellos un ejemplo de conducta. De todo un poco y, sobre todo, la manera en la que Eduardo Mendicutti (que firma el prólogo) justifica el título: “Todos ellos demuestran, una vez más, que el corazón humano disfruta, padece, se encresta, se calma, sueña y desea en todas partes de la misma manera. En todos ellos los lectores homosexuales y heterosexuales identificamos los placeres, los sentimientos, la rabia, el alivio, los sueños y los deseos afines”.

Cubierta - El entierro de mi tío - Venance Konan - 2709 books• El experimento

La editorial 2709 books ha iniciado durante esta primera mitad del año un proyecto ambicioso y arriesgado. Es la primera editorial que publica libros sólo en formato electrónico y, de momento, se decanta, por la narrativa africana. 2709 books ha arrancado esta andadura con tres relatos del marfileño Venance Konan Robert y los Catapila, La gata de Maryse y El entierro de mi tío. Todas ellas son narraciones que en la estructura se acercan mucho a la del cuento tradicional africano, pero que destacan por un tratamiento intencionado del humor. Konan alardea en estos relatos de una narración fresca y atractiva que atrapa y entretiene y que, sin parecerlo, va inoculando enseñanzas morales.

Lo que está por llegar para el 2014 postestival es todavía una incógnita. Quizá tengamos la suerte de encontrarnos con la traducción de alguna de las obras revelación de las que hemos ido hablando en Wiriko. En varias ocasiones hemos reclamado estas ediciones en castellano de trabajos que se están desvelando como exitosos en el ámbito francófono o anglófono (recordamos, por ejemplo, dos revelaciones como son NoViolet Bulawayo u Okey Ndibe) o algunas de las iniciativas interesantes que se están desarrollando en el ámbito editorial en África, como el de Cassava Republic (con autores como Nnedi Okorafor o Mukoma Wa Ngugi) o tal vez llamen la atención las obras galardonadas internacionalmente como la de la reciente Caine Prize Okwiri Oduor. Sin duda la antología Africa39 que se presentará justo después del verano con una nómina de los mejores autores jóvenes de África (fundamentalmente de la esfera anglófona), sería otra buena opción. En realidad, de buenas opciones, la literatura contemporánea africana está llena. Así que sólo nos quede desearos un buen verano, lleno de letras africanas.

Retratos que captan el activismo LGTBI en Sudáfrica

LiTer II. Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI
LiTer II. Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI

Desde la llegada de la democracia, Sudáfrica es conocido precisamente como “el país del arcoíris” por la convivencia entre diferentes grupos étnicos y lingüísticos que conviven en el territorio dentro de una relativa paz social. Si la comparamos con otros países de África o incluso con otros países del mundo, la Constitución sudafricana de 1996 puede presumir de ser una de las más progresistas en aspectos esenciales para la recomposición de un país golpeado durante siglos y décadas, incluidas las disposiciones de la no discriminación por razón de orientación sexual. Los años siguientes a la llegada de la democracia, la comunidad LGTBI (Lesbiana, Gay, Transgénero, Bisexual e Intersexual) logró ganar importantes batallas como la derogación de la ley de la sodomía, más derechos en adopción, en asistencia médica, en asuntos migratorios, relativas al cambio de sexo, la herencia y el reconocimiento del matrimonio, entre otros. Pero ¿significa que en Sudáfrica no existe discriminación hacia el colectivo LGTBI? Nada más lejos de la realidad.

En una entrevista para Wiriko, la investigadora Nomancotsho Pakade de la organización sudafricana GALA, nos cuenta que las experiencias de esta comunidad han estado caracterizadas por la discriminación y la violencia a pesar de los esfuerzos de organizaciones, colectivos y ONG’s que siguen luchando para erradicarlas. Según la investigadora, el gobierno del ANC ha sido efectivo a la hora de legislar y crear comisiones que trabajan por la igualdad de género y la no discriminación, pero no ha sido hasta el 2011 cuando se ha creado un programa específico que busca acabar con la discriminación por orientación sexual. A pesar de ello, una cosa es el papel y otra la realidad. La homofobia, la violencia de género y la xenofobia son consecuencias de la desigualdad social y no pueden ser abordadas solamente desde el punto de vista legal, sin cambios significativos en la vida de la población más pobre, así como de otros grupos discriminados, nos asegura Pakade.

El asunto tampoco puede ser abordado de forma de forma aislada, sin tener en cuenta factores transversales como el sexo, la clase social y la etnia. Las lesbianas negras (sobre todo aquellas que tienen una estética más masculina, denominadas “butch”) y los hombres trans-género que viven en los barrios marginales y en las zonas rurales, son los miembros más vulnerables de la comunidad LGTBI, al transgredir las normas de género establecidas y vivir en un entorno social con difícil acceso a la educación, como afirma un informe de Human Rights Watch Sudáfrica.

La violencia contra estos colectivos concretos se da claramente en un contexto patriarcal y de violencia de género muy arraigada y presente en la sociedad sudafricana, donde los feminicidios y violaciones tienen lugar habitualmente. Según HRW aproximadamente una de cada tres mujeres será violada a lo largo de su vida, incluida la etapa escolar. Esto sitúa a Sudáfrica como el país —sin guerra— con más alto índice de violaciones y asaltos sexuales.

Las llamadas “violaciones correctivas” (violaciones a las mujeres lesbianas para “corregir” su orientación sexual) son la cara más visible y más grave de esta violencia hacia las lesbianas negras sudafricanas. Otras son el abuso verbal, la ridiculización, la amenaza y la intimidación que sufre el colectivo en general.

Y es que al argumento de varios sectores e instituciones más conservadores (a nivel global, no sólo en África) de la anti-naturalidad de la homosexualidad, se le suma el argumento generalizado de que es importada de Occidente y que no es “auténticamente africana”. Este mensaje consigue calar en una gran parte de la población, sobre todo a aquella que tiene menos acceso a una educación que puede ser básica en la lucha contra los prejuicios.

En este proceso educativo, la organización GALA promueve metodologías alternativas para sensibilizar y atraer a comunidades y líderes a la participación, como el arte. NomancotshoPakade nos cuenta que existen además varias organizaciones sudafricanas que actúan en esta misma línea, como Iranti, Inkanyiso o Advocacy Media Print (AMP), codo con codo con organizaciones políticas y sociales. Y también artistas que trabajan desde varios campos del arte como la obra de teatro I Stand Corrected de Adebayo y Nyamza, la película Simon and I de Ditsie o la activista visual Zanele Muholi, una de las fotógrafas referentes en el país.

Arte y activismo: la fotografía para mostrar realidades 

Katlego Mashiloane and Nosipho Lavuta, 2007, ('Being'). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI

Katlego Mashiloane and Nosipho Lavuta, 2007, (‘Being’). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI

No podemos hablar de activismo visual en torno al colectivo LGTBI en Sudáfrica sin referirnos a Zanele Muholi, una de las referencias más importantes en fotografía y en activismo desde un punto de vista artístico, académico y de organización colectiva. Muholi, cuyo trabajo ha sido reconocido con numerosos premios internacionales, nació en Durban hace 41 años y es mujer, negra y lesbiana, lo que le dota de conocimiento de causa a la hora de retratar a sus “participantes” —en palabras de Muholi—. En 2003 terminó su formación en la escuela de fotografía Market Photo Workshop de Newtown, Johannesburgo y en 2009 su máster en Bellas Artes y documental en Canadá. En una entrevista publicada hace unos meses en África no es un País , Muholi afirmaba:  “Soy ante todo y primero de todo, una activista que con mi cámara consigo más visibilidad para la lucha contra la discriminación”. Para ella, la fotografía no es el fin en sí mismo, sino la herramienta que utiliza para mostrar y exponer su causa. Su cámara logra plasmar y visibilizar algo que es aún tabú para muchas capas de la sociedad sudafricana.

Dikeledi Sibanda, 2007 ('Faces and Phases'). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI

Dikeledi Sibanda, 2007 (‘Faces and Phases’). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / ZANELE MUHOLI

Of Love & Loss (2014) es el resultado de un trabajo de documentación de bodas y funerales (por los asesinatos de mujeres cometidos por crímenes de odio) de la comunidad LGTBI durante 2013. Felicidad y dolor mostrado a través de fotografías, vídeos e instalaciones y un trabajo autobiográfico e íntimo que contrapone la dureza de la situación que viven sobre todo las lesbianas negras. En Mo(u)rning (2012) (que juega con los términos mourn que significa “luto” y morning que significa “mañana”) vuelve a aparecer la contraposición de la muerte por una parte y el ciclo de la vida de la mañana que llega después de la noche, por otra. Being (2007), Faces and Phases (2009), Indawo Yami (2010), Inkanyiso (2011) son series basadas en retratos que conmemoran y celebran la vida del colectivo LGTBI y los retos de la percepción pública de la identidad de género, así como las implicaciones de ser negra y queer en la sociedad sudafricana.

Aunque su activismo no se queda sólo en la fotografía. Es la fundadora de la organización Inkanyiso, un lugar en el que poetas, escritoras, artistas y las propias protagonistas de sus fotografías tienen un espacio para expresarse. También participa activamente en colectivos y organizaciones que luchan por los derechos de la comunidad LGTBI.

 

 

Oupa Kuhlahle, 2009 ('Country Girls'). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / SABELO MLANGENI

Oupa Kuhlahle, 2009 (‘Country Girls’). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / SABELO MLANGENI

Sabelo Mlangeni, nacido en la región sudafricana de Mpumalanga en 1980, se graduó en 2004 también en el Market Photo Workshop de Newtown. Su obra se caracteriza por la utilización del blanco y negro lo que le da más protagonismo a las personas. Según el fotógrafo la historia es una parte importante de su obra, teniendo en cuenta que este en 2014 se celebran los escasos veinte años del fin del apartheid lo cual imprime fuertes marcas en la sociedad de la que proviene. Su obra toca varios temas, pero si nos centramos en la parte en la que trabaja con la comunidad LGBTI, lo enfoca dos perspectivas: la vida en el campo y en la ciudad.

East Rand Girls, 2011. ('Black Men in Dress'). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / SABELO MLANGENI

East Rand Girls, 2011. (‘Black Men in Dress’). Cortesía de Stevenson, Cape Town y Johannesburg. / SABELO MLANGENI

En Country Girls (2003) el artista capta la vida de los homosexuales en el entorno rural y el glamour de los drag queens: “En aquel entonces las parejas homosexuales no se les permitía casarse oficialmente, pero en los pueblos pequeños y las zonas rurales que ya sucedía. Decidí seguir estos acontecimientos y traté de capturar los avances en su situación. Es por eso que este proyecto tomó varios años” afirma Mlangeni. En Black Men in Dress vuelve a la ciudad componiendo una serie de retratos del encuentro celebrado anualmente, el Día del Orgullo Gay en Soweto y Johanesburgo: “En la mayoría de las comunidades tenemos lo que se llama “uSis’bhuti”. Este es un término usado para describir a un niño que se comporta como una niña. ¿Por qué entonces odiamos a estos chicos cuando han crecido y se visten como mujeres? ¿Por qué nos giramos y les insultamos, haciendo como que nunca les hemos visto? Estas son algunas de las cuestiones que trato de poner en primer plano en esta serie” cuenta el artista.

 

Untitled, 1987 – 1988. Cortesía de Autograph ABP / ROTIMI FANI-KAYODE

Untitled, 1987 – 1988. Cortesía de Autograph ABP / ROTIMI FANI-KAYODE

Pero si apartamos en foco de Sudáfrica y echamos un vistazo al panorama artístico del continente, son varios los nombres que suenan y que tienen o han tenido la atención puesta en esta cuestión. Es interesante rescatar el trabajo del nigeriano Rotimi Fani-Kayode (1955), fallecido en 1989 y uno de los pioneros del retrato gay en el continente. Su discurso rompedor estuvo presente a lo largo de su carrera, lo que hizo que hasta 25 años después de su muerte no se haya expuesto en todo el continente la retrospectiva de su obra. “Traces of Ecstasy” expuesta hasta el 18 de junio en la Galería Nacional Iziko de Ciudad del Cabo, ha sido organizada y presentada por Autograph ABP. Otros artistas que suenan en este campo son el nigeriano Andrew Esiebo o el keniano Jim Chuchu. 

La potencia de la fotografía en la lucha contra la discriminación y los prejuicios queda claramente de manifiesta cuando se dan casos como la reciente censura por parte del gobierno senegalés de una exposición en torno esto en la pasada edición del Dak’Art, cediendo así a presiones de los sectores más conservadores. Sin duda una muestra del trabajo que queda por hacer a todos los niveles y desde varios sectores de la población. En este arduo camino, los trabajos de visibilización, normalización y sensibilización a través de arte son elementos esenciales en la lucha contra la discriminación y la violencia contra las comunidades LGTBI.

Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro (El País) el 16 de junio de 2014.