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Afrofuturo(s): la ciencia ficción africana a nuestro alcance

El colectivo de escritores panafricano Jalada se ha asomado a las líneas de esta sección en varias ocasiones. Siempre lo ha hecho para reiterar su condición de uno de los proyectos más innovadores de la literatura africana actual. Una y otra vez Jalada pone de manifiesto cómo se superan los estereotipos relacionados con la literatura de los autores africanos. Los temas, las lenguas, las alianzas, las herramientas todas las ideas previas saltan por los aires en cada iniciativa de este colectivo. Wiriko ha intentado reiteradamente acercar este universo a los lectores hispanohablantes y, de pronto, lo tenemos más cerca que nunca.

Jalada es una dulce locura y su segunda antología fue un ejercicio de lunáticos entrañables. Se trataba de Afrofuture(s), una antología de ciencia ficción contemporánea de autores africanos y afrodescendientes. Un total de treinta relatos publicados en enero de 2015 que seguían la estela de algunas obras colectivas previas relacionadas con la literatura fantástica, la ciencia ficción y la ficción especulativa, como  Afrofuturism: Black Sci Fi and Fantasy Culture o AfroSF: Science Fiction by African Writers. Siguiendo esa misma descabellada trayectoria, cinco de esos relatos llegan ahora hasta nosotros. En un ejercicio de deliciosa enajenación, 2709books publicó el martes 18 de abril Afrofuturo(s). Con este libro, 2709books ha pasado a ocupar el primer puesto de los proyectos editoriales más audaces de cuantos se han asomado a las literaturas de autores africanos.

Los cinco relatos escogidos los editores de 2709books constituyen un atractivo abanico de las posibilidades de los temas básicos de la ciencia ficción: el viaje en el tiempo, el desarrollo de las tecnologías de la comunicación en sentidos insospechados, la extinción de la raza humana por su insaciable depredación del planeta, el control de la mente o la vida extraterrestre. Sin duda, no agotan todas las posibilidades, pero dan una idea aproximada. Los cinco elegidos, Suleiman Agbonkhianmen Buhari, Sheree Renée Thomas, Ivor W. Hartmann, Zak Waweru y Ytasha L. Womack, también ofrecen una interesante diversidad, hay representantes de la diáspora africana en los Estados Unidos y convencidos residentes del continente, autores casi noveles y otros con una larga trayectoria y editores o estudiosos.

Ytasha L. Womack, és una de las autoras de Afrofuturo(s).

Pero Afrofuturo(s) es, sobre todo, una reivindicación en muchos sentidos. Ya lo fue la edición inicial impulsada por Jalada y su reflejo en castellano no ha dejado de lado esta dimensión. Es una reivindicación de un género, menospreciado habitualmente pero que ha dado algunos de los clásicos de la literatura más aplaudidos. También es una reivindicación de una tradición, la de la literatura fantástica, palpitante y exuberante en las literaturas africanas, pero al mismo tiempo aplastada bajo el peso de los férreos estereotipos de la industria editorial global, pero también bajo los estándares de la literatura entendida sólo como una herramienta de construcción nacional. Igualmente, es una reivindicación de la libertad para escribir, sobre lo que el autor quiera, sin límites, ni condiciones previas. Y es, igualmente, una reivindicación de la centralidad africana, de la cultura como una forma de dar protagonismo a las sociedades, desplazando los centros de poder.

Resulta que en las páginas de este nuevo proyecto de 2709books podemos escuchar las últimas palabras del último hombre que habitó la Tierra, el que no pudo escapar de la invasión de una nueva especie nacida de los cambios del clima provocados por la codicia de los seres humanos. Vemos cómo el arte languidece asfixiado por una tecnología que trata de ponerlo al servicio de la industria. O podemos descubrir cómo en el futuro las autoridades se afanan por crear “autómatas carentes de pensamiento”, zombies sin voluntad. Como se puede ver, la ciencia ficción que recoge Afrofuturo(s) no es ni mucho menos simple estética, como a menudo se apunta. Los relatos están llenos de contenido, un contenido que transmite mensajes, que trata de provocar cambios, que hace denuncias, que se preocupa por el futuro.

Hace ya mucho tiempo que Nnedi Okorafor, la escritora estadounidense de origen nigeriano, trataba de responder a la pregunta capciosa de si África estaba preparada para la ciencia ficción. Okorafor teorizaba sobre una ciencia ficción adaptada a los gustos y las necesidades de los lectores africanos, adaptada a sus experiencias cotidianas y sus anhelos, adaptadas a sus trayectorias históricas y culturales. Al mismo tiempo, la escritora de origen nigeriano predicaba con el ejemplo y en medio del debate y las dudas, ella colocaba en el delta del Níger animales mutantes por el contacto con el petróleo. Ahora, ocho años después de aquella reflexión, las dudas son mucho más pequeñas y, quizá, las mentalidades se hayan abierto un poco.

Para ayudar a estos cambios, 2709books ha tratado con extrema delicadeza la antología original. Ha mimado la traducción de la mano de Alejandra Guarinos Viñals. Y ha respetado el espíritu original de la compilación, sobre todo, en lo que tiene que ver con su difusión. El nuevo libro de la pequeña editorial se distribuye en formato digital, tiene como objetivo acercar a los amantes de la literatura de ciencia ficción a la literatura africana y a los amantes de la literatura africana a nuevos géneros. Para eso nada mejor que la facilidad de la distribución propuesta por 2709books

El terror sobrenatural africano está vivo y coleando (II)

Al margen de la vertiente de ciencia ficción, el género se nutre de leyendas, tradiciones y creencias, de donde surgen personajes e historias que sobrevuelan los límites de la vida y la muerte. Loszombis, que parecen proceder de este continente, son unos de los seres más conocidos dentro de la galería de “monstruos universales”. Remozada y reconvertida la imagen de los “muertos vivientes” se comercializó como seres que revivían sedientos de sed y de venganza olvidados sus orígenes. Estos, no del todo clarificados, se remontan  a la época de la esclavitud, cuando el tráfico de seres humanos los llevaba desde África a Haití. La inquietante criatura emerge ante nosotros, desprovista de alma, muerta en vida, un mero objeto, al igual que el esclavo. El antropólogo Edwin Ardener, que estudió a los bakweri en Camerún, escribió en 1963: “La palabra zombi significa ‘dar en prenda o empeñar‘. Así, en las nuevas condiciones de una economía de plantación, se creía que los parientes se convertían en peones o prendas para que unos pocos pudieran obtener riqueza” lo que dista de la idea que se tenía de ellos en Haití.

La escritora sudafricana Sarah Lotz, especializada en literatura de zombies, en una imagen del portal bookslive.co.za

La escritora sudafricana Sarah Lotz, especializada en literatura de zombies, en una imagen del portal bookslive.co.za

En la literatura del continente no abundan las obras sobre la figura del “zombi” y lo que se visibiliza llega en exclusiva desde Sudáfrica. La escritora Sarah Lotz es una auténtica fanática de los “zombis” y una experta en escribir de manera colaborativa. Bajo el pseudónimo de Lily Herne (nombre tras el que se encuentran tanto Sarah como su hija Savannah) ha escrito Deadlands en la que traza una historia sobre una Ciudad del Cabo invadida por muertos vivientes dirigida a un público más adolescente, y sus secuelas. Lotz aprovecha sus libros para tratar temas que le preocupan, en palabras de Lauren Beukes, “está denunciando la situación que viven los homosexuales en Sudáfrica a través de sus novelas de zombis”. Además, escribe literatura de terror con Louis Greenberg, bajo el seudónimo S.L.Grey. The Mall (2011) la primera obra que escribieron juntos es una crítica al capitalismo bajo la historia de un centro comercial espeluznante.

Otro de los mitos sobre los que han surgido libros (y en este caso sí en abundancia y de gran calidad) es el fenómeno Abiku que aparece entre los diferentes grupos étnicos de Nigeria. La palabra Abiku pertenece a la cultura yoruba y se compone de abi, aquello que posee Iku, siendo el significado de Iku, muerte; lo que se traduce como “predestinado a morir” o “nacido para morir”. Los igbo tienen también otro nombre para designar la misma creencia: Ogbanje. Los Abikus no son humanos como nosotros, se trata de seres espirituales que cumplimentan una y otra vez el ciclo de muerte y renacimiento.

Aparecen con gran frecuencia en las narraciones orales y son varios los escritores, entre ellos Wole Soyinka, John Pepper Clark, Ben Okri, Chinua Achebe o Toni Morrison que han escrito obras en las que aparecen estas creencias. A pesar de que casi todos los mencionados son nigerianos, Syl Cheney-Coker (Sierra Leona) u Olympe Bhejy Quenum (Benin) también han escrito sobre ellos, dándoles un mayor o menor protagonismo.

Se trata de una creencia fuertemente enraizada, que ha ido adquiriendo enfoques diferentes al ser transmitida desde múltiples maneras y con diversas intenciones. Quizás sea Azaro, el protagonista de La carretera hambrienta (1991) de Ben Okri, el Abiku literario más conocido y precisamente el que menos tiene relación con su imagen terrorífica y el que más con la maravillosa. La obra, cuyo principal protagonista es un niño-espíritu que decide no regresar a la muerte tras contemplar el rostro de su madre,  a pesar de que siempre estará interpelado para hacerlo, es una obra que nos habla de la primacía de la vida sobre la muerte mientras nos describe la dureza de la vida en su país.

Alejados de lo que supuso el libro de Okri y años después, Debo Kotun realizaría una sátira política de Nigeria en su novela  Abiku (1995) y en fechas más recientes, y a partir de una publicación por capítulos, la joven escritora Ayodele Olofintuade ha vuelto a recuperar el mito bajo la serie “Adunni” sobre una Abiku moderna, ambiciosa y calculadora, para el webmagazine “Brittle Papers”.

Una imagen promocional de Nuzo Onoh, que se reclama como creadora del "terror africano".

Una imagen promocional de Nuzo Onoh, que se reclama como creadora del “terror africano”.

Portada de The Icarus Girl, de Helen Oyeyemi.

Portada de The Icarus Girl, de Helen Oyeyemi.

Otra mezcla de elementos míticos nigerianos con una historia tradicional de fantasmas y horror psicológico es la novela de Helen Oyeyemi, The Icarus Girl (2005), combinación que le ocasionó buenas críticas.  Más cercana en el tiempo, y empeñada en que se reconozca el “terror africano” como género literario, ha aparecido Nuzo Onoh que se autodefine de manera rotunda como la verdadera creadora del género tras la publicación de dos novelas, The Reluctant Dead (2014) (una colección de historias de fantasmas localizadas en su Igbo natal) y Unhallowed Graves (2015) que continúa desarrollando el terror en las mismas localizaciones. La guerra civil nigeriana, en la que varios de sus familiares fallecieron, fue su revulsivo a la hora de escribir y exorcizar fantasmas. El terror, asegura, es la forma que le facilita escapar de una realidad que duele.

Ella parece tener claro cuáles han de ser los ingredientes para que una obra se considere bajo este título y considera que el éxito de sus libros se encuentra en el hecho de que no se trata de “cuentos populares africanos” sino que lo que ha realizado es una escritura que puede interesar a todos los públicos, de cualquier parte del mundo, ya que, según ella, no hay una brecha tan insalvable cuando se trata de lo que nos aterra. No teme a las críticas que puede tener por plasmar una África más negativa donde las creencias y supersticiones se ponen bajo el foco protagonista y contribuyen a seguir manteniendo estereotipos, defiende la necesidad de este género y piensa que quizás así la palabra “horror” junto a “africano” comenzará a tener otro significado.

 El terror sobrenatural africano está vivo y coleando (I)

El terror sobrenatural africano está vivo y coleando (I)

Horror. Esta inquietante palabra nos pone en alerta nada más leerla. La asociamos al miedo, a la parálisis, a algo que comienza a penetrarnos desde el cuello de la camisa hacia dentro amenazando con devorarnos enteros, con aniquilarnos. Horror es una palabra que oímos casi a diario y que nunca pierde su actualidad. Si le añadimos el adjetivo “africano” se carga de manera casi inmediata de otro significado: muchos lo unirán a hambre, enfermedades, guerras… y pocos pensarán que de lo que voy a escribir sea de “otro género literario”, si es que se puede denominar así y si es que es necesario hacerlo.

Portada de Chaka, de Thomas Mofolo

Portada de Chaka, de Thomas Mofolo

No es cómodo hablar del horror aunque sea en la literatura. Hablar del profundo, abismal sentimiento que nos produce algo horripilante, monstruoso, algo que nos deja clavados en el sitio sin capacidad para reaccionar, helado el gesto en la cara y tenso el cuerpo ante la magnitud de lo que se nos muestra, repeliéndolo al instante, queriendo alejarnos de ello. Adquiere, sin embargo, un sesgo nuevo cuando es la etiqueta con la que reconocemos algún libro. Es diferente decir “es una novela terrorífica” que “es una novela de terror”.

De manera frecuente leemos textos cuyas historias nos llevan a sentir terror u horror y están sacadas de la vida real, son fácilmente reconocibles y no proceden de universos sobrenaturales. ¿Qué marca les ponemos?, ¿drama?, ¿terror?… Ante esto comprobamos otra vez que etiquetar sigue volviéndose inútil, ya que no elude el hecho de que muchos libros que no se suelen considerar dentro de este tipo de literatura podrían estar incluidos en ella.

Dentro de la denominación literaria “terror/horror africano” se han cobijado (al igual que en la que no es africana) un buen número de subgéneros, tales como la ciencia ficción, la fantasía, la literatura de terror, la ficción sobrenatural, el horror sobrenatural, el terror psicológico, el ocultismo o la literatura gore…Lo que se denomina “ficción especulativa”. Una ensalada de palabras que producirán horror en tanto que provoquen miedo (terror) y un rechazo profundo. Podíamos preguntarnos que qué es lo que hace que esas sensaciones afloren. La mayoría de las veces contestaríamos que “lo desconocido”, ya sea bajo una forma inquietante o monstruosa (una amenaza que viene de fuera), y otras veces que “lo conocido” ya sea porque lo que tenemos delante se haya mutado o deformado hasta ser irreconocible o porque haya cometido actos verdaderamente aterradores.

Una de las ilustraciones de Abraham Cruzvillegas para El Corazón de las tinieblas.

Una de las ilustraciones de Abraham Cruzvillegas para El Corazón de las tinieblas.

“El horror, el horror…”, fueron las últimas palabras que pronunció Kurtz en el Corazón de las tinieblas cuando Marlow lo encontró en medio de la selva congoleña. Puede que Kurtz se refiriera a sí mismo, en un último momento de lucidez al percibir la magnitud de sus atrocidades y de su propia maldad, o puede que su mirada fuera más allá. El colonialismo ha sido una fuente para algunas (nunca suficientes) novelas de terror donde, a nadie le puede extrañar, el monstruo era el colonizador blanco. El camerunés Jean-Louis Njemba Medou escribió Nnanga Kon (traducida como “fantasmas albinos” o “fantasmas blancos”) en 1932. Fue la primera novela escrita en su país y habla sobre el primer contacto entre los colonizadores blancos y las personas Bulu en Camerún. En dicha novela, Eyene Ndongo, un miembro del pueblo Bulu y su amigo Asomo Ngono son testigos del enorme impacto negativo de la primera toma de contacto entre el pueblo Bulu y los blancos colonizadores, que son casi seres sobrenaturales dada la magnitud de la devastación que causan, poseídos por una antinatural tecnología del mal y pretendiendo imponer el materialismo.

Una de las páginas de Wild Hunter in the Bush of Ghosts, de Amos Tutola

Una de las páginas de Wild Hunter in the Bush of Ghosts, de Amos Tutola

El miedo, de todas formas, se oculta bajo caras diferentes que se mueven entre lo fantástico y lo real, entre la vida y la muerte, entre lo natural y lo espiritual. El primer libro de Amos Tutuola fue The Wild Hunter in the Bush of Ghosts y viene acompañada de una jugosa anécdota. Cuando la terminó la envió a una editorial inglesa con una nota muy curiosa: el autor se ofrecía a enviarles las fotografías de los fantasmas que protagonizaban la obra. La editorial no quiso dejar pasar aquella oportunidad de oro y aceptó, pero cuando recibió el envío de Tutuola comprobó que en lugar de fotografías el escritor había enviado unos dibujos de fantasmas. Aquellos seres fantasmagóricos que siguieron poblando después otros libros suyos, le convirtieron para muchos en “el padre del horror sobrenatural africano”. Siempre he considerado a Tutuola un autor de gran riqueza, imaginación y sorpresa… al que acompañaban espectros y muertos. No está de más recordar que en el continente africano el mundo sobrenatural convive con el natural.

Si Tutuola escribía sobre el mundo sobrenatural, el etíope Makonnen Endalkaččäw  con su obra Yayne Abeba fue el  precursor de la ciencia ficción musulmana. Les siguieron, Tomás Mofolo (Lesotho,1986), Felix Couchoro (Benin, 1900), Abubakar Imam (Nigeria, 1911), Kojo Laing (Ghana, 1946),  Emmanuel Boundzeki Dongala (Brazzaville, 1941), Umaru Dembo (con una obra sobre extraterrestres escrita en hausa) o ya, desde el norte del continente,  el marroquí Ahmed Abd El-Salam El-Baqqali, quien ha sido comparado con Julio Verne y Ralph Ellison, o los egipcios Nihad Sherif y Ahmed Khaled Tawfiq que ha escrito más de 200 libros la mayoría de ellos de ciencia ficción y de terror.

Un trabajo del ilustrador Loyiso Mkize

Un trabajo del ilustrador Loyiso Mkize

Portada de la antología Science Fiction by african writers

Portada de la antología Science Fiction by african writers

En 2013, el escritor/editor zimbabuense Ivor Hartman presentó la primera antología de ciencia ficción escrita por africanos, se trataba de Sciencie Fiction by african writers (2012). AfroSF es diversa y extensa: sus colaboradores provienen de todas las partes del África subsahariana (si bien los autores sudafricanos y nigerianos dominan, hay también autores de Gambia, Kenia o Zimbabue) y la diáspora. Además las contribuciones cubren una gama asombrosa de temas; del horror al erotismo, del afrocyberpunk a la exploración espacial. Hay relatos en los que se describe una África dominada por China (Biram Mboob “The Rare Earth”), una África llena de tierras contaminadas a consecuencia del petróleo en donde emergen peces gigantescos y mutantes (Nnedi Okorafor “Moom!”) o una África en la que una ceremonia de iniciación en la selva se ve interrumpida por el uso de tecnología futurista: implantes oculares y auditivos (Chiagozie Fred Nwonwu “Mascarada Stories”). Ahora se anuncia la publicación, para diciembre de este año, del segundo volumen de la serie, AfroSFv2 que, en esta ocasión, reunirá cinco novelas cortas de ciencia ficción.

En la actualidad dos de los nombres más conocidos de la literatura de ciencia ficción del continente son los de dos mujeres. La primera es la sudafricana  Lauren Beukes, quien logró un gran éxito con su novela Las luminosas, y la otra es Nnedi Okorafor, descendiente de padres nigerianos, quien siempre se ha mostrado muy crítica por el trato recibido a su obra (y en general a toda la que procede de la ficción especulativa): “La base de lo que es ‘gran literatura’ en África está demasiado definida todavía por Occidente, y Occidente todavía tiene problemas para ver la ciencia ficción como un género de verdadera literatura” ha afirmado la autora.